¿Me dan permiso de decir que soy escritora?

 

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¿Quién puede realmente decir que es escritor? ¿Merece más llamarse así quien tiene algunos libros publicados o el que tiene mil por dar a la imprenta? ¿El que ha sido firmado por una casa editorial o el que costeó sus propios volúmenes? Estas y otras interrogantes las explora Silvana Bosch en un interesante artículo de la revista Ñ, del periódico argentino El Clarín. Comparto dos excelentes fragmentos incluidos del texto.

Mercedes Güiraldes, editora de Emecé, dice: «No es escritor todo aquel que publica, ni todo aquel que publica y vende poco o mucho, ni tampoco aquel que escribe y no publica. Para saber qué es un escritor habría que empezar por preguntarse qué es lo contrario de un escritor. ¿Un no-escritor? ¿Un escritor malo?». Mi respuesta es: lo contrario es un no-escritor, uno que ve la escritura como un pasatiempo y no como una vocación.

Por otro lado, para Rosa Montero la respuesta radica en la necesidad de vaciarse en palabras: «Un escritor es en realidad aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor'».

Así, respondo: tengo dos libros publicados y varios más en mis cajones, que debo acabar de parir. Coincido en que nada de ello es determinante. Sin embargo, sí, necesito escribir para vivir y desde mis ocho años es parte de mi esencia, aunque por supuesto eso no significa que lo haga bien: simplemente me hace escritora (la palabrita me arranca una sonrisa).

 

Opciones pa este día

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En medio de una fiesta cargada de buenas vibras con compañeros de la oficina, una mano misteriosa (para mí, no para su dueño) tuvo a bien sustraer mi iPhone, comprado hace apenas un mes. Contemplo varias posibles reacciones:

1. sentirme víctima de la vida (no me apetece para un día 13);

2. mirar con suspicacia a todo colega que cruce por mi camino (desgastante y poco efectivo);

3. mentar madres mientras golpeo la almohada (ella no tiene la culpa);

4. respirar hondo y tirar pa’lante (un poco mejorcito para este jueves).

Creo que optaré por la última: ninguna de las cuatro me devolverá mi iPhone pero al menos esta tampoco comprometerá mi hígado.

Me gusta leer (y ver este video)

Con poco tiempo hoy para escribir, comparto un video fantástico (de verdad), sobre el placer/la magia de leer. Es de hace unos años y sirvió para promocionar el portal http://www.megustaleer.com, de Random House Mondadori. La maravilla es que en vez de enfocarse en cantar las glorias de la editorial (enfoque obtuso y netamente comercial que hubiera despertado poco interés), los creativos detrás del video se enfocaron en ensalzar el acto mismo de la lectura, de modo que a algunos años de distancia sigue igual de vigente y logra el objetivo de que uno se asome a la página de Random. Imperdible.

Efigie caída del nicho

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Creí pasar mi tiempo/
amando/
y siendo amada/
comienzo a darme cuenta/
que lo pasé despedazando/
mientras era a mi vez/
des/
pe/
da/
za/
da/
-Claribel Alegría

como una efigie caída del nicho/

virgen de un credo en desuso/

nariz rota/

sin un brazo/

arrumbada/

polvorienta/

sin devotos que prometan incienso/

sin homenajes/

ni vino/

ni rezos de arrebato/

decrépita/

afeada/

entre cacharros y alambres viejos/

cubierta de olvido/

extraño ejercer la tiranía del altar/

porque hace tiempo acariciaron mi manto/

me ungieron de aceites/

cubrieron de besos mi cabello/

 con ímpetus nocturnos me rogaron/

y, complaciente,/

otorgué los favores//

 

(sufrí también/

la esclavitud de ser/

reverenciada)//

 

-Julia Santibáñez

Hallazgo en el #Munal

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Consigno un doble tesoro hallado el fin de semana en el Museo Nacional de Arte del Distrito Federal, en el marco de la exposición «El placer y el orden. Orsay en el Munal». Se trata del francés Pierre Bonnard (1867-1947), de quien no recuerdo haber visto nada anteriormente (por supuesto, me intrigó la cuasihomonimia con el borgiano «Pierre Menard, autor del Quijote», ¿alguien puede ilustrarme sobre si hubo esa intencionalidad en Borges al nombrar a su personaje?). Por el otro lado, este cuadro: su «Nu bleu», cargado de emociones en colores y líneas como al descuido.

