Me tropiezo con ella y, como pasa en las películas, el accidente detona una inmediata historia de amor. Le veo todas las virtudes y ningún defecto, me sorprendo repitiendo su nombre por el deleite de saberlo mío, quiero contarle a todos lo que me pasa, como si fuera yo la primera enamorada que habita el mundo.
Barahúnda significa «desorden, confusión, griterío», dice el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas. Añade que su primer uso se registra en 1330 y es de origen incierto. «Sólo consta que es palabra oriunda de la Península», similar al portugués barafunda, y que pasó al italiano: baraonda. Y el Diccionario de la Real Academia apunta que también puede escribirse sin «h», es decir, baraúnda, y que significa«confusión grande, con estrépito y notable desorden». Confieso que me gusta de todas formas, pero la prefiero con esa «h» que la adorna como una flor en el pelo. Es decir, no sólo suena bellísimo ba-ra-ún-da sino que también refiere a algo muy parecido el amor por el que vale la pena estar de paso: desordena, implica agitación y caos.
Foto tomada de http://www.adninformativo.mx (no venía crédito del fotógrafo; si alguien me da el nombre, con gusto lo incluyo)
Hace unos días (el domingo, para ser exacta) se publicó en el periódico mexicano Reforma, dentro del suplemento «La Constituyente», un artículo mío con una propuesta de siete puntos que considero debe contemplar la Constitución de la Ciudad de México, ahora mismo en elaboración. No soy jurista ni sé mayor cosa de leyes, así que cuando Cristina Renaud amablemente me invitó a colaborar pensé el texto desde mi posición de mujer, que credenciales no me faltan para ello, y habitante de esta ciudad desquiciada, vital, feroz y entrañable, que tampoco. En ese sentido me parece que cualquiera puede encontrar materia para coincidir, disentir o, al menos, discutir. Aquí abajo lo incluyo, para quienes quieran echarle un ojo. Quienes no quieran, no se lo echen y todos tan en paz.
LO QUE CABE EN LAS CINCO LETRAS DE “MUJER”
Soy escritora, las palabras son mi ejercicio cotidiano. Cada día tomo una y me la pongo en la lengua para jugar con ella, perseguir sus matices. Esta sabe a menta. Esa, a hielo, a mango maduro, a sangre. Cuando escribo, intento que huelan a nuevo, aunque sean las mismas. Busco que hablen de lo que duele, designen las cosas por las que vale la pena estar aquí, rocen la emoción. Las respeto porque están cargadas de significados y con ellos conforman el mundo.
Hoy, en la Ciudad de México, la palabra mujer se viste de poder, de certidumbres conseguidas, como la despenalización del aborto y el hecho de que ellas conforman más de la mitad de los alumnos que ingresan a una licenciatura en la UNAM. Pero está la otra cara de la moneda, la que carga la palabra de usos sociales que juzgan, avergüenzan. En la capital no es una realidad diaria el artículo cuarto de la Constitución, que establece que “el varón y la mujer somos iguales ante la ley”. La discriminación es inercia incuestionable que enfrentamos cuando al usar libremente nuestro cuerpo somos tachadas de putas, cuando al ser víctimas de violación se presupone que lo buscamos. Lo vivimos cuando se nos impone la maternidad como destino o cuando debemos elegir entre tener hijos y desarrollarnos profesionalmente. Lo sufrimos cuando cobramos salarios menores por realizar trabajo idéntico al de un hombre.
Llevo más de 40 años viviendo mi género y me parece necesario que ahora que se trabaja en la Constitución de la ciudad, se cuestionen modelos culturales nocivos, se modifiquen prácticas perjudiciales para todos. Con el fin de dotar de nuevos sentidos la palabra mujer, quiero que la Constitución de la Ciudad de México mandate al Congreso y autoridades la elaboración y promulgación de leyes y medidas que lleven a la realidad estos siete puntos:
Realizar permanentemente campañas para comunicar que los derechos humanos son iguales para todos, pero se requieren medidas y leyes específicas para compensar las desventajas que hoy enfrentan las mujeres en los ámbitos familiar, educativo, social, laboral y político.
Garantizar la eliminación detodas las formas de violencia contra las mujeres y todas las formas de discriminación por motivos de sexo, incluida la trata de personas.
Diseñar mecanismos que combatan los estereotipos de género enraizados en la cultura, para lograr que mujeres y hombres por igual nos reconozcamos como seres creativos, fuertes y sensibles, que desechemos la sumisión y la agresividad como rasgos naturales de uno u otro género.
