Imagen: René Magritte, «La Reproduction Interdite»
El poeta tiene la pluma aguda, igual que la mirada, pero eso sólo cuando quiere (lo segundo), porque de cotidiano acaricia con los ojos (ver abajo de este post). Lo primero lo lleva entretejido, porque se amistó con libros hace mucho y con ellos pasa mejor las horas.
Arma su abecedario personal con las letras impopulares que forman intuitivo, dulce, brillante, vulnerable. Y justo eso lo hace más fuerte. Y harto más querible.
Se llama Roberto Jauregui, es escritor y es mi amigo. Acaso debería decirlo al contrario, por orden de importancia para mí: es mi amigo, es escritor y se llama Roberto. Porque si no escribiera igual lo querría por amigo. Y si se llevara cualquier otro nombre también mataría por tenerlo cerca.
Acaba de sacar su primer libro de poesía, bajo el sello de Diablura Ediciones, con el seductor título En los bordes del silencio. Es mi invitado de lujo en la ancha vida y también hoy, en el #MiércolesDePoesía, con este espléndidotexto como cuchillito que se hunde en la carne y te deja sin defensa alguna ante ti mismo. Porque todos sabemos leer los recordatorios en las agendas, pero pocos queremos entender el idioma de una espalda plena. Ay.
Mensajería
Hay muchísimos mensajes:
notas pegadas en la heladera
listas de compras
tarjetas de cumpleaños o de navidad
recordatorios en las agendas
cuadernos de comunicaciones
boletines, avisos, propagandas,
noticias de última hora
notas de suicidas, panfletos.
Pero también están aquellos
que no necesitan letras de molde
para llegar hasta nosotros:
besos, miradas de frente
o de soslayo, sonrisas,
espaldas por brazos abiertos,
silencios, gemidos, cenas frías,
caricias casuales, miradas desviadas,
sonrojos, aplausos, lágrimas,
botellas vacías, vasos volcados,
píldoras en la mesita de noche.
El mundo es un lugar maravilloso
si uno se niega al analfabetismo
del corbarde, a la tibia nada
de la muchedumbre.
Anoche, buscando un libro al fondo de mis anaqueles (el cual, por cierto, no vi) tropecé con la novela Alexis o el tratado del inútil combate, de la Yourcenar, en edición de Alfaguara.
No pude evitarlo, bueno, en realidad tampoco lo intenté: lo abrí en una de las muchas páginas que tienen la esquina doblada, señal de que guardan algo imperdible. Ahí estaba esta cita, que no tiene progenitora. Me la quedo rumiando.
Mañana, oh multitudinarios lectores, este cuerpecito mío estará en la Feria del Libro de Pachuca. Ahí hablará de poesía y otras minucias munificentes (linda palabra, ¿qué querrá decir?), por lo cual le será imposible dedicar su amanecer a subir la Playlist colectiva. Así, pide al respetable una disculpa, o más bien muchas, es decir, pide le den sus disculpas, o sea, le otorguen su perdón o, mejor dicho, siempre necia de las palabras y según cree leer en Moreno de Alba (ver más abajo), como ella es la ofensora ofrece las disculpas, que no las toma. En fin, para que todos queden contentos da y recibe las más amplias, más anchas, albures aparte.
Y para compensar un poco el desencuentro musical que el viernes próximo reparará, hoy comparte esta canción que le zumba las ideas: «Simply falling», de Iyeoka, cantante estadounidense de origen nigeriano que no tiene madre, la pobrecita. La conocí gracias a los buenos oficios de mi querida Inés López de Arriaga. Vaya, pues, con su voz, esa música y el «now I can’t break away from this fire that we started». Ea.
«Ahora estoy muerto. Descanso. Escucho. En torno mío el silencio es tan puro que un suspiro lo empañaría. Los recuerdos se me ofrecen detenidos, en relieve, con sus colores de entonces. Yo sigo, inmóvil, el juego de vistas estereoscópicas. Cada minuto se detiene y cae para dejar lugar a otro más próximo. No es difícil morir. Yo había muerto ya, en vida, algunas veces. Todo estriba en no hacer un solo movimiento, en no decir una sola palabra, en fijar los ojos en un punto, cerca, lejos. Sobre todo, en no distraerse en mil cosas.
[…] Morir es estar incomunicado felizmente de las personas y las cosas, y mirarlas como la lente de la cámara debe mirar, con exactitud y frialdad. Morir no es otra cosa que convertirse en un ojo perfecto que mira sin emocionarse». (p. 26)
Estoy leyendo Dama de corazones,la única novela de Xavier Villaurrutia, en edición de la UNAM. En la introducción, Pedro Ángel Palou señala que el autor comenzó a escribirla en 1925, cuando tenía 22 años. En ese momento Reflejos, su primer libro, estaba prácticamente terminado, con lo que Dama de corazonesse convirtió en el gozne creativo entre él y Nostalgia de la muerte, ya de madurez creativa.
