
Es aberrante. Impudiquísimo. Hacer de la Virgen una rockstar estilo Barbie (¿sin Ken? ¡¡¿con Ken?!!).
El problema es que se me antoja una.
Y un poquito más adentro

Es aberrante. Impudiquísimo. Hacer de la Virgen una rockstar estilo Barbie (¿sin Ken? ¡¡¿con Ken?!!).
El problema es que se me antoja una.
Es impresionante su capacidad de prestidigitación. De pronto extrae del sombrero un dinosaurio. Una hembra de oso hormiguero. Aquel escarabajo. La tarántula del África central. Un microorganismo, con todo y las patitas. Es la música, con su capacidad insuperable de convertirse en otra cosa.
Es el tema de la PlaylistColectiva de hoy: el cover que es tan bueno como la versión original. O más, incluso. Mi opción es «The Crying Game», de Geoff Stephens y originalmente dada a conocer por Brenda Lee (1965), en la interpretación de Boy George (1992). Fue tema de la película del mismo nombre e incluyó un video groseramente hermoso, que me hace jurar que lo mío son los hombres que parecen mujeres. Más abajo están los sugeridos a través de este blog y del Twitter @danioska. Las que no estuvieron en Spotify las colgué desde YouTube. Para que añada la tuya anótala en los comentarios.
Que el #SábadoDeMúsica resulte todo, menos predecible.
YOUTUBE
35. Arturo Díaz Billie Jean, de Michael Jackson en versión de Chris Cornell
36. @tomasdelapena Hey Joe, de Tim Rose en versión de David Gilmour y Seal
37. Lurda55 Hotel California, de The Eagles en versión de Marc Anthony
38. María Rosas Lullaby of Birdland, de Ella Fitzgerald en versión de Lucía Huacuja
39. Edgardo Bermejo Sacrifice, de Elton John en versión de Sinead O’Connor
40. Carlos Carranza Shout, de The Isley Brothers en versión de Otis Day & The Knights

Mañana subiré #PlaylistColectiva, así que desde hoy te pregunto:
¿Cuál es tu versión favorita de una canción que existía previamente? (por favor dime de quién es el original). O sea, se trata de la rola de alguien que otro alguien reinterpretó y le dio un matiz que no tenía. Un ángulo que la hizo más rica. ¿Mejor?
Mientras, aquí va «The Traitor» de Leonard Cohen, cantada por Martha Wainwright. Para mí gusto es más impresionante en voz de ella:

Da click aquí para ir a la nota en el periódico mexicano El Universal.
Da click aquí para ir a la nota en sitio de la Fundación Mario Benedetti.
Entró a mi celular una llamada de número desconocido, eran como las 10 de la mañana. Yo, para variar, escribía en la computadora. Mi hija racionaba adornos navideños por la sala. Luego de un minuto de conversación me fui poniendo eléctrica, conforme entendía. Dania agrandaba los ojos.
Me hablaban de la Fundación Mario Benedetti con sede en Montevideo, Uruguay, para decirme que mi libro inédito Eros una vez resultó ganador del Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti.
Que fue elegido de forma unánime de entre casi 300 trabajos llegados de América Latina, Europa, Estados Unidos e incluso de Israel.
Que el Premio implica una cantidad en efectivo y la publicación del libro en Uruguay, Argentina y Chile, por parte de Editorial Planeta.
Agradecí en todos los colores. Colgamos. Le expliqué a Dania, nos abrazamos fuerte.
Luego me di cuenta de que se trataba justo de uno de esos #MiércolesdePoesía en los que creo, en los que desde hace unos tres años cada semana comparto a través del blog y de las redes poemas de la literatura hispanoamericana, con las ganas sospechosas de que alguien se enganche con ellos. Que a alguien le cambien el paisaje que mira en la ventana.
De alguna forma, la noticia implicó un doble respaldo: a mí, como poeta, y a mi labor al difundir poesía.
El resto del día anduve parada de puntas.
Me acaban de llamar desde Uruguay para decírmelo.
Se trata de un libro inédito: Eros una vez.
Es una noticia que me emociona desde los jugos gástricos y hasta la Andrómeda completa.
Seguiré informando.

