Hoy en día se multiplican los acomodaticios, los que cargan un rosario de caras distintas, los de conveniencia, pero escasea quien va de frente con mirada limpia y risa clara, de palabras sólidas como un tren. La gente congruente está en peligro de extinción, por eso es de festejar cuando uno de esos especímenes da muestras de vigor. Una de mis íntimas felicidades radica en que conozco a uno de ellos. Y es mi amiga.
Desde hace años la tengo cerca, la he visto con múltiples ropas. Nos hemos abrazado muchas veces ante problemas de salud de nuestras hijas (las suyas, tres perritas que le llenan los ojos y el alma; la mía, una adolescente que es mi motor cotidiano). Hemos compartido angustias, alegrías, rompimientos de pareja y deslumbramiento por nuevos amores, cambios de casa, el dolor mudo por la muerte de sus padres, pláticas interminables de la vida y de nada, retos laborales, reacomodos emocionales de vario pelaje. Sus amigos se han vuelto mis amigos y su pareja pertenece al círculo íntimo de mis cariños. En ese largo transitar la he visto siempre de una pieza, leal a su esencia, constante en la honestidad, congruente, pues. Ahora me toca celebrar un gesto más en esa dirección: contra viento y marea toma una decisión arriesgada y se lanza al vacío, renuncia a un puesto laboral que es la envidia de cientos porque implica mucho poder, es de ingreso desahogado. ¿Por qué lo hace? Porque valora más su vida, su independencia. Es un paso incómodo pero alineado con lo que cree y quiere para sí. Por eso tenerla cerca es siempre aleccionador.
Dicen que la gente importante en la vida de uno lo fue también en sus vidas pasadas, que nadie aparece en nuestro camino por azar. No sé qué rol habrá jugado ella en mis anteriores vueltas al sol, pero algo tengo seguro: también entonces la admiré. Cómo no, si es tan única como el león blanco de la foto.
Es fantástica la riqueza de las lenguas locales, sobre todo creyendo, como creo totalmente, en un principio básico de la lingüística moderna: ninguna lengua (por más que haya sido la del «imperio conquistador») es «mejor» que la desarrollada en las colonias. Es decir, todas son igualmente válidas, ninguna es deformación de la primera.
Las diferencias de vocabulario entre nuestros países dan lugar a equívocos como:
Boliche
en México significa: juego de bolos y lugar donde se juega
en Argentina significa: bar, discoteca
Chiche
en Argentina significa: juguete
en México significa: pecho femenino (también se pronuncia «chichi», palabra que a la vez en Argentina significa vagina)
Correrse
en Argentina significa: desplazarse
en España significa: tener un orgasmo
Ligar
en México y España significa: establecer un encuentro amoroso
en Argentina significa: recibir una paliza
Aquí el link tanto al Diccionario argentino-español para españoles (sí, existe) como a un breve glosario mexicano-argentino, no tan bien logrado como el primero pero igualmente interesante. Ambos son de consulta gratuita:
Está en marcha la exhumación de los restos del poeta chileno Pablo Neruda, muerto en 1973. Se busca determinar si murió a causa del cáncer de próstata o si, como señala su chofer, fue a consecuencia de una inyección letal aplicada por los militares que días antes habían dado el golpe de Estado en el que murió el presidente, Salvador Allende.
Es probable que nunca sepamos la verdad… o sintamos que no la sabemos. En efecto, quizá su salud no resistió tanto el cáncer como el quebranto emocional que le significó el golpe militar, la desaparición de su amigo Allende, la persecución a sus amigos escritores y el allanamiento de su propia casa. Por otro lado, era conocida su amplia trayectoria comunista y su eterna «confianza en el hombre» (como él mismo dijo en Suecia), expresada desde su apoyo a los republicanos españoles hasta su celebración del triunfo revolucionario en Cuba. Además, su cercanía a Allende y su participación en el gobierno como embajador en París hacen factible pensar que los golpistas hubieran terminado con una voz crítica y tan acreditada como la suya (dos años antes recibió el Nobel de Literatura). Jorge Edwards, escritor y amigo suyo, cuenta la respuesta que Neruda dio a los militares que buscaban armas en su casa mientras él estaba débil, en cama. Se dirigió al oficial y le dijo: «Busque, nomás, capitán. Aquí hay una sola cosa peligrosa para ustedes». «¿Qué cosa?», le preguntó. «¡La poesía!».