En la novela, que según Palou el propio escritor habría visto como un «ejercicio», explora el lenguaje, el tono y los recursos que luego va a desplegar de forma portentosa en su obra. No son mayormente interesantes los hechos que narra: Julio va a visitar a sus primas y su tía, a quienes hace tiempo no ve; a los pocos días, tras la muerte de su tía, regresa a casa. El deleite está en el estilo, en la prosa impecable con momentos de enorme tensión, humor finísimo e imágenes que anuncian al mejor Villaurrutia, como ésta con la que abro la entrada, además de las reflexiones sobre el propio lenguaje.
Qué lujo el mío: dedicar el mediodía de un jueves a empaparme las entretelas con esta delicia.
El poeta y yo tenemos una historia entrañas adentro. Él me escribió un poema insuperable que se llama «Palabras para Julia». Yo no le escribí nada, cómo atreverme luego de leerlo, pero muchas veces soy él porque en sus palabras soy más yo. Es decir, más él. Bueno, nos entendemos.
Se llama José Agustín Goytisolo y me escribió también este poema, para que pudiera usarlo cuando tuviera necesidad, como hoy. Se llama «Esa flor instantánea» y leerlo y releerlo es lo mejor a lo que puedo dedicarme en este #MiércolesDePoesía.
«Miedo a perderse ambos, vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento, la niebla,
en los pasos del día,
en la luz del relámpago,
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse,
unirse en este aire que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo, bendito miedo que propicia el deseo, la agonía y el rapto,
de los que mueren juntos
y resucitan luego».
Ando zen. Bueno, no zen-zen ni tampoco tsen-tsen, pero sí más de lo habitual. Es decir, estoy enfocándome en disfrutar el amor hoy, ahorita, sin andar de futuróloga ni de antropóloga ni de interpretóloga.
Se trata de dejarme sentir cuánto me quieres y me lo demuestras a tu manera, de valorar la ternura que me regalas a manos llenas, sin clavarme en cómo no la demuestras, en la infinidad de cosas que no haces y las expectativas mías que no cumples.
Se trata de saborear el rojo intenso de esta paleta.
En 2012, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara anunció que entregaría el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, en atención a la calidad literaria de su narrativa. Un grupo de escritores mexicanos publicó entonces una carta abierta en la que protestaba por el hecho y traía a cuenta las acusaciones de plagio que desde 2009 pesaban sobre el peruano, acusado de robar 16 artículos de escritores distintos.
Empezó un ir y venir de declaraciones: de este lado, los que defendían a Bryce, decían que el robo periodístico era cosa menor y pertenecía al ámbito judicial; del otro, los quejosos, que subrayaban que darle el premio a Bryce empañaba el prestigio de la FIL, porque un artista que tiene pendiente un juicio por plagio debe primero ser exonerado, para entonces ser considerado para un reconocimiento. Lo cierto es que el autor de Un mundo para Julius recibió el premio (y el dinero), aunque no en un evento en Guadalajara, sino en su casa de Lima, lejos de los reflectores. En ese «oscurito» tan socorrido en el país. Desde entonces su nombre se desdibujó en México, tanto que prácticamente nadie habla de él (no sé qué tanto sea leído), y la FIL tuvo que lidiar con el desprestigio causado por la controversia. Es decir, en buen español, que todos salieron raspados.
Me acuerdo del tema ahora que en el país se comenta la investigación de Carmen Aristegui sobre el presidente Peña Nieto, según la cual éste plagió cerca de una tercera parte de su tesis de licenciatura en Derecho. Aristegui presentó anoche el reportaje en el que muestra que buena parte del trabajo universitario del ejecutivo fue robado al pie de la letra de otros 10 autores, sin citarlos. De nuevo, no es cosa menor ni se trata de «errores de estilo», como asegura el vocero de la presidencia. Si genera ámpulas el hecho de que un escritor se apropie indebidamente del trabajo y las ideas de otros, en el caso de un presidente el asunto es mucho más serio. Aunque ya sabíamos que Peña Nieto es corrupto, torpe y pequeñito, no deja de preocupar que tenga en sus manos al país. Pero es más grave todavía que dada la montaña de vergüenzas, errores, contradicciones e ineficacias del ejecutivo, el asunto del plagio nos parezca una minucia.
