Desnudez para saborear el sábado

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«El deseo imperecedero que crece de manera transparente me brinda un atisbo de la eternidad», dice el protagonista del libro El novelista miope, del mexicano José Gordon.

Es un buen acompañamiento para estas fotos de desnudos del británico Bill Brandt, que fragmentan el cuerpo y subrayan la belleza de cada territorio, eterno en su fragilidad.

Me encantan como para saborear el sábado.

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El asco de lo políticamente correcto se apellida Clinton

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Entre otras agudezas, mi amigo José me decía recientemente: el triunfo de Trump tiene varios ángulos positivos. Uno de ellos es que le da un golpe frontal a la corrección política, esa que Clinton convirtió en evangelio laico. José tiene razón. Ahora nadie puede decir que alguien es negro, gordo, flaco, feo. Todo es ofensivo. Las palabras se han cargado con decencias, se les han puesto lastres de decoro para, al final, dejarlas huecas.

Voy al libro de Lenny Bruce, Cómo ser grosero e influir en los demás (Malpaso Ediciones), donde recuerdo que señala un gesto incipiente de esa doble moral en los 60, a propósito del juicio que los decentes levantaron contra él. Es un lujo de pasaje, que arroja luz sobre el asunto que en años recientes abanderó Clinton y que me tiene harta hasta las manitas. Habrá que encontrar un equilibrio entre el vulgar y palurdo Trump y Miss Correcciones Clinton:

«Si hablo de una tía en escena y digo: ‘Era puta’, una persona anticuada dirá: ‘Lenny Bruce, eres basto y crudo’.

—¿Qué debería haber dicho?

—Si tienes que especificar, deberías decir ‘prostituta’.

—Espera un minuto; ¿el propósito de una palabra no debería ser acercarse al objeto que el usuario está describiendo?

—Sí, y un inglés correcto puede hacerlo; ‘puta’ es incorrecto.

Esa palabra se ha generalizado demasiado. Prostituía su arte. Prostituía todo lo que amaba. ¿Puede seguir escribiendo? No como solía hacerlo, ha prostituido su obra.

Luego la palabra prostituta ya no significa lo que la palabra puta. Si un hombre mandara a buscar una prostituta de cien dólares, podría aparecer un escritor con barba».

Qué me van a hablar de amor

Julio Sosa
Julio Sosa
El tango es mi José Alfredo particular. No es que yo me sienta argentina o porteña o uruguaya. Es que me gusta el humor del gotán, contrapuesto al tono lastimero, rebajadito y grandilocuente del de Guanajuato. Se toma muy en serio.

Aquí va un fragmento de «Qué me van a hablar de amor», tango favorito en la voz de Julio Sosa, con esa lucidez sobre la caducidad de las querencias. Por cierto, yo sí dejaba que Sosa me arrimara esa boca y me hablara de lo que quisiera.

«Me están sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo […]

Yo anduve siempre en amores
¡qué me van a hablar de amor!
Si ayer la quise, qué importa…
¡qué importa si hoy no la quiero!
Eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;
era mi amor, pero un día
se fue de mis cosas
y entró a ser recuerdo.
Después rodé en mil amores…
¡qué me van a hablar de amor!»

#MiércolesDePoesía La cucaracha que soy. Que he sido.

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Hace años leí y releí la historia de Job, impresionada por ese personaje del Antiguo Testamento: Dios, incitado por Satanás a probar la fe del viejo, le manda enfermedad, pobreza, la muerte de sus hijos, burlas de su mujer. La moraleja es como de Disney: a pesar de toda calamidad, Job honra a su Señor y al final le es restituida la felicidad previa, incluso al doble. Me parecía, me parece injustísimo que Job sufriera lo indescriptible sólo para que Dios le demostrara a Satanás la lealtad de su siervo.

Ahora me topo con este poema escrito por Gerardo Cárdenas, poeta, dramaturgo y periodista mexicano que radica en Chicago. La imagen de los versos es tremenda, con reminiscencias kafkianas y un filo de humor que corta la risa. Ahí estoy. Estamos. Sólo cucarachas en manos de dos niños aburridos.

Esta brutalidad de poema de Cárdenas forma parte de su reciente libro Silencio del tiempo (Abismos). De verdad, háganse un favor y léanlo.

Job

El destino de Job

Ser

una cucaracha

que dos niños aburidos

mutilan

pata por pata; le quitan

una antena y ríen.

