Tengo la suerte de no saber lo que es vivir en suelo prestado, sin un espacio propio. Hoy pude contribuir para que Irene, Ciro y los pequeños Iris y Javier también tengan su casa. Convocados por Fundación Televisa y la Asociación Construyendo, 17 compañeros y yo fuimos a Santiago Sula, Estado de México, a hacer trabajo voluntario.
En los dos días previos, otros colegas colocaron las paredes, colaron el techo, cubrieron los muros, montaron la cancelería. Hoy resanamos paredes y techo, formamos el marco de las ventanas, pintamos, limpiamos. El esfuerzo de unas 70 personas, más la mano experta y supervisión de tres maestros albañiles levantó en tres días esta construcción de cemento: el terreno es propiedad de la familia, la fundación donó los materiales, el trabajo fue cedido por voluntarios. Así, los Morales ya no seguirán viviendo con los padres de Ciro, sino en su casa. A cambio de un día de labor, traje conmigo las caritas de los niños, un rico arroz con frijoles y tortilla, la sencillez de su gratitud. Creo que salí ganando. ¿Por qué no lo hago más seguido?





































