Leer, lo que significa

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«Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida».

-Mario Vargas Llosa

En mi caso, es la experiencia que más ha modificado mi manera de verlo todo, de entender el mundo, de plantarme en él, de vivir el tiempo libre, de pasar los ratos a solas, de fugarme para encontrarme… En estos días, me urge en particular sumirme en los libros.

El cuento de la personaja adolescente

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Había una vez, en un país no tan lejano, una personaja que vivía en la ciudad (de acuerdo: no vivía en el bosque como las princesas de los cuentos, pero ella decía que así estaba bien). Era bellísima, alegre y ocurrente. Habitaba en un pseudocastillo con su madre que, a diferencia de las madres de otros cuentos, no era una reina, tampoco poderosa, ni vieja y sabia: decía ser una mujer que leía con obsesión, sonreía bastante y por las mañanas y por las noches confirmaba que su hija era el más bello motor de su vida. A diario agradecía verla crecer feliz.

Un día, a la personaja se le ocurrió ser adolescente y eso, ya se sabe, complica cualquier cuento. Éste no es la excepción: la personaja empezó con desgarros de crecimiento, con algunas decepciones, con incertidumbres. De pronto ya no dormía con tanta placidez, el semblante se le nublaba (vaya, empezó a trazar su camino hacia la vida adulta). La madre, tan inexperta ella, hacía lo que se le ocurría para aliviar los males pero, sobre todo, quería que supiera de qué manera la amaba hasta el tuétano, cuánto hubiera querido ahorrarle las lesiones, cuán segura estaba de que saldría adelante. También su semblante se le nublaba porque se dolía del dolor de la personaja…

(Continuará…)

Somos (o no somos) islas

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Encuentro este delicioso texto breve de Benedetti. No hallo nada que añadir salvo los versos de John Donne que podrían parecer antitéticos pero que son, al final del día, complementarios: «No man is an island/ Entire of itself./ Each is a piece of the continent/ A part of the main».

Van el texto en prosa del uruguayo:
«Cada ser humano es una isla. En el mejor de los casos, pertenece a un archipiélago. Aún así, cada isla es distinta de las otras. Algunas son fértiles, pródigas, ubérrimas. Otras son áridas, magras, resecas.

Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre qué rasgos asume su rostro de náufrago.

Cuando el ser humano se aburre de su soledad, entonces se comunica con otra u otras islas, a nado, o en balsa, en lanchas o en canoas. Y en la otra isla conoce a otros náufragos y también a otras náufragas, y a veces se enamora.

El amor une a las islas como una corriente. A veces dos islas copulan y nace un islote».

-Mario Benedetti, «Isla», Vivir adrede (Punto de lectura)

Chava Flores para presidente

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El enorme sociólogo plagado de buen humor, cronista musical de los mexicanos, estaría hoy cumpliendo años… pero se fue hace más de 20. Si siguiera por aquí, en las redes sociales seguro se armaba un movimiento para llevarlo a la presidencia… y yo votaba por él. ¿Quién nos ha visto desde dentro con tanto cariño, humor y agudeza, con tantas ganas de que salgamos adelante gracias a (y a pesar de) nosotros mismos?

En 196 canciones, el buen Chava hizo una radiografía única de las incongruencias, tradiciones e ironías del mexicano. Aquí, fragmentos de dos de mis canciones favoritas:

«Los quince años de Espergencia» (a quien celebran en típica fiesta de barrio hasta que va a cumplir los treinta): «…El día del baile llegó, la vecindad se llenó./ Damas de pura tafeta y ellos de etiqueta, huarache y mechón./ ¡Ay, Espergencia, por Dios, pareces un querubín!/ ¡Uy, qué rodillas tan prietas, échate saliva, no salgas así!».

Y el templo que es «Sábado, Distrito Federal»: «Desde las diez ya no hay donde parar el coche/ ni un ruletero que lo quiera a uno llevar./ Llegar al centro, atravesarlo es un desmoche:/ un hormiguero no tiene tanto animal./ Los almacenes y las tiendas son alarde/ de multitudes que así llegan a comprar/ al puro fiado porque está la cosa que arde,/ al banco llegan nada más para sacar».

Venga, ¡Chava para presidente!