Cómo no van a resultar combustibles versos como estos del poema «Los enemigos», incluido en el Canto general (volumen presentado en México en 1950). Con ellos vale la pena recordarlo estos días:
«[…] Por esos muertos, nuestros muertos,
pido castigo.//
Para los que de sangre salpicaron la patria,
pido castigo.//
Para el verdugo que mandó esta muerte,
pido castigo.//
Para el traidor que ascendió sobre el crimen,
pido castigo.//
Para el que dio la orden de agonía,
pido castigo.//
Para los que defendieron este crimen,
pido castigo.//
No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.//
Pido castigo.//
No los quiero de embajadores,/
tampoco en su casa tranquilos,/
los quiero ver aquí juzgados/
en esta plaza, en este sitio.//
Este es todo mi alimento de hoy, de ayer, de mañana y pasado. Y no, no enloquecí: estoy practicando el ayuno Master Cleanse, cuyo objetivo es la desintoxicación del cuerpo, algo así como un «baño interno».
El principio detrás de esto es: si uno se baña a diario para quitarse el sudor, el polvo y la grasa del día, ¿por qué supone que por dentro no necesita barrer las impurezas acumuladas? Me parece de lógica elemental, sobre todo si pienso en la cantidad de productos químicos, toxinas, colorantes, saborizantes y conservadores que a diario consumo, sin querer o a sabiendas. De manera que el ayuno es una manera natural (y sí, también radical) de limpieza interna, que igual provee los nutrientes necesarios.
Existen variantes de este ayuno probado desde 1940 por miles, pero ésta es la forma que yo practico: consiste en no comer alimentos sólidos por 10 días. Primero son tres días de preparación, en los que el cuerpo se va habituando; después cuatro días de ayuno propiamente dicho y luego tres de salida, en los que poco a poco se regresa al alimento sólido, según este esquema:
Día 1: frutas y verduras crudas en cantidad libre
Día 2: sopas y jugos de frutas y verduras crudas en cantidad libre
Día 3: jugo de naranja en cantidad libre
Días 4 a 7: limonada en cantidad libre, preparada con jugo de limones frescos (limpia mientras aporta vitaminas y minerales), miel de maple pura grado 2 (provee minerales y vitaminas) y pimentón paprika (da calorías al cuerpo)
Día 8: jugo de naranja en cantidad libre
Día 9: sopas y jugos de frutas y verduras crudas en cantidad libre
Día 10: frutas y verduras crudas en cantidad libre
Pues hoy estoy justo a la mitad y voy muy bien, me siento excelentemente, de buen humor, fuerte. Tres cosas me sorprenden mucho:
1) realmente no paso hambre, pero de pronto siento ansiedad de comer, de masticar. Es increíble cómo, igual que en la yoga, mi mente resulta más débil que mi cuerpo;
2) contra lo que se podría esperar, no siento debilidad ni mareo. Incluso he hecho clases pesadísimas de Bikram Yoga, a 42 grados de temperatura, sin ningún malestar;
3) no entraré en detalles escatológicos, pero es el quinto día sin probar nada sólido y mis idas al baño no disminuyen, lo que confirma que estoy desechando basura acumulada.
En cinco días más estaré en la otra orilla y les contaré cómo me fue.