No, no entré a un reality show de lectura. Más bien, la Universidad Autónoma de Nayarit me invitó a ser juradodelConcurso de Novela Breve Amado Nervo, convocado por esa institución y coordinado por la doctora Lourdes Pacheco, quien transpira pasión por las letras. El asunto era leer, en poco más de 30 días, las 55 novelas brevesparticipantes y determinar una ganadora según criterios establecidos en la convocatoria: entre 70 y 120 cuartillas de extensión, escrita por un autor mexicano (o extranjero con más de cinco años de residencia en el país), enviar la novela con seudónimo y, en sobre aparte, los datos del autor, etc. Ninguna restricción en cuanto a criterios literarios.
Me organicé para leer cada día dos textos, hacer anotaciones, evaluarlos según varios criterios. La verdad me gustó la experiencia de echarme el doblete diario con narrativas distintas, tonos dispares, temas y ritmos tan sincopados como para volver loca a una orquesta. Primero comento lo positivo: varios autores apostaron por la forma, se aventaron el riesgo de romper con lo esperado y proponer un camino nuevo. En algún caso, la narrativa se entreteje con el ensayo; en otro se trata de prosa poética o, casi, de un largo poema en prosa; uno más fractura de veras la convención espacio-tiempo. No sé si todos los escritores lograron lo que se proponían (Ok, sí sé: algunos se quedaron en el camino), pero de entrada el intento me puso de buenas. También me dio gusto el hecho de que en un buen puñado de autores hay oficio, mucho tiempo invertido en amasar cada párrafo.
¿Lo negativo? En muchas novelas la ortografía es pésima, se nota una negligencia mayúscula en el uso de acentos, comas, puntos, signos de admiración e interrogación. Y no menciono errores de sintaxis y redacción. Me resulta increíble. Si alguien quiere jugar profesionalmente futbol, lo primero que debe hacer es conocer cada aspecto de sus instrumentos de trabajo: las piernas y el balón. Si alguien quiere ser escritor está obligado a dominar las palabras y el lenguaje, es decir, sus armas, antes de poner un pie fuera de casa. Es algo no negociable. La otra cosa que me frustró un poco fue que varias novelas participantes (quizá más de 20) tienen que ver con sicarios, sangre, cárteles, pero abordan el tema de forma totalmente convencional. Claro, es la realidad cotidiana del país, pero justo por eso me hubiera gustado ver más experimentación, por ejemplo, algo de ciencia ficción. O una novela pretendidamente costumbrista, cuya lectura en clave da un sentido inverso. Algún juego epistolar. Otro que borde sobre el humor y desde ahí toque el temas crudo. Una novela que se quiera hacer pasar por teatro. En fin, varios concursantes evidenciaron falta de imaginación en forma y fondo para crear obras que trasciendan el momento, eviten el lugar común, aporten lentes nuevos para ver la realidad.
El texto que ganó el premio es Por una cabezay su autor participó con el seudónimo Diávolo Cornuto. El jueves me reuní en Tepic con mis colegas en el jurado, los escritores Karla San Domingo y Alejandro Artxaga, para la deliberación final. Si bien Por una cabeza tiene como tema disparador la violencia, los tres la encontramos espléndidamente bien escrita, con humor, rupturas temporales bien logradas, ritmo vibrante y untrabajo decantado en la prosa. Además, los jueces propusimos la publicación de otras tres novelas, que apuestan por la forma y creemos que merecen ser reconocidas. El viernes nos reunimos Karla, Alejandro y yo con la doctora Pacheco y algunos funcionarios de la universidad. Una vez que les dimos a conocer nuestro veredicto, el notario buscó el sobre de identificación del seudónimo, lo abrió y ahí supimos que el autor era Alejandro Badillo. En ese momento, el Secretario de la universidad se comunicó con él, lo puso en altavoz y le dio la noticia de que había ganado tanto el incentivo económico como la publicación de la obra. Sé que es cursi decirlo, pero fue emocionante.
Así concluyó el reto lector. Y sí, doy fe de que es posible leer todas esas páginas en un mes y tener ganas de hincarle el diente al nuevo libro de Lenny Bruce, mismo que empiezo hoy en la noche.
En Tepic, la doctora Lourdes Pacheco (de la Universidad Autónoma de Nayarit y organizadora del concurso), yo, Alejandro Artxaga y Karla San Domingo, después de haber dado la noticia por teléfono al ganador.
El pelotón de fusilamiento le agujereó el traje y, con él, la carne, pero no se murió. Es decir, hoy hace 80 años empezó a morirse pero todavía no termina la labor minuciosa. Como dijo alguna vez Gonzalo Rojas: «Los poetas no se mueren. Quedan encantados«. Algo así con Federico García Lorca, el poeta de la música, el músico de los versos, el que dicen que afirmó: «Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse y que forman algo así como un misterio».
