Funda-mental

Cuando ella dijo que la diferencia entre ellos dos era una fundamental, como él la amaba, de inmediato se despojó de su funda mental.

PD Vamos a jugar un juego: yo hago como que me voy a Nueva York pero de algún modo aquí sigo y ustedes hacen como que siguen dejando comentarios en este blog…

El siguiente amante

Anoche terminé de leer Love and Summer, del irlandés William Trevor (Penguin). Fue mi primer contacto con el autor y esperaba muchísimo… eso no ayudó. La novela fluye bien, mantiene la tensión/atención, tiene pasajes destacados pero si fuera un cigarro digamos que no llegué a darle el golpe. Demasiado sutil, a ratos incluso «correcta» (me choca el adjetivo), me dejó con ganas de más. Citando un concepto de Borges, si tuviera que juzgar a Trevor por esta sola novela diría que no es un autor para mí.

En contraste, hoy en la mañana me hundí en dos cuentos de Quim Monzó (El porqué de las cosas, Anagrama) y aluciné. El bendito catalán es magistral en su economía, en lo que no dice, en lo que apenas sugiere. A partir de un par de paginitas construye mundos implacables. Su lectura es absolutamente necesaria.

Es la maravilla de los libros: te acercas a uno, convives con él, lo desnudas, te hundes en sus entrañas, hueles su aroma, lo dejas andar por tus venas. Si te gusta, prolongas la experiencia, la paladeas, repites el contacto. Si no, cierras las páginas y buscas un siguiente amante.

 

Mente en calma

Esta mañana, leyendo un texto budista de Matthieu Ricard encontré lo siguiente:

«Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino sus opiniones acerca de las cosas».

-Epicteto

En una versión libre sugiero algo como: «No nos inquietan las cosas que nos pasan sino las historias que tejemos en torno a las cosas que nos pasan». En otras palabras, lo que pienso acerca de algo es determinante para que me afecte… o no. Me parece una verdad absoluta.

Si tengo un desencuentro en el trabajo, lo que realmente me molesta no es el desencuentro en sí sino las historias que me cuento al respecto: «este tipo se quiso burlar de mí, seguro piensa que puede manejarme, siempre quiere pasar por sobre todo», etc. Y lo mismo en cualquier ámbito. Es decir que puedo aprender a controlar mis pensamientos, a tener mi mente en calma y no dejarme dominar por ella, para que cada día pinte más luminoso. Gran noticia.

Si me dan a elegir

Como dice mi amigo Enrique: «Entre ser pobre y feo o ser rico y guapo, prefiero lo segundo». Igual yo: si me dan a elegir entre estar sin amor y abrazar el aire o estar enamorada y llenarme las manos de colores prefiero esto último. He dicho.

Un perro cualquiera

Como un perro cualquiera/

amarrado por la pata/

solo y tan solo en el rincón/

gira sobre su eje/

roe la cuerda que lo atrapa/

como un perro sucio/

mirado con lástima/

olfatea en vano la caricia/

anticipa aquella mano/

como ese perro lamentable/

al recordarse siendo amado/

mueve la cola/

rememora ser de alguien/

tiene huellas de haber gustado/

y se lame con ellas las heridas/

Como él.//

 

-Julia Santibáñez

Darnos el lujo

«Si mi amor es grande,/ si mi amor es fuerte,/ si de inmenso, lo es así/ por ti./ Si mi amor es libre,/ si mi amor es fiero,/ infinitamente lo es/ por ti».
Pues eso mismo. Si para abrazarnos hay que cruzar medio planeta lo hacemos porque no hay un mañana, sólo está el hoy cargado de rabia, el olor a hierba fresca, tu nombre escrito en la frente y el sexo, las palabras quedas, el temblor en la punta de los dedos, las ganas de mirarnos y sí, la urgencia total de amar, de hacerlo amadamente, porque hoy sabemos besarnos, porque no existe nada aparte de nosotros, porque somos insensatos furiosos, porque a mi piel le gusta fundirse con la tuya, porque nos damos el lujo de tenernos.

No me arrepiento de ser cursi

Mi hija cumple 15 años y a mí se me emocionan las entretelas. Me pongo a escribirle una carta y sin sorpresa sale de lo más cursi. No lo evito. Aquí está.

