Ya estoy de vuelta en México, muchas gracias por no abandonar este blog en mi ausencia. Subiré algunas entradas más de las #CrónicasDesdeJapón como varios han pedido, pero por hoy hago una pausa porque la fecha me hace un guiño que no puedo ignorar: se cumplen 105 años del nacimiento de Miguel Hernández, uno de los favoritos de la casa, poeta de sonoridad e imágenes impecables. Para celebrarlo y de paso inaugurar el fin de semana, aquí dejo el primer texto de su Cancionero y romancero de ausencias. Es un poemita de erotismo delicado, sin título, aparentemente fácil pero tejido con hilo resistente. Me encanta.
Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.
Lecho sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.
Y dado que mañana se reanudan los #SábadosDeMúsica todavía algo afectados por el jet-lag, aprovecho para lanzar la pregunta: ¿cuál es tu canción favorita para oír de madrugada, cuando el resto del mundo está en silencio? Responde en los comentarios abajo para que la incluya en la Playlist colectiva. Gracias.
Los tres protagonistas de la obra Otowagatake Danmari. (Foto tomada del libro-programa de mano que compré en el teatro Kabuki-za).
Está a punto de empezar la función en el teatro Kabuki-za, en la moderna zona de Ginza, en Tokio, Japón. Estoy emocionadísima. Desde que supe que vendría a este país fue de las primeras cosas que anoté como pendiente.
Nacido alrededor de 1600, el Kabuki es una de las expresiones artísticas más fuertes de este suelo. Surgió como un teatro popular cuyas obras hablaban de guerreros samuráis, quienes estaban en la cima en la época, así como historias de la gente del campo, temas políticos y sociales. Fuertemente censurado por el shogunato en el poder, con frecuencia el Kabuki hacía una crítica velada al mismo, al abordar asuntos históricos pero cuyo contexto el público leía entre líneas. Maestros de la escena, señores de la moda y artistas geniales, los actores pronto se convirtieron en ídolos de las masas. A lo largo de los siglos y con los cambios políticos que ha vivido Japón, el Kabuki se ha mantenido como una herencia cultural importante, disfrutada tanto por japoneses como por extranjeros. Una de sus características más singulares es que en él no participan mujeres. Desde que el shogunato se los prohibió en 1692 con la excusa de cuidar la moral surgieron actores especializados en interpretar exclusivamente papeles femeninos.
Mientras espero que se levante el telón, voy a rentar por 500 yenes (unos 4 dólares), una especie de iPad que despliega los diálogos en inglés, además de las letras de las canciones y algo de información adicional sobre la obra. También me dedico a disfrutar el teatro, que es bellísimo e inmenso, con capacidad para casi dos mil personas. Trato de memorizar todo y además compro un libro-programa de mano, porque está estrictamente prohibido tomar fotos. El boleto de entrada a dos obras en un acto me costó 2,000 yenes (unos 17 dólares) pero las entradas a las obras largas y codiciadas pueden costar hasta 18,000 yenes (170 dólares) cada una.
Por fin empieza la obra. Se llama Otowagatake Danmari, que significa «El danmari en el parque Otowa». Interpretada por primera vez en 1935, trata del discípulo de un famoso guerrero rebelde muerto en batalla, quien quiere robar del santuario de Otawa la espada y la bandera que fueron de su maestro. Para ello aprovecha el festival religioso y se disfraza de un actor que participa en la celebración. Cuando tiene los objetos huye, pero es perseguido por un guerrero y por la hija de otro guerrero, quienes tratan de recuperarlos. Entonces todos luchan, en un momento estelar del Kabuki llamado danmari. El danmari es una suerte de bellísima pelea coreografiada en cámara lenta, que supuestamente ocurre en la oscuridad, pero en escena está totalmente iluminada.
Lo primero que me fascina es la fuerza visual del Kabuki, expresada a través de maquillajes muy marcados y vestuarios fastuosos, de un total lucimiento. Además, los actores interpretan sus papeles con ademanes y gestos amplios, incluso llegando a congelarse por momentos en una pose que se llama mie, especie de foto viva que va acompañada del sonido de fuertes tambores de madera. Así se expresa de forma corporal una emoción importante en la trama. Es impresionante.
Las voces son agudas y hacen inflexiones similares a las de la ópera occidental. Además, el ritmo es muy marcado, me atrevería a llamarlo poético. Todo va acompañado de música en vivo, interpretada con instrumentos tradicionales y que tanto sube como baja, acompañando la acción en escena. De pronto oigo gritos entre el público. Por supuesto no entiendo lo que dicen, pero leí que es una costumbre animar así a los actores, como ocurriría en un concierto occidental. El conjunto es un espectáculo profundamente dramático, intenso. Además me cuesta trabajo creer que esa mujer delicadísima que veo sea un actor.
La segunda obra, Yanone, se interpretó por primera vez en 1729 pero ocurre a fines del siglo XII. Trata de un guerrero pobre que busca vengar la muerte de su padre pero al mismo se burla de sí mismo y de los dioses que lo tienen en esa situación. Recibe la visita de un amigo que le lleva regalos de buen augurio y luego se acuesta a dormir. En sueños, su hermano, que también busca justicia para su padre, le dice que fue tomado preso por su enemigo. Al despertar, el guerrero toma el caballo de un campesino y se lanza a rescatar a su hermano. Es interesantísimo el contraste entre la situación dramática del personaje en desgracia y que quiere justicia para los suyos, pero tiene un gran sentido del humor. El maquillaje aquí es aún más recargado e impactante que en la primera obra. Aunque no entiendo las palabras, me emociona igual.
Cuando salgo del teatro voy pensando que el Kabuki me resulta una experiencia intensa de esa otredad que desde mi ser occidental no entiendo, pero con la que conecto a partir de las experiencias comunes de dolor, lealtad, traición, humor, miedo. Al final, eso es el verdadero arte.
De la obra Otowagatake Danmari. (Foto tomada del libro-programa de mano que compré en el teatro Kabuki-za).De la obra Otowagatake Danmari. (Foto tomada del libro-programa de mano que compré en el teatro Kabuki-za).Guerrero protagonista de la obra Yanone. (Foto tomada del libro-programa de mano que compré en el teatro Kabuki-za).Guerrero protagonista de la obra Yanone recibiendo la visita de su amigo, músico. (Foto tomada del libro-programa de mano que compré en el teatro Kabuki-za).Yo, a la entrada del teatro.
Da click aquí para ver un video de 4 minutos de la Unesco que ofrece un panorama general sobre el tema.
Luego de despertarnos a las cuatro de la mañana, mi adolescenta y yo acabamos de llegar al mercado. No es posible reservar lugares para la singular subasta de atún, así que hay que llegar temprano para ser de los 120 turistas que cada día pueden atestiguar el ritual en éste, el mayor mercado del mundo. Hasta ahí todo perfecto. El detalle es que hoy las 120 personas estaban formadas a las 3:40 am. Es decir, madrugamos de balde. Cosa bonita.
La actividad del lugar arranca alrededor de las 3 y termina a eso de las 9 a.m., de modo que la adolescenta y yo decidimos conocer de una vez la zona visitable porque, según todos los indicios, no nos la podemos perder, por lo impresionante de su tamaño y por ser parte medular de la vida de Tokio. Empezamos a caminar. El olor es poco amable y en la oscuridad decenas de bicicletas y vehículos de carga pasan volando en todas direcciones, sin orden alguno. Vale más estar atentas. No sabemos hacia dónde ir porque los letreros no tienen traducción, como la mayor parte de las cosas aquí. Con nuestro japonés elevado nos acercamos a un señor: «Buenos días, disculpe. ¿Dónde?» (suena algo así como «Koníchiwa, sumimasén. ¿Dokó?») mientras señalamos en el mapa los puestos de comida. Apunta a la derecha. En eso se nos acerca un japonés sonriente, que nos pregunta en inglés qué buscamos. Ante nuestra respuesta se ofrece a guiarnos. «Free», aclara. Aceptamos, aunque tengo cierto recelo de sus intenciones.
