La catástrofe del éxito según Tennessee Williams

20131031-101259.jpgEn 1948, a tres años del estreno en Broadway de su obra The Glass Menagerie (traducida como El zoo de cristal), Tennessee Williams publicó en The New York Times el pequeño ensayo «The Catastrophe of Success» (La catástrofe del éxito). En él cuenta cómo de golpe pasó del anonimato a los aplausos estruendosos, de dormir en cualquier lugar a tener una suite en Manhattan y gente a su servicio. Entonces reconoce el descontrol que implicó el éxito, ese no tener que esforzarse por nada, ser servido en lo mínimo, empezar a ver a sus amigos con desconfianza. Ello lo hizo caer en una honda depresión, hasta que una cirugía le permitió retirarse del ojo público y viajar a México, donde su «persona pública» no existía y pudo recuperar su «antiguo ser». Así empezó a escribir A Streetcar Named Desire (Un tranvía llamado deseo), su obra cumbre y por la ganó su primer Premio Pultizer.

Menciona entonces que la vida debe requerir esfuerzo, no tener resuelto cada paso ni seguro el aliento, porque el artista sólo encuentra satisfacción en su trabajo y por eso lo mejor que le puede pasar no es «tener éxito», sino que la creación le sea inevitable. Dice luego: «La persona pública que eres cuando ‘tienes un nombre’ es una ficción creada con espejos [pero] el único que vale la pena es el solitario e invisible ‘tú’ que eres desde que tomaste la primera bocanada de aire […]». Cierra deseando que el artista no pierda nunca su interés obsesivo por los temas humanos, más una cierta dosis de compasión y convicción moral que lo empuja a traducir la experiencia de vida en colores o sonidos o danza o poesía o prosa. Ufff, cuánta hondura en pocas líneas.

Este viernes tengo una cita con Williams. Nos veremos aquí en Broadway, en la función de The Glass Menagerie que recién terminé de leer y me tiene conmovida. Creo que le voy a decir que lamento la catástrofe de su éxito pero la celebro.

Heaven on earth

20131030-164032.jpgEsta brevísima entrada va para mi muy querido Borgeano, quien me pidió acordarme de él en Barnes&Noble. Aquí estoy, pensando en esa petición suya, deseando con todo el corazón que le lleguen estas vibras de cariño y haciendo una pequeña enmienda personal al archiconocido verso de Borges: «yo, que me figuraba el paraíso bajo la especie de una biblioteca (o, en su defecto, una librería)». Sí, ésta.

Las 10 cosas que amo de Nueva York

20131030-140948.jpgMe dio por preguntarme por qué me encanta esta ciudad enloquecida, olorosa y llena de piojos (eso dicen, pero no he tenido el gusto). Aunque he venido incontables veces, siempre me voy fascinada. Esto es lo que me contesté:
1. Cuando estoy aquí, en general significa que tengo vacaciones.
2. Tiene lo mejor de lo mejor en temas que me interesan: librerías, museos, teatros, periodismo.
3. Sus tiendas apapachan mi lado frívolo.
4. Inexplicablemente me remite a la canción de Frank Sinatra (yo, siempre tan original).
5. Aquí suceden algunos de mis poemas y novelas favoritas.
6. Puedo engordar con la cocina de (casi) cualquier parte del mundo.
7. Encuentro personajes de los que quiero escribir, como el de la foto.
8. Me encanta la lección de humildad que dan sus rascacielos.
9. Sus calles vibran con gente de todo el mundo=la ciudad tiene incontables rostros.
10. Volver al número 1.

Cómoda en la incomodidad

20131028-183957.jpgNueva York. 6 pm. Congreso sobre los retos que enfrenta el negocio de las revistas. Me gusta estar aquí para buscar respuestas, escuchar ideas, pensar qué soluciones aplican a mi trabajo en un mercado cada vez más digital. Qué adrenalínico no saber hacia dónde va el mundo editorial pero buscar montarme en la ola que un conferencista define como «se trata de aprender a estar cómodos en la incomodidad, en el cambio ininterrumpido».
Tuve mi primera computadora hace unos 15 años. Era usada, gris y lenta: al prenderla debía insertar un diskette para cargar el sistema operativo. En ella escribí mi tesis de licenciatura y muchas veces me enfurecí porque no le entendía y/o porque la bendita borraba páginas completas. Qué inútil (ella, no yo). Hoy desde el iPhone, el iPad, computadoras en casa y oficina, en redes sociales y en este blog, cada vez más involucrada con lo digital a nivel personal y profesional, cualquiera diría que superé aquella ansiedad. Pues no. Si bien voy desarrollando aptitudes, cada día me siento perdida sobre nuevas tendencias, temas, plataformas. Ay, bendita obsolescencia digital (mía, no suya) pero asumo que me encanta, lo que ratifica mi masoquismo. Para consolarme me pierdo en esta vista de Manhattan al anochecer. Así aguanto cualquier cosa.

