Lo que realmente es «dar la hora»

En la sala de espera, ella se acercó: «No traigo reloj. ¿Me das tu hora?» y él le dio todas y cada una del resto de su vida.

¿Por qué respiro?

Hoy, 12 de noviembre, se celebra en México el Día Nacional del Libro, así que aprovecho para responder: ¿por qué los libros? Tomo prestado lo que dijo Carlos Fuentes, a quien hoy se recuerda en varios eventos, cuando le preguntaron: «¿Por qué escribe?». Dijo: «¿Por qué respiro?». Así yo, al cuestionamiento ¿por qué leo libros? contesto: porque me son necesarios (como respirar), porque me dan placer (como respirar), porque me hacen ser quien soy (como respirar).

Y si alguien demanda más razones, añado otras: porque cuando a los ocho años enfrenté la soledad honda producto de la violencia estuvieron siempre ahí, porque me acompañaron más de un recreo en mi colina a solas, porque llenaron mi mente de imágenes divertidas, porque me llevaron a dar la vuelta al mundo en 80 días y un poco más, porque a muchos años de distancia y con largo tramo recorrido, los libros siguen siendo parte fundamental de mi vida diaria (sí, como respirar).

Diálogo con mi columna

6 am, lista en el salón para clase de Bikram yoga. Mi amigo Carlos diría que a esas horas nonsantas nada bueno puede pasar pero apuesto a que sí. Hora y media después termina la clase y yo me muero: el corazón me late enloquecido, me falta el aliento, las piernas no me responden. En realidad, morí y resucité unas 10 veces. Debo ser perversamente masoquista porque 15 minutos después estoy contenta, animosa. Por primera vez logré pulir una postura que implica estirar la columna «como un collar de perlas». Más allá del reto que en sí implica, me emociona lo que leo entre líneas: cada vez conozco más mi cuerpo, fluyo con él, lo entiendo, me maravillo de su potencial. En el proceso me he lastimado, me he frustrado y me he enojado pero, seducida por el diálogo con mi columna (que al principio era de piedra), he seguido adelante. Soy mucho más fuerte y flexible de lo esperado. Vaya noticia.

Todas las historias de amor en una

Cuando se estaba enamorando, ella decía: «Es el hombre más completo». Cuando lo suyo terminó afirmaba: «Es el hombre más complejo».

Tu bocaverna

En ésta/

mi edad más frágil/

debo anochecer en ti/

esconderme en tu bocaverna/

a vaciar los colores, el día/

desvestirme las cosas del mundo/

sosegarme y oírme respirar./

No reconciliada con mi sombra/

perder las horas en tu oquedad/

encontrar el camino hacia mi cuerpo/

para dormir de ojos abiertos/

a resguardo de tormentas/

de las bestias, el espanto/

del vómito y el frío.//

 

-Julia Santibáñez

Regalar renglones a la gente

Este post se compone de tres partes interrelacionadas:

1. Ayer, mi querido amigo Salvador (lector irredento como yo) me envió esta foto de una cabina de lectura en Heidelberg, Alemania, donde estudia un posgrado. Me dice que se trata de casetas públicas llamadas «Leselust» = «Ganas de leer» y esta es su descripción: «Tienen muchísimos libros para que vayas y tomes uno y lo leas, te lo lleves, lo regreses, pongas otro, etc.». Lo más hermoso es la propuesta de Salvador de poner cabinas similares en México, lo que me emociona una enormidad, aunque no sé de dónde sacar tiempo para ello.

2. Entonces recuerdo este artículo de Gabriel Zaid, «Bibliotecas sin libros», publicado en Letras Libres (agosto 2012). En él hace un análisis interesante sobre el estado de las bibliotecas mexicanas y lo deplorable que resulta tener casi el mismo número que en EUA (aprox. 7,296 en México vs. 9,225 en EUA) pero con 5 mil libros en promedio cada una aquí, contra 88 mil promedio allá.

