Lo que rescataría de un incendio

Tenía unos seis o siete años. Mi papá era el ídolo de mi pequeño mundo (a 28 años de su muerte creo que sigue siéndolo). Yo esperaba despierta por la noche para verlo llegar y compartir un poco antes de dormir. De mañana no coincidíamos, así que esos minutos eran «mi tiempo» con él.

Esa noche no logré verlo: no sé si el sueño me venció o si él llegó tarde, pero a la mañana siguiente encontré sobre mi mesa de noche el diamante más grande del mundo, camuflado en esta esfera de cristal con una nota: «Para mi reinita».

Pesada, azul, con burbujas de aire, me pareció el objeto más lindo que había visto en mi vida, el más valioso. A lo largo de los años me ha acompañado en recuerdo de esa niña que se sintió reina del cosmos.

Si en un incendio tuviera que elegir entre la esfera, un portafolio con miles de dólares y todas las piedras preciosas que la Tierra posee no lo pensaría un segundo: salvaría este pequeño universo azul.

Voz de triple fondo

urgencia de contar/
esta ausencia que ensordece/
ansia de explicar/
el hueco del ruido de tu cuerpo/
hacerlo en una palabra/
poderosa/
no una retahíla sucesiva/
de voces/
de lamentos/
pero no la encuentro/
en los idiomas que conozco/
debo buscar en otros/
en ecos de lenguas antiguas/
en las no creadas/
una sola palabra que nombre/
esta querencia por tu acento/
que entienda este silencio de tu pecho/
que orden el caos sin tu voz de triple fondo//

 

-Julia Santibáñez

Idiomas: lentes para leer el mundo

Los amo con pasión desmedida: a lo largo de mi vida he pasado muchas horas estudiando inglés, francés, italiano, portugués y latín. Por desgracia no todos los domino pero me fascina llenarme la boca con sus acentos, ir descubriendo el color que cada uno de ellos irradia. En mi lista de propósitos de los próximos 25 años está añadir zapoteco y hablar fluidamente cada uno.

Hoy recibo en mi correo un artículo interesante de ElCastellano.org. Aborda cómo la lengua aprendida en los primeros años está profundamente anclada en el cerebro y es instrumento absoluto de interpretación intelectual/emocional del mundo. Aquí un fragmento revelador:

«[En los años tempranos] se captan y aprenden matices sensoriales y emocionales que son transferidos con las palabras de un determinado idioma como no lo serán nunca por ningún otro que se aprenda después. Y es este idioma temprano el que queda mas profundamente anclado en el cerebro y con el que el niño definitivamente, dibujara el mundo y sus gentes [sic]. Ningún otro idioma será plenamente equivalente. Y es con ese instrumento que el niño nombra sin esfuerzo el mundo y «lo diferencia» de otros mundos, lo que incluye «matices» de las cosas, sucesos y personas. Con el idioma más genuino, aquel que se escucha tras el nacimiento, se expresa la intimidad de una manera diferenciada y única».

Así es, la lengua materna permite interpretar el mundo y luego los idiomas aprendidos le añaden acentos, con lo que enriquecen la vida. Doy fe.

http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=2074

Ya que navegas por mi sangre

Y siguiendo con mi sesgo argentinófilo, aquí un alucinante poema en prosa del enormísimo Gelman…

«Ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites y me despiertas en la mitad del día para acostarme en tu recuerdo y eres furia de mí paciencia para mí dime qué diablos hago por qué te necesito quién eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte acabarte mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias el olvido».