PD Si a alguien le interesa probar el Master Cleanse por favor primero lea, infórmese de las cantidades adecuadas y de la importancia de hacer los días de preparación y salida: el ayuno es fantástico pero no es un juego, tomarlo a la ligera puede ser peligroso. Aquí el link: http://themastercleanse.org/
Quien piensa en mí me envía el texto de esta declaración de amor, que a mí me suena la más linda que he oído jamás:
Vamos a vivir, amiga mía,
que esta noche la ciudad está tan fría.
Vamos a vivir, se va la vida,
ya no me importa,
aunque digan lo que digan.
Quiero que sientas
las cosas que yo siento,
que tengo el vicio
de respirar tu aliento,
del calor de tus manos,
de tu voz el concierto
y el perfume de amor
que sale de tu piel
y está en mi cuerpo
-Cacho Castaña
(por favor no vean el video, es malísimo: la idea de postearlo es sólo por la música!)
Hace un par de meses subí el post: «Escritores suicidas: palabras póstumas» (para leerlo da click aquí: http://wp.me/p1POGd-yh). Aquí van otros nombres/casos de autores que no sólo se quitaron la vida sino dejaron algo escrito sobre el tema. Es decir, sigo con mi curiosidad morbosa por quienes no sólo se asomaron al abismo por voluntad sino nos permiten asomarnos a esos últimos momentos.
MANUEL ACUÑA: el poeta mexicano fue un enamorado inconsolable de Rosario de la Peña (quien tenía sobrados encantos para los escritores, porque también Manuel M. Flores y José Martí bebieron los vientos por ella). Es suyo el largo poema «Nocturno a Rosario», en el que canta su amor imposible y termina diciendo: «¡Adiós por la vez última,/ amor de mis amores,/ la luz de mis tinieblas,/ la esencia de mis flores,/ mi lira de poeta,/ mi juventud, adiós!».
Sus últimos momentos fueron descritos por Juan de Dios Peza, su amigo cercano y quien lo encontró aún tibio pero ya sin vida: «Abandonamos la Alameda a la hora del crepúsculo, lo dejé en la puerta de una casa de la calle de Santa Isabel y me dijo al despedirnos:
—Mañana a la una en punto te espero sin falta.
—¿En punto?—le pregunté.
—Si tardas un minuto más…
—¿Qué sucederá?
—Que me iré sin verte.
—¿Te irás adónde?
—Estoy de viaje… sí… de viaje… lo sabrás después».
Al llegar Peza unos minutos tarde, lo encontró tendido tras beber veneno junto a esta nota póstuma: «Lo de menos será entrar en detalles sobre la causa de mi muerte, pero no creo que le importe a ninguno; basta con saber que nadie más que yo mismo es el culpable. Diciembre 6 de 1873. Manuel Acuña». Tenía 24 años.
GÉRARD DE NERVAL: quien habría de tener una influencia decisiva sobre Baudelaire, Mallarmé, el movimiento simbolista y hasta el surrealista sufrió fuertes problemas mentales en sus últimos años. Excéntrico hasta el punto de tener una langosta por mascota (con la cual salía de paseo), estuvo internado en varias ocasiones. En algunos de sus versos más famosos, uno de ellos reproducido por T. S. Eliot, el poeta francés se llama a sí mismo «el tenebroso, el viudo, el inconsolado,/ el príncipe de Aquitania cuya torre está en ruinas […] que arrastra el sol negro de la melancolía». Pobre y solo, en 1855 se colgó con su cinturón. Dos días antes había dejado esta nota a su tía, en cuya casa estaba viviendo: «No me esperes esta tarde, la noche será blanca y negra».