Seguro que, siendo niño, más de un baboso-resentido lo molestó en la escuela por ser hijo de quienes es hijo y nieto de quien es nieto*.
Seguro que Juan Rafael Coronel Rivera les calló la boca a todos, porque creció para ser muchas cosas, entre ellas curador de arte y poseedor de una de las colecciones de arte mexicano más grandes del mundo, además de editor, ensayista y poeta. Y todo ello afirmando su voz pero sin negar los espléndidos genes que, por otra parte, no deben ser cosa ligera.
A esta última faceta, la de jugador de versos en primera persona, corresponde su libro African Jamboree (Talamontes Editores), de factura impecable, del tipo de bellezas editoriales que ya se hacen poco (un lujo, el papel de portada y las páginas dobles). Consta de poemas breves, visuales, con momentos certeros de humor e instantes que calan hondo.
Estos versos suyos, con esa imagen preciosa de las ropas del mar, son los invitados a este #MiércolesDePoesía no sólo porque lo valen por sí mismos, sino también porque se da la feliz coyuntura de que el libro se presenta mañana, jueves 18 de agosto, a las 7:30 pm en la Casa del Poeta, Álvaro Obregón 73, Colonia Cuahutémoc, Ciudad de México. La entrada es libre.
Somone
«Qué título el del mar
qué ropa sus aguas
me anclo a la orilla
palmera
y al cenit
el sol
ese perpetuo travestido
se hace luna»
*Es hijo de Rafael Coronel y Ruth Marín, nieto de Diego Rivera.
Cada mes publico en la revista Santo y seña (tanto en su versión impresa como digital) la sección El bonito arte de (per)versificar, toda ella dedicada a poesía. Recomiendo libros, comento noticias sobre el tema y siempre (siempre) incluyo versos. Éste es el texto del mes de agosto. Salud.
«Las aguas no nos dejan descansar, llueve cada tarde como la primera vez. Por eso, y aunque no tenga nada que ver, este agosto conviene leer poesía de Los Contemporáneos.
UNO (Y DOS)
Atascón de la mejor literatura Entre 1920 y 1940, once escritores osados, críticos y desadaptados cambiaron para siempre la historia del arte mexicano. Es decir que fueron autodidactas, leyeron a autores extranjeros “no clásicos”, los tradujeron, ejercieron la crítica, ensayaron nuevas formas literarias. Los llamaron excéntricos y corruptores, pues varios de ellos eran homosexuales. Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Jorge Cuesta, José Gorostiza y Gilberto Owen, por mencionar algunos, integraron el grupo Los Contemporáneos, centralísimo en la historia cultural de México no sólo por su voracidad intelectual, sino porque puso al arte mexicano a dialogar con el internacional, al tú-por-tú.
Bueno, pues hasta el 4 de septiembre se exhibe en Bellas Artes la exposición Los Contemporáneos y su tiempo, que aborda la trascendencia de ese “grupo de soledades”, en palabras de Torres Bodet. Compuesta por 294 piezas que comprenden fotografías, grabados, guiones, revistas, grabaciones, primeras ediciones, dibujos y pinturas, deja ver cómo rebasaron lo literario y tocaron con fortuna el teatro, la música, las artes plásticas, el cine. Además del atasque de buena poesía que representa, la muestra incluye conferencias, paseos literarios y películas. Toda la información está en http://www.museopalaciobellasartes.gob.mx
TRES
Amar, esa cólera secreta El pasado marzo habría cumplido 113 años Xavier Villaurrutia, mi contemporáneo favorito (y cuya foto ilustra esta entrada). Los temas centrales de su trabajo fueron el erotismo y la muerte, los cuales abordó con la destreza de un cirujano entrenado en abrir venas por la mitad. Este fragmento de “Amor Condusse Noi Ad Una Morte” pertenece al portentoso libro Nostalgia de la muerte.
“Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.
Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia […]”.
CUATRO
Cupido mataría por haber escrito esto Hablaba inglés y francés, además de español. Viajaba muchísimo. Leía sin parar. Se llamó Gilberto Owen y es, quizá, el menos conocido entre Los Contemporáneos. El largo poema “Sindbad, el mareado”, que narra la aventura de un amante, incluye este verso, que sin duda envidiaría un cierto niño alado: “Si no es amor, ¿qué es esto que me agobia de ternura?”.
CINCO
Malalechez poética
Para insultar (sobre todo para eso) se necesita inteligencia y finura. Salvador Novo, contemporáneo también, las tenía de sobra. Así que cuando Diego Rivera lo llamó “maricón”, Novo le dedicó poemas satíricos, como éste, en el que se burla de su fealdad y de la urgencia sexual de su exesposa, Lupe Marín, quien al divorciarse de Rivera se casó con el también poeta contemporáneo Jorge Cuesta. Sí, la poesía-poesía admite el sarcasmo.