La dejan que se agite

boca arriba

para que otros vengan

la escupan

la quemen con una lente

 

Al final

uno de los niños

vendrá a recordarle

que no es más que un insecto:

la cucaracha se macera

en lágrimas

y pide abundancia

para sus torturadores.

Vía de santidad.

 

 

 

Sugerencia para conjurar el frío (y noticia: este blog llega a 8 mil seguidores)

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Hoy, la revista mexicana Blanco Móvil publica algunos poemas míos, lo cual me da una relación especial con este martes: le quita un poco el congelamiento inminente.

Aquí va uno de ellos a propósito del clima, de la necesidad de jugar con fuego para no morir ateridos.

Sí, tú, haz caso.

P.D. Hoy mismo este blog llega a 8 mil seguidores. No me la creo, me parece que alguien me está jugando una broma. Igual me dejo consentir con la noticia y me dan ganas de invitar una taza del mejor café del mundo a cada persona que  sigue este viaje de palabras. Gracias de corazón. De veras. De entrañas.

Da click aquí para ir a los poemas en el sitio de Blanco móvil.

La declaración de amor más memorable en todos mis años

Este poema de Leonard Cohen, planteado como pregunta, fungió como tal. Por contradictorio. Por neto. Por transparente. La respuesta fue un hondo: «yes, you are».

Que me digan si no tengo razones para venerar a Cohen en mi altar particular.

I know there’s no such thing
as hell or heaven
I know it’s 1967
but are you sleeping have you slept
with any of my friends
It’s not just something I want to know
it’s the only thing I want to know
not about the mystery of G-o-d
not about myself
and am I the beautiful one.
The only wisdom I want to have
is to know if I am
or if I am not alone in your love.

(De The Energy Of Slaves)

Celebro sin pudor

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Hoy es un día importante. Muy de verdad.

«Ojalá tuviera todas las voces del viento para anunciar a todos los bosques que amo y que amo a quien amo», dice el personaje de la novela Bella del Señor.

Pues igual.

#MiércolesDePoesía Lizalde, antídoto

Pintura: Kurt Van Wagner
Pintura: Kurt Van Wagner
El día no quiere amanecer, luego de que el innombrable derrotara toda lógica en Estados Unidos. Por eso (o a pesar de eso) convoco un poema de Eduardo Lizalde, quien acaba de ganar el Premio Carlos Fuentes: las palabras como un antiveneno.

Profilaxis

Los amantes se aman, en la noche, en el día.
Dan a los sexos labios y a los labios sexos.
Chupan, besan y lamen,
cometen con sus cuerpos las indiscreciones
de amoroso rigor,
mojan, lubrican, enmielan, reconocen.
Pero al concluir el asalto,
los dos lavan sus dientes con distintos cepillos.

Groucho en las elecciones de EUA

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«La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en todas partes, hacer un diagnóstico incorrecto y aplicar los remedios equivocados«, dicen que dijo Groucho Marx.

Tengo la sensación de que hoy, gane quien gane en la elección de los Estados Unidos, voy a corroborarlo, y eso que vivo en México. Yo por eso soy marxista.

#LunesDeMonos Las flores también se estriñen

Cartón: Rius en pedacitos (Almadía)
Cartón: Rius en pedacitos (Almadía)

Porque sí, la constipación es sublime, hondamente espiritual (qué digo, es un portento seráfico). A veces a uno se le hacen nudo las tripas físicas o emocionales y, sobre todo, las incorpóreas. Metáfora vital en más de un sentido. En cualquier caso, también a las flores les pasa: presentan carencias de fibra. Como es arriba es abajo, decían los antiguos.

Mejor #LunesDeMonos del que está pasando la flor.

#SábadoDeMúsica Mi canción para dentro de 20 años

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A veces, en sábado, me da por pensar. Y hoy ocurrió: pensé qué canción seguiré oyendo en 20 años porque seguramente me hablará todavía , incluso más que hoy. Mi elección es «Ma Liberté», de Georges Moustaki, sobre el fiero vínculo con la libertad personal, una especie de relación de pareja con altas y bajas, con celos y demandas y, claro, con traiciones. Espero para 2036 llevarla mejor con ella.

Aquí abajo,  un fragmento de la  letra en español. Después vienen las sugeridas a través del Twitter @danioska y mi Facebook. Anota la tuya en los comentarios y la añado.

Sea el #SábadoDeMúsica.