Como parte de su reflexión, Zaid propone empujar un programa de bibliotecas «caseras» donde las señoras que venden productos de belleza por catálogo puedan contar con libros en comodato, así como poner bibliotecas en las estéticas y, por otro lado, crear bibliotecas digitales. Como alguien que ama también las revistas, creo que en todos los casos puede pensarse igualmente en hemerotecas.

Aquí el link al artículo de Zaid: http://www.letraslibres.com/blogs/articulos-recientes/bibliotecas-sin-libros?page=0,0

3. Hace un par de semanas mi amiga Vivian Abenshushan, escritora reconocida, posteó en FB una invitación a donar libros para formar la biblioteca de una comunidad en Oaxaca. Doné unos 40 títulos y todo mi entusiasmo. Llamada por la curiosidad, hace poco llamé a Llunué, parte del comité organizador, quien me dijo que han recolectado más de 1,200 libros y los entregarán en los próximos días. La idea es seguir con estas colectas y por supuesto ya me anoté para contribuir.

Hay tantas ideas, tanto por hacer en el fomento a la lectura. No basta escribir y publicar: falta llevar lo publicado a la gente, servirle el manjar para que a su ritmo lo paladee y quiera volver. Muchos millones de mexicanos conciben la lectura como una obligación aburrida o hasta un castigo de infancia: «Como te portaste mal, te vas a tu cuarto a leer media hora». Como fiel creyente en la lectura veo necesario ayudarles a cambiar ese prejuicio, que descubran el placer ilimitado que implica perderse entre las páginas y salir renovado, con una visión más rica de uno mismo y del mundo. En el escenario de crisis económica y humana que enfrenta México resulta urgente regalar renglones.

Palabras para evitar la evaporación

 

De regreso de Oaxaca, habiendo disfrutado con cada uno de los cinco sentidos y con otros tantos que allá descubrí, quiero que mis palabras huelan al copal de un altar de muertos en Jalatlaco, a buen humor repartido a granel, al estofado istmeño que reconcilia con la noche, al corral de chivos de una casa sencilla en Tlacochahuaya. Busco que mis palabras tengan sabor a mezcal tepeztate con risas de amigos, que sepan a tlayuda y quesillo, a chile con ceviche en salsa de maracuyá, que dejen un regusto a sorpresa compartida en Santo Domingo y al dulzor de un pan sopeado en chocolate de agua. Deseo que comuniquen la pesadez de un huipil tehuano y lo colorido de una pulsera que fue hilada con el alma de quien la regala, que sean tan suaves como un bordado de telar de cintura, tan alucinantes como el diablo de una comparsa. Aspiro a que jueguen en el escenario del Macedonio Alcalá, que iluminen como veladoras del cementerio y que inviten al silencio como Monte Albán al anochecer. Pretendo que den un abrazo hondo en el mercado central, que acendren el ingenio, que generen la complicidad de una narración en un trayecto o en torno a la cena, que compendien las posibilidades infinitas de pasarla bien con gente cada vez más preferida. Lo necesito porque no quiero que el tiempo evapore esta magia.

Contar historias en piedra

Oaxaca, cementerio, noche de muertos. Hoy ellos tienen más historias que contar que muchos vivos y las narran entre veladoras, flores de cempasúchitl y luna llena. Basta guardar silencio un rato para oír sus voces quedas, con ecos de tiempo y acentos de mármol blanco.

Un privilegio: pasar los Días de muertos en Oaxaca

Pasar los Días de Muertos aquí es un regalo envuelto en papel de colores. No sólo porque la fiesta me fascina por su mezcla de humor, ternura, tradición, sincretismo, sino porque Oaxaca de por sí seduce y más en estas fechas. Además, aquí nacieron mis padres y abuelos, tengo tíos y primos oaxaqueños, de modo que también me une un vínculo emocional fuerte con estos aires que desde niña respiraba cada año en visitas familiares. Encima, ahora que busco con qué ilustrar esta nota me encuentro en Internet con esta imagen de un altar de muertos, mismo que hace años montó mi tía Marti en Oaxaca: la mujer de la foto del centro, a quien está dedicado el altar, es mi guapa abuela Martina.