MARINA TSVETÁIEVA: nacida en Moscú y casada con un militar, sufrió tantola revolución rusa de 1917 como la posterior hambruna. Tratando de salvar a sus hijas de la inanición las envió a un orfanato, donde una de ellas murió de hambre. Vivió en el exilio muchos años y escandalizó a la época por sus relaciones extramaritales, tanto con hombres como con mujeres. Tras regresar a la Unión Soviética, pobre y abandonada por sus amigos, enfrentó acusaciones de espionaje contra su esposo y su hija. El marido fue ejecutado mientras la hija cayó en prisión. Ella y su otro hijo huyeron, pero le fue imposible encontrar trabajo. Una tarde de 1941 se ahorcó, dejando esta nota para su hijo: «Perdóname, pero continuar hubiera sido peor. Estoy muy enferma, ya no soy yo. Te amo profundamente. Entiende que ya no podía seguir viviendo. Si los ves, dile a Papá y a Alya que los amé hasta el último minuto y explícales que me encontraba en una trampa».
ALDOUS HUXLEY: autor de Un mundo feliz y declarado defensor de las drogas sicodélicas, fue congruente hasta el final. Aquejado por el cáncer desde tres años atrás, el 22 de noviembre de 1963 (mismo día del asesinato de Kennedy) se hallaba en cama e incapaz de hablar. Escribió una nota a su esposa pidiéndole que le inyectara LSD de forma intramuscular, para acabar con su vida. En un genuino acto de amor, Laura Archer Huxley le aplicó la droga y después le dio una segunda dosis. Luego lo acompañó a lo largo de varias horas hasta que el escritor se apagó «como una pieza de música que se vuelve inaudible», según ella misma narra en un video (abajo, el link al mismo). Si bien Huxley no dejó nota póstuma, en Un mundo feliz habla del soma, fármaco que ofrece «todas las ventajas del cristianismo y el alcohol, pero ninguno de sus defectos». De algún modo, él decidió el día y la hora de entrar en su paraíso particular.
Creo que lo he contado antes: por placer pero también por disciplina mental, a veces me da por buscar nuevos autores, artistas plásticos, fotógrafos, músicos. Es decir, no regreso a los ya conocidos sino navego caóticamente en Internet hasta encontrar algo que me haga click, que ingrese en automático al cajón de «favoritos». En general me viene muy bien cuando estoy cansada, estresada, de malas. Me resulta una forma accesible de entrar en otro estado de ánimo, estirar mi capacidad de asombro con las miles de opciones fantásticas de cuya existencia no tengo ni idea.
Anoche me puse a navegar y llegué a esta página, del francés Sylvain Lagarde, quien define la fotografía como «el arte de pensar con el ojo bien abierto». Tanto su trabajo como esa frase son una joya para compartir. Abajo, el link a su sitio y su fotoblog.
Nada nuevo: hombres y mujeres usamos la lengua de diferente forma, porque abordamos el mundo de modo distinto. Lo interesante es que esto también se nota en el microespacio de los 140 caracteres de un tuit. Investigadores de la Universidad de Stanford y el Instituto de Tecnología de Georgia analizaron los mensajes de Twitter de 14 mil usuarios, para determinar si la forma de utilizar las palabras es indicativa de su sexo. Un resumen de sus conclusiones:
Ellas
tuitean más sobre sus emociones y emplean en mayor cantidad expresiones relativas a felicidad, enojo, celos, enfermedad, orgullo y miedo, por ejemplo.
utilizan más emoticones para expresar sus estados de ánimo.
alargan las palabras para expresar sorpresa o alegría («¡siiiiiii!» en vez de «sí»).
acuden con mayor frecuencia a signos de exclamación e interrogación para enfatizar lo que dicen.
Ellos
emplean másgroserías.
incluyen más números en sus tuits, en general relacionados con resultados deportivos.
son más dados a dar información directa, datos duros.
Es decir, el género nos marca incluso en 140 caracteres, nos guste o no.
Navegando por la red en busca de ilustradores para un proyecto editorial tropiezo con este trabajo de Leticia Barradas. Me cae bien por la maestría con la que maneja el lápiz/la tinta y me cae mejor por esta imagen del absurdo ex presidente mexicano Vicente Fox. Lo presenta ridículo y frágil en un despachito de burócrata, sentado encima de los muchos expedientes que dejó abiertos de 2000 a 2006 que «gobernó» el país. Qué bueno que el arte es capaz de burlarse con tanta elegancia. Chapó a Barradas.