Su chamarra lleva bordado en la espalda Sushi Restaurant Miyako y viste botas de hule como todos los que trabajan aquí. Empieza a meterse por los pasillos, a enseñarnos los tipos de mariscos y a explicarnos que la mayor parte del producto llega por tierra o avión incluso desde sitios como Boston, EUA, que de aquí se distribuye a restaurantes y tiendas en todo el país. En otra sección del mercado también se vende carne, verduras, flores. Pasamos por donde están haciendo la subasta de atún. Ayer leí que un pescado grande puede costar unos 20,000 dólares (340,000 pesos mexicanos) y nuestro guía nos dice que los precios se establecen cada día a partir de la oferta y la demanda.
Con sus 230,000m2 de superficie, el mercado es un impresionante laberinto de puestos. Cada día se venden aquí unas dos mil toneladas cúbicas de camarón, pulpo, almeja, calamar, pescados varios, atunes de tamaño increíble, muchos mariscos cuyos nombres ni siquiera sé. Al pasar, el guía saluda a todos con familiaridad, es bien conocido. Nos dice que nació en este barrio. Le pregunto cómo se llama. Su nombre es Kazunari Akasu, pero podemos decirle Kaz. Me voy relajando poco a poco, nos lleva siempre por zonas transitadas y no tiene mala vibra. Es un hombre sencillo, divertido con la curiosidad de las extranjeras que se fascinan de su cultura. Él va delante y nosotras a veces nos rezagamos con algo, así que un par de veces policías nos detienen, señalando que no podemos pasar a equis zona. Kaz explica que venimos con él y entonces pasamos. Qué suerte, estamos literalmente visitando las entrañas del lugar y somos las únicas turistas. Estamos fascinadas. Kaz nos lleva incluso a la azotea del mercado, desde donde hay una vista privilegiada del mismo y también del río Sumida-gawa, a espaldas del complejo. También vamos al santuario Namiyoke Inari, dentro del mismo mercado, construido en el siglo XVII.
Ya son más de 7:30 y tenemos hambre, así que le preguntamos a Kaz dónde podemos desayunar. Dice que el restaurante donde él trabaja está lejos y además descansa hoy, así que propone uno de los locales del mercado, propiedad de un amigo suyo. Nos parece ideal. El restaurante es pequeño, caben unas 10 personas en torno a la plancha donde dos cocineros preparan el sushi, el arroz, la sopa miso. Está lleno así que debemos esperar unos 20 minutos. Por fin pasamos, pero de inmediato nos advierten que no podemos tomar fotos. Lo lamento muchísimo, porque los platos de verdad lucen fantásticos. Kaz nos enseña la auténtica manera de comer el sushi: con las manos, remojándolo un poco en la soya. Me resulta un poco brusca la experiencia de desayunar hueva de salmón, robalo, salmón, pulpo y atún crudo con un poco de arroz hervido, pero en general me gustan los sabores. Veo de reojo que la adolescenta no comparte mi opinión. Sufre para avanzar con su plato y al final le pregunta a Kaz si le ayuda con un poco. Él, por supuesto, se devora los pedazos de pescado. Luego, se limpia los dedos en un trapo que trae colgando de la cintura.
Yo pago el desayuno, 2,800 yenes por persona (unos 24 dólares), y Kaz agradece con grandes exclamaciones. Luego sugiero que me gustaría darle una propina pero se niega rotundamente. No quiero ofender, así que no insisto. Cuando llega la hora de despedirnos nos tomamos fotos con él y nos da su teléfono, para que le llamemos si necesitamos algo. Además, quiere invitarnos a comer a su restaurante. De verdad es encantador, no sabemos cómo agradecerle. Ya que vamos las dos solas, con los tenis empapados de agua que huele a pescado, la adolescenta resume el sentir de ambas: conocer a Kaz es sin duda uno de los puntos inolvidables de nuestro viaje.
Vista panorámica del mercado Tsukiji alrededor de las 5 a.m.
Kaz nos presume un pulpo.
Así anuncian los precios en varios locales del laberinto.
Kaz insiste en que la adolescenta toque un pescado. La cara de ella lo dice todo.
Las dos con Kaz, quien sin duda es uno de los puntos inolvidables de nuestro viaje por Japón.
Bajo la influencia del budismo zen, la literatura japonesa del siglo IX desarrolló una honda observación del espectáculo de la naturaleza y de sus ciclos. Las estaciones incluso fueron vistas como una expresión divina, no en el sentido occidental de la creación de un Dios que se diferencia de su obra, sino como manifestación de una divinidad vital que aparece y desaparece en ciclos de vida y muerte, de verano e invierno, de primavera y otoño. «Y cualquiera que haya visto a un japonés detenerse silencioso durante una hora a ver los cerezos en flor en primavera, o contemplar la luna llena en el cielo de otoño sabe que no se trata de una mera apreciación estética, sino de un acto de adoración» (traducción mía).
Lo leo en Japanese Death Poems. Written By Zen Monks And Haiku Poets on the Verge of Death, compilado por Yoel Hoffmann (Tuttle Publishing), libro que compré en una librería de Tokio, Japón, y que me permite entender un poco más esta cultura. En este viaje, en efecto, tuve la suerte de disfrutar esa luna espectacular de otoño, quedarme callada e incluso sentir que yo también podría creer en ella. Yo, tan poco creyente.
El suicidio ritual japonés que practicó el escritor Yukio Mishima abre una ventana para asomarse a la cultura de ese país que es, literalmente, otro mundo.
Estoy de viaje por Japón y mientras lo hago me sorbo esta cultura cuajada de simbolismo, de filosofía. El respeto permea la vida cotidiana de los nipones, igual que la cortesía. Hacen fila para entrar a los vagones del metro y de los trenes, ya adentro van en silencio o murmuran y si alguien quiere hablar por teléfono se va a la zona entre carros «para no molestar», como invitan a hacerlo carteles por todas partes. Increíble.
Mientras viajo en el tren bala o Shinkansen de Tokio a Kioto voy leyendo el clásico libro Bushido. The Soul of Japan, de Inazo Nitobe, en el que aborda el código que regía la vida de los samuráis, guerreros de la antigüedad. Subraya que buena parte del Japón de hoy hunde sus raíces en el pensamiento samurái, de modo que asomarse a sus secretos es echar luz sobre su rostro presente. Por ejemplo, para explicar el hara-kiri o suicidio ritual, realmente llamado seppuku, dice: «Cuando se pierde el honor, morir es un consuelo. La muerte es un resguardo seguro contra la infamia». Luego subraya que como el honor y la honra eran principios irrenunciables de un samurái, mucho más importantes que la vida, morir era la manera a través de la cual se expiaban culpas o errores y se escapaba de la deshonra. No era un suicidio, sino una institución ceremonial, cargada de significado y que incluía la decapitación. Se basaba en la idea de que el alma reside en el vientre, así que exponerlo voluntariamente era la forma de entregar lo mejor de uno mismo.