Preciosa,
Pues sí, hoy nos toca decir «hola» a los siguientes 15 años de tu vida. Quién iba a decir que llegarían tan rápido, que correrían tan deprisa estos primeros 15. Mientras te miro, con infinita ternura y orgullo pienso cómo te has desarrollado (más bien, desenrollado). Pasaste de estar hecha bolita dentro de mi panza a ser una adolescente hermosa y de entusiasmo fácil, dulce como nadie, con piernas fuertes, inquieta, una goleadora disciplinada que todo el día se ríe con Gaby, que se derrite con Kissy y Tammy, no se pierde clase de History ni Criminal Minds, cuyo cuarto siempre desordenado luce a Michael Jackson en cada muro. Me fascina verte llena de sueños y ganas de anotar goles en grandes ligas, triunfar cantando, cuidar a los animales en peligro de extinción y, en tus ratos libres, tal vez estudiar psicología. Eres una maravilla andante que me llena la vida.
Cuando cumpliste 10 escribí un libro contándote cómo había vivido esos años contigo, mismo que ambas lanzamos a la fama en la primera presentación de libro a la que asististe. Hoy no pretendo hacerte una enciclopedia (ahora que lo pienso, no es mala idea…). Esta carta sólo quiere decirte gracias, gracias por hacerme sentir tan querida, por (a veces) compartir conmigo mi propia computadora, por ese recadito «qué bueno que eres mi mami» digno de grabarse en oro, por ser tolerante con mi mal genio, por moderar el volumen de tu música, por los «te amo» que llegan a mi BlackBerry, por dejarme contar hasta 10 cuando quiero estrangularte, por esos ratos en la cena cuando nos platicamos nuestro día, por saber pedir disculpas y aceptar las mías. Hija, gracias por ser parte gozosa de mi vida y dejarme ser parte de la tuya. Te admiro desde lo más hondo: me encanta lo que veo cuando te veo.
Sé que los siguientes 15 serán distintos y está bien que así sea. Como si fuera un torneo de futbol vas a trazar una nueva estrategia de juego, integrar nuevos compañeros de equipo, estirar más los límites de tu cancha. Yo aquí voy a estar, disfrutando mi propia vida y lista para acudir cuando me necesites pero no me debes nada, no tienes ninguna deuda conmigo. Lo que te he dado como hija ha sido más que recompensado con el deleite de saberme tu mamá desde la banca. Disfruta crecer, no tengas temor y hazlo confiada en que la vida es buena y mucho más inteligente que nosotros. Un día no lejano vas a aprender a manejar, te vas a enamorar, decidirás tu profesión, te vas a independizar, harás tu propio espacio en el mundo. Me va a encantar verlo. Tu carácter, sensibilidad y disciplina son el mejor bagaje. Sin duda tienes en ti todo lo que necesitas para esta nueva etapa. Después de todo, la vida es como un buen partido: a veces se meten goles y otras se reciben pero la idea es dejar el alma en el campo, disfrutar a fondo cada minuto y ¿quién ha aprendido a hacerlo como tú?
Amor, muchas muchas felicidades en tus 15.

 

La tribu está herida

La tribu está herida,/

airada./

Cayó la peste./

Se pudrió la cosecha./

El enemigo se acerca./

Los ancianos ya no llaman/

al ritual,/

no hay más tambores.//

 

Por mi parte,/

apuro el licor más hondo,/

el jugo acendrado/

y caliente de vida./

Qué gran alarde.//

 

-Julia Santibáñez

Como el conejo de Alicia

«I’m late, I’m late for a very important date». Igual que él, estoy retrasada para una cita importante: conmigo misma, con una hoja de papel y una pluma. Mil y un compromisos, pendientes y fechas límite me han mantenido alejada de escribir por semanas… y lo resiento. Necesito minutos (quizá horas) sin interrupción, sin prisas, para vaciarme en una hoja en blanco, encontrarme en ese diálogo con el espejo, revisar cada arruga y cada pliegue hasta reconocerlos. Me urge espulgarme el alma. 

Hoy que abro por minutos la novela que sigo leyendo (tampoco he tenido mayor tiempo para perderme entre palabras) encuentro esta belleza, referida a la caligrafía pero aplicable a todo encuentro de pluma y papel:

«La escritura es un equilibrio universal entre lo terrenal y lo celestial, lo horizontal y lo vertical, la curva y la recta, lo abierto y lo cerrado, lo ancho y lo estrecho, la alegría y la tristeza, la dureza y la ternura, la severidad y el juego, la energía y la caída, el día y la noche, el Ser y la Nada, el Creador y la Creación». (Rafik Schami, El secreto del calígrafo, Salamandra).

A esta hora añoro ese equilibrio.

Madrí de muchos rostros

Fui y vine. Qué ciudad tan intensa, vibrante. Los días estuvieron poblados de trabajo enriquecedor, de ideas y ganas de hacer cosas. Se trató de reflexionar con gente de unos 30 países sobre los retos de las revistas, la relevancia de conectar con los lectores y hacerse un espacio en su intimidad, encontrar nuevas fórmulas. Un gusto ser parte de ello.