Los días siguientes los pasaré en este suelo entre amigos queridos, familia entrañable, mezcales, tlayudas, cecina enchilada (la única carne que soy capaz de comer con gusto), quesillo, totopos, música y fiesta. Que alguien me diga que no es un absoluto privilegio.

Leer nos hace físicamente más reales

Ayer, en una conversación en este blog con Borgeano, comentábamos sobre la dificultad de mantenernos al día con lo que cada día se publica: no hay forma de abarcar siquiera una mínima parte de las muchas letras vaciadas en impresos y en digital, en todos los formatos imaginables. Entonces recordé esto, escrito por el enorme Gabriel Zaid y recopilado en ese volumen delicioso llamado Los demasiados libros (Océano):

«¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales».

Coincido con Zaid (vaya soberbia la mía. Mejor: «aplaudo a Zaid»).

Lo que rescataría de un incendio

Tenía unos seis o siete años. Mi papá era el ídolo de mi pequeño mundo (a 28 años de su muerte creo que sigue siéndolo). Yo esperaba despierta por la noche para verlo llegar y compartir un poco antes de dormir. De mañana no coincidíamos, así que esos minutos eran «mi tiempo» con él.

Esa noche no logré verlo: no sé si el sueño me venció o si él llegó tarde, pero a la mañana siguiente encontré sobre mi mesa de noche el diamante más grande del mundo, camuflado en esta esfera de cristal con una nota: «Para mi reinita».

Pesada, azul, con burbujas de aire, me pareció el objeto más lindo que había visto en mi vida, el más valioso. A lo largo de los años me ha acompañado en recuerdo de esa niña que se sintió reina del cosmos.

Si en un incendio tuviera que elegir entre la esfera, un portafolio con miles de dólares y todas las piedras preciosas que la Tierra posee no lo pensaría un segundo: salvaría este pequeño universo azul.

Voz de triple fondo

urgencia de contar/
esta ausencia que ensordece/
ansia de explicar/
el hueco del ruido de tu cuerpo/
hacerlo en una palabra/
poderosa/
no una retahíla sucesiva/
de voces/
de lamentos/
pero no la encuentro/
en los idiomas que conozco/
debo buscar en otros/
en ecos de lenguas antiguas/
en las no creadas/
una sola palabra que nombre/
esta querencia por tu acento/
que entienda este silencio de tu pecho/
que orden el caos sin tu voz de triple fondo//

 

-Julia Santibáñez

Idiomas: lentes para leer el mundo

Los amo con pasión desmedida: a lo largo de mi vida he pasado muchas horas estudiando inglés, francés, italiano, portugués y latín. Por desgracia no todos los domino pero me fascina llenarme la boca con sus acentos, ir descubriendo el color que cada uno de ellos irradia. En mi lista de propósitos de los próximos 25 años está añadir zapoteco y hablar fluidamente cada uno.

Hoy recibo en mi correo un artículo interesante de ElCastellano.org. Aborda cómo la lengua aprendida en los primeros años está profundamente anclada en el cerebro y es instrumento absoluto de interpretación intelectual/emocional del mundo. Aquí un fragmento revelador:

«[En los años tempranos] se captan y aprenden matices sensoriales y emocionales que son transferidos con las palabras de un determinado idioma como no lo serán nunca por ningún otro que se aprenda después. Y es este idioma temprano el que queda mas profundamente anclado en el cerebro y con el que el niño definitivamente, dibujara el mundo y sus gentes [sic]. Ningún otro idioma será plenamente equivalente. Y es con ese instrumento que el niño nombra sin esfuerzo el mundo y «lo diferencia» de otros mundos, lo que incluye «matices» de las cosas, sucesos y personas. Con el idioma más genuino, aquel que se escucha tras el nacimiento, se expresa la intimidad de una manera diferenciada y única».