“Marchóse a Rusia el genio pintoresco
a sus hijas dejando –si podría hijas llamarse a quienes son grotesco engendro de hipopótamo y arpía.
Ella necesitaba su refresco
y para procurárselo pedía
que le repiquetearan el gregüesco,
con dedo, poste, plátano o bujía.
Simbólicos tamales obsequiaba
en la su cursi semanaria fiesta,
y en lúbricos deseos desmayaba.
Pero bien pronto, al comprender que esta
consolación estéril resultaba, le agarró la palabra a Jorge Cuesta”.
Me ha pasado: ponerme de malitas porque el Spotify falla (o la computadora no está cargada) y no hay manera de oír música. Como mi hipermoderna Mac no tiene ranura para CD, como ya no tengo casettes ni dónde oírlos y como a uno de los audífonos se le acaba de caer la gomita y sin ella me lastima, de pronto me veo sin poder oír nada.
Este cartón de Rep me encantó porque hace unos meses me encontraba en unos de esos trances y un pájaro lejano me hizo el favor de alegrarme el rato de regada y podada de mis plantas-hijas (tengo más de 30). Y no se le fue la luz, ni se descompuso, ni se desconfiguró, ni le atacó un virus, ni un malware. Así nomás, estuvo cantando la que por siglos fue la mejor música del mundo. Me hizo recordar a mi sobrino, que hace años vio pasar un pájaro cerca de nosotros, se le quedó mirando y dijo, con toda la convicción de sus cinco años: «Mira, tía, vuela como un avión». En vez de decir que el avión vuela como pájaro, sus referencias estaban invertidas. Igual yo, sorprendida de que aquel pájaro fuera la música de mi mañana.
A él y a sus congéneres, la música primera, vaya este #LunesDeMonos.
Como dice mi querida Carla Érika Ureña: qué ganas de desgastar el corazón cuando uno tiene12 o 15 años (o por ahí). Bueno, pues la Playlist colectiva de hoy tiene que ver con ese afán torcido de sufrir desde escuincles, como si no hubiera muchos más años para ello. Mi canción es Waiting For a Girl Like You, de Foreigner, no porque haya sido parte de una asquerosa y pasional historia de amor adolescente, nooooo. Yo vivía suspirando porque el maldito Enrique me la cantara y nunca, jamás de los jamases ocurrió. Estoy segura de que hoy debe ser muy infeliz.
Más abajo están las propuestas a través de mi Twitter@danioska y mi Facebook personal. Paraañadir la tuya sólo escríbela en los comentarios y la subo. Y el sábado suena así…
@michrade Agua nueva, de Cristian Castro
Carla Érika Ureña Always, de Bon Jovi
Daniel Bueno Always In My Mind, de Elvis Presley
Luis Neumann Always Something There To Remind Me, de Naked Eyes
Fernando Hernández Pico Another Day in Paradise, de Phil Collins
Rubén Ruiz April Come She Will, de Simon & Garfunkel
Ram Rock A Whiter Shade Of Pale, de Procol Harum
Lu Olmedo Baby, Can I Hold You, de Tracy Chapman
@antonpereyra Bailar pegados, de Sergio Dalma
Rafael Carballo y @anaeliro Can’t Fight This Feeling, de REO Speedwagon
Víctor Varela Careless Whisper, de George Michael
Ligia Urroz Crazy For You, de Madonna
Fernando Campo Crimson and Clover, de Tommy James & The Shondells
@Marco_Reyes1 Después de ti, ¿qué?, de Raúl Di Blasio
Susana Salazar Detalles, de Roberto Carlos
@DSarmientomx Forever In Blue Jeans, de Neil Diamond
Soffa Sant If That’s Not Love, de The Naked Brothers Band
María Joaquina y @CayoPloutarxos In Your Eyes, de Peter Gabriel
Rosa Pontón I’ve Got You Under My Skin, de Frank Sinatra
José de Jesús Montoya I’ve Got You Under My Skin, de Frankie Valli y The Four Seasons
Carlos Altamirano Killing Me Softly With His Song, de Roberta Flack
Carlos Carranza Kokomo, de The Beach Boys
@al3xry Las piedras rodantes, de El Tri
@luciangc Lifestyles Of The Rich & Famous, de Good Charlotte
Arturo Barrón Linda, de Miguel Bosé
@otroluisfer Mi primer día sin ti, de Enanitos Verdes
Fernando Zurita No One Like You, de Scorpions
@AdrianoDeLucio No seas tan cruel, de Timbiriche
Myriam Hudson Otro día más sin verte, de Jon Secada
@gmblawyer Photograph, de Def Leppard
Francisco Flores Please Don’t Go, de KC & The Sunshine Band
Verónica Ortiz Popotitos, de Los Teen Tops
Gerardo Cárdenas Slave To Love, de Bryan Ferry
@emehachea Sólo pienso en ti, de Víctor Manuel
Carlos Alberto García Camacho Still Loving You, de Scorpions
Arturo Erremental Thirteen, de Big Star
Alicia Alarcón Urgent, de Foreigner
Claudia Negrete y @danioskaWaiting For A Girl Like You, de Foreigner
Inés López de Arriaga You May Be Right, de Billy Joel
Las relaciones de pareja y el ring tienen muchos puntos en común. Como boxeadores expertos, con frecuencia nos construimos un rival a modo, para darle sentido a nuestras manos. Somos el mejor publirrelacionista del adversario: le ponemos más virtudes de las que tiene, decimos que sus puños son de hierro, que es invencible en el ring. Así, incitamos el morbo.