Asegurar la libertad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo y sobre su sexualidad.
Elaborar mecanismos institucionales que aseguren apoyos a madres solteras, mujeres trabajadoras y jefas de familia.
Dar estatus legal a la prostitución, para combatir desde las leyes el abuso, la persecución y la discriminación hacia quienes la practican.
Implementar medidas que aseguren el acceso de niñas y mujeres a la educación y la cultura como vías de crecimiento, disfrute e independencia intelectual.
Insisto, no se trata de hacer poética constitucional, sino de crear normas y mecanismos que hagan valer estos derechos, cuyo cumplimiento sea exigible a todas las autoridades, administrativas y judiciales.
Y así, con mi pasión de letras bajo el brazo quiero que en la Ciudad de México ser mujer se viva de múltiples formas, tantas como cada una lo decida. Que se libere de estigmas, abuso. Que no implique revanchismo ni proclamar la superioridad de uno u otro sexo. Que, en cambio, las cinco letras de mujer se vistan de nuevos sentidos, los que tienen regusto a interdependencia, respeto, afirmación mutua. Esa es la palabra mujer que quiero saborear. Que quiero que mi hija se lleve a la boca.
No es exagerado llamar a éste uno de los mejores poemas de amor jamás escritos. Nació de la pluma de Juan de la Cruz, quien vivió de 1549 a 1591 y después fue llamado santo.
El poema se basa en el Cantar de los Cantares bíblico. Tiene una lectura mística, es decir, la que trata sobre «el ejercicio de amor entre el alma y el esposo, Cristo», pero también se le puede leer paganamente, como un ruego de amor mundano. En cualquier caso, su sonoridad y plasticidad son inmejorables, como en el tartamudeo del «un no sé qué que quedan balbuciendo».
Este #MiércolesDePoesía se desborda con este fragmento del «Cántico Espiritual», en el que habla la esposa.
«¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
[…]
¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero.
Y todos cuantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan;
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.
[…]
¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y solo para ti quiero tenellos.
¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!».
Yo, de científica, tengo lo que Trump de sensato. Lo mío no son los datos duros ni las certezas incuestionables, las que terminan una discusión con punto final, sino lo volátil, la duda, lo nocierto. Es decir, amo los puntos suspensivos.
Ayer en la tarde tuve una conversación en Twitter a propósito de la lluvia. Yo decía que cuando cae agua como si nada, como si fuera lo más natural del mundo, no puedo evitar hacerme mil preguntas. Mi interlocutor, @SalinasSergioS, decía que es científico y que a él la lluvia le genera inquietudes del tipo ¿cuál fue la cantidad de agua en la atmósfera? ¿El peso total precipitado? Le respondí que yo más bien me paro en la ventana y me imagino mil y un escenarios: un día llueve de abajo hacia arriba, unotro las nubes negras dejan caer chocolate (mi creativísima variante del «ojalá que llueva café»), un tercero empieza a llover pero no se detiene jamás, hasta el punto de que el planeta deja de llamarse Tierra para llamarse Mar y los humanos lucimos escamas.
Y es que a mí, más que los cuántos me seducen los porqués, los cómos. Me parecen mucho más encantadores. Ociosa que soy.
Acabo de descubrir a este ilustrador español, nacido en Zaragoza pero vecino de Barcelona desde hace años. Se llama Alfonso Casas y me gusta su humor, su trazo sencillo, en dos colores. Para animar en algo el #LunesDeMonos (Ok, para darle un caramelo agridulce) va a este cartón limpiecito que da en el clavo: sí, cuando el amor aparece es semilla minúscula, que luego se vuelve arbolito y árbol y muchos y bosque.
A veces es bueno recordar cómo comenzó, aunque sea nomás por darle algo de perspectiva a la arboleda soberbia, que parece estar ahí desde siempre. En palabras de Alejandro Jodorowsky: «Esa semilla, que crees ínfima, contiene un árbol que contiene un bosque».
