Leer es un estimulante

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Continuando con lo iniciado ayer (postear reflexiones/citas en torno al arte de leer), aquí un fragmento de Auster: leer es parecido a una droga, a un estimulante poderosísimo. Lo suscribo.

“Leer era mi válvula de escape, mi desahogo y mi consuelo, mi estimulante preferido: leer por puro placer, por la hermosa quietud que te envuelve cuando resuenan en la cabeza las palabras de un autor”.

Paul Auster, Brooklyn Follies, Anagrama

Sobre el (galano) arte de leer

Dado que la personaja autora de este blog no concibe el mundo sin leer, se dará a la tarea de reunir aquí citas sobre este arte/placer siempre inacabado (por fortuna), no sin antes mencionar que cuando asistía a la escuela recuerda haber tenido en sus manos un libro que se llamaba justo así: El galano arte de leer. Y aunque en su momento el título le pareció ridículo, hoy le despierta nostalgia. Y aunque seguramente tampoco era ésta la portada, la incluye como testimonio de que el susodicho libro en efecto existe, todavía.

En fin, aquí la primera referencia, enviada hoy por un amigo que en un chiste local se hace llamar Juan de Mena, igual que el poeta cortesano del siglo XV:

«Raras veces leo en playas o jardines. No se puede leer con dos luces al mismo tiempo, la luz del día y la del libro. Hay que leer con luz eléctrica, la habitación en sombras, sólo la página iluminada.»

Marguerite Duras citada por Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Almadía

Las primas, de Aurora Venturini

En 2007, los integrantes del jurado del Premio Nueva Novela en Argentina (entre los cuales figuraba Rodrigo Fresán) eligieron como ganador un texto que se distinguía por «su originalidad y por la fuerza de su escritura», según dicta la contratapa del libro. Menuda sorpresa se llevaron cuando al abrir la pleca encontraron que la autora tenía sólo 85 años.

Confieso que ese fue el gancho (¿morbo?) que me hizo comprar en el Ateneo de Buenos Aires el volumen de Mondadori. Ahora que recién terminé de leer la novela confieso mi pasmo. No sólo es excelente sino también mordaz, cruda, irónica. Ni en mis sueños más salvajes me podía imaginar a una venerable anciana escribiendo páginas como éstas.

La voz narrativa, Yuna, define los hechos contados como una «tragicomedia inmunda». Ella es «diferente», lo que quiere decir que tiene problemas de lenguaje y (quizá) de entendimiento, pero a fuerza de beberse el diccionario termina dominando las palabras y la puntuación que al principio del libro se le rebelan. Muy pronto descubre que pintando se expresa, aprehende, comunica, lo que la acerca a la ansiada «normalidad». Su hermana Betina es idiota: siendo adolescente tiene la edad mental de una niña de cuatro. Come en una silla que lleva añadido un agujero para que defeque y orine, pues a mitad de las comidas le dan ganas. Yuna se pregunta: «cómo podía haber alguien tan feo y horrible, cabeza de búfalo, olor de trapo húmedo». Por otro lado, la prima Petra es «liliputiense», o sea, enana, mientras la otra prima, Carina, tendrá un destino adverso.

Así, el universo familiar en el que transcurre la novela es asfixiante, cargado de hedores, muerte, podredumbre, locura, castraciones, venganzas, abusos, tristeza «que desbarranca». En un giro interesante, Yuna se afirma como la lucidez a pesar de la minusvalía. Dice: «yo quería percibirme nueva recién venida al mundo (sic) como si naciera de un gran huevo, quería ser un ave diferente» y justo cuando parece conseguirlo termina la narración. En cualquier caso, la novela se regodea en lo asqueroso, lo torcido y deforme, lo monstruoso, lo indecente, lo abyecto y ruin como sinónimos absolutos, en la línea clásica que asocia fealdad externa con fealdad del alma. Y a pesar de ser chocante y quizá políticamente incorrecta esa relación, la novela es redonda, puntual, precisa, altamente recomendable, pues.

Si un mujer de 85 años fue capaz de escribir estas páginas, sin duda hoy me trago mis prejuicios sobre su generación.

