Crónica del primer día en la selva

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Todas las fotos: Julia Santibáñez

Ejido Las Nubes. Reserva de los Montes Azules, corazón de la selva chiapaneca. 9 p.m. Es una noche de absoluta negritud sólo interrumpida por unas pocas estrellas (las nubes esconden el resto y la Luna está de asueto). Eso sí, varias luciérnagas quieren iluminar los pasos. El rugido del río Santo Domingo, distante unos 30 metros, domina el sonar de los grillos. Nada más se oye. Dicen los sabios locales que los grillos son estrellas remolonas que se lamentan por haber caído. Si es así, por aquí cerca hay una constelación en desgracia.

Traigo los ojos llenitos de verde, las piernas cansadas y el corazón, contento. Quien más me quiere y yo caminamos unas tres horas en la selva, entrando a alguna cueva, maravillándonos con formaciones rocosas, con el río enojado, las cascadas irrepetibles. A cambio de «una propina», Leonel fue nuestro guía autonombrado. Se desplazaba ágil entre raíces y piedras mientras nos hablaba de su cosecha de frijol atacada por una plaga, de algunas niñas que a los 13 años «ya les anda por casarse», de los problemas entre ejidatarios. Quien más de quiere, de piernas fuertes y dotado de una empatía inconsciente, iba pegado a Leonel, escuchando, platicando pero cuidándome cariñoso, ayudándome a pasar otra piedra con moho. Yo a veces me rezagaba a propósito, para abrazar algún árbol o fascinarme con otro estallido de verde.

Regresamos al campamento un rato antes de la imponente puesta del sol, apenas a tiempo para agradecer la jornada. Luego a descansar un poco, cenar y planear acostarnos temprano. Para llegar aquí a buena hora, hoy arrancamos al amanecer: estamos a seis horas de distancia de San Cristóbal de las Casas. Mañana nos adentraremos otras dos horas en la reserva, de modo que volveremos a levantarnos con el día. Antes de dormir, en palabras del subcomandante Marcos, «acostamos el cansancio y el amor… el hombre y la mujer gastándose en el cuerpo y creciendo en el corazón en un rincón de la madrugada. Silencio se estaba la noche».

(Por supuesto, en Las Nubes no había señal de celular ni de Internet, de modo que apenas subo al blog esto, escrito hace dos días).

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Cuarentona joven (con pleno derecho)

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Hoy celebro otro cumpleaños. Me gusta mucho per se y porque lo festejo sintiéndome muy querida. Hace días, en una reunión alguien preguntaba qué edad nos había costado más cumplir a los presentes, todos en la franja de 30 a 50. De hecho, hasta ahora no me ha pesado ninguna. Más bien al contrario: para sorpresa de mi hermano Fernando, quien desde los 30 se pone de mal humor en su cumpleaños, hasta ahora yo canto cada uno con gusto. Incluso llamo a amigos desmemoriados que casi nunca se acuerdan de la fecha: quiero que mi día esté completo con su abrazo. Nada más enigmático para mi hermano.

Alguien diría que mi desenfado obedece a inconsciencia o a un afán protagónico. Acepto ambos, pero añado: me siento joven aunque esté bien entrada en los 40 porque he pasado mil cosas pero tengo muchas ganas de vivir, de reinventarme, de aprender. Conozco el fracaso, la paz en medio de la lluvia, el dolor que desgarra y el amor que bendice, el temor, la maternidad en colores, la culpa, el placer en exceso, la muerte de gente querida, la carcajada. Como dice That’s life, una canción de mi entrañable Sinatra: «I’ve been a puppet, a pauper, a pirate/ A poet, a pawn and a king». He sido todo eso y sigo de pie. Cómo no celebrarlo.

Vocación de unos labios

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Hoy lo entendí. La genética más pura, el más hondo mandato, su gesto primigenio, el más desnudo rasgo de mis labios es besarte.