Recorrer otros mundos con el cuerpo o con el pensamiento. Llenarse los ojos de paisajes nuevos o, más bien, estrenar las pupilas: viajar siempre es una delicia, sea dentro de mi piel, al interior del país, al extranjero o, incluso, entre galaxias. Y como en verano se imponen los viajes, la Playlist colectiva de hoy va en esa línea. Mi canción favorita es Take a Walk On The Dark Side, de Lou Reed, porque en general salir de viaje me da el chance de asomarme a lo recóndito, dejar salir la «oscuridad». Quizá por eso me gusta tanto. Además me encanta su ritmito rico, me pone en el estado de ánimo perfecto para tragarme kilómetros como si nada.
Aquí abajo están las propuestas a través de mi Facebook personal y de mi Twitter @danioska. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios.
Patricia Bremauntz y @salamel Al lado del camino, de Fito Páez
Claudia Silki A pedir su mano, de Juan Luis Guerra
Fernando Campo Are You Going With Me?, de Pat Metheny
Andrea Quintero Barcelona Nights, de Ottmar Liebert
E. J. Castroviejo Beef Jerky, de John Lennon
Javier Martínez Staines Bicycle Race, de Queen
Jorge Luis Borgia Black Milk, de Massive Attack
Carlos Herrera By The Time I Get To Phoenix, de Glen Campbell
María Rosas y Mariela Gómez Roquero Carretera, con Cecilia Toussaint
Héctor Iván González Concierto en A menor para violín y orquesta
Carlos Alberto García Concorde, de Franck Pourcel
@kaflohe Everybody Rules The World, de Tears for Fears
Inés López de Arriaga Feel Good Inc, de Gorillaz
María Joaquina Forever Young, de Alphaville
Ligia Urroz For The Love Of God, de Steve Vai
José Eugenio Sánchez Free Bird, de Lynyrd Skynyrd
@AdrianoDeLucio Gimme Shelter, de The Rolling Stones
Víctor Arta Gold, de Spandau Ballet
Maria Spezzia Hit The Road, Jack
David Miklos Immigrant Song, de Led Zeppelin
Rafael Alucín In A Gadda Da Vida, de Iron Butterfly
Pola Thrace Isla de Encanta, de Pixies
Myriam Vidriales y Carlos Carranza Learning To Fly, de Pink Floyd
@miguelATF Listen To The Man, de George Ezra
Rafael Carballo Luz azul, de Aterciopelados
Ramrock Mr. Raffles, de Steve Harley y Cockney Rebel
Rosa María Pontón No voy en tren, de Charly García
Ginnette Riquelme Overpowered, de Roisin Murphy
César Casalone Playground Love, de Air
Cristina Liceaga Prima di partire per un lungo viaggio, de Irene Grandi
Dania Castañón Send Me On My Way, de Rusted Root
Liliana Rodríguez Sildavia, de La Unión
Eduardo Limón Silvertwon Blues, de Mark Knopfler
Salva Sweet Home Alabama, de Lynyrd Skynyrd
Gerry Cárdenas Sweet Home Chicago, de The Blues Brothers
Alicia Alarcón The Boys of Summer, de Don Henley
Rubén Ruíz Guerra The Letter, de Joe Cocker
@didiloyola The Logical Song, de Supertramp
Patricia Monge The Passenger, de Iggy Pop
@Dsarmientomx Ticket To Ride, de The Beatles
@fcomasse Time, de Pink Floyd
Julie Sopetrán Une femme amoureuse, de Mireille Mathieu
Un par de ojos. Dos girasoles. Tórtolas quietas. Tan únicos como la huella digital. «Los recuerdo turgentes y temblones,/ tus grandes, densos pechos juveniles«, cantó Tomás Segovia.
Los pechos bien se cuentan entre los frutos más codiciados, entre los parajes ignotos más celebrados. Estas imágenes del fotógrafo polaco Waclaw Wantuch les rinden homenaje y yo, con ellas.
De nuevo es día de celebrar los versos, de hacer un alto y poner el cronómetro del mundo en ceros por un rato. Dicho de manera escueta: es #MiércolesDePoesía. Hoy invito a Luis Bugarini, escritor mexicano de amplias entendederas que lo mismo escribe crítica literaria, ensayo y novela (Estación Varsovia se atiborra entre mis pendientes de lectura) que, notablemente, poesía.
Acabo de terminar su libro Hora líquida(Editorial Abismos, 2015) y lo volveré a empezar, porque está para saborearse: son espléndidas tanto sus imágenes como la precisión de sus verbos, insustituibles como piezas de rompecabezas. Aunque el libro tiene varios poemas buenos y muchos realmente magníficos, dada la dinámica de este blog compartiré uno de mis favoritos, que da cuenta de la fuerza y concreción de su trabajo. Sirva de augurio para lo que resta de la semana y, claro, para promover la lectura de Hora líquida.