Luego, ya en la pelea, si dejamos al oponente sobre la lona lo celebramos con rabia, nos coronamos de gloria. Si nos vence, recordamos la aplanadora de su técnica. Pero muchas veces somos apenas los oponentes fatigados que se abrazan y se recargan uno en el otro. Que aunque quieren dar un buen golpe, no tienen fuerza. Que si no tuvieran ese otro cuerpo se desmoronarían.
(tenía esta imagen guardada, pero no sé el nombre del autor. Si alguien lo sabe y me lo dice, lo agrego)
Fui una niña sumergida en libros. Es decir, muy muy hundida entre renglones. Desaforadamente, incontinentemente.
En un primer momento se trató de una puerta de escape a mi timidez, a mi torpeza genética para hacer amigos. Descubrí que los libros estaban siempre para mí y que no necesitaba convencerlos de jugar conmigo. Luego encontré que la lectura implicaba la posibilidad de viajar, de habitar otras personas, de ser otras personas: me topé por azar con el regalo de convertirme en Sherlock Holmes, Jim Hawkins y Jo March en una misma semana.
Así, mi día a día pronto se vio entretejido de palabras. Empecé a escribir mínimas cosas, ya adolescente seguí leyendo mientras publicaba poemas, cuentos. Como adulta, lectora desmesurada, no se me ocurrió nada mejor que estudiar Letras. Hoy puedo decir que soy lectora profesional y que con mucha fortuna me gano la vida escribiendo, aunque podría ganármela con todavía mayor felicidad si alguien me pagara por leer.
Ayer se publicó en el sitio Horizontum.com una pequeña entrevista que me hizo Diana López justo sobre mis afanes lectores. Aquí está.
Diana López: ¿Podrías mencionarnos tus 5 libros favoritos y por qué lo son?
Julia Santibáñez: Uf, qué difícil responder sólo cinco. Tengo por lo menos 50, pero entre los que he leído en el último año tengo varios preferidos que seguramente van a seguir siéndolo en los años por venir. Son: A) la novelaLo que dijo Harriet, de la inglesa Beryl Bainbridge, por cómo refleja la perversión de dos adolescentes que son “sucios angelitos”; B ) la antología de cuentos Norte, coordinada por el mexicano Eduardo Antonio Parra, porque es reflejo de una de las literaturas más vitales que hay hoy en el país; C) el libro de poesíaOdioso caballo, del mexicano Francisco Hernández, por su humor crudo y su celebración de la palabra; D) la novela Juliana los mira, del colombiano Evelio Rosero, porque es un largo poema en prosa; E) el libro de poesía Saltaré sobre el fuego, de la polaca Wyslawa Szymborska, por cómo corta sin bisturí los sentimientos.
DL: ¿En qué momento de tu vida aparecieron cada uno, algún acontecimiento especial, impactante o desastroso?
JS: El “A”, “B” y “C” los leí mientras pasaba por un momento doloroso, me ayudaron a ponerle palabras a la angustia y la tristeza. El “D” lo leí en una época de insomnio, entonces me acompañó en las madrugadas y me las hizo muy felices. El “E” lo fui leyendo al inicio de una época de enamoramiento, así que me trae espléndidos recuerdos.
DL:¿Siempre deseaste ser escritor o qué otro trabajo te imaginabas desempeñar?
JS: De niña quería ser astronauta, detective y escritora. Ya de adolescente me veía escribiendo y leyendo siempre, mientras me dedicaba a la literatura.
DL:Si vivieras en otro país, ¿a qué te dedicarías?