Que su obra sea más que lo eterno, eterna. El unicel de los versos.
Que su buen genio, que su agudo trabajo de palabras contamine los poemas de ejercicios pélvicos y del único civismo que se salva: el del humor.
Que el espléndido blasfemo y no mamón (Rodolfo Mata dixit) permee mi oficio y el de todos.
Todo esto para decir: de veras, hay que leer a Hernán Lavín Cerda. Este #MiércolesDePoesía se presta. Aquí va uno de sus poemas. Pero tiene muchos.
EL FANTASMA
Cuando murió Marcello Mastroianni, mi mujer se puso a llorar con un entusiasmo envidiable, como si nuestra galaxia, que nunca ha sido nuestra, se hubiese desprendido apocalípticamente de sí misma, evaporándose entre las nebulosas de otra galaxia.
–No te preocupes –le dije con una sonrisa de monje medieval–. Aquí estoy yo, no sufras tanto, no me atormentes y ya no llores así, a lo bestia. Ven y abrázame, amor mío, micifuz, Muñeca de los Espíritus, fucsia mía, ragazza, Minina del Perpetuo Socorro. Ven semidesnuda y tócame una vez más: recuerda que aún soy tu fantasma de carne y hueso. ¿Por qué no me abrazas y me besas con absoluta devoción, como en la primera noche del primer día? Tratándose de fantasmas, todos somos iguales. ¿Qué virtudes tiene aquel Mastroianni que no tenga yo?

«La luna acaba de asomar por encima de los árboles y Rudy Alatorre tiene la sensación de que no está corriendo en un óvalo de tartán, sino cruzando un bosque durante una incursión nocturna en territorio enemigo. Nunca ha corrido tan olvidado de sus vértebras lumbares y cuando escucha el impacto y la caída de otro corredor, exclama en voz baja y lleno de júbilo: ‘¡Para que aprendan, pendejos!'».
Un tipo suele correr de tarde en la pista de atletismo cerca de su casa. Hoy se han olvidado de encender el alumbrado de la pista, de modo que se mueve en la penumbra, mezclando sus jadeos con los de los otros corredores cuyos nombres no conoce. Siente que algo atávico aflora entre todos, le parece que «no corre solo, sino en manada». De pronto, uno se cae. Y el grupo lo celebra. Luego, otro. Él sigue avanzando, tratando de abrirse paso entre codazos, rasguños, gemidos. Como en lo más hondo del inconsciente. En el más más antiguo coraje que llevamos dentro.
Es el cuento «En la pista», de Fabio Morábito, incluido en su reciente libro Madres y perros (Sexto Piso). La narración es ágil y, al mismo tiempo, está perfectamente apuntalada. Por alguna razón me recuerda el cuento «Las Ménades», de Julio Cortázar. Acaso por lo ancestral que se nos cuela cuando nos sabemos anónimos en grupo. O sea, cuando nos ponemos a dar madrazos impunemente, porque traemos en el sustrato bronca de siglos. Y el de junto tiene que pagar.
Qué cuento más chingón.
Da click aquí para comprar el libro de Morábito.


Subvertir la lógica y, desde ahí, cortar con filo. Con bisturí.
El escritor brasileño Ferreira Gullar publicó en 1974 el libro Poema sucio. Se trata, en esencia, de versos en torrente que tratan de todo. No tienen un tema, sino tantos como el día. «Tenía que saltar en medio de [el poema] como si me tirase en pleno océano, en vez de salir, nadando, por la playa», dijo alguna vez.
Ferreira Gullar se acaba de morir. Y hace falta leer su Poema sucio, según el cual la sangre crea el pensamiento y las palabras y las mentiras y los cariños. Es algo que yo sabía, sin saberlo: más que revelarme algo, la poesía me hace recordar. Aquí, un fragmento.
«[…] Del cuerpo. ¿Pero qué es el cuerpo?
Mi cuerpo está hecho de carne y de hueso.
Ese hueso que no veo, maxilares, costillas,
flexible armazón que me sustenta en el espacio
que no me deja abatir como un saco
vacío
que guarda toda las vísceras
funcionando
como retortas y tubos
creando la sangre que crea la carne y el pensamiento
y las palabras
y las mentiras
y los cariños más dulces más crápulas
más sentidos
para explotar como una galaxia
de leche
en el centro de tus muslos en el fondo
de tu noche ávida
olores de ombligo y de vagina
graves olores indescifrables
como símbolos
del cuerpo
de tu cuerpo de mi cuerpo […]».
(Traducción: Daniel Orizaga Doguim).
Da click aquí para ir al sitio de Círculo de poesía y leer más fragmentos del Poema sucio.

