
Fulano es un señor discreto que suele andar con su compadre, llamado Mengano. Aunque los conocemos bien, fingimos que son unos don-nadie, unos sin-nombre. Lo interesante es que ambos vienen de la época de la dominación árabe en España, es decir, tienen siglos de rondar por nuestra lengua. Dice Ricardo Soca en La fascinante historia de las palabras que en el siglo XIII Gonzalo de Berceo menciona por primera vez fulano, derivado del árabe fulán, que significaba ‘cualquier, cualquiera’. En su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas sitúa en 1175 la primera mención en español y corrobora: «del árabe fulán, ‘tal'».
Por su parte, Mengano proviene del árabe man kan, que significa ‘quien sea’, término usado en el lenguaje notarial «para reemplazar el nombre de un personaje olvidado». Con tantos siglos de andar, se entiende que el rostro se les haya deslavado, vuelto anónimo.





































