Ex libris de colección

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Etiquetas o sellos grabados que se colocan al reverso de la portada de un volumen, los ex libris son una huella personal que comunica «este-libro-es-mío-favor-de-regresármelo». Incluyen una imagen simbólica y el nombre del dueño del libro y/o de la biblioteca a la cual éste pertenece (la expresión latina literalmente significa «de entre los libros»). Aunque la tradición viene de antiguo e incluso Lucas Cranach y Goya crearon algunos, no fue sino hasta el siglo XIX que alcanzaron su mayor auge. Sobra decir que me parecen una tradición hermosa.

Estos pertenecen a la colección de Richard Sica: son perfectos para disfrutar con música y una copa de tinto y, quizá, también para bocetar el ex libris de la propia biblioteca.

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Link relacionado con muchos otros, bellísimos:

http://www.50watts.com/Ex-Libris-Mr-Reaper-10

Ladrones que lean poesía

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«-¿Colecciona algo?

-No, lo que sí hay en mi casa son muchos libros, no hay ni dónde pararse ni sentarse, están en los libreros y en todos lados, ya no hallo dónde ponerlos, pero me encantan, cuando paso y veo el título de uno se me antoja releerlo. Si un ladrón entra en mi casa se va a decepcionar porque no hay absolutamente nada, sólo libros».

Esto lo dijo la periodista mexicana Cristina Pacheco, entrevistada por la revista mexicana Gente! (mayo de 2013). Al estar casada con el ensayista, poeta y traductor José Emilio Pacheco, entre los dos tienen una biblioteca robusta, de las que causan comezón de dedos. Por eso le voy a proponer a Cristina un cuento: unos ladrones despistados descubren la poesía mientras buscan qué robar en su casa…

Qué rico ser nominada


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El día pinta bien y es que Crissanta me nominó hoy al Liebster Blog Award, lo que agradezco: www.crissanta.com . Cuando empecé este blog no tenía idea de lo que me esperaba. Acostumbrada a escribir y guardar lo escrito, de pronto pensé que era interesante sacar a pasear las ideas, peinarlas, presentarlas a otros ojos. Hoy, 425 entradas después, considero entre los minutos más felices de cada día los que dedico a escribir un nuevo post. Luego, los comentarios que enriquecen cada uno me enriquecen también la sonrisa. Gracias a Crissanta por nominar esta aventura.

Éstas son las reglas del premio:

  1. Acepta el premio, publica la imagen del Liebster Award en la parte superior de tu entrada, di quién te nominó y menciona la dirección de su blog.
  2. Menciona 11 datos al azar acerca de ti mismo.
  3. Nomina a otros 11 blogueros al Liebster Award y enumera sus sitios.
  4. Notifica a los blogueros sobre su premio.
  5. Haz 11 preguntas a los ganadores.
  6. Responde las preguntas dejadas para ti por el bloguero que te nominó.

11 datos al azar sobre mí:

  1. Hago yoga hace dos años y “evangelizo” sobre esa causa.
  2. Soy obsesivamente ordenada.
  3. Tengo una hija que es la más hermosa del mundo (perdón a las otras mamás).
  4. Adoro viajar.
  5. Mi pareja vive actualmente en el extranjero.
  6. Colecciono zapatos en miniatura.
  7. A los ocho años empecé a escribir cuentos y poemas.
  8. Mi papá era médico militar.
  9. Me fascina aprender cosas nuevas (cuanto más raras, mejor).
  10. Amo la literatura medieval.
  11. En general como poco, pero me encanta dormir.

