Lo dice el siempre sereno Breuer, célebre médico vienés y amigo de Nietzsche. Añade: «Ella significa peligro. Antes de conocerla, yo vivía de acuerdo con las normas. Hoy coqueteo con los límites de las normas. […] Pienso en hacer estallar mi vida, en sacrificar mi carrera, en ser adúltero, en perder a mi familia, en emigrar, en empezar una nueva vida con Bertha». Son fragmentos de la novela El día que Nietzsche lloró, de Irvin D. Yalom (Emecé), que releo en estos días y me vuelve a impresionar por la hondura con la que pinta la contradicción humana. Dicho en buen español, retrata los pinches locos que somos algunos para quienes, a veces, el riesgo resulta un imán. Será porque nos recuerda que estamos vivos. Y eso deja regusto a hierbabuena en la boca.
PD Mañana es #SábadoDeMúsica. Esta vez, el tema será «Mi canción favorita lanzada el último año». Si quieres participar, escribe tu propuesta aquí abajo, en los comentarios, para que la añada. Salud para el viernes.
Contar historias que apelen a las emociones es un camino poderoso para lograr empatía y recordación. Estas tres marcas lo saben.
Por azar me encuentro este anuncio de una tienda de decoración: “En Decorambientes” no vendemos sillones ni tapetes ni comedores. Te ayudamos a elegir en qué sillón te quieres sentar con tu pareja a tomar una copa. Te proponemos el tapete mullido que querrás pisar al pararte de la cama. Te damos a escoger el comedor en el que sentarás a tus amigos en tu siguiente cumpleaños”. Ok, eso fue inventado. Construí el anuncio, no existe, pero estoy segura de que si lo viera u oyera atraparía mi atención. Y, muy probablemente, cuando necesitara algo para mi casa esa tienda sería mi opción preferente de visita. ¿Por qué? Porque entiende lo que me importa, porque me hizo verme en esas situaciones, sentir algo, contarme una mínima historia.
El Content Marketing trata justo de eso: de producir contenidos que generen empatía, muevan las emociones en relación con una marca. Y es que los seres humanos estamos hechos para reaccionar ante las historias y los sentimientos, lo que suele traducirse en recordación de marca. “La mejor publicidad es la que no parece publicidad”, dijo (y dijo bien) Tom Fishburne, fundador y CEO de Markettonist. Y coincido.
Aquí van tres ejemplos de anuncios reales que a través de Storytelling inteligente presentan el lado más atractivo de sus marcas:
1.TE RESOLVEMOS ESTO Y ESTO Y ESTO
Si el fin es anunciar una tarjeta de crédito, el camino más obvio (y ridículamente fallido) sería comunicar: “Contrata nuestros servicios porque además de tener la mejor tarjeta, podrás contar con que te ayudaremos a resolver cualquier problema que puedas tener, personal o de trabajo, en casa o en el extranjero”. Nadie recordaría una publicidad así. En cambio, este anuncio argentino de 41 segundos de American Express atrapa con este mensaje, poderoso en fondo y precioso en forma: “Día y noche estamos para lo que necesites. Ayudamos con aniversarios olvidados. Conseguimos hoteles para viajeros cansados […] Conseguimos en el extranjero doctores que hablan español. Encontramos vestidos de novia perdidos”. Todo el mundo en ese target entiende lo fantástico de que alguien te consiga hotel cuando llegas cansado a otro país, lo deseable que resulta que alguien te resuelva ese tipo de problemas. Al conectar con la emoción, el anuncio no se olvida fácilmente.
2. TOMA CHOCOLATE Y SÚBETE A LA TABLA
La marca española de chocolate Colacao encontró esta manera inteligente de promocionarse: a través de la historia de un surfista de 10 años, genial y audaz. Es decir, en lugar de ensalzar las virtudes del producto, cosa que a nadie emocionaría, se centra en un contenido humano que tiene de fondo los valores de la marca: diversión, vida sana, intensidad. Los niños que vieron el anuncio sin duda quisieron parecerse a ese chico aventado, fresco. Todo fue cuestión de encontrar una historia que contar.
NO UN VIAJE, LA EXPERIENCIA DE UNA PERSONA Algunos destinos piensan que la mejor manera de ganar turistas es centrándose en hablar de lo que son, los atractivos que poseen, lo maravilloso de su oferta, pero esta australiana de 23 años sabe que lo que realmente engancha es la experiencia humana. De modo que desde 2014 ensu sitio, su Facebook y su Instagram sube contenidos que hablan de lo que ella vive en cada lugar que visita alrededor del mundo, financiada por distintos patrocinadores. Se llama Brooke Saward y es la mente detrás de la marca WorldWanderLust, que en Instagram, por ejemplo, tiene 275 mil seguidores que disfrutan sus imágenes, porque cada una tiene una narrativa visual y textual. Aquí arriba puse algunos ejemplos de fotos y cada una se acompaña de textos como “Encontremos un lugar hermoso donde podamos perdernos”; “Los domingos son para viajar en auto de regreso a casa”; “’Sueña como si fueras a vivir por siempre; vive como si fueras a morir hoy’”- James Dean”. Es decir, no habla en frío del destino, sino lo arropa con su propia voz y así lo hace cercano.
