El IQ de la lengua

Mi querido amigo Salvador se topó con esta cita de Saramago y ahora me la envía: «Probablemente es la lengua la que va escogiendo los escritores que precisa, se sirve de ellos para que expresen una pequeña parte de lo que es. Cuando la lengua lo haya dicho todo, y callado, a ver cómo vamos a vivir».

Cuánta belleza, hondura y nostalgia en unas pocas palabras. Coincido totalmente con Salvador: qué bien que el traductor conservó «los escritores que precisa» en vez de optar por el muy cercano «los escritores que necesita». La musicalidad del portugués colándose por las entretelas del español: inteligencia de la(s) lengua(s).

Libertad interior según Sforza

«Nuestra libertad interior no conoce otros límites que los que nos imponemos o los que aceptamos que nos impongan. Y esa libertad proporciona un gran poder».

-Luca Cavalli-Sforza

¿Así o más claro?

Reencontrar a un amigo

Tarde de domingo, la más nostálgica de la semana. Me recuerda un año difícil de infancia escolar: tras el fin de semana arropada, el domingo anunciaba el peor de los tormentos. Desde entonces busco algo de azúcar para tragar estas horas. Hoy me reencuentro con un viejo amigo, Quim Monzó, que integra mi paisaje personal hace años. Me lo presentó un librero en El Prat, aeropuerto catalán. Volaba de regreso a México y había agotado mis lecturas. De boca seca y como quien no tolera imaginar el vuelo sin gua, le pedí me recomendara a algún autor catalán indispensable. Me extendió los Mil cretinos (Anagrama). Nos hicimos muy cercanos.

Esta tarde, en Gandhi, me topé de nuevo con Monzó: El porqué de las cosas (Anagrama). Por supuesto, le ofrecí un café. Es lo menos que amerita un amigo así.

15

Corrida puertas adentro

En el encierro brama el toro de Miura./

Se le eriza el lomo ante tu olor,/

anticipo de sangre que espumea./

Retumban los cascos irritados,/

la cornamenta hiere el aire/

y busca el traje de tus ansias.//

 

Hembra elegida, te plantas en el ruedo:/

comienza la faena./

Bufando, te evalúa y te provoca,/

persigue el ángulo fatal./

Cada lance aumenta su deseo./

Hilos de saliva, salpicando sudor/

te rasga el costado:/

saborea tu carne imaginada.//

 

En un giro le hundes la espada,/

hasta la empuñadura la encajas./

Con júbilo vencido,/

entornando los ojos,/

el Miura celebra tu victoria/

que es la suya.//

 

-Julia Santibáñez

La extraña, de Sándor Márai

Recién terminé de leer La extraña, novela de Sándor Márai (Narrativa Salamandra). Para variar, una verdadera maravilla. Desde que me topé con La mujer justa me volví seguidora irredenta del autor húngaro y con esta historia de Viktor Askenasi reconfirmo mi devoción. La anécdota es sorprendente, me descolocó y sin embargo me conectó con la insatisfacción vital que Márai describe como (casi) nadie.

A ratos el protagonista, Askenasi, me trajo recuerdos del Aschenbach de Muerte en Venecia: ambos están fuera de lugar, entre veraneantes que les son ajenos, en un viaje que significará un viraje definitivo, conectando con partes oscuras/ luminosas de sí mismos, incomprendidos y patéticos, siempre profundamente humanos. Los dos son entrañables en su fragilidad, en su ímpetu de búsqueda, como el narrador cuenta sobre alguien más: «[…] se conformaba plenamente con las pequeñas excursiones que hacía dentro de sí misma, a cualquier hora del día o de la noche, preparándose minuciosamente para las sorpresas que le deparara aquella selva». Así, la selva interior de Askenasi esconde más de un sobresalto que él enfrenta con gusto y, casi, con un sentido de liberación.

También aquí aparece, como sello de Márai, la fe inquebrantable en las palabras. Askenasi señala: «‘Un día de estos pueden matarme o puedo volverme loco’. De todas formas, lo tranquilizó pensar que las palabras sobrevivirían, independientemente de lo que a él le ocurriera». Márai se suicidó en 1989 pero sus palabras le sobreviven y me alcanzan hoy, para fortuna mía.

Vivir o ser vivida

«¿Ha vivido su vida o ha sido vivido por ella? ¿La ha elegido o ella lo eligió a usted? ¿Ama su vida o se arrepiente de ella?».

