Hace frío en este México que llueve y llueve. Para calentar el alma y las manos y el cuerpo y las emociones va este tema de Peggy Lee, la descomunal: se llama Fever. Con esta voz y alguien a quien dedicársela, el viernes puede cobrar temperatura…
Never know how much I love you Never know how much I care When you put your arms around me I get a fever that’s so hard to bear You give me fever When you kiss me Fever when you hold me tight Fever
Un estudio de diseño que ha creado más de 1,600 marcas en su natal Argentina y fuera de ella (para la empresa británica Harrods, por ejemplo) tiene algo que decir sobre cómo crear un concepto gráfico eficaz. Bancos, nueces orgánicas, centros comerciales, librerías, equipos de futbol, vinos y señalizaciones urbanas lucen hoy la marca ideada por los creativos de Diseño Shakespear. Fundado por Ronald Shakespear (así se llama el tipo, lo juro), celebra 52 años de vida y para celebrarlo presenta una muestra en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Entrevistado por la revista mexicana La Tempestad a propósito de la exposición, el director del estudioseñala: «La misión del diseño no es solamente solucionar problemas, es detectarlos, antes que nada […] la ‘oreja grande’ es imprescindible para escuchar a la gente, sus desvelos, sus sueños». Entonces subraya respecto a la chatarra visual que padecemos: «se debe fundamentalmente a que muchos diseñadores leen poco y nada, privilegian la computadora sobre el libro”. Es decir que para comunicar a través de imágenes es necesario que detrás exista un conocimiento sobre el alma humana, sus deseos y necesidades… y para ello leer resulta indispensable.
«Lo más fácil en una novela es pecar de solemnidad, no contar nada y fingir que se cuenta».
«Una novela se inserta en la sociedad que la vio nacer cuando llena un vacío».
«Cuanto más cerca está un autor de terminar una novela, más alejado está de la vida».
«Una novela se parece a una mujer, en que provoca un vacío sin el cual no es posible vivir».
Con la lectura de aforismos inteligentes como estos (¿hay de otros?), Eusebio Ruvalcaba presentó anoche la reedición de Desde la tersa noche, publicada originalmente en 1994 y que en esta edición de NitroPress incluye textos críticos de Vicente Quirarte y Guillermo Arriaga, entre otros. Nombre bien conocido en las letras mexicanas, Ruvalcaba ha navegado por novela, ensayo, cuento, crónica, aforismo, poesía, dramaturgia, periodismo. En lo personal, he leído buenos cuentos suyos, me gustan sus aforismos y sus textos sobre música (es un maestro) y conozco algo de su poesía (no soy su fan).
Al final de la presentación, alguien le pregunta cuántas novelas ha publicado y él contesta: «Me siento abochornado de responder eso. No tiene la menor importancia el número, lo realmente importante es si con alguna pude tocar a un lector». Compro Desde la tersa noche porque no la he leído, porque quiero ver si me toca y porque me parece precioso decir que, igual que una mujer, provoca un vacío sin el cual no se puede vivir.
En realidad se trata de una abreviatura del latín frater germanus, ‘hermano de padre y madre’, locución en la cual germanus tenía el sentido de ‘auténtico’. Es decir que germanus era, literalmente, ‘el verdadero’. Por deformación, terminó adoptando el sentido actual de ‘hermano’, aunque la acepción original de frater quedó en voces como fraterno o fraternal, diceJoan Corominas, en el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (Gredos).
Disfruto saber esto: me gusta llamar hermano o hermana a personas muy cercanas, sean de mi familia o no, y reconocerlas así como gente con la que comparto sangre… porque así lo decido. Al final, ¿por qué habría de coartar mis cariños la biología?
«There is a crack in everything./ That’s how the light gets in».
– Leonard Cohen, canción «Anthem»
En la voz atemporal de Cohen, estas palabras cobran una fuerza especial, como de vino añejado, más exquisito. Es que la fragilidad y la anomalía tienen un enorme encanto. En un mundo en esencia incompleto, lo falible es lo más verdadero, lo que más nos explica como seres destinados a la imperfección, el deterioro y la muerte. Resulta bello pensar que por esas grietas se pueda colar la luz.