Ya en casa busqué trabajos de Bonnard en Internet y encontré algunos otros desnudos que realmente «hablan». Recomendable.

17 comienzos (muy) memorables de libros

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Agradezco infinitamente invitaciones así, como la planteada hoy por Javier Martínez Staines en su blog http://detintasomos.com   Comenta que en las librerías, para decidirse por algún volumen, suele leer el primer párrafo. Si lo atrapa, el libro es suyo. Entonces comparte varios comienzos impecables de novelas que se le volvieron muy queridas (en esta primera entrega se limita a autores en lengua extranjera pero promete un segundo post con hispanoamericanos) y nos pide a los lectores de su blog aportar los nuestros. Imposible resistir una propuesta así de indecorosa, de modo que acudo a mis libreros y voy revisando los párrafos iniciales de novelas extranjeras que me han marcado. Aquí, las primeras líneas más destacadas:

  1. «Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta. She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita». (Vladimir Nabokov, Lolita)
  2. «¡Qué presentes siguen en mi memoria los primeros instantes de mi vocación de bufón! Tenía diecisiete años y estaba pasando un mes de agosto más bien deprimente en un club all inclusive en Turquía; por otra parte, fue la última vez que tuve que ir de vacaciones con mis padres». (Michel Houellebecq, La posibilidad de una isla, traducción: Encarna Castrejón)
  3. «Sur ce sentiment inconnu dont l’ennui, la douceur m’obsèdent, j’hésite à apposer le nom, le beau nom grave de tristesse. C’est un sentiment si complet, si égoïste que j’en ai presque honte alors que la tristesse m’a toujours paru honorable». (Françoise Sagan, Bonjour tristesse)
  4. «First she was just a figure moving toward me in the distance, among a great many others doing the same thing. A second later she was a girl. Then she became a pretty girl, exquisitely dressed. Next a responsive girl, whose eyes said: «Are you lonely?», whose shadow of a smile said, «Then speak». And by that time we had reached and were almost passing one another. Our glances seemed to strike a spark between us in midair». (Cornell Woolrich, Manhattan Love Song)
  5.  «Floria Emilia saluda a Aurelio Agustín, obispo de Hipona: Me resulta curioso el saludarte con estos términos. Hace tiempo habría escrito sencillamente ‘a mi pequeño y divertido Aurelio’. Pero han pasado más de diez años desde que por última vez me estrechaste entre tus brazos; mucho ha cambiado desde entonces». (Jostein Gaarder, Vita Brevis, traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo)
  6. «The story had held us, round the fire, sufficiently breathless, but except the obvious remark that it was gruesome, as, on Christmas Eve in an old house, a strange tale should essentially be, I remember no comment uttered till somebody happened to say that it was the only case he had met in which such a visitation had fallen on a child. The case, I may mention, was that of an apparition in just such an old house as had gathered us for the occasion…». (Henry James, The Turn of the Screw)
  7.  «Este libro está dirigido a los hombres jóvenes y dedicado a las mujeres maduras, y la relación entre unos y otras es mi propuesta». (Stephen Vizinczey, En brazos de la mujer madura, traducción: András Vajda)
  8.  «Alguien debía haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin que hubiera hecho nada malo, una mañana lo arrestaron.» (Franz Kafka, El proceso, traducción: Isabel Hernández)
  9. «Have you ever seen a woman die? I hope you never have to, never do. I mean in violence, at your own hands. It isn’t a good thing to see. When you see a man die, you see only yourself; not someone apart whom you once knelt to in your heart and offered up your love to. Revered and dwelt on in your reveries. Or if not, some other man did». (Cornell Woolrich, Tonight, Somewhere in New York)