-Irvin Yalom

Hoy empieza el año nuevo chino (nadamás el 4709) y me dio por recordar esta cita dicha por el personaje de Nietzsche en El día que Nietzsche lloró. En cualquier caso, con total honestidad debo responder que en algunos casos la he vivido y en otros he sido vivida por ella, a ratos la he elegido y otros ella me ha elegido a mí, algunos días la amo y otros… no, tengo la fortuna de no arrepentirme de ella en su conjunto, aunque sí de algunos momentos oscuros. En fin, no está mal empezar este 4709 pensándolo.

10,220 días después

Todo fue escribir la fecha, 19 de enero, y detener la pluma en el aire. En mi historia personal no marca un día más sino el aniversario 28 del más brutal vuelco de mi vida, el del ingreso de mi papá al hospital tras un «accidente», mismo que le provocaría un coma profundo del cual no despertó y que desembocó en su muerte, 40 días después.

Digo vuelco brutal porque me quitó el piso de debajo de los pies y me dejó suspensa en el aire a edad temprana, significó la recomposición de mi familia, se tradujo en un antes y un después en todos sentidos, me hizo conocer el miedo a no volver a reírme jamás,  se convirtió en el primer paso en un camino de introspección que sigue vigente hoy y que agradezco. Y aunque 10,220 días después estoy acostumbrada a vivir sin él, sigo extrañando a mi papá desde lo más hondo, lo necesito, me falta, pienso en él, lo admiro. Sin embargo, sin su presencia en mis años de infancia y su posterior carencia no sé explicarme quien soy hoy y quien me gusta ser. Esa cicatriz invisible que muy pocos conocen en parte me define. A ese manchón inexplicable le encontré un sentido. Por eso aunque quizá suene mal, no cuestiono la fecha ni lo que representa, no me quejo por el hueco de su abrazo: reconozco que la vida es más inteligente que yo y que así tenía que ser (pero sí, te extraño mucho, papi).

Tu ausencia, silencio esférico


Tu ausencia/

es un silencio esférico/

pulido/

hondo/

y tan negro/

(cómo pesa)./

No le encuentro/

ni una sola hendidura.//

 

-Julia Santibáñez

5:10 am: Por qué voy a práctica de yoga

Hace poco me encontré esto y lo recuerdo cuando suena el despertador a las 5:00:

«La práctica de yoga no consiste únicamente en la repetición de movimientos aprendidos a partir de instrucciones autoritarias, sino en vivir diariamente este encuentro con nosotros mismos como un ritual alquímico de renovación constante, donde los sentidos se despiertan y se mantiene viva nuestra capacidad de asombro».

-Lunananda

Ni lo pienso: me levanto y me visto. A ver si hoy sí me sale la postura de la foto… ¿Y si no? Es lo de menos. El asunto de fondo es el encuentro.

Palabra del día: agnosia

El Diccionario de la Real Academia (DRAE) lo define como: «Alteración de la percepción que incapacita a alguien para reconocer personas, objetos o sensaciones que antes le eran familiares». Es decir, de pronto uno mira un jabón y no sabe si es alimento, cosmético o artículo de oficina. O a mitad de la comida se queda observando el tenedor que descansa junto a la mano y se siente totalmente perdido: ¿para qué es? ¿Para peinarse? ¿Para inmovilizar a una mariposa? O va a la cocina por un vaso de agua y encuentra en bata a un hombre desconocido… que le dice que es su pareja. O a mediodía siente algo incómodo en el vientre y no entiende de qué se trata, no puede nombrarlo «hambre» porque no tiene palabras para ello.

Se me ocurren pocas situaciones tan aterradoras como ésa: perder toda referencia, ser incapaz de leer el mundo, desconocer las letras que forman el propio nombre. Como ese sueño que tuve hace al menos 15 años pero resultó tan angustiante que no se me olvida: de pronto mi mano derecha no era mía pero no sabía de quién era y por qué estaba pegada a mi cuerpo.

En vez de hacerte el amor

 

En vez de hacerte el amor/

te juzgo en un poema/

(triste consuelo)./

Te acuso de no leer el aire/

que pegaba el vestido/

a mis pezones despiertos./

Te reprocho no comerme con los ojos/

y dejarme trémula./

Te sentencio por no saberme queriente/

de rasgar tu camisa y tu cuidado.//

 

Te condeno por no haberme atrevido.

 

-Julia Santibáñez

La mejor de sus actuaciones

El anciano actor convenció a todos: ante el público representó su muerte con crudo realismo. Fue su primera última buena actuación.