(Está plagado de mexicanismos, así que adjunto un breve glosario improvisado:
Chava: forma cariñosa de referirse a quien se llama Salvador;
barrio: zona pobre;
huarache: sandalia;
prieto(a): muy moreno;
ruletero: taxi colectivo;
desmoche: eufemismo de «desmadre», es decir, lío, caos;
comprar al puro fiado: con la promesa de pagar más tarde)

El alto nombre de tu piel

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descubrir el alto nombre de tu piel/

rumiar su balbuceo/

deletrearlo/

ante una vela a medianoche insistir/

lamerle la cadencia/

poco a poco/

saborear cada silencio/

que su acento tibio se me hunda/

que su ronco estertor se me taladre/

hasta vencer de ecos la mañana//

 

-Julia Santibáñez

«Ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático»

Hace un tiempo indefinido (¿el tiempo no siempre lo es?) yo tenía una muy sana costumbre, una de ésas que ponen la piel rosadita, brillo en los ojos, bailadera en los pies. Consistía en que cada mes iba a uno esos lugares (hoy cuasiextintos) llamados tienda de discos. Ahí buscaba en los anaqueles un CD de algún grupo o solista del que no tuviera referencia, completamente ajeno a mi universo musical, lo compraba y lo escuchaba. A veces el resultado era malísimo, pero otras descubrí músicas alucinantes, como el israelí The Idan Rachel Project, el francés Moos o los mexicanos Horóscopos de Durango. La idea era moverme de mi zona cómoda.

Lo saco a cuento porque pretendo retomar ese buen hábito, aunque ya no en CD. Hoy quiero compartir un primer hallazgo que me tiene fascinada por una felicísima conjunción de música, letra divertida e inteligente y, encima, un video que es una obra de arte plena. El resultado es redondo, genial: se trata del grupo de rock uruguayo El Cuarteto de Nos, la canción es «Ya no sé qué hacer conmigo». Aquí, una probada de la letra:

«Ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano ‘Para Elisa’
ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa

ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama
fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama

ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático
ya fui abúlico y fui metódico, ya fui púdico, fui caótico

^…*

y oigo una voz que dice sin razón,
vos siempre cambiando ya no cambias más
y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé que hacer conmigo».

La palabra más concisa del mundo

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Dice toda una frase. Y, por cierto, preciosa.

Curioso e igualmente amante de las palabras que yo, mi querido amigo Pablo me la manda de regalo desde Mar del Plata: «mamihlapinatapai». Dice que no recuerda el blog donde la leyó por primera vez, así que aquí va la definición de Wikipedia (perdón por la fuente): «Es una palabra del idioma de los indígenas yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness como la ‘palabra más concisa del mundo’, y es considerada como uno de los términos más difíciles para traducir. Describe ‘una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambos desean pero que ninguno se anima a iniciar'». Guau, qué maravilla de abstracción, de sutileza, de posibilidades escondidas tras las letras.

En otro blog encuentro esta otra definición dada, según dice el autor del post, por el escritor mexicano Guillermo Arriaga: «se refiere a dos personas enfrentadas que tienen mucho para decirse pero que no se dicen nada» (http://www.taringa.net/posts/info/828683/Mamihlapinatapai—Palabra-Guiness-Record_.html).

Es increíble cómo la necesidad de comunicarse lleva al ser humano a inventar palabras para nombrarlo (casi) todo, partiendo del principio de que el lenguaje es, por definición, finito. Esa voz es magia pura; ahora sólo necesito que mi querido Pablo me enseñe cómo se pronuncia.

 

 

Otra incongruencia de EPN

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El tejido social de México está desintegrado, desgarrado. No digo ninguna novedad. Si existe alguna esperanza de recomponerlo, ésta radica de manera fundamental en la cultura, vista como vía de integración de los jóvenes, de sensibilización de la sociedad, de aprovechamiento de un tiempo libre no-hueco, de una mejor calidad de vida. No lo digo yo: fueron las palabras de Rafael Tovar y de Teresa, nuevo titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), en la entrante administración de Peña Nieto. Qué bien que lo tiene claro. Sin embargo, subrayo dos puntos inexplicables y muy preocupantes con los que tendrá que enfrentarse:

1. en el presupuesto 2013 hay un recorte de 25% al rubro Cultura: en números redondos se solicitaron 12 mil 475 millones de pesos, en contraste con los 16 mil 662 millones autorizados en 2012;

2. los estados del norte del país, azotados por la mayor violencia, son los que cuentan con menor presupuesto en este renglón. Coahuila, Sinaloa, Durango, Chihuahua, Sonora, Tamaulipas y Baja California en conjunto recibirán 325 millones de pesos, en comparación con los 560 millones otorgados al Distrito Federal y 504 millones al Estado de México.