Blogs que nomino:

  1. Judybkr: www.judybkr.wordpress.com
  2. Dessjuest: www.dessjuest.wordpress.com
  3. Consonancias y disonancias: www.vatelechuza.wordpress.com
  4. Javier GM: http://www.javiergmphotography.com
  5. Diario de palabras: www.diariodepalabras.wordpress.com
  6. Janis62: www.norapcura.wordpress.com
  7. Mambomag: www.mambomag.wordpress.com
  8. Desafectos: www.desafectos.wordpress.com
  9. El café de Nicanor: www.juliocesarsrg.wordpress.com
  10. Díaz-rullo: www.diazrullo.com
  11. Libeasler: www.libeasler.wordpress.com

Mis respuestas a las preguntas que hizo www.crissanta.com :

1. ¿Tu color favorito? Rojo.
2. ¿Qué te inspira para escribir o publicar en tu blog? Algo que leo o escucho y me hace detenerme a saborearlo.
3. ¿Qué te gusta más del mundo de los blogs? Contactar a gente de otras latitudes pero igual de loca que yo por los libros, el arte, la sorpresa.
4. ¿En qué trabajas o qué estudias? Estudié Letras y trabajo en una empresa editorial de revistas.
5. ¿Calor o frío? Calor (mucho, por favor).
6. ¿Cuál es tu música favorita? Soy ecléctica, tanto como mi humor: lounge, ópera, jazz, pop, clásica, algo de rock.
7. ¿Tu sueño dorado? Alcanzar la serenidad sin importar lo que pase alrededor.
8. ¿Cuál es tu libro favorito? Imposible decirlo, pero sí autor favorito: Borges.
9. ¿Tienes sueños recurrentes? ¿Cuáles? Sí, ¡que llego en pijama a la oficina!
10. ¿Cuál es tu primer recuerdo? Tenía dos años, caminaba por un pasillo largo de mi casa. A cumplir tres nos mudamos a otra, sin pasillos.
11. ¿Qué haces en tu tiempo libre? Leo, escribo, veo a mis amigos, voy a museos.

Preguntas para los nominados:

  1. ¿A qué edad desearías dejar de cumplir años (pero seguir vivo)?
  2. Si el diablo se te apareciera, ¿qué le dirías primero?
  3. ¿Quién es tu persona favorita?
  4. ¿Qué hábito tuyo quisieras cambiar?
  5. ¿Te gusta llevar la contraria?
  6. ¿Qué es lo más audaz que has hecho en la vida?
  7. ¿Cuál es tu placer culposo?
  8. Si pudieras tener el poder de un superhéroe, ¿cuál sería?
  9. ¿Cuándo mientes?
  10. ¿Qué rasgo físico quisieras tener?
  11. ¿Cuál es la posesión con la que quisieras ser sepultado?

Gracias de nuevo a www.crissanta.com por este abrazo a mitad del día.

La ironía de una feminista creada por un hombre

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Aleida es una mujer ácida, ingeniosa. Se acerca a los 40 con tranquilidad. Le gustan los hombres pero no se fía mucho de ellos. Juega con las palabras para hablar de frente sobre sexo y pareja, en frases lapidarias como «Aunque muchos tipos son incapaces de satisfacer a una mujer, insisten en tener dos» o «Es más fácil cambiar de tipo que cambiar al tipo». Feminista y cómplice de su género, pocas veces da voz a los hombres; cuando los deja hablar es para que digan cosas como: «Yo nada más tengo ojos para una mujer, pero manos sí tengo para muchas».

La ironía es que es producto de una mente masculina. Nació en el bar de un hotel ecuatoriano en 1997. Esa noche Vladdo (Vladimir Flórez), caricaturista colombiano, la trazó sobre una servilleta, después la presentó en su página de Internet, de ahí la llevó a una revista semanal. Hoy es toda una celebridad en Colombia, Panamá y Ecuador, donde aparece en publicaciones periódicas. Yo la conocí en una librería del barrio bogotano La Candelaria: en un libro de formato pequeño pero 800 páginas está parte de su filosofía de vida. Aunque no descubre el hilo negro y a ratos se queda en el lugar común, vale la pena sentarse a conversar con ella.

