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En esto se parecen un poeta y un borracho

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“La poesía es, en realidad, la palabra puesta al servicio de la embriaguez. Y en la embriaguez el hombre es ya otra cosa que hombre; alguien viene a habitar su cuerpo; alguien posee su mente y mueve su lengua; alguien le tiraniza […] Traiciona a la razón usando su vehículo: la palabra, para dejar que por ella hablen las sombras, para hacer de ella la forma del delirio“. Lo dice María Zambrano en Filosofía y poesía, pero yo leo la cita en María Zambrano. Desde la sombra llameante, libro de Clara Janés (El Ojo del Tiempo, Siruela), libro que recibí de regalo de mi querida Sandra Frid.

Es decir que tanto el ebrio como el poeta dejan que alguien más hable por ellos, los revele con palabras enloquecidas que rozan las sombras pero que, a veces, son un haz de luz. Qué gran manera de describir el desvarío de uno y otro.

#MiércolesDePoesía Feroz declaración de amor por las palabras

El poeta galés Dylan Thomas
El poeta galés Dylan Thomas

Enamorarse de las palabras, hechas aparentemente de blanco y negro pero capaces de contener todas las cosas que hacen peligrosa y grande y soportable la vida. Esa fue la clave de vida de este poeta mayor.

En el verano de 1951, un estudiante se acercó al poeta Dylan Thomas (1914-1953) y le hizo cinco preguntas sobre el oficio de los versos. El maestro y escritor tomó en serio la petición y escribió lo que hoy se conoce como “Notas sobre el arte de la poesía”. Robo un pequeño fragmento para este #MiércolesDePoesía, primero en el original en inglés (si tienes oportunidad, regálate esa lectura) y, abajo, con una decorosa traducción al español. Por esta declaración se sabe que las palabras se enamoraron perdidamente de Thomas.

“I should say I wanted to write poetry in the beginning because I had fallen in love with words. The first poems I knew were nursery rhymes, and before I could read them for myself I had come to love just the words of them, the words alone. What the words stood for, symbolised, or meant, was of very secondary importance; what mattered was the sound of them […] I fell in love —that is the only expression I can think of— at once, and am still at the mercy of words […] And, when I began to read the nursery rhymes for myself, and, later, to read other verses and ballads, I knew that I had discovered the most important things, to me, that could be ever. There they were, seemingly lifeless, made only of black and white, but out of them, out of their own being, came love and terror and pity and pain and wonder and all the other vague abstractions that make our ephemeral lives dangerous, great, and bearable […] I knew that I must live with them and in them, always […]”.

Da click aquí para leer el texto completo en inglés

“En un principio quise escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. La poesía para niños fue la primera que conocí y aún antes de ser capaz de leer solo una línea me enamoré de las palabras, de las palabras en sí mismas. Lo que representan, su simbología o significado real, era secundario para mí. Lo que contaba era la música […] Me enamoré a primera vista. Y estoy todavía a merced de las palabras […] Cuando comencé a leer poesía infantil yo solo y, más adelante, todo tipo de versos, comprendí que había descubierto la cosa más importante del mundo para mí. Estaban ahí, aparentemente muertas, hechas sólo de negro y blanco; pero fuera de eso, fuera de su ser, mutaban en amores y temores y piedad y dolor y maravilla y todas las otras sensaciones que hacen peligrosa, grande y soportable nuestra efímera vida. […] comprendí que debía vivir con ellas y en ellas para siempre […]”.

Da click aquí para leer el texto completo en español, traducido por Pedro J. Albertelli, publicado en la Revista Sur 283

 

#MiércolesDePoesía El novicio dado a la lujuria

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Estaba desesperado por el insomnio que había padecido siempre, pero que en los últimos nueve años se había vuelto más agresivo. Tenía dos libros de poemas publicados y 40 años bajo el brazo. Vivía en Ginebra, donde trabajaba como Cónsul venezolano. Una noche tomó una sobredosis de pastillas para dormir y ya no despertó más. Se llamaba José Antonio Ramos Sucre.

Ayer se cumplieron 125 años de su nacimiento. Poeta venezolano, renovó la literatura de principios del siglo XX, al alejarse de la poesía rimada y métrica. A cambio, propuso una prosa poética cuajada de imágenes, dotada de un universo verbal riquísimo. En la década de los 90, cuando estudiaba Letras en la UNAM, lo descubrí en un Material de Lectura. Me deslumbró. Hoy es mi invitado al #MiércolesDePoesía, con un fragmento de su texto “La tribulación del novicio”, donde juega con la carnalidad que despierta en un joven religioso la penumbra de un templo, “favorable al amor como un escondite”. Por su culpa nunca pude ver igual las iglesias.

“Bebedizos malignos, filtros mágicos, ardientes misturas de cantárida no hubieran enardecido mi sangre ni espoleado mi natural lujuria de igual modo que esta mi castidad incompatible con mi juventud. Vivo sintiendo el contacto de carnes redondas y desnudas; manos ligeras y sedosas se posan sobre mis cabellos, y brazos lánguidos y voluptuosos descansan sobre mis hombros. A cada paso siento sobre mi frente los pequeños estallidos de los besos. Una mujer con palabras acariciantes se inclina hasta tocar con la suya mi mejilla. […] Barbas selváticas, cuernos torcidos, cascos, todos los arreos del sátiro podría ser míos. […] No se calma este ardor con claustro inaccesible ni con desierto desolado. Con esa abstinencia, la locura me haría compañero de santos desequilibrados y extáticos. Ni la penumbra de los templos abrigados me auxilia, porque es tibia como un regazo y favorable al amor como un escondite. La oración tampoco es defensa porque su lenguaje es el mismo que para cautivarse emplean los hijos y las hijas de los hombres. Ni es para alejar del siglo la belleza que resplandece en las efigies: algunas me recuerdan las mujeres que hubiera podido amar, tienen los mismos ojos hermosos y tranquilos, la misma cabellera destrenzada sobre las espaldas y los hombros, y sobre los mismos pies menudos y curiosos debajo del vestido descansa la estatua soberbia del cuerpo […]”.

 

Adiós, poeta Gelman

(1930-1914)
(1930-2014)

Te fuiste, doloroso de la sangre, artesano frágil, alquimista del juaneo y el gelmaneo, huérfano de hijo, palabrero exiliado, compañero del dolor tuyo y de todos. Cuánta falta van a hacer esos poemas tuyos que “dan vueltas por el cuarto”. Cuánta. Te despido murmurando tu luz:

“Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti./

Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños./

El viento de la noche abata estrellas temblorosas en mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo./

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para volver a ti, con el helado filo del cuchillo./

Pero no puede ser. Porque estás en mí, tan viva en mí, que si me muero a ti te moriría”.

de Violín y otras cuestiones, en Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE)