«Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena».
-Facundo Cabral
(Prometo que lo seguiré al pie de la letra)
Y un poquito más adentro
«Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena».
-Facundo Cabral
(Prometo que lo seguiré al pie de la letra)
Me tiene harta: por todos lados y en todas las plataformas me dice que tengo comprar tal producto para ser feliz, que si amo a mi gente le regale x, que no puedo dejar de celebrar con esta novedad. No: soy feliz y punto, amo a mi gente y punto, celebro y punto. En venganza, aquí retomo algunas de esas frases que me parecen buenas ideas para estas fechas, aunque las desligo de los productos que «necesito». Ahí van esos anuncios sin el anuncio, es decir, como genéricos. Esto sí es lo que quiero regalarme y regalar a mi gente querida:
«Enamórate todos los días»
«Escoge lo que ves, lo que escuchas, pasa de ser un simple pasajero a ser el dueño de tu propio espacio»
«Haz sonreír al planeta. Únete a una campaña de reforestación»
«Esta Navidad es tiempo de creer en el futuro»
«Ve adelante»
Lo había olvidado. Comprado en Buenos Aires hace unos meses, lo puse en el librero con los demás pendientes de lectura, no me volví a acordar de él. Anoche lo hojeé y a cada página creció mi gusto: 1000 stencil (La marca editora) es una pequeña maravilla encuadernada.
En Buenos Aires, las paredes son usadas como lienzo a través de esa técnica particular. Miles se burlan, cuestionan el poder, se autocritican, juegan, reflexionan sobre la argentinidad, hacen guiños, dejan su sello personal en el espacio público. Según menciona el propio prólogo, los stenciles funcionan «como una imprenta personal y portátil». Este libro de Guido Indij (ahora me entero que segunda parte del juguetón título Hasta la victoria, stencil!) compendia mil imágenes de todo tipo, desde demandas de justicia por la tragedia en la discoteca Cromañón, pasando por la muy evocativa frase «Nunca más» hasta experimentos lúdicos con logotipos de marcas como Converse, All Star, que en un anagrama inteligente se convierte en Conserve all arts.
Por otro lado narra brevemente algunas experiencias colectivas, tanto en Argentina como incluso en México, de «apropiamiento» de paredes. Y mencionando México, hasta donde sé aquí el stencil no ha cobrado mayor fuerza: la pinta y el graffitti siguen predominando en la expresión urbana. Me apetece ahondar en las diferencias entre una y otra y en las razones de su preeminencia en cada cultura. Mientras escribo esto encuentro en internet la referencia de este otro libro: Giovanni Tronconi, México: Stencil: Propa, Ediciones SM. A buscarlo, pues.
El amor no goza de buena prensa en estos días. Cada vez más personas están sin pareja o deseando estar sin ella, como el colega que confesaba: «Si no fuera por mis hijas, hace muchos años me habría divorciado». Hoy mismo escucho decir a una amiga que tras algunos desengaños ya no piensa volver a enamorarse, que sale demasiado caro a nivel emocional, que prefiere volcar los afectos en su perro. Luego casi trata de convencerme de la inconveniencia del amor, de sus muchos asegunes.
Por supuesto que lo sé. Tras un divorcio y varias buenas relaciones conozco esos inconvenientes: navegar a solas otorga más libertad de tiempo y sexual, no implica negociación con el otro, evita lidiar con familias políticas, permite exorcizar el temor a un rompimiento. Sin embargo, creo en los abrazos que iluminan días. Le veo más ventajas a estar enamorada que a no estarlo, encuentro más poderoso el sexo que revuelve almas que el que se queda en la superficie. En suma: prefiero los inconvenientes del amor que los de la falta del mismo. Así que aunque parezca un poco a contracorriente tomo como si fueran míos los versos de Ricardo Yáñez:
«No lo que digo,
lo que dice mi cuerpo
si estoy contigo».
