
Ni una gota de lluvia. Tuve presentadores de lujo: José Agustín Solórzano y Roberto Jauregui. El lugar estuvo lleno. La gente no se durmió ni se quejó ni se fue. Vaya, algunos hasta se veían interesados. Fui muy feliz.





Y un poquito más adentro

Son las 12 del día. Entre ayer y hoy llevo ocho entrevistas, coordinadas por mi querido y más que chambeador Salvador Chávez Ortiz, de La lectura es cultura. He estado en Grupo Marmor, CB Televisión y Exa FM, Vox 103.3 FM, Sistema Michoacano de Radio y Televisión, Máxima FM, Canal 27 de Televisión, Quadratín, La Voz de Michoacán, más un par que faltan. Creo que me he repetido hasta el cansancio en las respuestas, ay, yo tan poco original.
Todo sea por promocionar esta azarosa tarde: a las 6:30 pm presento mi libro Ser azar en el Jardín de las Rosas de Morelia, Michoacán, dentro de los Viernes de Escritores organizados por la Sociedad de Escritores Michoacanos y por invitación del poeta y amigo José Agustín Solórzano. La entrada es libre y hasta mezcal va a haber. Anden, vengan.






Las amo desaforadamante. No a las mujeres, no, a los dulces. Estoy en Morelia, Michoacán. Se supone que vine para hacer promoción de mi libro Ser azar, pero eso es la fachada. En realidad me lancé hasta acá por unas obligadas morelianas, dulce tradicional chicloso, hecho de leche hervida, que me pierde desde la infancia.
Se dice que la dulcería típica de Morelia es resultado de la fusión de saberes culinarios: por un lado, el de las monjas europeas llegadas con la Conquista y, por otro, de las comunidades indígenas de la región.
No sé, lo único cierto es que la vida es más bella con morelianas.
Actualización a las 4:25 pm
La moreliana y yo. Soy feliz.

Esta bonitanoticiabonita que ayer compartieron los amigos del Weso (@elwesomx) me deparó una tarde-noche de lo más enriquecedora. Resulta que retuiteé las palabras del prócer de la fe y de inmediato David Miklos (@dmiklos) se puso en sintonía. Y así venga un intercambio de tuits luminosísimos sobre el asunto. Con permiso del respetable (cada vez más escaso dados los tiempos que corren, insisto), al amparo del Cardenal surgió un lujo de frases sobre el pagano ano y sobre la importancia de mantenerlo republicano. Se sumaron también @ÚrsulaCamba y Daniel Sánchez (@danywino), todos igualmente paganos que los de marras.
Ya en la noche tuve una visita de la musa y como resultado di a luz (no, perdón, que no fue por ahí) el siguiente sonetito soberano. Va con dedicatoria especial a los veteranos amigos de este blog. Sea el #MiércolesDePoesía.
SOBRE EL ANILLO DE LA PUREZA
El Cardenal, probo en amor mariano,
por el tema se interesa del ano.
Afirma que lo hizo Dios, ufano,
para dar sin recibir, buen cristiano.
Pero el fiel, mezcla de infiel y gusano
«Amaos los anos a los otros», vano,
obedece con fervor franciscano
cual si fuera instrucción del Vaticano.
Así todos gozan del ano sano
que el Creador confirió a cada paisano
(celebran botaneando Gran Padano)
y el Cardenal le ruega a San Susano
conservar su cuerpo casto y lozano
aunque se diga que le cabe un piano.

Merlina Acevedo es ajedrecista, rockera y escritora.
@MerlinaAcevedo tiene más de 63 mil seguidores en Twitter.
Merlina Acevedo voltea las palabras al revés como un guante, es decir, las palindromea.
Merlina Acevedo acaba de publicar Apholíndromos, un nuevo libro que compendia sus aforismos y palíndromos.
Aquí, cinco aforismos para llevar en la bolsa y usar en caso de garganta reseca.
El amor deja mucho que desear.
**
Necesito un espejo que se guarde su opinión.
**
Escribo para saber en qué estaba pensando.
**
El tiempo todo lo cura, pero yo prefiero automedicarme.
**
Lo que nos incomoda del silencio son las palabras con que lo llenamos.
Da click aquí para ir a la página de Editorial Arscesis, donde está a la venta el libro de Merlina.
Da click aquí para ir a la entrevista que le hizo a Merlina la periodista María Scherer.