Mi libertad,
mucho tiempo te he guardado
como una perla rara.
Mi libertad
tú me ayudaste
a largar las amarras
para ir donde fuera
para ir hasta el fin
de caminos improvisados […]

Y cuánto sufrí
para satisfacer
tus menores exigencias […]

Tú que me protegiste
cuando me escondía
para sanar mis heridas
Mi libertad
sin embargo te dejé
Una noche de diciembre […]

Y te traicioné por
una prisión de amor
y por su bella carcelera.

 

  1. Inés López de Arriaga A Case Of You, de Joni Mitchell
  2. Maru Moreno A Day In The Life, de los Beatles
  3. @eduardohc28 Agua, de Jarabe de Palow
  4. @JorgVictoria All These Things That I’ve Done, de The Killers
  5. Arturo Erremental All You Need Is Hate, de The Delgados
  6. Susana Salazar Back To Black, de Amy Winehouse
  7. Federico de Jesús Sánchez Bette Davis Eyes, de Kim Carnes
  8. @elemloe Can’t Take My Eyes Off You, de Gloria Gaynor
  9. @AdrianoDeLucio Cuando estoy contigo, de Armando Manzanero
  10. Roberto Jauregui Cygnus X-1, de Rush
  11. Ingrid Bringas Dreams, de Fleetwood Mac
  12. @valevillag El sitio de mi recreo, de Antonio Vega
  13. @cherrera El triste, de José José
  14. @dfmartinez74 Everybody Knows, de Leonard Cohen
  15. @hllerena Golden Slumbers, de los Beatles
  16. Alejandro Viveros Go Your Own Way, de Fleetwood Mac
  17. @AlmaDeliaMC  I Did It All, de Tracy Chapman
  18. @dmiklos Immigrant Song, de Led Zeppelin
  19. Rafael Carballo I’m Only Sleeping, de los Beatles
  20. @SalinasSergioS I’ve Been Loving You Too Long, de Otis Redding
  21. J. Cantú (I Wanna Take) Forever Tonight
  22. @quico70 L’Estasi Dell’oro, de Ennio Morricone
  23. Carlos Carranza Late In the Day, de Supergrass
  24. Víctor Varela Learning To Fly, de Pink Floyd
  25. @Diaz_Monges Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat
  26. Someone ? My Way, con Frank Sinatra
  27. Rosa Pontón New Year’s Day, de U2
  28. Javier Martínez Staines No me importa nada, de Luz Casal
  29. José de Jesús Montoya ¿No podríamos ser amigos?, de La Orquesa Biddú
  30. Cosme Álvarez Palabras para Julia, poema de José Agustín Goytisolo musicalizado por Paco Ibáñez
  31. Rafael Alucín Para vivir, con Tania Libertad
  32. Carlos Alberto García Peace Train, de Cat Stevens
  33. @Beath71 Película muda, de Paté de Fuá
  34. @YoLaMerita Piano Man, de Billy Joel
  35. @Charfornication Por favor, pon un muerto en tu motor, de La Orquesta Mondragón
  36. @carloscarranzap Primavera 0, de Soda Stereo
  37. @antonioliho Sail Away Sweet Sister, de Queen
  38. Gerardo Cárdenas Si tú no estás, de Rosana
  39. María Rosas Something Stupid, con Andy Williams
  40. Elke Burholder Stars, de Simply Red
  41. @Elhombredetweed The One I Love, de R.E.M.
  42. Patricia Bremauntz These Streets, de Paolo Nutini
  43. Ana Elsa Rodríguez Touch Me, I’m Going To Scream, Part II
  44. @clausgr Viva la vida, de Coldplay
  45. Tanya Huntington Wild West End, de Dire Straits
  46. @olivelasco Y sólo se me ocurre amarte, de Alejandro Sanz

YOUTUBE

47. José Eugenio Sánchez Balada para Ubaldina, de César Hernández, “El Chícharo”

48. @OvidioRios79 Emborráchate por mí, de Ricardo Yáñez

 

«Estamos rotos. Pero enteros».

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Así dice una línea de Benedetti, de un poema que se me pierde en la memoria. No importa. El verso que se me quedó pegado es suficiente.

Y recuerdo aquella otra imagen de Leonard Cohen, en ese templo de canción que es «Anthem»:

«There is a crack in everything/ That’s how the light gets in».

Veo ahí a la marioneta, con la temblorosa certeza de que no ha perdido ningún pedazo.