Nueva vuelta al sol

Hoy empieza otro ciclo en mi calendario personal, uno más desde que tuve a bien inhalar por primera vez y antes de que exhale por última (¿cuándo?). Mientras tanto, respiro hondo y fuerte, me bebo el mundo en cada aliento y me confieso emocionada/agradecida ante la vida. Sin ningún afán efectista repito mentalmente el mantra leído hace poco: «Gracias por todo. No tengo absolutamente ninguna queja». Y lo peor es que de verdad me lo creo.

Lectora de mí misma

Ociosa que soy, hice un recuento de lo leído en 2011 y concluí que, como dijo Proust, al enfrentarme a muchos de esos textos fui «lectora de mí misma», vi cosas «que sin esos libros no hubiera podido ver» en mí. Y eso la buena gente lo agradece. Como quiero ser una de ellas ahí va mi gratitud a los personajes respectivos y a sus creadores (van en orden decreciente, empezando por los que más disfruté en cada categoría):

Predominó la narrativa (sobre todo novela pero también algo de cuento):

  • La elegancia del erizo, Muriel Barbery, Seix Barral (y también L’élégance du hérisson, regalo de mi lindo amigo Salvador Camacho)
  • Une gourmandise, Muriel Barbery (ídem regalo de Salvador)
  • El día que Nietzsche lloró, Irvin Yalom, Emecé
  • Las violetas son flores del deseo, Ana Clavel, Alfaguara
  • Los enamoramientos, Javier Marías, Alfaguara
  • Manhattan Love Song, Cornell Woolrich, Pegasus
  • Efectos secundarios, Rosa Beltrán, Grijalbo
  • Las cartas de Abelardo y Heloísa, Siruela
  • El arte de la resurrección, Hernán Rivera, Alfaguara
  • Malone dies, Samuel Beckett, Grove Press
  • Vita Brevis, Jostein Gaarder, Siruela
  • Novecento, Alessandro Baricco (regalo de mi queridísima Paty Torres Maya), Anagrama
  • Claudine à l’école, Colette, Le Livre de poche
  • Suicidios ejemplares, Enrique Vila-Matas, Anagrama
  • El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vázquez, Alfaguara

También hubo poesía:

  • Pesar todo, antología de Juan Gelman, FCE
  • Mar privado, Eduardo Casar (relectura)

Y algo de ensayo:

  • Zoo Inc., Javier Martínez Staines (regalo de su muy querido autor)

Para rematar con temas de desarrollo personal:

  • Happy for no reason, Marci Shimoff
  • Autobiografía de un yogui, Paramahansa Yogananda
  • En defensa de la felicidad, Matthieu Ricard
  • Bikram Yoga, Bikram Choudhury

Me dejaron tatuadas en la frente palabras como «Vivir de manera segura es peligroso» (Yalom), «Una herida bien puede ser una flor abierta o una herida que manda besos cárdenos en el aire» (Ana Clavel), «L’Art, c’est l’émotion sans le désir» (Barbery), «Cómo será acostarme/ en tu país de pechos tan lejano/. Ando de pobrecristo a tu recuerdo/ clavado, reclavado» (Gelman), «Thoughts and feelings aren’t facts and they’re not you» (citado por Shimoff), «Lejos de gemir por las faltas que cometí pienso suspirando en aquellas que ya no puedo cometer» (Cartas de Abelardo y Heloísa)…

Gracias a todos los involucrados.

Volver del mar

Recién desempacada de la playa, con los ojos llenos de azul, el alma aún húmeda de sal y el cuerpo saciado de abrazar no creo que pueda existir mejor forma de recibir el año que como tuve la Fortuna de hacerlo.

Bienvenido, te esperaba. Gracias por llegar con tan buena compañía.

Contra el perfeccionismo (ja!)

Estoy a pocas horas de volar a Huatulco para pasar el año nuevo en pareja y, por tanto, desconectarme por unos días de este espacio. Así que me despido de los millones de lectores de este blog, que sin duda tendrán dificultades para sobrevivir sin beberse mis palabrasaflordepiel… Pero antes ahí va esto que me encontré e impunemente reduje de 10 a 5 puntos (los demás eran prescindibles).