Lo que enamora a esta mujer

Pocos días tan complicados como hoy. Siento que cargo suficiente presión como para tres personas. Y sobra. En medio de todo, sin demandar respuesta recibo mensajes de texto interesados en lo que me pasa. Luego, una llamada remojada en ternura y dos besos suaves por el auricular aceitan mi sonrisa. Supongo que eso explica por qué estoy enamorada.

¿Dónde se van los abrazos no dados?

Por esas cosas raras, hoy desperté con una pregunta clavada entre los ojos: ¿dónde se van los abrazos no dados? ¿Los que se quedan suspendidos en la punta de los dedos?

Palabra del día: gente (no gentes)

Acabo de tener una conversación telefónica que a la letra reproduzco: «¿entonces cuántas gentes van a acudir?». Aunque me apeteció contestar: «Lamento decir que no van a acudir ‘gentes’, sino unos mil invitados», opté por reformular la pregunta. Debo haber parecido odiosa pero algunas palabras van contra mi religión.

Resulta que ese es un sustantivo colectivo que quiere decir «pluralidad de personas», con lo que si viene «gente» queda implícito que serán «muchas personas». Aunque en México solemos usarlo como sustantivo individual («Fulano es buena gente») y en ese contexto hace sentido hablar de «gentes» (=»personas»), la palabrita me despedaza el oído, así que está vetada del Diccionario Daniosko de la Lengua. Es una de esas licencias que no incluirá durante al menos los próximos 30 años.

Estoy a merced de las palabras

 

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En mi mente, selva profusa, crecen palabras que nadie poda. Primero tímidas, en un susurro aparecieron como hierbas, respetaron alguna jerarquía. Poco a poco fueron creciendo, desmesurando, se hicieron altaneras, pintaron de verde el espacio. Hoy en voz alta cubren el suelo, se multiplican, les crecen manos. Excesivas, un día desfallecen. Se fragmentan, se fagocitan, se secan. Creo que las vencí. Luego renacen, giran sobre sí, erguidas, asfixian la poca mesura que restaba. Estoy a su merced, incluso para contar lo sucedido.

Arrancar el amor

Arrancar el amor/

como se arranca un fruto del árbol/

con la misma vehemencia/

en un golpe de calor./

Codiciante, sentir su peso/

en el hueco de la mano/

salivar su aroma./

Convencida de que es mío/

hincarle el diente/

llenarme la boca de su jugo/

dejar que escurra, serpentee./

La boca hinchada de su pulpa/

irme andando la rubia avenida.//

 

-Julia Santibáñez

Ser inmortal por un día

Desde el piso 16 del Olimpo que se ubica en Buenos Aires me asumo inmortal y recuerdo vagamente que abajo existen algunos, menos afortunados. Otro beso interrumpe mis pensamientos. A disfrutar el elíxir de vida.

Breve biografía de un beso

Una emoción sube como pequeña burbuja desde el fondo del cuerpo, asciende hacia la superficie moviendo entretelas, afectos, inquietudes. Arrastra consigo trocitos de luz, que al final estallan en los labios y hacen fluorescer el mundo.

Vivir = danzar

Fui a ver la exposición «Surrealismo: vasos comunicantes» en el Museo Nacional de Arte (MUNAL) de la Ciudad de México. Gracias (entre otros) a un convenio realizado con el Centro Pompidou de París es posible disfrutar en un mismo espacio piezas de Miró, Tanguy, Dalí, Giacometti, Bayer, Paalen, Izquierdo, Carrington, Meza y un largo etcétera. Es una maravilla ver en diálogo tantas voces.

La sorpresa como norma surrealista y el coqueteo fértil entre consciente-inconsciente me descolocan y fascinan. Aquí, una pieza hermosa de Wolfgang Paalen que se me quedó pegada a los ojos y una cita que me dejó pensando y asintiendo: «Quien se empeña en ignorar o negar el éxtasis es un ser incompleto, cuyo pensamiento se reduce al análisis. La existencia no es sólo un vacío convulsivo, es también una danza». -Georges Bataille

Salgo de mi guarida

Salgo de mi guarida/

hambrienta./

Lo percibo en el aire,/

el manjar espera./

Húmeda/

avanzo lento en pasto seco/

mientras busco/

la fuente del aroma./

En la oscuridad,/

mi olfato despierto.//

 