«La lectura y la escritura nos permiten ensanchar la vida, ya que alargarla no podemos». -Juan Eslava Galán
Sin duda alguna, los libros y las plumas ensanchan la vida, lo sé bien. En esta última semana del año me dedicaré a ver cada día qué otras cosas tienen el mismo efecto. De ayer y hoy sé algunas, aquí están:
Las marcas de lencería han sido acusadas de objetualizar al género femenino, de convertirlo en juguete para satisfacer el deseo masculino. Aunque en muchos casos me parece que es así, mi postura al respecto será objeto de otro post. Este comentario más bien trata de una campaña de marketing lanzada por una marca mexicana de lencería (Vicky Form), que en sus anuncios había caído en la degradación femenina. Sin embargo, el año pasado contrataron a la inteligente agencia Vago Despierta, que creó una excelente campaña de contenido social: convocaba a las mujeres a opinar sobre cuáles deben ser las nuevas formas de relación entre géneros. Content Marketing puro. Storytelling en pleno.
En un país con altos índices de violencia doméstica, los creativos tocaron un tema sensible: más de 25,000 participaciones espontáneas y un top of mind avalan Mandamientos de la mujer. Supongo que también se habrá reflejado en mayores ventas, pero lo ignoro. Lo que me interesa destacar es que, en marketing, la creatividad ligada al contenido social no tiene por qué resultar aburrida ni gris. En otras palabras, el Content Marketing dota de sentido e historias lo que de otro modo sería un anuncio que la gente pasaría de largo.
La campaña cuestiona los valores aprendidos y subraya 10 puntos imprescindibles de los derechos de género. Aquí algunos de los «mandamientos» finales, que suscribo al 100% y me parece importante difundir:
1. Mi libertad no se termina cuando me uno a alguien.
2. Como mamá, no educo ni machos ni sumisas.
4. No aceptaré ningún tipo de violencia en mi contra.
6. Nadie, ni siquiera mi pareja, tocará mi cuerpo si yo no quiero.
7. Trabajaré para no depender económicamente de alguien.
Pero tengo dos críticas: 1) si bien la idea de los visuales era mostrar mujeres «normales», el tratamiento de las fotos resulta demasiado crudo, lo que resta identificación con el público objetivo; 2) el término «mandamiento» remite a imposición, a autoridad. Entiendo que se trata de un juego de palabras pero me parece desafortunado llamar así una campaña tan propositiva. ¿Por qué no algo tipo Certezas de la nueva mujer?
http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2011/07/04/publicidad-tradicional-agotada
Por azar tropiezo en el librero con el muy breve volumen de La leyenda del Santo Bebedor, de Joseph Roth (Anagrama). Lo leí en julio de 1996 según consta en mi anotación de la primera página. Ahora lo releo en una sentada, me gusta, pero en esta ocasión me llama más la atención el prólogo del traductor Carlos Barral. En él hace una magistral apología del alcohol. Aquí un fragmento:
«[…] no me he acostumbrado a tolerar a los abstemios dogmáticos, a esas gentes que, no se sabe por qué, se alegran de que uno no beba e ignoran que la embriaguez alcohólica, controlada hasta donde sea posible, es un método de conocimiento cultural y de interpretación del mundo en general, absolutamente imprescindible […] Ignoran la gloria de los paraísos artificiales, el aliento a la imaginación creativa, la mitigación de las timideces y la burbuja de cordialidad y de solidaridad con la que el alcohol envuelve a los que lo aprecian».