Caminar el NY de Warhol

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Hay muchos Nueva York: el de Capote, el de Fitzgerald, el de Salinger, el de Lorca, el de Rivera, el de Auster, el de McCarthy, el de Allen… Esta vez, en la medida en la que el trabajo me dé oportunidad y con la ayuda de este librito, trataré de asomarme al de Warhol: dónde vivió, su estudio, the White Factory, the Silver Factory, sitios que frecuentaba, entre otros. A ver si enunadésas me lo encuentro repitiendo aquello de: «Quizá las chicas de California eran más lindas que las de Nueva York… eran más rubias y más sanas, pero yo prefería cómo lucían las neoyorkinas, raras y neuróticas».

Con su permiso…

Sufrir como pose de vida

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Estoy a unas horas de viajar a Nueva York y hace un rato terminé The Sunset Limited, novela de Cormac McCarthy sobre dos personajes, sentados frente a frente, justo en la Gran Manzana. Uno es blanco y culto, el otro es de clase baja y negro: son los seres más maniqueos de cuantos haya. El blanco se aferra a su desesperanza y búsqueda de la muerte como el no-espacio donde puede estar en paz, en silencio, en negrura total. El negro no suelta su fe en el Dios invisible, en la vida que le espera después de la muerte. El primero intentó suicidarse. El segundo lo «rescató». Ambos tratan de hacer al otro entrar en razón, en su razón. Si bien cada uno intenta ser convincente, este fragmento del no-creyente es chocante: «Ser feliz es contrario a la condición humana […] Es ridículo […] El sufrimiento y el destino humano son la misma cosa. Cada uno es descripción del otro».

Agnóstica yo misma pero no desesperanzada, quiero disfrutar el viaje así que por-todos-los-cielos espero no convivir ni con uno ni con otro en estos días. La fe acrítica me da pereza y la intelectualidad desgraciada por pose, mucho más.

La vida es mejor saltando

Brigitte Bardot
Brigitte Bardot
«Cuando le pides a una persona que salte, su atención se dirige fundamentalmente
al acto de saltar y la máscara se cae, de manera que aparece la persona auténtica», dijo alguna vez el fotógrafo Philippe Halsman, quien desde 1940 desarrolló una notable carrera.
La cita con la que abre este post revela su pensamiento, de modo que Halsman se dedicó a fotografiar saltando a cuanto famoso pudo. Me parecen imágenes geniales, frescas, divertidas, naturales en su artificio, sorprendentes por lo sencillas pero creativas. Me apetece hacer una versión musical de «La vida es mejor saltando» y, luego, ponernos todos a hacerlo. Seguro desaparece alguna arruga.
Marilyn Monroe
Marilyn Monroe y el propio Halsman
Harold Lloyd
Harold Lloyd
Grace Kelly
Grace Kelly
Maurice Chevalier
Maurice Chevalier
Audrey Hepburn
Audrey Hepburn
Anthony Perkins
Anthony Perkins
Salvador Dalí
Salvador Dalí

La pierna de una mujer cansada

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Hace días, con amigos de los que cada segundo aprendo algo, uno de ellos dijo que el peruano José Watanabe ha sido de los máximos poetas en lengua española. Coincido. El comentario me hizo regresar a esos majestuosos versos, como esta delicia que traigo rondando en la cabeza desde ayer:

«Qué rico es ir/
de los pensamientos puros a un película pornográfica/
y reír/
del santo que vuela y de la carne que suda.//

Qué rico es estar contigo, poesía/
de la luz/
en la pierna de una mujer cansada».

-José Watanabe, «He dicho»

La lengua, ese ser querido

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«Las lenguas, como la vocación, como la amistad, como el amor, esas grandes experiencias humanas, necesitan ser cuidadas y respetadas para durar, crecer y mejorar. Necesitamos defender y cuidar nuestra lengua, no cerrándola desde luego a las influencias extranjeras […] pero sí manteniendo su cohesión y al mismo tiempo dinamizando su modernidad», dijo Mario Vargas Llosa en el Congreso de la Lengua Española, en Panamá.

Coincido. Lo que vale la pena no crece silvestre, así nomás. Es el caso del español, hablado hoy por unos 500 millones de personas: como a un ser querido hay que alimentarlo, procurar su salud, cuidarlo de enfermedades, buscar que crezca sano. Por eso celebro que encuentros como éste persigan el bienestar de la lengua, ésa que nos da identidad porque «somos lo que hablamos y escribimos», recuerda Álex Grijelmo. Y aplaudo que cada vez haya mayor claridad sobre el hecho de que todas las variantes de español son válidas, tanto la hablada en Argentina, Puerto Rico, Cuba, Colombia, Guatemala, España o México. Por Fortuna cae cada vez más en desuso el concepto trasnochado de que el español de España es el correcto y los demás son más o menos aceptables en tanto se acercan a él. Salú por el español, patria querida de muchos y mía.

