#MiércolesDePoesía El beso del caníbal (en realidad todos lo son)

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Recientemente se publicó Poemas para ablandar a las rocas, libro de Guillermo Vega Zaragoza (Editorial Abismos) que recomiendo pa’l #MiércolesDePoesía. El título me gusta de entrada, pero en sus páginas encuentro versos que de veras resuenan, como estos:

«Escribir aunque sea un poco,
donde sea, cuando sea, como sea,
como si te estuvieras desangrando,

como si de veras te doliera,
como si se te fuera la vida,
como respirar un aire enrarecido, como si fuera lo único importante […]».

El volumen incluye poemas que revelan oficio y están cuajados de metáforas vueltas palabras, como éste que aborda el beso mordelón, es decir, todos, porque beso que no muerde no es beso. Espero este fragmento del poema antoje al Respetable en dos sentidos:

1) Para ir y plantar un beso-beso, un beso caníbal antes de que pasen 15 minutos;

2) Para comprar hoy el libro de Vega Zaragoza. Sea la poesía.

 

La ilusión del caníbal

No bromea aquel que confiesa:
“Me la comería a besos”.
Si pudiera, la engulliría toda
como la boa del diminuto príncipe,
como la tierra ávida
absorbe la lluvia en el desierto.

El beso es una mordida extraviada,
un tímido devoramiento
en una danza de lenguas excitadas.

El beso es una cópula perversa,
hermafrodita,
donde ambos se penetran
y se preñan de hijos minúsculos
que nacen y mueren y resucitan
cada vez que los labios se aproximan.

El beso es la ilusión del caníbal,
deseo prohibido de la carne prójima,
aliento vital desesperado,
agonía infinita del instante […]»

La inteligencia artificial nos gana otra batalla (o no)

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Un equipo de especialistas de DeepMind, la empresa británica de Inteligencia Artificial (IA) que es propiedad de Google, desarrolló durante años un programa computacional secreto, basado en redes neuronales. Éstas son complicados circuitos creados por el hombre, que imitan la operación del cerebro humano: muchas capas de neuronas virtuales procesan información, la analizan y al final toman decisiones como las personas, además de tener la capacidad de aprender de sus aciertos y errores. Aunque suene a ciencia ficción, todos los días convivimos con estos sistemas inteligentes: entran en operación en el momento en el que buscamos una foto en Google o cuando etiquetamos amigos en Facebook.

El asunto es que nadie supo del trabajo encubierto que llevaban a cabo 20 expertos ingleses en este tipo de software. Por fin, en enero de 2016 un artículo en la muy reconocida revista científica Nature dio a conocer la existencia de AlphaGo, el programa de IA desarrollado en DeepMind. Según se explicaba, los científicos emplearon redes neuronales para enseñar a una computadora el rebuscado juego de mesa Go que, a decir de los entendidos, comprende un número mayor de movimientos y posibilidades que el número de átomos que hay en el universo. El artículo de Nature señalaba que, recientemente, AlphaGo se había enfrentado a Fan Hui, el campeón europeo de Go, y lo había vencido de forma apabullante: 5 a 0. Se trataba de todo un suceso. Pero venían más sorpresas.

Antes de seguir conviene explicar de qué trata este juego estratégico. Aunque quizá no sea muy conocido en México, lo cierto es que el Go nació en China hace unos 2,500 años. En él, los contrincantes tienen fichas (llamadas “piedras”) blancas y negras, respectivamente, que van poniendo por turnos sobre las intersecciones de un tablero de 19 por 19 cuadrículas. Una vez colocadas, las piezas no se pueden mover. El objetivo es rodear por completo las fichas del contrincante, con el fin de capturarlas y así obtener ese territorio. Gana quien al final posea más porción del tablero.

De acuerdo con Demis Hassabis, cofundador de DeepMind, una partida de ajedrez tiene un promedio de 20 posibles movimientos por turno, mientras en Go se trata de unos 200 movimientos por turno, en promedio. Además, según el científico Christof Koch, quien escribió un artículo al respecto en la prestigiada revista Scientific American, el número total de átomos en el universo observable es de 1080: esto incluye todas las galaxias, estrellas, planetas, personas, perros y árboles. En contraste, un juego de ajedrez permite un estimado de 10120 movimientos, pero uno de Go maneja un número muy superior: 10360. Eso explica lo complejo que es y la virtual imposibilidad de capturar en algoritmos sus posibilidades. De ahí que para los científicos en informática represente un reto mayor el hecho de lograr que una máquina le gane a un humano en este juego. Muchos especialistas han trabajado por años en distintos proyectos con el fin de alcanzar este objetivo y cuando en enero de este año se anunció que AlphaGo había derrotado al campeón europeo de Go, nadie dudó que la cosa era de atenderse.

La historia de máquinas inteligentes que son superiores a los humanos no es nueva. En 1996 Gary Kasparov, campeón mundial de ajedrez, se enfrentó a una supercomputadora desarrollada por IBM. El pesado dispositivo, de nombre Deep Blue, era capaz de evaluar 200 millones de posiciones de piezas por segundo. El encuentro constó de seis juegos: Kasparov ganó tres, empató dos y perdió uno. Sin embargo, al año siguiente el ruso perdió frente a una versión mejorada de Deep Blue (más bien, Kasparov abandonó la partida). El jugador dijo en su momento que la computadora había hecho un movimiento tan sorprendente, tan poco propio de una máquina, que lo sacó por completo de balance y no pudo seguir con la partida. Y, por supuesto, las máquinas ya nos aventajan en varios campos, por ejemplo:

  1. pueden memorizar más dígitos pi que una persona: 13 billones, comparados con el récord humano, de apenas 70 mil;
  2. multiplican más rápido números de ocho dígitos: 858 billones, mientras el más rápido de los humanos logra en el mismo tiempo sólo 10;
  3. son más hábiles jugando ajedrez: en promedio, una computadora es capaz de vencer a un campeón humano 76% de los partidos;

En este contexto, la hazaña de AlphaGo supera por mucho todo lo conseguido anteriormente. Luego de vencer a Fan Hui, el campeón europeo de Go por 5 a 0, en marzo de este año la máquina se enfrentó en Seúl al coreano Lee Se-dol, campeón mundial en esa disciplina. ¿El resultado? 4 a 1, a favor de la computadora. Así, AlphaGo marcó un parteaguas importante en la historia de la convivencia entre humanos y máquinas: varios desarrolladores de software especializado lo reconocieron como el mayor logro en el campo de la Inteligencia Artificial hasta el momento. El resultado causó enorme revuelo en el mundo de la informática, porque recientemente expertos involucrados en el desarrollo de programas computacionales para vencer a humanos en Go habían calculado que tardarían otros 10 años en lograr que las máquinas triunfaran.