-Julia Santibáñez

Milonga del alucinado/para alucinar

El sábado adquiere otra textura y otra temperatura con los ecos de  este impresionante poema de Jaime Dávalos, con música de Eduardo Falú e interpretación de Liliana Herreros. Es como si la distancia se solidificara en música…

«Siento mi pulso en la sombra midiendo tu ausencia/
lento derrumbe del tiempo que corre en mis venas,/
¿dónde estarás a esta hora en que tu presencia/
todo lo habita de un vaho de sol y madera?/
Toda mi sangre te aguarda/
toda mi vida te espera/
¿dónde estás?//

Mientras las cosas que amamos siempre te recuerdan,/
crece un aroma secreto desde las tinieblas,/
mi soledad alucinada de nuevo te inventa:/
es que te llevo, mi alma, tatuada en las venas.»//

-Milonga del alucinado

Da click aquí para escuchar la canción: http://m.youtube.com/watch?v=M_zuBZV1IQg

¿Pienso o me dejo pensar?

Hoy de madrugada, preparándome para ir a clase de yoga, encontré el universo contenido en unas pocas líneas del libro Yoga: inmortalidad y libertad, de Mircea Eliade (FCE):

«Bajo las apariencias del ‘pensamiento’ se esconde en realidad un centelleo indefinido y desordenado, alimentado por sensaciones, palabras, memorias. El primer deber del yoguin es pensar, esto es, no dejarse pensar. Por ello la práctica del yoga comienza con la concentración en un solo objeto, que obstruye el flujo mental».

Nunca me lo había preguntado ni se me había ocurrido que existía esa diferencia no-sutil. Pensar es concentrarse a propósito en un objeto/idea, dejar de lado cualquier distracción, mientras dejarse pensar es ser tomado por pensamientos, recuerdos, reflexiones, incluso tonterías. Me la he pasado diciendo que el yoga me ayuda a «no pensar» cuando en realidad, según este concepto, me ayuda a «pensar», es decir,
a concentrarme en la respiración, en las sensaciones de mi cuerpo, aislando por completo todo el resto del mundo. Uffff, supongo que esto es lo que se llama «una revelación».

Palabra del día: mador

Hace tiempo no posteo una palabra del día, de ésas que aparecen a la vuelta de la calle, sorprenden con su garbo y se vuelven parte de la familia. Ésta llega a mis manos por casualidad, sin querer, un poco a regañadientes pero llega, así que la comparto en estricta obediencia a las leyes del azar:

Mador:  «Ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor» (DRAE).

Aquí un ejemplo de su uso, aunque el bloguero no da la fuente:

«[…] la ciudad me excita todo el año,/
la playa/
sólo en abril tras el mador de la primera lluvia».

(http://victorgalea.galeon.com/aficiones801517.html)

Rómpase en caso de emergencia

El fin de semana estuve escribiendo. Cuánto bien le hace a mi mano tomar la pluma, vaciarse en una ósmosis que transmuta sangre y humores en tinta, ecos y vísceras en rasgos malformados. Es liberador, equilibrante, ilumina y quita telarañas, baja el colesterol, previene el cáncer, los juanetes y las torceduras. Como dice mi amigo Eduardo Casar, «escribir sólo se hace en gerundio: escribiendo». Todo placebo resulta inútil.

Pienso que en vez de un extintor debería tener a la mano una caja de cristal con una pluma dentro y la leyenda: «Rómpase en caso de emergencia». Me ahorraría varias sesiones de terapia.

Errante en la sombra, de Andahazi y Le potentiel érotique de ma femme, de Foenkinos

Hace tiempo que no escribo sobre mis recientes lecturas y varias editoriales internacionales me han llamado, preocupadas porque sus volúmenes de ventas están cayendo estrepitosamente a consecuencia de mi descuido. Lo reparo, pues, y comento los dos últimos libros a los que les hinqué el diente.