-Juan Gelman

Madrugada aeroportuaria

Llevo horas varada en el aeropuerto, mi vuelo está retrasado «hasta nuevo aviso». Hace frío, tengo sueño, extraño el baño de mi casa (tan pulcro e íntimo él). Para evitar lamentaciones infructuosas y bloquear la soledad que escuece por dentro empiezo a imaginar: ¿Y si aprovechando el anonimato de la hora pasa a mi lado Elvis Presley (que en efecto no murió) y me convierto en involuntaria paparazzi? ¿O si aquel hombre se levanta, con la mirada perdida saca una pistola y acaba con mis anhelos de futuro? ¿O qué tal si en mi pasta marinara el cocinero/dealer puso una tacha y estoy por asomarme a otra dimensión que vaciaré en un poema? ¿O si a la mitad del té el Señor (es decir, Dios) me revela que el fin del mundo tendrá lugar en 10 minutos? Acorde con mis afanes históricos consigno: no sucede nada de lo anterior y aquí sigo, escribiendo como si viviera, viviendo como si escribiera.

Compañía a bordo

20121019-164413Voy a tomar un avión. Para tener una conversación intensa, de altos vuelos (literales y metafóricos), invité a venir conmigo a Silvia Molloy. A esta autora argentina que recién publicó su novela En breve cárcel en el Fondo de Cultura Económica me la presentó Ricardo Pigilia, a través de la colección Serie del recienvenido. Ella, muy amable y de buenos modales, aceptó venir conmigo, así que aquí estamos, conociéndonos.
En apenas unos minutos ya me tiene boquiabierta con instantáneas como esta: «La historia que pretende narrar se ha alterado. La alteraron el llamado de la mujer que hoy ya no vendrá y los menudos hechos que pueblan el intervalo, que separan ese llamado de esta frase. Escribía con furia y curiosidad; ahora escribe porque no sabe qué hacer…».

Por si tenían el pendiente…

… les cuento que sí: Buenos Aires me espera de nuevo así que allá voy a esa ciudad mágica (llevo gran sonrisa y el equipaje cargado de ganas). Como cantan los siempre precisos Páez y Sabina:

«En Buenos Aires descubrí que el día
hace la guerra; la noche, el amor…
En Buenos Aires falta guita pero sobran
corazones condenados a latir…
En Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Todas las noches sale el sol
todos los días vuelve el sol».

Revistas hoy: dos posibles futuros

El mismo día me entero de dos noticias relativas al medio de las revistas, el cual amo y me da de comer hace lustros. Por un lado, tras 80 años de publicación Newsweek cierra operaciones en papel y en enero 2013 se vuelve un título solamente digital; por otro, T-Post, «la única revista ‘vestible'», ofrece una suscripción gratis de prueba.

Ambos caminos dejan lecciones: Newsweek aligeró su línea editorial con el fin de captar más lectores y así cavó su tumba, pues traicionó a sus fans «duros» y tampoco captó nuevos. Diría mi mamá: «ni chicha ni limonada», es decir, ni contenidos fuertes ni suaves, se quedó a mitad de la nada. Cambiar de línea editorial resulta de-li-ca-dí-si-mo, es como si la Coca-Cola tradicional de un día para otro supiera a vainilla. Si se quiere probar, como lo sabe el gigante refresquero, se lanza ooootra bebida con sabor a vainilla y se mide su éxito, pero no se compromete el producto central de la marca. En cuanto a T-Post, resulta difícil definir si es «una revista» pero sin duda está en sintonía con lo que muchos chavos buscan hoy: diseño, creatividad, personalización, compra por Internet y entrega en cualquier parte del mundo. Todo indica que está siendo un buen negocio. Está claro qué valores conviene perseguir.

Ahí van los links:

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/10/18/actualidad/1350561313_324641.html

http://www.tpostmag.com/

Sacarle punta al amor

Sacarle punta al amor, luego afilarlo un poco más, deslizarlo por el cuaderno mientras tiñe los dedos y deja huellas de su paso. Aprestarse a leer lo escrito, atesorarlo, beber su sonoridad, repetirlo lento como un mantra, saber que en buena medida explica el mundo. Así, hoy.