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Link relacionado:

http://www.aleida.com/

No es tiempo de escandalizarse con un pezón

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Estoy en el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, de regreso a México. Pensando en la sensualidad que destila este país y en lo bello de sus mujeres me viene a la mente algo que leí hace muy poco: «A fines de los 90, Colombia se escandalizaba con un pezón, pero no con una masacre». La aseveración es de Daniel Samper Ospina, director de la revista SoHo, así que sabe del tema. Hoy, el sinsentido parece superado aquí. Espero que pronto se pueda decir que en mi país la ecuación también se invirtió: que a nadie le altere ver un pezón artísticamente retratado pero, eso sí, que los esfuerzos de puritanos y escandalosos se concentren en denunciar las matanzas que suceden a diario.

El enorme riesgo de visitar Colombia

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Hace algunos años, el gobierno colombiano lanzó una fuerte campaña para limpiar en el extranjero la imagen de ese país, tan lastimada por historias de guerrilla y narcotráfico. El atinado concepto era el que ilustra este post: el único riesgo que corres al visitarlo es querer quedarte en él.

Ahora me encantó ver de paseo por Bogotá frases varias sobre la belleza del país y la ciudad, como «Colombia es pasión», «¡Qué bonita es Bogotá!» o «Colombia es bella», escrita en la bolsa de papel en la que me dieron una artesanía. Coincido totalmente. No hace falta que lo digan. Pero qué lindo que lo hagan.

Colombia

Catedral de sal aderezada con encanto bogotano

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10 am. Catedral de Zipaquirá, a una hora de distancia de Bogotá. La iglesia fue construida en lo que antes fue una mina de sal. Increíble lo que logra el ser humano: socavar el corazón de una montaña para hacer un monumento religioso que deviene turístico. Carente de fe yo misma, no lo entiendo pero a 180 metros de profundidad me maravillo del lugar y, más aún, de la sonrisa perpetua de la guía (de nombre «Leidi»), que explica cada detalle como si en ello le fuera la vida.

Al salir, el taxista que nos espera nos recibe con una de las expresiones más lindas que he oído: «¿cómo me les fue?». Imposible no anotarla y fascinarse.

Vida de buenas

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Día a manos llenas en Bogotá. Amanecer junto a quien amo y entretener las horas cansando el cuerpo pero alimentando el amor hace una gran diferencia para lo que sigue. Luego desayunar «en colombiano» e ir a caminar a La Candelaria, barrio histórico. Entrar al Museo Botero, andar por las calles, sentir la buena vibra de esta gente bonita. Entrar a una librería y encontrar un librero-lector que me recomienda autores colombianos indispensables. Salgo con las manos llenas y la emoción de traer a Vladdo, Evelio Rosero, Germán Espinosa, Álvaro Cepeda y dos que venía a buscar: Héctor Abad y Daniel Samper Pizano.
El día seguirá en Monserrate, tiendas de diseño y acabará en el restaurante Andrés Carne de Res. La vida está muy de buenas (y sí, incluye libros).

La comida más cara del mundo

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Diré lo que comimos: de entrada, tostones chorreados (plátano frito y machacado con salsa de jitomate y cebolla). De plato fuerte, un ajiaco y un pollo en salsa de maracuyá. Como postre, un cuajado con dulce de uchuva (queso fresco con salsa de esa fruta pequeña, dulce, con semillas pequeñas como las de la guayaba). Para beber, un canelazo (aguardiente con canela, se toma caliente) y una cerveza Club Colombia. Por eso hubieran sido de 800 a 1,000 pesos mexicanos. Aquí la cuenta fue de 90,000 pesos colombianos!

Impresiona oír esas cantidades, pero al hacer la conversión son unos 600 pesos. Esa información y la delicia que hace chuparse los dedos permite olvidar el soponcio…

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Pintas bogotanas

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Caminando por la calles de la capital colombiana, ciudad linda y llena de gente sonriente a más no poder, también encuentro pintas de protesta. Algunas son de sabor crudo, otras cargadas de humor, como la que está arriba de este post, en la pared de una iglesia. Una a la que me fue imposible tomarle foto resume el sentir de la América Latina: «las paredes gritan cuando los medios mienten».