Lo publicado en México a lo largo de un año permite subrayar, así mínimamente, afinidades compartidas e inflexiones particulares. En el marco de la FIL Guadalajara hice 13 preguntas, las mismas, a 21 autores que estrenan título. La idea fue poner frente a frente acentos complementarios en cuanto a si la literatura sirve para algo, qué distingue a un escritor de un aficionado e incluso qué libro es ideal para llevar al baño.
La lista incluye 11 sellos editoriales. Nombres consagrados como los de Fabio Morábito, Carmen Boullosa, Santiago Roncagliolo, Ethel Krauze y Antonio Ortuño alternan con plumas nuevas que pisan firme, entre ellas, las de Alejandra Costamagna y Gerardo Cárdenas. Del conjunto de respuestas destaco la coincidencia casi total de que un libro no transforma la geografía, pero sí puede reescribir una biografía. En cambio, existen muchos matices sobre la influencia de la era digital en las letras de cada uno. Aquí, el oficio de escritor contado por 21 de ellos, junto con el libro que cada uno presenta en la FIL.
CUESTIONARIO
ALBERTO CHIMAL, incluido en Próximamente en esta sala. Antología de cuentos de cine (Cal y Arena)
ALEJANDRA COSTAMAGNA, Imposible salir de la tierra (Almadía)
ALEJANDRO PÁEZ VARELA, Oriundo Laredo (Alfaguara)
ALEJANDRO ROSAS, coautor de Érase una vez México 3 (Planeta)
ANAMARI GOMÍS, La vida por un imperio (Ediciones B)
ANTONIO CALERA-GROBET, Rambler (Colección Imaginaria)
ANTONIO ORTUÑO, Agua corriente (Tusquets)
CARMEN BOULLOSA, El libro de Ana (Alfaguara)
ETHEL KRAUZE, El país de las mandrágoras (Alfaguara)
FABIO MORÁBITO, Madres y perros (Sexto Piso)
GENEY BELTRÁN, selección y prólogo de Elena Garro. Una antología (Cal y Arena)
GERARDO CÁRDENAS, Silencio del tiempo (Abismos)
JOSÉ HERNÁNDEZ, Che. Una vida revolucionaria I (Sexto Piso)
JOSÉ MANUEL RECILLAS, Atrévete a mirar, tú, que no quieres (UAEM)
LILIANA COLANZI, Nuestro mundo muerto (Almadía)
L.M. OLIVEIRA, Árboles de largo invierno (Almadía)
MAGELA BAUDOIN, La composición de la sal (Almadía)
MAURICIO MONTIEL, Los que hablan. Fotorrelatos (Almadía)
SANDRA FRID, La danza de mi muerte (Planeta)
SANTIAGO RONCAGLIOLO, La noche de los alfileres (Alfaguara)
VALERIA LUISELLI, Los niños perdidos (Sexto Piso)