 

 

 

Aquí la razón de por qué amo las ventanas

Fotos: Gail Albert Halaban www.gailalberthalaban.com
Fotos: Gail Albert Halaban
http://www.gailalberthalaban.com

Qué privilegio, meterse en la intimidad de alguien a través de lo que un cristal transparenta. «Las ventanas horadan lo compacto del cemento y, tras ellas, asoma la fragilidad de alguna que otra vida repentinamente descubierta por la fotógrafa», dice una nota de Diana Fernández Irusta para el periodico La Nación, sobre la artista de la foto Gail Albert Halaban.  Colaboradora de The Guardian, The New York Times y Le Monde, Gail Albert lleva años dedicada a captar ventanas, en especial de París y Nueva York. La acabo de descubrir y me tiene loca. En su sitio web, donde comparte fotos y videos, cita a Baudelaire: «Lo que podemos ver a la luz del sol es siempre menos interesante que lo que se percibe tras el vidrio de una ventana». La cita me hace click: el arte encuadra un cacho de realidad y deja fuera todo el resto.

Suerte de ojo con luz interior (como quería Platón), cada hueco intencional en la pared subraya la tensión entre adentro y afuera. La potencia. Alrededor del siglo XV, el humanista Leon Battista Alberti dijo que la pintura debía ser una ventana abierta el mundo. Desde ahí el mundo echó mano de la curiosidad y el morbo para asomarse a la realidad a través de los cristales del arte. De forma literal, la fotógrafa de Washington penetra esos vidrios y muestra pedacitos de historias.

Me regalo estas imágenes para saborear el día.

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#MiércolesDePoesía El disco rayado de tu nombre

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«Verónica Boletta nació un 24 de agosto.
Hasta allí llega su coincidencia con Borges.
Ama los contrastes.
Escribe números.
Cuenta letras».

Así se presenta la poeta en la solapa de su libro Chamuyo poético (puro verso), publicado en Buenos Aires por Editorial Peces de Ciudad (encuentro en Internet una mínima explicación: chamuyo es un susurro y, en especial, uno que tiene connotaciones eróticas).

El volumen es de diseño airoso e incluye poemas cortos que se quedan dando vueltas por ahí, como cerillos que se prenden unos segundos y dejan un eco de luz al apagarse. Como ejemplo basten estos: «No quiero que te guste todo de mí/ Sólo lo indispensable/ Sólo lo que te conduzca hasta mi cuerpo/ Carretera/ Ese trastorno».

Dejo aquí uno de mis poemas favoritos del libro. Manifiesta el cuidado equilibrio entre imagen y sonoridad que Boletta domina y que sólo van a entender quienes hayan usado un tornamesa para oír un disco. Sea el #MiércolesDePoesía.

 

Disco rayado

Estás en todas

las putas repeticiones.

Salta la púa

y te acierta.

Siempre.

De pronto, escribir se parece tanto a la vida

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Dice el psicoanalista francés Boris Cyrulnik que la resiliencia radica en ser capaz de mirar hacia atrás en la propia vida y encontrar que cada situación, persona, alegría, dolor y circunstancia tiene un sentido, forma parte de un relato personal. El reto, claro, es encontrar ese sentido.

También aquí se trata de poner sobre la mesa las palabras disponibles y armar con ellas una narrativa. En eso estoy, literal y metafóricamente. Y siento que no tengo mucho tiempo.

 

#LunesDeHumorNegro Aguas con la venganza de la santa

El martirio de Santa Águeda, por Sebastián del Piombo, 1520. ¿Cómo se cobrará el agravio esta santita?

Leo sobre el humor que se salta las trancas, que se burla de lo que debería ser cosa seria, y de pronto me topo con este magnífico cuento de Alberto Chimal. Se titula «La venganza» y está incluido en su libro Grey (Ediciones Era/ CONACULTA). Qué perfecto para afinar bien el lunes.

Nota: Gente políticamente correcta, abstenerse.

La venganza
por Alberto Chimal

«A santa Govindona se encomendaba la doctora Lorenzana, quien era ciega y tenía mal de Parkinson pero necesitaba (ay, el deber) realizar al menos quince ortodoncias a la semana, a fin de poder pagar las dos hipotecas y las cuentas del hijo universitario imbécil. Rezaba la doctora, pues, con gran devoción, y se humillaba y suplicaba, y luego era salir al consultorio, y en el consultorio hablar a toda velocidad, y usar pelucas de colores escandalosos para distraer y que nadie se diera cuenta de nada, y meter al paciente y sentarlo antes de que hiciera preguntas y entonces su mano, es decir la de la santa, su mano de gracia y de potencia, era la que guiaba a las de la doctora en la inyección, desinfección, zum, crac, crac, bzzzt, clic, clic, shuiiiiiii, clic, bzzzt, crac, crac, crac, plop.

