¿Quién puede realmente decir que es escritor? ¿Merece más llamarse así quien tiene algunos libros publicados o el que tiene mil por dar a la imprenta? ¿El que ha sido firmado por una casa editorial o el que costeó sus propios volúmenes? Estas y otras interrogantes las explora Silvana Bosch en un interesante artículo de la revista Ñ, del periódico argentino El Clarín. Comparto dos excelentes fragmentos incluidos del texto.
Mercedes Güiraldes, editora de Emecé, dice: «No es escritor todo aquel que publica, ni todo aquel que publica y vende poco o mucho, ni tampoco aquel que escribe y no publica. Para saber qué es un escritor habría que empezar por preguntarse qué es lo contrario de un escritor. ¿Un no-escritor? ¿Un escritor malo?». Mi respuesta es: lo contrario es un no-escritor, uno que ve la escritura como un pasatiempo y no como una vocación.
Por otro lado, para Rosa Montero la respuesta radica en la necesidad de vaciarse en palabras: «Un escritor es en realidad aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor'».
Así, respondo: tengo dos libros publicados y varios más en mis cajones, que debo acabar de parir. Coincido en que nada de ello es determinante. Sin embargo, sí, necesito escribir para vivir y desde mis ocho años es parte de mi esencia, aunque por supuesto eso no significa que lo haga bien: simplemente me hace escritora (la palabrita me arranca una sonrisa).