Empiezo a acomodar los muchos libros comprados en la Feria del mismito. Más los que tenía pendientes de lectura desde antes. Es decir que en las repisas hay más de 50 títulos esperando que los tome, les clave los ojos, los haga otros. Y ellos a mí.
Seguramente no tengo idea de lo mucho que pueden cambiarme la historia, de cómo son capaces de reiniciar mi cronómetro individual como ya lo hicieron antes Madame Bovary, Muerte sin fin, don Quijote y John Donne, a partir de los cuales el mundo adquirió nuevos matices.
En estos días me viene a la mente un aforismo del escritor argentino Andrés Neuman, amigo querido (además): «Leer es fabricar tiempo».
Mis libreros cargan varios relojes personales a punto del reinicio.
Un amigo dueño de todas mis querencias me regala este poema del español Juan Bonilla (1966):
«Sólo una cosa
queda del amor:
aún leo tu horóscopo».
Son tres versos sólidos como un templo que signan el #JuevesDePoesía. Pido disculpas: ayer #MiércolesDePoesía no pudo ser.

Estoy hecha migajas en la sala del aeropuerto de Guadalajara, esperando mi vuelo para volver a la Ciudad de México. Tres noches de poco sueño son lo más para mis huesos malacostumbrados.
Vine cuatro días a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para tres cosas: 1. hacer varias entrevistas a escritores; 2. participar en dos lecturas de poesía, 3. hablar con dos editores.
Pero también compré más libros de los acordados conmigo misma, oí a los poetas Antonio Gamoneda y Francisco Segovia, tomé un número excesivo de cervezas, asistí a dos conciertos, autografié algunos libros, lloré (literal), fui al panteón y fui a bailar, abracé a gente muy mía.
La FIL es un irresponsable shot de adrenalina. Veo el mundo borroso.

Se llama Linda Pastan. Me atrapó hace unos meses con su transparencia que engaña, porque parece fácil acercarse a ella. Pero no. Hay que volver muchas veces para percibir sus corrientes hondas, el gesto apenas sugerido.
Primero busqué cómo había sido versionada en español la aparente llaneza de su voz y me encontré que casi no se le ha traducido. Onanista como soy, empecé a masajear algún verso. Una cosa llevó a la siguiente, incluido un intercambio de correos con la propia autora: total que hoy se publican en el suplemento «El Cultural», del periódico mexicano La Razón, ocho traducciones mías de sus poemas.
Me rebota cada vez más en la cabeza. La traigo dando vueltas, deslumbrante y arriesgada, como la más feliz de las obsesiones.
Da click aquí para ir a los poemas.
Éste es uno de mis favoritos, en torno a la pintura de Cranach:

ADÁN Y EVA, POR LUCAS CRANACH, EL VIEJO, 1526
por Linda Pastan
En realidad parece una niña,
delgada y de pechos pequeños,
su cuerpo resplandeciente
junto a Adán, que se rasca
la cabeza, dulcemente perplejo.
Tantas esferas cuelgan
del árbol
que nada pasó por tomar una.
La serpiente es una curva de mercurio
en una rama y la chica es casi
demasiado joven para columpiarse de ella.
El jardín la aburre, de todos modos:
no hay caos de maleza entre
las flores y las verduras;
los animales son tan mansos
que difícilmente se diferencia el cordero
del león, la cierva del ciervo
cuyas astas perfilan el pudor de Adán.
Ella es como esa adolescente
que la semana pasada se alejó del centro comercial
y nadie la volvió a ver, el mundo ante ella,
deslumbrante y peligroso.

Yo quiero en otra vida (si no se puede en ésta) ser un aviador. O una. Da igual. No de los que pilotan aviones y hacen piruetas en el aire, sino de los que cobran sin trabajar, sin aparecerse por la oficina de gobierno en la que dicen estar empleados. Me dedicaría a leer, eso sí, con una chamarra como la de la foto.
Ese uso mexicano del oficio lo consigna el Diccionario de la Real Academia: «Aviador. Honduras y México. Persona que tiene una sinecura» y, a la vez, define Sinecura como «empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo». ¿De dónde viene, pues, nuestra actual acepción jodida?
En mi necia búsqueda de etimologías encuentro que dice Carmen Galindo en El lenguaje se divierte, publicado por el ISSSTE hace años: «Después de la Segunda Guerra Mundial, las dependencias gubernamentales recibían a nuestros veteranos de guerra (aviadores) y les daban un empleo. Cada oficina debía amparar a algunos (de ellos)». No ofrece fuentes, pero suena verosímil.
Lo único que quiero en esta vida es aviar. Y vestirme de verde.
Da click aquí para ir al blog de Gerardo Mendive, con otra explicación del origen de la expresión.
A