Y nadie gritaba, nadie emitía sonido alguno, pues la santa era poderosa: Govindona, la Señora del Aguante, quien además sabía qué partes apretar del alma para hacer que se tragara hasta el último aullido de dolor, porque así lo había hecho mientras los malditos infieles le extraían a martillazos hasta la última raíz, y desde el siglo XX, en recompensa a su pesar, la habían expulsado del santoral, ¡que porque nunca había existido, perros desgraciados…!».

 

 

 

 

 

 

QUE NO SE MUERA EL DÍA DE MUERTOS (O DE CÓMO JAMES BOND LO RESCATÓ)

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Imagen de las escenas iniciales de la película Spectre.

Para ir preparando el disfraz de Drácula para el megadesfile del Día de Muertos que tendrá lugar hoy en las calles de la capital mexicana, aquí va este texto que publica hoy Vanity Fair sobre la conveniencia (o no) de que James Bond haya venido a manosearnos la tradición. Gracias por leer.

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“Igualito que en las películas”. Así se dice cuando alguien quiere evocar en otro una imagen mental que ambos comparten aunque no se conozcan, una suerte de pasto fresco de libre consumo. Y el recurso funciona, incluso si uno no ha visto la cinta aludida. Ahí está, por ejemplo, la escena icónica en la que una poseída adolescente gira la cabeza 360 grados: “El mezcal de anoche me cayó pésimo. Me siento la chava de El Exorcista”. Se trata de una suerte de esperanto visual, de bagaje de cultura que se vuelve moneda de uso corriente.

Bueno, esta semana los mexicanos podremos sumar un elemento más a nuestra película de identidad y se lo vamos a deber a James Bond-Bond. Resulta que su filme Spectre, que se estrenó en noviembre de 2015, abre con imágenes de un animado desfile del Día de Muertos en la capital mexicana, en algo que deja ver tanto un rabioso sincretismo con Halloween, como un gasto sin medida, del tipo hay-que-tirar-la-casa-por-la-ventana. En las primeras escenas, una inmensa calaca con sombrero camina entre un tumulto de disfraces que refieren a la Huesuda mientras, a la derecha, varios músicos sudan una batucada. En contrasentido viene un difunto vestido de blanco y un hombre en el mismo mood, pero en negativo: lleva máscara de calavera, bombín y traje negro, sobre el cual alguien dibujó soberbiamente esternón, costillas y pelvis. Junto a él camina una mujer Catrina style: antifaz, guantes negros, diadema con flores en la frente, en clara referencia a los grabados de José Guadalupe Posada.

A los cinco minutos de la proyección, el tema se vuelve redundante, cacofónico: rodeado de miles de esqueletos, con la flema y las explosiones de rigor, Bond manda a varios a la banqueta de enfrente. Y es que Sam Mendes, director de la más reciente entrega del espía británico, seguro quiso inscribir en el inconsciente universal un espectáculo mexicano como el que le gustaría que hubiera en torno al 2 de noviembre, una representación paradigmática, tipo parade de Disneylandia.

 

 

DE CÓMO CREAR DE GOLPE UNA TRADICIÓN

El problema radica en que la gala del 007 no existe, es decir, no existía el año pasado, cuando se estrenó la cinta. Era un mero alu-cine de director de ídem. Pero alguien con una inagotable de creatividad tuvo la idea de hacer uno idéntico, “igualito que en la película”, y convertirlo en la mayor verbena oficial del país. Así que este sábado 29 de octubre, a partir de las 3 de la tarde una megacaravana saldrá del Ángel de la Independencia para llegar a la ofrenda monumental del Zócalo. Habrá, dicen, marionetas gigantes, alebrijes, música y carros alegóricos. Además seguro van a aprovechar la utilería empleada en el filme, sobre todo porque, según reportó en su momento El Universal, el gobierno local dio a la productora 14 millones de dólares en incentivos para que San Sam (qué tino de nombre) modificara el guion y filmara los primeros minutos de Spectre en la capital mexicana. Hay que desquitar, pues.