Claro, si quizá para algunos no es relevante que una computadora le ganara al jugador, sí lo es el hecho de que representa un avance exponencial en la comprensión y el uso de las redes neuronales, lo que tendrá aplicaciones inmediatas en otras esferas, como la salud, las comunicaciones, la política y (ay) la guerra. Y es que si la IBM que derrotó a Kasparov en 1997 pronto cayó en desuso, una historia distinta parece esperar a AlphaGo. Los desarrolladores de software se dicen fascinados por el principal rasgo que distingue a la “hija” de DeepMind: su capacidad para dividirse en dos, jugar contra sí misma y así mejorar su desempeño. Esa bien pudiera ser la característica que a partir de ahora señale los productos de IA, aumentando de forma exponencial su poder y flexibilidad.

Al combinar el diseño del cerebro humano con rasgos propios de la IA cabe esperar muchas novedades, mucho más allá de ver a un software ganarle a una persona. Y cabe no perder de vista que, al final, como señaló John Kelly, de IBM, no se trata de máquinas contra humanos: el triunfo de una computadora es el triunfo del ser humano. 

(Originalmente publicado en www.thinktankmedia.mx).

#LunesDeHumor No cuenten con mi mal genio

Cartón: Quino
Cartón: Quino

Amanecí asquerosa, repulsivamente optimista: hoy nadie me quita la convicción de que las cosas van a  mejorar.

Como señala Quino en el cartón, asumo el masoquismo que implica, porque demanda mantenerme al pie de la trinchera. Sería más fácil bajar los brazos y abandonarme a la derrota pero gracias, no lo quiero.

Así que hoy no cuenten con mi derrotismo ni con mi mal genio. Andaré todo el día con sonrisa estúpida, aunque sea lunes.

De compartir aire

Imagen: "El beso", de Pablo Picasso (1969)
Imagen: «El beso», de Pablo Picasso (1969)

«El aire que uno respira/ sopla en el otro», dice un verso de la guatemalteca Ana María Rodas.

Pues eso.

Al son que me toquen bailo (si me lo tocan bien)

Foto: Guillermo, para Firefish Gallery
Foto: Guillermo, para Firefish Gallery

Este texto mío, sobre la delgadísima línea entre danza y sexo, acaba de salir publicado en el fanzín de danza El lago de los chismes, el mismo que presume: «plagiamos la tipografía de publicaciones importantes, plagiamos los derechos de licitud, plagiamos el copyright y la marca registrada». Me invitó a participar José Eugenio Sánchez, poeta que sabe como nadie hacer de las palabras algo nuevo y antisolemne, es decir, chingón. 

Aquí va. Lo subtitulé «Historia en cinco alientos con ensayito intercambiable».

Uno

Tenía 15 años. Era una intelectual que amaba la foto de Korda que amaba al Che Guevara y que tomaba clases de danza seis días de la semana en Jitanjáfora, poética y esdrújula escuela de técnica rusa. Estos tres apuntes basten para decir que, en un afán de congruencia, quería bailar revolucionariamente. Mi fervor me proyectaba como un ingrávido cuerpo despechado (nunca mejor dicho) que se movía rutilante por el escenario, comunicando un mensaje muy de izquierdas. Estaba decidida a resolver en mis extremidades vicarias, vibrantes de compromiso, la polaridad entre ideal estético y político. En mis mallas de marca Capezio compradas en Aurrerá sería la bailarina lumpen que proyectara a pie descalzo una arenga del tipo “Hasta siempre, comandante”.

Pero el imperativo guevarista no pasó de ser una broma, porque ni mi torso adolescente fue modelado tan sin rubicundeces ni la revolución Made in Cuba me hizo justicia. Para ser franca, tampoco bailaba gran cosa. Tal vez por eso, aunque me presenté en una veintena de funciones, mi nombre nunca salió en el Granma en el periódico. Y la causa me perdió pronto: a los 19 años dejé la danza porque me jodí las rodillas porque mis afanes agitadores querían trascender el escenario. Necesitaba cambiar el mundo, al menos, el mío. Así que colgué las zapatillas y decidí cobrar venganza. Y que me vengo.

Dos

A los 10 había empezado a hacer ballet. Claro, es un decir, porque pasaban los meses de chongo-bien-peinado-zapatillas-limpias y yo seguía en la barra, primera, segunda, pliés, relevés. Luego, tontas vueltas alrededor del salón simulando ser mariposa. ¿A qué hora iba a cruzar el proscenio en brazos de un hermoso Baryshnikov de la musa? ¿A qué hora meterme en las tripas de la música?

Entonces nos pusieron una pequeña coreografía y me g­ustó sentir que, poquiteada pero con ganas, que mi talento avasallante podía decir algo sin palabras. Subrayar. Poner puntos suspensivos. Así se despertó la adicción por hablar a cuerpo entero, que tres años después desembocó en clases tanto con el Taller Coreográfico de la UNAM como con Vera Larrosa, bailarina y escritora infrarrealista que entre arabesques nos recitaba poemas y nos enseñaba a res-pi-rar-los. Yo, que me tomaba muy en serio lo de ser adolescente la mayor parte del tiempo, mientras borroneaba versos y ensayaba pasos encontraba hermanadas dos disciplinas que amaba: danza + poesía. Y ambas partían de la inhalación.

Tres

Tenía 17 años. Seguía haciendo piruetas y escribiendo. Faltaban más de 15 años muchísimos para que se estrenara en México en 2001 Billy Elliot, película sobre el niño-irlandés-devenido-bailarín, y todavía más para que apareciera la obra de teatro, con canciones de Elton John y Lee Hall. Pero sin duda yo habría querido cantar como el protagonistito o, mejor, escribir: “¿Qué siento al bailar? No sé explicarlo. Es olvidarme de quién soy, pero sentirme completa. Es un fuego por dentro, electricidad en cada miembro”.

Lo cierto es que tanto para Billy Elliot como para mí la experiencia se parecía bastante a un orgasmo de cuerpo completo, uno muy largo, aspirado, rumor y estallido, capaz de dar volumen al aire. Mejor que mi tórrida relación con el cepillo de pelo. Cómo no hacerse junkie de la seducción aceptada.

Cuatro

Acabo de cumplir 44 años y lo mío sigue siendo el intenseo. Aunque el contexto merecería mejor pretexto estoy en poca ropa, frente a un espejo de piso a techo, sudando a cubetadas mientras las piernas me tiemblan y el corazón, algo más. Pero no, si bien soy cliente distinguida de hoteles decadentes, hoy no me estoy entrenando en la lujosa lujuria. Más bien estoy comenzando a aprender yoga con los mismos muslos con los que hace años intentaba grand jetés. Es decir, sigo intentando deletrear a boca cerrada.