Por desgracia no soy una gran bebedora (aguanto poco y no practico con frecuencia), pero suscribo lo señalado por Barral. En estas fechas de disipación valga la cita para justificar algún exceso etílico…
Increíble: recibo un mensaje directo en Facebook de una mujer que no conozco pero que, dice, sigue «extrañando la revista Psychologies y tus cartas editoriales que me hacían reflexionar sobre algún tema sensible». A dos años del cierre de la revista su comentario me sorprende y lo agradezco en el alma. Como homenaje a esas cartas editoriales que eran mi diván personal reproduzco una de ellas, de julio de 2009, y que llevaba por título Conectar con otros:
«Estoy sentada en mi butaca, conmovida. La obra de teatro Un tranvía llamado deseo está por acabar. El personaje de Blanche Dubois, interpretado por la magnífica Diana Bracho, se desmorona frente a los espectadores. Ante lo cruel de la realidad que enfrenta, Blanche se refugia en su imaginación y así busca conservar su dignidad. Noto que me tiembla el labio inferior. El final es emotivo y cuando las luces se apagan rompo a llorar como magdalena. Quisiera encontrar a la verdadera Blanche, abrazarla, consolarla.
En los aplausos y hasta cuando me subo al auto sigo llorando. Es más, al llegar a mi casa aún moqueo. ¿Por qué? Más allá del personaje, la obra me hizo ponerme en el lugar de otra persona, real o no, cuyas emociones me cimbraron. Esto ocurrió hace muchos años (en 1996, para ser exacta) pero me acuerdo del volcán interno que me despertó. Creo que entendí lo que dijo hace siglos el autor romano Terencio: ‘Soy humano y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno’.
El sufrimiento, la alegría, el enojo, la esperanza, los celos, la ternura… todo eso lo he sentido. Aunque cada uno escribe su historia y define ante qué circunstancias reacciona con una determinada emoción, cuando alguien dice ‘me duele la ausencia de mi madre’ o ‘estoy feliz de hacer ese viaje’ puedo conectarme con su experiencia. Si bien no sé exactamente cómo la vive, he pasado por algo similar.
En el fondo, las emociones nos hacen humanos y pintan de colores cada día. Además, nos permiten ser empáticos, entender a los demás, compartir mundos con ellos. Por eso, procuro asumir que en la vida toca alternar entre la espectadora que abraza con el corazón a quien llora y el personaje que muchas veces necesita un abrazo».
Álvaro de Campos (heterónimo de Fernando Pessoa) decía que «las cartas de amor, si hay amor/ deben ser ridículas». La enorme cita viene a cuento porque hoy tengo ganas de ponerme ridícula, o sea, de ser abiertamente romántica, cursi. Puede ser que esa vena me haya saltado de manera incontrolada porque ayer fue una fecha simbólica para mi pareja y para mí, o tal vez tenga que ver con que amo y me siento amada, o quizá con que recibí en mi casa este hermoso arreglo de tulipanes. Pero como el gran filósofo José José lo cantó mejor de lo que yo puedo decirlo, voy por la vida repitiendo esto suyo:
«Pido un aplauso para el amor
que a mí ha llegado.
Mil gracias por tanto y tanto amor».
Es lo bueno de tener amigos interesantes: cuentan historias que podrían derivar en cuentos fabulosos. Uno de ellos me platica que hace años administró algún bar de moda en la Ciudad de México. Una noche, una chica delgada y muy guapa estaba siendo acosada por el hijo de un político. Borracho y protegido por sus escoltas la seguía, le invitaba una copa, le insistía que estaba «preciosa» y otros piropos (??) impublicables. Ella sólo lo ignoraba. Por fin la chica decidió irse del lugar y detrás fue el aprendiz de político (con respectivos guardaespaldas). La muchacha se subió a su auto pero él quiso detenerla. Tranquila, abrió su minibolsa con lentejuelas, sacó una pistola y la puso en el cuello del impertinente. «Ya me voy. Me vas a dejar en paz, ¿ok, cabrón?». Los escoltas y el galán, pálidos, sólo pudieron ver cómo la chica se alejaba por la noche. ¿Quién era ella? ¿Por qué se tardó en reaccionar? ¿Qué pensó el conquistador fallido? ¿Y los guaruras? ¿Se reencontraron alguna vez? Estas son algunas preguntas que podrían desdoblarse en una narración.