Así es, la lengua materna permite interpretar el mundo y luego los idiomas aprendidos le añaden acentos, con lo que enriquecen la vida. Doy fe.

http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=2074

Ya que navegas por mi sangre

Y siguiendo con mi sesgo argentinófilo, aquí un alucinante poema en prosa del enormísimo Gelman…

«Ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mí paciencia para mí dime qué diablos hago por qué te necesito quién eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte acabarte mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias el olvido».

-Juan Gelman

Madrugada aeroportuaria

Llevo horas varada en el aeropuerto, mi vuelo está retrasado «hasta nuevo aviso». Hace frío, tengo sueño, extraño el baño de mi casa (tan pulcro e íntimo él). Para evitar lamentaciones infructuosas y bloquear la soledad que escuece por dentro empiezo a imaginar: ¿Y si aprovechando el anonimato de la hora pasa a mi lado Elvis Presley (que en efecto no murió) y me convierto en involuntaria paparazzi? ¿O si aquel hombre se levanta, con la mirada perdida saca una pistola y acaba con mis anhelos de futuro? ¿O qué tal si en mi pasta marinara el cocinero/dealer puso una tacha y estoy por asomarme a otra dimensión que vaciaré en un poema? ¿O si a la mitad del té el Señor (es decir, Dios) me revela que el fin del mundo tendrá lugar en 10 minutos? Acorde con mis afanes históricos consigno: no sucede nada de lo anterior y aquí sigo, escribiendo como si viviera, viviendo como si escribiera.

Compañía a bordo

20121019-164413Voy a tomar un avión. Para tener una conversación intensa, de altos vuelos (literales y metafóricos), invité a venir conmigo a Silvia Molloy. A esta autora argentina que recién publicó su novela En breve cárcel en el Fondo de Cultura Económica me la presentó Ricardo Pigilia, a través de la colección Serie del recienvenido. Ella, muy amable y de buenos modales, aceptó venir conmigo, así que aquí estamos, conociéndonos.
En apenas unos minutos ya me tiene boquiabierta con instantáneas como esta: «La historia que pretende narrar se ha alterado. La alteraron el llamado de la mujer que hoy ya no vendrá y los menudos hechos que pueblan el intervalo, que separan ese llamado de esta frase. Escribía con furia y curiosidad; ahora escribe porque no sabe qué hacer…».

Por si tenían el pendiente…

… les cuento que sí: Buenos Aires me espera de nuevo así que allá voy a esa ciudad mágica (llevo gran sonrisa y el equipaje cargado de ganas). Como cantan los siempre precisos Páez y Sabina:

«En Buenos Aires descubrí que el día
hace la guerra; la noche, el amor…
En Buenos Aires falta guita pero sobran
corazones condenados a latir…
En Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Todas las noches sale el sol
todos los días vuelve el sol».

Revistas hoy: dos posibles futuros

El mismo día me entero de dos noticias relativas al medio de las revistas, el cual amo y me da de comer hace lustros. Por un lado, tras 80 años de publicación Newsweek cierra operaciones en papel y en enero 2013 se vuelve un título solamente digital; por otro, T-Post, «la única revista ‘vestible'», ofrece una suscripción gratis de prueba.

Ambos caminos dejan lecciones: Newsweek aligeró su línea editorial con el fin de captar más lectores y así cavó su tumba, pues traicionó a sus fans «duros» y tampoco captó nuevos. Diría mi mamá: «ni chicha ni limonada», es decir, ni contenidos fuertes ni suaves, se quedó a mitad de la nada. Cambiar de línea editorial resulta de-li-ca-dí-si-mo, es como si la Coca-Cola tradicional de un día para otro supiera a vainilla. Si se quiere probar, como lo sabe el gigante refresquero, se lanza ooootra bebida con sabor a vainilla y se mide su éxito, pero no se compromete el producto central de la marca. En cuanto a T-Post, resulta difícil definir si es «una revista» pero sin duda está en sintonía con lo que muchos chavos buscan hoy: diseño, creatividad, personalización, compra por Internet y entrega en cualquier parte del mundo. Todo indica que está siendo un buen negocio. Está claro qué valores conviene perseguir.