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Femme fatales con sabor tropical

Comentario de danioska: Es curioso. Temprano esta mañana subí un poema de Flóbert Zapata sobre una joven colombiana que-no-se-entera de las pasiones que despierta. Ahora encuentro este post sobre cuánto podemos aprender de los aires tropicales de esa tierra, anidada en la sensualidad de sus mujeres. No puedo más que rebloguearlo.

Avatar de javierstainesdetintasomos

Here she comes, you better watch your step
She’s going to break your heart in two, it’s true
It’s not hard to realize
Just look into her false colored eyes
She builds you up to just put you down, what a clown

The Velvet Underground and Nico (Femme fatale)

Basta de hipocresía, señoras y señoritas. Nada más agotador, por aburrimiento, que esa vocación descolorida de disfrazarse de niñas de colegio legionario tan acentuada en el altiplano mexicano. Como que ya se nos va pasando de tueste esta moda tiesa, de actitudes demasiado exquisitas, con esos tufos puritanos anacrónicos (¿de veras sigue existiendo el estigma de qué dirán por ahí?), justo en un país que se inventó ese bello término de “soltarse el chongo”. Por el amor de Dios, o mejor aún, por el que puede esperarse de nosotros, léanse Cosmopolitan más temprano en sus vidas, cuelguen los hábitos, encojan las…

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El viento levanta la falda de una chica…

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Los astros se alinearon y hoy viajo a Bogotá a estar con quien más me quiere. En celebración comparto este poema del colombiano Flóbert Zapata (1958), sobre la onda expansiva que nace en una parada del autobús. Vale mucho la pena:

«Una ráfaga de viento/ ha levantado la falda/ de una estudiante joven y hermosa/ que espera en el paradero/ del Parque de los enamorados/ Por la displicencia/ con que vuelve todo al orden/ fácilmente se sospecha/ que está cansada/ el cerco del apetito/ Debajo de los prenses de lino/ y de los cuadritos rojos y azules/ se dejan ver unas tangas blancas/ celestiales/ unas piernas trofeo o promesa/ duras inmejorables/ y unas nalgas quietas distraídas/ La imagen (no sé por qué sagrada)/ estremece y subvierte/ Un obrero la ha visto renacido/ seguramente su almuerzo tendrá mejor sabor/ los muertos del noticiero/ llegarán menos tristes/ el trabajo de la tarde más liviano/ el pequeño salario menos punzante/ El empleado del almacén de muebles/ guardará la imagen para la noche/ cuando su mujer sea una víctima agradecida/ Un chico más o menos de su edad/ se ha puesto pálido/ y desde un lugar estratégico/ espera que el viento repita la fechoría/ Y la estudiante/ pendiente sólo de la buseta/ se irá a su casa/ serena/ sin nada que contar/ aparte de los exámenes de fin de año/ inocente de las vidas que ha perforado/ por unas horas, unos días/ o toda la eternidad.»

Un suplicio y un amor

Jennnifer Merendino
Jennnifer Merendino

Como en la canción de Fito Páez, se vieron y se amaron. Son una pareja formada por un fotógrafo y una ejecutiva, viven en Nueva York. Se casaron hace cinco meses, aún están de luna de miel. Un día les dan un diagnóstico brutal: Jennifer padece cáncer de mama. Se miran a los ojos y dicen: «Estamos juntos, estaremos bien». Podían llamarse de cualquier forma pero se llaman Angelo y Jennifer. Vienen tratamientos, dolor, estancias en el hospital, soledad, ilusión, un sinfín de recaídas. Deciden luchar juntos, alzar su amor como bandera y no dejarse vencer. Ella usa todo su coraje; él documenta el deterioro en imágenes bellas, de una enorme ternura.

Esas instantáneas del suplicio que vivieron juntos hoy son accesibles, gracias a que él abrió un sitio para darlas a conocer. En ellas, la lucha contra el cáncer deja de ser una estadística y adquiere un rostro: el de una pareja que sufrió hasta el final y se amó ídem.