Una de las revelaciones que se volvieron eje de mi escritura y que más celebré en mis veinte, mientras cogía desaforadamente mientras me curaba la cruda de no bailar, fue entender que mi cuerpo no perdía el papel central. Que el sexo y la danza se parecen porque en ambos se dice con el gesto. Porque soy yo misma vuelta vapor y, más que nunca, carne. Porque trascienden los límites. Porque en los dos bailo al son que me toquen, pero cómo agradezco que me lo toquen bien. Porque son cuestión de cadencia. Porque le dan sentido a los sentidos y goce a las junturas. Porque implican salir de mí para mirarme en otro. Porque ambos, sin duda, se aprenden.

Cinco

Si la adolescenta que dejó el baile hubiera sabido que unos 30 años después seguiría fascinada por hablar con los músculos, seguro habría pensado: «Qué viejita tan atascada» “Qué sublime fue su vocación”.

MINIENSAYO DE IDEAS INTERCAMBIABLES

  1. En la danza, el cuerpo es la obsesión. O, mejor, el foco de latensión (latención). Sin él, no hay yo ni tú ni (nos)otros ni magias ni h(n)adas. A partir de él construyo la relación de mí, conmigo, y la mía, contigo.
  2. En la danza, el cuerpo se mete en las entretelas de una música interior y (re)cobra su soplo antiguo, el que no pasa por la voz. O la trasciende. Porque si algo se puede expresar con tinta (tanta) palabra, para qué lo demás.
  3. En la danza, el cuerpo requiere una mínima técnica, porque sin ella sólo hay (tarta)mudez. Así genera una memoria de aciertos y descalabros, a partir de la cual articula frases en movimiento.
  4. En la danza, el cuerpo establece una narrativa a partir de (contr)acciones, relajaciones e insistencias. Estiramientos y (genu)flexiones. Signos e(x)ternos del alma desparramada por los miembros.
  5. En la danza, el cuerpo es (t)urgencia que entre tambores y temblores se busca en el (escalo)frío del otro, el que no es suyo, pero lo es. Se empeña en dar y tomar aliento porque sin ese intercambio de adentros, todo es nada.

Nota a(l) pie
Si le da la gana, el lector puede sustituir las palabras “En la danza” por “En el sexo”. Si no le da la gana, no.

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Notas sobre el Nobel a Dylan (incluye comentario sobre su época panfletaria)

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  1. Me parece estupendo que el Nobel de Literatura salgo del ámbito literario. Aunque así lo quieran algunos, la literatura no tiene copyright de los Escritores ni es su territorio exclusivo. De hecho, la literatura fue, primero que nada, música, y Dylan, entre una sarta de genialidades, regresa la poesía a la gente, le quita su aura de hermetismo. Eso lo celebro como si el mundo se fuera a acabar.
  2. Hace años leí Tarántula, la única novela de Bob Dylan, y la terminé nomás por disciplina personal. No me dijo casi nada y escribí sobre ella: «En torrente se mueve la única novela de Dylan […] suerte de escritura automática con cachos afortunados de prosa y verso […] requiere leerse lentamente, en pequeñas dosis».
  3. Se le ha alabado y criticado por igual su época panfletaria, pero quien esté libre de panfletos que tire la primera piedra, anuncia San Julio Cortázar desde el más allá.
  4.  Lo vi en el Auditorio Nacional en 2008, cantando «It Ain’t Me, Babe», la mítica «Highway 61 Revisited», «Like a Rolling Stone» y, evidentemente, «Blowin’ In the Wind». Salí con dos convicciones: 1) el tipo es un genio; 2) el tipo es insoportable, instalado en la pose de «me caga ser estrella, sí. Cobro como tal y me vendo como tal».
  5. Disfruto la perpetua provocación de su personaje, que lo mismo se burla de sí que de quienes lo idolatran.
  6. Lo que más me gusta de Robert Allen Zimmerman es el homenaje que rinde en su seudónimo al maestro de maestros: el galés Dylan Thomas, quien tocó las raíces de la poesía y cambió para siempre los frutos. Fue el Thomas que escribió: «Los escritores trabajan hacia las palabras o hacia afuera de ellas. Cualquier poeta o novelista que elijas, o bien trabaja para afuera de las palabras o en dirección a ellas. El novelista realista ve cosas, oye cosas, imagina cosas (y todas esas del mundo material o del mundo materialmente cerebral) y luego va hacia las palabras como el medio más adecuado a través del cual expresar esa experiencia».
  7. Dylan es un enormísimo lector, que digiere obras, las procesa y las regresa en otra forma, con algún dejo escatológico pero casi siempre luminoso. Se le puede leer tan bien como escuchar y eso no es poca cosa. Domina el arte de robar creativamente, es decir, fusiona influencias totalmente ajenas entre sí y crea algo nuevo.
  8. Su voz no me gusta nada, perdón, pero igual me devoro una y mil veces el monumento que es «Like A Rolling Stone».

 

 

 

#MiércolesDePoesía Amar en la fragilidad

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Me dijo algo con los ojos y temblé. Me dijo algo con los ojos y temblé porque entendí exactamente de lo que hablaba. Me dijo algo con los ojos y temblé porque entendí exactamente de lo que hablaba y no supe arrimarme palabras para agradecerle, desde lo más hondo, que me amara en lo más quebradizo de mí.

Eso que me dijo con los ojos es de lo más conmovedor que me han dicho jamás. Y se quedó como certeza en el cristal que llevo por dentro. 

Estos versos de Andrés Neuman, narrador y poeta (además de amigo entrañable), me recuerdan esa mañana hace unos meses. Me la recuerdan y por eso lo comparto, porque ahora mismo amo la fragilidad de las paredes de una persona y espero que ese amor la fortalezca.

Buen #MiércolesDePoesía.

Casa fugaz

Somos iguales: tienes
la exacta fortaleza
que me hace en parte débil.
Sigue siendo difícil
en la casa terrena desnudarse.
¿Trascender? Eso intentan los solemnes,
como si dominasen el misterio
de habitar hasta el fondo este lugar
sin cederle terreno a las alturas.

Si te toco, artesana,
¿querrás estar aquí enteramente?
Durando en lo fugaz,
así transcurriría nuestra entrega.
Desconociendo cómo,
así nos buscaríamos.
Iguales en la duda. Enamorados
de la fragilidad de estas paredes.

Tomado del libro Vendaval de bolsillo (Almadía)

¿Día de la Niña? Aprovecho la excusa

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Que es el Día de la Niña, dicen. Abrazo desde el tuétano a esta preciosidad, mi niña (que ya no lo es cronológicamente hablando, pero igual) con esto que llevo dentro y que debe ser sangre, porque busca su corazón para sentirse en casa.