También en estos días, otro amigo me cuenta que su abuelo era un honorable padre de familia (español republicano), que llevaba 20 años de casado: su hijo mayor rozaba las dos décadas. Su esposa le insistía una y otra vez que «seguro» tenía otra familia, cosa que él negaba. Un día estaban discutiendo y la esposa repitió la misma acusación. Entonces el tipo se le plantó de frente para decir: «Pues sí, tienes razón: hace 20 años tengo otra mujer y con ella tengo hijos de la edad de los nuestros. Viven a dos calles de aquí». La cornuda respondió: «Toma tus cosas, lárgate. No te quiero volver a ver en mi vida». Lo cumplió a pesar de que en esos años significaba cargar con un pesado estigma, además de tener que resolver la manutención de sus varios hijos. ¿Cuál es la historia desde la perspectiva de la amante? ¿Por qué después de 20 años el esposo confesó? ¿Cómo era posible que no se conocieran si vivían a dos cuadras?
Ahí están, que las use quien quiera. No cobro derechos de autor porque no son mías: sólo pido que si alguien escribe algo al respecto, me lo comparta. Curiosidad malsana, le llaman.
Dania, mi hija, y su equipo ganaron hoy, por tercer año consecutivo, el campeonato de futbol intercolegial. El marcador fue 3-1 y no quiero presumir pero Dania anotó los tres goles (ok, sí quiero presumir). El partido se jugó en el estadio del Cruz Azul, igual que la final pasada, mientras la de 2010 fue en el Estadio Azteca: eso significa que a sus 15 años ha jugado ya tres veces en pastos profesionales. Y aunque desbordo orgullo por mi goleadora, confieso que lo que más me gusta de ella es el juego limpio y su buena actitud con sus compañeras de equipo y su entrenador, que la adoran. Sé que suena a lugar común pero cuántas cosas aprendo de ella, qué enorme privilegio es verla crecer. Me parece que además de ir ganando en la cancha va ganando en sensatez y carácter, lo que es mucho más importante.
En el fondo no es el muchacho que disparó esta arma en una escuela ni los muchos que han accionado diversas en el pasado, segando cientos de vidas inocentes: quien realmente asesina es quien se opone a la legislación contra las armas. Ojalá Obama realmente se comprometa y una vez que se sequen lágrimas y se olviden discursos ponga en la palestra la discusión para penalizar el libre comercio en ese país. Pero (eso sí) a los niños que hoy murieron nadie les regresa el aliento, carajo.
¿Quién puede realmente decir que es escritor? ¿Merece más llamarse así quien tiene algunos libros publicados o el que tiene mil por dar a la imprenta? ¿El que ha sido firmado por una casa editorial o el que costeó sus propios volúmenes? Estas y otras interrogantes las explora Silvana Bosch en un interesante artículo de la revista Ñ, del periódico argentino El Clarín. Comparto dos excelentes fragmentos incluidos del texto.
Mercedes Güiraldes, editora de Emecé, dice: «No es escritor todo aquel que publica, ni todo aquel que publica y vende poco o mucho, ni tampoco aquel que escribe y no publica. Para saber qué es un escritor habría que empezar por preguntarse qué es lo contrario de un escritor. ¿Un no-escritor? ¿Un escritor malo?». Mi respuesta es: lo contrario es un no-escritor, uno que ve la escritura como un pasatiempo y no como una vocación.
Por otro lado, para Rosa Montero la respuesta radica en la necesidad de vaciarse en palabras: «Un escritor es en realidad aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor'».
Así, respondo: tengo dos libros publicados y varios más en mis cajones, que debo acabar de parir. Coincido en que nada de ello es determinante. Sin embargo, sí, necesito escribir para vivir y desde mis ocho años es parte de mi esencia, aunque por supuesto eso no significa que lo haga bien: simplemente me hace escritora (la palabrita me arranca una sonrisa).