 

-Julia Santibáñez

Metáfora en un cañón

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Altísimas paredes de roca de hasta mil metros de altura y en el centro, el impresionante río Grijalva. Aunque son las 11 del día, muchas veces el sol queda oculto tras los muros rocosos. Así de aplastantes son. Zopilotes merodean por encima, puntos negros hinchándose de aire muy alto. De pronto, en medio de la pared de piedra, un oasis verdísimo: en mil y mil días una caída de agua ha hecho nacer musgo fresco. El paisaje es tan sobrecogedor que quisiera silencio, pero el rugido de la lancha que nos lleva no da tregua.

Más literal que nunca, no soy más que un suspiro minúsculo y, sin embargo (dicen los sabios ancestrales), también contengo el universo entero. Si miro hacia adentro creo que es verdad: tengo un lugar en las paredes del alma en el que a veces sobrevuelan zopilotes pero también verdea un musgo tierno.

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Mi encuentro con el celo sagrado

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Interior de la catedral de San Juan Chamula. Humo de copal en el aire, el eco de lenguas que no entiendo pero más arraigadas en este suelo que el español, la luz trémula de veladoras, ni una sola banca, curanderos practicando limpias, fe todo alrededor, en un sincretismo casi imposible. Hincados en el suelo, indígenas tzotziles con vestimentas tradicionales rinden tributo a santos que no parecen oírles. El clima resulta alucinante de tan mágico.

La prohibición de tomar fotos es bien clara. La acato con respeto, pero me parece que a nadie ofendo si tomo una del suelo cubierto de juncia (hojas de pino), a manera de decoración. Nuestro guía tztoztil, llamado Domingo, me ve y se enoja mucho, exige que la borre de inmediato. Pido disculpas y explico que sólo es el suelo, nada más, ninguna persona ni imagen. Vuelve a exigir que la borre. Lo hago. Quiere que le muestre que no tomé más. Obedezco. Dice que mi falta puede ameritar 10,000 pesos de multa y 72 horas de cárcel, que él personalmente me llevaría a encerrar. Bajo la mirada, murmuro perdones, espero que se aplaque. Por fin se calma, sigue la explicación del templo y el incidente termina en un apretón de manos y el compromiso de acatar sin matices los usos y costumbres. Por poco conozco la furia sagrada tzotzil, yo, turista sin gracia que entiendo poco lo sagrado.

EZLN, 19 años después

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1 de enero de 1994. Miles de indígenas zapatistas en Chiapas exigen por las armas visibilidad, ser parte de México. Lo merecen, son voces dignas, reivindican su derecho a ser oídos y tomados en cuenta, a que se les respete, se les regresen sus tierras… pero hasta hoy, 1 de enero de 2013, poco ha cambiado. Con todas mis fuerzas quiero que en mi país un día cercano sean realidad estas palabras:

«…un país no es grande si no es justo; una sociedad no es próspera si no es equitativa; un bien no es un bien si no disfrutan de él todos los ciudadanos».

-Rosario Castellanos, Oficio de tinieblas

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San Cristóbal de las Casas, buen augurio

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Pasar aquí el último día del año y primero del siguiente, en paz, abrazada a quien más me quiere y sintiéndome la mujer más afortunada del mundo… No puedo pedir más como augurio para 2013.

Bendita extranjería

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Otra vez pasó: una muy querida amiga nacida en otros lares me recuerda, desde sus ojos extrañados, la seducción de esta tierra.

Enamorada de México desde que llegó de Colombia, cuenta que estuvo el pasado 21 de diciembre en las pirámides de Teotihuacán, en un ritual de cierre de ciclo e inicio de uno nuevo. Se trató de una celebración de paz, de gratitud, de toma de conciencia, todo en un ambiente de profunda evocación y respeto por la sabiduría ancestral que late en cada piedra de ese centro ceremonial. Luego escribe: «Me aborda un desconcierto como extranjera y es que si los mexicanos se reconocieran más, se vieran más a sí mismos que a los demás, se vieran más en sus creencias y antepasados, en su amabilidad y entusiasmo, se darían cuenta que hoy son grandes, que las civilizaciones desaparecidas sólo los preceden, porque ningún otro país, como éste, tiene la posibilidad, como la tuvo esta vez, de sobrevivir el fin del mundo. ¡Gracias, México!».