Ahí van los links:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/18/actualidad/1350561313_324641.html

http://www.tpostmag.com/

Sacarle punta al amor

Sacarle punta al amor, luego afilarlo un poco más, deslizarlo por el cuaderno mientras tiñe los dedos y deja huellas de su paso. Aprestarse a leer lo escrito, atesorarlo, beber su sonoridad, repetirlo lento como un mantra, saber que en buena medida explica el mundo. Así, hoy.

 

-Julia Santibáñez

«Nunca se piensa mejor que cuando se escribe»

En entrevista, Margo Glantz señala: «Escribo sobre todo para aclararme a mí misma. Decía Monsiváis que nunca se piensa mejor que cuando se escribe». Coincido al 100%: me gusta pensar claro, por eso escribo (y sí, disfruto mucho el placer sensorial de hacerlo a mano).

¿Qué se oye más allá del sonido?

A raíz de la hazaña de quien estos días amaneció con ganas de saltar desde la estratósfera me da por preguntar: al romper la barrera del sonido, ¿qué se oye? Es más: ¿se puede oír algo? Circula por ahí un video de lo que vio pero no he encontrado nada sobre lo que registraron sus oídos. Quizá escuchó el silencio perfecto, el que engloba todos los sonidos de igual forma que el negro comprende todos los colores. A lo mejor experimentó un «silencionegro». Me gusta imaginarlo, aunque con la revoltura estomacal que debe haber sentido en la caída libre, debe haberle pasado de noche (literal).

Tu nombre se desgaja de los labios

tu nombre/ se desaja de los labios/ seco/ y sin aire/ cae tu nombre solo/ con estruendo/ se desprende como roca/ y quiebra el suelo/ resbala muerto/ golpeado por el sol/ tu nombre lejano/ quieto//   -Julia Santibáñez

El no-lugar en el sí-tiempo

Ayer, a medio centro comercial, me vino a la mente el concepto no-lugar, del antropólogo Augé. Hace poco leí un artículo al respecto en Ñ, revista de cultura del periódico El Clarín. En efecto, los centros comerciales carecen de identidad, de historia y relaciones, igual que los supermercados: se trata de no-lugares en tanto son espacios efímeros, de tránsito, demasiado higiénicos para generar conexión emocional. Entonces se me ocurrió una «solución»: ¿y si a mitad del centro comercial me besas y así llenamos de sí-tiempo el no-lugar? Hasta podríamos volverlo un sí-lugar…

Porque las niñas lo merecen

Hoy se celebra el primer Día Internacional de la Niña, decretado por la ONU. Casi puedo oír las voces de detractores «a priori»: «¿Otro «Día de…»? ¿para qué? ¿y por qué ‘Día de la niña’ si ya existe el ‘del niño’?».  Aquí las razones por las que aplaudo la iniciativa:

1. Celebro el Día Internacional de la Niña porque millones de ellas merecen que se hable de la desigualdad en la que viven. Si bien la infancia en general es vulnerable en casos de guerra, desnutrición, explotación sexual y violencia doméstica, ellas son, por mucho, más vulnerables que sus contrapartes masculinas. Según la ONU, a nivel global ellas conforman 70% de los menores que no van a la escuela y son tres veces más propensas a sufrir desnutrición. Además, cada año dos millones de chicas entre 5 y 15 años son vendidas u obligadas a tener comercio sexual.

2. Celebro el Día Internacional de la Niña porque ellas deben saber que la violencia de género, la mutilación genital y la falta de oportunidades no son «naturales», que tienen las mismas capacidades y fuerza que los niños, que merecen crecer en igualdad de condiciones, en paz.

3. Celebro el Día Internacional de la Niña porque soy madre de una adolescente que a diario me maravilla con su luz y su inteligencia, porque quiero que siga creciendo convencida y convenciendo de que son estupideces lo de «calladita te ves más bonita» o «ese deporte/esa profesión es para varones», porque el mundo merece disfrutar el enorme potencial de chicas como ella.

Info: http://www.swc-cfc.gc.ca/dates/idg-jif/index-eng.html#tab4