«Antes de leer esta novela hay que persignarse. Al finalizar, también. Una obra alucinante de Mempo Giardinelli». Así recomendó Carlos Monsiváis este texto del autor argentino (Ediciones B). Y de verdad amerita muchas persignadas. De apenas 108 páginas, es un extraordinario tour-de-force que desciende en círculos concéntricos a las profundidades del alma al límite. La anécdota es simple: una pareja de amantes decide (en la página 6) matar al marido de la infiel. De ahí en adelante, los personajes se sumergen en un condimentado caldo de violencia, celos, transgresión, ira, deseo, traición y maldad que Giardinelli sirve para ellos y en los que se regodea.
La novela abre con estas líneas atrapantes: «En todo momento supe que lo que hacía era horroroso, pero lo hice. Una vez que me lancé por esa cornisa del Infierno, como una bola en el bowling que adquiere velocidad y fuerza a medida que se desliza, no me detuve más.» Cada una de las páginas que siguen es una verdadera delicia y una sorpresa constante. Imperdible.
Leyendo la edición colombiana de la revista SoHo encuentro esto, de la genial pluma de Leila Guerriero. Lo comparto para que cada quien saque sus conclusiones:
«Suele decirse que el apareamiento cara a cara es lo que nos diferencia como especie: que fuimos los primeros, los únicos, los últimos. Pero los bonobos —chimpancés pigmeos: monos— siempre se han apareado cara a cara. Y son tan modernos que quienes lo hacen con más frecuencia son las hembras. Entre ellas.»
Después de oír a Rita Lee y Milton Nascimento cantando esta cachondería, pasa a segundo término este ingrato día de la semana (lo juro, me pasó).
Meu bem, você me dá água na boca
Vestindo fantasias, tirando a roupa
Molhada de suor
De tanto a gente se beijar
De tanto imaginar loucuras
A gente faz amor por telepatia
No chão, no mar, na lua, na melodia
Mania de você
De tanto a gente se beijar
De tanto imaginar loucuras
Nada melhor do que não fazer nada
Só pra deitar e rolar com você
Aquí una probadita de la ciudad que contempla cada día el Corcovado: en la imagen de arriba, la playa de Copacabana y, al fondo, la montaña Pan de Azúcar con su característica forma de cono; en la imagen de abajo, el lago Rodrigo de Freitas y, al fondo, la playa de Ipanema.
Me dijeron que subir a verlo requiere la abnegación de un santo… y se ve que además de mi hija y yo, hay miles de santos queriendo hacerlo a las 8:30 am de hoy. La fila para tomar el trenecito a la montaña Corcovado es, dicen, de unas tres horas. Un «muy amable» empleado del servicio de vans ofrece subirnos por «sólo» 50 reales por persona (unos 350 pesos mexicanos o 27 dólares). Muchos aceptamos de inmediato. Por ese precio supongo que nos llevarán a la coronilla misma de la estatua, pero tras apenas 15 minutos de un viaje atropelladísimo y rebotadísimo nos deja en la taquilla del monumento. Hay otros miles de abnegados-con-cámara-fotográfica haciendo dos filas: una para pagar 27 reales por persona (unos 190 pesos o 15 dólares) y la otra, eterna, para tomar oootro transporte hacia la cumbre. Me pregunto si mejor sería regresar, aunque nos perdamos el paraíso mismo. Decidimos seguir el trayecto: a estas alturas literales y metafóricas merecemos la canonización inmediata.