 

#LunesDeMonos El termitero que descubrí bajo mi cama

Cartón: Francisco Javier Olea www.oleismos.blogspot,mx
Cartón: Francisco Javier Olea http://www.oleismos.blogspot,mx

Este cartón del humorista chileno Olea no merece que lo eche a perder con un comentario vano, de modo que lo dejo por aquí y me voy en silencio, tratando de no despertar a los encantadores bichos hijos de la chingada que hicieron su hogar bajo mi colchón.

Que el lunes no sea tan descaradamente lunes.

Si pudieras verte como te veo

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«Siempre es fácil mirar atrás y ver lo que fuimos ayer, hace diez años. Es muy difícil ver lo que somos». -Harper Lee, Ve y pon un centinela (Harper Collins)

Añado: normalmente, eso que se nos esconde sobre nosotros mismos le resulta transparente a los demás. Por eso sé que si te vieras a través de mis ojos entenderías algunas cosas. Por ejemplo, cómo el mundo es mejor por ti.

 

¿Sexo con 365 en 365 días? Why not.

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La lujuria no es buen negocio. Lo fue cuando conservaba un toque de transgresión. Ya no. Hoy resulta tan cotidiana como las galletas de animalitos y bastante menos versátil, porque no se le puede sopear en un café cargado. Para que llame la atención debe ofrecer algo retorcidito. Esa parece ser la tesis del artista ruso de performance Mischa Badasyan, quien se planteó un experimento sui géneris. Más bien, con sui géneris, con su género de cuerpito: tener relaciones con 365 hombres a lo largo de 365 días y registrar los encuentros en fotografías, grabaciones de audio y video, para luego crear piezas de performance.

El creador gay, quien lleva años de vivir en Berlín, tituló su proyecto Save The Date. Dijo que a sus 26 años nunca había tenido una relación seria de pareja ni se había enamorado y que su vida sexual consistía en ir de noche a los parques para tener encuentros con desconocidos, de los que regresaba sintiéndose fatal. Entonces se le ocurrió llevar al extremo esa realidad cotidiana de muchos homosexuales, apuntó. El objetivo era comprender la relación entre libertinaje y soledad: averiguar si el sexo indiscriminado (porque no le hizo el feo a ningún color, nacionalidad ni talla) mata la necesidad de afecto en los seres humanos (porque la propuesta no involucraba animales). ¿Masoquista? ¿Original? Habría que ver.

Muchos cuestionaron si su idea era arte o sólo se trataba de darle gusto al cuerpo y además ganar atención de los medios. Él respondió que buscaba explorar la dinámica del contacto humano e incluso dijo basarse en la estética relacional. Ese término, acuñado en los años noventa por el curador francés Nicholas Bourriaud, describe la tendencia de crear arte con base en las relaciones humanas. O sea, el ruso parecía informado, aunque al expresarse lo disimulara muy bien: “El sexo no es la penetración. El sexo es un estado emocional, un sentimiento, un contacto”, afirmó en entrevista con la revista Vice. Algunos se burlaron de él y lo llamaron “un narcisista obsesionado con el sexo”.

Lo cierto es que dio inicio a su obra. Para contactar parejas usó Apps populares entre la comunidad gay, como Grindr y Scruff. Así pactó citas en supermercados, centros comerciales, aeropuertos y demás sitios llamados no-lugares por el antropólogo francés Marc Augé, es decir, espacios impersonales donde no somos individuos, sino seres anónimos. Así metía en la ecuación el presupuesto de fondo (disculpen): a través del sexo indiscriminado, él mismo se convertía en una no-persona, en un número más. En ocasiones lo dejaron plantado. Otras, el prospecto llegó a la cita pero tras cinco minutos huyó, mientras otros rechazaron sus avances. Entonces optó por el método tradicional de conocer gente: caminar por las calles de la ciudad, incluida la zona roja de Berlín, donde se desempeñó como prostituto. Entre los hombres con los que estuvo vinculado (perdón) se contó un periodista de 76 años, un instructor de yoga, una estrella del porno y algunos hombres infectados con VIH. Además se sumó un estudiante de 20 años, heterosexual, que al enterarse del proyecto de Badasyan decidió participar. “Nunca había tenido ningún tipo de relación con un hombre y quise probar”, reconoció. Fueron a cenar, a bailar y durmieron juntos. Apasionado del arte, el chico.

El artista registró en un diario cada encuentro. A nadie debe haber sorprendido (tampoco a él) que en general se trató de relaciones fugaces, rutinarias. Lo que sí resultó revelador fue que para encontrar placer necesitaba ser agresivo. “Sólo disfrutaba si empleaba violencia, así que empecé a golpear a mis parejas”, señaló mientras abría grandes los ojos para subrayar su asombro. Previsiblemente, también fue víctima de brutalidad: un tipo estuvo a punto de arrollarlo con un auto, otro lo golpeó con una botella, un neonazi lo amenazó de muerte y alguien lo roció con gas pimienta. Heroico, meterse en aprietos (ejem) por el arte. Al menos encontró cómo garantizarse adrenalina.

En la página de Facebook de Badasyan se pueden leer artículos sobre él aparecidos en medios de Colombia, Brasil, Estados Unidos, Italia, Francia e Israel, entre otros países. Además, alguien escribió una tesis universitaria de su trabajo y un bailarín de Los Ángeles, Kevin Lopez, creó una pieza de danza tomándolo como inspiración. Luego, para cerrar con broche de oro (ay, albur involuntario), voló a Berlín para pasar la noche con el ruso y apoyar directamente su experimento.

¿A qué conclusiones llegó el artista con Save The Date? Dice que la falta de cercanía emocional le hizo daño, que se sintió una máquina y que ahora de verdad le gustaría estar con un alguien. Conmovedor, el pronombre indefinido. ¿Cómo se ve a un año de haber terminado? Señala que ya no sale con gays y sólo se excita como voyeurista en los baños públicos o cuando interactúa con heterosexuales o bisexuales. “Dormir con tanta gente, ¿no es una locura?”, se autopregunta, en un dechado de ventriloquia. Lo sorprendente es que no menciona para nada las piezas de performance que supuestamente iba a crear. Es decir, hizo todo por el arte pero luego se le olvidó el arte (es un decir).

Retomo las preguntas planteadas al inicio. ¿Mischa Badasyan es un masoquista abnegado? No hay duda. Si los encuentros en el parque lo dejaban sintiéndose vacío, ¿qué esperaba al jugarse el pellejo (dispensen) teniendo sexo volátil con tododios? Sus conclusiones son totalmente previsibles. ¿Es original? En absoluto. Se ha hablado hasta el hartazgo de la soledad contemporánea, de la paradoja de tener miles de amigos en Facebook y sentirse una isla en el universo. Novedoso hubiera sido descubrir, por ejemplo, que el desenfreno es la otra cara de la moralidad beata, que en los pliegues más internos del inmoral se alberga (ejem) un santo en potencia, quien hoy tiene que regodearse en el pecado, para aspirar mañana a los altares. Que con el fin de sentirse realmente solo, como un profeta que alza su voz en el desierto, nada mejor que haber conocido (en el sentido bíblico) a cientos de libertinos. Así, el proyecto de Badasyan resignificaría la incontinencia, le daría un tinte de novedad y, quizá, la volvería de nuevo un negocio. ¿Y eso sería arte? Lo demás es lo de menos.