Recuerdo haber leído que el escritor Yukio Mishima (1925-1970) murió de este modo. Busco la referencia: el mismo día en que entregó a su editor la tetralogía El mar de la fertilidad, junto con varios discípulos suyos tomó un cuartel militar cercano a Tokio. Acérrimo creyente de la necesidad de volver al Japón tradicional, dio un discurso para animar a la tropa a rechazar la constitución pacifista posterior a la Segunda Guerra Mundial y recuperar la forma antigua de gobierno. Los soldados se burlaron de su propuesta, así que aparentemente incapaz de soportar la deshonra, Mishima se metió a un templo y se hizo un corte a todo lo ancho del vientre, para luego pedir a uno de sus seguidores que lo decapitara.
Me impacta muchísimo esa idea de elegir la muerte y hacerla un discurso, volverla el mensaje más poderoso. Me siento a años luz de entender la cultura japonesa, pero me fascina.
La comunicación no verbal es importantísima aquí en Japón y puede determinar el desenlace positivo o negativo de un intercambio. Los japoneses están siempre atentos al tono de voz y la postura, de modo que en incluso en las conversaciones telefónicas es posible ver a la gente haciendo la tradicional caravana hacia su interlocutor quien, obvio, no puede verlos. En general los japoneses consideran agresivo mirar directamente a los ojos, por lo que al hablar con ellos primero debe hacerse un fugaz contacto visual y luego dirigir la mirada a, por ejemplo, el cuello de la persona. Recibo esos tips los recibo de Kas, amigo japonés de quien comentaré más en otra entrada.
Con todo lo torpe que me siento en cada paso, una de las cosas que me ha resultado mayor motivo de confusión es la forma de contar con los dedos. En Occidente levantamos el número de dedos que corresponden al número que queremos decir. Así, un dedo corresponde al número uno. Aquí es justamente al contrario: para decir uno (Ichi) los japoneses levantan los cuatro dedos y doblan el pulgar sobre la palma de la mano. El dos (Ni) se indica con el índice y el pulgar doblados. El tres (San), con el medio, el índice y el pulgar doblados y así hasta el cinco (Go), que se indica con todo el puño cerrado. Del seis en adelante se van desdoblando los dedos de uno en uno, de manera similar a como lo hacemos los occidentales pero con una sola mano. En otras ocasiones, cuentan como en Occidente del uno al cinco y luego sobre la palma de la mano ponen los dedos adicionales, con la otra mano: un dedo sobre la palma para el seis, dos para el siete y así sucesivamente. Da click aquí para ver un video de un minuto, de mala calidad de imagen, pero que lo explica bien.
Bueno, pues en esto que parece tan sencillo ya se pueden reír de cómo me enredo y me siento en el kínder teniendo que pensar cuántos dedos mostrar. Ja. Qué bueno que no hay cámaras ocultas por aquí.
Acostumbrada como estoy a asociar literatura japonesa y haikú, nunca había pensado que un autor renegara de esa riquísima tradición. Pero sí, entiendo el porqué.
Ando de viaje por Japón y aprovecho la excusa para empaparme de su literatura. Traigo conmigo Dos mil millones de años luz de soledad, de Shuntaro Tanikawa, traducido al español por Cristina Rascón y publicado recientemente por la UAM. Nacido en 1931, Tanikawa es uno de los poetas nipones actuales más reconocidos, merecedor de infinidad de premios literarios y autor de más de 60 títulos. Éste fue su primer libro, publicado cuando tenía 21 años y su país acababa de liberarse de la ocupación estadounidense. En ese contexto, se distanció de las formas tradicionales, como el haiku y el tanka, e incluso se confesó contrario a su uso, «ya que la métrica del 7 y 5 [había] sido utilizada para campañas imperialistas de exhortación a la guerra». En consecuencia buscó nuevas formas para referirse a la realidad de un Japón post-guerra y post-bomba atómica: empleó metáforas, sonetos, referencias occidentales. En ese marco se inserta su espléndido poema «Noche de lluvia silenciosa»:
«quiero estar sentado así por mucho tiempo
mientras escucho en silencio cómo se hunden nuevos miedos y tristezas
lisonjear el olor de Dios sin creer en Dios
recoger hojas en la avenida de un país lejano
anegarme de candiles ilusorios del pasado y del futuro
creer en un sofá mullido sobre el mar azul
y más que nada
amarme sin límites
quiero estar sentado así en secreto mucho tiempo»
El poema me llega. Lo releo y me toca más. Me sienta de golpe en el centro de un país descreído que tiembla de dolor y miedo, en el que un escritor intenta hacerse un espacio, crear un lenguaje que le ponga palabras a lo nuevo (¿no es un poco el intento de todo autor?). Luego leo la nota de la traductora: los ideogramas de la palabra hojas y del concepto palabras están relacionados. Mejor dicho, hojas es un ideograma contenido dentro de palabras. Pensar en ideogramas japoneses no es lo mío, así que buscoun ejemplo en español: niño está contenido dentro de la voz niñera. Supongo que es algo así. El asunto es que una de las primeras antologías de literatura japonesa, Manyoshu, puede significar a la vez «colección de las diez mil hojas, colección de las diez mil palabras o colección de los diez mil poemas», dice Rascón. Por eso, el verso «recoger hojas en la avenida de un país lejano» puede referirse también al «acto de crear poesía o palabras en la avenida de una región aparte, es decir, una región poética distinta a la generación de escritores que precede a Tanikawa». Agradezco la nota, que me ayuda a entrar en las honduras del verso, entender mejor la intención de rompimiento del autor con sus antecesores, la fuerza que implica pero también la vulnerabilidad que lleva entretejida y con la que puedo conectar.
Una nota adicional sobre Rascón: además de ser escritora por derecho propio, es maestra en Política pública por la Universidad de Osaka, en Japón, y diplomada en Estudios asiáticos por la Universidad de Kansai Gadai. En sus ratos libres le da por traducir del japonés libros imperdibles, como éste, enriquecido con referencias culturales y notas de contexto histórico. De verdad, muy recomendable.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).
La pasión de Octavio Paz por la cultura japonesa lo llevó a hacer, junto con Eikichi Hayashiya, la primera versión occidental del libro Oku no hosomichi o Sendas de Oku, publicado en 1957. Se trata del volumen de Matsuo Basho, el poeta más conocido de ese país, el que «todos los japoneses conocen desde la primaria y muchos tienen como libro de cabecera, oráculo manual, fuente de inspiración, guía de viaje, ejemplo de caligrafía y modelo de estilo», dice Aurelio Asiain en Japón en Octavio Paz (Fondo de Cultura Económica).
El libro es en realidad el diario del viaje de cinco meses que hicieron, en 1689, Basho y un discípulo. Fueron al noreste del país y en el camino se encontraron con colegas, con quienes escribieron cadenas de poemas. El libro, escrito en prosa y salpicado de pequeños poemas, plantea el viaje como medio de creación, a partir de dos ideas:
la poesía no es un género literario, sino una forma de conocimiento y una profesión de fe;
esa fe y ese conocimiento sólo pueden realizarse cabalmente a través de la exploración del mundo y el encuentro con los otros.
Así, los poemas de Basho son cotidianos. Hablan del sol, de la lluvia, de la montaña, de la gente común. Significan mucho diciendo lo mínimo, además de dar total preponderancia tanto a la imagen visual como a la sorpresa. Este #MiércolesDePoesía, mientras estoy a horas de pasearme por Tokio y llenarme los oídos de esa lengua como de lluvia, dejo aquí tres de mis poemas favoritos de Basho, en traducción de Paz:
Estoy emocionada más allá de las palabras. Tras una serie de vuelos e infinidad de horas voy a aterrizar justo en Tokio. Es un viaje acariciado por largo tiempo, nacido de tener abiertas todas las interrogantes y que hago con la mejor compañera del mundo mundial: mi adolescenta. Japón me atrae porque no lo conozco, no lo intuyo, no me lo imagino.