En fin, que si buscas generar una conexión emocional con tu cliente potencial, quizá el primer paso sea hablarle de lo que a él o ella le importa, contarle una historia que lo enganche. Una vez lograda la empatía y la recordación podrás construir una relación sólida.
Hoy, un poema de Xavier Villaurrutia se convierte en bandera de noches de insomnio.
Muchas veces, el arco que va del coqueteo al éxtasis suicida incluye un rosario de recelos, de pálpitos, de inseguridades, de soponcios. Eso lo dijo como nadie Xavier Villaurrutia (1903-1950), uno de los máximos autores en lengua hispana. Su portentoso «Deseo» puede ser bandera en más de una noche de insomnio de quien deletrea su amor «por la angustia y por la duda». Y aún así no puede evitarlo.
Para acompañar el poema van dos regalos sensoriales: 1. La impecable imagen que ilustra esta entrada es un guiño al poeta, quien la hubiera disfrutado tanto como yo. 2. Dejo por aquí el mismo poema de Villaurrutia en la musicalización de Jaime López, cantada por Maru Enríquez y con una intervención de Jaime. Me encanta ese lamento hondo que se lleva al carajo el verso final, como corresponde. Ahora sí, buen #MiércolesDePoesía.
Da click en el enlace para oír la canción
Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.
Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.
Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.
Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.
Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.
Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.
Y, más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.
-Xavier Villaurrutia, «Deseo», Canto a la primavera y otros poemas, en Nostalgia de la muerte. Poemas y teatro, FCE/ SEP.
Cartón de Tim Cordell, tomado de la página de Facebook/Buddhist Humor
«Un día todo esto será tuyo, hijo». Este cartón me ha hecho reír de verdad. Como se sabe, el budismo pugna por el desapego, por vencer el sentido de posesión hacia todo aquello que amamos y cuya pérdida nos duele. Por eso, lo mejor que un budista puede dejar en herencia a su hijo es, exacto, nada.
El inglés no juega en esta cancha, por abusivo. Es decir, si la Playlist hubiese sido «tu canción en un idioma que no sea español», yo no lo sé de cierto, pero supongo que la mayoría de las respuestas serían temas en inglés. Así que lo dejé fuera por hoy: la idea era explorar preferencias musicales en otras lenguas. Y el experimento me gustó. Previsiblemente dominan canciones en francés, portugués, italiano y catalán, lenguas cercanas al español, pero también figuran griego, turco, hebreo, japonés, coreano y bosnio (creo). Por qué no.
Aquí abajo está mi preferida: Ne me quitte pas, en la soberbia interpretación de Jacques Brel. La letra me encanta por arrastrada, por excesiva. La música es hermosa y este video con un Brel sudoroso, llorón, es como para matarlo. Me encanta. Más abajo están las propuestas a través de mi Twitter: @danioska y mi Facebook: Julia Santibáñez. Si anotas tu canción en los comentarios la añado a la Playlist. Buen sábado internacional. De World Music, vaya.
“La gente quiere historias, se muere por ellas. Nos piden buenas historias. Si las entregamos van a hablar de ellas, atragantarse de ellas, llevarlas consigo al salón de belleza, convencer a sus amigos de que las conozcan, las van a tuitear, subir a FB, poner en blogs. Una buena historia logra un involucramiento y una intimidad que una película exitosa no puede ni soñar. Lo único que tenemos que hacer es darlas a la gente”.
Eso dijo Frank Underwood en el cierre del encuentro más reciente del congreso Content Marketing World. Ok, no fue precisamente Underwood, sino Kevin Spacey, quien lo interpreta en la multipremiada House Of Cards de Netflix (Da click aquí para ir al video). Me parece interesante que Joe Pulizzi, creador del Content Marketing Institute con sede en Ohio y organizador del evento, invitara a Spacey a dar la conferencia final. ¿Qué tiene que hacer un actor hablándole a marketeros? Mucho, si tomamos en cuenta que tanto Netflix como el Marketing tienen la atención puesta en crear contenidos, curarlos y compartirlos, en construir historias poderosas que ayuden a mejorar la presencia en buscadores, atraigan y retengan a los consumidores y logren un verdadero engagement con ellos. Aquí, cinco fortalezas básicas del Content Marketing que resulta necesario entender para desarrollar una estrategia eficaz:
Construye relaciones sólidas y duraderas con las audiencias, al proveerles información útil. A diferencia de la publicidad, el contenido atrapa la atención del usuario porque es relevante para él/ella, le hace apreciar la marca, confiar en ella y, en última instancia, tener una mayor intención de compra hacia sus productos que hacia los de la competencia (+4.6% según un estudio reciente de publicar Contently.Da click aquí para ir al estudio).
Toca las fibras emocionales de los consumidores, conecta con ellos en los temas que les motivan y preocupan. Para ello, conoce bien a su público, quién es, qué le interesa, cómo toma decisiones de compra. Al apelar a las emociones y no sólo al intelecto, logra una mayor interacción y recordación de marca.
Suele tener larga vida y ser reutilizable en varias plataformas, con adecuaciones. Sin embargo, uno de los grandes retos que implica es que nueva información debe generarse de manera frecuente, constante y planificada, para conservar el interés de la audiencia.