JS: Si viviera en Venecia sería gondolera. Si viviera en Suiza me dedicaría a hacer chocolates. Si en Alaska, vendería hielo de colores, sería un hit.
Se llamó José Lezama Lima y hoy cumple 40 años de estarse muriendo.
De los autores cubanos más importantes de la historia de la isla, fue también fundador de revistas que compendiaron a los mejores autores de la época, entre ellos, Eliseo Diego, Virgilio Piñera y Gastón Baquero. Concebía la escritura como una “búsqueda verbal de finalidad desconocida”. En este año se conmemoran los 50 años de la aparición de su novela Paradiso, arriesgado salto mortal de estilo que muchas veces me deslumbra y emociona y otras, francamente, me cansa.
Aquí va un fragmento de su poema «El abrazo», aunque no tan ricamente barroco como fue su sello, sí poderosamente erótico y sonoro, como muchos de sus poemas. Y es que estos versos valen la semana: «Lo oscuro húmedo que desciende/en nuestro cuerpo./ Tiemblan como la llama/ rodeada de un oscilante cuerpo oscuro».
Buen #MiércolesDePoesía.
«[…] La mano puesta en el hombro de la mujer.
Nace en ellos otro temblor,
el invisible, el intocable, el que está ahí,
grande como la casa, que es otro cuerpo
que contiene y luego se precipita
en un río invisible, intocable.
Las piernas tiemblan, afanosas de llegar
a la tierra descifrada,
están ahora en el cuerpo sellado.
Comienza apoyándose enteramente,
un cuerpo oscuro que penetra
en la otra luz
que se va volviendo oscura
y que es ella ahora la que comienza
a penetrar.
Lo oscuro húmedo que desciende
en nuestro cuerpo.
Tiemblan como la llama
rodeada de un oscilante cuerpo oscuro.
La penetración en lo oscuro,
pero el punto de apoyo es ligeramente incandescente,
después luminoso
como los ojos acabados de nacer,
cuando comienzan su victoriosa aprobación […]».
Vuelvo a Anaïs, que a cada paso me va aclarando lo que pienso y siento, como en este pasaje de hoy:
«Dejo ir todo lo que no puedo transformar en una maravilla. La realidad no me impresiona. Solo creo en la embriaguez, en el éxtasis, y cuando la vida ordinaria me encadena, escapo, de una manera u otra. No quiero más prisiones […] Yo elijo siempre la luna para desayunar. No aguanto los aspectos monótonos de la vida».
-Anaïs Nin, Incesto (1932-1954) en Diarios amorosos, Siruela, p. 326
Luego de una estancia espléndida en Morelia, ayer en la noche volví a casa. Los cuatro días allá fueron de lo mejor. Presenté mi libro en dos eventos organizados por la Sociedad de Escritores Michoacanos, acompañada por gente de primera en todas las acepciones de la palabra: Maritza, José Agustín, Roberto. Con ellos celebré la poesía, hablamos del proceso creativo y de Leonor de Aquitania, de la pasión por jugar con las palabras y de si es «sano» que uno encuentre su propia voz al escribir. También tuve contacto con más de 10 medios, gracias a los buenos oficios de Salvador. Acompañada por mi hija (fotógrafa oficial y mánager) abracé mucho, me reí, firmé libros, me sentí muy muy cercana de gente que ya es parte de mi mapa personal. Y, por supuesto, caminé las preciosas calles de la ciudad y comí dulces al mayoreo: gomitas de rompope, ate, morelianas, cocada, pulpa de tamarindo, rollo de guayaba con cajeta y otros que ya no menciono, por conservar un poco el pudor. De verdad, fueron días soberbios, agradecibles en todos los sentidos y con todos los sentidos.
A pesar de todo no se me olvida que es #LunesDeMonos, así que dejo aquí este cartón del chileno Guillo. Lo puedo laxamente denominar «Humor poético» porque alude a los versos de Neruda «Me gusta cuando callas porque estás como ausente». Con él me voy, contenta y silbando bajito.
Fotos: Dania Castañón, Betty Villicaña y Salvador Chávez
Ni una gota de lluvia. Tuve presentadores de lujo: José Agustín Solórzano y Roberto Jauregui. El lugar estuvo lleno. La gente no se durmió ni se quejó ni se fue. Vaya, algunos hasta se veían interesados. Fui muy feliz.
En el set del programa «Hoy», en el Canal 27 de Televisión de Morelia
Son las 12 del día. Entre ayer y hoy llevo ocho entrevistas, coordinadas por mi querido y más que chambeador Salvador Chávez Ortiz, de La lectura es cultura. He estado en Grupo Marmor, CB Televisión y Exa FM, Vox 103.3 FM, Sistema Michoacano de Radio y Televisión, Máxima FM, Canal 27 de Televisión, Quadratín, La Voz de Michoacán, más un par que faltan. Creo que me he repetido hasta el cansancio en las respuestas, ay, yo tan poco original.