«[…] Es un escorpión hembra, de los negros. Ponzoñosa y seductora, persigue a un macho de su especie con fines de apareamiento. Creo reconocerla porque aparece tal como está descrita en las Escrituras, más negra que las tiendas de Qatar, y más amarga que la muerte […] Ella, muy desentendida, sigue absorta en su rito nupcial, cortejando a su macho, platillo suculento, con un hambre decidida de naturaleza doble, tanto gastrointestinal como ginecológica; hasta yo, ignorante de zootecnia, sé que la escorpiona devora a su compañero tras la cópula, una conducta propia de actrices y de diosas […] ella, dios hembra tragón y lascivo». (p. 245-246)
Estoy leyendo esta novela de la colombiana Laura Restrepo, publicada por Alfaguara (¿he dicho antes que las letras colombianas me son particularmente sacudientes, que Evelio Rosero y Héctor Abad y Mario Mendoza me mueven hasta el tuétano?). Bueno, pues la novela de Restrepo, formada por varias historias cuyo punto en común es la presencia ominosa de El jardín de las delicias, de El Bosco, va de menos a más. Los primeros capítulos están bien, pero a partir del tercero la cosa se vuelve exponencial. «La promesa», sobre un amor incestuoso, no da descanso, golpea en cada página con su prosa decantada. Luego «Olor a rosas invisibles», el quinto, sobre un amor que quiere conjurar la vejez, lastima de tan precisa. Sigue «Pelo de elefante», puesta en boca de un sicario de inesperada profundidad y al cual pertenece el pasaje que cito al principio. Finalmente «El Siríaco», visión de humor negro sobre un santo moderno que a ratos me recuerda el magnífico Diario de un aspirante a santo, de Georges Duhamel. En todas es protagonista el pecado, ese aguijón que es destino inescapable.
Hace años leí Delirio, también de Restrepo, y recuerdo que me gustó, sin que tenga en la memoria más detalles. En cambio, estas tres historias de Pecado nomás no tienen madre. Abordan la lascivia, la ira y demás antojos de la carne desde ese caleidoscopio siempre cambiante que son las emociones, pero también tocan los rasgos de sus hermanas siamesas: la culpa, el miedo, el dolor, la angustia. ¿Qué comerán los narradores colombianos que tocan de esta manera las fibras internas? ¿Que diseccionan las tripas y las exhiben con pluma así de portentosa?
Hace meses que no pasa por aquí el magnífico Quino, así que hoy le levanto el castigo de forma temporal y lo invito al #LunesDeMonos, con este cartón acidito que ahora me parece simpático pero en unos años, no muchos, seguramente me hará llorar. Y no, no porque un esposo o novio me vaya a preguntar algo similar (a como voy, con cambio de modelo cada cinco años en promedio, la cosa no pinta hacia allá), sino porque a mí misma se me va a olvidar para qué se usaban ciertas partes del cuerpo. Aprovecho, pues, para reírme hoy.
Deseo que el cartón haga que el lunes de todos sea menos lunes…
Es #SábadoDeMúsica, salió el sol y en las venas me corre el aguardiente. Ok, no, pero como si sí. En otras palabras, ando bien y muy de buenas, como en el mood de este clásico de Manu Chao, para ponerle soundtrack al fin de semana. Por cierto, qué buen porte tiene el tal Manu…
Me gustan los aviones, me gustas tú.
Me gusta viajar, me gustas tú.
Me gusta la mañana, me gustas tú.
Me gusta el viento, me gustas tú.
Me gusta soñar, me gustas tú.
Me gusta la mar, me gustas tú.
Anoche presenté mi nuevo libro, Ser azar, acompañada por Rocío Cerón, poeta, y por José Hernández, monero. También estuvo Sidharta Ochoa, directora de Editorial Abismos y Héctor Orestes, coordinador del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, sede del evento.
El acercamiento de Rocío y de Pepe a mi trabajo, su lectura de mis versos fue todo lo amable que pudo ser. Literalmente me arroparon con palabras, le dieron una amorosa bienvenida a Ser azar, este hijo de mis entretelas. Además el lugar se llenó, hubo gente entrañable y también lectores que no conocía, cuya presencia me calentó el corazón. Y al final brindamos con vino y con mezcal Xicarú, para bañar de alcohol el entusiasmo.