Coincido en que eso nos hace falta a mí, a los míos: vernos más, reconocernos más. Amo este país. Me fascina su riqueza, sus muchas caras, su humor, sus colores y sabores, su gente de a pie. Lo he dicho y escrito incontables veces, procuro que mi hija se fascine con él como yo, pero sin duda no advierto un millón de maravillas por el desgaste de la cotidianidad, por la cercanía, por exceso de autocrítica nacional. Por eso, cuando alguien de fuera habla con tanta pasión me doy cuenta que la mirada ajena es mucho más entusiasta de nosotros, que aquellos de nosotros que nos sentimos entusiastas.

Aquí, el link a otro feliz extranjero, el poeta chileno Gonzalo Rojas, en un texto magistral también cantando las loas de México y diciendo que «no se ha descubierto todavía»:

http://www.jornada.unam.mx/2011/05/08/sem-gonzalo.html

Necesito pedir prestado más seguido los benditos lentes extranjeros.

Bob Marley: cuánta falta hace hoy

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2002, mi primer viaje a Jamaica: además de las frutas que me sorprenden (como el ackee y el guinep), de la belleza de su negritud, del orgullo local que todos expresan, el viaje queda marcado en mi memoria porque, en él, Marley pasa de ser una referencia musical a convertirse en un personaje riquísimo, cuasidivino a juzgar por las opiniones de los jamaiquinos a quienes pregunto por él.

La memorabilia del cantante-músico-vocero por la paz invade las playas y el mercado (camisetas, shorts, llaveros, hasta tenis con su imagen), además de permear los corazones de la gente. El taxista me dice, sonriendo con tres dientes, que cómo no lo van a amar si llevó el nombre de Jamaica al mundo, si ayudó a pacificar esta tierra, les dio orgullo de ser rastafaris, fue fiel seguidor del profeta rasta Haile Selassi. Empiezo a interesarme más y más por él. Una noche, en la calle un grupo de negros canta, toca y baila One love con ese ritmo hipnótico que ningún blanco podrá jamás emular. La letra de hermandad se me mete por los poros, me humedece los ojos. Por supuesto, no me sustraigo a la fascinación del hijo más famoso de esta geografía: regreso con discos, un libro sobre patwa (lengua criolla de Jamaica), alguna camiseta y las ganas de saber más de él.

Esto viene a cuento porque fui a ver el reciente documental sobre su vida y quedé, si cabe, más fascinada por su tipo. Incluye fotos, fragmentos de conciertos y entrevistas con él, con los músicos de The Wailers, sus hijos, su esposa y una de sus novias, familiares, las coristas, el mánager, hasta la enfermera que lo cuidó al final. Además de su trayectoria personal, la cinta permite conocer el peso que tuvo Marley en la paz en Jamaica, en la independencia de Zimbabwe, en la causa de los derechos humanos. Tanto, que la visión resulta algo sesgada: aparece como un superhombre, bueno hasta la médula, sencillo a más no poder, noble, más interesado en ayudar a los demás que en cuidar su propia vida… nada que cuestionarle. Lo único que parece ensombrecerlo un poco es la escasa atención que dio a sus hijos.

Me encantaría que siguiera entre nosotros, enarbolando verdaderas banderas por la paz como ésta de su canción War:

Until the philosophy which holds one race
Superior and another inferior
Is finally and permanently discredited and abandoned
Everywhere is war, me say war

That until there are no longer first class
And second class citizens of any nation
Until the colour of a man’s skin
Is of no more significance than the colour of his eyes
Me say war […]

And until that day, the African continent
Will not know peace, we Africans will fight
We find it necessary and we know we shall win
As we are confident in the victory
Of good over evil, good over evil, good over evil
Good over evil, good over evil, good over evil

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«Todas las noches nos salvamos de la muerte»

En algunos días saldré de viaje de amor a Chiapas, tierra mágica a la cual no he vuelto en muchos años. Como un buen augurio, recibiré ahí el año nuevo. Para viajar antes de viajar me empapo de dos de sus hijos predilectos: leo por vez primera Oficio de tinieblas, impactante novela de Rosario Castellanos, y repaso poesía de Jaime Sabines.