(Originalmente publicado en el sitio Think Tank New Media).

#MiércolesDePoesía Deseosa pone anuncio clasificado

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Este poema del chileno Gonzalo Rojas me gusta. Me lo imagino publicado en un periódico cualquiera, entre el anuncio de una enfermera experta en cuidar ancianos, ofertas de un refrigerador viejo, masajistas a domicilio, autos de oportunidad.

Me imagino los versos haciéndonos el día a más de uno. Sea el #MiércolesDePoesía.

Enigma de la deseosa

«Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus».

 

Así sabe el amor entre mujeres

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Ilustración: Luisa Fernanda Penagos http://lufepever.wix.com/lfpenagosart#!

«Dos miradas se cruzaron como los arcos de una bóveda diseñada tiempo atrás […] Cuando volvieron a tener la sensación del tiempo, los dedos pálidos de Fatma y los muy obscuros de Kadiya había hecho crecer entre las dos un tupido boque de ramas negras y blancas, entetejidas como ilegible caligrafía. Se habían conocido en silencio y se amaron en la ausencia de palabras: hablaban la luz y la humedad de sus cuerpos. Decían lo que con muchas palabras se llega poco a decir. En otra de las terrazas, una mujer cantaba con voz muy aguda, adolorida, una muy antigua canción de Ibn Zaydún: ‘Cuando tus ojos vean lo que ya no se ve y tus manos toquen lo que ya no se toca, tus ojos no serán ya tus ojos y tu cuerpo no será ya el tuyo, pobre posesiva poseída’.

Fatma quiso guardar el sabor de ese silencio en su memoria y cerró los ojos como si así lograra comerse definitivamente la presencia de Kadiya e hiciera de ella una tonada que sola vuelve y vuelve a la boca. Y pronto descubriría que hacía muy bien en querer conservar esos instantes porque aunque la memoria es frágil y escurridiza, lo es tal vez menos que la piel y los sentimientos: al abrir los ojos, Fatma descubrió que Kadiya no estaba ya a su lado».

Es un fragmento de la novela Los nombres del aire, de Alberto Ruy Sánchez, narrador, poeta y director de Artes de México, que el propio Alberto me regaló, con el corazón en el mano, como él suele ir por la vida. Acaba de ser publicada en México como parte de la rica antología Quinteto de Mogador (Alfaguara), una exploración del deseo en sus varios gestos, olores, honduras y temperaturas. En el pasaje que cito, de una belleza que recuerda los cantos eróticos árabes, la adolescente Fatma se enfrenta al deslumbramiento del cuerpo de la hermosa Kadiya. Sin prisa, se tiñe de él. Y le cambian los ojos para ver el mundo.

La ilustración, que me fascina, es de la talentosísima colombiana Luisa Fernanda Penagos.

Ante la amenaza y el sinsentido, el deseo sigue siendo el asidero que nos afirma a partir del cuerpo, única certeza, subrayan tanto Ruy Sánchez como Penagos. Bravo.

#LunesDeMonos ¿Alguien, unas muletas para el alma?

Cartón: Quino
Cartón: Quino

Ayer Colombia votó por el «No» a la paz. Tengo muy queridos amigos colombianos y me lastima su dolor hondo. El mundo está de veras de cabeza, así que no dudo que en unos meses el discurso lacerante de Trump gane las elecciones en EUA. ¿Cómo alimentar el optimismo en un mundo tan desquiciado? Carajo, ¿dónde se consiguen las muletas que pedía la Mafalda del imprescindible Quino?

Perdón por lo negro de este #LunesDeMonos. Si alguien puede documentar mi optimismo se lo voy a agradecer de veras.

#SábadoDeMúsica La canción que me recuerda un momento decisivo en mi vida

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La música, con su capacidad evocadora, se vuelve compañera de momentos de todas las texturas. A veces incluso le pone palabras a lo que no sabíamos cómo nombrar. Es el tema de la Playlist colectiva de hoy. Mi selección es Creo en ti, de Miguel Bosé, canción que le gustaba mucho a una persona entrañable y que en esos momentos no creía en sí misma. Se volvió no sólo bastión, sino también himno: creo en ti porque veo lo que tú no ves de ti misma.

Si quieres añadir tu canción escríbela en los comentarios y, de preferencia, anota el momento que te recuerda. Muchos de los participantes en esta lista quisieron compartir brevemente su recuerdo; otros no, pero igual aquí quedan las canciones.

Buen #SábadodeMúsica y, como siempre, gracias por regalarme una Playlist que acompaña lo que voy viviendo.

 