Se consume voluntariamente. A diferencia de un anuncio, el Content Marketing no es invasivo ni interrumpe, no obliga al usuario a atender. Al contrario, le resulta relevante e interesante y, por tanto, accede a él por voluntad propia. Cumple con lo dicho por Craig Davis, CEO de la agencia Walter Thompson: “Necesitamos dejar de interrumpir lo que le interesa a la gente para convertirnos en lo que le interesa a la gente”.
Es medible. No se trata de disparos al aire, tiene resultados que pueden contabilizarse, entre los cuales están generar tráfico al sitio de la marca, mejorar el posicionamiento SEO y el tiempo de permanencia en el sitio, generar suscripciones, descargas, shares, comments y, finalmente, llevar a la acción.
Hoy, a las 8:30 pm, estaré en la Librería Rosario Castellanos de la Condesa (Tamaulipas 202, esq. Benjamín Hill) firmando mi libro de poesía Rabia de vida y hablando de él, en el marco de las actividades de la Venta Nocturna del Fondo. Todos están más que invitados. Me acompañará una botarga del inefable Doctor Simi, habrá payasos y globos (sí, ¡de esos!), además de graaaandes descuentos en toda la librería. Avisados están.
Algo así como la Angelina Jolie de la literatura, este subgénero libertino no tiene honor. Pero qué bien te la pasas cuando te monta.
Es lasciva y subversiva. A veces abusiva, te coge por sorpresa. Apenas se asoma un par de renglones y es plenamente alguien. La mirada oblicua. La sonrisa que desarma. Cuando te das cuenta, ya te dijo lo que quería, te manoseó, te cogió. No tiene honor ni palabra de ídem. Tercera indomable, es hija a partes iguales del cuento y del poema, por eso posee tanto la fuerza narrativa de la prosa como la musicalidad de la poesía. El microrrelato me encanta por criatura híbrida, concupiscente, tan semejante a la Jolie hermafrodita.
Mi querida amiga Paola Tinoco (@paolatinoco) echó mano de su sensibilidad literaria, que no es poca, y reunió a diez narradores de ficción breve en una rica compilación (¿podía ser de otra manera?). La acabo de terminar de leer y me dejó una sonrisa casi postcoital. Se llama Mexicanos en una nuez. Antología de microrrelato y la publicó en 2014 Hormiga Iracunda, editorial que se ha especializado en ficción breve (hace tiempo comenté aquí El viajero del tiempo, de Alberto Chimal, en la misma colección). El librito incluye lo mismo a narradores consagrados como Chimal, Jorge F. Hernández, Ana Clavel, Élmer Mendoza y Rogelio Guedea, que a plumas nuevas en el libertinaje microrrelatesco (Erika Mergruen, José Luis Zárate, Bibiana Camacho, Luisa Reyes y Ashauri López). Aquí van tres probaditas de su seducción ingobernable, junto con las cuentas de Twitter de los autores. Larga vida al hermafroditismo narrativo. Y sí, también al de la Jolie.
Erika Mergruen, «Hansel» @mergruen
Nada es para siempre, ni siquiera los kilos de confites, almidones, chocolates y betunes de la otrora casita en el bosque. Pero ya no importaba saberlo, porque la oportunidad de conservar aquel lugar icónico para organizar visitas guiadas se había derretido una bola de helado bajo el Sol. Aunque tampoco hubiera servido no comerse las paredes, los pisos y los muebles del lugar: el mantenimiento hubiera resultado imposible. Qué estúpidos fuimos, pensó Hansel, debimos exigirle las recetas a la bruja antes arrojarla al fogón.
Ashauri López, “I.” @Ashauri El general ordenó abrir fuego en contra de los inconformes con el nuevo régimen. Todos los militares comenzaron a dispararse entre ellos.
Jorge F. Hernández, “La custodia” @FjorgeFHdz
Dicen que todas las noches la bibliotecaria cierra Moby Dick para que no se moje la alfombra; guarda el Quijote para que no deambule Don Alonso; pone en su caja las Cartas de Cortés y el mamotreto de Bernal Díaz del Castillo para que cesen los gritos; recoge las gafas de cualquier Quevedo; revisa que el Dante esté apagado, cierra todas las puertas del Madame Bovary e impregna de insecticida La metamorfosis de Kafka.
Ser nieto de Juan José Arreola no es poca cosa. Es tener los genes y convivir cotidianamente con un militante de la palabra, un hombre de fe en ella. Y en las palabras, que no es lo mismo. En la palabra cronométrica, el adjetivo cabal, el verbo redondo, y en las palabras de a diario, las que sirven para decir sapo, ajedrez, trenes, París, lago. Bueno, pues Alonso Arreola es nieto del escritor mexicano Juan José Arreola (1918-2001). Además (¿en consecuencia?) ama la música que brilla entre letras y pentagramas. Escribajista, como se llama a sí mismo. Y asimismo hablando de su abuelo que escribiendo o haciendo música, Alonso es una gozadera total. Bueno, pues en torno a Juan José se reunieron anoche en El Lunario Alonso Arreola y Alejandro Rosas, escritor e historiador para más señas y, para menos, un tipo brillante y con una capacidad de ovación para compartir la historia como se debe: conla h de historias, amena, hecha por gente. Rica, pues. La conversación la moderó Mariana H., entrevistadora y conductora sobrada de lucidez.