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Link relacionado:

http://mywifesfightwithbreastcancer.com/

«Internet: perfecto para compartir literatura»

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En la recientísima Feria del Libro de Bogotá, el autor suizo Peter Stamm externó esta opinión interesante: “Internet y las tecnologías emergentes son los medios perfectos para compartir la literatura y llegar hasta donde no hay librerías. Estos elementos no son una amenaza para el futuro de la novela y la literatura, al revés. No creo que cambien la necesidad histórica del ser humano de escuchar historias, lo que hoy serían novelas, con lo cual la lectura estaría garantizada y diversificada”.

La discusión sobre el tema es larga y compleja, tiene muchas aristas. En lo personal coincido con que Internet permite llegar a lugares donde la distribución de libros y revistas es poco operativa. También estoy de acuerdo en que no modifica la necesidad íntimamente humana de leer historias, de conectar con otros a través de la palabra. Hace poco leí una entrevista con el director internacional de un grupo editorial enorme. Decía: «Por primera vez en la historia, las editoriales no enfrentamos un problema de lectores, sino de ingresos». Ahí está la clave, el reto: la gente está leyendo mucho… pero en general está haciéndolo gratis, de manera que quienes producimos contenidos tenemos que encontrar la fórmula para seguir siendo rentables.

Sin embargo, haría un matiz a lo dicho por Stemm en cuanto a que Internet sea «el medio idóneo» para compartir literatura. Para mí al menos, el papel sigue siendo rey.

Apología del librero-lector

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Llego a la librería a buscar una novela de autor colombiano reciente, que no conozca. Quiero la recomendación de un buen librero, de esos lectores voraces que te recomiendan desde su pasión, que hacen toda la diferencia en la experiencia de lectura. Me aborda un empleado atento, le explico que ya he leído a García Márquez, Fernando Vallejo, Laura Restrepo, José Eustasio Rivera, Mario Mendoza. Le pido recomendarme otra gran pluma colombiana. Regresa con Una misma noche, de Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara 2012. En la ficha biográfica veo que el autor es argentino. «Ah, entonces… le traigo lo último de Rosa Montero». Respondo: «Es española». «¿Qué le parece Hernán Rivera?» «Muy bien, pero es chileno». No estoy ante un librero, sino ante un dependiente. Prefiero seguir sola.

Mientras hojeo títulos llega corriendo el empleado: «Éste es el autor que le decía, Premio Alfaguara 2011: Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer«. Por ser cortés lo tomo, aunque lo leí salido del horno. No recordaba que era colombiano, no me dejó huella. En eso doy con Santiago Gamboa, Plegarias nocturnas (Mondadori). Las primeras líneas no son decisivas pero el resumen es prometedor y me pica la recomendación de Manuel Vázquez Montalbán: «Santiago Gamboa es, junto con Gabriel García Márquez, el autor colombiano más importante». Vaya rasero. Me termina de decidir el epígrafe de Lou Andreas Salomé: «Lo que quedaba al final, cualquier fuera el modo en que cambiaran el mundo o la vida, era el hecho inamovible de un universo abandonado por Dios».

Mientras pago siento nostalgia por Héctor, el librero más lector que he conocido. En infinidad de ocasiones me recomendó títulos que son parte de mi bagaje personal. Ahora mismo lee en otra dimensión.

Mi propio epitafio

Screen shot 2013-05-02 at 9.58.03 AMEste poemita colombiano me pone de buenas:

El inmortal

«Soñé mi epitafio.//

No tenía lápida/
ni tumba.//

Era una simple nota/
pegada con cinta/
y decía://

Estoy en la biblioteca».