Esperaba mucho del argentino Federico Andahazi, Errante en la sombra, Planeta. Hace años le leí El anatomista y Las piadosas, ambos excelentes, disfrutabilísima su clave erótica. De este volumen aplaudo el riesgo de cambio de registro (dejar los temas eróticos en los que Andahazi se mueve cómodamente para abordar ahora la vida de un tanguero ¿de ficción?: Juan Molina) y la osadía de traducir a novela el tono de un melodrama musical (los personajes empiezan a cantar a media calle y peatones, automovilistas, vendedores se suman en coreografía perfecta, para después regresar a sus actividades). Sin embargo, no me convenció el experimento. La anécdota me quedó corta, el personaje de Gardel me atrapó al principio pero luego se desdibujó, al de Juan Molina lo sentí excesivo. Además, aunque presumo de conocer términos en lunfardo porque amo el tango «clásico»,  llegó a cansarme su excesiva inclusión en la novela. En fin, que no me dejó huella.

En cuanto al francés Foenkinos, es mi primer acercamiento a su narrativa, sobre la que había leído muchos elogios. Compré en español La delicadeza, también de él, por consejo de un librero bonaerense a quien pedí me recomendara un libro «que no podía morirme sin haber leído». Luego en París me topé con este y decidí que era mejor conocer al autor en su lengua original, así que por ahí arranqué. Es una novela divertida, sobre un hombre gris que se dedica a coleccionar lo-que-sea y luego de «rehabilitarse» de la adicción termina por coleccionar momentos de su mujer, particularmente cuando ella lava los vidrios. El personaje cita a Thomas Mann: «Quien ha contemplado la belleza está ya predestinado a la muerte» y se dice que ver a Brigitte lavando los vidrios es un propia Muerte en Venecia. La novela es divertida, permite pasar un buen rato: el «negocio» familiar de una agencia de viajes para mitómanos que quieren hacer creer a otros que estuvieron en un determinado país, la escena de Hector mostrando su sexo en una cena de amigos para cumplir la fantasía de su mujer, los trillizos que coronan la vida de un hombre que no puede con la «unicidad» son momentos ingeniosos, pero no más.

Ahí están ambas experiencias de lectura y aunque pasé sin pena ni gloria por ellas, seguiré a los dos autores: de Andahazi quiero Argentina, con pecado concebida (una historia sexual de ese país) y de Foenkinos pronto leeré la ya mencionada La delicadeza.

Lo que significa «entre los brazos»

La uruguaya Idea Vilariño lo dijo mejor que nadie y en pocas letras. Con gusto podría plagiarlo:

«Entre tus brazos/ entre mis brazos/ entre las blandas sábanas/ entre la noche/ tiernos/ solos/ feroces/ entre la sombra/ entre las horas/ entre/ un antes y un después».

-Idea Vilariño

17 de agosto

Con redoble de tambores saludo el día

porque la vida se antoja regalante.

Un caramelo se derrite en la boca

traigo el sol prendido al pecho

bajo la piel, tierra mojada

girasoles en las manos

y el cuerpo entusiasta.

Sonrío como quien ama.

Por (apenas) un sonido…

Dijo a media voz, como no queriendo oírse a sí misma: «el amor tiene mala letra. Escribió ‘él te kiere’ pero yo leo: ‘él te hiere'».

Soy una yoga freak

Acabo de cumplir año y medio haciendo Bikram yoga. Este idilio mío con «las posturas» empezó por curiosidad, por probar algo que sospechaba me gustaría. Poco a poco fui encontrando beneficios físicos y mentales, al grado que a los tres meses de haber pisado un salón de yoga me di de baja en el gimnasio, convencida de que lo que más quería era seguir flexibilizando mi cuerpo, aquietando mente y emociones.

¿Qué ganancias me ha dado? La posibilidad de «no pensar» durante la hora y media que dura la clase, y eso es mucho para mentes obsesivas como la mía, que analizan por dos horas una discusión de cinco minutos. También flexibilidad y fuerza físicas como no recuerdo haber tenido y la conciencia de que el trabajo con mi cuerpo puede/debe tener una correlación con mi mente. Es decir, conforme desarrollo fuerza y flexibilidad emocionales con yoga y meditación, mi vida se va volviendo más armónica. Si un problema está a punto de sacarme de balance respiro hondo y trato de pensar que si puedo con las durísimas clases puedo con lo que sea. Y en general así es.