Platicaron del Arreola íntimo, de Juanito, el recitador, que no pudo estudiar por la Guerra Cristera, pero a cambio cantaba poemas en su Zapotlán, Jalisco. Del despistado que se perdía en la calle y podía meterse a un coche ajeno. El que conversaba con Borges sobre la memoria. El que no sabía estarse quieto. El de memoria prodigiosa, como un prodigioso miligramo. El amigo de José Emilio Pacheco. Además de platicar de él, lo leyeron y lo aderezaron con los acordes bravos de Alonso, al bajo. Mi querido Eduardo Limón y yo disfrutamos la noche en mayúsculas, junto con las otras 60 personas que asistieron al desmadrito literario organizado por Tercera de Forros. De modo que hoy, resabios etílicos aparte, con el aire cargado de Juan José releo y recomparto estas magistrales «Cláusulas», incluidas en su Bestiario. Que alguien me diga que no son poemas en prosa, prosa poética, poesía prosaica, prosa porosa. Con esto, tengan todos un buen #MiércolesDePoesía.
I
Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene.
II Cada vez que el hombre y la mujer tratan de reconstruir el Arquetipo, componen un ser monstruoso: la pareja.
III
Soy un Adán que sueña en el paraíso, pero siempre despierto con las costillas intactas.
IV
Boletín de última hora: En la lucha con el ángel, he perdido por indecisión.
V
Toda belleza es formal.
-Juan José Arreola, «Cláusulas», Bestiario (Booket)
En escena: Alonso, Mariana, Alejandro. En el aire, Juan José.
Para empezar la semana, va este cartón que me dedicó mi amigo, el argentino Tute, sabedor de que a mí eso de los «para siempres» generalmente no se me da. Es más, tampoco se me da particularmente: o me das toda tu vida, desde el día del nacimiento, o nada. Por eso, mejor vámonos relajando…
A veces, el juicio implacable de nuestro inquisidor interno, el dedo flamígero del Torquemada que a todos nos habita subraya que esa canción que nos gusta no está bien. Que no es decente, vaya. Y, sin embargo, nos gusta. Nada que hacer más que sacar el látigo y flagelarnos a gusto mientras la bailamos o tarareamos. La Playlist colectiva de hoy es, justo, de esas canciones que hacen que nos sangren los oídos, pero de las que no abjuramos porque están en nuestro ADN. Ésta es la mía: Mi credo, de K-Paz de la Sierra. Podría decir algunas cosas en su descargo pero no intentaré justificarme: es tan mala que es buena, con ese «eres mi credo, pedazo de cielo, abrázame fuerte, mi trébol de buena suerte». Abajo están las propuestas a través de mi Twitter @danioska y mi Facebook/JuliaSantibáñez. Da click en cada una para ver el video respectivo. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios y la incluyo. Qué sería de este mundo sin las culpas, carajo.
Y ahí sigo, en la edición y recontraedición del libro que tengo metido entre los ojos. En un afán de exactitud debería decir «tengo neciamente metido entre los ojos», porque desde hace meses no hay día en que no lo piense, lo revise, lo trabaje, lo acaricie, lo odie. Y vuelta a empezar. Pero parto de la convicción de que sí, como Kerouac, un día he de encontrar esas palabras precisas.
Aquí, una de las mejores definiciones que conozco sobre ese caos que se llama amor. Y otras más.
Hay libros a los que me conviene regresar de vez en cuando. O de vez en siempre. Uno de ellos es el Diccionario del caos, de Fernando Rivera Calderón (Taurus). Y digo que conviene regresar porque me aclara la mente o, al menos, me la recrea. Diseñado por Alejandro Magallanes, es un compendio de definiciones arbitrarias y chispazos de genio del músico, conductor de El Weso y escritor. Ahora que una amiga se divorcia, otra tiene conflictos con su vida poliamorosa y el tercero se corta las venas porque la imbécil se fue con un imbécil, ahora que yo misma no sé cómo descifrar el intríngulis de un “me muerdo de amor”, me vienen muy a la mano algunas de sus definiciones sobre el sexo y la querencia. Me basta leerlas para luego luego sentir que entiendo un poco más. O que cuando menos me río con sarcasmo. Aquí abajo, diez probadas (albur involuntario aparte) de esa joya de libro:
1. Corazón: Órgano objeto de múltiples calumnias.
2. Amor: Emoción cuyo centro está en tu corazón y su circunferencia, en todas partes.
3. Deseo: Entidad que gobierna el mundo y de la que somos esclavos.
4. Nalgas: Parte del cuerpo diseñada para otras manos.
5. Placer: Ese poquito por el que vale la pena todo.
6. Próstata: Glándula rústica que en ocasiones te mata, o por lo menos trata.
7. Amor: Eso que yo siento por ti y tú sientes por él.
8. Matrimonio: Ritual que empieza y termina con el mismo amor, la misma pasión, y diferente persona.
9. Odio: Fase terminal de un gran amor.
10. Prostitución: Oficio en el que, en vez de netas, se tiran proxenetas.
Y si luego de bucear sus profundidades (las del libro, no las de Fernando) apremian las ganas de ahondar más en el algo de amor y harto desamor, va un anuncio: hoy a las 9:30 p.m. se presenta en concierto en El Vicio de Las Reinas Chulas: Madrid 13, Coyoacán, 56 59 11 39. El espectáculo se llama Fernando Rivera Calderón y sus ex esposas y en él expondrá su verdad inamovible: “no hay relación más duradera que la que se tiene con una ex esposa”.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sito we de SoHo).