  10. «Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún sitio, ni una silla fuera de lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos». (Henry Miller, Trópico de Cáncer)
  11.  «Me acuerdo de la primera vez que me mandaron una carta en uno de esos sobres donde decía ‘Devolver a los cinco días a’ y de que pensaba que a los cinco días tenía que devolver la carta. Me acuerdo del gustillo que me daba trastear en los cajones de mis padres en busca de condones (marca Peacock). Me acuerdo de cuando el polio era la cosa más terrible del mundo». (Joe Brainard, Me acuerdo, traducción: Julia Osuna Aguilar)
  12.  «Aujourd’hui, maman est morte. Ou peut-être hier, je ne sais pas. J’ai reçu un télégramme de l’asile: ‘Mère décédée. Enterrement demain. Sentiments distingués’. Cela ne veut dire rien. C’était peut-être hier». (Albert Camus, L’étranger)
  13. «Era un placer quemar. Era un placer especial ver cosas devoradas, ver cosas ennegrecidas y cambiadas. Empuñando la embocadura de bronce, esgrimiendo la gran pitón que escupía un kerosene venenoso sobre el mundo, sintió que la sangre le golpeaba las sienes y que las manos, como las de un sorprendente director que ejecuta las sinfonías del fuego y los incendios, revelaban los harapos y las ruinas carbonizadas de la historia». (Ray Bradbury, Fahrenheit 451, traducción: Francisco Abelenda)
  14. «Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto». (Franz Kafka, La metamorfosis, traducción: Jorge Luis Borges, ¿o no?)
  15. «All children, except one, grow up. The soon know that they will grow up, and the way Wendy knew was this. One day when she was two years old she was playing in the garden, and she plucked another flower and ran with it to her mother. I suppose she must have looked rather delightful, for Mrs. Darling put her hand to her heart and cried, «Oh, why can’t you remain like this for ever!». (James Matthew Barrie, Peter Pan)
  16. «Quand je prenais possession de la table, c’était en monarque. Nous étions les rois, les soleils de ces quelques heures de festin qui décideraient de leur avenir, qui dessineraient l’horizon, tragiquement proche ou délicieusement lointain et radieux, de leur espoirs de chefs…» (Muriel Barbery, Une gourmandise)
  17.  «Tengo cien años. Un siglo de vida es una eternidad y, después de que uno la ha vivido, es un pensamiento fugitivo donde todo, los comienzos, la conciencia, la invención y el fracaso, se reúne en una experiencia fuera del tiempo. Llevo el duelo de un mundo y de todos aquellos que lo poblaron. Soy el único sobreviviente». (Michel Rio, Merlín, traducción: Una Pérez Ruiz)

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Hueco con forma de un amigo

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Me despierto conmovida, con la piel de gallina. Soñé que estaba de viaje con amigos, como un regalo personalizado de la vida. A unos los reconozco claramente pero otros no sé quiénes son ahora que estoy despierta, aunque en el sueño había gran familiaridad. Ignoro dónde estábamos y tampoco recuerdo qué ocurría, sólo me quedó la sensación de ser querida, de querer mucho a «mi familia elegida», mis amigos entrañables.

Lamento tanto haber perdido a algunos por el camino, por circunstancias que pusieron mundos entre nosotros. Uno de ellos aparecía en ml sueño, de espaldas, sentado a la distancia; quería acercarme pero se alejaba cada vez más. Hace tiempo no sé de él, quisiera encontrarlo para decirle cuánto extraño nuestro intercambio de palabras, emociones y textos, que de verdad deseo que un día podamos retomar la conversación interrumpida. Vayan mi sueño y este post como homenaje al hueco que dejó.

Segundos extrañados

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Aquí voy, a compartir más texturas encontradas a diario, que por instantes fragmentan el tiempo, hacen a los dedos imaginar que rozan un borde o una rugosidad casi incómoda. No sé si se me cruzan muchas en el camino o si mi ojo las busca sin advertirlo, lo cierto es que ahí están. Y las disfruto.