  1. Raúl Reyes Ramos Al lado del camino, de Fito Páez. Estaba en plena tesis de licenciatura y proceso independentista individual.
  2. Marcela Sánchez Greene Ahí estás tú, de Chambao. Durante dos años fui bartender en un pub irlandés en España. Cuando entraba a mi turno ponía esta canción para agarrar fuerza y aguantar la jornada. Era parte de mi ritual.
  3. Carla Érika Ureña Annie’s Song, de John Denver. Pedí escucharla justo al momento de nacer mi hija mayor, el momento en el que me convertí en mamá.
  4.  Dirk Lotgerink Así fue, de Juan Gabriel. Me recuerda una de tantas historias que terminaron mal por razones que Juanga menciona. Pinche amor, tan hermoso como culero. 
  5. Ethel Krauze As Time Goes By, de Dooley Wilson (tema de Casablanca). Porque el amor existe y es eterno cuando es realmente amor.
  6.  Verónica Ortiz Cabaret, de Liza Minelli. La guerra que marcó a muchas personas y, por el otro lado, la alegría de seguir vivos un día más.
  7.  @michrade Chandelier, de Sia.
  8. Rafa Carballo Clandestino, de Manu Chao. Madrid, 1998. Me fui para allá sin plata ni plan. La canción acababa de salir y en Lavapiés era un himno entre los inmigrantes africanos.
  9.  @albertochimal Coconut, de Harry Nilsson. Es la última que escuché antes de la muerte de mi madre.
  10. @danioska Creo en ti, de Miguel Bosé. Tuve que darle ánimos a una persona muy muy querida y creer en ella, que no creía en sí misma.
  11. Arturo Díaz Cuando nadie me ve, interpretada por Niña Pastori. Estaba decidiendo la separación de mi pareja.
  12. Arturo Erremental De mí, de Charly García. Ver a Charly García en el programa de Verónica Castro tuvo en mí el mismo efecto que muchos de mis ídolos cuentan que tuvo en ellos ver a los Beatles con Ed Sullivan. Abrió con esta canción, por entonces inédita (yo ya conocía a Charly pero nunca lo había visto ni oído hablar), después de eso no hubo vuelta atrás.
  13. Susana Salazar De parto, de Joan Manuel Serrat. Contaba mi vida en ese momento.
  14. Andrés Grillo El baile de los que sobran, de Los Prisioneros. El reflejo del no futuro. Yo era uno de los que sobraban.
  15. @arr1910 El ahijado de la muerte, de Jorge Negrete.  Fue la primera que le canté a mi hija para arrullarla.
  16. @HectorOAguilar El alma llena de banderas, de Víctor Jara. Mi politización tempranísima. Los hermosos años de la utopía. A mis camaradas que ya no están, como Galo Gómez Ogalde.
  17. @barbarahoyo Everybody Hurts, de R.E.M. 
  18. @samocampo Fernando, de ABBA. Me trae muchos recuerdos.
  19. @poitevin Friday, I’m In Love, de The Cure. Sonaba cuando dejé de ser iluso.
  20.  Ernesto Flores Harvest Moon, de Neil Young. Me recuerda una noche solitaria en carretera en el desierto de nevada con mi amadísima Debbie Blue Eyes.
  21. @gcerveravalee Here Comes The Sun, de los Beatles. Renacer a la vida después de un divorcio y desintegración familiar.
  22. @quico70 I Hear You Now, de Jon & Vangelis. Los viajes en el Ford Falcon azul 1969 de mi padre.
  23. Carlos Alberto García It’s My Life, de Bon Jovi. Año 2000. Después de una crisis fui aceptado en la UVM, donde viviría una de las experiencias de vida más gratas e inolvidables.
  24. @SalinasSergioS Life On Mars, de David Bowie. Quería ser astronauta (soy volcanólogo).
  25. Daniela De Con Like a Rolling Stone, de Bob Dylan. Un momento de independencia.
  26. Genoveva Rosa Ana Caballero Love Song For a Vampire, de Annie Lennox.
  27. @aliascane Love You, de The Free Design. Me recuerda cuando aprendí a escribir. Lo primero que escribí en inglés fue “Love You”. Dicen que la escuchaba obsesivamente a los tres años.
  28. Claudia Negrete Martha, de Tom Waits. Me recuerda una dolorosa ruptura, que significó el fin de un mundo para comenzar a construir otro.
  29.  Christian Anaya Marry You, de Bruno Mars. ¡La boda!
  30. @emehachea Me basta, de Mexicanto. Así me basta la vida en la llegada al quinto piso.
  31.  Ligia Urroz Mi bendición, de Juan Luis Guerra. La dicha del amor pleno y la bachata que lo acompaña.
  32. @RolonPicudo Mi pequeño tesoro, de Presuntos Implicados. Es cursi pero se la canté a mi barriga durante todo el embarazo.
  33. Gabriella Morales-Casas  Naturally (Alone Again), de Gilbert O’Sullivan. Mi papá se murió y yo tuve que decidir si me quedaba en México con mi familia o me regresaba a España a tratar de seguir mi vida sola… Y me fui.
  34.  Inés López de Arriaga No me importa nada, de Luz Casal. Cuando decides que ya estuvo bueno del galán que te hace sufrir.
  35. Mariela Gómez Roquero Nothing’s Gonna Stop Us Now, de Starship. Tenía 19 años, estaba en Europa sola con mi novio colombiano.
  36. Carlos Carranza Personal Jesus, de Depeche Mode. Definió mucho de lo implicó mi «mal-estar» en la secundaria.
  37.  @contreras_nadia Rose rosse, de Massimo Ranieri. La cantaban mi madre y mi tío David. Ellos y la canción son mi infancia.
  38. Patricia Bremauntz Sea, de Jorge Drexler. Tenía 18 años, iba en la prepa y le declaré mi amor a alguien. Puse la canción un sinfín de veces mientras esperaba respuesta.
  39.  @dsarmiento Secret Garden, de Bruce Springsteen. Me la mandó una chava y supe lo que iba a pasar entre nosotros, aunque fuera «prohibido».
  40. Gerardo Cárdenas Somebody To Love, de Queen. 1978. Después de clase de teatro, tras bambalinas a solas con M, el primer beso… Esta rola sonaba de fondo.
  41. @AdrianoDeLucio Stand Back, de Stevie Nicks. Me acuerdo del día que recibí mi carta de la aceptación de la UNAM.
  42. Jenny Ochoa Stronger, de Britney Spears. Saber que no NECESITAS, que eliges estar con alguien.
  43. @danywino Tannhauser (obertura), de Wagner. Me recuerda a una persona que quiero mucho.
  44. @Brisa_Sutil Tardes negras, de Tiziano Ferro. La escuché miles de veces mientras decidía divorciarme.
  45. @Natrosca Te quiero, de los Hombres G.
  46. José de Jesús Montoya Todo a pulmón, de Alejandro Lerner
  47.  José Eugenio Sánchez Thank You, de Led Zeppelin
  48. Mónica Soto Under Pressure, de David Bowie y Queen. Le dejé a mis papás una carta de fuga de la casa para irme a vivir con un novio (y volví dos meses después, ja).
  49. @CeciliaMuTo Vissi D’Arte, de la ópera Tosca, de Puccini, interpretada por Maria Callas.
  50. Odette Alonso Woman In Love, de Barbra Streisand. Los tiempos de la prepa en Cuba, los sábados en la playa, los amigos.
  51. Myriam Hudson Would You Go With Me, de Josh Turner. La propuesta que le dio un giro completo a mi vida, por lo que respondí.

YOUTUBE

52. Carlo Coccioli Que pude ser, de Almara. Como dice Tolstoi: Nos arrepentimos más de lo que no hicimos, que de los errores hechos.

 

 

Celebro la luz

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Ayer llovió fuerte. Llovió como para lavar el mundo a cubetazos, con locura y con urgencia. Lluvia enojada.

Hoy amanece con sol, mínimas nubes. El cielo no se acuerda de quién fue anoche pero, al menos de momento, la luz es luz. Y cómo hace bien.

#MiércolesDePoesía Cómo puede pesar tanto la intrascendencia

Minúscula, lo más pequeño que existe, soy apenas un punto que lleva en hombros historias de plomo y, sin embargo, soy todo lo que tengo.

Escribí este pequeño poema en prosa hace unos días, tras ver la película La teoría de todo. No me explico cómo la insignificancia interior, la nadería, puede ser tan gris y tan pesada. Sea el #MiércolesDePoesía.

PERSPECTIVA

Pertenezco a una raza de primates en un planeta menor, que orbita en torno a una estrella menor, en una galaxia como cientos de miles de millones.