Siendo una perfeccionista irredenta resulto al menos simpática al proponerlos, pero la realidad es que haría bien si intento aplicarlos el año que estrenaremos muy pronto (N. del E. Poner especial atención a los puntos 3 y 5):

1. Date cuenta de que lo normal es ser imperfecto.

2. Asume que no es necesario profundizar en cada tarea.

3. Comprende que hay más de una manera de hacer las cosas.

4. Arriésgate a emprender nuevas tareas por el mero placer de probar.

5. Concéntrate más en el propio proceso que en los resultados.

Lo que pensaba el amante…

Acercarme como la vez primera/

con el azoro del conquistador bruto/

como desconociendo./

Al romper el alba/

invadir los montes de tu pecho/

luego andar la cintura a paso quedo/

codiciar el botín de tu vientre/

y, tras mil despojos e incursiones,/

hallar el paraje virgen de tus muslos./

Hincarme a besarlo/

y en un arrebato/

clavar la bandera que marca esta tierra/

como mía.//

 

-Julia Santibáñez

«Rojo» (en 26 de diciembre)

Ayer, 26 de diciembre, fui al Teatro Helénico a ver la obra de John Logan. Todo apetecía y nada decepcionó: el tema (el pintor expresionista abstracto Mark Rothko), el actor protagónico (Víctor Trujillo despojado de su peluca verde), la compañía (la mía, no la de teatro).

El tema de la creación artística es fascinante. ¿Cómo nace un cuadro en la mente de un pintor? La pregunta es más inquietante si el cuadro es abstracto. ¿Qué se busca provocar con un rectángulo negro sobre un fondo rojo? El propio Rothko/Trujillo y su asistente Ken/Alfonso Dosal lo responden en un diálogo interesante: mientras una pieza representacional (digamos, que muestra un paisaje) permanece igual si le mira durante un minuto o tres horas, un cuadro de Rothko se mueve, palpita conforme el espectador lo observa/absorbe. Y justo en esa cualidad «dinámica» pone el creador su apuesta artística: espera que el público de su obra se comprometa, entre en un diálogo con ella. ¿Pero dónde están los observadores dispuestos a ello? Ahí radica la tragedia: ni el comprador de «cuadros de chimenea» ni el que pide una pieza naranja para decorar un comedor igualmente naranja ni el que mira de reojo la pintura que cuelga en un restaurante merecen el arte… aunque puedan pagarlo.

Esa polaridad entre el «arte por el arte» y el «arte como objeto de consumo/modus vivendi» permea la obra toda y establece un contrapunto con la visión del arte pop, en boga justo en los años en que se ubica Rojo: 1958-1960. Y esa misma tensión lleva a que a más de 24 horas de haber visto la puesta en escena siga cuestionándome si es posible conciliar ambas posturas.

La dirección de Lorena Maza me pareció limpia y la actuación de Trujillo me convenció, mientras a Dosal lo sentí simplemente «cumpliendo». Eso sí, merece un aplauso especial la selección musical y el trabajo de iluminación (sobre todo en la escena final).

Persigo el filo de tu boca

 

atropellando tiempos/

persigo el filo de tu boca/

punzante/

desgarra el pecho/

reparte tajos en el vientre/

puñaladas en la entraña/

se abre paso hacia mi espalda/

jirones de piel//

 

tu boca/

de mi sangre/

tiñe la noche//

 

-Julia Santibáñez

Prestar la atención

El conferencista pidió a los asistentes que le prestaran su atención. Luego dobló todas las atenciones en un pañuelo y se fue con ellas muy lejos.

Cuando la fragilidad llega de visita

Pues sí, me siento vulnerable, como una burbuja más estirada de lo que debería, como una telaraña a mitad de la tormenta. Siendo hija del esfuerzo, la sensación de ser rompible no me visita con frecuencia (al menos no de manera consciente), así que ahora quiero darle la bienvenida, invitarla a pasar, ofrecerle un té caliente. Sé que en el fondo me hace bien escucharla, como a una tía venida de lejos que recuerda hábitos y acentos de familia que no solemos tener presentes. Me siento a verle la cara y tratar de aprender de ella.

La ecuación edad/indecencia según Woolf (y yo)

«The older one grows the more one likes indecency».

-Virginia Woolf

Coincido por completo, pero pregunto: ¿será que uno la disfruta más? ¿Que es descarado y suelta fácilmente los pudores? ¿Que por tener un vientre prominente la «digiere» mejor (si hubiera algo que digerir)? ¿Que se la vive más a fondo cuando uno está cargado de vivencias? ¿Que ya tiene claro lo que le hace vibrar? ¿Que uno ya no sólo se mira el ombligo sino saborea los ajenos? Todas las anteriores…