-John Galán Casanova (Colombia, 1970)

Amarás a Dios sobre todas las cosas, de Alejandro Hernández

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«Aquí puedes ganar de pelos, una lana que nunca te imaginaste. Para empezar, cinco mil pesos a la semana […] te saliste de tu país para buscar trabajo, o no. Pues aquí lo tienes, peladito y a la boca […] es trabajo sencillo, traes y llevas cosas, traes y llevas migrantes, los vigilas, ya verás que es mejor andar chingando que ser chingado, eso que ni qué. Y a lo mejor más adelante hasta matas a uno, a dos, a lo mejor le agarras el gusto […]. Una entrenadita y ya está, con culeros de verdad, con sangre de verdad, una vez que te despachas a uno, una vez que te salpicas de sangre, se le va pasando a uno el asco, de veras, o cómo crees que empezamos todos lo que andamos en esto, cómo, si no». Con estas razones, un secuestrador de migrantes trata de convencer a uno de ellos de «pasarse al otro lado»: dejar de ser víctima para convertirse en victimario de sus compañeros, en una realidad sin esperanza donde no hay más alternativas que esas dos.

Es un extracto de la novela Amarás a Dios sobre todas las cosas, de Alejandro Hernández (Tusquets), sobre la brutalidad que enfrentan los indocumentados en México, en su tránsito hacia Estados Unidos. Acabo de terminarla. Siento coraje, impotencia, asombro, tristeza, vergüenza del género humano. La novela me parece totalmente verosímil. Aunque quisiera creer que exagera, las noticias y lo que he leído sobre el tema me confirman que Hernández, el autor, se apegó a la verdad. No parecen concebibles el dolor, el miedo, el hambre y la humillación que enfrentan miles de migrantes a diario, ahora mismo. Tampoco parecen tener límite la crueldad, la prepotencia y el abuso de policías, agentes de migración, secuestradores. Cada sinpapeles vive esperando «no ser golpeado tan fuerte, nada más seguir vivo mientras la vida transcurre, sin voluntad, atado a los caprichos de desconocidos sin madre, [respirando] nada más por la fuerza de un recuerdo, la imaginación puesta en la casa que has dejado».

No sé qué hacer con el nido de avispas que traigo en el estómago.

Los escritores también fueron niños

Marguerite Yourcenar
Marguerite Yourcenar

A través de su avatar @elhombredetweed, el escritor mexicano Mauricio Montiel tuiteó hoy, Día del niño en México, fotos de 26 escritores internacionales cuando eran pequeños. Las vi llevada por la curiosidad, también por divertimento e incluso como recordatorio de que esas enormes plumas un día fueron niños fascinados con una pelota (a partir de ahora tendré más respeto a las pelotas).

Aquí comparto algunas pero recomiendo seguir en twitter la cuenta @elhombredetweed, para verlas todas. De todas formas, no hay desperdicio: si las fotos no les gustan vale la pena seguir a Montiel.

Gonzalo Rojas
Gonzalo Rojas
Fernando Pessoa
Fernando Pessoa
Sylvia Plath
Sylvia Plath
Octavio Paz
Octavio Paz
Julio Cortázar
Julio Cortázar

Territorio ávido de sus besos

Auguste Rodin, Eternal Spring
Auguste Rodin, Eternal Spring

El día amanece esperanzado, primaveroso, instalado en el buen humor. Si la relojería se pone a punto, en pocos días mi cuerpo volverá a ser «territorio ávido de sus besos» (G. Belli). El sol lo sabe, por eso esta mañana no llega de puntillas como otros días, sino aparece sonriente en lo alto del cielo.

Lamer la vida

Screen shot 2013-04-29 at 6.53.15 PMParece que esta tarde va a llover, lo que me recuerda estos versos de Malú Urriola, extraordinaria poeta chilena:

«La vida de un paraguas es lamer la lluvia./

La de un poeta, la vida».

Nada que añadir.

Encontrarme en verbos, adjetivos

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Tengo una propensión de siglos, una ebullición recurrente en las venas: es la urgencia por leer, por hallar palabras para armar sentidos, como si las generaciones que me habitan buscaran verbos y adjetivos dónde posarse para componer historias, paladear ecos, cadencias.