Como acostumbro antes de ir a un país desconocido, llevo semanas leyendo y empapándome de su cultura, para empezar a viajar antes de poner un pie en el avión. Entre los libros que he revisado está Japón en Octavio Paz, recopilación preparada por Aurelio Asiain y publicada por el Fondo de Cultura Económica. Ahí encuentro este fragmento, perteneciente al ensayo «Tres momentos de la literatura japonesa»: «[Japón] es un universo autosuficiente y cerrado sobre sí mismo. Organismo al que nada le falta, como esas plantas del desierto que secretan sus propios alimentos, el Japón vive de su propia substancia. Pocos pueblos han creado un estilo de vida tan inconfundible […]».
Más adelante, Paz habla de que en el siglo V se introdujo oficialmente la escritura y que en el VIII la corte imperial se trasladó de Nara a la actual Kioto. Luego viene esta joya: «La corte constituía por sí misma un universo autónomo, en el que predominaban como supremos los valores estéticos y, sobre todo, los literarios […] la verdadera religión era la poesía y, aun, la caligrafía. Los señores se enamoraban de las damas por la elegancia de su escritura tanto como por su ingenio para versificar».
No me la acabo con la sola idea de visitar ese país.
PD Ustedes, queridos amigos, disculparán mi ausencia de este blog por cerca de dos semanas. Espero poder subir algunas entradas desde allá, pero no puedo jurarlo. Lo que sí aseguro es que me llenaré los ojos y los sentidos de imágenes que luego compartiré desde acá. Arigato.
Abro un libro de hace tiempo y encuentro la dedicatoria de quien en su momento me lo regaló y a quien amé eternamente durante unos años. Entre las hojas está la nota amarillenta de una cena que compartimos. Es como si el aserrín de esa historia se hubiera sedimentado entre las páginas, como si instantáneas de quienes fuimos bailaran entre renglones. Es una más de las razones por las que amo los libros, como bien lo plantea Agustina Guerrero en este cartón: «Descubrir dedicatorias… Encontrar cosas (además de historias)». Congelan los mejores y los peores días.
Me encanta descubrir sitios. Me raya ver otros lugares. Verme en otros lugares. La próxima semana tomo de nuevo camino y celebro la ocasión con esta Playlist colectiva, de enorme poder evocativo: la canción que me recuerda un viaje. Porque así como los olores pueden repetir momentos, las canciones te llevan a instantes, a sitios de los que tal vez no te has movido, aunque hace años no vuelvas. La mía es Please Read The Letter, de Robert Plant y Alison Krauss, que me transporta de nuevo a una carretera electrizada de romance y deseo, que quería prolongar al infinito. Más abajo vienen las canciones propuestas a través de este blog, mi Twitter @danioska y mi Facebook/JuliaSantibáñez, junto con las razones que cada uno dio para su elección. Si quieres añadir tu tema escríbelo en los comentarios para que lo suba a la Playlist de Spotify.
Viramo Spiro Asia, de Bévinda («Iba hacia la India por segunda vez, mi primera de ‘adulto’, con mi más grande amor»).
@aliasRmiranda Bajito a selva, de Rita Indiana y Los Misterios («A Costa Rica, viaje del que nunca volví aunque no esté allá»).
@gmblawyer Blackout, de Scorpions («Mi primer viaje sin familia, con puros amigos, en la prepa. Fuimos a un campamento a la sierra de Arteaga, a Coahuila»).
José de Jesús Montoya Camionero, de Roberto Carlos («La puse cada 15 días que viajaba con mi familia de Saltillo al D.F a ver a mis padrinos (qepd) de 1984 a 1986. Aún la pongo y lloro. Fueron mis segundos padres y en miles de veces, los primeros»).
@perio_gdl Contamíname, de Ana Belén y Víctor Manuel («Desde Guadalajara a Querétaro, Peña de Bernal, Ezequiel Montes, Tequis, San Miguel y meta en Guanajuato. Un viaje de clase mundial»).
Emiliano Mares Urrutia Dust In The Wind, de Kansas («Mi primer torneo internacional en Estados Unidos»).
Myriam Hudson Feel, de Robbie Williams («Iba llegando a Edimburgo por carretera y con mucha emoción»).
Inés López de Arriaga Feel Good, de Gorillaz («Viaje familiar, acampando desde el Cañón del Colorado hasta Aspen. Inolvidable y maravilloso»).
Mónica Soto Icaza Go West, de Pet Shop Boys («Una serie de tours en el sur de Australia. Cada vez que nos subíamos al camioncito para algún trayecto, el conductor la ponía para que todos cantáramos»).
@ErickGuevara_ Highway To Hell, de AC/DC («En carretera, en una Harley»).
Alex Cisneros I Feel, de El mundo de Murphy
Gerardo Osegura Io non ti lascero mai, de Amedeo Minghi («Luna de miel en Italia, noviembre 2014. Pinch me!»).
Carolina Enríquez Joe, le Taxi, de Vanessa Paradis («Frankfurt- Basel, septiembre de hace como 25 años. Llovía, mi primer marido al volante y en la radio a cada rato pasaban éste, el hit del momento. Cuando la escucho puedo revivir perfecto ese feliz momento con mi amor del cielo»).
@jorgebird La bohème, con Charles Aznavour («Mi padre decía que esta canción lo llevaba a su juventud. Esta vez lo quiero acompañar»).
@AdrianoDeLucio Living On my Own, de Freddy Mercury («Barcelona, 1994»).
Xabier Novella Message In a Bottle, de The Police («Primer viaje a París, de adolescente»).
Arturo Erremental Mi hogar en cualquier sitio, de Antonio Vega («Más que un viaje en particular, me recuerda el espíritu del viajante»).
@quico70 Minuano, de Pat Metheny Group («1988. Mi primer viaje a Huatulco. ¡Grabada en cassette y walkman!»).
@mai_baudouin Missing, de Everything But The Girl («Hace mucho tiempo. Boston. Mi primer viaje fuera del país sin papás… Siento que fue hace tres vidas»).
@Alancena18 Mrs. Robinson, de Simon & Garfunkel
@merce_vz Mustang Sally, de Wilson Pickett («Era de un cassette que llevaba mi papá, en el avión que pilotaba y, por supuesto, la íbamos cantando. Yo tenía como 11 años»).
@hmatuk Nada, tango interpretado por Rocío Dúrcal («Mazatlán-Puerto Vallarta, por carretera»).
Cristina Liceaga Nessun dolore, de Giorgia («El día que me fui a Italia a hacer prácticas profesionales con sólo 22 añitos la escuché como loca. Empezaba una nueva etapa para mí, por primera vez estaría 4 meses separada de mi familia y yo no tenía miedo, ni dolor, si no todo lo contrario. Lo interesante es que es una rola que habla de amor, pero ese día me quedó como anillo al dedo»).
Marcela Sánchez Greene Parachutes, de Coldplay («Recorrido de Capadocia a Pamukkale. Mi primer viaje después del divorcio, inolvidable»).
Mauricio Núñez Poison, de Alice Cooper («Un viaje a Acapulco en los 90, con puro paria lujurioso. No pescamos ni un charal, por cierto»).
Shira Shaman Razón de vivir, de Mercedes Sosa («En últimas fechas tuve oportunidad de viajar y conocer pueblos y ciudades de mi amado México, convivir con su gente, cantar con adultos mayores, cargados de historias y sabiduría. Esta canción me recuerda ese viaje»).
@JPablo_Preciado Rock Or Bust, de AC/DC («Para mantener toda la energía mientras devoras kilómetros»).
@maysolecita Route 66, de Depeche Mode («¡Melbourne!»).