Es decir, más allá de demagogia y buenos deseos, por encima de su nulo interés personal en los libros y la educación, para la administración de Enrique Peña Nieto la cultura sigue estando relegada del proyecto de país y, además, continúa centralizada. Qué bien que el desarrollo social tenga una partida 8.4% mayor a la de 2012, pero resulta profundamente torpe e incongruente no acompañarla de un soporte cultural. A ver cómo nos va…

(Aquí, links por si a alguien le interesa leer al respecto.

http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&seccion=seccion-comunidad&cat=28&id_nota=878015&rss=1

http://www.eluniversal.com.mx/cultura/70754.html

http://www.proceso.com.mx/?p=327553)

De leones que matan mirando y demás linduras

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Aquí va una narración tremendamente aleccionadora y chulamente contada:

«El león mata mirando. Primero se acerca despacio… en silencio, porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira más que por la fuerza, por la sorpresa. Después la queda viendo. La mira a su presa. Así (el Viejo Antonio arruga el entrecejo y me clava los ojos negros). El pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás, mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve el mismo, mira lo que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que, en su mirarlo del león, es pequeño y débil. El animalito no se pensaba si es pequeño y débil, era, pues, un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y, mirando que lo miran, el animalito se convence, él solo, de que es pequeño y débil. Y en el miedo que mira que lo mira el león tiene miedo. Y entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos, así como cuando nos agarra el agua en la montaña, en la noche, en el frío. Y entonces el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando».

(El Viejo Antonio, subcomandante insurgente Marcos, Editorial Eón).

Anoche platiqué con mi amigo Arturo. Nos conocimos siendo adolescentes, al interior de un grupo religioso radical en el cual militamos. Después, cada cual por razones personales y sin comunicarnos, salimos del grupo. Nos perdimos la pista pero años después nos reencontramos. Resultó que ambos estudiamos Letras, ambos estamos en una búsqueda interior, ambos practicamos yoga como parte de ella. Ayer recordábamos esos años de religiosidad como limitantes, asfixiantes. Coincidimos en que el camino de introspección que seguimos hoy, cada quien por su lado, nos reporta mucha más paz.

Antes de irme a dormir, leyendo, encontré esto del león y el animalito. De inmediato lo conecté con esa conversación: las religiones te enseñan a verte en los ojos de su Dios, a concebirte pequeño y débil, a tener miedo. En buena medida matan tu voluntad. Ya no transcribí el resto del cuento pero luego habla del topo, animal que mira siempre hacia adentro de sí y, por lo tanto, es invulnerable a la mirada del león. Creo que la búsqueda que Arturo y yo emprendimos hace tiempo es justo ésa: a través de yoga, introspección y meditación voltear los ojos hacia adentro para encontrar nuestra verdadera mirada, para no depender de visiones externas. No sé si al final lo logre pero el intento ha resultado muy enriquecedor y me gusta compartirlo con un amigo tan querido.

Lo que dijo el amante

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Acercarme como la vez primera,/

con el azoro del conquistador bruto/

como desconociendo./

Al romper el alba/

tomar los montes de tu pecho,/

luego andar la cintura a paso quedo,/

codiciar el botín de tu vientre/

y, tras mil despojos e incursiones,/

hallar el paraje virgen de tus muslos./

Hincarme a besarlo/

y en un arrebato/

clavar la bandera que marca esta tierra/

como mía.//

 

-Julia Santibáñez

Crónica del último día en la selva

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Todas las fotos: Julia Santibáñez

Parque Nacional Lagunas de Montebello, ejido de Tziscao, orillas de la selva. 1 p.m.