Acción Poética es un movimiento literario-mural que saca la poesía de los libros, para acercarla a la gente. Consiste en pintar sobre algún muro urbano versos de autores reconocidos o simples frases sorprendentes, con una intención poética. La idea es invadir la ciudad de palabras, de forma transgresora, creativa y fugaz. Con 15 años de existencia y habiendo «tomado» unos 3,500 muros (según su página web), tiene presencia en Uruguay, Chile, Argentina, Perú, España y México, entre otros países.
La foto que abre este post la tomé una mañana cerca de casa, a la vuelta de una esquina: juro que fue una experiencia deliciosa verla ahí. Al día siguiente había desaparecido, bajo dos capas de pintura. Las demás imágenes las tomé de su sitio web. Es una de esas iniciativas «inútiles» pero hermosas que me fascinan.
«La soledad para una mujer es fundamental, porque es la mayor de las libertades y es desde donde una mujer se puede construir sin ideas de otros».
-Chavela Vargas a Buika
No sé de dónde copié la cita (está anotada en una libreta), pero no puedo estar más de acuerdo, tanto en el caso de mujeres como de hombres. Me parece indispensable quitarle la carga social negativa que tiene pasar tiempo a solas y aprender a enfrentarnos al espejo sin temor. Lo encuentro aleccionador, curativo, muy descansante.
«Aquí estoy. Miren. Mírenme. Ya ven, yo no mentía. Yo fui así. Hace muchos años, en otro planeta, en otra dimensión, yo fui así de inmortal y valiente y feliz y perfecto».
-Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington (DeBolsillo)
A veces, un texto busca una imagen que lo complete, o a la inversa. En este caso, foto y texto se dieron la mano. Yo sólo fui testigo del encuentro.
PD La escultura es del inglés Antony Gormley, la imagen es de mi querido Antonio Santoyo (la tomó hace años, cuando fuimos juntos a ver la exposición de Gormley en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en la capital mexicana).
La risa puede expresar complicidad, incluso cariño, porque reírse de alguien no siempre implica ofensa o humillación. Es el caso de estos cartones de Palomo, ilustrador chileno nacido en 1943, quien reúne en Literatos “un bestiario con apuntes del natural, recamado en perlas escogidas del acervo literario universal” (yo tengo una edición de 1989 publicada por Promexa, pero en 2007 lo publicó el FCE). Además de sus dibujos, que generan simpatía por esos locos que se dedican a escribir, contiene citas geniales sobre su arte, como éstas: «El don esencial de un escritor es un detector de mierda, innato y a prueba de golpes» (Ernest Hemingway) o «Espero, algún día, escribir un libro cuyos derechos financien los ejemplares que regalo en el lanzamiento» (Clarence Darrow).
Es el mejor regalo para quienes se toman demasiado en serio el oficio, los premios y la búsqueda de personajes, trama, título… y editor.
«Somos casas habitadas por un inquilino del que no sabemos nada. Nuestras fachadas son muy bonitas pero, ¿quién es ese loco presa del insomnio, que en el interior pasa las horas dando vueltas, apagando y prendiendo las luces?». Con estas palabras del autor libanés-canadiense Wajdi Mouawad (n. 1968) abre el programa de mano de Incendios, para dar paso a dos horas y media de teatro descarnadamente bueno, sin respiro.
Una mujer que llevaba cinco años sin hablar acaba de morir. En su testamento, pide a sus hijos gemelos que entreguen una carta a su padre (que ambos creían muerto) y otra a su hermano (cuya existencia desconocían). Eso los lleva a regresar a Medio Oriente y revisar su propia infancia, su historia familiar entretejida con la violencia, la injusticia, el dolor y el silencio. A partir de un texto bellísimo y con un trabajo actoral impresionante de Karina Gidi y muy atinado de Guillermo Villegas y Jorge León, la obra verdaderamente incendia la piel.
