Ausencias

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Por estos días, mi papá cumple otro aniversario de haberse ido a algún sitio muy lejano.

Veintinueve años sin sentir su abrazo son muchos, demasiados. Me sigue haciendo falta oír su voz, reírme de sus bromas, perder mi mano entre las suyas. Aunque no lo mencione, pasa por mi mente seguido, tanto despierta como dormida. Benedetti me hizo el favor de escribir algo al respecto, para que yo pudiera postearlo hoy:

«Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de ausencias. Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados. Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria».

Mario Benedetti, «Ausencias», Vivir adrede, Punto de Lectura.

Para qué sirve el Día Internacional de la Mujer

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Mujer-redentora, mujer-devoradora de vidas, mujer-abnegada hasta la muerte, mujer-egoísta de mierda, mujer-diosa, mujer-puta, mujer-virtud encarnada, mujer-infame. Qué manera de construir escenarios para personajes vacíos que son «el otro»: basta echar un ojo al imaginario colectivo (por ejemplo, vía canciones del radio) para encontrar este tipo de dicotomías huecas. No me reconozco en ninguna de ellas sino, acaso, en los resquicios entre todas ellas.

Con lo recorrido en siglos todavía falta mucho por avanzar hacia la equidad en México: miles de jóvenes explotadas «por calientes», sumisas que aguantan los favores del marido, ancianas violadas, niñas que no van a la escuela para ayudar en el quehacer, mujeres condenadas si deciden sobre su cuerpo, bebés que decepcionan al no ser «el varoncito».

No es el caso excepcional mío y de otras mujeres urbanas, con niveles educativos iguales a los de los hombres, exigidoras de su respeto, con salarios que en nada palidecen frente a los suyos, pero somos una grosera minoría.

Como mujer y madre de una mujer propongo que usemos este 8 de marzo no en felicitaciones huecas, sino para alzar la voz por las que no hablan o no son escuchadas, por las que ni siquiera saben que merecen ser oídas.

Decir «maricón» no es un chiste

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Las palabras no son ingenuas. No pequemos de ingenuos afirmándolo.

Hoy amanecemos con la buena noticia de que la Suprema Corte de Justicia de México determina que decirle a alguien «maricón» o «puñal» (eufemismo de «puto») no es cosa menor, no es un chiste, tampoco algo que las leyes puedan defender en una sociedad que se pretende democrática. Aplaudo poco a los jueces mexicanos pero esta vez lo hago con entusiasmo. Aunque pareciera una minucia establece un referente importante: las palabras pesan, incluyen o excluyen, crean realidades, equiparan o discriminan.

El contexto de la nota es el siguiente: en 2010, el periodista Enrique Núñez Quiroz publicó en el periódico poblano Intolerancia (nunca más atinado el nombre) un artículo en el que descalificaba a un colega llamándole «maricón, puñal». El ofendido inició un juicio por daño moral en su contra, durante el cual el periodista alegó que hacía uso de su libertad de expresión. Al perder y ser condenado a pagar una indemnización promovió un amparo, mismo que llegó a la corte, con el resultado ya dicho.

Señor Núñez: el argumento tras el cual quiso justificar su homofobia no sólo es pobre sino también muy obtuso. Estigmatizar a alguien, denostar su labor profesional con base en su preferencia sexual no debe ser y no es una conducta defendida por leyes que se respeten. Ahora sí tendrá usted que buscar argumentos inteligentes para enfrentar el proceso judicial. Que tenga un buen día, porque yo ya lo estoy teniendo.

http://www.jornada.unam.mx/2013/03/07/sociedad/051n2soc

Sí, éramos humanos antes de Photoshop

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(ca. 1880, fotógrafo francés no identificado)

Retocar la realidad, hacer verdad las fantasías aunque sea en papel, transformar el instante, contar con un plumón mágico que gire/ fusione/ transmute todo a voluntad. A quién con sangre en las venas no le apetece pensarlo.