Cortázar decía del poema que es la «petrificación de un extrañamiento». En ese sentido, me resultan versos visuales que petrifican segundos extrañados.

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Un tercer pecho

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Aquel hombre miraba afanosamente los senos de las mujeres, como si quisiera asegurarse de que no empezaba a nacerles un tercer pecho.

Tener toda la vida que haya

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Esta mañana practico uno de mis pasatiempos favoritos, de esos que me ponen de buenas en segundos. Consiste en acercarme a uno de los estantes de libros que pueblan mi casa, revisar los lomos, tomar alguno que hace tiempo leí, abrirlo y buscar los subrayados, las esquinas dobladas en páginas imperdibles. Y ahí están, agazapadas, frases capaces de sostener el mundo sobre sí, como la tortuga mitológica.

El azar me regala hoy esta: «Lo que quiero decir es que yo la vida la deseo, haría cualquier cosa para poder tenerla, toda la que haya, tanta hasta enloquecer, no importa, puedo incluso enloquecer, pero esa vida no quiero perdérmela, yo la deseo, de verdad, aunque me hiciera un daño insoportable lo que deseo es vivir. Lo conseguiré, ¿verdad?» -Alessandro Baricco, Océano mar, Anagrama (regalo de mi querida amiga Aurora).

La releo, apabullada. Cierro el libro y me voy rumiándola, convencida de que desearla de esa manera es relacionarse sanamente con la vida.

Ya lo dijeron Pablo y Víctor Manuel

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En esta noche de domingo, voces grabadas hace años a cientos de kilómetros ponen en palabras y ritmo lo que estoy pensando. Para qué expresarlo de otro modo si ya está tan bien dicho:

«No hemos inventado nada
las caricias y los besos
son igual que los demás.
No hemos inventado nada
ni los cuerpos, ni los huesos,
ni los brazos de abrazar.

Pero a pesar de que no hay invento
día a día me creces dentro
día a día, porque te quiero
siempre estoy atizando el fuego».

 

Intolerante a la estupidez

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Algunas personas se encargan de no dejar morir mi capacidad de asombro desde la creatividad, el amor, el compromiso, la ayuda a otros. Otras no dejan de sorprenderme porque rebasan lo visto en cuanto a irresponsabilidad e inmadurez.

Ayer recibí una noticia de quien suele llevarse las palmas entre estas últimas. Lo peor es que si este hombre se acerca a los 60 años y con un alcoholismo arraigado acostumbra afectar a quienes le rodean con conductas adolescentes, en este caso además involucra a un bebé que llegará a una pareja cuyas perspectivas de éxito son pésimas (la madre tiene 26 y su relación es muy nueva). De verdad no encuentro forma de justificar una decisión así, no puedo con tanta estupidez.

Primero de diciembre

En el año 2000 jamás imaginé que el PRI, partido que ejerció de cuasi dictador en México durante 70 años, regresaría tan pronto al poder. Me deprime atestiguar su regreso. Hoy el país está dividido entre la sonrisa desmedida por un lado, y la desesperanza, el enojo por otro. Duele.

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Feliz cumpleaños a una aventura

Por estos días celebro un año de vida de este blog, suerte de bitácora personal donde he volcado intereses, emociones, lecturas, claroscuros. Inicié con pasos titubeantes, sin mucha certeza de que me gustara. Temía no contar con tiempo de mantenerlo, deseaba establecer contacto con gente desconocida que compartiera intereses pero no tenía idea cómo arrancar. Borrando sin querer lo escrito, desesperándome pero volviendo a empezar, al paso de los días y meses se fue estableciendo un diálogo delicioso a varias voces, mucho más satisfactorio que guardar en un cajón lo escrito a diario. No sólo me gustó: la experiencia me encantó, de modo que seguiré regando palabras por aquí y por allá, como los pedacitos de pan de Hansel y Gretel. Muchas muchas gracias a quienes con sus comentarios han enriquecido este diálogo (y mi día a día) con sus variados tonos y acentos.