En alguna entrevista, Mouawad compara al artista con un escarabajo: ambos se alimentan de los excrementos de otros, del desecho sacan su fuerza, su vitalidad, transforman lo inmundo en un caparazón bellamente colorido… o en una obra de arte. Justo así con Incendios, que se presenta en el Foro Shakespeare: es bella a partir de lo putrefacto. Y si se le suma ir con la amiga más entrañable, para cerrar con plática en torno a una buena pasta, la noche no puede ser más redonda.
Me gusta cuando un libro me provoca, estira la liga de mis ideas. Éste lo hace, igual que otros de la colección Versus, publicados por la imperdible editorial mexicana Tumbona, como Contra la originalidad, Contra la alegría de vivir o Contra la belleza: son quejas irreverentes contra verdades fijas, opiniones que van a contracorriente y llevan a revisar lo incuestionable.
Aquí, Kipnis presenta el amor romántico como la forma más reciente de trabajo alienante, el más eficaz sistema de coacción social. La sociedad de masas demanda seres disciplinados, ordenados y reproductivos: el matrimonio los crea ad hoc. El asunto es que la sociedad ni siquiera tiene que imponer su discurso con amenazas o castigos: nosotros, ingenuos ciudadanos, lo aceptamos mansamente, suspirando. En consecuencia, el adulterio es una táctica inconsciente para subvertir el orden amoroso regido por las exigencias del capital. En otras palabras, ser infiel resulta un «referéndum de facto sobre qué tan sostenible es la monogamia —y sería difícil argumentar lo contrario—, también es lo más cercano a una revuelta popular contra el totalitarismo contemporáneo de la vida en pareja… Es una variedad especial de apostasía en la iglesia del amor moderno».
Con argumentación impecable, en apenas 50 paginitas se tira a matar contra el lugar común que entroniza el matrimonio. Si yo fuera Cupido, estaría nervioso.
«[…] quise ser pintor, dibujante. Sentía que eso era lo mío, el trabajo con las imágenes […] para mí, escribir es un modo de pintar, es una manera de obedecer a las imágenes que se van dibujando dentro de mí. Esas imágenes se traducen en palabras pero empiezan siendo imágenes. Yo soy incapaz de escribir una historia, completamente incapaz de escribir algo, un episodio, una idea, una emoción, si previamente no puedo verlo. O sea, lo primero que hago es cerrar los ojos y verlo dentro de mí. Y cuando lo veo, lo escribo… pero al revés, no».
Por eso Galeano regala estampas tan imborrables como: «Ese hombre o mujer está embarazado de mucha gente. La gente le sale por los poros. Así lo muestran en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas». «La pasión de decir/ 2», El libro de los abrazos (Siglo XXI).
Esta ricura de tema es el feliz monstruo que nació de la unión de una inglesa, dos mexicanos y un «gato», es decir, un madrileño. El sonido de la banda es fresco, crea atmósferas, tiene aromas. Se compone de trompeta, guitarra, contrabajo y cajón. Va esta sabrosa banda sonora para un viernes que se antoja mezcalero (o tequilero o aguardentoso o vinoso o lo que a cada cual apetezca). Provecho.
«A ella no le gusta trabajar
Lo que le gusta es bailar
Moviendo las caderas siempre va
Con su caguama
Y cuando se decide a entrar a un bar
Perfumes, Buenos Aires, volarán
No te imaginas la que se va a armar
Bajo su falda»
Foto tomada de Improbables Librairies, Improbables Bibliothèques
«Los lectores son seres molestos, como los enamorados, como los viajeros, porque no se tiene control sobre ellos, se escapan». -Michèle Petit, citado en 101 aventuras de la lectura (Zimat).
Cómo no vamos a ser incómodos en una sociedad domesticada, programada para tragarse los programas de TV y la historia oficial sin poner reparos. Quien lee se pregunta, aprende a ser crítico, cuestiona, usa pares de ojos adicionales. Sí, un lector es un ser esencialmente subversivo.
