Entre estas fotos median 16 años. El 21 de mayo de 1997 se estrenaba en el mundo una bebé hinchada y hermosa, que se convertiría en personaja favorita de mis cuentos. Entonces escribí esto: «Me encontré con el coraje en persona. Cuando te sacaron de mi vientre lloraste poco, apenas lo necesario. Luego con ojos inmensos empezaste a mirar alrededor. La enfermera te limpió y te acercó a mí; nos conocimos a través de un beso con mocos y lágrimas. Varias horas después llegaste a mi cuarto de hospital. Con el pelo adolorido me levanté de la cama y te desvestí. Más que amor maternal, lo que predominaba era una absoluta curiosidad. Pocas horas antes estabas oculta en mí y de pronto ocupabas tu lugar en el mundo. Cuánta sorpresa».
Días después, buscando palabras que explicaran el maremoto emocional que vivía, encontré esto de Miguel Hernández para su hijo: «Es tu risa en los ojos/ la luz del mundo». Entonces me lo apropié pero hoy me parece más vigente que nunca: la sonrisa de la personaja pinta de colores cada día.



