En nuestro mundo de retoques digitales a la menor provocación, de engaños visuales y perversiones sensoriales, ya casi ninguna foto nos sorprende, pero sí lo hacen las imágenes de una reciente exposición en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Algunas tan antiguas como de 1880 (la que abre este post) y otras de la primera mitad del siglo XX, dan testimonio de la creatividad, el talento y la intención lúdica de fotógrafos que, sin darse cuenta, demostraban a las claras que el deseo de jugar con la realidad, tan típicamente humano, existía desde antes de que naciera Photoshop en 1990.

http://www.metmuseum.org/exhibitions/listings/2012/faking-it

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(1932, Wanda Wulz)

 

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(1948, Grete Stern)

 

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(1939, Barbara Morgan)

 

 

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(1930, Howard S. Redell)

 

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Órdenes como éstas me encanta recibir

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Es una palabra bantú y se escribe mbuki-mvuki (a pesar de la transcripción entre corchetes, vaya uno a saber cómo realmente se pronuncia). Lo fascinante es lo que significa: «quítate la ropa y ponte a bailar». Si es así, que me ordenen todo lo que quieran.

Un amor, de Dino Buzzati

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Me gusta mi costumbre de, cuando viajo, leer a un autor del lugar al que voy. Siento que me acompaña, es mi guía particular, me permite entender mejor las vivencias. En esa tónica recién termino de releer Un amor, novela del italiano Dino Buzzati (Gadir) situada en Milán, donde acabo de pasar unos días. Las pinceladas sobre la ciudad son magistrales, como ésta: «Era uno de tantos días grises de Milán, pero sin lluvia, con ese cielo incomprensible que no se sabía si eran nubes o sólo niebla […]». Pero el corazón de la trama gira en torno a algo mucho más universal, asible para cualquiera que lo haya vivido: la pasión desbordada que lastima, el celo incomprensible por alguien que no lo merece. Todo parece advertírselo a Antonio Dorigo, el protagonista: «Los álamos de la llanura, el desplazarse en procesión con las espaldas curvadas, parecían decirle: detente, hombre, da media vuelta, no pienses más en ella y síguenos, no corras a tu ruina. Nosotros te conduciremos al remoto paraíso de los árboles, donde sólo existe bienestar, canto de pájaros y paz del alma. No te obstines». Previsiblemente, Dorigo sigue caminando a su perdición.

No revelo detalles para quien no haya leído este impresionante clavado en el alma humana que es la novela de Buzzati. Sólo dejo este fragmento representativo: «En aquella desvergonzada y tozuda chiquilla resplandecía una belleza que él no lograba definir, porque era diferente de todas las demás chicas como ella, listas para responder al teléfono. Las otras, en comparación, estaban muertas. En ella, Laide, vivía maravillosamente la ciudad, dura, decidida, presuntuosa, descarada, orgullosa, insolente, en la degradación de las almas y las cosas […] De vez en cuando Antonio se asombraba de sí mismo. ¿Cómo era posible que tolerara tanto? En tiempos le habría parecido inconcebible. Por suerte, hasta a las bofetadas se acostumbra uno. ¿Por fortuna o por desgracia? ¿No era señal de una degradación? Pero rebelarse era imposible. La idea de perderla le infundía el desaliento habitual».

 

 

El texto, un tejido de palabras

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«Texto», entendido como un escrito, viene del latín «textus», que a su vez procede de «textere» que significa «tejer, trenzar». En el fantástico libro Sorpresas en palabras (Tecolote), Krystyna Libura y Gabriel López Graza señalan que de esa misma raíz vienen «tejer» y «tejido». Es decir que, por su etimología, un texto es un tejido de palabras.

Lo pienso mientras repaso en mi celular los muchos mensajes que me envía quien más me quiere, a miles de kilómetros de distancia: juntos forman un textil de colores, bordado de momentos y cosas buenas.

Libreta = placa fotosensible


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Fin de semana delicioso: pláticas con mi hija, confesiones, alguna lágrima, risas, complicidad. Necesitaba sentirla cerca. Además, el hallazgo de una exposición notable en el Museo de Arte Carrillo Gil: libretas de trabajo, bitácoras y cuadernos de 45 artistas de distintas disciplinas.