Desde hace muchos años no hay un día que no lea. Pasan por mi escáner libros, revistas, periódicos, blogs, sitios de Internet… todos o algunos cada jornada. La fiebre llega a tal absurdo que, sin darme cuenta, con frecuencia me veo leyendo la caja de unos chocolates, el panfleto recibido en la esquina. Creo que en el fondo está aquello de C.S. Lewis: «Leemos para saber que no estamos solos».

Leer = salirse de la cadena de producción

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A la pregunta de por qué los jóvenes leen cada vez menos, Junot Díaz (escritor estadounidense/dominicano y ganador del Pulitzer 2007), da este aguda respuesta:

«… Cada vez que un joven abre un libro es tiempo que pasa sin pulsar botones, sin entrar en Facebook, sin pedir papel higiénico por Amazon. Si a una chica o a un chico les da por leer poesía, se salen (sic) de la cadena de producción de dinero y obtención de beneficios. A las corporaciones les resulta insoportable la idea de que nadie le dedique a una novela las 20 o 30 horas que exige su lectura».

(entrevistado por El País Semanal, 28 de abril de 2013)

Su lógica implacable me deja helada. Muchas veces he pensado que leer es un acto revolucionario porque afirma la libertad, alimenta la imaginación, permite rebasar la propia experiencia y enriquecerla con otras, democratiza, fortalece la tolerancia. Ahora tengo una razón más para creerlo.

De por qué el futbol a veces hace llorar

Imagen 4Domingo. 8 am. Torneo de futbol de la personaja adolescente: unos 20 equipos de chicas disputan la copa. El año pasado, ella y sus amigas quedaron en un honrosísimo segundo lugar. Esto año no van tan bien: ayer perdieron dos juegos, en éste esperan recuperarse. En las gradas, papás y mamás animamos al equipo. Comentamos que de jóvenes nunca hubiéramos imaginado que el futbol femenil se volvieran tan popular, pero lo celebramos.

De pronto, en una buena jugada la personaja anota un gol en el ángulo de la portería. Vienen gritos, celebración, abrazos de sus compañeras. Luego ella voltea a las gradas, buscándome con los ojos: me señala y sonríe con toda la boca, dedicándome el gol. ¿Cómo explico que esta mamá cursi vio el resto del partido limpiándose los ojos?

(Por si alguien tenía curiosidad: ganaron 4-1 pero no lograron pasar a la siguiente ronda).

Mi deleite callado

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Tengo una familia de plantas. No sé cuántas son pero entre las que tengo en la entrada de la casa y las del patio trasero deben rozar las 50. Puedo decir que las quiero: las disfruto muchísimo, me emociona ver que a una le salió un botón, que a otra le ha sentado bien la primavera. Me fascinan sus ganas de vivir a costa de lo que sea. La chica que me ayuda en casa se encarga de regarlas porque en días laborales no tengo tiempo para dedicarles, de manera que muchos fines de semana las consiento. Hoy me di ese gusto. Con música de Bach como fondo podé alguna, las regué, les quité hojas secas, trasplanté una que pedía una maceta más grande, sembré un par recién compradas. Después de descalabros que le costaron la vida a varias de ellas, de alguna forma he aprendido a conocerlas, saber qué necesitan, entender sus tiempos. Son un auténtico deleite callado.

Como las puse guapas, no pude evitar tomarles una foto. Esta es una parte de esa entrañable familia.

Cosas indestructibles que acompañan el cuerpo

-John Malloy
-John Malloy

Placer de sábado: ir al librero, estirar la mano sin mirar dónde cae, tomar el volumen que eligieron los dedos, abrirlo donde sea y reencontrarme con palabras alguna vez leídas y disfrutadas, marcadas de alguna forma en la página como favoritas. Es como dejar que el destino sin rostro hable en voz de un autor. Aquí la delicia que tuvo a bien decir/recordar hoy:

«Hay cosas indestructibles que acompañan el cuerpo hasta la muerte como si hubieran nacido con él. Y una de ésas es la que surge entre un hombre y una mujer que viven juntos ciertos momentos».

Clarece Lispector, Cerca del corazón salvaje (Siruela)