Uno intenta sobrevivir y «recuperar la cara que pone», dice en estos versos María Lara, colombiana ganadora de la más reciente edición del Premio Loewe de Poesía.
«Donde podía haber un poema de amor, ya al comienzo del libro, encontramos restos de fuego, vacío, ceniza y todos los vaciados, los negativos que el lenguaje ofrece para dar cabida al hueco, para rodearlo y expresarlo como tal». Así presenta Ida Vitale a María Gómez Lara (Bogotá, 1989), poeta ganadora de la más reciente edición del Premio Loewe a la Creación Joven. Da click aquí para leer la entrada «Poema útil si sabes lo jodido que es amar a alquien». Este año hubo 845 concursantes de 32 países: el reconocimiento al autor menor de 30 años lo recibió María, mientras el chileno Óscar Hahn (1938) se llevó el XXVII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, marca que apuesta por los versos, es decir, «lo que no es moda, ni pasa de moda». Gran idea, que una marca de consumo abra su abanico y abrace la poesía: sale del ámbito meramente comercial y adquiere sustancia, reconocimiento. Da click aquí para leer la nota completa del Premio. Una vez más, el Marketing busca contenidos en el ámbito de las artes y se nutre bien de ellos.
Como siempre estoy a la caza de nuevas voces poéticas, ahora que fui a Colombia compré el libro de María, Contratono, publicado por Visor de Poesía y la Fundación Loewe. He leído varios textos y me quedo con éste: se titula «Mañana». Es el retrato implacable del fin de un amor, de cómo uno no se reconoce cuando estalla en astillas la coherencia que ha conocido cuando estaba con ese otro. Y cómo espera sobrevivir, encontrar de nuevo el Norte. Me encanta, porque aunque no estoy ahí, he estado y doy fe de que es tal cual. Buen #MiércolesDePoesía.
«Mañana»
tendrás tiempo de recuperar la cara que te pones
recogerás del suelo los gestos cordiales buenos días muchas gracias
si fueras tan amable de pasar la sal
y los irás acomodando donde siempre
por favor con mucho gusto déjame ayudarte está pesado hoy los olvidas
sin para dónde correr cargas contigo con tu sombra
se te doblan las rodillas
la espalda se te tuerce
se te escapan las palabras
y es mejor callar cerrar la puerta
ya mañana
aprenderás de nuevo a hablar
tartamudeando primero luego sílabas frases
buenos días muchas gracias qué tal noche
y otra vez
te irás moldeando las facciones con las manos
caminarás casi gateando si fueras tan amable no te apures
lo irás sobreviviendo
hoy puedes ovillarte acurrucarte
hablar sola con él que ya mañana
Estas cinco cosas te van a sonar solamente si has visitado ese país delicioso.
Acabo de estar en Bogotá, la ciudad a cuya «llovizna inclemente » se refirió García Márquez y que hoy es una urbe vital, intensa, llena de cultura, de arte y moda. Y de colombianos(as), claro, que son su mayor atractivo. Aquí, cinco cosas que únicamente puedes entender si has estado ahí.
Necesitas replantearte las fórmulas de cortesía. El asunto es que mientras en México usamos el usted como un pronombre de distancia y respeto, allá es justo lo contrario: implica cercanía, afecto, complicidad, de modo que los mejores amigos y los novios se tratan de usted. Cosa más linda.
2. Pagar 100 mil pesos por una comida no es tan grave. El tipo de cambio del peso colombiano es muy desventajoso frente al dólar, de modo que si sacas tu teléfono iPhone y haces la conversión, resulta que esa cantidad estratosférica en realidad corresponde a 33 dólares, más o menos.
3. «Llover todo el día» puede ser, sí, algo literal. Amanece gris y llueve. Sale el sol. A la una de la tarde llovizna. El sol ya no sale pero la calle se empieza a secar. A las seis llueve de nuevo, por qué no. Y, con suerte, en la noche vuelta a empezar. La primera vez que vine a Colombia le pregunté a un taxista por el clima y lo describió puntualmente: «No se me preocupe. Aquí llueve dos o tres veces… al día».
4. Sus modismos son geniales, pero a veces no entiendes nada. No cuesta ningún trabajo descifrar «ella tiene suin (swing)», «le traigo los fríjoles» o «se me hizo tarde porque me embrollé«. Pero qué tal cuando alguien dice «¡qué vaina!»,«eso es una verraquera/ me parece bacano» o «amanecí con un tremendo guayabo y tengo que trastear». Respectivamente quieren decir: ¡qué lata!, eso es genial/ buenísimo, amanecí con cruda y tengo que hacer la mudanza.
