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Poema de paso sobre un hotel de ídem

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Otro #MiércolesDePoesía llega de improviso, sin avisar. Para recibirlo como se merece, aquí va un poema rico de Vicente Quirarte sobre un tema que nadie podría tachar de ligero. Se titula “Una mujer y un hombre” y se incluye en Puerta del verano. Provecho.

Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,

entrar en un hotel (ese templo escondido

que de ser invocado se aparece)

y amarse a plena luz del día.

 

Pero una mujer y un hombre deben antes

entrar en un cine, aunque jamás se enteren

de lo que pasa en la pantalla

y él mire la pelusa de durazno en su mejilla

y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.

 

O una mujer y un hombre pueden

salir a caminar y que la mano de él parezca

prolongación de la cintura de ella

y que entonces sea mayor la cadencia

del caminar de la mujer,

pues a eso sólo se parece

un barco bogando en altamar

en el umbral de la primavera.

 

O pagar el café ya frío cuando los ojos

y las manos han dicho sí mil veces.

Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,

una mujer y un hombre pueden, finalmente,

entrar en un hotel y darse el cuerpo,

dejar abierta la ventana para que pasen

la brisa caliente de los parques,

el rumor de los que salen del cine,

las campanas golpeando contra tazas,

la débil voz que va diciendo “así”.

Él, que no resistió la tentación

Pintura: Retrato de un hombre, VIncent Van Gogh
Pintura: VIncent Van Gogh

Constantino Cavafis, poeta para más señas, es amigo de hace tiempo. Sus versos me acompañaron durante la universidad y ahora regreso a ellos para iluminar este #MiércolesDePoesía con la breve estampa de uno que, como todos y como el propio Cavafis, encontraba difícil vivir peleado con la carne. La traducción no me fascina pero a través de ella el poema se sostiene.

Jura

“Jura a cada poco/

empezar un vida mejor./

Pero cuando llega la noche,/

con sus sugerencias,/

con sus ofrecimientos/

y promesas;/

pero cuando llega la noche/

con su fuerza/

al mismo goce fatal de su cuerpo,/

que ansía y busca, vuelve perdido”.

C.P. Cavafis, Poesía completa (Trad. Pedro Bádenas de la Peña), Alianza Tres, 1982

Me desordeno, amor, me desordeno

Foto: Andreas Bitesnich
Foto: Andreas Bitesnich

Ayer quise retomar la sanísima costumbre de los #MiércolesDePoesía, pero me fue imposible. Tuve que hablar del libro de Martín Caparros, El hambre, porque su crudeza no me dejó opción, de modo que por esta vez celebraré el #JuevesDePoesía. Para ello invito a la poeta cubana Carilda Oliver Labra, nacida en 1924 y que con este poema resume la exquisita confusión del deseo.

Me desordeno, amor, me desordeno/
cuando voy en tu boca, demorada;/
y casi sin por qué, casi por nada,/
te toco con la punta de mi seno.//

Te toco con la punta de mi seno/
y con mi soledad desamparada;/
y acaso sin estar enamorada;/
me desordeno, amor, me desordeno.//

Y mi suerte de fruta respetada/
arde en tu mano lúbrica y turbada/
como una mal promesa de veneno;//

y aunque quiero besarte arrodillada,/
cuando voy en tu boca, demorada,/
me desordeno, amor, me desordeno.

Esto pasa cuando uno choca con la luna

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Ayer platiqué con Fabio Morábito, poeta, narrador y traductor a quien admiro desde hace años. De hecho, en Caja de herramientas, primer libro suyo que leí, escribí la fecha: “1996”.

En la sala de su casa, amable desde las entrañas y con una sonrisa que sabe auténtica, me ofreció el regalo de una charla afable sobre libros y el vicio de escribir. En la plática mencionó un poemita del mexicano Carlos Pellicer, cuya luz no puedo dejar de compartir en este #MiércolesDePoesía:

El buque ha chocado con la luna./
Nuestros equipajes, de pronto se iluminaron./
Todos hablábamos en verso/
y nos referíamos los hechos más ocultados./
Pero la luna se fue a pique/
a pesar de nuestros esfuerzos.//

(De Exágonos)

 

Este deseo es nuestro hijo

Imagen: www.mariefindlay.com
Imagen: http://www.mariefindlay.com

Por Fortuna, otro #MiércolesDePoesía está aquí (celebro que cada vez somos más en esta fiesta semanal con intercambio de versos). Hoy, me atrevo a compartir un texto mío que tanto al escribirlo como al releerlo me deja un sabor a cal.

 

Este deseo es nuestro hijo,/

el que pedías./

Hoy nos duele por inmenso,/

por sin piernas.//

 

No recibió bendiciones/

pero va en nuestros brazos/

porque es nuestro./

Nos mira con ojos desvalidos./

Intenta una sonrisa,/

el rostro se nos dobla./

Luego duerme;/

hacemos otras cosas.//

 

Cuando despierta/

nos rozamos las manos./

Y nos vuelve a mirar.//

 

-Julia Santibáñez

 

(publicado en revista Salto al reverso)

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Balbuceos de ti por la tarde

Foto: Didi Andreeva
Foto: Didi Andreeva

Aquí un breve poema en prosa, para celebrar otro #MiércolesDePoesía:

El eco de tu caricia me acompaña en el sillón de las seis de la tarde. Tu fantasma que sólo yo siento me respira el cuello, me lame los dedos con balbuceos de ti y es como un rumor quedo pero insistente que socava el centro del mundo para hallarle sentido a esta tarde, en que tu sombra mancha de sangre mi ropa (y sólo yo la veo).