Hace unas semanas se transmitió por TV UNAM la entrevista que le hice en agosto al filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky sobre estos temas, a propósito de la publicación de su nuevo libro De la ligereza (Editorial Anagrama).
Les agradecería que le echaran ojo y me dijeran qué les parece, tanto lo positivo como lo negativo. Gracias de antemano.
Da click aquí para ir a la entrevista.




Cualquier día el amor te sorprende en un vagón anaranjado, entre vendedores de audífonos y atascos de hora pico. Asoma la cara en las canciones cursis. Y para cuando te das cuenta, ya va de tu brazo y vive contigo. Estos versos del chileno Óscar Hahn lo cuentan con toda la onda del mundo porque sí, esa resplandecencia es lo único que importa.
Sea el #MiércolesDePoesía.
«En una estación del Metro»
Desventurados los que divisaron
a una muchacha en el Metro
y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos
y la perdieron para siempre entre la multitud
Porque ellos serán condenados
a vagar sin rumbo por las estaciones
y a llorar con las canciones de amor
que los músicos ambulantes entonan en los túneles
Y quizás el amor no es más que eso:
una mujer o un hombre que desciende de un carro
en cualquier estación del Metro
y resplandece unos segundos
y se pierde en la noche sin nombre

«[…] Pronto, ¡pronto! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados».
Estos tres versos finales pertenecen al «Soneto de la guirnalda de las rosas» de Federico García Lorca. El poema fue desconocido por décadas y dado a conocer apenas hace unos 30 años, como parte de los Sonetos del amor oscuro, en los que el poeta asume su preferencia homosexual. Da click aquí para ir a los demás poemas de la serie, publicados por Lumen.
Me alucina cómo hace plástico el aturdimiento, la indefensión que provoca el amor.
¿Amor oscuro? PorDió.

En una línea, el escritor español Ramón Gómez de la Serna regalaba imágenes pequeñitas y efímeras, para llevar en el monedero. Eran sus famosas greguerías, aforismos que mezclaban ingenio, humor y la foto de un instante, como ésta: «Los tornillos son clavos peinados con la raya al medio».
Me pone de buenas.

«El deseo imperecedero que crece de manera transparente me brinda un atisbo de la eternidad», dice el protagonista del libro El novelista miope, del mexicano José Gordon.
Es un buen acompañamiento para estas fotos de desnudos del británico Bill Brandt, que fragmentan el cuerpo y subrayan la belleza de cada territorio, eterno en su fragilidad.
Me encantan como para saborear el sábado.







Entre otras agudezas, mi amigo José me decía recientemente: el triunfo de Trump tiene varios ángulos positivos. Uno de ellos es que le da un golpe frontal a la corrección política, esa que Clinton convirtió en evangelio laico. José tiene razón. Ahora nadie puede decir que alguien es negro, gordo, flaco, feo. Todo es ofensivo. Las palabras se han cargado con decencias, se les han puesto lastres de decoro para, al final, dejarlas huecas.
Voy al libro de Lenny Bruce, Cómo ser grosero e influir en los demás (Malpaso Ediciones), donde recuerdo que señala un gesto incipiente de esa doble moral en los 60, a propósito del juicio que los decentes levantaron contra él. Es un lujo de pasaje, que arroja luz sobre el asunto que en años recientes abanderó Clinton y que me tiene harta hasta las manitas. Habrá que encontrar un equilibrio entre el vulgar y palurdo Trump y Miss Correcciones Clinton:
«Si hablo de una tía en escena y digo: ‘Era puta’, una persona anticuada dirá: ‘Lenny Bruce, eres basto y crudo’.
—¿Qué debería haber dicho?
—Si tienes que especificar, deberías decir ‘prostituta’.
—Espera un minuto; ¿el propósito de una palabra no debería ser acercarse al objeto que el usuario está describiendo?
—Sí, y un inglés correcto puede hacerlo; ‘puta’ es incorrecto.
Esa palabra se ha generalizado demasiado. Prostituía su arte. Prostituía todo lo que amaba. ¿Puede seguir escribiendo? No como solía hacerlo, ha prostituido su obra.
Luego la palabra prostituta ya no significa lo que la palabra puta. Si un hombre mandara a buscar una prostituta de cien dólares, podría aparecer un escritor con barba».