5. El emblemático Andrés Carne de Res, en Chía, es indefinible. Es un restaurante… bueno, pero tiene pista de baile… y además es bar. Ok, todo al mismo tiempo. Mezcla de Disneylandia para adultos y templo kitsch tremendamente disfrutable, es el sitio al que los bogotanos van a rumbear y donde también caen los turistas. Donde celebran las familias con niños, pero también el que escogen los amigotes para una despedida de soltero. Y todos son felices. Sí, es difícil de explicar y sólo si has estado ahí sabes a qué me refiero.
Una vez más, Bogotá me sedujo sin miramientos. Qué cosa de humor tiene esta gente fantástica.
Además de las arepas, el mojito de lulo y la uchuva (deliciosa fruta, que a la vista parece un tomate cherry), de la fiesta imparable y de su vida intensa, confirmo que lo mejor de la capital colombiana es la risa de su gente. Y no hablo sólo de mis amigos, Andrés y Natalia, que por deformación personal encuentro entrañables, brillantes, gente por la que valdría la pena atravesar el océano, sino del bogotano en general. La mesera del bar, por ejemplo, con su meneo distraído. O Camilo Fidel, el graffitero bacano (localismo para referirse a alguien bueno, valioso), que no perdió las anécdotas entre el aguerrido tráfico bogotano. O el grupo de chicos que se llenaban la boca de carcajadas en el emblemático restaurante-bar Andrés Carne de Res y a la menor provocación comenzaron a bailar, para ya no dar tregua a la comida, el alcohol y la rumba. Y es que ese rasgo tan de aquí me fascina. No se me olvida cómo durante el pasado Mundial de Futbol me reuní en el D.F. con amigos de Medellín para ver el partido Colombia-Brasil, que terminó con el triunfo carioca. Mucha decepción, mucha decepción, pero a los cinco minutos alguien puso vallenatos, entre todos movieron las mesas y acabaron haciendo lo que mejor saben hacer: bailar, reírse, disfrutar. Lo hacen tan sin esfuerzo que no hay forma de evitar el contagio.
Para celebrar el buen humor colombiano, aquí va un cartón de Picho y Pucho y Pucheros, publicado en la edición de agosto de la revista colombiana SoHo o, lo que es lo mismo, la madre de todas las revistas #PerdonenElExabrupto. Buen #LunesDeMonos.
Pues sí, resulta que de nuevo es #SábadoDeMúsica. Y esta vez agradezco a Carlos Herrera @cherrera313 por proponer el tema de la Playlist de hoy: el cover que más disfruto, es decir, la reinvención de una cosa en otra. Estuvo difícil elegir mi canción pero al final decidí quedarme con ésta: Summertime, original de George Gershwin e interpretada por Janis Joplin. No tiene pierde el color que le añade a una canción de por sí fantástica. Más abajo van las propuestas a través de mi Twitter @danioska. Si quieres añadir tu propuesta ponla en los comentarios y la incorporo. Si quieres oír otras Playlists que hemos armado en conjunto, ve hasta la parte de abajo y da click en la que quieras.
Mil gracias por participar. Buen sábado (lo que es, en realidad, una redundancia). Yo me voy a rumbear por las calles de Bogotá, Colombia… =)
Graffiti en las calles de Bogotá. Fotos: Julia Santibáñez
El grupo de periodistas invitados a este viaje bogotano tomamos un «tour de graffiti». El guía es un colombiano de mente ágil, apasionado por el arte urbano. Se llama nada menos que Camilo Fidel López (sí, mi intuición acierta: su padre era apasionado de la Revolución cubana, de modo que le puso los nombres de los líderes, es decir, Camilo Cienfuegos y Fidel Castro). Con ojos y manos que se emocionan, Camilo Fidel nos va contando el origen del graffiti, su presencia en varios países, la relevancia que ha cobrado en Bogotá y cómo en ello ha contribuido el hecho de que el país tiene una regulación bastante laxa: «sólo se prohibe graffitear en determinados lugares, como transporte colectivo, puentes, monumentos; en cualquier otro sitio está permitido». Es director de Vértigo Graffiti, empresa que se dedica a difundir el arte urbano, intervenir edificios y crear campañas publicitarias que lo involucran. Entre otros, recientemente hicieron este precioso graffiti en el lounge del hotel W de Bogotá, en el que recrean la leyenda de El Dorado: la esposa del cacique Guatavita yace en el fondo del lago rodeada de «tesoros» urbanos. Qué genial que una cadena de estas dimensiones apueste por las nuevas manifestaciones artísticas y las haga suyas.
El graffiti «La leyenda detrás de la leyenda», en el Lounge del W Bogotá. Foto: W Bogotá
En el tour, mientras nos topamos con firmas de bandas, consignas políticas, crítica social, humor y verdaderas obras maestras, el guía nos va explicando lo que vemos, dándole contexto. Por ejemplo, nos cuenta que éste es, por definición, un arte colaborativo, donde los artistas callejeros se preguntan, se contestan, enriquecen el trabajo del otro o, de plano, lo despedazan. Es decir, es un diálogo de igual a igual, sin miramientos ni acartonamientos. El conocimiento de Camilo Fidel enriquece mucho la vista.
