A dos días de que llegues, de sentirte por fin con todo el cuerpo, me deleito en la inminencia como un arco tenso a punto de disparar, como una fiera agazapada casi por saltar, como un globo pronto a reventar, como una gota próxima a caer.
Lo suyo era el arcoiris
Descubrir eso que llaman «sagrado»
La busqué con toda intención. En el mapa de París localicé «iglesia de San Eustaquio» (Saint Eustache). Cuando salgo de México intento conocer templos antiguos y perderme en ellos; sin esa escala, ningún viaje está completo. Además, en casa atesoro algunas piezas de arte sacro. No profeso credo alguno, de modo que siempre me expliqué mi afición por el lado artístico. Amo la mirada ingenua y ardorosa de muchas vírgenes, la delicadeza de los querubines en las iglesias barrocas, la elocuencia de las catedrales góticas. Este templo con orígenes en el siglo XII es una maravilla. Sentada en una banca, rodeada por veladoras y el sonido del órgano impresionante, me hundo en el instante, reconfortada. Salgo preguntándome el porqué.
Luego veo a mi querida amiga Claire, quien me regala un ejemplar de Psychologies, revista a la que me unen las entrañas. Ahí encuentro esto del filósofo Regis Debray: «Independientemente de connotaciones religiosas, lo sagrado está en todas partes porque nos es psicológicamente necesario… Crea un universo particular que nos permite regenerarnos, olvidar nuestra finitud y nuestra condición mortal, nos permite confrontarnos con una dimensión superior que rebasa lo cotidiano. (En su acepción laica) lo encontramos en el monumento en memoria del 11 de septiembre en Nueva York, en el cementerio Père Lachaise en París…».
Sí, esa búsqueda espiritual y sed de trascendencia también explica mi pasión por las iglesias. A miles de kilómetros de casa lo descubro.
París bien lo vale
A mil por hora en sesiones de trabajo, con el horario cruzado y los ojos saliendo de sus órbitas por querer ver todo París, me descubro igualmente sorprendida y maravillada que hace muchos años, cuando pisé suelo galo por primera vez. Me gusta que nunca se sacie mi capacidad de asombro. Creo que puedo definir como objetivo de vida seguir siendo naive.
De abismos y otras curiosidades
«No pelees con los monstruos para evitar convertirte en uno de ellos. Cuando te acercas demasiado al abismo, el abismo empieza a mirarte». -Nietzsche
Amanezco de malas, dormí pésimo, tuve un enojo fuerte anoche, traigo mil pendientes en la cabeza y las horas no me alcanzan para resolverlos. Justo cuando estoy regodeándome en el mal humor, revisando un artículo de trabajo tropiezo con esta cita. Entendido.
Recién nacido
Me gusta mi país
Sí, me gusta México y los mexicanos, disfruto lo plural de la música de este suelo, mi hija nació aquí igual que mi pareja y el resto de la gente que más me mueve las entrañas, amo la comida de Oaxaca y Puebla tanto como los antojitos y la nueva cocina del DF, escuelas chilangas me enseñaron a leer, me esperanzan los jóvenes que pelean por un país mejor, no deja de sorprenderme la devoción por la Virgen de Guadalupe (envidio un poco esa fe), conozco bien y adoro el Centro Histórico, mis recuerdos están ligados a esta geografía, canto y lloro en mi español salpicado de voces indígenas y anglicismos, admiro la sonrisa desdentada de las mexicanas que se parten la madre teniendo todo en contra, me bebo los paisajes de Morelos y Chiapas, cuando estoy fuera extraño las risas que aquí repartimos sin pudor, valoro el brillo de los ojos de estos niños, los colores de un mercado me hacen vibrar tanto como la magia de los zócalos, asumo la cursilería de emocionarme cada 15 de septiembre. A pesar de todos sus pesares, más allá de lugares comunes y contradicciones me siento orgullosa de esta tierra. Gracias a la película Hecho en México por recordármelo.
Colorear
Sí, la eternidad comienza un lunes
«La eternidad por fin comienza un lunes», escribió alguna vez Eliseo Diego. Tras un fin de semana envuelto para regalo, hoy suscribo ese verso mientras resuelvo crucigramas con tu nombre, mientras siento un cosquilleo en el cuello, mientras ensayo conversaciones con el espejo, mientras controlo mi ternura por esa foto, mientras afuera hace sol pero aquí hace luna y frío.
Muy distinto
En palabras de Silvio Rodríguez
«soy feliz/ porque soy gigante/ amo a una mujer clara/ que amo y me ama/ sin pedir nada/ o casi nada/ que no es lo mismo/ pero es igual… soy feliz/ soy un hombre feliz/ y quiero que me perdonen/ en este día/ los muertos de mi felicidad».
