Tu nombre se desgaja de los labios

tu nombre/ se desaja de los labios/ seco/ y sin aire/ cae tu nombre solo/ con estruendo/ se desprende como roca/ y quiebra el suelo/ resbala muerto/ golpeado por el sol/ tu nombre lejano/ quieto//   -Julia Santibáñez

Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera

Cruda, descarnada, con resabios de viaje iniciático y pinceladas mitológicas: esta breve novela (132 pp) trata la vida en la frontera entre México y Estados Unidos, ese submundo que tiene sus propios códigos, jerga y entrelíneas. La anécdota parece sencilla: una muchacha cruza «al otro lado» para buscar a su hermano. Se superponen primero laSigue leyendo «Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera»

Nueva (y controvertida) librería

Aprovechando el ímpetu dominical me lanzo al siempre amado Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, a conocer la nueva librería Elena Garro, duramente criticada por los vecinos bajo argumentos de violaciones al uso de suelo y complicaciones viales. No sé si Consuelo Záizar, titular por algunas quincenas más del Consejo Nacional para laSigue leyendo «Nueva (y controvertida) librería»

Deseo como un niño pequeño

Como un niño pequeño, el deseo no deja de crecernos. Territorial, el día que llegó se hizo espacio en nuestra casa, la pobló de sus cosas y nos puso a su merced. A meses de distancia, sigue siendo él pero es otro, de ojos asombrados. Cada rincón luce sus colores, no hay ámbito libre, espacio del clóset queSigue leyendo «Deseo como un niño pequeño»

Cómo los libros cambian con la edad (de uno)

“Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente ésos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forme parte de una moda o de un movimiento. Recuerde queSigue leyendo «Cómo los libros cambian con la edad (de uno)»

Libros, más vivos que la gente

Para esta mañana de sábado, aquí otra cita explosiva sobre el arte de leer: «Los libros a veces están más vivos que la gente, ‘pueden estar cargados de dinamita’. Algunos de ellos son capaces de generar encuentros tan intensos que pueden mutilar la existencia o inyectar una fortaleza diez veces mayor a todo lo concebido.”Sigue leyendo «Libros, más vivos que la gente»

Cortázar me calla la boca

Hace unos días escribí algo sobre la palabra «gentes» y subrayé que me parece lamentable (ver Septiembre 11, entrada: «Palabra del día: ‘gente’ (no ‘gentes’)». Pues resulta que anoche empecé a leer una edición argentina de Las Hortensias y otros relatos, de Felisberto Hernández (El cuenco de plata). El volúmen incluye un prólogo que Cortázar hizo de laSigue leyendo «Cortázar me calla la boca»

Leer es un estimulante

Continuando con lo iniciado ayer (postear reflexiones/citas en torno al arte de leer), aquí un fragmento de Auster: leer es parecido a una droga, a un estimulante poderosísimo. Lo suscribo. “Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenanSigue leyendo «Leer es un estimulante»

Las primas, de Aurora Venturini

En 2007, los integrantes del jurado del Premio Nueva Novela en Argentina (entre los cuales figuraba Rodrigo Fresán) eligieron como ganador un texto que se distinguía por «su originalidad y por la fuerza de su escritura», según dicta la contratapa del libro. Menuda sorpresa se llevaron cuando al abrir la pleca encontraron que la autoraSigue leyendo «Las primas, de Aurora Venturini»

Estoy a merced de las palabras

  En mi mente, selva profusa, crecen palabras que nadie poda. Primero tímidas, en un susurro aparecieron como hierbas, respetaron alguna jerarquía. Poco a poco fueron creciendo, desmesurando, se hicieron altaneras, pintaron de verde el espacio. Hoy en voz alta cubren el suelo, se multiplican, les crecen manos. Excesivas, un día desfallecen. Se fragmentan, se fagocitan, se secan. CreoSigue leyendo «Estoy a merced de las palabras»

Arrancar el amor

Arrancar el amor/ como se arranca un fruto del árbol/ con la misma vehemencia/ en un golpe de calor./ Codiciante, sentir su peso/ en el hueco de la mano/ salivar su aroma./ Convencida de que es mío/ hincarle el diente/ llenarme la boca de su jugo/ dejar que escurra, serpentee./ La boca hinchada de suSigue leyendo «Arrancar el amor»

Salgo de mi guarida

Salgo de mi guarida/ hambrienta./ Lo percibo en el aire,/ el manjar espera./ Húmeda/ avanzo lento en pasto seco/ mientras busco/ la fuente del aroma./ En la oscuridad,/ mi olfato despierto.//   -Julia Santibáñez

Errante en la sombra, de Andahazi y Le potentiel érotique de ma femme, de Foenkinos

Hace tiempo que no escribo sobre mis recientes lecturas y varias editoriales internacionales me han llamado, preocupadas porque sus volúmenes de ventas están cayendo estrepitosamente a consecuencia de mi descuido. Lo reparo, pues, y comento los dos últimos libros a los que les hinqué el diente. Esperaba mucho del argentino Federico Andahazi, Errante en laSigue leyendo «Errante en la sombra, de Andahazi y Le potentiel érotique de ma femme, de Foenkinos»

Como la capilla

Como la capilla espera a sus fieles/ para el rito siempre nuevo/ aunque repetido tantas veces/ me preparo a recibirte./ Bien dispuesta y arreglada/ en paños escarlata, entre velas/ ahuyento a los profanos./ No admito distracción ni irreverencia./ Ante mi palidez de elegida/ el temblor de mis ardores sabe a incienso./ Coronada por murmullos ySigue leyendo «Como la capilla»

En tonos grises y laxo

En tonos grises y laxo/ mi cuerpo anuncia tu partida./ Qué hago con los pechos tontos/ con la cintura demasiado sola/ los labios pálidos de ti./ Por dónde buscarte./ La espalda luce una marca/ el torso siente el peso del tuyo/ en las piernas, tu quedo vibrar./ No los quiero./ Me hacen falta tus manos.//  Sigue leyendo «En tonos grises y laxo»

Mar tormenta

A veces un poema explica el día. Éste, hoy. «Oye, yo era como un mar dormido./ Me despertaste y la tempestad ha estallado./ Saludo mis olas, hundo mis buques, subo al cielo y castigo estrellas, me avergüenzo y me escondo entre mis pliegues, enloquezco y mato mis peces./ No me mires con miedo./ Tú lo has querido». -AlfonsinaSigue leyendo «Mar tormenta»

Cuerpo anidado en los ojos

Llevo conmigo a todas partes ese cuerpo que se me anidó en los ojos, que dominó mi hambre para acrecentarla, que alteró el oleaje de mi pelo, que volvió mis días una fiesta urgente. Lo llevo conmigo y lo miro en todos los cuerpos, babeante.   -Julia Santibáñez