Ginette Riquelme Rumore, de Raffaella Carrá («Me recuerda un viaje con otras tres personas por la Isla de Chiloe, sur de Chile. El Cd lo compramos cuando rentamos el auto»).
Ernesto Flores Vega Runnin’ Down A Dream, de Tom Petty («A cualquier parte. Es la canción quintaescencial de carretera»).
@nosloquedeberia Rutas argentinas, de Almendra («En auto al sur, a cualquier sur»).
Alejandro Romero Shine On You, Crazy Diamond, de Pink Floyd («Indispensable si es un viaje largo en automóvil e implica lluvia»).
Dania Castañón Shut Up And Dance, de Walk The Moon («Mi campamento»).
Bellaespíritu Sólo se trata de vivir, de Lito Nebbia («Sintetiza el espíritu de cada viaje, y el de la vida»).
Rafael Carballo Special Needs, de Placebo («Cuando llegué a NY a vivir. Invierno. Fue un viajesote sólo poderme instalar»).
@danywino Stool Pigeon, de Kid Creole and The Coconuts («Por Hossegor, Francia»).
@erikaaponte Sugar, de Maroon 5 («Las Vegas, a principios de año»).
Maru Moreno Take My Hand, de Dido («Fue mi compañera en un recorrido en carretera, aeroplano y barco en British Columbia, Canadá»).
@michrade Tan enamorados, de Ricardo Montaner («¡Acapulco con mi ex amor! ¡Y obvio que yo moría por el! La canté toda la carretera»).
@RolonPicudo The Boys Of Summer, de Don Henley («Me recuerda un viaje a Mazatlán en los 80 y al Sr. Frog’s. ¡Cómo bailé!»).
Andrés Grillo Tras la tormenta, de Rubén Blades y Willie Colón («La oí por primera vez en radio en París, 1995»).
Norm Gabriela Sánchez Venecia tin ti, de Charles Aznavour («Una ciudad próxima»).
@elpidder Wherever I May Roam, de Metallica («Rumbo a Tula, Tamaulipas»).
Alma Delia Murillo Who’s Gonna Ride Your Wild Horses, de U2 («Iba a la India… uf, sólo de evocarlo quiero llorar, ja»).
Paola Tinoco Wild Is The Wind, de David Bowie («Estaba en Berlín por primera vez, ouch, recuerdo que aún duele»).
Se anuncia el nombre de la ganadora: este año es Sveltana Alexievich, de 67 años, nacida en Ucrania. Primera noticia.
Me entero de que la Academia Sueca reconoce sus escritos «polifónicos, un monumento actual al sufrimiento y al coraje».
Que empezó trabajando como periodista y su estilo es un collage de voces, de emociones sobre conflictos como Chernobyl, la guerra de Afganistán, la era post-Unión-Soviética.
Que su primer libro, de 1985, podría traducirse como La guerra no tiene rostro de mujer. Se basa en entrevistas con cientos de francotiradoras, pilotos y conductoras de tanques que participaron en la Segunda Guerra Mundial, pero al terminar el conflicto fueron olvidadas, cuando los hombres se apropiaron por completo la victoria. El planteamiento no es malo. Espero que no caiga en el lugar común de creer que algo es importante sólo porque lo hicieron mujeres. U hombres.
Entro a su página de Internety encuentro un texto suyo que se llama Una búsqueda del hombre eterno. En lugar de biografía. Dice mucho de la escritora detrás de los libros (la traducción de los fragmentos es mía):
«Busco notas, matices, detalles sobre la vida, porque lo que me interesa no es el evento como tal, no la guerra como tal, no Chernobyl como tal, no el suicidio como tal. Lo que me interesa es lo que pasa en el ser humano, lo que le pasa. Cómo se comporta y reacciona. Cuánto del hombre biológico está en él, cuánto del hombre de su tiempo, cuánto hombre del hombre».
«No sólo hago la historia marchita de eventos y hechos. Escribo una historia de los sentimientos humanos. Lo que la gente pensó, entendió y recordó durante determinado evento. En qué creía, de qué desconfiaba. Qué ilusiones, esperanzas y miedos sentía».
Me gusta lo que propone. Hablar de lo que pasa dentro de las personas le da carne a los hechos que de otro modo son fríos, distantes.
«Armo mis libros con base en miles de voces, destinos, fragmentos de nuestra vida y nuestro ser. Escribir cada uno me toma de tres a cuatro años. En cada caso converso con entre 500 y 700 personas. Mis crónicas abarcan varias generaciones».
Luego dice sobre su libroVoces de Chernobyl:«Nuestra medida del horror es la guerra. Nuestra conciencia no va más hondo que eso, se queda en el umbral. Lo que pasó en Chernobyl es mucho peor que los gulags y el Holocausto. […] Los eventos contados por una persona componen su vida, pero los eventos contados por muchas personas componen la historia». Me interesa el movimiento pendular entre una historia y la historia colectiva. Hay mucho que escarbar ahí.
Y sobre su libro de relatos El maravilloso venado de la búsqueda eterna apunta: «¿Qué puede el lector encontrar en este libro? Que todo se convierte en recuerdos. Que cada vida es interesante a su modo. Que sin la muerte no puedes entender la vida. Que el amor nos hunde en las profundidades de nuestro ser […] Que en el amor, la gente busca las mismas cosas que en la guerra y el crimen. Que cada uno de nosotros esconde tanto hombres como mujeres. […] Que la tecnología moderna no nos libera de la necesidad de amar, sentir y sufrir».
Por amar los libros y contagiar el gusto de leer, el escritor Eduardo Casar recibe el mayor reconocimiento que otorga la UNAM. Faltaba más.
No puedo estar más orgullosa de que mi geografía emocional esté pintada de azul y oro. Estudié Letras en la UNAM, la que además de regalarme amigos de las entretelas, la poesía de los Contemporáneos, unas soberbias clases de literatura medieval y mi deslumbramiento ante Madame Bovary, me dio maestros de a de veras. Uno de ellos se llama Eduardo Casar González.
En un salón de la Facultad de Filosofía y Letras, por ahí de 1994 Casar me llevó de la mano a hundirme en Rayuela, de Cortázar, y volver con la piel más sensible. Luego, a asomarme a las teorías del cuento, buscar darle el golpe a “Muerte sin fin” de Gorostiza, hacer amistad con la uruguaya Idea Vilariño. Después se volvió lector de mis poemas, perpetrados en las islas, entre clases. Fue tan irresponsable que me animó a seguir escribiendo y este año pagó las consecuencias: llegó con la amistad por delante a presentar mi libro de poesía Rabia de vida/ Rabia debida. Ese mismo Eduardo Casar, poeta, narrador y doctor en Letras, acaba de ser nombrado merecedor del mayor reconocimiento que la UNAM otorga a universitarios destacados: el Premio Universidad Nacional 2015 en el campo de Creación artística y extensión de la cultura.
Para no dejar sin decir el gusto que me da, subrayo que me emociona muchísimo que mi UNAM reconozca a uno de sus académicos más comprometidos con la docencia (Eduardo sigue dando clases en la FFyL) y también uno de los más necios promotores de lectura gozosa que han pisado este país. Porque Casar contagia su vicio de leer desde el disfrute, desde las tripas, sin mamonerías ni poses, y esa postura vital sin duda va entretejida en este espaldarazo a su trayectoria.
Celebro la noticia sonando todas las campanas al alcance y aprovechando la excusa para compartir este espléndido poema suyo, del libro Habitado por dioses personales. Digo, para seguir en esta cosa bonita del disfrute en este #MiércolesDePoesía.
Instructivar acciones
Perdóname que no
pueda besarte
pero es que vivo adentro
de tu boca.
Trágame,
para que ya circule adentro
de tu sangre.