5 am, suena el despertador. Dormí fatal, dando mil vueltas en la cama y con la cabeza más que activa, pero no por problemas ni angustias, sino pensando cuántas cosas buenas estoy viviendo: como el cantante cubano autor de esas líneas, me siento gigante, amo a un hombre claro que me ama y también tengo una hija clara que amo y me ama. Es decir que hace años, Rodríguez escribió el soundtrack de mi vida al día de hoy. Que me perdonen muertos y vivos por mi felicidad…
Luna caliente, de Mempo Giardinelli
Con el calor neoyorkino como telón de fondo cierro la última página y me quedo en silencio. Fuerte, sensual, sin concesiones, breve y (acaso por eso) más que efectiva, me resulta una magistral carta de presentación de su autor. Esta novela que voló desde Buenos Aires a México y de ahí en otra maleta a Nueva York puebla estos días de imágenes. Ayer tarde, en una cafetería, creí reconocer la mirada de Araceli…
Polaco en NY
Funda-mental
El siguiente amante
Anoche terminé de leer Love and Summer, del irlandés William Trevor (Penguin). Fue mi primer contacto con el autor y esperaba muchísimo… eso no ayudó. La novela fluye bien, mantiene la tensión/atención, tiene pasajes destacados pero si fuera un cigarro digamos que no llegué a darle el golpe. Demasiado sutil, a ratos incluso «correcta» (me choca el adjetivo), me dejó con ganas de más. Citando un concepto de Borges, si tuviera que juzgar a Trevor por esta sola novela diría que no es un autor para mí.
En contraste, hoy en la mañana me hundí en dos cuentos de Quim Monzó (El porqué de las cosas, Anagrama) y aluciné. El bendito catalán es magistral en su economía, en lo que no dice, en lo que apenas sugiere. A partir de un par de paginitas construye mundos implacables. Su lectura es absolutamente necesaria.
Es la maravilla de los libros: te acercas a uno, convives con él, lo desnudas, te hundes en sus entrañas, hueles su aroma, lo dejas andar por tus venas. Si te gusta, prolongas la experiencia, la paladeas, repites el contacto. Si no, cierras las páginas y buscas un siguiente amante.
Mente en calma
Esta mañana, leyendo un texto budista de Matthieu Ricard encontré lo siguiente:
«Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino sus opiniones acerca de las cosas».
-Epicteto
En una versión libre sugiero algo como: «No nos inquietan las cosas que nos pasan sino las historias que tejemos en torno a las cosas que nos pasan». En otras palabras, lo que pienso acerca de algo es determinante para que me afecte… o no. Me parece una verdad absoluta.
Si tengo un desencuentro en el trabajo, lo que realmente me molesta no es el desencuentro en sí sino las historias que me cuento al respecto: «este tipo se quiso burlar de mí, seguro piensa que puede manejarme, siempre quiere pasar por sobre todo», etc. Y lo mismo en cualquier ámbito. Es decir que puedo aprender a controlar mis pensamientos, a tener mi mente en calma y no dejarme dominar por ella, para que cada día pinte más luminoso. Gran noticia.
Deshacer el amor
Si me dan a elegir
Un perro cualquiera
Como un perro cualquiera/
amarrado por la pata/
solo y tan solo en el rincón/
gira sobre su eje/
roe la cuerda que lo atrapa/
como un perro sucio/
mirado con lástima/
olfatea en vano la caricia/
anticipa aquella mano/
como ese perro lamentable/
al recordarse siendo amado/
mueve la cola/
rememora ser de alguien/
tiene huellas de haber gustado/
y se lame con ellas las heridas/
Como él.//
-Julia Santibáñez
Darnos el lujo
«Si mi amor es grande,/ si mi amor es fuerte,/ si de inmenso, lo es así/ por ti./ Si mi amor es libre,/ si mi amor es fiero,/ infinitamente lo es/ por ti».
Pues eso mismo. Si para abrazarnos hay que cruzar medio planeta lo hacemos porque no hay un mañana, sólo está el hoy cargado de rabia, el olor a hierba fresca, tu nombre escrito en la frente y el sexo, las palabras quedas, el temblor en la punta de los dedos, las ganas de mirarnos y sí, la urgencia total de amar, de hacerlo amadamente, porque hoy sabemos besarnos, porque no existe nada aparte de nosotros, porque somos insensatos furiosos, porque a mi piel le gusta fundirse con la tuya, porque nos damos el lujo de tenernos.
