Vivir = danzar

Fui a ver la exposición «Surrealismo: vasos comunicantes» en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) de la Ciudad de México. Gracias (entre otros) a un convenio realizado con el Centro Pompidou de París es posible disfrutar en un mismo espacio piezas de Miró, Tanguy, Dalí, Giacometti, Bayer, Paalen, Izquierdo, Carrington, Meza y un largo etcétera. Es una maravilla ver en diálogo tantas voces.

La sorpresa como norma surrealista y el coqueteo fértil entre consciente-inconsciente me descolocan y fascinan. Aquí, una pieza hermosa de Wolfgang Paalen que se me quedó pegada a los ojos y una cita que me dejó pensando y asintiendo: «Quien se empeña en ignorar o negar el éxtasis es un ser incompleto, cuyo pensamiento se reduce al análisis. La existencia no es sólo un vacío convulsivo, es también una danza». -Georges Bataille

Salgo de mi guarida

Salgo de mi guarida/

hambrienta./

Lo percibo en el aire,/

el manjar espera./

Húmeda/

avanzo lento en pasto seco/

mientras busco/

la fuente del aroma./

En la oscuridad,/

mi olfato despierto.//

 

-Julia Santibáñez

Milonga del alucinado/para alucinar

El sábado adquiere otra textura y otra temperatura con los ecos de  este impresionante poema de Jaime Dávalos, con música de Eduardo Falú e interpretación de Liliana Herreros. Es como si la distancia se solidificara en música…

«Siento mi pulso en la sombra midiendo tu ausencia/
lento derrumbe del tiempo que corre en mis venas,/
¿dónde estarás a esta hora en que tu presencia/
todo lo habita de un vaho de sol y madera?/
Toda mi sangre te aguarda/
toda mi vida te espera/
¿dónde estás?//

Mientras las cosas que amamos siempre te recuerdan,/
crece un aroma secreto desde las tinieblas,/
mi soledad alucinada de nuevo te inventa:/
es que te llevo, mi alma, tatuada en las venas.»//

-Milonga del alucinado

Da click aquí para escuchar la canción: http://m.youtube.com/watch?v=M_zuBZV1IQg

¿Pienso o me dejo pensar?

Hoy de madrugada, preparándome para ir a clase de yoga, encontré el universo contenido en unas pocas líneas del libro Yoga: inmortalidad y libertad, de Mircea Eliade (FCE):

«Bajo las apariencias del ‘pensamiento’ se esconde en realidad un centelleo indefinido y desordenado, alimentado por sensaciones, palabras, memorias. El primer deber del yoguin es pensar, esto es, no dejarse pensar. Por ello la práctica del yoga comienza con la concentración en un solo objeto, que obstruye el flujo mental».

Nunca me lo había preguntado ni se me había ocurrido que existía esa diferencia no-sutil. Pensar es concentrarse a propósito en un objeto/idea, dejar de lado cualquier distracción, mientras dejarse pensar es ser tomado por pensamientos, recuerdos, reflexiones, incluso tonterías. Me la he pasado diciendo que el yoga me ayuda a «no pensar» cuando en realidad, según este concepto, me ayuda a «pensar», es decir,
a concentrarme en la respiración, en las sensaciones de mi cuerpo, aislando por completo todo el resto del mundo. Uffff, supongo que esto es lo que se llama «una revelación».

Palabra del día: mador

Hace tiempo no posteo una palabra del día, de ésas que aparecen a la vuelta de la calle, sorprenden con su garbo y se vuelven parte de la familia. Ésta llega a mis manos por casualidad, sin querer, un poco a regañadientes pero llega, así que la comparto en estricta obediencia a las leyes del azar:

Mador:  «Ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor» (DRAE).

Aquí un ejemplo de su uso, aunque el bloguero no da la fuente:

«[…] la ciudad me excita todo el año,/
la playa/
sólo en abril tras el mador de la primera lluvia».

(http://victorgalea.galeon.com/aficiones801517.html)

Rómpase en caso de emergencia

El fin de semana estuve escribiendo. Cuánto bien le hace a mi mano tomar la pluma, vaciarse en una ósmosis que transmuta sangre y humores en tinta, ecos y vísceras en rasgos malformados. Es liberador, equilibrante, ilumina y quita telarañas, baja el colesterol, previene el cáncer, los juanetes y las torceduras. Como dice mi amigo Eduardo Casar, «escribir sólo se hace en gerundio: escribiendo». Todo placebo resulta inútil.

Pienso que en vez de un extintor debería tener a la mano una caja de cristal con una pluma dentro y la leyenda: «Rómpase en caso de emergencia». Me ahorraría varias sesiones de terapia.