Digo que ocurrió otra vez. Por sobre todas las cosas, la noche espléndida de ayer me deja dos certezas:
Lo mejor que me puede pasar en la vida es que mis poemas toquen a alguien, dialoguen con un lector. Es entonces cuando se cierra el círculo de este callado oficio de poeta, el que «no me da de comer pero sí me alimenta a diario», como dije anoche.
A cada minuto tuve la nítida sensación de ser querida.
Ambas cosas de verdad, de verdad, me hacen la mujer más feliz del planeta durante todo el día de hoy. Por lo menos.
Sí, y ando toda encandilada poniéndolo guapo, arreglándole el pelo, deseando que se porte bien.
El lugar donde lo presento, el Centro Xavier Villaurrutia de la Colonia Condesa de la Ciudad de México, no es grande, pero los lectores de este blog son los más bienvenidos a esta fiesta de versos, vino y mezcal. Sea, pues.
Mi nuevo libro de poesía luce sano. Lo primero que hice al recibirlo fue contarle los deditos de los pies, revisarle la nariz, pegar la oreja a su pecho para oírle el corazón. Lo miro con una mezcla de orgullo y aprensión. En este #MiércolesDePoesía comparto uno de sus primeros balbuceos, sólo para dar constancia de que está vivo. Porque sí, a veces querer de más se vuelve una emergencia.
Para quienes han preguntado: Ser azar ya está a la venta en la Librería Jorge Cuesta de la Ciudad de México (Liverpool 12, Zona Rosa) y se puede pedir directamente a la editorial: abismoseditorial@gmail.com y en @abismosed. Muy pronto, me dicen, estará también en El Péndulo y en librerías del Fondo de Cultura Económica. Y para lectores del extranjero está disponible en Amazon.com.
Gracias por recibirlo de brazos abiertos y dejarlo decir lo que tiene que decir.
EMERGENCIA
En caso de incendio, de sismo, de riesgo, de alarma.
En caso de insomnio, de revuelos, de abismo, de insania.
En caso de celos, de celos, de celos, de celos
rompa el vidrio y use los pedazos a su albedrío.
Soñé que llovía para arriba. Y para los lados. Y era tan poco novedoso para quienes siempre habían visto llover así, que el día que el agua cayó para abajo todo el mundo se maravilló.
La magnífica caricaturista venezolana Rayma Suprani es la invitada de hoy al #LunesDeMonos. Me gusta mucho su humor, normalmente enfilado hacia la política de su país y por el cual hace dos años fue despedida del periódico El Universal, donde trabajaba, luego de que en un cartón criticó el sistema de salud de su país. Total, esta vez comparto un cartón suyo que explora otra línea, más universal, con esta cita de Beckett y que me recuerda aquella otra, ésta de Bukowski: «Algunas personas no enloquecen nunca. Qué vidas más terribles deben tener».
Ahí, entre la mucha y la poca locura, entre la asumida y la disimulada, andamos todos, qué le vamos a hacer.
Pues sí, hoy regresan las Playlists colectivas, pero con un twist: serán los viernes de cada 15 días. Agradezco propuestas de temas, porque luego se me quema el cerebro de pensar algo digno de esta selecta audiencia.
Bueno, pues para la reinauguración se me ocurrió la pregunta original de toda originalidad: ¿qué canción te gusta cantar mientras te bañas? Una de mis favoritas es ésta, de Rod Stewart: Da Ya Think I’mSexy, de ese portento de disco que se llamó Blondes Have More Fun (frase que suscribo).No sé si me baño mejor o peor al oírla, pero de que salgo prendida y feliz, eso sin duda.
Aquí abajo están las propuestas a través de este blog, de mi Facebook personal o del Twitter @danioska. Encabeza la lista Tin TanconCantando en el baño (se rompieron la cabeza pensando, de veras). Además hay varia rolita ochentera, algo de salsa, algunas baladas y una, sí, de ópera pop. Si quieres añadir la tuya escríbela aquí en los comentarios.
Buen #SábadoDeMúsica. Ea.