Las pocas horas que quedaron libres se fueron en los pasillos iluminadores del Reina Sofía, en las noches madrileñas entre tapas y cañitas, en la hermosa arquitectura del Casino, entre pinchos, vino y más vino en un bar desolado en Huertas pero con el alma sonriente por celebrar la vida de mi entrañable amiga, caminar por la Gran Vía (donde aunque no haya sangría alguien me pondría un piso). Además estuvo el estupendo anfitrión chilango/ madrileño q nos enseñó el sentido de «marcha»: el Museo Chicote, la absoluta maravilla del microteatro en Malasaña, una mueblería-bar y hasta la Boîte, un bar gay de lo más «guay». Y añado un par de instantáneas:  el «Coca L-i-g-h-t» de un mesero, la opinión de un taxista sobre la crisis española y su mensaje a Kirchner por la expropiación de YPF: «Néstor, regresa, olvidaste aquí a Cristina», el hallazgo de la Tizona del Cid que me traje de regreso a casa, sentarme un instante en la Puerta del Sol y oír mariachis a lo lejos, amar la manera castiza de pronunciar «Madrí», el atardecer sobre el Paseo del Prado mientras los pies palpitan de cansancio. Es decir que traigo los ojos llenos de un Madrid de muchos rostros, pintado con colores Prismacolor. Todo un privilegio.

Obsesión por las manos

Tengo obsesión por mis manos. Como el bebé en la cuna que recién las descubre, las observo intrigada: colocadas cerca del rostro me fascina el lento movimiento de los dedos, su articulación perfecta, la elegancia que destilan. Las vuelvo de un lado y otro, las dejo ser, a veces les pregunto y revelan, anuncian. Quienes me conocen dicen que yo no hablo sólo con la voz sino con cada aleteo que matiza mis palabras.

Me seduce también cómo dialogan con otras pieles, su lenguaje propio, poblado de perfumes y sonidos. Cuando acarician, reconocen, palpan, gimen y se estremecen las reconozco como mías pero noto su independencia, su vida propia. Sé que podrían existir sin mí, ser más yo que yo misma. Y cuando miran las envidio: ojos en pleno derecho, incorporan lo que observan, lo recorren de forma literal (como jamás podrá la vista), beben su temperatura, colores y texturas. Luego atesoran lo visto y callan, aunque les ruegue compartirlo.

A esta hora mis manos, enmudecidas, como de piedra, desean mirarte.

20120423-091824.jpg

Como papel rasgado

 

Como papel rasgado/

de bordes imprecisos/

contigo va mi medio corazón/

(no quiso estar sintigo)./

Doblado y palpitante/

en tu maleta,/

cómplice de zapatos,/

hilo dental, camisas/

y algún libro/

decidió vivir en tu buró/

besarte por la noche/

dormirse junto a ti./

El problema es que la otra mitad,/

aquí conmigo,/

no me alcanza.//

-Julia Santibáñez

Ser sagrada

Versos pa’l fin de semana:

«Cuando recibí tus primeras palabras de amor había en mi cuarto mucha claridad. Me precipité sobre las puertas y las cerré. Yo era sagrada, sagrada. Nada, nadie, ni la luz, debía tocarme».

-Alfonsina Storni

Sigo al amor

«Sigo al amor

allá adonde conduzcan sus caravanas».

-Bin Arabi, erudito sufí, siglo XII

Así arranca la novela El secreto del calígrafo, de Rafik Schami (Salamandra), regalo muy querido de quien me quiere. Saboreo estas palabras y mientras tanto me pierdo en los recovecos de la caligrafía árabe que ilustra el libro, sensual como ninguna.

We need to talk about Kevin, de Lionel Shriver

Ésta es la novela más cruda y chocante a la que me haya enfrentado en muchos, muchos años. Debo haber tardado mes y medio en acabar sus 400 páginas porque varias veces necesité salir por aire y la dejé de lado algunos días. Y por esta «salida a tomar aire» me refiero tanto al tema (Eva, madre de Kevin, un adolescente sin mayores problemas que asesinó a compañeros de escuela y maestros, trata de entender «por qué» lo hizo) como a lo asfixiante que a veces resulta la voz narrativa (a través de cartas dirigidas a su esposo y padre de Kevin, ella narra toda la acción en retrospectiva).