Los creadores que cedieron sus libretas al museo las llaman «archivos mentales» y «contenedores para vaciar la cabeza». Se trata de compendios de bocetos, recortes, frases, dibujos, texturas e iluminaciones. Igual que las placas fotosensibles reaccionan ante la luz y graban las imágenes que conocemos como fotos, el papel de estos cuadernos plasma el proceso emotivo, de reflexión y observación (¿obsesión?) que subyace el trabajo de cada uno. De ahí el nombre de la muestra, curada por Caroline Montenat: Materia sensible. Lo fantástico es que no están expuestos en una vitrina sino dispuestos en mesas y, previa colocación de guantes de plástico,  pude hojearlos, leerlos, seguir la narrativa implícita. Resulta impúdico pero placenterísimo asomarse así tras bambalinas y observar los tachones, las dudas, las ideas en gestación. Una nota: lamento la mala calidad de estas imágenes, pero un museo no tiene la mejor luz para fotografiar.

http://www.museodeartecarrillogil.com/ex_caroline.php


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Pantalla de TV: cristal de doble cara

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Cuando era niña juraba que los personajes que salían en la tele podían verme, tanto que me burlaba de quienes aseguraban que no era así (pobres). Lo recuerdo ahora que encuentro esta bella cita de Galeano:

«Me lo contó Rosa María Mateo, una de las figuras más populares de la televisión española. Una mujer le había escrito una carta, desde algún pueblito perdido, pidiéndole que por favor le dijera la verdad:

—Cuando yo la miro, ¿usted me mira?

Rosa María me lo contó y me dijo que no sabía qué contestar».

-Eduardo Galeano, «La televisión», El libro de los abrazos (Siglo XXI)

Ahora, ya se sabe, la tecnología busca hacer posible que a través de la pantalla seamos observados, de manera que nuestros hábitos y preferencias brinden información valiosa tanto a gobiernos como a empresas ávidas de vender. Ja, ni la mujer del texto ni Guille ni yo andábamos perdidos.

Las infinitas posibilidades de un pliego

 

 

 

 

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En estricto sentido, un pliego común es una hoja grande de papel, que al ser doblada forma un cuadernillo de 16 páginas. Libros y revistas se componen de varios de ellos, por lo que el término es de uso corriente entre quienes trabajamos en el sector editorial. Por eso me fascinó descubrir, en una librería milanesa, una revista alucinante que se compone de solamente un pliego por edición.

 

Lo realmente notable no son sus menos de 20 páginas sino su concepto: cada número de Un Sedicesimo es una obra de arte independiente y plena en sí misma, creada por un diseñador distinto, al cual parece dársele carta abierta para hacer lo que le plazca en su edición. Es decir, algo así como una «galería en papel». Un Sedicesimo no tiene un logotipo definido ni lineamientos de portada, tampoco un consejo de redacción. En muchos sentidos pareciera la anti-revista, pero es una ma-ra-vi-lla de publicación, que permite asomarse a lo mejor del diseño gráfico internacional. De periodicidad bimestral aunque irregular y nacida en diciembre de 2007, actualmente circula su número 29; cada edición cuesta cinco euros y también ofrece suscripciones. El genio que la lanzó y la cura es el editor italiano Pietro Corraini (este tipo se merece el Nobel de la creatividad).

 

Aquí dejo para el disfrute repetido algunas portadas y contraportadas de la revista, así como el link a su sitio.

 

http://www.corraini.com/sedici.php

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Mis dos yo

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Imagen: Claude Cahun

9:30 pm. Aeropuerto Charles De Gaulle, París. Llevo tres horas de espera y falta una para abordar el vuelo en conexión que me llevará de vuelta a México. Hoy es la décima noche que duermo fuera de casa (suponiendo que pueda dormir). Me pareció una estancia más larga, el tiempo es tan relativo. Y es que muero de ganas de ver a mi hija, estrecharla, besarla, platicar largo. Sin embargo, el balance del viaje es muy positivo. Los compromisos de trabajo que me trajeron a Europa fluyeron bien, se lograron los objetivos, aprendí. A nivel personal pude descansar mi mente, agradecí mucho la visita de mi novio unos días juntos, compensar el tiempo de no vernos, ir a Florencia juntos, saciar el amor. Pero también estuvo otro ángulo: el de mis dos yo que se encontraron aquí de nuevo.
Mi prioridad en el tiempo libre fue empaparme de moda y familiarizarme con revistas italianas de actualidad pero también ver arte en forma de ballet, pintura, escultura o fotografía, además de caminar a solas medio Milán para visitar iglesias (cuanto más antiguas, mejor). Lo poco de ello que comenté con mis compañeros de viaje les sonó raro y yo les parecí aburrida, además de incomprensible por no hacer shopping en tiendas de marca. No sé cómo afirmar mi diferencia sin ser snob. Es que quizá no he terminado de hacer las paces entre los yo que volvieron a saludarse en suelo italiano: el artístico, crítico, que podría vivir leyendo y escribiendo, y el complaciente, que ama la moda y el brillo, busca pertenecer. Llevo años viviendo a caballo entre ambos, como esta imagen, siempre con la sensación de no hallarme en ninguno sino en su combinación. En esta sala del Charles De Gaulle, otra vez me pregunto qué pasaría si me decantara por alguno de ellos.