Los deportes no son muy lo mío. La televisión, tampoco. Así que ahora que van a empezar los Juegos Olímpicos no creo que vaya a tener mucho que aportar sobre el tema, lo siento. Pero como no soy una insensible, ¡no, señor!, aquí va un cartón del mexicano Patricio para poner el lunes a tono con el asunto.
Debo decir que si bien no conozco a ningún Sico, estoy segura de que a algún creativo ya se le ocurrió la puntada. Y en cambio sí tuve el gusto con una chica de nombre América (por el equipo de fútbol) y me acaban de contar de un bebé Neymar (ayDió). Y si a nombres excesivos vamos, también conocí a una Cessna (como las avionetas) y a un Ericssson (como aquellos celulares).
Perdón de antemano, pero el #LunesDeHumor va dedicado a ellos, con toda mi solidaridad.

Must be the whiskey,
Look what we’ve just done.
Must be the midnight
Covering the sun.
Must be the violin
Oh, that thing that you can bring to me.
Must be the whiskey.
Un buen Scotch tiene su encanto. Y sus demonios. Y una promesa bajo la lengua.
Nacida en Austin, Texas, y de ascendencia mexicana, la cantante Carrie Rodriguez aprendió a tocar violín a los cinco años y a los 10 años ya se había presentado en el Carnegie Hall, como parte de un grupo musical. Tiene varios discos en su trayectoria, entre los cuales está Red Dog Tracks, realizado con el cantante y compositor Chip Taylor, mismo que dio a conocer en 2015. A ese disco pertenece «Must Be The Whiskey», esta ricura que no puedo dejar de oír. Porque sí, el whisky tiene la culpa de muchas cosas.

Me tropiezo con ella y, como pasa en las películas, el accidente detona una inmediata historia de amor. Le veo todas las virtudes y ningún defecto, me sorprendo repitiendo su nombre por el deleite de saberlo mío, quiero contarle a todos lo que me pasa, como si fuera yo la primera enamorada que habita el mundo.
Barahúnda significa «desorden, confusión, griterío», dice el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas. Añade que su primer uso se registra en 1330 y es de origen incierto. «Sólo consta que es palabra oriunda de la Península», similar al portugués barafunda, y que pasó al italiano: baraonda. Y el Diccionario de la Real Academia apunta que también puede escribirse sin «h», es decir, baraúnda, y que significa«confusión grande, con estrépito y notable desorden». Confieso que me gusta de todas formas, pero la prefiero con esa «h» que la adorna como una flor en el pelo. Es decir, no sólo suena bellísimo ba-ra-ún-da sino que también refiere a algo muy parecido el amor por el que vale la pena estar de paso: desordena, implica agitación y caos.
Lo dicho: estoy enamorada.
Da click aquí para ir a la entrada sobre la palabra Apocatástasis, que fue mi amor por un tiempo.
Da click aquí para ir a la entrada sobre Despampanante, otro de mis amores (yo, tan promiscua).