Salir del interior de la reserva nos tomó varias horas en una angosta carretera rodeada de neblina, humedad y vegetación que se quiere comer el asfalto. Al principio, el camino es solitario, con muy pocos pueblos pero, eso sí, cuatro retenes militares. Por kilómetros y kilómetros no hay gasolineras, de modo que los escasos pobladores venden el combustible en garrafones, a un precio mayor al de mercado. Luego, poco a poco, más autos, más gente, hasta el bullicio de aquí, donde por Fortuna los muchos turistas se reparten entre las 59 lagunas, de modo que ni se sienten.

Desde los miradores de las lagunas se ve agua de casi todos los colores: verde bandera, azul claro, azul marino, «azul profundo» (como dice Abenamar, el guía local), en algunas partes incluso cercano al negro. Es increíble cuántos matices puede adquirir un mismo elemento, dependiendo del reflejo del sol, de qué tan hondo esté el lago, de la composición del suelo, de la sombra que proyecte la vegetación de alrededor. Tanta belleza casi marea y sin duda quita el aliento.

Mientras vamos de un lago a otro, para entender un poco más la cultura local preguntamos al guía cómo se maneja la herencia de los ejidos. Responde que el padre de familia, dueño de la tierra y poseedor del documento que lo acredita como tal, escoge entre sus hijos varones al más trabajador, al que más ayuda en las labores del campo, al que «no ande en la pura tomadera» y a él le transfiere en vida la propiedad del ejido. Pregunto si las hijas no son consideradas y responde que no, los dueños de las tierras son «puros hombres». Insisto: ¿por qué excluyen a las mujeres? Contesta: «Porque los hombres tienen más pensamiento». Aprieto la quijada y apresuro el paso hacia el siguiente cuerpo de agua.

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Crónica del segundo día en la selva

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Todas las fotos: Julia Santibáñez

Centro Las Guacamayas en las márgenes del río Lacantún, Reserva de los Montes Azules, más selva lacandona. 1 p.m.

Ha llovido todo el día. La humedad no pide permiso para esponjarme el cabello, para ondular las hojas de Ciudad Real, libro de Rosario Castellanos que estoy leyendo. La presagiaban las más de dos horas de carretera a mitad de la selva: el cielo no dejó de llorar ni un momento. Con este tiempo es imposible tomar el paseo en lancha. Nos dedicamos entonces a disfrutar la fantástica cabaña frente al río, el sonido de la lluvia, los abrazos, la laxitud de no tener nada por hacer, porque no se puede hacer nada. Hablando de la cabaña, además de contar con la mejor vista del lugar está decorada ex profeso con muchas flores hermosas, todo sorpresa de quien más me quiere ante mi inminente cumpleaños. Imposible no sentirme reina del mundo mientras acurruco en él y me quedo dormida.

Un poco antes de las tres, el cielo abre y deja de llover. Entonces retomamos el plan inicial: nos subimos a la lancha. El río Lacantún es enorme, de unos 150 metros de ancho. En sus orillas pesadas de vegetación y orientados por César, el guía, durante tres horas vemos guacamayas, un tucán solitario, ceibas, incontables garzas, monos aulladores haciendo honor a su nombre, iguanas, un cocodrilo, varios martines pescadores. Para mí lo más destacable es el paisaje en su conjunto: transmite una paz que no es fácil explicar. Recuerdo el libro Beauty and the Soul, de Piero Ferrucci: el ser humano necesita la naturaleza, está en su código de siglos como la referencia más perfecta de belleza, proporción, orden. Entrar en contacto con ella expande el alma, da plenitud. Quizá sea por eso que estos días siento mi pisada más liviana.

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Crónica del primer día en la selva

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Todas las fotos: Julia Santibáñez

Ejido Las Nubes. Reserva de los Montes Azules, corazón de la selva chiapaneca. 9 p.m. Es una noche de absoluta negritud sólo interrumpida por unas pocas estrellas (las nubes esconden el resto y la Luna está de asueto). Eso sí, varias luciérnagas quieren iluminar los pasos. El rugido del río Santo Domingo, distante unos 30 metros, domina el sonar de los grillos. Nada más se oye. Dicen los sabios locales que los grillos son estrellas remolonas que se lamentan por haber caído. Si es así, por aquí cerca hay una constelación en desgracia.