Retomo el concepto con el que arranca este texto: para 2026, en la cabeza de miles (¿millones?) de personas que vieron la cinta de Bond, quizá el Día de Muertos esté asociado a una fiesta popular vistosísima. Y para subrayar esa imagen habrá en Internet un número casi infinito de fotos y videos de la procesión mientras recorre el centro de la ciudad. Si tengo voz de profeta de probeta, de golpe se habrá construido una tradición que tal vez nos acompañe por décadas. Si en general las costumbres culturales dependen del largo aliento, ésta se habría ido por el fast track, propio de los tiempos que corren. Por qué no.

Visto de cerca, el seudocarnaval evidenciará muchas cosas, entre ellas, la síntesis mexicana entre la celebración tradicional de difuntos y el Halloween. En otras palabras, va a brindar un nuevo ángulo del pueblo mestizo que en su momento incorporó dos culturas y fue ni una cosa ni otra, sino una tercera, más rica. Hasta hace no muchas décadas, nuestro corazón sumaba la doble herencia que nos da forma: prehispánica e hispánica, más un acentito francés medio chueco, aunque digno de presumir. Ahora pareciera que nuestra alma es más que nunca tricolor: al rojo y el verde, sobre fondo blanco incorpora el vibrante azul, además de una que otra estrella. ¡A rasgarse las vestiduras! ¡Se contamina nuestra esencia más nítida, la tradición más inmarcesible! ¿De veras?

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DE CUANDO LA CALACA NO ERA COOL

Conviene analizar el asunto por partes. En 2003, la fiesta indígena del Día de Muertos fue proclamada por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Pero no siempre los mexicanos-hijos-de-la-Conquista, por decirlo bonito, nos llevamos tan bien con los finados, no siempre fueron #LoNuestroLoNuestro. El antropólogo José Eric Mendoza Luján analiza la historia del tema en el artículo “Que viva el Día de Muertos. Rituales que hay que vivir en torno a la muerte”, incluido en el libro La festividad indígena dedicada a los muertos en México, editado por CONACULTA. Ahí señala que, originalmente, el ritual prehispánico que hoy asociamos con el 1 y 2 de noviembre anticipaba la cosecha del maíz, tras meses de verlo crecer. Se trataba de una celebración importante, que incluía comida y bebida (¿se puede brincar sin brindar?). También ofrecía una buena excusa para “compartir” los primeros frutos de la tierra con los familiares ya fallecidos que pasaban de visita, aunque la idea que se tenía entonces de la defunción no se parecía al concepto contemporáneo: ya Octavio Paz señalaba en El laberinto de la soledad que “para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no eran tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa”.

En fin, con la llegada de los españoles y la imposición del catolicismo, la fiesta indígena se fusionó con la de Todos los Santos y la de los Fieles Difuntos, que arrastraban varios siglos de tradición europea. Las comunidades autóctonas fingieron que dejaban de lado sus rituales para adoptar los católicos y hallar, ¡oh, hados!, que en el centro del cristianismo está una muerte: la crucifixión. Entre los resquicios de ambas culturas se gestó la bonita mezcolanza que somos los mexicanos de hoy. Por mencionar un botón de muestra: las culturas mesoamericanas que levantaban el altar llamado tzompantli con cráneos verdaderos tuvieron que buscar otros materiales para elaborarlo. La técnica de las calaveritas de azúcar es de origen europeo, de modo que el dulce tan típico de estas fechas es muestra palpable del híbrido que resultamos ser.

El asunto es que tanto a lo largo de la Colonia, como en los primeros cien años siendo país independiente y durante la mayor parte del siglo XX, la celebración de muertos se mantuvo viva en México pero no era chic, porque se asociaba con la superstición, con la ignorancia. Es decir, carecía del glamour que desde los años ochenta acompañó al Halloween, por lo que entonces ningún clasemediero la reclamaba como territorio propio. Luego algo cambió.

Si en aquel entonces no era cool, en este entonces, sí lo es. En entrevista, el historiador y escritor Alejandro Rosas señala que en la década de 1990, como resultado de la globalización acelerada, muchos rasgos tradicionales mexicanos fueron revalorados por la clase media, en una especie de vindicación natural de lo propio frente a lo ajeno. Así, de pronto se puso de moda el tequila, que antes era bebida de los estratos sociales bajos (luego ocurrió lo mismo con el mezcal). Entonces todo el mundo se apropió de la lucha libre. Y de las cantinas. Y de la imagen de Frida. Y, claro, del Día de Muertos. Los difuntos dejaron Pátzcuaro para lanzarse a la capital, donde la festividad rebasó los panteones. Las ofrendas con papel picado, comida, veladoras y alcohol, que no formaron parte de la infancia de quienes crecimos en los años setenta y ochenta, en un corto periodo tomaron escuelas, hospitales, hoteles, Ciudad Universitaria, vaya, hasta el Zócalo. La fecha se volvió afirmación nacional.