Sin embargo, para mi gusto todo se ve compensado por la riqueza del personaje de Eva, la profundidad de su introspección, su asumida debilidad ante el rol materno, los instantes de humor, sus contradicciones, lo desesperante de su lamento/falta de acción ante las señales de alarma de un sociópata en desarrollo, su honestidad a ratos y su deseo de librarse de la culpa en otros. Ella es el verdadero centro de la trama aunque siempre en referencia a Kevin y es que, como ella misma dice, desde que su hijo nació ella dejó de ser «su propia creación» y se convirtió primero que nada en mamá. Del otro lado de la banqueta, por supuesto, está el propio Kevin: siniestro, crudo, atormentado pero lineal, con pocos matices. El personaje se hace odioso desde las primeras páginas y mantiene el ritmo in crescendo, con lo que la angustia del lector se suma a la angustia de Eva ante un ser esencialmente malo. Es tal la perversión del niño/muchacho que por momentos es inverosímil, pero esta aparente falla puede explicarse por el sesgo de la madre, quien en aras de abonar a ese retrato de un criminal en formación se deleita en recordar todo lo malo que hizo, sin dar tregua. Los otros personajes funcionan como contrapeso a estos dos. Franklin, esposo-padre, es títere de sus expectativas: ciego de amor ante las atrocidades de su hijo, incapaz de ver lo evidente, amante de lo «americano» y de sus valores, vive y es capaz de morir por mantener un ideal de familia. Celia, la otra hija del matrimonio, es poco creíble y sólo parece existir como elemento de contraste ante Kevin, sin vida propia.

Si bien literariamente la novela funciona, el éxito tanto de la misma como de la reciente película también evidencia que la reflexión a la que obliga resulta urgente: ¿de quién es la «culpa» de los asesinatos adolescentes estilo Columbine? ¿Se pueden evitar? ¿Cómo se forma un chico así? ¿Qué rol juegan los padres? ¿Y la sociedad, que se lava las manos y deja toda la responsabilidad en el hogar? Además, el texto lleva a cuestionar el instinto materno y el amor «natural» que une a una madre con su hijo. Desde las primeras horas con el recién nacido Eva, aparentemente funcional como esposa enamorada y empresaria pujante, se revela como una madre egoísta, fría, a quien no le gusta su hijo y más bien la decepciona. Este peso crecerá día a día conforme su vida, su relación de pareja y su trabajo se vean radicalmente trastocados por la maternidad. ¿Por qué cuesta tanto aceptar que ésta pueda ser la realidad de más de una familia? Y el ideal paterno también es totalmente cuestionado, incluso caricaturizado: el hombre que «ama» a su hijo y así justifica lo que hace, que se pone sus lentes del mundo perfecto para no ver nada mal = tener que actuar, que no asume responsabilidad por nada pero culpa a la madre por todo.

Es una gran novela, deliciosamente escrita, pero de lectura dolorosa, difícil (eso sí, no estoy segura de ver la película).

Volver

Regreso a este espacio como quien vuelve de un viaje con el cabello enredado, la piel un poco más sensible, entrecerrando los ojos para retener lo visto en otras tierras. Llego sintiéndome vivida, abrazando las sombras con torpeza, no encontrando mi lugar porque quizá los otros aires cambiaron un poco mi forma y de nuevo debo dialogar con los objetos, las temperaturas, las palabras que se dicen fuera del cuerpo. Vuelvo sorprendida de lo que una caricia puede lograr y lo celebro.

Voy a buscar material de inspiración…

Estimados lectores/comentadores de este blog: Tengo a bien informarles que ya que Amor me pone la mesa, el vino y el banquete, tomaré unos pocos días de descanso de este espacio para dar refrigerio a la mente y gozoso trabajo al cuerpo. Por supuesto, mi única intención es encontrar material de inspiración para versos, cuentuitos, textos varios. Yo siempre tan profesional…

«Hacer algo grande»

Ayer encontré en la librería dueña de mis quincenas este librito de la argentina Alfonsina Storni (la misma cuya automuerte inspiró «Alfonsina y el mar»). Lo compré porque me di con este texto muy breve y hasta poco pulido, seductorsísimo por su mezcla de ingenuidad/fuerza:

«Amo y siento deseos de hacer algo extraordinario. No sé lo que es. Pero es un deseo incontenible de hacer algo extraordinario. ¿Para qué amo, me pregunto, si no es para hacer algo grande, nuevo, desconocido?».

A veces me siento así y no había tenido palabras para expresarlo. Lo confieso, me hizo el día.

De cara a la pared

De cara a la pared

encerrada en mi cuerpo

apenas recuerdo la confianza que tenía

en mis piernas

mi rostro

antes de tu nombre.

Ahora no sé

ando temblorosa

con un hueco en el vientre

a desagusto en mi piel

como un adicto que sin droga no se conoce.

De cara a la pared

tengo abstinencia de ti.