Aquí, un video de su propia voz leyendo un fragmento de Adán y Eva, con palabras tan desarmantes como estas: «Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande de algún modo. Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día. Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca».

Mi gurú particular para el año

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Creyente en las palabras, creo que algunas son cimientos sobre los cuales se construyen los días, que dan una forma específica a la arquitectura del ciclo llamado año. Aquí las de Matthieu Ricard, que hasta hoy fueron la base sobre la que traté de edificar las experiencias vividas: «Ser feliz es una habilidad. Tener equilibrio emocional es una habilidad. Ser compasivo y altruista es una habilidad. Cada una de ellas puede ser practicada y desarrollada a plenitud». No se trata de pedir que todo sea perfecto en mi camino, sino de aprender a desarrollar balance emocional a pesar de lo que suceda alrededor, bueno o malo (vaya reto, ojalá para 2020 lo logre).

Desde hace un par de años Ricard es mi gurú particular. Investigador francés convertido en monje budista, autor y fotógrafo, «aterriza» para mentes occidentales los enormes principios del budismo. En defensa de la felicidad (Urano) es mi libro de cabecera: una y otra vez regreso a él porque no deja de contribuir a mi paz, a mi búsqueda interior. Así, desde hoy nombro solemnemente a Ricard, con sus palabras profundas y ecos de montaña sagrada, mi consejero espiritual para el año venidero (él recibe, emocionado, el cargo). Sea.

Comentarios a personajes del año

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El País Semanal recién publicó su edición de Los 100 protagonistas del mundo iberoamericano en 2012. Muchos nombres me son desconocidos y quiero saber más de esa gente extraordinaria. Va un botón:

1. Vanda Pignato, abogada, primera dama de El Salvador y promotora de Ciudad Mujer, iniciativa de centros de atención para mujeres en salud sexual y reproductiva, atención a violencia de género, autonomía económica (vaya, una primera dama que se niega a ser decorativa);

2. Joaquim Barbosa, juez brasileño que no tembló al poner en el banquillo de los acusados a miembros del partido de su mentor, Lula da Silva. Negro e hijo de un albañil y una mujer de limpieza, ha sido nombrado presidente del Tribunal Supremo (es decir, la justicia tiene esperanza);

3. Jon Sistiaga, periodista español que cubre desde minas antipersonales en Afganistán hasta el viacrucis de los migrantes en México y el inframundo argentino (o sea, como telón de fondo, la pasión por comunicar la experiencia humana);

4. Susana Trimarco, madre argentina que perdió una hija a manos de traficantes de mujeres, impulsora de la mayor iniciativa en contra de la trata en su país,  logró que se sancionara una ley al respecto (es decir, otra civil que pone en la agenda un tema que incomoda a los políticos).

Entre los mexicanos incluidos en la lista, comento algunos:

Enrique Peña Nieto, presidente: coincido con Krauze, autor de la ficha, en que esperamos decida ser el líder que el país necesita para resolver «los problemas que nos angustian: pobreza, falta de crecimiento, violencia» (añadiría: educación). Sigue: «No sé si será ese líder. Sólo sé que no tiene mucho tiempo para probarlo». +1000

Mercedes de Vega, directora del Archivo Histórico Diplomático: encontró las cartas que miles de republicanos españoles enviaron durante la Guerra Civil a embajadas mexicanas pidiendo asilo. Qué gusto que abra las puertas a ese momento del mejor México.

Camilo Lara, director del proyecto musical Instituto Mexicano del Sonido: merece estar ahí por muchas cosas y por su enorme disco Político. Letras críticas como ésta son fundamentales: «Todos somos víctimas de un Estado confiscado/ Un gobierno involucrado en las ganancias del narco/ Es una nación podrida con la población herida».