Traigo los ojos llenitos de verde, las piernas cansadas y el corazón, contento. Quien más me quiere y yo caminamos unas tres horas en la selva, entrando a alguna cueva, maravillándonos con formaciones rocosas, con el río enojado, las cascadas irrepetibles. A cambio de «una propina», Leonel fue nuestro guía autonombrado. Se desplazaba ágil entre raíces y piedras mientras nos hablaba de su cosecha de frijol atacada por una plaga, de algunas niñas que a los 13 años «ya les anda por casarse», de los problemas entre ejidatarios. Quien más de quiere, de piernas fuertes y dotado de una empatía inconsciente, iba pegado a Leonel, escuchando, platicando pero cuidándome cariñoso, ayudándome a pasar otra piedra con moho. Yo a veces me rezagaba a propósito, para abrazar algún árbol o fascinarme con otro estallido de verde.

Regresamos al campamento un rato antes de la imponente puesta del sol, apenas a tiempo para agradecer la jornada. Luego a descansar un poco, cenar y planear acostarnos temprano. Para llegar aquí a buena hora, hoy arrancamos al amanecer: estamos a seis horas de distancia de San Cristóbal de las Casas. Mañana nos adentraremos otras dos horas en la reserva, de modo que volveremos a levantarnos con el día. Antes de dormir, en palabras del subcomandante Marcos, «acostamos el cansancio y el amor… el hombre y la mujer gastándose en el cuerpo y creciendo en el corazón en un rincón de la madrugada. Silencio se estaba la noche».

(Por supuesto, en Las Nubes no había señal de celular ni de Internet, de modo que apenas subo al blog esto, escrito hace dos días).

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Cuarentona joven (con pleno derecho)

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Hoy celebro otro cumpleaños. Me gusta mucho per se y porque lo festejo sintiéndome muy querida. Hace días, en una reunión alguien preguntaba qué edad nos había costado más cumplir a los presentes, todos en la franja de 30 a 50. De hecho, hasta ahora no me ha pesado ninguna. Más bien al contrario: para sorpresa de mi hermano Fernando, quien desde los 30 se pone de mal humor en su cumpleaños, hasta ahora yo canto cada uno con gusto. Incluso llamo a amigos desmemoriados que casi nunca se acuerdan de la fecha: quiero que mi día esté completo con su abrazo. Nada más enigmático para mi hermano.

Alguien diría que mi desenfado obedece a inconsciencia o a un afán protagónico. Acepto ambos, pero añado: me siento joven aunque esté bien entrada en los 40 porque he pasado mil cosas pero tengo muchas ganas de vivir, de reinventarme, de aprender. Conozco el fracaso, la paz en medio de la lluvia, el dolor que desgarra y el amor que bendice, el temor, la maternidad en colores, la culpa, el placer en exceso, la muerte de gente querida, la carcajada. Como dice That’s life, una canción de mi entrañable Sinatra: «I’ve been a puppet, a pauper, a pirate/ A poet, a pawn and a king». He sido todo eso y sigo de pie. Cómo no celebrarlo.

Vocación de unos labios

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Hoy lo entendí. La genética más pura, el más hondo mandato, su gesto primigenio, el más desnudo rasgo de mis labios es besarte.

 

-Julia Santibáñez

Metáfora en un cañón

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Altísimas paredes de roca de hasta mil metros de altura y en el centro, el impresionante río Grijalva. Aunque son las 11 del día, muchas veces el sol queda oculto tras los muros rocosos. Así de aplastantes son. Zopilotes merodean por encima, puntos negros hinchándose de aire muy alto. De pronto, en medio de la pared de piedra, un oasis verdísimo: en mil y mil días una caída de agua ha hecho nacer musgo fresco. El paisaje es tan sobrecogedor que quisiera silencio, pero el rugido de la lancha que nos lleva no da tregua.

Más literal que nunca, no soy más que un suspiro minúsculo y, sin embargo (dicen los sabios ancestrales), también contengo el universo entero. Si miro hacia adentro creo que es verdad: tengo un lugar en las paredes del alma en el que a veces sobrevuelan zopilotes pero también verdea un musgo tierno.