Si al tragarme
te duele la garganta,
cierra los ojos y trágame:
dentro de ti me gusta
moverme hasta morirme.
Perdóname
nuestros ojos cerrados.
Eduardo Casar, “Instructivar acciones”, Habitado por dioses personales (INBA/Calamus).
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios sitio web de la revista SoHo).
La sed humana por las historias no ha cambiado. No creo que cambie. Así, me parece que las nuevas tecnologías han fortalecido la literatura. Si bien yo aún prefiero los libros de papel, muchos amigos derivan placer y practicidad de la lectura electrónica. Internet permite que novelas, cuentos y poemas lleguen donde no hay librerías, además de acercar gratuitamente acervos enteros a miles de ojos. Eso en cuanto a la literatura concebida de manera convencional y volcada en plataformas digitales, pero además están las obras creadas para el mundo 2.0: narraciones interactivas, poemas que son juegos de video, instalaciones sonoras, poesía multimedia, creaciones en línea, videopoemas. Se trata de manifestaciones que traducen nuevas realidades a nuevos lenguajes. Igual que la experiencia humana, la literatura va más allá de un marco y conviene seguirla.
Bueno, pues este jueves 8 y viernes 9 de octubre, la Sala Carlos Chávez de la UNAM recibe el Simposio internacional Máquinas de inminencia: estéticas de la literatura electrónica. Se trata de un evento abierto al público, organizado por académicos de la UNAM y autores interesados en contextualizar esta manifestación artística, en especial, la literatura electrónica escrita en español (ovación de pie). Los principales ejes del debate son sus posibilidades creativas y estéticas, sus contradicciones, su inserción en el marco de la literatura impresa. El simposio inaugura cuatro meses de actividades que incluyen, entre otras, un ciclo de exposiciones en múltiples sedes, intervenciones en varios museos, además de un ciclo de charlas. Entre los participantes internacionales del simposio están Serge Bouchardon, Eugenio Tisselli, Amaranth Borsuk y Belén Gache, mientras de México participan Susana González Aktories y Mónica Nepote, entre otros.
Estoy apoyando a los organizadores del evento, gente muy querida y respetada por mí, en la difusión del mismo. Aunque las exposiciones e intervenciones son gratuitas, el simposio tiene un costo de recuperación de 300 pesos. Sin embargo, tengo algunos boletos de cortesía para gente interesada en el tema. Si quieres asistir, por favor mándame un correo cuanto antes a juliasant@yahoo.com.
Bien entrenada en los rigores calendáricos, no tengo problema en asumir la sucesión de los días de lunes a viernes, de la Luna a Venus en cinco escalas. Sin embargo, mis siempre difíciles relaciones con el destino y mi natural predisposición a la necedad acariciaban siempre la esperanza de que luego de un finde espléndido siguieran unos días intermedios para, ya despuecito, aterrizar en lunes.
Bueno, pues mi proverbial subjetividad me acaba de llevar al estado zen. No me importa que hoy sea lunes, que sea todos los lunes en uno, el lunes a la n potencia, el lunesísimo. Esto se explica por la imperturbable razón de que ando muy de buenas. Traigo un grado dislocado de bienestar y estoy convencida de que la vida es una chingonería. O sea, hoy habito la sonrisa. Cómo la ven.
Sumida en la cuasicatatonia, me viene muy a la mano esta frase del imponderable Filósofo de Güemes. Como ando de buenas no puedo andar de malas. Vualá.
La entrañable Valeria Villa @valevillag propuso el tema de la Playlist de esta semana: Mi canción para alegrar días nublados. De inmediato le compré la idea porque, en efecto, friolenta como soy, los días grises y fríos me congelan el tuétano.
El tema que propongo es No estamos lokos, de Ketama, con su ritmo gitano que me pone muy de buenas, me hace bailar y si quizá no hace salir el sol, cuando menos sí logra que se me olvide. Más abajo están las canciones sugeridas a través de este blog, de mi Twitter @danioska y del Facebook/JuliaSantibáñez. En este caso hubo varios temas de los Beatles, mismos que en Spotify sólo aparecen en covers, de modo que al final pongo los enlaces a los respectivos videos en YouTube. Ustedes disculparán, pero no se me ocurrió otra manera de resolverlo. Y luego está una versión de I Can See Clearly Now que tampoco encontré en Spotify y hasta un poema de Verlaine, para musicalizar como cada quien guste. Servidos todos. Ahora sí, excelente #SábadoDeMúsica.
@RolonPicudo Africa, de Toto
@cherrera313 By The Time I Get To Phoenix, de Glen Campbell
Daniel Zavala California Dreamin’, de The Mamas and The Papas
@amadonegro Cantando en el baño, de Tin Tán y Marcelo
Jorge Luis Borgia Carousel, de Mr. Bungle
Shira Shaman Come By Me, de Harry Connick Jr.
@danielabr3 Dance Me To The End Of Love, de Leonard Cohen
Víctor Varela De música ligera, de Soda Stereo
Alejandro Viveros Escuela de calor, de Radio Futura
@ViramoSpiro Estoy aquí, de Rosario
Mariana Pineda Ginette, de Têtes Raides
@JPablo_Preciado Hello Again, de Neil Diamond
Xabier Novella I Can See Clearly Now, de Jimmy Cliff
@quico70 I Can See Clearly Now, de Johnny Wash
@LaMarimer I’m Still Standing, de Elton John
Pablo Ríos I Saw The Light, de Todd Rundgren
Federico de Jesús Sánchez Is This Love, de Bob Marley
Andrés Grillo Jai Ho (Slumdog Millionaire), de Mumbai Dolls
Marcela Sánchez Greene Japi, de Sasha, Benny y Erik
Claudia Sánchez La ingrata, de Café Tacuba
@AdrianoDeLucio Long Cool Woman (In a Black Dress), de The Hollies
@euniquegtz Love, de Diz and The Farm
@xcurlymonster Love Runs Out, de One Republic
@Trovadora 2303 Mainstream Kid, de Brandi Carlille
@Jorge2123 Molinos de viento, de El Mago de Oz
Gabriel González Rastaman-Dita, de Molotov
@el_messire Rocky, de The Lonely Island
bellaespíritu Sex Bomb, de Tom Jones
RamRock Sun Arise, de Alice Cooper
Gerardo Osegura Sun Is Shining, de Axwell Ingrosso
Myriam Hudson Sunrise, de Norah Jones
Javier Martínez Staines Sunshine Reggae, de Laid Back
@F4U_4 Sympathy For The Devil, de The Rolling Stones
Gabriella Morales-Casas That’s Life, de Frank Sinatra
@valevilla Verde más allá, de Jenny and The Mexicats
@mai_baudoin Yo viviré (I Will Survive), con Celia Cruz
Claudia Negrete Walking On Sunshine, de Katrina & The Waves
@angelazul69 We’re Not Gonna Take It, de Twisted Sister
YOUTUBE (Da click en el título de la canción para ir al video)
Para la Playlist colectiva de mañana, el tema es la canción con la que me alegro la vida en días nublados. Sí, exactamente como las mañanas frías y grises que estamos padeciendo en la Ciudad de México y que a muchos nos ponen el ánimo del mismo color. Para proponer tu tema-que-hace-salir-el-sol-aunque-sea-un-rato, añádelo en los comentarios y lo incorporo al #SábadoDeMúsica que compartiremos mañana por Spotify.
Mientras tanto, mis pies suplican a la vida que les regale un par de grados más en el termómetro. No consideran que sea una petición excesiva.