10 Corso Como

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Este es un espacio donde hasta las paredes destilan diseño (lamento no postear fotos del interior, estaban demasiado atentos a que nadie tomara imágenes). Mezcla de tienda de moda, accesorios y joyería, integra también una librería y una galería de arte. Es «el» lugar en Milán. Actualmente exhibe una exposición de fotos del renombrado Alfa Castaldi, una maravilla de la cual comparto apenas una probadita.

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Quiénes son los ángeles…

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Italia es tierra de ángeles. Debe haber más por kilómetro cuadrado que en ninguna otra ciudad del mundo, o al menos así me lo parece. En cada calle uno se topa con una iglesia, una escultura, un monumento o un museo: ahí los seres alados asoman por cualquier parte. A veces adultos claramente andróginos y bellísimos, en otras niños gorditos de enormes cachetes, siempre mantienen ese misterio tejido en la sombra de sus alas. En cualquier caso me hacen recordar los versos de Rilke, en Las elegías de Duino:
«Todo ángel es terrible. Y sin embargo, ay, los invoco/ a ustedes, casi mortíferos pájaros del alma/ sé quiénes son ustedes…». Dichoso poeta: yo lo ignoro, pero me encantaría saber en realidad quiénes son esos seres ingrávidos, portadores de noticias y protectores, que todos menos yo parecen encontrar en cada esquina.

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El taxista que lee Premios Pulitzer

 

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Un taxista amable resulta el mejor don que los dioses pueden otorgar. Sobre todo cuando no deja de llover, la temperatura es de 0 grados y se trata de turistas venidos de climas más benignos tratando de no congelarse y que, si es posible, quieren conocer un poco. Justo así aparece Sergio. Sonriente, nos lleva adonde le pedimos, nos espera y hasta nos dice dónde podemos tener una vista privilegiada de Florencia. Pero guarda una sorpresa: lleva en el asiento junto a él no uno, sino tres libros. Al preguntarle qué lee responde entusiasta: una novela sobre vampiros, otra (no especificó el tema) y «éste, que no es una novela sino un ensayo sobre el nacimiento de la democracia en Estados Unidos. El autor ganó el Pulitzer con él, es fantástico». No quiero sonar condescendiente felicitándolo, así que sólo sonrío y me despido con mi mejor «grazie tante, buona giornata», mientras me pregunto cuántos en el mundo podrían rivalizar con él.
Es una bocanada de esperanza que exista gente como Sergio. Tuve que viajar hasta Italia y por poco morir de frío para conocerlo. Y aunque lamento no tener una foto suya, vaya esta vista imperdible de Florencia como homenaje a él que, mientras yo tiritaba captando esta imagen, devoraba un sesudo ensayo en su auto. Claro que ahora me quedo con la duda de qué leerá después.

Las ventajas de tomar distancia

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9:10 am. Asiento 10a, vagón 3, tren Frecciarosa, trayecto Milán-Florencia. Esa es mi ubicación física pero como muchas veces cada día, mi mente vuela a México. Con la mirada fija en el paisaje helado que llena la ventana del tren repaso los últimos acontecimientos ocurridos allá y puedo verlos bajo una nueva luz, analizarlos y descomponerlos otro poco. Me siento más tranquila.

Estos últimos días en el Duomo, el Castello Sforzesco, la Pinacoteca de Brera y las calles milanesas he batallado para captar en foto texturas diversas (mi eterna obsesión), como las que ilustran este post. Si me acerco demasiado, la cámara no logra enfocarlas bien, su lente confunde los contornos. En cambio, cuando la alejo un poco define la imagen. Veo que me sucede igual: tomar distancia me permite ver las cosas más claras. Y lo agradezco.