Julián Herbert, escritor: me gusta mucho como poeta (El nombre de esta casa) y su premiada novela Canción de tumba está entre mis pendientes inmediatos de lectura, pero desde ya aplaudo a un autor que fluye a contracorriente de grupos y padrinazgos. Ojalá su ejemplo cunda.

Marcela Turati, periodista: su iniciativa radica no sólo en dar noticias sino «en abrir ventanas de esperanza. Si no, las noticias sólo provocan horror e inmovilidad». No la conozco pero anoto su nombre en mi memoria y sigo su iniciativa porque a mi país le urge esa visión.

El privilegio de tener una tribu

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Cena de navidad. Abrazos múltiples por cualquier excusa, bromas, recuerdos, cariños, un año más juntos. Sobre todo, la conciencia del absoluto privilegio que significa tener en una misma mesa a mi hija, mi madre y mi hermana (hermosas mujeres centrales de mi vida), la presencia casi tangible de mi padre que se fue hace 28 años, mi hermano entrañable, mis cuñados que hace años son también mis hermanos, mis tres sobrinos venidos de lejos, mis sobrinas siempre vitales, mis primas que este año nos acompañan y me da gusto, amigos queridos.

No siempre ha sido el mismo cuadro idílico. Esta familia, como todas, ha pasado algunos malos momentos y otros peores. Enojos, muertes, dolores, peleas, sillas vacías, pero de alguna forma los que estamos aquí hemos decidido permanecer como una sola tribu. Al mirarlos confirmo que sí: aquí pertenezco y doy gracias de corazón.

Consejo de último minuto

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«Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena».

-Facundo Cabral

(Prometo que lo seguiré al pie de la letra)

Venganza contra la publicidad navideña

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Me tiene harta: por todos lados y en todas las plataformas me dice que tengo comprar tal producto para ser feliz, que si amo a mi gente le regale x, que no puedo dejar de celebrar con esta novedad. No: soy feliz y punto, amo a mi gente y punto, celebro y punto. En venganza, aquí retomo algunas de esas frases que me parecen buenas ideas para estas fechas, aunque las desligo de los productos que «necesito». Ahí van esos anuncios sin el anuncio, es decir, como genéricos. Esto sí es lo que quiero regalarme y regalar a mi gente querida:

«Enamórate todos los días»

«Escoge lo que ves, lo que escuchas, pasa de ser un simple pasajero a ser el dueño de tu propio espacio»

«Haz sonreír al planeta. Únete a una campaña de reforestación»

«Esta Navidad es tiempo de creer en el futuro»

«Ve adelante»

 

Las paredes como lienzo de todos

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Lo había olvidado. Comprado en Buenos Aires hace unos meses, lo puse en el librero con los demás pendientes de lectura, no me volví a acordar de él. Anoche lo hojeé y a cada página creció mi gusto: 1000 stencil (La marca editora) es una pequeña maravilla encuadernada.

En Buenos Aires, las paredes son usadas como lienzo a través de esa técnica particular. Miles se burlan, cuestionan el poder, se autocritican, juegan, reflexionan sobre la argentinidad, hacen guiños, dejan su sello personal en el espacio público. Según menciona el propio prólogo, los stenciles funcionan «como una imprenta personal y portátil». Este libro de Guido Indij (ahora me entero que segunda parte del juguetón título Hasta la victoria, stencil!) compendia mil imágenes de todo tipo, desde demandas de justicia por la tragedia en la discoteca Cromañón, pasando por la muy evocativa frase «Nunca más» hasta experimentos lúdicos con logotipos de marcas como Converse, All Star, que en un anagrama inteligente se convierte en Conserve all arts.

Por otro lado narra brevemente algunas experiencias colectivas, tanto en Argentina como incluso en México, de «apropiamiento» de paredes. Y mencionando México, hasta donde sé aquí el stencil no ha cobrado mayor fuerza: la pinta y el graffitti siguen predominando en la expresión urbana. Me apetece ahondar en las diferencias entre una y otra y en las razones de su preeminencia en cada cultura. Mientras escribo esto encuentro en internet la referencia de este otro libro: Giovanni Tronconi, México: Stencil: Propa, Ediciones SM. A buscarlo, pues.