Hacemos lo que corresponde y luego de más de media hora por fin abordamos la segunda camioneta. Otro conductor frustrado de Fórmula 1 nos lleva a la cima. Ahí nos esperan unos 200 escalones atascados de turistas, 300 tiendas de souvenirs y, eso sí, varios miradores desde donde se ve Río a 360 grados alrededor. La vista es bellísima, única. Acabamos de subir y por fin estamos a los pies de la estatua.
Es muy impresionante. El efecto de sus 30 metros de altura es similar al de las catedrales góticas: hacer que uno se sienta minúsculo, que mire hacia arriba con reserva y hasta un cierto temor. Además, esta imagen rodeada de nubes y con los brazos extendidos parece venir flotando de las alturas.
Con toda seguridad, si hay un día de Apocalipsis va a comenzar aquí, con este Cristo cobrando vida y aniquilando con el dedo meñique a herejes como yo, que subimos hasta sus pies sólo a tomar fotos.
Por cortesía de Rubem Fonseca, que me acompaña en este viaje brasileño con El collar del perro (y parece que será mi único escritor acompañante porque no me he topado con una sola librería en Río), va esta divertida nota sobre las relaciones humanas: «Cuando Zutano escucha decir que Fulana se está acostando con Mengano, enseguida cree que Fulana también puede acostarse con él. Ésa es una suposición de lo más falsa, ya que sería preciso que Zutano le pagase a Fulana lo mismo que Mengano; o si no que a Fulana, Zutano le leyera, como Mengano, poesía; o si no que Zutano pudiera conseguirle a Fulana el puesto público que Mengano le prometió; o si no que Zutano le diera a Fulana los puntos que Mengano le subirá para aprobar los exámenes; o si no que Fulana sintiera por Zutano la misma atracción física que siente por Mengano; o si no que…»
-Rubem Fonseca, «El informe de Carlos», El collar del perro (Cal y Arena).
Seguro, segurísimo, De Moraes pensaba en una mujer de Copacabana cuando escribió esto tan deliciosamente erótico:
Un mujer al sol es todo mi deseo,/
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz/
y la flor de los labios abierta para el beso/
y en la piel refulgente el polen de la luz.//
Una hermosa mujer, los senos en reposo/
y caliente de sol, nada más se precisa./
El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa/
en la flor de los labios, abierta para el gozo.//
Una mujer al sol sobre quien yo me arroje/
y a quien beba y me muerda y con quien me lamente,/
y que al someterse se enfurezca y solloce,//
e intente rechazarme, y que al sentirme ausente/
me busque nuevamente y se quede a dormir/
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.//
El día fue perfecto: incluyó disfrutar playa y mar, admirar lo guapos que son los brasileños, caminar por Ipanema, comprar frutas en el mercado, andar en bicicleta alrededor del hermoso lago Rodrigo da Freitas. Cuánto disfruto la compañía de mi personaja adolescente.
Por fin llega la noche. Caminar en la arena, con el marco de la luna y el rugido de las olas es un éxtasis. Ella va recogiendo conchas, yo no me quito la sonrisa estúpida del rostro. Luego pido 10 minutos de silencio y sentada de frente a las olas medito un poco: agradezco a todos los dioses juntos estos días con ella, en el mismo ombligo del mundo.
Uno de mis máximos gustos al viajar es despertar a nuevos sabores, buscar la referencia conocida para tratar de explicarlos: «sabe como a…», sabiendo que la comparación será inexacta. En todo caso, siendo cuasi-vegetariana, no es opción para mí la carne, tan popular por estos lares. Amante de la feijoada y los mariscos, más bien me dedico a experimentar frutas, bebidas, golosinas.
Va una breve reseña de lo hallado en la playa, las calles y un mercado cerca de Ipanema:
1. Guaravita: En el centro de Río, muerta de sed pruebo esta bebida harto publicitada. Es un jugo de guaraná, muy endulzado pero refrescante (perdón por la referencia puramente mexicana, pero es la única que me viene a la mente: ¡sabe a Chaparrita de piña!). Mi hija se vuelve adicta al primer sorbo y ahora no quiere nada más que beber Guaravitas.