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Mi encuentro con el celo sagrado

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Interior de la catedral de San Juan Chamula. Humo de copal en el aire, el eco de lenguas que no entiendo pero más arraigadas en este suelo que el español, la luz trémula de veladoras, ni una sola banca, curanderos practicando limpias, fe todo alrededor, en un sincretismo casi imposible. Hincados en el suelo, indígenas tzotziles con vestimentas tradicionales rinden tributo a santos que no parecen oírles. El clima resulta alucinante de tan mágico.

La prohibición de tomar fotos es bien clara. La acato con respeto, pero me parece que a nadie ofendo si tomo una del suelo cubierto de juncia (hojas de pino), a manera de decoración. Nuestro guía tztoztil, llamado Domingo, me ve y se enoja mucho, exige que la borre de inmediato. Pido disculpas y explico que sólo es el suelo, nada más, ninguna persona ni imagen. Vuelve a exigir que la borre. Lo hago. Quiere que le muestre que no tomé más. Obedezco. Dice que mi falta puede ameritar 10,000 pesos de multa y 72 horas de cárcel, que él personalmente me llevaría a encerrar. Bajo la mirada, murmuro perdones, espero que se aplaque. Por fin se calma, sigue la explicación del templo y el incidente termina en un apretón de manos y el compromiso de acatar sin matices los usos y costumbres. Por poco conozco la furia sagrada tzotzil, yo, turista sin gracia que entiendo poco lo sagrado.

EZLN, 19 años después

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1 de enero de 1994. Miles de indígenas zapatistas en Chiapas exigen por las armas visibilidad, ser parte de México. Lo merecen, son voces dignas, reivindican su derecho a ser oídos y tomados en cuenta, a que se les respete, se les regresen sus tierras… pero hasta hoy, 1 de enero de 2013, poco ha cambiado. Con todas mis fuerzas quiero que en mi país un día cercano sean realidad estas palabras:

«…un país no es grande si no es justo; una sociedad no es próspera si no es equitativa; un bien no es un bien si no disfrutan de él todos los ciudadanos».

-Rosario Castellanos, Oficio de tinieblas

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San Cristóbal de las Casas, buen augurio

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Pasar aquí el último día del año y primero del siguiente, en paz, abrazada a quien más me quiere y sintiéndome la mujer más afortunada del mundo… No puedo pedir más como augurio para 2013.

Bendita extranjería

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Otra vez pasó: una muy querida amiga nacida en otros lares me recuerda, desde sus ojos extrañados, la seducción de esta tierra.

Enamorada de México desde que llegó de Colombia, cuenta que estuvo el pasado 21 de diciembre en las pirámides de Teotihuacán, en un ritual de cierre de ciclo e inicio de uno nuevo. Se trató de una celebración de paz, de gratitud, de toma de conciencia, todo en un ambiente de profunda evocación y respeto por la sabiduría ancestral que late en cada piedra de ese centro ceremonial. Luego escribe: «Me aborda un desconcierto como extranjera y es que si los mexicanos se reconocieran más, se vieran más a sí mismos que a los demás, se vieran más en sus creencias y antepasados, en su amabilidad y entusiasmo, se darían cuenta que hoy son grandes, que las civilizaciones desaparecidas sólo los preceden, porque ningún otro país, como éste, tiene la posibilidad, como la tuvo esta vez, de sobrevivir el fin del mundo. ¡Gracias, México!».

Coincido en que eso nos hace falta a mí, a los míos: vernos más, reconocernos más. Amo este país. Me fascina su riqueza, sus muchas caras, su humor, sus colores y sabores, su gente de a pie. Lo he dicho y escrito incontables veces, procuro que mi hija se fascine con él como yo, pero sin duda no advierto un millón de maravillas por el desgaste de la cotidianidad, por la cercanía, por exceso de autocrítica nacional. Por eso, cuando alguien de fuera habla con tanta pasión me doy cuenta que la mirada ajena es mucho más entusiasta de nosotros, que aquellos de nosotros que nos sentimos entusiastas.

Aquí, el link a otro feliz extranjero, el poeta chileno Gonzalo Rojas, en un texto magistral también cantando las loas de México y diciendo que «no se ha descubierto todavía»:

http://www.jornada.unam.mx/2011/05/08/sem-gonzalo.html

Necesito pedir prestado más seguido los benditos lentes extranjeros.

