Dijo el poeta: «Es más castigo negar a un amante un verso que un beso, porque en un verso caben todos los besos».
«Hacer algo grande»
Ayer encontré en la librería dueña de mis quincenas este librito de la argentina Alfonsina Storni (la misma cuya automuerte inspiró «Alfonsina y el mar»). Lo compré porque me di con este texto muy breve y hasta poco pulido, seductorsísimo por su mezcla de ingenuidad/fuerza:
«Amo y siento deseos de hacer algo extraordinario. No sé lo que es. Pero es un deseo incontenible de hacer algo extraordinario. ¿Para qué amo, me pregunto, si no es para hacer algo grande, nuevo, desconocido?».
A veces me siento así y no había tenido palabras para expresarlo. Lo confieso, me hizo el día.
De cara a la pared
Algo sobre la luz…
Empieza a morir la luz de este viernes, me seduce su carácter huidizo. Recuerdo a propósito algo leído hace poco, garabateado en mi cuaderno de notas. Busco la cita y ahí está, esperando ser citada: «Me preguntan por qué estoy aquí. Y yo respondo: Por mis compromisos con la luz… la luz, ¡qué cosa tan seria es la luz! ¿Cómo podemos conquistarla? Yo lo he intentado. Y ésa ha sido mi lucha» (pintor Armando Reverón citado por Carmen Boullosa, «El pintor salvaje», El Universal, 22 marzo 2012).
Esta tarde no busco conquistarla, me basta con bebérmela.
El Buda dijo
A veces
Palabra del día: fragilear
Letanía
Con la fe de una devota/
que no ve a su dios pero lo invoca/
repito mi cansada letanía:/
«Eco de tu cuerpo/
regusto de tu vientre/
sombra de tus manos/
ceniza de tu aliento/
no me desampares./
Eco de tu cuerpo/
regusto de tu vientre/
sombra de tus manos/
ceniza de tu aliento/
ten piedad de mí.//
-Julia Santibáñez
Catulo a Lesbia
Para iluminar el lunes va esta joya del siglo primero antes de Cristo:
Carmen V
Vivamos, querida Lesbia
«Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
y las habladurías de los viejos puritanos
nos importen todas un bledo.
Los soles pueden salir y ponerse;
nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
tendremos que vivir una noche sin fin.
Dame mil besos, después cien,
luego otros mil, luego otros cien,
después hasta dos mil, después otra vez cien;
luego, cuando lleguemos a muchos miles,
perderemos la cuenta para ignorarla
y para que ningún malvado pueda dañarnos,
cuando se entere del total de nuestros besos».
(Traducción de A. Ramírez de Verger, tomada del sitio http://www.catulo.com)
El día es enorme
En honor de Emma Bovary
Definición kunderiana de amor
«El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer)».
-Milan Kundera
N. del E. El lector puede cambiar «mujer» por «hombre» sin afectar el sentido.
Palabras en propiedad
Yo y mi obsesión por ellas… no tengo remedio. Me da por pensar que algunos autores se han vuelto dueños absolutos de ciertas voces, tanto que es imposible decirlas sin aludir a sus «creadores». Por supuesto, el vínculo está dado por su obra, después de leer la cual no he podido librarme de sus fantasmas. Ya sé que mi lista es incompleta, por demás subjetiva y ecléctica (incorpora algunas en otros idiomas), pero no busca más que ser un recuento de voces «propiedad» de autores admirados.
Sólo los últimos dos casos son palabras inventadas, las demás se encuentran en cualquier diccionario. A propósito dejo fuera (por esta ocasión) los nombres propios, porque sería demasiado fácil acudir a Romeos, Funes, Dulcineas, señoritas Julias, Aschenbachs, Fuenteovejunas o Werthers, que en muchos casos tienen para mí una existencia más interesante que muchas personas que conozco… En fin, ahí van mis primeras 10:
- Tártaros: Dino Buzzati, El desierto de los tártaros.
- Laberinto + espejo: Jorge Luis Borges, Poesía completa.
- Bruno: «umbrío por la pena, casi bruno», Miguel Hernández.
- Bottine/botín: Gustave Flaubert, Madame Bovary.
- Amorosos: «Los amorosos andan como locos/ porque están solos, solos, solos», Jaime Sabines.
- Hérisson/erizo: Muriel Barbery, L’élégance du hérisson.
- Nevermore/nunca más: «Quoth the raven, ‘Nevermore'», Edgar Allan Poe.
- Madeleine/magdalena: Marcel Proust, En busca del tiempo perdido.
- Nymphet/nínfula: Vladimir Nabokov, Lolita.
- Trilce: César Vallejo, Trilce.
Son tantas que seguro me darán para varias listas más.
«Huele amar»
El sabor de un hombre, de Slavenka Drakulic
«[El cuerpo] era el único instrumento del que disponíamos, el único instrumento para entendernos, el lenguaje del cuerpo que llega detrás, delante, al margen de las palabras, al margen del habla, que pronto nos resultó insuficiente. El cuerpo suplía nuestra carencia de lenguaje, ese algo que se nos escapaba desde el principio. El cuerpo era la única forma en la que se me abría un camino directo hasta él, hasta su oscuro interior».