 

-Julia Santibáñez

«Nunca se piensa mejor que cuando se escribe»

En entrevista, Margo Glantz señala: «Escribo sobre todo para aclararme a mí misma. Decía Monsiváis que nunca se piensa mejor que cuando se escribe». Coincido al 100%: me gusta pensar claro, por eso escribo (y sí, disfruto mucho el placer sensorial de hacerlo a mano).

¿Qué se oye más allá del sonido?

A raíz de la hazaña de quien estos días amaneció con ganas de saltar desde la estratósfera me da por preguntar: al romper la barrera del sonido, ¿qué se oye? Es más: ¿se puede oír algo? Circula por ahí un video de lo que vio pero no he encontrado nada sobre lo que registraron sus oídos. Quizá escuchó el silencio perfecto, el que engloba todos los sonidos de igual forma que el negro comprende todos los colores. A lo mejor experimentó un «silencionegro». Me gusta imaginarlo, aunque con la revoltura estomacal que debe haber sentido en la caída libre, debe haberle pasado de noche (literal).

Tu nombre se desgaja de los labios

tu nombre/ se desaja de los labios/ seco/ y sin aire/ cae tu nombre solo/ con estruendo/ se desprende como roca/ y quiebra el suelo/ resbala muerto/ golpeado por el sol/ tu nombre lejano/ quieto//   -Julia Santibáñez

El no-lugar en el sí-tiempo

Ayer, a medio centro comercial, me vino a la mente el concepto no-lugar, del antropólogo Augé. Hace poco leí un artículo al respecto en Ñ, revista de cultura del periódico El Clarín. En efecto, los centros comerciales carecen de identidad, de historia y relaciones, igual que los supermercados: se trata de no-lugares en tanto son espacios efímeros, de tránsito, demasiado higiénicos para generar conexión emocional. Entonces se me ocurrió una «solución»: ¿y si a mitad del centro comercial me besas y así llenamos de sí-tiempo el no-lugar? Hasta podríamos volverlo un sí-lugar…

Porque las niñas lo merecen

Hoy se celebra el primer Día Internacional de la Niña, decretado por la ONU. Casi puedo oír las voces de detractores «a priori»: «¿Otro «Día de…»? ¿para qué? ¿y por qué ‘Día de la niña’ si ya existe el ‘del niño’?».  Aquí las razones por las que aplaudo la iniciativa:

1. Celebro el Día Internacional de la Niña porque millones de ellas merecen que se hable de la desigualdad en la que viven. Si bien la infancia en general es vulnerable en casos de guerra, desnutrición, explotación sexual y violencia doméstica, ellas son, por mucho, más vulnerables que sus contrapartes masculinas. Según la ONU, a nivel global ellas conforman 70% de los menores que no van a la escuela y son tres veces más propensas a sufrir desnutrición. Además, cada año dos millones de chicas entre 5 y 15 años son vendidas u obligadas a tener comercio sexual.

2. Celebro el Día Internacional de la Niña porque ellas deben saber que la violencia de género, la mutilación genital y la falta de oportunidades no son «naturales», que tienen las mismas capacidades y fuerza que los niños, que merecen crecer en igualdad de condiciones, en paz.

3. Celebro el Día Internacional de la Niña porque soy madre de una adolescente que a diario me maravilla con su luz y su inteligencia, porque quiero que siga creciendo convencida y convenciendo de que son estupideces lo de «calladita te ves más bonita» o «ese deporte/esa profesión es para varones», porque el mundo merece disfrutar el enorme potencial de chicas como ella.

Info: http://www.swc-cfc.gc.ca/dates/idg-jif/index-eng.html#tab4

 

Señales que precederán al fin del mundo, de Yuri Herrera

Cruda, descarnada, con resabios de viaje iniciático y pinceladas mitológicas: esta breve novela (132 pp) trata la vida en la frontera entre México y Estados Unidos, ese submundo que tiene sus propios códigos, jerga y entrelíneas. La anécdota parece sencilla: una muchacha cruza «al otro lado» para buscar a su hermano. Se superponen primero la frontera, luego la tierra de nadie que es por donde se cruza, al final esos Estados Unidos que no salen en los anuncios, donde «todo es más tieso, todo está numerado… también se hacen fiestas, pero no se baila ni se reza, no se las ofrecen a nadie».