-Julia Santibáñez

A una muerta joven

Foto: wallpaper-photo.ru
Foto: wallpaper-photo.ru

Murió Pamela, amiga de la oficina, 24 años, sonrisa inmensa. Me duele su muerte importuna y me duele su mamá, desmayada a mitad del velorio, incapaz de tragar tanto dolor. Pame querida, ya lo dijo Miguel Hernández: tú te fuiste entre flores, nosotros nos quedamos entre ellas. Y no entendemos nada.

“El sol, la rosa y el niño

flores de un día nacieron.

Los de cada día son

soles, flores, niños nuevos.

 

Mañana no seré yo:

otro será el verdadero.

Y no seré más allá

de quien quiera su recuerdo.

 

Flor de un día es lo más grande

al pie de lo más pequeño.

Flor de la luz el relámpago

y flor del instante el tiempo.

 

Entre las flores te fuiste.

Entre las flores me quedo.”

-Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (REI)

 

 

 

Ponerse el disfraz de camisa sucia

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En este #MiércolesDePoesía propongo paladear un poema breve del chileno Óscar Hahn (1938), el mismo que tardó 20 años en escribir su primer libro, Arte de morir, y que quiere que su poesía sea vista por generaciones futuras como una de las biografías del hombre, una de las posibles biografías del hombre”. Viene incluido en un librito que compré la semana pasada en la Feria del Libro Independiente y el giro del verso final es un lujo. Provecho.

Fantasma en forma de camisa

“Estuve todo el día entre tu ropa sin lavar/

disfrazado de camisa sucia//

Te oí llenar la artesa con agua/

y abrir la caja de detergente//

Te vi de rodillas frente a la artesa/

restregando las prendas una a una//

Y ahora siento tus manos atónitas/

y tus ojos clavados en mí bajo el agua//

porque aunque raspas y escobillas y refriegas/

no consigues sacar la sangre de mi costado”.

-Óscar Hahn, Poemas de amor (Libros del ciudadano)

 

En mil en mí

 

Foto: Ilker Goksen
Foto: Ilker Goksen

Otro #MiércolesDePoesía está aquí. Con él llega este poema en prosa, que espero le diga algo a cada lector:

“soy penetrada muchas veces simultáneas primero por tu voz dice lo que me quieres de par en par hendir la grieta y hacerla más y luego tus manos me entreabren la carne sacan sus jugos para así la lengua entre los muslos les busca el alma y me ay también tu sexo tieso como tieso y duro come de mí se alimenta de zanjarla taladra la agrandar y me ay de tanto penetrada se ha en mil en mí”

-Julia Santibáñez

La mancha de púrpura de tu deslumbramiento

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Aquí va uno de mis poemas preferidos de la vida: “La mancha de púrpura”, del mexicano Ramón López Velarde. Lo leí por primera vez hace unos 20 años y me pareció de una sonoridad impresionante, cuajado de luz y tenebroso al mismo tiempo, de hondo perfume. Cada vez que lo releo me sigue deslumbrando, es un auténtico monumento. Así inauguro éste, el primer #MiércolesDePoesía del mes.

“Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos,
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.
Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!; mas en mi duelo
el afán de mirarte, se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha una ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento”.

#MiércolesDePoesía Por qué este hombre se prendió fuego

Sebastián Acevedo
Sebastián Acevedo

Estaba desesperado. Pedía que le devolvieran a sus dos hijos detenidos ilegalmente, acusados por la dictadura de terrorismo. Trabajador sin mayores recursos, buscó ayuda de las autoridades civiles y militares de Chile, de los medios, de todos. Pero nada. Hace 30 años, Sebastián Acevedo se roció con bencina y se prendió fuego. Pocas horas después murió. Sus hijos fueron liberados. Dejó un hueco helado, quemante. Hoy, #MiércolesDePoesía, comparto esto que escribió Gonzalo Rojas, para fijar en palabras ese amor desaforado:

“Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.

[…]

Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado”.

-Gonzalo Rojas, “El alumbrado”

El mayor temor de un poeta

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En apenas unas líneas, Guillevic resume uno de los máximos temores de quien escribe versos: que en vez de fluir como agua fresca, el poema se quede atascado, quieto, huela mal. Una vez más, la poesía pone en palabras intensas lo que yo ya sabía, sin saber que lo sabía. Aquí, la versión bilingüe:

Bien quisieras
avanzar en tu poema
como un arroyo

Rápido, sinuoso

y tiemblas de devenir
como un estanque

donde podrías, estancado,
ya no reconocerte.//

 

Tu voudrais bien
Avancer dans ton poème
Comme un ruisseau

Sinueux rapide

Et tu trembles de devenir
Comme un étang

Où tu pourrais, stagnant,
Ne plus t’y reconnaître.

-Eugène Guillevic, traducción de René Higuera

 

No querer caer (pero sí)

Screen shot 2013-06-11 at 4.06.52 PM

Decir no

decir no

atarme al mástil

pero

deseando que el viento lo voltee

que la sirena suba y con los dientes

corte las cuerdas y me arrastre al fondo

diciendo no no no

pero siguiéndola.

-Idea Vilariño, Poesía completa (Cal y Canto)

En las pocas líneas de este poema inmenso, la poeta uruguaya condensa la historia humana: si la tentación no fuera tan atractiva, si su canto no fuera poderoso a morir habría menos caídos. Pero sobre todo habla de mí, de mis ganas de resistir pero, en realidad, de mi mayor deseo de ser arrastrada al fondo. Este #MiércolesDePoesía lo comparto porque es de mis poemas favoritos. Porque sí. Por qué no.