Errante en la sombra, de Andahazi y Le potentiel érotique de ma femme, de Foenkinos

Hace tiempo que no escribo sobre mis recientes lecturas y varias editoriales internacionales me han llamado, preocupadas porque sus volúmenes de ventas están cayendo estrepitosamente a consecuencia de mi descuido. Lo reparo, pues, y comento los dos últimos libros a los que les hinqué el diente.

Esperaba mucho del argentino Federico Andahazi, Errante en la sombra, Planeta. Hace años le leí El anatomista y Las piadosas, ambos excelentes, disfrutabilísima su clave erótica. De este volumen aplaudo el riesgo de cambio de registro (dejar los temas eróticos en los que Andahazi se mueve cómodamente para abordar ahora la vida de un tanguero ¿de ficción?: Juan Molina) y la osadía de traducir a novela el tono de un melodrama musical (los personajes empiezan a cantar a media calle y peatones, automovilistas, vendedores se suman en coreografía perfecta, para después regresar a sus actividades). Sin embargo, no me convenció el experimento. La anécdota me quedó corta, el personaje de Gardel me atrapó al principio pero luego se desdibujó, al de Juan Molina lo sentí excesivo. Además, aunque presumo de conocer términos en lunfardo porque amo el tango «clásico»,  llegó a cansarme su excesiva inclusión en la novela. En fin, que no me dejó huella.

En cuanto al francés Foenkinos, es mi primer acercamiento a su narrativa, sobre la que había leído muchos elogios. Compré en español La delicadeza, también de él, por consejo de un librero bonaerense a quien pedí me recomendara un libro «que no podía morirme sin haber leído». Luego en París me topé con este y decidí que era mejor conocer al autor en su lengua original, así que por ahí arranqué. Es una novela divertida, sobre un hombre gris que se dedica a coleccionar lo-que-sea y luego de «rehabilitarse» de la adicción termina por coleccionar momentos de su mujer, particularmente cuando ella lava los vidrios. El personaje cita a Thomas Mann: «Quien ha contemplado la belleza está ya predestinado a la muerte» y se dice que ver a Brigitte lavando los vidrios es un propia Muerte en Venecia. La novela es divertida, permite pasar un buen rato: el «negocio» familiar de una agencia de viajes para mitómanos que quieren hacer creer a otros que estuvieron en un determinado país, la escena de Hector mostrando su sexo en una cena de amigos para cumplir la fantasía de su mujer, los trillizos que coronan la vida de un hombre que no puede con la «unicidad» son momentos ingeniosos, pero no más.

Ahí están ambas experiencias de lectura y aunque pasé sin pena ni gloria por ellas, seguiré a los dos autores: de Andahazi quiero Argentina, con pecado concebida (una historia sexual de ese país) y de Foenkinos pronto leeré la ya mencionada La delicadeza.

Lo que significa «entre los brazos»

La uruguaya Idea Vilariño lo dijo mejor que nadie y en pocas letras. Con gusto podría plagiarlo:

«Entre tus brazos/ entre mis brazos/ entre las blandas sábanas/ entre la noche/ tiernos/ solos/ feroces/ entre la sombra/ entre las horas/ entre/ un antes y un después».

-Idea Vilariño

17 de agosto

Con redoble de tambores saludo el día

porque la vida se antoja regalante.

Un caramelo se derrite en la boca

traigo el sol prendido al pecho

bajo la piel, tierra mojada

girasoles en las manos

y el cuerpo entusiasta.

Sonrío como quien ama.

Por (apenas) un sonido…

Dijo a media voz, como no queriendo oírse a sí misma: «el amor tiene mala letra. Escribió ‘él te kiere’ pero yo leo: ‘él te hiere'».

Soy una yoga freak

Acabo de cumplir año y medio haciendo Bikram yoga. Este idilio mío con «las posturas» empezó por curiosidad, por probar algo que sospechaba me gustaría. Poco a poco fui encontrando beneficios físicos y mentales, al grado que a los tres meses de haber pisado un salón de yoga me di de baja en el gimnasio, convencida de que lo que más quería era seguir flexibilizando mi cuerpo, aquietando mente y emociones.

¿Qué ganancias me ha dado? La posibilidad de «no pensar» durante la hora y media que dura la clase, y eso es mucho para mentes obsesivas como la mía, que analizan por dos horas una discusión de cinco minutos. También flexibilidad y fuerza físicas como no recuerdo haber tenido y la conciencia de que el trabajo con mi cuerpo puede/debe tener una correlación con mi mente. Es decir, conforme desarrollo fuerza y flexibilidad emocionales con yoga y meditación, mi vida se va volviendo más armónica. Si un problema está a punto de sacarme de balance respiro hondo y trato de pensar que si puedo con las durísimas clases puedo con lo que sea. Y en general así es.