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Inconveniencias del amor

 

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El amor no goza de buena prensa en estos días. Cada vez más personas están sin pareja o deseando estar sin ella, como el colega que confesaba: «Si no fuera por mis hijas, hace muchos años me habría divorciado». Hoy mismo escucho decir a una amiga que tras algunos desengaños ya no piensa volver a enamorarse, que sale demasiado caro a nivel emocional, que prefiere volcar los afectos en su perro. Luego casi trata de convencerme de la inconveniencia del amor, de sus muchos asegunes.

Por supuesto que lo sé. Tras un divorcio y varias buenas relaciones conozco esos inconvenientes: navegar a solas otorga más libertad de tiempo y sexual, no implica negociación con el otro, evita lidiar con familias políticas, permite exorcizar el temor a un rompimiento. Sin embargo, creo en los abrazos que iluminan días. Le veo más ventajas a estar enamorada que a no estarlo, encuentro más poderoso el sexo que revuelve almas que el que se queda en la superficie. En suma: prefiero los inconvenientes del amor que los de la falta del mismo. Así que aunque parezca un poco a contracorriente tomo como si fueran míos los versos de Ricardo Yáñez:

«No lo que digo,

lo que dice mi cuerpo

si estoy contigo».

 

Ensanchar la vida

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«La lectura y la escritura nos permiten ensanchar la vida, ya que alargarla no podemos».  -Juan Eslava Galán

Sin duda alguna, los libros y las plumas ensanchan la vida, lo sé bien. En esta última semana del año me dedicaré a ver cada día qué otras cosas tienen el mismo efecto. De ayer y hoy sé algunas, aquí están:

  1. besar a mi pareja
  2. ver dormir a mi hija
  3. comer flan de coco
  4. oír un concierto de piano de Mozart
  5. salir de vacaciones

Mandamientos de la mujer (creados por ella)

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Las marcas de lencería han sido acusadas de objetualizar al género femenino, de convertirlo en juguete para satisfacer el deseo masculino. Aunque en muchos casos me parece que es así, mi postura al respecto será objeto de otro post. Este comentario más bien trata de una campaña de marketing lanzada por una marca mexicana de lencería (Vicky Form), que en sus anuncios había caído en la degradación femenina. Sin embargo, el año pasado contrataron a la inteligente agencia Vago Despierta, que creó una excelente campaña de contenido social: convocaba a las mujeres a opinar sobre cuáles deben ser las nuevas formas de relación entre géneros. Content Marketing puro. Storytelling en pleno.

En un país con altos índices de violencia doméstica, los creativos tocaron un tema sensible: más de 25,000 participaciones espontáneas y un top of mind avalan Mandamientos de la mujer. Supongo que también se habrá reflejado en mayores ventas, pero lo ignoro. Lo que me interesa destacar es que, en marketing, la creatividad ligada al contenido social no tiene por qué resultar aburrida ni gris. En otras palabras, el Content Marketing dota de sentido e historias lo que de otro modo sería un anuncio que la gente pasaría de largo.

La campaña cuestiona los valores aprendidos y subraya 10 puntos imprescindibles de los derechos de género. Aquí algunos de los «mandamientos» finales, que suscribo al 100% y me parece importante difundir:

1. Mi libertad no se termina cuando me uno a alguien.

2. Como mamá, no educo ni machos ni sumisas.

4. No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra.

6. Nadie, ni siquiera mi pareja, tocará mi cuerpo si yo no quiero.

7. Trabajaré para no depender económicamente de alguien.

Pero tengo dos críticas: 1) si bien la idea de los visuales era mostrar mujeres «normales», el tratamiento de las fotos resulta demasiado crudo, lo que resta identificación con el público objetivo; 2) el término «mandamiento» remite a imposición, a autoridad. Entiendo que se trata de un juego de palabras pero me parece desafortunado llamar así una campaña tan propositiva. ¿Por qué no algo tipo Certezas de la nueva mujer?