Hace unos días (el domingo, para ser exacta) se publicó en el periódico mexicano Reforma, dentro del suplemento «La Constituyente», un artículo mío con una propuesta de siete puntos que considero debe contemplar la Constitución de la Ciudad de México, ahora mismo en elaboración. No soy jurista ni sé mayor cosa de leyes, así que cuando Cristina Renaud amablemente me invitó a colaborar pensé el texto desde mi posición de mujer, que credenciales no me faltan para ello, y habitante de esta ciudad desquiciada, vital, feroz y entrañable, que tampoco. En ese sentido me parece que cualquiera puede encontrar materia para coincidir, disentir o, al menos, discutir. Aquí abajo lo incluyo, para quienes quieran echarle un ojo. Quienes no quieran, no se lo echen y todos tan en paz.
LO QUE CABE EN LAS CINCO LETRAS DE “MUJER”
Soy escritora, las palabras son mi ejercicio cotidiano. Cada día tomo una y me la pongo en la lengua para jugar con ella, perseguir sus matices. Esta sabe a menta. Esa, a hielo, a mango maduro, a sangre. Cuando escribo, intento que huelan a nuevo, aunque sean las mismas. Busco que hablen de lo que duele, designen las cosas por las que vale la pena estar aquí, rocen la emoción. Las respeto porque están cargadas de significados y con ellos conforman el mundo.
Hoy, en la Ciudad de México, la palabra mujer se viste de poder, de certidumbres conseguidas, como la despenalización del aborto y el hecho de que ellas conforman más de la mitad de los alumnos que ingresan a una licenciatura en la UNAM. Pero está la otra cara de la moneda, la que carga la palabra de usos sociales que juzgan, avergüenzan. En la capital no es una realidad diaria el artículo cuarto de la Constitución, que establece que “el varón y la mujer somos iguales ante la ley”. La discriminación es inercia incuestionable que enfrentamos cuando al usar libremente nuestro cuerpo somos tachadas de putas, cuando al ser víctimas de violación se presupone que lo buscamos. Lo vivimos cuando se nos impone la maternidad como destino o cuando debemos elegir entre tener hijos y desarrollarnos profesionalmente. Lo sufrimos cuando cobramos salarios menores por realizar trabajo idéntico al de un hombre.
Llevo más de 40 años viviendo mi género y me parece necesario que ahora que se trabaja en la Constitución de la ciudad, se cuestionen modelos culturales nocivos, se modifiquen prácticas perjudiciales para todos. Con el fin de dotar de nuevos sentidos la palabra mujer, quiero que la Constitución de la Ciudad de México mandate al Congreso y autoridades la elaboración y promulgación de leyes y medidas que lleven a la realidad estos siete puntos:
Insisto, no se trata de hacer poética constitucional, sino de crear normas y mecanismos que hagan valer estos derechos, cuyo cumplimiento sea exigible a todas las autoridades, administrativas y judiciales.
Y así, con mi pasión de letras bajo el brazo quiero que en la Ciudad de México ser mujer se viva de múltiples formas, tantas como cada una lo decida. Que se libere de estigmas, abuso. Que no implique revanchismo ni proclamar la superioridad de uno u otro sexo. Que, en cambio, las cinco letras de mujer se vistan de nuevos sentidos, los que tienen regusto a interdependencia, respeto, afirmación mutua. Esa es la palabra mujer que quiero saborear. Que quiero que mi hija se lleve a la boca.

No es exagerado llamar a éste uno de los mejores poemas de amor jamás escritos. Nació de la pluma de Juan de la Cruz, quien vivió de 1549 a 1591 y después fue llamado santo.
El poema se basa en el Cantar de los Cantares bíblico. Tiene una lectura mística, es decir, la que trata sobre «el ejercicio de amor entre el alma y el esposo, Cristo», pero también se le puede leer paganamente, como un ruego de amor mundano. En cualquier caso, su sonoridad y plasticidad son inmejorables, como en el tartamudeo del «un no sé qué que quedan balbuciendo».
Este #MiércolesDePoesía se desborda con este fragmento del «Cántico Espiritual», en el que habla la esposa.
«¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
[…]
¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan;
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.
[…]
¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y solo para ti quiero tenellos.
¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!».
Da click aquí para ir a la entrada La noche oscura del alma, también sobre Juan de la Cruz.

