Hilos invisibles me conectan con mi historia de familia. Lo quiera o no, sea consciente o lo ignore, soy parte de un sistema de energía que me une con mis antepasados, con mis descendientes. Hasta ahí todo muy racional. Lo que rebasa la razón es que esos hilos se puedan evidenciar de pronto en alianzas con ancestros que no conocí, transgresiones que yo y los míos hemos cargado por generaciones. De eso se trata Constelaciones familiares, método provocador creado en los 80 por el terapeuta alemán Bert Hellinger.
Ayer experimenté una vez más su lógica implacable, su poder sanador. Llegué queriendo destrabar asuntos personales y la constelación me dio una nueva luz sobre cómo influye en mi bienestar el karma, la energía que me relaciona con otros. Ahora, mi principal reto es no racionalizar lo vivido: «Los pensamientos son rápidos, el alma se mueve de forma lenta». Tengo que dejar que la experiencia se decante.
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