En medio de una fiesta cargada de buenas vibras con compañeros de la oficina, una mano misteriosa (para mí, no para su dueño) tuvo a bien sustraer mi iPhone, comprado hace apenas un mes. Contemplo varias posibles reacciones:
1. sentirme víctima de la vida (no me apetece para un día 13);
2. mirar con suspicacia a todo colega que cruce por mi camino (desgastante y poco efectivo);
3. mentar madres mientras golpeo la almohada (ella no tiene la culpa);
4. respirar hondo y tirar pa’lante (un poco mejorcito para este jueves).
Creo que optaré por la última: ninguna de las cuatro me devolverá mi iPhone pero al menos esta tampoco comprometerá mi hígado.
Con poco tiempo hoy para escribir, comparto un video fantástico (de verdad), sobre el placer/la magia de leer. Es de hace unos años y sirvió para promocionar el portal http://www.megustaleer.com, de Random House Mondadori. La maravilla es que en vez de enfocarse en cantar las glorias de la editorial (enfoque obtuso y netamente comercial que hubiera despertado poco interés), los creativos detrás del video se enfocaron en ensalzar el acto mismo de la lectura, de modo que a algunos años de distancia sigue igual de vigente y logra el objetivo de que uno se asome a la página de Random. Imperdible.
Creí pasar mi tiempo/
amando/
y siendo amada/
comienzo a darme cuenta/
que lo pasé despedazando/
mientras era a mi vez/
des/
pe/
da/
za/
da/
-Claribel Alegría
como una efigie caída del nicho/
virgen de un credo en desuso/
nariz rota/
sin un brazo/
arrumbada/
polvorienta/
sin devotos que prometan incienso/
sin homenajes/
ni vino/
ni rezos de arrebato/
decrépita/
afeada/
entre cacharros y alambres viejos/
cubierta de olvido/
extraño ejercer la tiranía del altar/
porque hace tiempo acariciaron mi manto/
me ungieron de aceites/
cubrieron de besos mi cabello/
con ímpetus nocturnos me rogaron/
y, complaciente,/
otorgué los favores//
(sufrí también/
la esclavitud de ser/
reverenciada)//
-Julia Santibáñez
Consigno un doble tesoro hallado el fin de semana en el Museo Nacional de Arte del Distrito Federal, en el marco de la exposición «El placer y el orden. Orsay en el Munal». Se trata del francés Pierre Bonnard (1867-1947), de quien no recuerdo haber visto nada anteriormente (por supuesto, me intrigó la cuasihomonimia con el borgiano «Pierre Menard, autor del Quijote», ¿alguien puede ilustrarme sobre si hubo esa intencionalidad en Borges al nombrar a su personaje?). Por el otro lado, este cuadro: su «Nu bleu», cargado de emociones en colores y líneas como al descuido.
Ya en casa busqué trabajos de Bonnard en Internet y encontré algunos otros desnudos que realmente «hablan». Recomendable.
Agradezco infinitamente invitaciones así, como la planteada hoy por Javier Martínez Staines en su blog http://detintasomos.com Comenta que en las librerías, para decidirse por algún volumen, suele leer el primer párrafo. Si lo atrapa, el libro es suyo. Entonces comparte varios comienzos impecables de novelas que se le volvieron muy queridas (en esta primera entrega se limita a autores en lengua extranjera pero promete un segundo post con hispanoamericanos) y nos pide a los lectores de su blog aportar los nuestros. Imposible resistir una propuesta así de indecorosa, de modo que acudo a mis libreros y voy revisando los párrafos iniciales de novelas extranjeras que me han marcado. Aquí, las primeras líneas más destacadas:
Me despierto conmovida, con la piel de gallina. Soñé que estaba de viaje con amigos, como un regalo personalizado de la vida. A unos los reconozco claramente pero otros no sé quiénes son ahora que estoy despierta, aunque en el sueño había gran familiaridad. Ignoro dónde estábamos y tampoco recuerdo qué ocurría, sólo me quedó la sensación de ser querida, de querer mucho a «mi familia elegida», mis amigos entrañables.