Yo, de científica, tengo lo que Trump de sensato. Lo mío no son los datos duros ni las certezas incuestionables, las que terminan una discusión con punto final, sino lo volátil, la duda, lo nocierto. Es decir, amo los puntos suspensivos.
Ayer en la tarde tuve una conversación en Twitter a propósito de la lluvia. Yo decía que cuando cae agua como si nada, como si fuera lo más natural del mundo, no puedo evitar hacerme mil preguntas. Mi interlocutor, @SalinasSergioS, decía que es científico y que a él la lluvia le genera inquietudes del tipo ¿cuál fue la cantidad de agua en la atmósfera? ¿El peso total precipitado? Le respondí que yo más bien me paro en la ventana y me imagino mil y un escenarios: un día llueve de abajo hacia arriba, un otro las nubes negras dejan caer chocolate (mi creativísima variante del «ojalá que llueva café»), un tercero empieza a llover pero no se detiene jamás, hasta el punto de que el planeta deja de llamarse Tierra para llamarse Mar y los humanos lucimos escamas.
Y es que a mí, más que los cuántos me seducen los porqués, los cómos. Me parecen mucho más encantadores. Ociosa que soy.

Acabo de descubrir a este ilustrador español, nacido en Zaragoza pero vecino de Barcelona desde hace años. Se llama Alfonso Casas y me gusta su humor, su trazo sencillo, en dos colores. Para animar en algo el #LunesDeMonos (Ok, para darle un caramelo agridulce) va a este cartón limpiecito que da en el clavo: sí, cuando el amor aparece es semilla minúscula, que luego se vuelve arbolito y árbol y muchos y bosque.
A veces es bueno recordar cómo comenzó, aunque sea nomás por darle algo de perspectiva a la arboleda soberbia, que parece estar ahí desde siempre. En palabras de Alejandro Jodorowsky: «Esa semilla, que crees ínfima, contiene un árbol que contiene un bosque».

Recorrer otros mundos con el cuerpo o con el pensamiento. Llenarse los ojos de paisajes nuevos o, más bien, estrenar las pupilas: viajar siempre es una delicia, sea dentro de mi piel, al interior del país, al extranjero o, incluso, entre galaxias. Y como en verano se imponen los viajes, la Playlist colectiva de hoy va en esa línea. Mi canción favorita es Take a Walk On The Dark Side, de Lou Reed, porque en general salir de viaje me da el chance de asomarme a lo recóndito, dejar salir la «oscuridad». Quizá por eso me gusta tanto. Además me encanta su ritmito rico, me pone en el estado de ánimo perfecto para tragarme kilómetros como si nada.
Aquí abajo están las propuestas a través de mi Facebook personal y de mi Twitter @danioska. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios.
YouTube
47. @AliasCane SOS, de Portishead

Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. «Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles«, cantó Tomás Segovia.
Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.




Nada que añadir a esto del escritor húngaro, en su novela La mujer justa (Salamandra). O sí, algo: qué miedo.

De nuevo es día de celebrar los versos, de hacer un alto y poner el cronómetro del mundo en ceros por un rato. Dicho de manera escueta: es #MiércolesDePoesía. Hoy invito a Luis Bugarini, escritor mexicano de amplias entendederas que lo mismo escribe crítica literaria, ensayo y novela (Estación Varsovia se atiborra entre mis pendientes de lectura) que, notablemente, poesía.
Acabo de terminar su libro Hora líquida (Editorial Abismos, 2015) y lo volveré a empezar, porque está para saborearse: son espléndidas tanto sus imágenes como la precisión de sus verbos, insustituibles como piezas de rompecabezas. Aunque el libro tiene varios poemas buenos y muchos realmente magníficos, dada la dinámica de este blog compartiré uno de mis favoritos, que da cuenta de la fuerza y concreción de su trabajo. Sirva de augurio para lo que resta de la semana y, claro, para promover la lectura de Hora líquida.
P.D. Es muy recomendable también Asidero, el blog que Luis publica dentro del sitio web de la revista Nexos. Voilá.
Carga
La tinta
rehúsa
ser signo:
prefiere
el abrigo terso
de su envase.
Entendible.