Bob Marley: cuánta falta hace hoy

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2002, mi primer viaje a Jamaica: además de las frutas que me sorprenden (como el ackee y el guinep), de la belleza de su negritud, del orgullo local que todos expresan, el viaje queda marcado en mi memoria porque, en él, Marley pasa de ser una referencia musical a convertirse en un personaje riquísimo, cuasidivino a juzgar por las opiniones de los jamaiquinos a quienes pregunto por él.

La memorabilia del cantante-músico-vocero por la paz invade las playas y el mercado (camisetas, shorts, llaveros, hasta tenis con su imagen), además de permear los corazones de la gente. El taxista me dice, sonriendo con tres dientes, que cómo no lo van a amar si llevó el nombre de Jamaica al mundo, si ayudó a pacificar esta tierra, les dio orgullo de ser rastafaris, fue fiel seguidor del profeta rasta Haile Selassi. Empiezo a interesarme más y más por él. Una noche, en la calle un grupo de negros canta, toca y baila One love con ese ritmo hipnótico que ningún blanco podrá jamás emular. La letra de hermandad se me mete por los poros, me humedece los ojos. Por supuesto, no me sustraigo a la fascinación del hijo más famoso de esta geografía: regreso con discos, un libro sobre patwa (lengua criolla de Jamaica), alguna camiseta y las ganas de saber más de él.

Esto viene a cuento porque fui a ver el reciente documental sobre su vida y quedé, si cabe, más fascinada por su tipo. Incluye fotos, fragmentos de conciertos y entrevistas con él, con los músicos de The Wailers, sus hijos, su esposa y una de sus novias, familiares, las coristas, el mánager, hasta la enfermera que lo cuidó al final. Además de su trayectoria personal, la cinta permite conocer el peso que tuvo Marley en la paz en Jamaica, en la independencia de Zimbabwe, en la causa de los derechos humanos. Tanto, que la visión resulta algo sesgada: aparece como un superhombre, bueno hasta la médula, sencillo a más no poder, noble, más interesado en ayudar a los demás que en cuidar su propia vida… nada que cuestionarle. Lo único que parece ensombrecerlo un poco es la escasa atención que dio a sus hijos.

Me encantaría que siguiera entre nosotros, enarbolando verdaderas banderas por la paz como ésta de su canción War:

Until the philosophy which holds one race
Superior and another inferior
Is finally and permanently discredited and abandoned
Everywhere is war, me say war

That until there are no longer first class
And second class citizens of any nation
Until the colour of a man’s skin
Is of no more significance than the colour of his eyes
Me say war […]

And until that day, the African continent
Will not know peace, we Africans will fight
We find it necessary and we know we shall win
As we are confident in the victory
Of good over evil, good over evil, good over evil
Good over evil, good over evil, good over evil

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«Todas las noches nos salvamos de la muerte»

En algunos días saldré de viaje de amor a Chiapas, tierra mágica a la cual no he vuelto en muchos años. Como un buen augurio, recibiré ahí el año nuevo. Para viajar antes de viajar me empapo de dos de sus hijos predilectos: leo por vez primera Oficio de tinieblas, impactante novela de Rosario Castellanos, y repaso poesía de Jaime Sabines.

Aquí, un video de su propia voz leyendo un fragmento de Adán y Eva, con palabras tan desarmantes como estas: «Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande de algún modo. Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día. Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca».

Mi gurú particular para el año

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Creyente en las palabras, creo que algunas son cimientos sobre los cuales se construyen los días, que dan una forma específica a la arquitectura del ciclo llamado año. Aquí las de Matthieu Ricard, que hasta hoy fueron la base sobre la que traté de edificar las experiencias vividas: «Ser feliz es una habilidad. Tener equilibrio emocional es una habilidad. Ser compasivo y altruista es una habilidad. Cada una de ellas puede ser practicada y desarrollada a plenitud». No se trata de pedir que todo sea perfecto en mi camino, sino de aprender a desarrollar balance emocional a pesar de lo que suceda alrededor, bueno o malo (vaya reto, ojalá para 2020 lo logre).