Qué más da que tenga el corazón lleno de polvo.

-Julia Santibáñez

Cuando Borges fue cursi

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Y no poco. Mucho muy. Y también García Márquez. Y Lispector. Quien esté libre de melcocha que tire la primera piedra. Es que por más afanes invertidos en pulir la prosa, en lustrar el verso, a los grandes se les colaron líneas infames. Borges, por ejemplo, escribió esta vergüencita: “Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos puede brindarte toda la felicidad”, mientras Cortázar firmó este pequeño engendro: “Tu pecho me parece el paraíso”.

1.

“Todavía no lo leo. Pero es mi favorito”. Así piensan miles que aunque jamás posaron los ojos en un cuento de Jorge Luis Borges, lo consideran su autor “preferidisísimo”. Que no entendieron la Rayuela de Julio Cortázar y mejor dicen que es malísima. Desean ser admirados por las hondas circunvoluciones de su cerebro, ah, pero la vida es tan cuestarriba que mejor se compran Cómo hablar de los libros que no se han leído: pagan 150 pesos y se ahorran miles.

Para ellos, la amorosa Madre Natura engendró un SerDePro. A través de las redes sociales, él les acerca las plumas celebradas por medio de poemas y “pensamientos”. Son textos baldíos que parecen escritos por cualquiera, pero cuyo nombre al calce añade prestigio al Facebook. Y las masas se derriten.

Hace años, la mano del prócer de la imputación decidió que el poema “Instantes” fuera de Borges, por qué no:

“Si pudiera vivir nuevamente mi vida
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico […]”.

Seguramente lo posteó en un blog y de ahí en adelante todo fue reproducirlo. Hoy, al teclear en Google “Jorge Luis Borges Instantes”, la búsqueda arroja 253 mil resultados.

Me imagino al gladiador de la creatividad como un tipo de peluquín elegante, traje verde botella, orgullosamente miope, rasgo que da cuenta de las horas gastadas en buscar líneas atribuibles. Su innegable talento pasó incluso el filtro de la revista Plural, fundada por Octavio Paz. Según apunta Iván Almeida en el sitio del Borges Center de la Universidad de Pittsburgh, “Instantes” fue atribuido al escritor argentino en la edición de mayo de 1989 de Plural, junto con un comentario de Mauricio Ciechanower, quien subrayaba: “Pieza preñada de un poder de síntesis magistral, ‘Instantes’ refleja los pensamientos más íntimos del gestor de Elogio de la sombra a propósito del trayecto de vida que le tocara en suerte recorrer […]”. Ay.

Luego, el prócer de las letras secundarias confundió a funcionarios de la Secretaría de Cultura de Córdoba, en Argentina. En 2008, en un evento en homenaje a Leopoldo Lugones y a Borges, alguien leyó “Instantes”: el corazón se les desbordaba a todos recordando al querido ciego, al centro de su laberinto. Pero en la ceremonia estaba presente María Kodama, viuda de Borges, quien aclaró destemplada que los versos de marras no los había escrito su marido.

Y Elena, nuestra Elenita Poniatowska, también le rindió honores al héroe anónimo. En 2012, la editorial Random House tuvo que retirar de circulación el tiro completo del libro Borges y México, porque en él aparecía un texto de la periodista, en el que aseguraba haberle recitado al argentino el conspicuo “Instantes”. Luego refería la reacción del escritor ante “su” texto: “–¿Qué puede importarme ser desdichado o ser feliz? Eso pasó hace ya tanto tiempo… Estos poemas son demasiado inmediatos, autobiográficos, son remordimientos”. De nuevo María Kodama, como viuda en celo, exigió que el libro no se vendiera. Y Elena pidió disculpas.

La misma mente sagaz dispuso que García Márquez escribió el ¿poema? “La marioneta”:

“Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo […]”.

El Nobel de Literatura dijo al respecto en el 2000 que lo mataba la vergüenza de que alguien creyera que él había escrito algo tan cursi.

Otro caso. La Fundación Pablo Neruda ha contratado personal para aclarar en redes que el poema “Muere lentamente” no es del escritor chileno.

“Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo”,

empieza. Resulta tan conmovedor que en 2008 el político italiano Clemente Mastella leyó en el Senado de su país el poema entero “de Neruda”. La prensa aclaró luego que la verdadera autora es la brasileña Martha Medeiros. Al buscar el tema en Google hoy aparecen 80,800 resultados.

Luego, el paladín del trasvase quiso que Clarice Lispector “escribiera”: “Sueña con aquello que tú quieres. Sé lo que quieras ser, porque tú posees apenas una vida y en ella sólo se tiene una chance (sic) de hacer aquello que se quiere”. Y que José Saramago signara: “Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos”.

Como se ve, la mano incógnita es experta en crear Frankensteins literarios, en hilvanar la cabeza de un genio como Borges o Lispector y el cuerpo de un enano de circo. O un tronco promedio con una encantadora cabecita de alfiler. Mejor dicho, es algo así como el gurú de aquel juego de mesa “¿Quién es el asesino?”. Allá había que adivinar quién mató al millonario y apostar por una respuesta del tipo: el mayordomo con el cuchillo en la sala. Algo así, pero en poesía: Borges con “Instantes” en el libro de Elenita.

A los enemigos del paladín sensiblero hay que hacerles notar que no lo mueve el afán de lucro. Su interés es sólo estético, poético: nada gana al unir la frase vacía con la firma incandescente. Más bien brinda una pequeña lección de democracia creativa: si Gabo fue tan irrefrenablemente ñoño, si Cortázar escribió algo tan malo, qué tienen ellos que no tenga yo. Así dignifica el trabajo de los poetas que perpetran rimas atroces, de los narradores fallidos: hace que el mundo los venere porque los rubrica un grande.

Borges, quien (sí) escribió “Ser cursi inmortalmente es una manera de sobrevivir como las demás», quizá le aplaudiría.

(Originalmente publicado en www.thinktankmedia.mx el 6 de septiembre de 2016 con el título Frankensteins literarios: la triste costumbre de atribuir citas erróneas).

 

#LunesDeMonos Cómo hacer que el lunes pese menos

Cartón: Alberto Montt www.dosisdiarias.com
Cartón: Alberto Montt http://www.dosisdiarias.com

Ayer estuve trabajando toda la mañana y la llegada de este lunes me resultó menos terrorífica, de modo que doy fe de que es como lo señala Laura, el personaje de Montt que sospechosamente guarda parecido con su hija (la sonrisa de la hija arroja más watts de luz, ver abajo). Por cierto que el ilustrador anunció en Instagram, con hija incluida, la salida del nuevo libro de estos dos: Laura y Dino. La noticia hizo que el sol hoy saliera un poco más temprano.

Buen #LunesDeMonos.