http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2011/07/04/publicidad-tradicional-agotada

Genial apología del alcohol

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Por azar tropiezo en el librero con el muy breve volumen de La leyenda del Santo Bebedor, de Joseph Roth (Anagrama). Lo leí en julio de 1996 según consta en mi anotación de la primera página. Ahora lo releo en una sentada, me gusta, pero en esta ocasión me llama más la atención el prólogo del traductor Carlos Barral. En él hace una magistral apología del alcohol. Aquí un fragmento:

«[…] no me he acostumbrado a tolerar a los abstemios dogmáticos, a esas gentes que, no se sabe por qué, se alegran de que uno no beba e ignoran que la embriaguez alcohólica, controlada hasta donde sea posible, es un método de conocimiento cultural y de interpretación del mundo en general, absolutamente imprescindible […] Ignoran la gloria de los paraísos artificiales, el aliento a la imaginación creativa, la mitigación de las timideces y la burbuja de cordialidad y de solidaridad con la que el alcohol envuelve a los que lo aprecian».

Por desgracia no soy una gran bebedora (aguanto poco y no practico con frecuencia), pero suscribo lo señalado por Barral. En estas fechas de disipación valga la cita para justificar algún exceso etílico…

Conectar con otros

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Increíble: recibo un mensaje directo en Facebook de una mujer que no conozco pero que, dice, sigue «extrañando la revista Psychologies y tus cartas editoriales que me hacían reflexionar sobre algún tema sensible». A dos años del cierre de la revista su comentario me sorprende y lo agradezco en el alma. Como homenaje a esas cartas editoriales que eran mi diván personal reproduzco una de ellas, de julio de 2009, y que llevaba por título Conectar con otros:

«Estoy sentada en mi butaca, conmovida. La obra de teatro Un tranvía llamado deseo está por acabar. El personaje de Blanche Dubois, interpretado por la magnífica Diana Bracho, se desmorona frente a los espectadores. Ante lo cruel de la realidad que enfrenta, Blanche se refugia en su imaginación y así busca conservar su dignidad. Noto que me tiembla el labio inferior. El final es emotivo y cuando las luces se apagan rompo a llorar como magdalena. Quisiera encontrar a la verdadera Blanche, abrazarla, consolarla.

En los aplausos y hasta cuando me subo al auto sigo llorando. Es más, al llegar a mi casa aún moqueo. ¿Por qué? Más allá del personaje, la obra me hizo ponerme en el lugar de otra persona, real o no, cuyas emociones me cimbraron. Esto ocurrió hace muchos años (en 1996, para ser exacta) pero me acuerdo del volcán interno que me despertó. Creo que entendí lo que dijo hace siglos el autor romano Terencio: ‘Soy humano y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno’.

El sufrimiento, la alegría, el enojo, la esperanza, los celos, la ternura… todo eso lo he sentido. Aunque cada uno escribe su historia y define ante qué circunstancias reacciona con una determinada emoción, cuando alguien dice ‘me duele la ausencia de mi madre’ o ‘estoy feliz de hacer ese viaje’ puedo conectarme con su experiencia. Si bien no sé exactamente cómo la vive, he pasado por algo similar.

En el fondo, las emociones nos hacen humanos y pintan de colores cada día. Además, nos permiten ser empáticos, entender a los demás, compartir mundos con ellos. Por eso, procuro asumir que en la vida toca alternar entre la espectadora que abraza con el corazón a quien llora y el personaje que muchas veces necesita un abrazo».

Como dijo el filósofo José José…

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Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa) decía que «las cartas de amor, si hay amor/ deben ser ridículas». La enorme cita viene a cuento porque hoy tengo ganas de ponerme ridícula, o sea, de ser abiertamente romántica, cursi. Puede ser que esa vena me haya saltado de manera incontrolada porque ayer fue una fecha simbólica para mi pareja y para mí, o tal vez tenga que ver con que amo y me siento amada, o quizá con que recibí en mi casa este hermoso arreglo de tulipanes. Pero como el gran filósofo José José lo cantó mejor de lo que yo puedo decirlo, voy por la vida repitiendo esto suyo:

«Pido un aplauso para el amor

que a mí ha llegado.