«Sólo se reconoce quien se olvida de sí mismo»

El poeta jerezano José Manuel Caballero Bonald fue nombrado Premio Cervantes 2012. Me da gusto, lo celebro de verdad. Conocí su pluma hace unos 15 años, a través de su poemario Laberinto de Fortuna, de nombre idéntico al largo poema medieval de Juan de Mena sobre el cual hice mi tesis en Letras.

Valga como aplauso a sus letras precisas la transcripción de un texto en prosa (que para acabar de rematar su maestría, es breve). Se titula Demasiadas preguntas: «Algún día no menos improbable que otros, cuando la petulancia ceda su turno a la apatía, podré saber quién soy. Pero tal vez entonces ya no quiera saberlo. Para qué voy a querer saberlo si quizá ese día no haya conmigo nadie que se parezca a mí. ¿En qué espejo que el tiempo habrá estragado se mirará mi semejante? Sólo se reconoce quien se olvidó de pronto de sí mismo. Aún convive el recuerdo enemistado con la historia».

Enamorada de una rama

Una de las cosas que más me seducen de un persona es que sea sensible, que se permita ser cimbrada como una rama por el viento, que cuando descubra su fragilidad en la tormenta esté en paz con ella. Al mismo tiempo admiro a las personas sólidas, de raíz firme y cara al sol. Por eso cómo no agradecer que en una misma mañana pueda disfrutar ambas facetas del hombre que amo.

Vender futuros

«Quien no tiene historia tiene que vender futuro», dice hoy Javier, a mitad de una junta de trabajo. La afirmación nace en referencia a naciones sin pasado y, por tanto, sin entrañas. Lo creo y lo suscribo, no sólo en función de países sino también de personas. A varias horas de distancia sigo encontrándole mil y un acomodos pertinentes a la frase.

Fuerza hecha en México

En estos días tomará la presidencia del país un personaje que me genera hondas suspicacias. Para paliarlas recuerdo una cita de la película Hecho en México, reproducida en la revista-libro del mismo nombre, que me tocó en suerte coordinar:

«La esencia real de la cultura mexicana ha sido la resistencia: a 500 años de conquista, a los políticos, a Estados Unidos. Que México viva al lado de Estados Unidos y siga teniendo su propia cara, su propia vibración, es un logro enorme». -Santiago Pando

Confío en este mi país y en su gente, mucho más fuerte que su clase política.

(To be) In Wonderland…

A manera de regalo de domingo disfruté la exposición In Wonderland: mujeres surrealistas en México y Estados Unidos, en el Museo de Arte Moderno del Distrito Federal. Como dice la mampara introductoria, el surrealismo se suele relacionar con artistas hombres, pero estas cerca de 150 piezas desmienten esa visión parcial. Son pinturas, dibujos, fotografías y esculturas de creadoras que conozco bien, como Leonora Carrington, Frida Kahlo, María Izquierdo, Remedios Varo y la fantástica Katy Horna. Además descubrí a otras que pasan a ser parte de mi bagaje personal, como Ruth Bernhard, Sylvia Fein y Gerri Gutman.

En especial me interesó el manejo del espacio como expresión de rebeldía creadora: dado que el rol femenino exaltado era el de esposa/madre, las artistas (la mayor parte de las cuales no tuvo hijos) compusieron espacios fantásticos y a través de ellos se permitieron cuestionar el corsé social. Además están los autorretratos, con su pluralidad de registros emocionales: el que ilustra este comentario es de Bridget Tichenor (alucinante).

La muestra es buena y llena un gran hueco al ser la primera que reúne a las mujeres que enriquecieron el surrealismo. Vaya que lo merecían. A ratos me hicieron sentir pequeñita y otras enorme, justo como Alicia en el país de las maravillas.