2. Goiaba: variedad grande de guayaba que nunca he visto en México, dulcísima y de pulpa rosa, deliciosa.
3. Jaca: fruta muy grande, del tamaño de una sandía pero de corteza rugosa, interior blanco/ amarillento, dulce y pulposo. Parece guanábana pero más fibrosa. Buena aunque podría vivir sin volver a comerla.
4. Itaipava: cerveza clara, suave, digamos que parecida a una Corona.
5. Kaki: fruta por fuera parecida a un jitomate, por dentro de pulpa muy dulce. La he probado antes, creo que en español se llama pérsimo. Mi favorita. Si se descuidan en la aduana, puedo llevar varios kilos en la maleta.
6. Globo: golosina en forma de dona, de harina inflada. Pasa sin pena ni gloria.
7. Caipirinha de kiwi: francamente deliciosa y refrescante para este calor de 26 grados.
Camino por el centro de Río y me llama la atención la fuerte presencia de confesiones religiosas, en especial grupos evangélicos que venden Biblias en todos los formatos: de letra grande, versión moderna, «para mujeres», tamaño pocket, entre otras. Incluso la etiqueta de precio de un pantalón contiene el archicitado «el Señor es mi pastor, nada me faltará». Pienso en el grupo brasileño Pare de Sufrir, famoso por sus miles de seguidores y con fe de exportación, que en México mismo ha cobrado fuerza. Se ve que su adoctrinamiento es eficaz.
En plena calle, un impetuoso predicador con altavoz reconviene a los pecadores al arrepentimiento y, junto a él, un compañero exhibe una pancarta con los diez mandamientos. A este le pido tomarle una foto y acepta. Luego, probablemente como «pago», pide que me acerque. Me dice algo incomprensible. Lo repite y por fin entiendo: «Jesus is king». Piensa que soy de los EEUU. Quiere que yo lo diga, lo hago y sonríe con toda la cara. Se queda feliz y yo me voy sorprendida de la simpleza de este hombre, que hoy se irá a la cama satisfecho por este acto de evangelización exprés.
No evito el lugar común de tomarme una caipirinha en mi primera hora en Copacabana, igual que mi adolescenta futbolera tampoco evita jugar futbol en la arena y pedirme que le tome fotos frente a la portería. De lugares comunes estamos hechos. La novedad es que en el restaurantito playero donde bebo el licor de cachaça hay un recipiente con sobres de azúcar «inspiracionales», es decir, mensajes positivos cualquier-cosa-que-eso-signifique. El primero que tomo dice «Viva intensamente». Qué fácil obedezco.
Recién desembarcadas en esta ciudad «abençoada» (bendecida), aventar las maletas en el hotel y bajar a Copacabana fueron una y la misma cosa. Arena suave, mar glorioso, paisaje a punto, hija feliz.
Alérgica mental al sol como soy, de inmediato rento una sombrilla para completar mi dicha. Un sonriente muchacho la entierra en la arena junto a mí, para luego irse con mi billete de 20 reales, diciendo que me traerá de vuelta el cambio: 15. Media hora después, ni sus luces. Mi paranoia («seguro ya desapareció con el dinero») y mi escasa paciencia chilanga («no puede tardarse tanto en cambiar un billete») se combinan: me enfilo a buscar al infeliz. Lo encuentro tomando un coco, qué más, y platicando. Le digo que vine por el dinero y mientras me lo da, sorprendido dice: «ya lo llevaba, relájese».
Recuerdo lo que me dijo hace años en Jamaica un guía local, a quien pregunté por qué no empezaba el paseo a las Cascadas del río Dunn si estábamos todos listos (incluído él) desde hacía 20 minutos. Respondió: «No hay prisa. Si no te retrasas es que no estás relajado». Primera lección: aquí el tiempo corre a otro ritmo. Y está bien.