 

DE CUANDO LO AJENO ES SOSPECHOSO

Hasta ahí todo muy bien, afirman los adalides de la más pura mexicanidad. Pero, ¡¿que James Bond nos coma el mandado?! ¡¿Que nos apantalle un güerito ojiazul?! Nos duele la dignidad. A los defensores de la raza de bronce les nace en el pecho un canto indígena (da igual si es en náhuatl o en español) y pregonan, estridentes: “Todos contra la verbena de Sam. Defendamos la tradición más auténtica”. Perdón, sólo por tenerlo claro conviene preguntar: ¿la raíz prehispánica? ¿O la española? ¿O la mestiza de la Colonia? ¿O la que se ha ido entreverando con el Halloween? ¿O cuál?

Sí, lástima que a nadie se le haya ocurrido antes hacer un carnaval de esqueletos, con lo lucidor que va a resultar. Tenía que venir el espía de ficción a darnos la idea pero, ya que estamos en ésas, sin duda va a generar un considerable (y vistoso) ingreso para la ciudad. El dinero vendrá, por una parte, del bolsillo de mexicanos sólo interesados en el desmadrito y de turistas que se mueren (ja) por confirmar que México es el vecino tétrico, troglodítico, el que se burla de la huesa y encima juega con ella (o se pone debajo, no seamos exquisitos). Pero otro porcentaje importante saldrá de la cartera de extranjeros fascinados por nuestro país y de mexicanos que se pondrán pintorescos porque ahora sí es nice, pero también porque no se trata de mera superficie, sino de una fiesta parecida a un enorme ahuehuete cultural, con raíces hundidas en varios siglos. ¿Que esta vez la inspiración vino del 007? Qué más da.

En estos días he oído lamentaciones y furias varias contra el romance que sostienen el Día de Muertos y Halloween, algo así como el alegato de la esposa celosa: “Si no es conmigo, es contra mí”. Aunque acredito la noble intención de defender los humores patrios, de veras no veo motivo para sacar el látigo ante los Hombres Lobo que seguro le echarán los perros a las Catrinas y Lloronas del desfile, quizá incluso a ritmo de reguetón. En serio, pregunto: ¿se pone en riesgo nuestra solidez cultural por disfrazarnos de Drácula? ¿De veras amenaza nuestra identidad que los zombies convivan con las calaveritas? ¿Que los alebrijes se lleven bien con los fantasmas? ¿Por qué ser más papistas que el Papa (perdón, pero queda rebién)?

Veo dos posturas contrapuestas, que no sólo aplican a las fiestas de muertos. Una dice que el contacto cultural, sobre todo con el país del norte, es nocivo. Que “el otro” siempre es menos que uno, más sospechoso. Que le debemos una fidelidad monógama a “la tradición”. Que haríamos bien en construir un muro que nos aísle de toda influencia ajena (ay), con el fin de conservarnos castos. No sé, me suena patéticamente actual. El otro punto de vista señala que una cultura revela su vigor cuando recibe y cuando da. Que la diferencia suele enriquecer. Que las facciones más oscuras que nos han configurado como nación son las que temen las ideas que no son propias. Que mantener la tradición no es encerrarla en un mueble de anticuario, sino vestirla de presente. Sin duda me inclino por ésta, sea que hoy comprenda fantasmitas y mañana, quizá, un dragón chino en Paseo de la Reforma. Aunque sea por experiencia curricular.

La mexicanidad no “es”. Más bien “va siendo” de quien se la adueña como un traje que se ajusta al cuerpo con seguritos, con pespuntes y, por lo mismo, es más que nunca propio. Las tradiciones no están escritas en piedra. Por eso sugiero que nadie se rasgue las vestiduras por el nuevo ancestral Día de Muertos. Aunque sea igualito que en la película de Bond.

 

No me gusta el nublado, ni afuera ni adentro

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Soy un poco reptil, el clima exterior me determina mucho por dentro. Con este tiempo gris fácilmente se me hielan las manos; el corazón, otro poco.