No me arrepiento de ser cursi
Mi hija cumple 15 años y a mí se me emocionan las entretelas. Me pongo a escribirle una carta y sin sorpresa sale de lo más cursi. No lo evito. Aquí está.
Preciosa,
Pues sí, hoy nos toca decir «hola» a los siguientes 15 años de tu vida. Quién iba a decir que llegarían tan rápido, que correrían tan deprisa estos primeros 15. Mientras te miro, con infinita ternura y orgullo pienso cómo te has desarrollado (más bien, desenrollado). Pasaste de estar hecha bolita dentro de mi panza a ser una adolescente hermosa y de entusiasmo fácil, dulce como nadie, con piernas fuertes, inquieta, una goleadora disciplinada que todo el día se ríe con Gaby, que se derrite con Kissy y Tammy, no se pierde clase de History ni Criminal Minds, cuyo cuarto siempre desordenado luce a Michael Jackson en cada muro. Me fascina verte llena de sueños y ganas de anotar goles en grandes ligas, triunfar cantando, cuidar a los animales en peligro de extinción y, en tus ratos libres, tal vez estudiar psicología. Eres una maravilla andante que me llena la vida.
Cuando cumpliste 10 escribí un libro contándote cómo había vivido esos años contigo, mismo que ambas lanzamos a la fama en la primera presentación de libro a la que asististe. Hoy no pretendo hacerte una enciclopedia (ahora que lo pienso, no es mala idea…). Esta carta sólo quiere decirte gracias, gracias por hacerme sentir tan querida, por (a veces) compartir conmigo mi propia computadora, por ese recadito «qué bueno que eres mi mami» digno de grabarse en oro, por ser tolerante con mi mal genio, por moderar el volumen de tu música, por los «te amo» que llegan a mi BlackBerry, por dejarme contar hasta 10 cuando quiero estrangularte, por esos ratos en la cena cuando nos platicamos nuestro día, por saber pedir disculpas y aceptar las mías. Hija, gracias por ser parte gozosa de mi vida y dejarme ser parte de la tuya. Te admiro desde lo más hondo: me encanta lo que veo cuando te veo.
Sé que los siguientes 15 serán distintos y está bien que así sea. Como si fuera un torneo de futbol vas a trazar una nueva estrategia de juego, integrar nuevos compañeros de equipo, estirar más los límites de tu cancha. Yo aquí voy a estar, disfrutando mi propia vida y lista para acudir cuando me necesites pero no me debes nada, no tienes ninguna deuda conmigo. Lo que te he dado como hija ha sido más que recompensado con el deleite de saberme tu mamá desde la banca. Disfruta crecer, no tengas temor y hazlo confiada en que la vida es buena y mucho más inteligente que nosotros. Un día no lejano vas a aprender a manejar, te vas a enamorar, decidirás tu profesión, te vas a independizar, harás tu propio espacio en el mundo. Me va a encantar verlo. Tu carácter, sensibilidad y disciplina son el mejor bagaje. Sin duda tienes en ti todo lo que necesitas para esta nueva etapa. Después de todo, la vida es como un buen partido: a veces se meten goles y otras se reciben pero la idea es dejar el alma en el campo, disfrutar a fondo cada minuto y ¿quién ha aprendido a hacerlo como tú?
Amor, muchas muchas felicidades en tus 15.
El yerro
La tribu está herida
Como el conejo de Alicia
«I’m late, I’m late for a very important date». Igual que él, estoy retrasada para una cita importante: conmigo misma, con una hoja de papel y una pluma. Mil y un compromisos, pendientes y fechas límite me han mantenido alejada de escribir por semanas… y lo resiento. Necesito minutos (quizá horas) sin interrupción, sin prisas, para vaciarme en una hoja en blanco, encontrarme en ese diálogo con el espejo, revisar cada arruga y cada pliegue hasta reconocerlos. Me urge espulgarme el alma.
Hoy que abro por minutos la novela que sigo leyendo (tampoco he tenido mayor tiempo para perderme entre palabras) encuentro esta belleza, referida a la caligrafía pero aplicable a todo encuentro de pluma y papel:
«La escritura es un equilibrio universal entre lo terrenal y lo celestial, lo horizontal y lo vertical, la curva y la recta, lo abierto y lo cerrado, lo ancho y lo estrecho, la alegría y la tristeza, la dureza y la ternura, la severidad y el juego, la energía y la caída, el día y la noche, el Ser y la Nada, el Creador y la Creación». (Rafik Schami, El secreto del calígrafo, Salamandra).
A esta hora añoro ese equilibrio.























