Los muchos cuerpos del cuerpo

Entre sábanas, un cuerpo se vuelve varios, habla lenguas desconocidas, se agiganta y tornasola. Por eso el sexo produce escalofríos: es un ir a contracorriente del mundo, un asomarse a tierras vírgenes donde crece el misterio. Por eso mismo es sagrado, porque representa nuestra sola posibilidad de rozar lo divino. «Mis manos/ abren las cortinasSigue leyendo «Los muchos cuerpos del cuerpo»

Alegoría de selvas

En la espesura, un rumor de presa despierta a la hembra. Dos puntos de luz rasgan la noche, acarician la sombra ágil, las patas quebradizas. Como marea creciente, ojos y más ojos se multiplican, se delirian hasta ser manada que codicia, pupilas legión, una y muchas, observando desde el hambre de una sola. Cuán similarSigue leyendo «Alegoría de selvas»

Los últimos versos de Gelman

Según la revista argentina Ñ, éste es el último poema conocido de Juan Gelman, escrito a fines del año pasado en su casa de la colonia Condesa, en la capital mexicana. Es casi una despedida. Me pregunto qué dirá hoy su esqueleto, tan solo. Verdad es «Cada día/ me acerco más a mi esqueleto./ SeSigue leyendo «Los últimos versos de Gelman»

Adiós, poeta Gelman

Te fuiste, doloroso de la sangre, artesano frágil, alquimista del juaneo y el gelmaneo, huérfano de hijo, palabrero exiliado, compañero del dolor tuyo y de todos. Cuánta falta van a hacer esos poemas tuyos que «dan vueltas por el cuarto». Cuánta. Te despido murmurando tu luz: «Estoy sentado como un inválido en el desierto deSigue leyendo «Adiós, poeta Gelman»

Haikú de mañana fría

«La soledad: le queda al árbol sólo una hoja». -Basho (traducción de José Emilio Pacheco) Ahí está, en apenas tres versos un instante petrificado para siempre por la pluma de un poeta. Por alguna razón recuerdo el poema en esta mañana que el frío golpea, enojado.

Erotismo con sutileza de campo

Estuve de viaje en la provincia mexicana y una noche recordé vagamente estos versos sutiles. Hoy los transcribo tal como los cita Antonio Gala. Ante la imposibilidad de haberlos escrito yo, los repito como un mantra suculento: «Dicen que soy tu montura./ Si de ti salgo al campo montada,/ a tu poder me acomodo:/ comoSigue leyendo «Erotismo con sutileza de campo»

Esta casa tiene alas

Jardín surrealista de Edward James. Xilitla, San Luis Potosí, centro de México. Escaleras que van a ningún lado, flores de piedra, verde desaforado donde voltee, serpientes petrificadas, un laberinto de pasillos, ojos y tréboles, el sonido de una cascada que alimenta pozas cristalinas. Éste fue el juego concreto del magnate escocés James (1907-1984), apasionado del arteSigue leyendo «Esta casa tiene alas»

Amo tu voz de espadas

«Como un depredador entraste en casa,/ rompiste los cristales,/ a piedra destruiste los espejos,/ pisaste el fuego que yo había encendido.// Y sin embargo, el fuego sigue ardiendo./ Un cristal me refleja dividida./ Por mi ventana rota aún te veo./ (Con tu cota y tu escudo me miras desde lejos).// Y yo, mujer de paz,/ amo la guerra en ti, tu voz de espadas,/ ySigue leyendo «Amo tu voz de espadas»

Tu nombre exhala yerbabuena

Saboreo el primero de estos versos del mexicano Francisco Hernández. Cuando empiezo a acostumbrarme a su sabor, paso al siguiente. Despues al otro. Y al otro. Cuando llego a «Lo trituro y respiro yerbabuena», el lunes ya no es tan lunes. «Tu nombre se puede morder como manzana./ Huele a mango de Manila y aSigue leyendo «Tu nombre exhala yerbabuena»

Esto es un verso pichón

Por los pasillos de la Feria del Libro siento el zumbido de miles de palabras aquí reunidas. De pronto, a la vuelta de nada encuentro estos versos, de poeta judía. Ellos mismos vibran, aletean. Vaya forma de evocar un beso. «Que labios de hombre fueran tan suaves/ como el traslúcido vientre de un pichón caído/Sigue leyendo «Esto es un verso pichón»

Mi encuentro con Parra y Rulfo en la FIL

Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por principio de cuentas, tengo el alma vaporosa y esperanzada. Ríos y ríos de gente haciendo fila para pagar una entrada y luego comprar libros me devuelven la certeza de que México tiene esperanza. Se dice que la gente no lee. Mentira. Lee si encuentra cosas relevantes para suSigue leyendo «Mi encuentro con Parra y Rulfo en la FIL»

Me da celos que fumes

«Tengo celos de ese cigarillo que fumás Tan distraídamente». Ana Cristina César, «Celos», Guantes de gamuza y otros poemas (Ediciones Bajo la Luna). Carajo, qué manera de plasmar en dos líneas el profundo erotismo que implica ver fumar a alguien y derretirse de deseo por esos labios.