Otras muestras que encontramos al pasar. Fotos: Julia Santibáñez
Luego vamos al edificio donde cinco artistas de Vértigo crearon en 2013 el graffiti más grande de la ciudad, en una avenida central de Bogotá. Para ello se inspiraron en una fotografía tomada por el colombiano Héctor Favio Zamora, del diario El Tiempo (ver foto abajo): mientras el presidente daba un discurso en una zona cercana, dos indigentes se besaban, ajenos a todo. Zamora los captó en esta imagen tremenda. Luego, la gente de Vértigo decidió convertir a los amantes en motivo del graffiti que lleva por título El beso de los invisibles. Es impresionante, tanto por la historia de la foto que sirvió de base como por sus 35 metros de alto y 12 de ancho. Pero, sobre todo, porque está entre el Barrio Santa Fe, especie de ciudad perdida paupérrima y peligrosa, y el centro de la ciudad, turístico e impecable. Brutal simbolismo de las contradicciones de la ciudad, vistas y expresadas por sus artistas urbanos.
Se me queda grabado un concepto de Camilo Fidel: «Una ciudad donde hay graffiti es libre, la gente puede expresarse. Hoy mismo no se permite en Caracas ni en Teherán, ni se permitió en la antigua Alemania comunista. Además, estoy convencido de que una ciudad sin graffiti es aburrida». Encuentro fascinante ver el arte urbano con otros ojos, un poquito más desprejuiciados.
Según este escritor, ninguno de los dos se soporta en estado puro.
En 1947, el exiliado polaco Witold Gombrowicz dictó en Buenos Aires, país en el que vivía desde 1939, una conferencia titulada «Contra los poetas». En su exposición digamos que blasfema se burlaba de sus colegas solemnes, de los excesos poéticos, del lenguaje demasiado profundo, grandioso, elevado. Por supuesto, la provocación sacó ámpulas entre escritores. Años después, Gombrowicz reelaboró el texto y lo publicó, en 1951, en su versión definitiva. Ahora, la editorial mexicana Tumbona Ediciones acaba de publicar ambas versiones, más otro texto, «El escritor y el dinero», todo ello en las 60 páginas del librito Contra los poetas, de la Colección Versus. Aquí van cinco perlas que, ojalá, abran el apetito de leer completa esta diatriba lucidísima, que suscribo:
¿Por qué no me gusta la poesía pura? ¿Por qué? ¿No será por las mismas razones por las que no me gusta el azúcar en estado puro? El azúcar sirve para endulzar el café y no para comerlo a cucharadas de un plato como si se tratara de sopa. Lo que cansa de la Poesía pura es el exceso de poesía: el exceso de palabras poéticas, el exceso de metáforas, el exceso de sublimación […].
Ningún poeta es exclusivamente poeta, y en cada poeta vive un no-poeta que no canta y a quien no le gusta el canto; ser hombre es algo más vasto que ser poeta.
Los poetas no sólo escriben para los poetas, sino que también se alaban mutuamente y se rinden honores unos a otros. Su mundo, o mejor dicho, su mundillo, no difiere mucho de otros mundillos especializados y herméticos.
No hay nada más decepcionante, más cómico y más degradante que los congresos de escritores, que en última instancia no son sino una forma más bien cínica de procurarse fantásticos viajes a base de discursos.
La tendencia actual de socializar la literatura, todas estas recompensas, premios, condecoraciones, todas estas funciones púbicas, son más nocivas que valiosas.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).
El ajíaco colombiano. Foto: Kitchenconfidante.com (¡la mía salió muy mal!)
3 p.m. Bogotá, Colombia.
Estoy en este suelo que me encanta. No quepo de felicidad.
Apenas aterricé en Bogotá empecé a salivar. Dicen que todo gusto es aprendido, que ninguno es genético. Debe ser así. Lo cierto es que se ve que mis clases de amor por la bandera amarilla han sido intensas e intensivas, porque los sabores de por acá me gustan cada vez más.
Aventé las maletas en mi cuarto del Hotel W Bogotá, el top de lo top y con una vista bellísima. Desde el piso 9 tengo la característica imagen de la ciudad, casi toda de color ladrillo y coronada por un cielo que sólo se ve aquí, cuajado de nubes. De inmediato bajé a comer con Raquel, periodista española y compañera de viaje, al restaurante Market Kitchen del hotel. Nos moríamos de hambre. Y yo, además, de antojo. Pedí de inmediato un mojito de lulo, esa fruta amarilla que solamente he probado aquí. Me encanta la mezcla del dulce lulo con la hierbabuena. Y mientras Raquel y yo vamos tejiendo una cálida conversación y una incipiente amistad, yo me regalo un ajíaco típico, especie de sopa espesa preparada con pollo, elote, distintas variedades de papa y hierbas, a la que se le añade aguacate y alcaparras, entre otras cosas. Es una maravilla.
De postre, el mesero-que-es-todo-sonrisas nos consigue un plato de frutas locales (foto abajo). Ambas celebramos el detalle. Aquí va la explicación, en el sentido de las manecillas del reloj: adentro de esas como flores está la uchuva (parece un tomate cherry, pero es muy dulce), luego la pitahaya (muy similar a las que he comido en México), lo que aquí llaman higos (amarillos y de sabor casi idéntico al de la tuna mexicana) y, al centro, la granada (que en México conocemos como «granada china»). Riquísimas.