Algunas posibilidades del silencio

Silencio gris que se hurga el ombligo/

Silencio como un mueble, pesado y sólido/

Silencio-mariposa que se agita, sale volando/

Silencio ensangrentado, con muertos en el camino/

Silencio pequeñito, castigado de cara a la pared/

Silencio-eructo, fétido y caliente/

Silencio que no se aguanta a sí mismo/

Silencio-veda, en espera de tiempos mejores/

Silencio que llueve tormenta de verano/

Silencio vasto como un desierto/

Silencio-muñeco de trapo, descoyuntado/

Silencio reseco, de mirada torva/

Silencio que precede una hecatombe/

Silencio-música, sombras e incienso/

Silencio-esquina entre uno y otro derrotero/

Silencio como de estar haciendo otra cosa/

Silencio-eco que calca la tarde/

Silencio de ojos brillantes, de mundo recién pintado//

 

-Julia Santibáñez

Homenaje a los caídos (¿cuáles?)

Ayer, en el contexto del Día de la Revolución Mexicana, el presidente Felipe Calderón inauguró un memorial en homenaje a los soldados muertos en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Bien hasta ahí pero… ¿y el monumento para las 60,000 víctimas de este conflicto mal planeado y peor ejecutado? ¿Para cuándo un memorial a los niños, jóvenes, mujeres y hombres que no decidieron entrar en esta guerra pero fueron «daños colaterales» de ella?

Dedicar una plaza a las fuerzas armadas porque tienen poder/armas y olvidar a los deudos anónimos que se muerden su dolor es el símbolo más acabado de un gobierno mediático lamentable, que nunca encontró la brújula.

Lo anterior, de Cristina Rivera Garza y El cuerpo en que nací, de Guadalupe Nettel

Acabo de terminar Lo anterior, novela de Cristina Rivera Garza (Tusquets), e inmediatamente antes El cuerpo en que nací, de Guadalupe Nettel (Anagrama). Ambas escritoras mexicanas, las conocía por sus artículos en periódicos y revistas, pero no como narradoras.

La novela de Nettel, intimista, de tono autobiográfico y ubicada en los años setenta, me dejó con ganas de algo más (¿qué?). Cumple pero no acabé de darle el golpe. La de Rivera Garza, situada en la frontera norte de México, me gustó más. A partir de una anécdota que no resulta central explora reflexiones sobre el amor como pasado, como construcción ex-profeso montada sobre palabras, como diálogo roto o quizá nunca establecido. Con un estilo pulido, en ella la pluralidad de personajes y tonos se expresa a través de cambios tipográficos y pequeños símbolos en la parte superior de la página, pero aun así de pronto me resultaba confusa. Debo carecer del chip que permite entender la multiplicidad de voces narrativas, porque en general me enreda (con frecuencia me sucede con autores mexicanos: ver en este blog «Efectos secundarios, de Rosa Beltrán», entrada del 12 de diciembre de 2011). ¿Será que soy poco posmoderna y prefiero lo unívoco, lo que parte del centro? Probablemente, aunque no me guste aceptarlo.

Total, que sin que se me hayan convertido en escritoras fundamentales, quedo invitada a regresar a ambas. De hecho tengo ya en mi librero, como pendiente de lectura, El mal de la taiga, también de Rivera Garza (Tusquets), y se me antoja mucho Nadie me verá llorar (también Tusquets), su primera y muy premiada novela.

Fijar en líneas el estertor

Me escribo a través del deseo de fijar en líneas el estertor, quedarme en los dedos esa gota de instante y gemido, desprenderme del cuerpo, multiplicarlo en el momento del estallido. Después, silencio.

 

–Julia Santibáñez

¿Quién viene a cenar hoy?

A veces he invitado a cenar al temor: en la mesa un plato desabrido, masticado sin ganas, que he hecho a un lado. A veces he invitado a casa a la soledad, el desamparo que entre bocados secos hace apretar los ojos, tragar una mueca. Otras veces he convidado un plato frío a la nostalgia y una migaja ha quedado colgando de los labios. Hoy enciendo todas las velas, saco el mejor mantel, pulo los cubiertos y preparo un manjar: vienen a cenar los abrazos, la risa, el calor del alma.