A través de un lenguaje preciso aparecen en instantáneas los «coyotes» que cruzan esperanzados, el itacate que el inmigrante carga con lo necesario pero también lo simbólico («una blusa bordada en colores, por si se atravesaba pachanga»), el cobro de favores, el abuso, la dinámica lealtad/deslealtad, la droga, la prostitución y, de manera privilegiada, la lengua: «no es que sea otra manera de hablar de las cosas: son cosas nuevas. Es el mundo sucediendo nuevamente: prometiendo otras cosas, significando otras cosas, produciendo objetos distintos». Con esas pinceladas, Herrera se asomarse a ese otro plano de México.

Es una gran novela, impecablemente escrita, que deja sabor agridulce en la boca. Confieso que no conocía el sello Periférica pero desde ya quedo invitada a regresar tanto al autor como a la editorial.

Otoño + el oro de tu boca

Pues sí, ando romántica, qué le voy a hacer…

«Hoy amanecí en crepúsculo/ sacudiendo mi otoño,/ sacudiendo mi vida,/ buscando el oro desierto de tu boca». -Marco Antonio Campos

Nueva (y controvertida) librería

Aprovechando el ímpetu dominical me lanzo al siempre amado Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, a conocer la nueva librería Elena Garro, duramente criticada por los vecinos bajo argumentos de violaciones al uso de suelo y complicaciones viales. No sé si Consuelo Záizar, titular por algunas quincenas más del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, haya transgredido la ley; lo que no creo es que los inconformes logren «la demolición» del inmueble, válgame dios. Lo curioso es que esos mismos vecinos no parecen haber hecho tanto alboroto ante la apertura de incontables bares y cantinas en el perímetro. En fin, desconozco los pormenores pero celebro el nacimiento de una nueva casa para los libros.

El edificio es espacioso, agradable, de techos altos. Dicen que la construcción tiene 1,700 m2. El frente completo de vidrio da a una enorme jardinera. Vi una buena variedad de sellos editoriales, tanto nacionales como extranjeros. Cuenta con una zona dedicada a literatura infantil y juvenil aunque no me parece idónea para los chicos, por aséptica. Tiene también una mesa de literatura en otras lenguas, lo que me entusiasmó de inicio, pero en vez de ofrecer autores extranjeros en sus idiomas originales, parece dedicada a los turistas, pues ofrece escritores mexicanos en inglés, francés e italiano: ahí están Rulfo, Paz, Fuentes, Pitol, Agustín, Esquivel, Soler, Nettel y Fadanelli, entre otros. No está mal, sólo que mi expectativa era otra.

Dos críticas: 1) encontré incómodos los estantes tan altos, pues en vez de autoservirme sin tiempo ni presión, debí pedir ayuda y regresar los ejemplares pronto al dependiente, que esperaba volver a colocarlos en su sitio; 2) en contrasentido de las librerías modernas (en México, la Rosario Castellanos de la Condesa; en Buenos Aires, El Ateneo; en EUA, Barnes&Noble), cuenta con muy poco espacio para sentarse a leer.

En fin, me siento como cuando llega un nuevo bebé a la familia: puede ser feúcho, no parecerse al papá, llorar demasiado, pero se le celebra con entusiasmo. Así yo con la Elena Garro. Además, creo que es un buen homenaje a la autora de ese excelente testimonio Memorias de España 1937 y del imperdible cuento «La culpa es de los tlaxcaltecas».

Nostalgias de estar conmigo

Después de días cargados de voces, adrenalina e intensidad, hoy decido pasar el día a solas conmigo y lo disfruto una enormidad. En silencio, me siento a gusto en mi piel.