Foto: Onésipe Aguado, Mujer vista de espaldas, 1862. The Metropolitan Museum of Art
Esta imagen, tan como si nada, excita la imaginación. Provoca imágenes inconexas, que tratan de explicar el gesto. Quién es la mujer que espaldea al mundo, por qué no el rostro, a cuenta de qué el hombro descubierto, qué ese broche del collar, cómo el orgullo o la vergüenza, dónde los ojos, cuándo el presagio.
El escritor y editor mexicano Luigi Amara se plantó frente a esta foto y le hizo preguntas. Las probables respuestas, como un coro de monólogos, se convirtieron en el libro NU)N(CA, con el que ganó el Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía 2014. Cada poema es pleno en sí mismo, pero también integra el ensamble vocal que explora posibilidades y se pierde un rato en ellas. ¿Una geisha? ¿Una mulata? ¿Una viuda? Luego vuelve al centro, para recomenzar. NU)N(CA es un libro redondo, espléndido, una suerte de coro imaginativo e intemporal hecho de murmullos, de acentos. Lo acaba de publicar Sexto Piso y mañana se presenta a las 19:30h en Ayuntamiento 141, Centro, en el D.F. De él tomo este poema delicioso, que da tono al #MiércolesDePoesía.
Las historias, con su capacidad para desarrollar conexiones emocionales, se vuelven piedra angular del nuevo modelo comunicativo de la trasnacional. Varias cosas podemos aprender de su análisis.
“El Storytelling está en el corazón mismo de las familias, las comunidades y las culturas del mundo”. Eso no lo digo yo, sino The Coca-Cola Company, que algo sabe de comunicación. Estas palabras textuales son parte de la Estrategia 2020 de la empresa, expresadas en un video ameno (del tipo Draw My Life), narrado por Jonathan Mildenhall, vicepresidente de Estrategia de publicidad global y excelencia creativa de la compañía. Lo acabo de descubrir, aunque no es tan reciente, y me parece una enorme lección de Content Marketing en menos de 20 minutos. Aquí, los puntos que me parecen más destacados.
Tal como lo plantea Mildenhall, con miras al año 2020 la empresa dejó atrás el modelo de Excelencia creativa y asumió uno de Excelencia de contenido, el cual se basa en la idea de que las historias son la base de la conversación y la clave del engagement con la marca. El Storytelling, capaz de desarrollar conexiones emocionales profundas, se vuelve piedra angular del nuevo modelo comunicativo de la organización. Claro, si las historias toman el centro del modelo resulta necesario definir los requisitos que deben cumplir. Los dos que menciona explícitamente el video son:
Deben ser valiosas, el consumidor debe percibirlas como interesantes, importantes, útiles.
Deben aportar significado al consumidor, parecerle divertidas, geniales.
Algunos otros puntos que me parecen fundamentales de la propuesta basada en Storytelling son estos:
Se busca crear ideas tan contagiosas que no puedan ser controladas, que los consumidores las compartan por el mero gusto de hacerlo y sin poder evitarlo. Es decir, historias que generen conversación de manera natural.
Este contenido líquido, de piezas que son como moléculas interconectadas que se mueven entre sí pero se mantienen unidas, va siempre ligado a los objetivos del negocio, al ADN de sus marcas y a los intereses de los consumidores.
Una vez que la gente toma la conversación, la empresa reacciona a ella 365 días al año, respondiendo preguntas, opinando, sumándose.
El Storytelling ha pasado del modelo unidireccional al de las historias dinámicas, imbuidas de elementos de la marca y que se distribuyen a través de varios canales de conversación, para crear una experiencia de marca coordinada.
La organización reconoce que la creatividad no es prerrogativa de las empresas y que los nuevos tipos de colaboración le son indispensables. Por eso trabaja simultáneamente con varios modelos de creación de contenido: con talento creativo, con fans de la marca, con gamers y músicos, con una agencia tradicional.
La estrategia de Excelencia de contenido se basa en la creación pero también en la edición de las historias generadas, con el fin de evitar que se trate de mero ruido, “blah, blah, blah”.
El análisis de información, el Data Mining, tiene un papel relevantísimo, pues permite medir resultados y saber hacia dónde dirigir los esfuerzos.
Si tienes oportunidad, echa ojo al video. Además de muy ameno, permite asomarse a la forma de concebir una campaña global basada en contenidos. Aquí, el enlace al video.
(Originalmente publicado en el sitio web Sinapzis.com)
Hoy no es #LunesDeHumor porque el momento que vive México demanda sumar todas las voces, multiplicar la rabia para que no se olvide que #Faltan43 + muchos miles de víctimas de la violencia desmedida. Que, en concreto, a un año de distancia de la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero, sigue sin haber respuestas. Que mientras en este país la impunidad y la corrupción sigan siendo monedas de uso corriente no hay forma de encontrar la paz, de reconciliarnos con quienes somos.
Subrayo que no coincido con algunos puntos del discurso mayoritario sobre Ayotzinapa, como el dejar fuera la crítica contra el crimen organizado y la exigencia de que se juzgue a los cárteles de la droga corresponsables de la barbarie que tiene postrado al país. Con todo, me sumo totalmente a la exigencia de justicia y de transparencia en este caso que, todo indica, fue una masacre orquestada desde el estado.
Porque siguen faltando 43 + varios miles y eso no hay forma de tolerarlo. Ni olvidarlo.
«Nos decimos mejor con palabras de otros». Me lo comentó hace meses, como de pasada, el poeta y narrador Fabio Morábito. Se me quedó muy grabado, por certero. En este caso, la Playlist colectiva se arma en torno a esa idea, es decir, el pretexto es «La canción que mataría por haber escrito» porque me dice mejor que nada, que nadie.
La mía es «Remolino», de cubano Francisco Céspedes. Me gusta todita, música y voz, pero sobre todo la letra, con esos versos que he suscrito más de una vez, desde las tripas: «Es como una maldición este tiempo sin tu amor, cómo te extraño… Tu amor es el perfume que trajo el viento. Si te vas a marchar, llévate antes mi cuerpo». Más abajo están las propuestas a través de este blog, de mi Twitter @danioska y del Facebook/ JuliaSantibáñez. En los casos en los que me dieron (o supe) el nombre del compositor, lo añadí. Disculpas en los casos en donde no lo menciono.
Si quieres añadir tu canción, sólo escríbela en los comentarios. Ahora sí, buen #SábadoDeMúsica.