@acruztel Amarga navidad, de José Alfredo Jiménez
Ingrid Bringas Bailando, de Alaska y los Pegamoides
@antonioliho Billie Jean, de Michael Jackson
Eduardo Casar Black Man, Brown Man, de Taj Mahal
Diana Penagos y @Paixocolata Bonito, de Jarabe de Palo
Carolina Enríquez Can’t Stop The Feeling, de Justin Timberlake
Diana Can’t Take My Eyes Off You, de Engelbert Humperdinck
Rafael Carballo, Ricardo Ruiz y Rafael Alucín Cantando en el baño, de Tin Tan
Rosa Pontón Clocks, de Coldplay (versión salsa)
Gerardo Cárdenas Con te pariró, de Andrea Bocelli (dice que incluye hacer la cara de Bocelli)
@otroluisfer Hooked On A Feeling, de Blue Swede
Marcela Sánchez Greene Inolvidable, de Luis Miguel
Jazbell Intimidad, de Buena Fe
Ram Rock Lola, Lola, de la Orquesta Mondragón
Sandra Lorenzano Los dinosaurios, de Charly García
Miguel Tejeda Flores Mal ô Mains, de Sanseverino
Claudia Negrete Mañana de carnaval, de Presuntos implicados
@DSarmientomx Midnight Train To Georgia, de Gladys Night & The Pips
Camarero Morena mía, de Miguel Bosé y Julieta Venegas
Álex Cisneros Óleo de mujer con sombrero, de Beth Suzacq
Ligia Urroz Pa ti, de Guaco
@quico70 Poles Apart, de Pink Floyd
Carlos Alberto García Raindrops Keep Fallin’ On my Head, de B. J. Thomas
Roberto Jauregui Raining Blood, de Slayer
José de Jesús Montoya Singing in the Rain, de Gene Kelly
Gerardo Alberto Te doy una canción, de Silvio Rodríguez
Dania Castañón The Winner Takes It All, de ABBA y cantada por Susan Boyle
@AdrianoDeLucio Una mañana, de josé JoJé
Andrés Grillo Vámonos pa Senegal, de Orquesta Típica Ideal
@ursulacamba Vivimos siempre juntos, de Nacho Cano
Alicia Alarcón Waiting For a Star To Fall, de Boy Meets Girl
@anaeliro You Make My Dreams, de Daryl Hall & John Oates
YOUTUBE
32. @michrade Usted, de Vicentico y Diego Torres
33. Arturo Erremental Ángel guardián, de El Niño Gusano
Luego de un buen descanso (no sé si merecido o no, pero sin duda muy disfrutado) retomo la sana tradición de las Playlists colectivas sabatinas. De modo que aquí va la primera propuesta: ¿qué canción es tu favorita para cantar bajo el reconfortante chorro de agua de la regadera? Aquí va una mía, las paredes de mi baño pueden atestiguar que automáticamente me pone de buenas: Qué manera de quererte, con la cubana Albita. Anota la tuya en los comentarios para añadirla a la Playlist que subiré mañana.
Acabo de terminar de releer Lo bello y lo triste, novela del japonés Yasunari Kawabata. La había leído hace un par de años y me había gustado. Ahora que me reencuentro con la narrativa del nipón me doy cuenta de que me gusta muchísimo. Es de una sutileza desarma, pero al mismo tiempo tiene la fuerza de una estampida de bestias.
Narra el reencuentro de Oki y Otoko, quienes hace 20 años se amaron. Ella tenía entonces 16 años, él estaba casado y tenía un hijo. Los amantes se separaron y ahora, al volver a verse, las cosas son distintas, porque en el escenario está también Keiko, la joven alumna de pintura de Otoko, quien quiere vengar el agravio cometido hace décadas contra su maestra. Moviendo los hilos, astuta y controladora, seductora y niña, la chica controla la historia y la lleva hacia un desenlace tremendo que, sin embargo, Kawabata narra con una limpieza absoluta. La sensualidad que rodea al obi o ceñidor del quimono me fascina, lo mismo que las escenas eróticas donde la chica no quiere que el hombre bese su pezón derecho. Y lo impecable de su prosa, bueeeeno.
Me queda rondando esta frase, puesta en boca de Keiko: «Supongo que en una mujer hasta el odio es una forma de amor». Creo que no lo he vivido así, pero no sé. ¿Será? En cualquier caso, recomiendo mucho la novela.
Hay poemas que me ponen de buenas, como éste del colombiano Héctor Abad,»Lógica recíproca», porque es una llaneza que casi insulta de tan clara. Así, este #MiércolesDePoesía se anuncia bien y de buenas.