Desde hace un par de años Ricard es mi gurú particular. Investigador francés convertido en monje budista, autor y fotógrafo, «aterriza» para mentes occidentales los enormes principios del budismo. En defensa de la felicidad (Urano) es mi libro de cabecera: una y otra vez regreso a él porque no deja de contribuir a mi paz, a mi búsqueda interior. Así, desde hoy nombro solemnemente a Ricard, con sus palabras profundas y ecos de montaña sagrada, mi consejero espiritual para el año venidero (él recibe, emocionado, el cargo). Sea.

Comentarios a personajes del año

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El País Semanal recién publicó su edición de Los 100 protagonistas del mundo iberoamericano en 2012. Muchos nombres me son desconocidos y quiero saber más de esa gente extraordinaria. Va un botón:

1. Vanda Pignato, abogada, primera dama de El Salvador y promotora de Ciudad Mujer, iniciativa de centros de atención para mujeres en salud sexual y reproductiva, atención a violencia de género, autonomía económica (vaya, una primera dama que se niega a ser decorativa);

2. Joaquim Barbosa, juez brasileño que no tembló al poner en el banquillo de los acusados a miembros del partido de su mentor, Lula da Silva. Negro e hijo de un albañil y una mujer de limpieza, ha sido nombrado presidente del Tribunal Supremo (es decir, la justicia tiene esperanza);

3. Jon Sistiaga, periodista español que cubre desde minas antipersonales en Afganistán hasta el viacrucis de los migrantes en México y el inframundo argentino (o sea, como telón de fondo, la pasión por comunicar la experiencia humana);

4. Susana Trimarco, madre argentina que perdió una hija a manos de traficantes de mujeres, impulsora de la mayor iniciativa en contra de la trata en su país,  logró que se sancionara una ley al respecto (es decir, otra civil que pone en la agenda un tema que incomoda a los políticos).

Entre los mexicanos incluidos en la lista, comento algunos:

Enrique Peña Nieto, presidente: coincido con Krauze, autor de la ficha, en que esperamos decida ser el líder que el país necesita para resolver «los problemas que nos angustian: pobreza, falta de crecimiento, violencia» (añadiría: educación). Sigue: «No sé si será ese líder. Sólo sé que no tiene mucho tiempo para probarlo». +1000

Mercedes de Vega, directora del Archivo Histórico Diplomático: encontró las cartas que miles de republicanos españoles enviaron durante la Guerra Civil a embajadas mexicanas pidiendo asilo. Qué gusto que abra las puertas a ese momento del mejor México.

Camilo Lara, director del proyecto musical Instituto Mexicano del Sonido: merece estar ahí por muchas cosas y por su enorme disco Político. Letras críticas como ésta son fundamentales: «Todos somos víctimas de un Estado confiscado/ Un gobierno involucrado en las ganancias del narco/ Es una nación podrida con la población herida».

Julián Herbert, escritor: me gusta mucho como poeta (El nombre de esta casa) y su premiada novela Canción de tumba está entre mis pendientes inmediatos de lectura, pero desde ya aplaudo a un autor que fluye a contracorriente de grupos y padrinazgos. Ojalá su ejemplo cunda.

Marcela Turati, periodista: su iniciativa radica no sólo en dar noticias sino «en abrir ventanas de esperanza. Si no, las noticias sólo provocan horror e inmovilidad». No la conozco pero anoto su nombre en mi memoria y sigo su iniciativa porque a mi país le urge esa visión.

El privilegio de tener una tribu

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Cena de navidad. Abrazos múltiples por cualquier excusa, bromas, recuerdos, cariños, un año más juntos. Sobre todo, la conciencia del absoluto privilegio que significa tener en una misma mesa a mi hija, mi madre y mi hermana (hermosas mujeres centrales de mi vida), la presencia casi tangible de mi padre que se fue hace 28 años, mi hermano entrañable, mis cuñados que hace años son también mis hermanos, mis tres sobrinos venidos de lejos, mis sobrinas siempre vitales, mis primas que este año nos acompañan y me da gusto, amigos queridos.

No siempre ha sido el mismo cuadro idílico. Esta familia, como todas, ha pasado algunos malos momentos y otros peores. Enojos, muertes, dolores, peleas, sillas vacías, pero de alguna forma los que estamos aquí hemos decidido permanecer como una sola tribu. Al mirarlos confirmo que sí: aquí pertenezco y doy gracias de corazón.