Distancia

distancia

lejanía

abismo voraz

ansioso hueco en la entraña de la tierra

y en mi vientre

cañón de enorme boca

de paredes afiladas

que pugna por tragarme

no me dejo caer

(me aferro a la luz

como a lo único que vibra)

me habitúo a sus orillas

las tanteo

estiro el cuello y te respiro

fresco

Se fue Chavela Vargas pero se queda

«No le tengo miedo a la muerte, debe ser una cosa bellísima», dijo hace poco en entrevista con El País. Hoy que se fue recuerdo esas palabras suyas. Vivir a fondo es también morir a fondo, con todo, sin contener el aliento, soltando el cuerpo y dejando que fluya la muerte por cada vena, que pasee su lengua fría por los rincones mientras uno abre la ventana y se asoma a otro paisaje. Entendida de ese modo debe ser bellísima. Espero que llegado el momento así haya sido la de Chavela. El consuelo para quienes estamos de este lado de la ventana es que su voz quebrada, que acompañó más de una borrachera cantando a José Alfredo, seguirá siendo la banda sonora de los desgarros amorosos. Salud…

Como la capilla

Como la capilla espera a sus fieles/

para el rito siempre nuevo/

aunque repetido tantas veces/

me preparo a recibirte./

Bien dispuesta y arreglada/

en paños escarlata, entre velas/

ahuyento a los profanos./

No admito distracción ni irreverencia./

Ante mi palidez de elegida/

el temblor de mis ardores sabe a incienso./

Coronada por murmullos y gemidos/

la tensión parece estar a punto./

El crucifijo se levanta, inaugura los oficios./

Ungiéndolo de aceites/

lo llevo al centro del altar/

a poseer la tierra sagrada./

La transfiguración se da en silencio/

por respeto a los devotos.//

 

-Julia Santibáñez

Obsesión por las texturas

Lo confieso: me fascinan las texturas, las amo. Colecciono fotos de las urdimbres que me saltan en una reja, en la piedra de un muro o entre las frutas del supermercado. Me resultan poemitas visuales y no deja de emocionarme que en lo más cotidiano se esconda ese instante de belleza, a la espera de ser visto.

No sé cuándo empezaron a gustarme (creo que en este blog aparece frecuentemente «no sé/no sabía»; este es un espacio de autoexploración cuyos tanteos ustedes, pacientes lectores, sabrán disculpar). Lo cierto es que me alegra el día tropezar con una textura que me toma por sorpresa. Esta es de mis favoritas, fotografiada en cualquier calle. El lugar es lo de menos, lo que importa es la música que lleva por dentro.

En tonos grises y laxo

En tonos grises y laxo/

mi cuerpo anuncia tu partida./

Qué hago con los pechos tontos/

con la cintura demasiado sola/

los labios pálidos de ti./

Por dónde buscarte./

La espalda luce una marca/

el torso siente el peso del tuyo/

en las piernas, tu quedo vibrar./

No los quiero./

Me hacen falta tus manos.//

 

-Julia Santibáñez

Mar tormenta

A veces un poema explica el día. Éste, hoy.

«Oye, yo era como un mar dormido./ Me despertaste y la tempestad ha estallado./ Saludo mis olas, hundo mis buques, subo al cielo y castigo estrellas, me avergüenzo y me escondo entre mis pliegues, enloquezco y mato mis peces./ No me mires con miedo./ Tú lo has querido». -Alfonsina Storni

Menú del día

 

Hoy el restaurante laboral ofrece complicaciones, ritmo acelerado, molestia, sobrecarga, estrés. No se me antoja lo que hay para comer. Cuánto bien me haría una clase de yoga para reconectarme conmigo misma. ¿Y si me encierro cinco minutos en mi oficina a meditar? ¿Me lo perdonarán los mil temas impostergables?

Cuerpo anidado en los ojos

Llevo conmigo a todas partes ese cuerpo que se me anidó en los ojos, que dominó mi hambre para acrecentarla, que alteró el oleaje de mi pelo, que volvió mis días una fiesta urgente. Lo llevo conmigo y lo miro en todos los cuerpos, babeante.

 

-Julia Santibáñez

Recordar a un poeta

En el aniversario de su nacimiento, nada mejor que traer a la memoria a Neruda  con este pedacito de su alma, perdón, de sus versos:

El futuro es espacio

«El futuro es espacio,
espacio color de tierra,
color de nube,
color de agua, de aire,
espacio negro para muchos sueños,
espacio blanco para toda la nieve,
para toda la música […]»