Acepto ideas (no importa cuán extravagantes) para que un poco de sol caiga dentro de mis fronteras. Lo necesito.

Cómo se siente el peligro

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«[…] Mientras uno espera a que los sueños se cumplan, llega la enfermedad, o un accidente, y uno se muere. La vida está colgada de un hilito, y en el aire hay tijeras que vuelan con el viento». -Héctor Abad Faciolince, La Oculta, Alfaguara.

No se vale

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No me suele pasar pero hoy ando de víctima: me parece injusto, muy muy injusto lo que me pasa, lo que me ha pasado. Y aunque sea políticamente incorrecto y se espere de mí una actitud madura, conciliadora, me da la gana encabronarme mucho, azotarme, no controlar un rato el panal de abejas que traigo en la cabeza.

Carajo, ya me cansé de abusos.

Te lo digo, Juan…

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PD Por si queda duda, va un sutil mensaje al protagonista de mi sueño de anoche: no agradezco que nadie me asfixie ni me invada ni quiera imponerse en mi vida a fuerza de «cariño».

Por Fortuna soy muy mía. Así quiero permanecer.

Pelear contra la tentación, sin querer ganar

Salió a la venta hace un par de días. Y sí, me hizo la semana.
Salió a la venta hace un par de días. Y sí, me hizo la semana.

El nuevo disco de Leonard Cohen es una pinche genialidad. Es sarcástico pero no se queda ahí. También baja a las profundidades del dolor y anda un rato descalzo, entre vidrios. Y la música y los coros, con ese dejo de liturgia alejada de la iglesia, subrayan la voz murmurada de quien no necesita más para poner a temblar las telas interiores.

Hace un rato terminé de oírlo y de veras no tiene madre. Descreído, frontal, a ratos penado y otras, burlón de sí, es muy Cohen. Esta rolita, «On The Level», aborda las decisiones demasiado sensatas, las que son todo lo maduras que deben ser e implican huir del diablo pero, al mismo tiempo, le dan la espalda también al ángel. Ay.

Que me digan que esto no es poesía. De la mejor.

«[…] I was fighting with temptation
But I didn’t want to win.
A man like me don’t like to see
Temptation caving in.

Your crazy fragrance all around
Your secrets in my view.
My lost, my lost was saying found
My don’t was saying do […]».

P.D. No me deja pegar la canción ni desde Spotify ni el audio de YouTube (seguramente es cuestión de derechos) pero está en ambas plataformas, por si quieres oírla.

No sé cómo resistir tu voz

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«[…] había tomado en préstamo las cuatrocientas voces de un cenzontle; era un mago […] cuya mejor suerte consistía en aparecer y ocultar mundos con el mero instrumento de su voz«. -Rosa Beltrán, La corte de los ilusos, Alfaguara.

Conozco una voz como la que menciona la magnífica novela de Betrán, un cenzontle metido en la garganta a ratos oscuro, la angustia de un grito contenido, otras terso, tibio, casi un temblor de tan inseguro. En todos los casos, capaz de armar y desarmar universos a golpe de sonidos.

Qué hago con esa voz, cómo la resisto si en ella no caben todos los silencios.

Necia, sigo buscando los nombres de las cosas

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Ayer presenté mi libro Ser azar en el Foro Móvil La Chula, de Hostería La Bota, dentro de la Feria del Libro del Zócalo. Estuvo el poeta Gerardo Grande para presentarnos y me acompañaron en la mesa el también escritor Rafa Carballo y Sidharta Ochoa, directora de Editorial Abismos, casa que publicó el libro.

Hablamos de versos, de heridas, de humor. Cayeron algunos amigos queridos, además de varios lectores y otros curiosos, entre ellos una ella y un él que están de visita desde Costa Rica y que al final se llevaron cada uno Ser azar. O sea, hubo público y hasta se vendieron libros, cosa notoriamente de subrayar. En un arranque de sincericidio egocentrista debo decir que me la pasé muy bien.

Confirmé una vez más que esta frase de Cien años de soledad constituye una de las principales razones por las cuales escribo: «El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Es decir, neciamente voy por ahí buscando cómo nombrar a las cosas, para no tener que señalarlas con el dedo. Es decir, intento encontrar «su preciso y verdadero y no sabido nombre», en palabras de Borges.

Ingenua y necia, creo que voy a dar con él.

PD Se hizo un Periscope pero no logro pegarlo aquí. Seguiré informando.

Foto: Mónica Icaza
Foto: Mónica Icaza

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