«[…] Es un escorpión hembra, de los negros. Ponzoñosa y seductora, persigue a un macho de su especie con fines de apareamiento. Creo reconocerla porque aparece tal como está descrita en las Escrituras, más negra que las tiendas de Qatar, y más amarga que la muerte […] Ella, muy desentendida, sigue absorta en su rito nupcial, cortejando a su macho, platillo suculento, con un hambre decidida de naturaleza doble, tanto gastrointestinal como ginecológica; hasta yo, ignorante de zootecnia, sé que la escorpiona devora a su compañero tras la cópula, una conducta propia de actrices y de diosas […] ella, dios hembra tragón y lascivo». (p. 245-246)
Estoy leyendo esta novela de la colombiana Laura Restrepo, publicada por Alfaguara (¿he dicho antes que las letras colombianas me son particularmente sacudientes, que Evelio Rosero y Héctor Abad y Mario Mendoza me mueven hasta el tuétano?). Bueno, pues la novela de Restrepo, formada por varias historias cuyo punto en común es la presencia ominosa de El jardín de las delicias, de El Bosco, va de menos a más. Los primeros capítulos están bien, pero a partir del tercero la cosa se vuelve exponencial. «La promesa», sobre un amor incestuoso, no da descanso, golpea en cada página con su prosa decantada. Luego «Olor a rosas invisibles», el quinto, sobre un amor que quiere conjurar la vejez, lastima de tan precisa. Sigue «Pelo de elefante», puesta en boca de un sicario de inesperada profundidad y al cual pertenece el pasaje que cito al principio. Finalmente «El Siríaco», visión de humor negro sobre un santo moderno que a ratos me recuerda el magnífico Diario de un aspirante a santo, de Georges Duhamel. En todas es protagonista el pecado, ese aguijón que es destino inescapable.
Hace años leí Delirio, también de Restrepo, y recuerdo que me gustó, sin que tenga en la memoria más detalles. En cambio, estas tres historias de Pecado nomás no tienen madre. Abordan la lascivia, la ira y demás antojos de la carne desde ese caleidoscopio siempre cambiante que son las emociones, pero también tocan los rasgos de sus hermanas siamesas: la culpa, el miedo, el dolor, la angustia. ¿Qué comerán los narradores colombianos que tocan de esta manera las fibras internas? ¿Que diseccionan las tripas y las exhiben con pluma así de portentosa?

Hace meses que no pasa por aquí el magnífico Quino, así que hoy le levanto el castigo de forma temporal y lo invito al #LunesDeMonos, con este cartón acidito que ahora me parece simpático pero en unos años, no muchos, seguramente me hará llorar. Y no, no porque un esposo o novio me vaya a preguntar algo similar (a como voy, con cambio de modelo cada cinco años en promedio, la cosa no pinta hacia allá), sino porque a mí misma se me va a olvidar para qué se usaban ciertas partes del cuerpo. Aprovecho, pues, para reírme hoy.
Deseo que el cartón haga que el lunes de todos sea menos lunes…

Es #SábadoDeMúsica, salió el sol y en las venas me corre el aguardiente. Ok, no, pero como si sí. En otras palabras, ando bien y muy de buenas, como en el mood de este clásico de Manu Chao, para ponerle soundtrack al fin de semana. Por cierto, qué buen porte tiene el tal Manu…
Me gustan los aviones, me gustas tú.
Me gusta viajar, me gustas tú.
Me gusta la mañana, me gustas tú.
Me gusta el viento, me gustas tú.
Me gusta soñar, me gustas tú.
Me gusta la mar, me gustas tú.

Ocurrió otra vez.
Anoche presenté mi nuevo libro, Ser azar, acompañada por Rocío Cerón, poeta, y por José Hernández, monero. También estuvo Sidharta Ochoa, directora de Editorial Abismos y Héctor Orestes, coordinador del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, sede del evento.

El acercamiento de Rocío y de Pepe a mi trabajo, su lectura de mis versos fue todo lo amable que pudo ser. Literalmente me arroparon con palabras, le dieron una amorosa bienvenida a Ser azar, este hijo de mis entretelas. Además el lugar se llenó, hubo gente entrañable y también lectores que no conocía, cuya presencia me calentó el corazón. Y al final brindamos con vino y con mezcal Xicarú, para bañar de alcohol el entusiasmo.