Lamento tanto haber perdido a algunos por el camino, por circunstancias que pusieron mundos entre nosotros. Uno de ellos aparecía en ml sueño, de espaldas, sentado a la distancia; quería acercarme pero se alejaba cada vez más. Hace tiempo no sé de él, quisiera encontrarlo para decirle cuánto extraño nuestro intercambio de palabras, emociones y textos, que de verdad deseo que un día podamos retomar la conversación interrumpida. Vayan mi sueño y este post como homenaje al hueco que dejó.
Aquí voy, a compartir más texturas encontradas a diario, que por instantes fragmentan el tiempo, hacen a los dedos imaginar que rozan un borde o una rugosidad casi incómoda. No sé si se me cruzan muchas en el camino o si mi ojo las busca sin advertirlo, lo cierto es que ahí están. Y las disfruto.
Cortázar decía del poema que es la «petrificación de un extrañamiento». En ese sentido, me resultan versos visuales que petrifican segundos extrañados.
Aquel hombre miraba afanosamente los senos de las mujeres, como si quisiera asegurarse de que no empezaba a nacerles un tercer pecho.
Esta mañana practico uno de mis pasatiempos favoritos, de esos que me ponen de buenas en segundos. Consiste en acercarme a uno de los estantes de libros que pueblan mi casa, revisar los lomos, tomar alguno que hace tiempo leí, abrirlo y buscar los subrayados, las esquinas dobladas en páginas imperdibles. Y ahí están, agazapadas, frases capaces de sostener el mundo sobre sí, como la tortuga mitológica.
El azar me regala hoy esta: «Lo que quiero decir es que yo la vida la deseo, haría cualquier cosa para poder tenerla, toda la que haya, tanta hasta enloquecer, no importa, puedo incluso enloquecer, pero esa vida no quiero perdérmela, yo la deseo, de verdad, aunque me hiciera un daño insoportable lo que deseo es vivir. Lo conseguiré, ¿verdad?» -Alessandro Baricco, Océano mar, Anagrama (regalo de mi querida amiga Aurora).
La releo, apabullada. Cierro el libro y me voy rumiándola, convencida de que desearla de esa manera es relacionarse sanamente con la vida.
En esta noche de domingo, voces grabadas hace años a cientos de kilómetros ponen en palabras y ritmo lo que estoy pensando. Para qué expresarlo de otro modo si ya está tan bien dicho:
«No hemos inventado nada
las caricias y los besos
son igual que los demás.
No hemos inventado nada
ni los cuerpos, ni los huesos,
ni los brazos de abrazar.
Pero a pesar de que no hay invento
día a día me creces dentro
día a día, porque te quiero
siempre estoy atizando el fuego».
Algunas personas se encargan de no dejar morir mi capacidad de asombro desde la creatividad, el amor, el compromiso, la ayuda a otros. Otras no dejan de sorprenderme porque rebasan lo visto en cuanto a irresponsabilidad e inmadurez.
Ayer recibí una noticia de quien suele llevarse las palmas entre estas últimas. Lo peor es que si este hombre se acerca a los 60 años y con un alcoholismo arraigado acostumbra afectar a quienes le rodean con conductas adolescentes, en este caso además involucra a un bebé que llegará a una pareja cuyas perspectivas de éxito son pésimas (la madre tiene 26 y su relación es muy nueva). De verdad no encuentro forma de justificar una decisión así, no puedo con tanta estupidez.
En el año 2000 jamás imaginé que el PRI, partido que ejerció de cuasi dictador en México durante 70 años, regresaría tan pronto al poder. Me deprime atestiguar su regreso. Hoy el país está dividido entre la sonrisa desmedida por un lado, y la desesperanza, el enojo por otro. Duele.