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Definición de privilegio

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8:00 pm. Ballet Nôtre-Dame de París, Teatro Alla Scala, Milán. Se abre el telón y la magia comienza. El vestuario de Yves Saint-Laurent es una explosión de color sobre los cuerpos de ligereza imposible. La coreografía basada en Victor Hugo, mezcla de ballet clásico con acentos contemporáneos, es impresionantemente estética. Hace mucho no disfrutaba una función de danza así que estoy feliz de venir. Además ésta, vista desde un palco central, es regalo de quien mucho me quiere y está conmigo para unos días de cargar pilas. Mientras Quasimodo y Esmeralda empiezan a tejer su historia de amor me doy cuenta del absoluto privilegio de estar aquí sentada, con las manos y el alma calientitas, mientras Milán se cubre de nieve. No se puede pedir más.

Vivir en italiano

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En esta lengua la vida es bella. Llenan la vista sus iglesias, su arte, incluso el pasto con restos de nieve, alegran el oído palabras sonoras como bollicine (burbujas pequeñas, como las de la champaña), cacciatore (cazador) y basilico (albahaca). Y hoy, encima, hace sonreír el alma un abrazo apretado, necesitado. Mañana, tras un día de trabajo, a La Scala a ver Nôtre-Dame en ballet. Grazie tante…

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El viaje (o la extrañeza de lo que no eres)

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Les cuento: la línea aérea se enteró de mi dificultad emocional para tomar ayer el avión y tuvo a bien cancelar mi vuelo, de manera que salgo hoy, 24 horas después de lo previsto. Y para seguir en la tónica de los periplos, aquí este delicioso texto de Calvino, sobre lo que vive quien emprende un viaje:

«…aquello que buscaba era siempre algo que estaba delante de él, y aunque se tratara del pasado era un pasado que cambiaba a medida que él avanzaba en su viaje, porque el pasado del viajero cambia según el itinerario cumplido, no digamos ya el pasado próximo al que cada día que pasa añade un día, sino el pasado más remoto. Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos».

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (Siruela)

Viaje exterior/ viaje interior

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 «Le véritable voyage de découverte ne consiste pas
à chercher de nouveaux paysages,
mais à avoir de nouveaux yeux».
-Marcel Proust

En algunas horas salgo de viaje de trabajo por varios días y asumo que nunca me había costado tanto subirme al avión. No estoy en mi mejor momento, siento la piel delicada, los brazos agotados, el alma vulnerable. Una enorme parte de mí hubiera preferido quedarse en casa, pero otra asume que el mundo sigue andando, que hay que fluir y no querer controlarlo todo (enorme lección que un día he de aprender).

En general adoro viajar. Me encanta la posibilidad de estirar mi capacidad de asombro, probar sabores distintos, ver todo desde un ángulo nuevo, enriquecerme con cosas que no sabía de mí y de otros. Claro que también está el frío de los aviones, la incomodidad de los aeropuertos, el cambio de huso horario, el temor a que algo salga mal. Me doy cuenta de que estoy justo a la mitad de un viaje interior, en condiciones similares: no estoy cómoda, las noches parecen eternas, siento temor y cansancio, tengo frío. Quiero pensar que, cuando llegue al destino, también me encantará lo que veré, sabré algo más de mí y de otros, habré ganado en experiencia, caminaré más sorprendida.

Tatiana Parcero o el cuerpo como hoja en blanco

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La descubrí por azar hace unas semanas, hurgando entre las mesas de una librería. Me encanta la fotografía, de modo que cuando veo libros del tema me acerco en automático. Ahí estaba: con imágenes suyas y texto de José Luis Trueba, de título Cartografías (Artes de México), en la portada un enorme ojo.

Traigo el volumen a casa y quedo fascinada con la propuesta visual de esta artista mexicana. Centrada en el autorretrato, se caracteriza por la técnica creada por ella misma, la cual consiste en «yuxtaponer fotos en blanco y negro impresas en acetatos sobre fotos a color». Su tratamiento del cuerpo fragmentado pero absoluto en sí mismo no sólo es hermoso, sino conceptualmente profundo, alineado con la tradición medieval de concebir al ser humano como un microcosmos pleno. Llevando más allá el concepto, invita a ver los miembros como una hoja en blanco sobre la cual cada quien traza historias, tatúa voces, pone «palabrasaflordepiel». Y aquí la historia se conecta con este blog: quiero poner una imagen de Parcero en la cabecera. Busco forma de contactarla, mando correos pero no recibo respuesta. Mientras espero, una bellísima foto suya ilustra hoy este espacio.

http://tatianaparcero.com/blog/

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Hacer la cochinada

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Mamá, escribo para advertirte:/

no vayas a hacer la cochinada/

que dijiste ayer,/

de tan mal gusto,/

tan indecente./

Aunque disimules/

se nota que tienes ganas/

pero aguanta,/

no te dejes seducir,/

no cedas,/

no cometas el pecado/

imperdonable/

de morirte.//

 

-Julia Santibáñez

¿Qué poema te sabes de memoria?