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«Salidito del horno».
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«Nos llegó», escribió Montt en esta foto tomada de su Instagram.

Lo que deseo con todo el corazón que tengo (y con todos los que no tengo)

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May it be so with you, sweet dear of my mine.

Homenaje al miembro del miembro

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Ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv, tomadas de la edición de Sexto Piso

Me pongo mal cuando las damitas respetables dicen que es antiestético, horrible. Yo más bien he confesado muchas veces mi devoción por el falo. Lo digo porque estoy leyendo la nueva traducción al español de El amante de lady Chatterley, novela de D. H. Lawrence que acaba de publicar Sexto Piso, con impecables ilustraciones de Romana Romanyshyn y Adnriy Lesiv. Años atrás había leído el original en inglés y lo recordaba como uno de los libros que más lúcida e impecablemente hablan sobre el pene, así que con gusto le hinqué el diente a la versión en español. De ahí extraigo estos tres pasajes en los que Lawrence, maestro de maestros, levanta un templo a la verga a través de la visión de la protagonista, Connie:

“[Ella] fue consciente de la pequeña reticencia y ternura del pene. Y de nuevo se le escapó un pequeño grito maravillado y triste, su corazón de mujer lloraba por aquella cosa tan tierna y frágil que había sido tan poderosa […] El falo erecto se alzaba oscuro y ardiente desde la pequeña nube de pelo rojizo. Ella estaba expectante y temerosa. —¡Qué extraño! —dijo lentamente—. Qué aspecto tan extraño tiene cuando está alzado, tan grande, oscuro y seguro de sí mismo […] ¡Tan orgulloso! —murmuró inquieta—. ¡Tan majestuoso! Ahora sé por qué los hombres son tan dominantes. Es realmente hermoso, de verdad. Es como una criatura distinta y un poco temible, pero realmente hermoso. ¡Y viene hacia mí! […] Y ahora es pequeño y suave como un capullo lleno de vida —dijo tomando aquel pene empequeñecido entre las manos—; en cierto modo, es encantador, pero independiente y extraño. Y también inocente. Y ha entrado tan dentro de mí… Nunca lo insultes. Ya no es sólo tuyo, ahora también me pertenece«. (pp. 235, 280, 281).

Carajo, no he leído nunca un homenaje más chingón a ese obscuro y al mismo tiempo tremendamente luminoso objeto del deseo.

Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv
Ilustraciones: Romana Romanyshyn y Andryi Lesiv

 

#MiércolesDePoesía De cuando eres mi ceguera

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Acaba de arrancar el ciclo literario Vértice en el tiempo, Reunión de poetas en la Ciudad de México. Organizado por El Golem Editores y la Secretaría de Cultura, consta de cuatro lecturas de autores de distintos estilos, temáticas y generaciones: el más joven tiene 22 años y el mayor, 70. Las reuniones son de entrada libre y se celebran los sábados a las cinco de la tarde en el Museo de la Ciudad de México (Pino Suárez 30, Centro Histórico). Abajo está el programa de las cuatro sesiones.

Para antojar la siguiente reunión y de paso acompañar el #MiércolesDePoesía, aquí van unos versos de Fernando Salazar Torres, quien leerá textos suyos este sábado 24. Porque sí, el amor suele traer aparejada la mirada imprecisa.

 

Visiones de otro reino

¿De qué otra forma se puede amenazar
que no sea de muerte? Lo interesante,
lo original, sería que alguien lo amenace
a uno con la inmortalidad.
Jorge Luis Borges

Presencia para olvidar

(fragmento)

Ahora eres eclipse. Eres mi ceguera: Esta inesperada catarata trastorna mi visión y se olvida y regresa y se olvida. Soy el ciego nublado por tu figura disipada en mi suspiro. El cosmos es un mapa impreciso, me concede los caminos de resignación, y mis decisiones cambian el orden en las líneas astrológicas de mis manos. Ya es momento de romper el sortilegio.

 

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Lo que Sophia Loren se dijo del pezón de Jayne Mansfield (según Lenny Bruce)

La Loren y la Mansfield (y lo que la primera pensaba).
La Loren y la Mansfield (y lo que la primera pensaba del escote de la segunda).

Estoy leyendo la Biblia de lo que ahora se conoce como standup, pero en los 50 era comedia escénica y, más aún, sátira social de primera: las memorias de Lenny Bruce, tituladas Cómo ser grosero e influir en los demás, recién publicadas en español por Malpaso Ediciones.

Apenas conozco a Bruce y me tiene hipnotizada. De tono ácido y punzante, fue un auténtico humorista sin autocensura y conste que eso no era poca cosa en el Estados Unidos de posguerra, macartista, asustado de la indecencia de su sombra. Bueno, pues en el libro cuenta su vida e intercala opiniones sobre la hipocresía norteamericana de entonces (¿de ahora?), que se asustaba de las malas palabras y ante los demás barría bajo la alfombra sus pecados, para al día siguiente volver a ellos gozosamente mientras señalaba, escandalizada, los ajenos. Extraigo este pasaje relativo a escotes y pezones, ligero en apariencia pero con doble filo, que da una idea del tono del libro. Sólo añado, para el récord del martirologio: Bruce escribió sus memorias entre 1963 y 1965 y fueron publicadas por entregas en Playboy. Luego de ser arrestado varias veces por gravísimas faltas a la moral (como decir públicamente mamada) y esperar una condena de ir a la cárcel, en 1966 fue encontrado muerto de una sobredosis de morfina. Iba a cumplir 41 años. Póstumamente fue declarado inocente. No añado moraleja. El chiste se cuenta solo. Aquí, su voz:

«Honey y yo nos casamos… ¡Me había casado con una stripper! Las strippers estaban sólo un nivel por encima de las putas, incluso en 1951. El primer paso (o traspiés) para arremeter contra la ‘culpa por asociación’ entre desnudo y lascivia fue el ya famoso calendario de Marilyn Monroe. La respetabilidad de Marilyn cuando murió se basaba principalmente en su posición económica, que es, en último término, lo único que goza de verdadero respeto en la sociedad. […] Otras damiselas bien dotadas comenzaron a desnudar sus pechos en busca de una franca y honesta evaluación de sus cualidades espirituales interiores. Tengo en mente esa foto de Sophia Loren sentada en un restaurante público, enseñando bastante con su delicado décolleté pero con la vista puesta en el pezón desnudo de Jayne Mansfield, que asoma de su escotado vestido de tubo, como diciendo: ‘¿Cómo no se me ocurrió a mí?'».

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#LunesDeMonos Chiste existencial

Cartón: Tute www.tutehumor.com.ar
Cartón: Tute http://www.tutehumor.com.ar

 

Así, con esta profundidad del argentino Tute, arranca la semana.

Nota de la redacción: Si no te hace sonreír es que no le entendiste.