Todo sea por promocionar esta azarosa tarde: a las 6:30 pm presento mi libro Ser azar en el Jardín de las Rosas de Morelia, Michoacán, dentro de los Viernes de Escritores organizados por la Sociedad de Escritores Michoacanos y por invitación del poeta y amigo José Agustín Solórzano. La entrada es libre y hasta mezcal va a haber. Anden, vengan.
En el set de CB TelevisiónEn la cabina del Sistema Michoacano de Radio y TelevisiónPublicación en el periódico La Voz de MichoacánEn el set de televisión de Grupo MarmorPublicación en el sitio web de Quadratín
Las amo desaforadamante. No a las mujeres, no, a los dulces. Estoy en Morelia, Michoacán. Se supone que vine para hacer promoción de mi libroSer azar, pero eso es la fachada. En realidad me lancé hasta acá por unas obligadas morelianas, dulce tradicional chicloso, hecho de leche hervida, que me pierde desde la infancia.
Se dice que la dulcería típica de Morelia es resultado de la fusión de saberes culinarios: por un lado, el de las monjas europeas llegadas con la Conquista y, por otro, de las comunidades indígenas de la región.
No sé, lo único cierto es que la vida es más bella con morelianas.
Esta bonitanoticiabonita que ayer compartieron los amigos del Weso (@elwesomx) me deparó una tarde-noche de lo más enriquecedora. Resulta que retuiteé las palabras del prócer de la fe y de inmediato David Miklos (@dmiklos) se puso en sintonía. Y así venga un intercambio de tuits luminosísimos sobre el asunto. Con permiso del respetable (cada vez más escaso dados los tiempos que corren, insisto), al amparo del Cardenal surgió un lujo de frases sobre el pagano ano y sobre la importancia de mantenerlo republicano. Se sumaron también @ÚrsulaCamba y Daniel Sánchez (@danywino), todos igualmente paganos que los de marras.
Ya en la noche tuve una visita de la musa y como resultado di a luz (no, perdón, que no fue por ahí) el siguiente sonetito soberano. Va con dedicatoria especial a los veteranos amigos de este blog. Sea el #MiércolesDePoesía.
SOBRE EL ANILLO DE LA PUREZA
El Cardenal, probo en amor mariano,
por el tema se interesa del ano.
Afirma que lo hizo Dios, ufano,
para dar sin recibir, buen cristiano.
Pero el fiel, mezcla de infiel y gusano
«Amaos los anos a los otros», vano,
obedece con fervor franciscano
cual si fuera instrucción del Vaticano.
Así todos gozan del ano sano
que el Creador confirió a cada paisano
(celebran botaneando Gran Padano)
y el Cardenal le ruega a San Susano
conservar su cuerpo casto y lozano
aunque se diga que le cabe un piano.
Los deportes no son muy lo mío. La televisión, tampoco. Así que ahora que van a empezar los Juegos Olímpicos no creo que vaya a tener mucho que aportar sobre el tema, lo siento. Pero como no soy una insensible, ¡no, señor!, aquí va un cartón del mexicano Patricio para poner el lunes a tono con el asunto.
Debo decir que si bien no conozco a ningún Sico, estoy segura de que a algún creativo ya se le ocurrió la puntada. Y en cambio sí tuve el gusto con una chica de nombre América (por el equipo de fútbol) y me acaban de contar de un bebé Neymar (ayDió). Y si a nombres excesivos vamos, también conocí a una Cessna (como las avionetas) y a un Ericssson (como aquellos celulares).
Perdón de antemano, pero el #LunesDeHumor va dedicado a ellos, con toda mi solidaridad.
Must be the whiskey,
Look what we’ve just done.
Must be the midnight
Covering the sun.
Must be the violin
Oh, that thing that you can bring to me.
Must be the whiskey.
Un buen Scotch tiene su encanto. Y sus demonios. Y una promesa bajo la lengua.
Nacida en Austin, Texas, y de ascendencia mexicana, la cantante Carrie Rodriguez aprendió a tocar violín a los cinco años y a los 10 años ya se había presentado en el Carnegie Hall, como parte de un grupo musical. Tiene varios discos en su trayectoria, entre los cuales está Red Dog Tracks, realizado con el cantante y compositor Chip Taylor, mismo que dio a conocer en 2015. A ese disco pertenece «Must Be The Whiskey», esta ricura que no puedo dejar de oír. Porque sí, el whisky tiene la culpa de muchas cosas.