Digo que ocurrió otra vez. Por sobre todas las cosas, la noche espléndida de ayer me deja dos certezas:
Ambas cosas de verdad, de verdad, me hacen la mujer más feliz del planeta durante todo el día de hoy. Por lo menos.






Sí, y ando toda encandilada poniéndolo guapo, arreglándole el pelo, deseando que se porte bien.
El lugar donde lo presento, el Centro Xavier Villaurrutia de la Colonia Condesa de la Ciudad de México, no es grande, pero los lectores de este blog son los más bienvenidos a esta fiesta de versos, vino y mezcal. Sea, pues.

Mi nuevo libro de poesía luce sano. Lo primero que hice al recibirlo fue contarle los deditos de los pies, revisarle la nariz, pegar la oreja a su pecho para oírle el corazón. Lo miro con una mezcla de orgullo y aprensión. En este #MiércolesDePoesía comparto uno de sus primeros balbuceos, sólo para dar constancia de que está vivo. Porque sí, a veces querer de más se vuelve una emergencia.
Para quienes han preguntado: Ser azar ya está a la venta en la Librería Jorge Cuesta de la Ciudad de México (Liverpool 12, Zona Rosa) y se puede pedir directamente a la editorial: abismoseditorial@gmail.com y en @abismosed. Muy pronto, me dicen, estará también en El Péndulo y en librerías del Fondo de Cultura Económica. Y para lectores del extranjero está disponible en Amazon.com.
Gracias por recibirlo de brazos abiertos y dejarlo decir lo que tiene que decir.
EMERGENCIA
En caso de incendio, de sismo, de riesgo, de alarma.
En caso de insomnio, de revuelos, de abismo, de insania.
En caso de celos, de celos, de celos, de celos
rompa el vidrio y use los pedazos a su albedrío.

Soñé que llovía para arriba. Y para los lados. Y era tan poco novedoso para quienes siempre habían visto llover así, que el día que el agua cayó para abajo todo el mundo se maravilló.

La magnífica caricaturista venezolana Rayma Suprani es la invitada de hoy al #LunesDeMonos. Me gusta mucho su humor, normalmente enfilado hacia la política de su país y por el cual hace dos años fue despedida del periódico El Universal, donde trabajaba, luego de que en un cartón criticó el sistema de salud de su país. Total, esta vez comparto un cartón suyo que explora otra línea, más universal, con esta cita de Beckett y que me recuerda aquella otra, ésta de Bukowski: «Algunas personas no enloquecen nunca. Qué vidas más terribles deben tener».
Ahí, entre la mucha y la poca locura, entre la asumida y la disimulada, andamos todos, qué le vamos a hacer.

Pues sí, hoy regresan las Playlists colectivas, pero con un twist: serán los viernes de cada 15 días. Agradezco propuestas de temas, porque luego se me quema el cerebro de pensar algo digno de esta selecta audiencia.
Bueno, pues para la reinauguración se me ocurrió la pregunta original de toda originalidad: ¿qué canción te gusta cantar mientras te bañas? Una de mis favoritas es ésta, de Rod Stewart: Da Ya Think I’m Sexy, de ese portento de disco que se llamó Blondes Have More Fun (frase que suscribo). No sé si me baño mejor o peor al oírla, pero de que salgo prendida y feliz, eso sin duda.
Aquí abajo están las propuestas a través de este blog, de mi Facebook personal o del Twitter @danioska. Encabeza la lista Tin Tan con Cantando en el baño (se rompieron la cabeza pensando, de veras). Además hay varia rolita ochentera, algo de salsa, algunas baladas y una, sí, de ópera pop. Si quieres añadir la tuya escríbela aquí en los comentarios.
Buen #SábadoDeMúsica. Ea.
YOUTUBE
32. @michrade Usted, de Vicentico y Diego Torres
33. Arturo Erremental Ángel guardián, de El Niño Gusano