Leer El sabor de un hombre, de Slavenka Drakulic (Anagrama), alteró mis días, lo reconozco. Pocas veces me he encontrado («me ha golpeado», debería decir) una novela tan nítida, tan incisiva, tan temblorosamente sensible y escrita con la poesía de las entrañas. El cuerpo como protagonista absoluto de una historia de amor devorador, como un lenguaje pleno y suficiente, como la memoria más certera, el «hambre divina» por el amado llevada hasta sus últimas consecuencias, un hilo tenso resuelto de la manera más lógica… según la lógica del erotismo más extremo. La contratapa cita a un crítico de The Guardian, según el cual «la prosa de Slavenka Drakulic tiene la intensa, descarnada poesía de Marguerite Duras». Nunca mejor dicho.
Paradojismo
Los diccionarios, siempre tan a la mano, explican la condición en la que me encuentro, que involucra afirmar y negar al mismo tiempo: «Paradoja: 4. f. Ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción» (DRAE). Sí, asimismito: estoy contenta pero no, me parece algo bueno y al contrario, celebro y lamento.
Se dio cuenta
¿Cavafis o Santibáñez?
Constantino Cavafis lo escribió hace muchos años, pero podría haber sido yo, de camino a Ítaca:
«Vuelve a menudo y tómame,
amada sensación, vuelve y tómame—
cuando del cuerpo la memoria se despierta,
y un antiguo deseo vuelve a pasar por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten como que tocan otra vez.
Vuelve a menudo y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan…»
O también:
«[dejó] a través del tacto de sus manos
un sentimiento en la frente, en los ojos, y en los labios».
Tolerancia a la frustración
Sé que mis millones de lectores en todo el orbe se cuestionan qué tal resultó mi experimento de ayer, así que doy un breve comentario: si tuviera que ponerme calificación creo que en total honestidad no pasaría de 7. Sin embargo, como si se tratara de una clase de yoga, bloqueo la rodilla mental y cuantas veces me caiga vuelvo a intentar que el entorno no determine mi tranquilidad interior, que mi mente se conserve serena a pesar de… Allá voy.
Abdominales para la mente
«Vivir las experiencias que nos ofrece la vida será obligatorio, pero sufrirlas o gozarlas es opcional. No se trata de decidir ver la vida en rosa de un día para otro, sino de trabajar sistemáticamente en debilitar esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno y paralelamente comenzar a ejercitar los músculos mentales que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra felicidad». -Matthieu Ricard
Pues sí, de eso se trata… pero hay días que cómo cuesta. Sospecho que hoy el entorno no será el más propicio para mi bienestar y por eso empecé desde temprano a hacer abdominales mentales. Espero que funcionen. Informaré los resultados.
Saltamontes (más que) inteligente
Piel con forro
Sábado, 7:15 am. Me despierto o me doy cuenta de que estoy despierta, da igual. Un par de pájaros corta el silencio. Todo está en calma, incluso mi mente. Aunque afuera hace frío, las cobijas son muy acogedoras. En un par de horas me alistaré para ir a la yoga y mientras tanto disfruto mi compañía, me gusta habitar mi piel. Medito un poco, saboreo la paz como un caramelo. Luego me estiro a tomar la novela que me tiene alucinada: El sabor de un hombre, de la croata Slavenka Drakulic (Anagrama). Su escritura es elegante, cruda, interiorista. Tras un par de páginas me encuentro con esto: «Por dentro, me sentía totalmente revestida por José. Me sentía como un abrigo forrado, como si el lado interno de mi propia piel estuviera revestido por la suya como un forro».
Pensaba leer bastante más pero me quedo con esas líneas. Cierro el libro y me voy rumiando la poderosa imagen de una piel revestida por dentro. Yo misma adquiero otro rostro este sábado.
Ese cuadro hindú
Ese cuadro hindú/
la novela de Cohen/
el sillón más rojo/
la cara interna de mis muslos/
y lo frío de estos pies/
te llevan tatuado./
También cada mañana/
el mejor de los diciembres/
la voz de Sinatra/
mis mejillas y ganas/
aquel postre en Nueva York/
y los últimos cinco años./
Extrañan tanto tu olor/
que ya no aguantan.//
-Julia Santibáñez
Curiosidades del mundo editorial (notas desde la trinchera)
Quien lo conoce desde dentro sabe que el mundillo de las revistas se cuece aparte (¿aparte de qué? ¿aparte de dónde? ¿de parte de quién?). Así, frases que en la vida cotidiana tienen un sentido, en los pasillos de una editorial adquieren otro significado, sin perder el original. Por ejemplo, decir «pero qué mala cabeza» tendría, al menos, las siguientes acepciones:
1. El juicio del interpelado es sumamente cuestionable.
2. El susodicho tiene un fenotipo poco agraciado.
3. El título dado a un artículo no le hace justicia al contenido.
Asimismo, que alguien comente «cambiamos la fuente por orden del jefe» puede leerse como:
1. El Cupido del patio, que escupía un chorro de agua, fue reemplazado en respuesta a la intransigencia del superior.
2. El área de diseño se vio obligada a elegir otra letra para el texto por idéntica razón.
Por otro lado, «volver a hacer la secundaria» es sinónimo de:
1. Revisitar las aulas de la educación media para obtener un certificado.
2. Escribir de nuevo la introducción de un artículo.
O escuchar decir a alguien con un respiro «por fin voy a quemar los discos» puede interpretarse como:
1. Los Cd’s del interfecto serán víctima inmediata de sus aficiones piromaniacas.
2. Se trata de un diseñador en cierre de edición, que ve asomarse el final del túnel pues está por grabar la revista para su envío a la imprenta.
En fin, supongo que esta polisemia contribuye a la conocida falta de cordura de quienes nos movemos gozosamente en este mar de significados.

