 

Deseo como un niño pequeño

Como un niño pequeño, el deseo no deja de crecernos. Territorial, el día que llegó se hizo espacio en nuestra casa, la pobló de sus cosas y nos puso a su merced.

A meses de distancia, sigue siendo él pero es otro, de ojos asombrados. Cada rincón luce sus colores, no hay ámbito libre, espacio del clóset que no invada. Por las noches, oculto a todo, se estira un poco y a la mañana sorprende con una nueva altura, pómulos más marcados, capaz de otras hazañas. Se lanza a correr y nos lleva detrás, lengua de fuera. A veces nos cosquillea, otras nos maravilla o asusta. Pensamos que nosotros lo engendramos pero es él quien nos dio a luz.

 

-Julia Santibáñez

Cómo los libros cambian con la edad (de uno)

Irán

“Solamente hay una manera de leer, que es huronear en bibliotecas y librerías, tomar libros que llamen la atención, leyendo solamente ésos, echándolos a un lado cuando aburren, saltándose las partes pesadas y nunca, absolutamente nunca, leer algo por sentido del deber o porque forme parte de una moda o de un movimiento. Recuerde que el libro que le aburre cuando tiene veinte o treinta años, le abrirá perspectivas cuando llegue a los cuarenta o a los cincuenta años, o viceversa».

-Doris Lessing, El cuaderno dorado (Punto de Lectura)

Sí, acercarme a libros leídos en la temprana juventud ha sido para mí como reencontrar al novio de secundaria… que ahora está más guapo.

Libros, más vivos que la gente

Para esta mañana de sábado, aquí otra cita explosiva sobre el arte de leer:

«Los libros a veces están más vivos que la gente, ‘pueden estar cargados de dinamita’. Algunos de ellos son capaces de generar encuentros tan intensos que pueden mutilar la existencia o inyectar una fortaleza diez veces mayor a todo lo concebido.” –José Gordon, El novelista miope y la poeta hindú (Difusión Cultural UNAM).

 

Cortázar me calla la boca

: http://www.literatura.us/cortazar/index.html

Hace unos días escribí algo sobre la palabra «gentes» y subrayé que me parece lamentable (ver Septiembre 11, entrada: «Palabra del día: ‘gente’ (no ‘gentes’)». Pues resulta que anoche empecé a leer una edición argentina de Las Hortensias y otros relatos, de Felisberto Hernández (El cuenco de plata). El volúmen incluye un prólogo que Cortázar hizo de la primera edición y en él encontré esta joya (¿?): «Pero me pregunto si muchos de los que en aquel entonces (y en éste, todavía), te ignoraron o te perdonaron la vida, no eran GENTES incapaces de comprender por qué escribías lo que escribías y sobre todo por qué lo escribías así […]».

Aunque sigue chocándome, asumo que el lenguaje es de quien lo utiliza: se la «paso» a Cortázar.

Fecundar/secundar

http://profesorviaweb.com/tag/palabras-claves/

Se me ocurren algunas rientes confusiones a las que se prestan en una oficina estas cuasihomófonas:

  • En una junta, ante la propuesta de un ejecutivo su jefa responde entusiasta: «te secundo» (todos entienden «te fecundo»).
  • Un gris empleado quiere convencer a sus colegas de tomar tal línea de acción y pide: «Necesito que me secunden» (sin comentarios).
  • «Se trata de elegir en consenso una idea y secundarla» dijo la autoridad (y la idea escogida se multiplicó).

 

 

 

 

 

Para todo mal, mezcal…

Y para todo bien, también, dice la sabiduría popular mexicana. Por supuesto no pretendo adjudicarme la autoría de esa enorme frase, sólo la tomo prestada para un día pesado como hoy (con olor a lejanías). La buena noticia es que rematará con amigos, justamente, en torno a un buen jugo de agave. Acepto mansamente mi destino y sólo pido la necesaria sal de gusano y los gajos de naranja. Sea, pues.