A veces, las ideas son colibríes estallados de color, que iluminan un día (o varios). Otras parecen cuervos de vuelo lento, lóbrego. ¿Las más? Simplemente son entes que vuelan, sin que nadie repare en ellos.
Hoy en Argentina se celebra a los autores, en conmemoración del nacimiento de Leopoldo Lugones, enorme narrador y poeta, creador de la Sociedad Argentina de Escritores. La fecha me hace pensar: ¿qué mueve las entrañas de un autor? Más allá de publicar, de ser reconocido (o no), de tener lectores (la familia no cuenta), el término nombra a quien no puede dejar de unir palabras, quien no concibe su vida sin vaciarlas.
Al buscar explicarme cómo me nació esta vocación recuerdo aquello de Elías Nandino: «Cuando tenía 15 años escribí un poema y descubrí que hacerlo me alivió». Pues igual: escribo desde mis ocho o diez años porque hacerlo me alivia.
«Una gran foto expresa lo que uno siente en lo más hondo sobre el objeto fotografiado y es, por tanto, la plena expresión de lo que uno siente sobre la vida en su totalidad». -Ansel Adams (la cita original viene en inglés, la traducción es mía)
Javier GM abre su blog de fotografía con esta poderosa cita y es congruente con ella. A través de sus imágenes comunica la suave nostalgia de un patio, el alma de un caballo de metal que quiere correr en el campo, la risa ahogada de algún querubín, los secretos que esconde una puerta envejecida. Y lo hace con enorme sensibilidad, encontrando la magia en cada rincón, pared, escultura, momento. Debe tener ojos bonitos, aunque es lo de menos: lo importante es que mira el mundo sabiendo que hay belleza por descubrir.
En las pocas líneas de este poema inmenso, la poeta uruguaya condensa la historia humana: si la tentación no fuera tan atractiva, si su canto no fuera poderoso a morir habría menos caídos. Pero sobre todo habla de mí, de mis ganas de resistir pero, en realidad, de mi mayor deseo de ser arrastrada al fondo. Este #MiércolesDePoesía lo comparto porque es de mis poemas favoritos. Porque sí. Por qué no.
-Bruno, citado por Mauricio Bares en Apuntes de un escritor malo (Nitro/Press).
Me queda claro que nunca me hago las preguntas importantes sobre aspectos definitivos de la vida, como esta perla que seguro se planteó Heidegger a los cinco años: ¿por qué da risa la risa?
A veces, los editores de libros son mucho más que eso: usan manto blanco impoluto, barba igualmente alba y sostienen un cetro dorado, es decir, la hacen de Dios. Así lo demuestra esta cita: vaya, que para venir a corregirle la plana a Goethe sobre su propia vida se necesita…
Gracias a mi querido Benjamín Recacha (www.brecacha.wordpress.com), quien hizo favor de localizar la fuente del texto que yo había olvidado anotar, les cuento que viene de Siguiendo mi camino, de Mauricio Wiesenthal, libro de biografía/ ensayo publicado este año por Acantilado. El fragmento empieza así: “Sé que los eruditos prefieren las notas a pie de página. Pero las he eliminado porque me dejan siempre la impresión de que el editor…”.
P.D. Qué sería de nosotros, pobres blogueros despistados, si no tuviéramos amigos que suplieran nuestras carencias…
«El museo, como lugar público, ha dejado de tener poder como legitimador de una obra. Esta legitimación se produce ahora por la acción del mercado […] Todos somos un poco culpables de un sistema que convierte a los historiadores y comisarios en emprendedores, a los artistas en marcas y al lector-espectador en un consumidor».
-Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, en Madrid, entrevistado por Ñ (6 de abril de 2013).
Algo similar aplica a los escritores: son marcas exitosas (y publicables) en la medida en la que vendan miles de ejemplares, sin importar su calidad. Eso implica que se pierdan en el camino muchas enormes plumas, que hoy no venden pero serán valoradas en décadas. Pero así como esa variable actual es negativa, la democratización de los medios ofrece esperanza: a través de editoriales independientes, de sistemas de autopublicación o de redes sociales, están dándose a conocer autores que mañana serán clásicos.