Aquí va un fragmento de «Qué me van a hablar de amor», tango favorito en la voz de Julio Sosa, con esa lucidez sobre la caducidad de las querencias. Por cierto, yo sí dejaba que Sosa me arrimara esa boca y me hablara de lo que quisiera.
«Me están sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo […]
Yo anduve siempre en amores
¡qué me van a hablar de amor!
Si ayer la quise, qué importa…
¡qué importa si hoy no la quiero!
Eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;
era mi amor, pero un día
se fue de mis cosas
y entró a ser recuerdo.
Después rodé en mil amores…
¡qué me van a hablar de amor!»

Hace años leí y releí la historia de Job, impresionada por ese personaje del Antiguo Testamento: Dios, incitado por Satanás a probar la fe del viejo, le manda enfermedad, pobreza, la muerte de sus hijos, burlas de su mujer. La moraleja es como de Disney: a pesar de toda calamidad, Job honra a su Señor y al final le es restituida la felicidad previa, incluso al doble. Me parecía, me parece injustísimo que Job sufriera lo indescriptible sólo para que Dios le demostrara a Satanás la lealtad de su siervo.
Ahora me topo con este poema escrito por Gerardo Cárdenas, poeta, dramaturgo y periodista mexicano que radica en Chicago. La imagen de los versos es tremenda, con reminiscencias kafkianas y un filo de humor que corta la risa. Ahí estoy. Estamos. Sólo cucarachas en manos de dos niños aburridos.
Esta brutalidad de poema de Cárdenas forma parte de su reciente libro Silencio del tiempo (Abismos). De verdad, háganse un favor y léanlo.
Job
El destino de Job
Ser
una cucaracha
que dos niños aburidos
mutilan
pata por pata; le quitan
una antena y ríen.
La dejan que se agite
boca arriba
para que otros vengan
la escupan
la quemen con una lente
Al final
uno de los niños
vendrá a recordarle
que no es más que un insecto:
la cucaracha se macera
en lágrimas
y pide abundancia
para sus torturadores.
Vía de santidad.

Hoy, la revista mexicana Blanco Móvil publica algunos poemas míos, lo cual me da una relación especial con este martes: le quita un poco el congelamiento inminente.
Aquí va uno de ellos a propósito del clima, de la necesidad de jugar con fuego para no morir ateridos.
Sí, tú, haz caso.
P.D. Hoy mismo este blog llega a 8 mil seguidores. No me la creo, me parece que alguien me está jugando una broma. Igual me dejo consentir con la noticia y me dan ganas de invitar una taza del mejor café del mundo a cada persona que sigue este viaje de palabras. Gracias de corazón. De veras. De entrañas.
Da click aquí para ir a los poemas en el sitio de Blanco móvil.

Este poema de Leonard Cohen, planteado como pregunta, fungió como tal. Por contradictorio. Por neto. Por transparente. La respuesta fue un hondo: «yes, you are».
Que me digan si no tengo razones para venerar a Cohen en mi altar particular.
I know there’s no such thing
as hell or heaven
I know it’s 1967
but are you sleeping have you slept
with any of my friends
It’s not just something I want to know
it’s the only thing I want to know
not about the mystery of G-o-d
not about myself
and am I the beautiful one.
The only wisdom I want to have
is to know if I am
or if I am not alone in your love.
(De The Energy Of Slaves)

Era mi familiar. Y escribía lucideces como ésta. No lo veía nunca, pero su voz estaba siempre cerca.