«La finca donde yo vivo
es más bonita
que la finca donde vives tú,
porque la finca donde vives tú
es más bonita
que la finca donde vivo yo,
y desde la finca donde vivo yo
se ve la finca donde vives tú.
Tengo más suerte que tú
porque tú me ves a mí
y yo te veo a ti
y no hay comparación entre tú y yo».
«En lo más crudo del invierno entendí que dentro de mí había una primavera invencible». Encuentro esta frase de Albert Camus, incluida en de El mito de Sísifo, mientras hojeo la edición francesa de la revista Psychologies, cuya edición mexicana dirigí un par de años con enorme, enorme gusto. Lo conecto con lo que pasó anoche, mientras llovía como de concurso, mientras los truenos y rayos no me dejaban dormir: pensé que en el fondo de esa tormenta estaba también la quietud, la noche apacible. Y a la inversa.
En general me gusta ver sólo el lado amable, pero no existe solo, comprende también su gemelo perverso. Yo podría ser tanto más feliz y tener tanto más bienestar si asumiera de origen el paquete completo, si pudiera reprogramar mi cabeza para no clavarme demasiado ni en buenas ni en malas noticias, es decir, mantener la paz independientemente de lo que pase afuera. Con lo fácil que suena.
«Y pensar que empezamos como un grupo de lectura». Cartón: The New Yorker (perdón, no logro descifrar el nombre del autor)
En mi película roban bancos para comprar libros, para publicar clásicos que aún nadie conoce, para abrir librerías de viejo, para poner bibliotecas, para todas esas cosas inútiles que valen tanto la pena. En mi película nadie los atrapa nunca.
«[…] Había sido un juego largo y el aliento de Camila continuaba hirviendo en mi cuello. Durante ese instante quise que Camila no marchara nunca de mi casa y se quedara a vivir toda la vida, para hablar conmigo o para no hablar, para cerrar los ojos y abrirlos otra vez y acompañarme en tardes interminables como ésta —cuando estoy a solas y miro sola a mamá—, para defenderme del mundo y de mamá […] si te vas de esta casa no sé qué soy, no sé qué soy. Repetía eso infinidad de veces».
Estoy releyendo (en cuanto la terminé volví a empezar) esto que no sé cómo llamar, si novela, si poema en prosa, si bisturí que corta las emociones para mostrarlas en crudo, si torrente de palabras que me lleva lejos y no quiero regresar porque lo que veo es terrible, es precioso.
El libro me lo envió de regalo mi amigo necesarísimo Andrés Grillo. Es la historia de una niña de 10 años, Juliana, que se enfrenta por primera vez al amor y al deseo y se aterra ante ellos pero no quiere dejarlos ir, como todos. El colombiano Roseroya me había sacado el aire más de una vez, tanto con la implacable novela Los ejércitos como con esa tremenda delicia que es Los almuerzos. Pero esto es otra cosa. La niña que camina sobre la cuerda floja de lo que siente versus lo que sabe, que trata de encontrarse en un mundo de adultos sin freno, que busca cómo explicar lo que le bulle por dentro me ha hecho un nudo en la garganta varias, varias veces. Estoy sacudida de belleza hasta el tuétano.
Sí, llegó apenas y ya viene bautizado. Se llama Ser azar y lo publica Casa Editorial Abismos. Helo aquí, bien peinado, rozagante, con todas las ganas al alcance de la mano. Lo veo con ojos de mamá, ya se sabe, quiero que lo quieran. En un insólito intento por ser objetiva diré que sus 49 poemas (no 50 ni 48) plantean preguntas y ensayan respuestas sobre la vida, el amor y la muerte desde la poesía, «esa intensificación del lenguaje», ese «tomar la textura de la vida”, en palabras de John Banville.
Ya se puede comprar en Amazon.comy en 15 días estará disponible en El Péndulo y en la librerías del Fondo de Cultura Económica. Voy avisando las novedades.
Aquí va un poema en prosa incluido en el libro, suerte de bocadillo que espero despierte el apetito por leerlo y entrar en diálogo con él. Salud.
SOL DE INVIERNO
La granizada nos sorprende al llegar a casa. Cerramos las ventanas, pero no sirve, aquí adentro hiela. Las rosas palidecen, el gato parece amoratado y nosotros, más quietos cada vez, más ateridos.
Deberíamos tenerle miedo al enfriamiento.
Deberíamos,
tú y yo tendríamos que jugar con fuego para no morirnos de frío.