Para la inteligente Raquel, que por primera vez viene a este país, las frutas son toda una revelación. Para mí, esta primera comida del viaje es el bautismo que me confirma que sí: estoy en la bacana Colombia. Qué más.
He desarrollado por ellos una leve infatuación. Un jodido vicio, pues. Y si los tatuajes son incorrectos, ni les cuento. Me parecen tremendamente sexys justo porque son perjudiciales, algo que no hace un hombre decente y formal. Así que me sale natural marcar a fuego el #MiércolesDePoesía con éste del autor mexicano Eduardo Casar y titulado, precisamente, «Los tatuajes». Porque sí, el amor también se tatúa en la piel. Feliz y entintado paseo por estos versos.
Sucede que yo no me enamoro.
Simple, infinitivamente
me tatúo.
Se me quedan
tus manos y tus voces
como una mordedura
permanente.
Se me contagia todo
del tatuaje,
la música, el olor
del mar privado,
lo que íbamos a ser
y nunca hicimos.
Basta la lluvia
y se me nota todo.
-Eduardo Casar, «Los tatuajes», Mar privado (CONACULTA/ Instituto Cultural de Aguascalientes)
“Cuando le vendes un libro a alguien no le vendes 300 gramos de papel, tinta y pegamento: le vendes una vida nueva. El amor y la amistad y el humor y los barcos en alta mar a medianoche… dentro de un libro cabe el cielo y la tierra. Dentro de un libro de verdad, quiero decir”. -Christopher Morley, Parnassus on Wheels.
Encuentro esta espléndida cita en el libro The Storytelling Animal. How Stories Make Us Human. Jonathan Gottschall, el autor, sustenta la tesis de que los cuentos nos hacen realmente personas. Estoy convencida de que el lenguaje es lo que determina nuestra calidad humana, de modo que acepto bien este matiz: las historias se arman con palabras.
El ser humano no ha cambiado de fondo en siglos. Cuando vivía en las cavernas se emocionaba, sentía dolor y miedo, quería estar en paz, tenía sexo, le intrigaba el origen de las cosas, buscaba poder. Y también imaginaba. Por supuesto, seguimos haciendo todo ello. Hasta donde sabemos, somos la única especie que cuenta historias, que lleva haciéndolo miles de años, desde las paredes de una cueva o en la última temporada de Orange Is The New Black. Las consumimos en libros, en películas, series, telenovelas, obras de teatro, canciones, cómics, videojuegos. Cuentos de amor, crimen, sexo, guerra, esperanza, conspiración, historias inventadas y de la vida real. Somos adictos a ellas porque nos mueven. Ésa es la base de la nueva vieja tendencia del Storytelling y la gran oportunidad para quienes llevamos años amándolas y contándolas.
Es #LunesDeMonos y mi blog lo sabe. Por eso, aquí va este cartón de Martín Favelis, humorista gráfico argentino afincado en España. Porque sí: hoy (y casi siempre) escojo mil veces el engaño que hace vivir a raudales. Allá quienes prefieran andarse con cautelas, precacuciones.
He aquí el «cuadro de horror» de la Playlist colectiva, como bien lo llamó @aliasRmiranda: lo integran las canciones por las que tenemos ojeriza. Pueden merecer la distinción por ser cursis, pretenciosas, machaconas, el colmo del lugar común o todas las anteriores.
La mía es de Alejandro Fernández, cuya actitud perdonavidas es, de por sí, insufrible. Y luego esta letra que se quiere ingeniosa y ocurrente sobre «esos seres» llamados mujeres. No tiene nombre.
Más abajo están las propuestas por la comunidad del blog a través de mi Twitter @danioska y mi Facebook personal. No me sorprende que el reggaetón llevara las de ganar, con varios comentarios que no atinaron a dar el nombre de ninguna canción, pero dijeron odiarlas todas. Como no soy experta en el tema, puse la que el cerebro omnisciente de YouTube arrojó como primera opción en «reggaetón».
Si quieres añadir la tuya, anótala en los comentarios y la incluyo. Para oír cada una da click en el enlace respectivo. Buen #SábadoDeMúsica.
Un hombre le escribe una angustiosa carta a su esposa, tratando de explicarle el «inútil combate» de su vida: «Quisiera hacer un esfuerzo, no sólo de sinceridad, sino también de exactitud; estas páginas contendrán muchas tachaduras: ya las contienen. Lo que yo te pido (lo único que puedo aún pedirte) es que no saltes ninguna de estas líneas que me habrán costado tanto. Si es difícil vivir, es aún mucho más penoso explicar nuestra vida […] No sabiendo vivir según la moral ordinaria, trato, por lo menos, de estar de acuerdo con la mía». -Marguerite Yourcenar, Alexis o el tratado del inútil combate.
Releo este libro, ahora reeditado por Alfaguara y originalmente publicado en 1929, cuando Yourcenar tenía sólo 24 años. Su honestidad brutal, su despilfarro conmovedor me dejan rumiando qué retador me resulta eso de, al menos, tratar de vivir de acuerdo con mi propia moral. Si lo logro, me basta y sobra.