 

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«Me acuerdo de ‘El canto de Ulises’, el capítulo de Si esto es un hombre en el que Primo Levi rememora la plenitud que le procuraba en Auschwitz traducirle unos versos de Dante a Jean, el Pikolo, un muchacho alsaciano que guarda turno junto a él en la fila del rancho. En ese instante, nos cuenta Primo Levi, habría dado su ración de potaje a cambio de recordar el final de unos versos». Invitada por un excelente artículo de El País, del cual tomo el título de este post, busco en mis estantes Si esto es un hombre y releo el capítulo mencionado. Levi le está traduciendo al chico un fragmento memorizado de la Divina Comedia y le dice: «Mira, atento Pikolo, abre los oídos y la mente, necesito que entiendas: ‘Considerad vuestra ascendencia:/ para vida animal no habéis nacido, sino para adquirir virtud y ciencia’. Como si yo lo sintiese también por vez primera; como un toque de clarín, como la voz de Dios. Por un momento, he olvidado quién soy y dónde estoy». Así pasa a ratos con la poesía.

Relaciono lo anterior con mi propia historia. No sé a qué edad «descubrí» el primer poema, pero cuando tenía unos diez años ya algunos eran parte de mi paisaje. Lo sé porque un recuerdo de esa época me presenta diciendo de memoria el largo Nocturno a Rosario, de Manuel Acuña: «¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro,/ decirte que te quiero con todo el corazón» (aún hoy puedo recitar de corrido sus 50 versos). También memoricé algo de Nervo y de Díaz Mirón. Ni eran los mejores textos ni la niña Julia los entendía del todo, pero le fascinaba la música de la rima.

En secundaria me inscribí a un concurso de declamación, con todo y voz engolada, ademanes tiesos (abajo, una foto que no me deja mentir). Ya en la universidad retomé el hábito de aprenderme poemas. Me sé varios: figuran Miguel Hernández, John Donne, varios de Sor Juana, Thomas Wyatt, Fernando del Paso, un par de Garcilaso de la Vega, varios de Quevedo. Los atesoro con cariño, los repaso, me acompañan. Y todo este gran discurso surge en respuesta a la sencilla pregunta: «¿qué poema te sabes de memoria?», misma que planteo a quienes pasen por este blog…

http://blogs.elpais.com/letra-pequena/2013/02/que-poema-sabes-de-memoria-1.html

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No «por qué» sino «para qué»

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Lo he oído muchas veces, yo misma lo he dicho a otros, pero ahora me toca aplicarlo en carne propia y reconozco que me está costando. El reto de este día, de la semana, del mes y del tiempo que sea necesario hasta lograrlo es no preguntar «por qué» está ocurriendo esta crisis dolorosa, sino «para qué», para aprender qué, para cambiar qué. Con amor me abrazo y empiezo ahora mismo a preguntarlo, queriendo de verdad hallar respuestas.

«Empatía» en idioma armenio

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La fuerza expresiva del arte, su capacidad de comunicación y empatía no conocen fronteras. Conectan con lo más íntimo y esencial del ser humano, que es similar en todas las culturas. Estas imágenes del artista armenio Tigran Tsitoghdzyan, de la serie Espejo, son un sublime ejemplo de ello.

Tigran Tsitoghdzyan

http://tigran.ch

Un minuto para buscar el centro

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«Cuando los pensamientos oscurecedores se desvanecen, la mente reposa, vasta y serena, en su propia naturaleza». -Khyentsé Rimpoché citado por Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

A veces, como hoy, necesito paz, la necesito en lo más hondo. Trato de detener el caótico fluir de mis pensamientos, de las historias que hago en mi cabeza y me lastiman, me esfuerzo por mantener la mente en calma, por recuperar la armonía. Me ayuda meditar y hacer yoga pero también he encontrado útil este sencillo ejercicio, que se puede practicar en cualquier sitio. Lo comparto por si a alguien más también le vendría bien un poco de serenidad:

http://www.psicopedagogiaactiva.com/2012/05/relajacion-en-un-minuto.html