Mil gracias por tanto y tanto amor».

Historias que pueden convertirse en cuentos

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Es lo bueno de tener amigos interesantes: cuentan historias que podrían derivar en cuentos fabulosos. Uno de ellos me platica que hace años administró algún bar de moda en la Ciudad de México. Una noche, una chica delgada y muy guapa estaba siendo acosada por el hijo de un político. Borracho y protegido por sus escoltas la seguía, le invitaba una copa, le insistía que estaba «preciosa» y otros piropos (??) impublicables. Ella sólo lo ignoraba. Por fin la chica decidió irse del lugar y detrás fue el aprendiz de político (con respectivos guardaespaldas). La muchacha se subió a su auto pero él quiso detenerla. Tranquila, abrió su minibolsa con lentejuelas, sacó una pistola y la puso en el cuello del impertinente. «Ya me voy. Me vas a dejar en paz, ¿ok, cabrón?». Los escoltas y el galán, pálidos, sólo pudieron ver cómo la chica se alejaba por la noche. ¿Quién era ella? ¿Por qué se tardó en reaccionar? ¿Qué pensó el conquistador fallido? ¿Y los guaruras? ¿Se reencontraron alguna vez? Estas son algunas preguntas que podrían desdoblarse en una narración.

También en estos días, otro amigo me cuenta que su abuelo era un honorable padre de familia (español republicano), que llevaba 20 años de casado: su hijo mayor rozaba las dos décadas. Su esposa le insistía una y otra vez que «seguro» tenía otra familia, cosa que él negaba. Un día estaban discutiendo y la esposa repitió la misma acusación. Entonces el tipo se le plantó de frente para decir: «Pues sí, tienes razón: hace 20 años tengo otra mujer y con ella tengo hijos de la edad de los nuestros. Viven a dos calles de aquí». La cornuda respondió: «Toma tus cosas, lárgate. No te quiero volver a ver en mi vida». Lo cumplió a pesar de que en esos años significaba cargar con un pesado estigma, además de tener que resolver la manutención de sus varios hijos. ¿Cuál es la historia desde la perspectiva de la amante? ¿Por qué después de 20 años el esposo confesó? ¿Cómo era posible que no se conocieran si vivían a dos cuadras?

Ahí están, que las use quien quiera. No cobro derechos de autor porque no son mías: sólo pido que si alguien escribe algo al respecto, me lo comparta. Curiosidad malsana, le llaman.

Ganar en la cancha (y en sensatez)

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Dania, mi hija, y su equipo ganaron hoy, por tercer año consecutivo, el campeonato de futbol intercolegial. El marcador fue 3-1 y no quiero presumir pero Dania anotó los tres goles (ok, sí quiero presumir). El partido se jugó en el estadio del Cruz Azul, igual que la final pasada, mientras la de 2010 fue en el Estadio Azteca: eso significa que a sus 15 años ha jugado ya tres veces en pastos profesionales. Y aunque desbordo orgullo por mi goleadora, confieso que lo que más me gusta de ella es el juego limpio y su buena actitud con sus compañeras de equipo y su entrenador, que la adoran. Sé que suena a lugar común pero cuántas cosas aprendo de ella, qué enorme privilegio es verla crecer. Me parece que además de ir ganando en la cancha va ganando en sensatez y carácter, lo que es mucho más importante.

¿Quién es el verdadero asesino?

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En el fondo no es el muchacho que disparó esta arma en una escuela ni los muchos que han accionado diversas en el pasado, segando cientos de vidas inocentes: quien realmente asesina es quien se opone a la legislación contra las armas. Ojalá Obama realmente se comprometa y una vez que se sequen lágrimas y se olviden discursos ponga en la palestra la discusión para penalizar el libre comercio en ese país. Pero (eso sí) a los niños que hoy murieron nadie les regresa el aliento, carajo.