Da click aquí abajo para oír «Remolino»
@EJCastroviejo A Change Is Gonna Come, de Sam Cooke
Camarero A la orilla de la chimenea, de Joaquín Sabina
Federico de Jesús Sánchez Aire soy, de Miguel Bosé
Irán Durán Algo contigo, de Chico Navarro, con Rosario
José de Jesús Montoya Pérez Amada mía, de José Luis Perales
@SANTIFRAY Bésame mucho, de Consuelo Velázquez, con Andrea Bocelli
Javier Martínez Staines Blood Of Eden, de Peter Gabriel
Carlos Altamirano Celeste, de la ópera Aída, de Giuseppe Verdi, con Luciano Pavarotti
Carolina Enríquez Caruso, de Lucio Dalla
@enguilo_eee Come Pick Me Up, de Ryan Adams
Leo Agusto Cómo te voy a olvidar, de Los Ángeles Azules
Myriam Hudson Cuento con tu risa, de Cómplices con Rossana
Luis Neumann Contigo aprendí, de Armando Manzanero
@danywino Creep, de Radiohead
Ramrock Darkness, de Van Der Graff Generator
Alma Delia Murillo y Adriano De Lucio Deja que salga la luna, de José Alfredo Jiménez
Shira Shaman El aire que te rodea, de José María Vitier, con Martirio
Israel Spriu El breve espacio en que no estás, de Pablo Milanés
@jorgebird Encadenados, de Lucho Gatica
@ViramoSpiro Estranha forma de vida, de Amália Rodrigues
@PolaThrace Far From Me, de Nick Cave
Marcela Sánchez Greene Fly Me To The Moon, con Frank Sinatra
Cristina Liceaga Futura, de Anna Oxa
Alejandro Sandoval Garota de Ipanema, de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim
Maru Moreno Glitter In The Air, de Pink
Chanoruiz Guárdame, de Javier Ruibal
@cherrera313 Hello In There, de John Prine
@carloscarranzap Hit The Road, Jack, de Ray Charles
Paul Canzino I Will Never Be Untrue, de The Doors
Carlos Bravo Regidor Idilio, de Willie Colón
Rafael Carballo In Your Eyes, de Peter Gabriel
Paulina Santibáñez Invisible, Luis Eduardo Aute
Claudia Sánchez Jar Of Hearts, de Christina Perri
XabierNovella Kathy’s Song, de Art Garfunkel
@Trovadora2303 La despedida, de Fito Páez
Daniel Zavala La familia, la propiedad privada y el amor, de Silvio Rodríguez
Anavi Taché La Llorona, de Chavela Vargas
@antonioliho La paloma, poema de Rafael Alberti, musicalizado por Joan Manuel Serrat
@LaLore04 La puerta de Alcalá, de Ana Belén y Víctor Manuel
Dulce Villaseñor Lady Midnight, de Leonard Cohen
Gerardo Oseguera La vita mia, de Amedeo Minghi
Dania Castañón Santibáñez Man In The Mirror, de Michael Jackson
Arturo Barrón Mi agüita amarilla, de Los Toreros Muertos
@_EduardoMoreno Milonga paraguaya, de Jorge Drexler
Sandra Lucario Mojándolo todo, de Luis Eduardo Aute
Norma Gabriela Sánchez Gómez My Way, interpretada por Elvis Presley
@grillopez Naturaleza muerta, de Mecano
Mariana Pineda Oh, qué sera, de Willie Colón
Inés López de Arriaga y @many_maniaco Ojalá, de Silvio Rodríguez
BellaEspíritu Óleo de mujer con sombrero, de Silvio Rodríguez
Gi Peter Pan, de Diam’s
@mai_baudouin Piensa en mí, de Agustín Lara, con Luz Casal
@CeciliaMuTo Por ti, de Óscar Chávez
Arturo Erremental Round Here, de Counting Crows
Raquel Villanueva Se enamoró de un río, de Pedro Guerra
Franklin Farell Suzanne, de Leonard Cohen
Emiliano Mares The Impossible Dream, de Andy Williams
Pablo Ríos Yanes The Long and Winding Road, de Paul McCartney & The Wings
@fcoliveros13 The Pusher, de Steppenwolf
Chus Too Much Heart, de Willy DeVille
@elalexos Wonderful Tonight, de Eric Clapton
Andrea Quintero You’ve Got A Friend, de Carole King
¿Cuál es esa canción que dice exactamente tus palabras, la que tenían que haberte dado chance de escribir, pero alguien te ganó?
Mañana es #SábadoDeMúsica y el tema de la Playlist colectiva es «La canción que mataría por haber escrito». Porque sí, todo el mundo tiene una que le queda como guante.
Anda, suéltate el pelo y siéntete escribidor(a) de canciones por un día. Imagínate que te sentaste al piano o tomaste la guitarra para vaciarte en sonidos, en palabras. Imagínate que por esta vez no hubo demasiado trabajo involucrado, que no tuviste que sudar para lograrlo, sino que de un jalón quedó. Redonda. Perfecta en letra y música. Vota por tu propuesta aquí abajo, en los comentarios, para incluirla en la Playlist que compartiremos mañana.
Me la topo por accidente (¿hay algo que no lo sea?). Me atrae su elegancia esdrújula, el cuello largo, las facciones finas. Busco qué significa y me parece más guapa: «supérstite. adj. Que sobrevive» (DRAE). Se usa en derecho para referirse al cónyuge viudo. No me interesa la acepción jurídica, sino la que alude a la supervivencia de amor, porque sí, a veces en el amor también se sobrevive apenas. A penas.
Añado la palabrita al Diccionario Daniosko de la Lengua: «supérstite adj. Que aguanta la respiración bajo el agua y llega a la otra orilla, aunque luego se dé cuenta de que no valía la pena, que era mejor morir a mitad del río caudaloso».
Hoy tenemos invitado de lujo. Master Leonard acaba de cumplir 81 años. Master Leonard Cohen, el poeta y cantor que da cuerpo de palabras a las abolladuras del corazón, los entusiasmos, las contradicciones del juego. Master Leonard, autor de 12 libros de poesía y dos novelas. Master Leonard, el mismo que hablando del proceso de escritura dijo esto, que aplica impecablemente para el amor: «Antes de que pueda desechar un verso tengo primero que escribirlo… No puedo desechar un verso antes de escribirlo, porque es justo la escritura del verso la que produce el goce o el interés o las facetas que van a captar la luz. Es necesario terminar de cortar la gema para ver si brilla o no«. O sea, no puedes saber si una experiencia vale la pena o no, a menos de que te tires de cabeza y te pierdas un rato en ella. Y lo conecto con aquella frase que subí hace poco, de Irvin Yalom: «Vivir de manera segura es peligroso».
Bueno, pues ese lúcido Master Leonard escribió hace años «I’m Your Man», declaración de amor musicalizada que me devuelve la fe en el ídem, por fina y no exenta de humor. La recupero en este #MiércolesDePoesía, como mínimo homenaje al Master. Al Gran Cohen. Y a los amores que hay que vivir para saber si brillan.
If you want a lover
I’ll do anything you ask me to
And if you want another kind of love
I’ll wear a mask for you.
If you want a partner
Take my hand
Or if you want to strike me down in anger
Here I stand
I’m your man.
If you want a boxer
I will step into the ring for you
And if you want a doctor
I’ll examine every inch of you.
If you want a driver
Climb inside
Or if you want to take me for a ride
You know you can
I’m your man.
El glande de España es un profeta de las buenas nuevas. O un samaritano de las buenas, aunque no sean nuevas. Aquí, su última misión evangelizadora.
Los cacareados 25 centímetros de su pene (no me constan, ay), lo llevaron a predicar a través del cine porno español, a rodar unas 3,000 cintas eucarísticas de todos los colores de rojo. Tras casarse en 2005 con la también actriz porno Franceska Jaimes, Vidal se retiró del cine, pero él y sus huestes han seguido activos.
Ahora vuelve al apostolado con este espléndido video de menos de dos minutos, una voz en el desierto que proclama mensaje de esperanza: “[…] Evolucionemos, amemos, follemos. Cambiemos los misiles por consoladores, las armas de destrucción masiva por orgías multitudinarias. Dejemos de invadir países y comencemos a conquistar culos […] Follemos y follemos […] Dejemos de escandalizarnos al ver nuestros cuerpos desnudos, mientras aceptamos ver cuerpos mutilados […] Dejemos de tragar mentiras y comer basura y pasemos a tragar pollas y a comer coños chorreantes. Hagámoslo desde ya, con urgencia, sin excusas. Porque sólo cuando cada polla y cada coño de este planeta sean respetados merecerá la pena vivir en él».
El video, que promociona el Salón Erótico de Barcelona (próximo octubre), presenta orgías, sexo heterosexual y homosexual, personas mayores, parejas improbables, es decir, la bendita diversidad que asusta a fariseos e infieles, que tienen la mente llena de demonios.
Hermanos, que el mensaje de poder no vuelva vacío. Que cumpla el cometido de encender el fuego divino.