Sé demasiado de tu cuerpo

Sé demasiado de tu cuerpo,/ de cómo crece en mí/ y trae el amanecer,/ de por qué sonríe en la noche mutilada,/ de cómo vive a unos pasos de sí mismo,/ de ante qué bulle y se agita./ Lo que me asombra/ es su manera peculiar de dejar rastro:/ derramándose.//   -Julia Santibáñez

#MiércolesDePoesía Por qué este hombre se prendió fuego

Estaba desesperado. Pedía que le devolvieran a sus dos hijos detenidos ilegalmente, acusados por la dictadura de terrorismo. Trabajador sin mayores recursos, buscó ayuda de las autoridades civiles y militares de Chile, de los medios, de todos. Pero nada. Hace 30 años, Sebastián Acevedo se roció con bencina y se prendió fuego. Pocas horas despuésSigue leyendo «#MiércolesDePoesía Por qué este hombre se prendió fuego»

Poemas en frascos de medicina

En estos días, el renacentista José Emilio Pacheco (poeta, novelista, ensayista, traductor) recibió en México el Premio Encuentro de Poetas del Mundo Latino, junto con el catalán Joan Margarit. Pacheco dijo ahí: «la codicia es la gran enfermedad del presente y la poesía debería ser la medicina». Me imagino estos versos suyos en un frascoSigue leyendo «Poemas en frascos de medicina»

«La palabra flor se desmadeja»

Lo que uno quiere le pertenece un poco, se entreteje con uno. Así que si el autor de estos versos es mi amigo, si tenemos un cariño probado, si además admiro su pluma, su mano, su brazo y su persona toda, puedo decir con derecho que esto también es un poco mío. Vualá. «Al soñar/Sigue leyendo ««La palabra flor se desmadeja»»

Por qué necesito voltear para arriba

Me declaro apasionada de las nubes. Efímeras y veleidosas, siempre divinamente estéticas, innecesarias pero sin las cuales el mundo no se concibe, son precisa metáfora del arte. Como dice Szymborska, no necesitan que las veamos pero sin ellas los ojos nunca se llenan. «Con la descripción de las nubes/ debería darme mucha prisa,/ después deSigue leyendo «Por qué necesito voltear para arriba»

La pierna de una mujer cansada

Hace días, con amigos de los que cada segundo aprendo algo, uno de ellos dijo que el peruano José Watanabe ha sido de los máximos poetas en lengua española. Coincido. El comentario me hizo regresar a esos majestuosos versos, como esta delicia que traigo rondando en la cabeza desde ayer: «Qué rico es ir/ deSigue leyendo «La pierna de una mujer cansada»

Tu piel que trae el amanecer

Hay tantas cosas que ignoro, tantas otras que sé a medias, miles más que moriré sin vislumbrar. Con ésta que conozco me basta por hoy. «Nada sé de tu piel./ Sólo que está en la noche, transcurriendo.// Para viajar por ella quiero las palabras/ lentas de la lengua, las enardecidas, las tiernas.// Nada sé deSigue leyendo «Tu piel que trae el amanecer»

Borges vuelto tango

«[…] Tango que fuiste la dicha/ de ser hombre y ser valiente./ Tango que fuiste feliz,/ como yo también lo he sido,/ según me cuenta el recuerdo;/ el recuerdo fue el olvido». Este poema de Borges cantado por Edmundo Rivero no tiene desperdicio alguno. Lo debo a la amabilidad de mi querido amigo Borgeano (faltabaSigue leyendo «Borges vuelto tango»

Cuando el verso es una aguja

«Quitar la carne, toda/ hasta que el verso quede/ con la sonora oscuridad del hueso./ Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo/ hasta que se convierta en aguja tan fina,/ que atraviese la lengua sin dolencia/ aunque la sangre obstruya la garganta». -Francisco Hernández, «Hasta que el verso quede», Poesía reunida (UNAM) Anoche me dormí conSigue leyendo «Cuando el verso es una aguja»

Qué lástima que vayan a dar las cuatro

Recuerdo este poema de Benedetti y me gusta, pero pienso que a pesar de todo él no sabe cuánto de verdad duele cuando se acercan las cuatro y no estás. «Es una lástima que no estés conmigo/ cuando miro el reloj y son las cuatro/ y acabo la planilla y pienso diez minutos/ y estiroSigue leyendo «Qué lástima que vayan a dar las cuatro»

La herida que no debe sanar

Hoy hace 45 años se perpetró en México, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, una matanza de estudiantes que protestaban contra el gobierno. Lo ocurrido lastima la memoria, es recuerdo infame y vergonzante. Pero si esa herida se cierra es más vergüenza, si llegamos a olvidarla estamos condenados a repetirla. Por eso desde entonces ySigue leyendo «La herida que no debe sanar»