Librería en una isla desierta

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Entre los objetos inservibles podrán estar las cabinas de teléfono, las máquinas de escribir, los teléfonos de disco y las televisiones-no-de-plasma, como dice este cartón de The New Yorker. Donde disiento es en las librerías: debo tener muy poca imaginación pero no me imagino ni quiero imaginarme un mundo sin ellas. Estoy segura de que no me gustaría.

Ayer estuve varias horas en la Feria Internacional del Libro, en el zócalo de la Ciudad de México, y además de salir cargada de bolsas me puse a observar a la gente. Muchos iban a cumplir con una tarea o a buscar libros escolares, otros pasaban por ahí, pero unos más caminaban entre títulos paladéandolos, buscando alguno que les despertara el apetito, que los llevara de viaje a otra dimensión (o a la misma, pero desde otro ángulo), que los pusiera en contacto con otro ser humano. Me acordé de la frase de C.S. Lewis: «Leemos para saber que no estamos solos». Quizá por eso las librerías me gustan tanto, porque son espacio privilegiado donde de continuo recuerdo que no estoy sola, aunque lo esté.

En la isla desierta que retrata el cartón, al náufrago no le sirve el teléfono, la TV, ni el tocadiscos, pero la librería podría bien resultar su mejor golpe de suerte.

Tu piel que trae el amanecer

Foto: David Vance
Foto: David Vance

Hay tantas cosas que ignoro, tantas otras que sé a medias, miles más que moriré sin vislumbrar. Con ésta que conozco me basta por hoy.

«Nada sé de tu piel./

Sólo que está en la noche, transcurriendo.//

Para viajar por ella quiero las palabras/

lentas de la lengua, las enardecidas, las tiernas.//

Nada sé de tu piel./

Sólo que está en la noche, amaneciendo.

-Francisco Hernández, Poesía reunida (UNAM)

Cartas a una sombra

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Termino de leer El olvido que seremos (Planeta), libro hecho de entrañas, de emociones vestidas con palabras, de recuerdos pasados por el tamiz de un corazón trémulo. Héctor Abad Faciolince, notable escritor colombiano, desgrana en él la figura de su padre, activista de derechos humanos asesinado en Medellín en 1987 y figura cardinal en la lucha por la justicia en ese país querido.

Después de convivir con el autor en estas páginas lo siento doblemente cercano. Por un lado, conecto con el «amor animal» que describe por su papá. He hablado aquí de la devoción que tuve/tengo por el mío, la fuerza de su influencia en mis primeras lecturas y letras, lo central que me fue su amor cuando vivía y aún después de su muerte, hace casi 30 años. Pero el libro de Abad Faciolince me cimbra de manera adicional porque mi propio padre también desapareció de manera violenta y por manos ajenas, de hijueputas, como dice Abad en impecable español. Por eso suscribo estas palabras con emoción doble: «Cuando me doy cuenta de lo limitado que es mi talento para escribir (casi nunca consigo que las palabras suenen tan nítidas como están las ideas en el pensamiento […]) recuerdo la confianza que mi papá tenía en mí. Entonces levanto los hombros y sigo adelante. […] mi papá hubiera gozado más que nadie al leer todas estas páginas mías que ya no alcanzó a leer. Que no leerá nunca. Es una de las paradojas más tristes de mi vida: casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra».

Yo también escribo para una sombra. Muy amada.

La palabra más mexicana

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No es mi opinión, sino nadamenos que la de José Emilio Pacheco. No quiere decir que, por ser el genio que es, tenga que coincidir con él en que ésta es la palabra más mexicana del vocabulario, pero sí que merece el beneficio de la duda. De origen había yo pensado que lo más mexicano serían las muchas acepciones que le damos a ‘madre’, desde la más elogiosa ‘está a toda madre’ hasta la más peyorativa: ‘es una vil madre’, pero la visión de Pacheco casi me convence. Además, me encanta su curiosidad desbordada y sin neurosis, su no-limitarse a los temas de la alta cultura.

Aquí va la nota completa que publicó El País (abajo viene el link). No me atreví a editarla porque es redondita:

«México: PINCHE
Por José Emilio Pacheco
En México, “pinche” canceló su acepción normal para adquirir, no se sabe cuándo, las características de un epíteto derogatorio que sorprende por su omnipresencia y durabilidad.

El más amplio catálogo de acepciones lo consigna el excelente Diccionario del español usual en México de Luis Fernando Lara en su segunda edición de 2009. Lara advierte que se trata de una grosería: «Pinche” 1. Que es despreciable o muy mezquino. 2. Que es de baja calidad, de bajo costo o muy pobre.

“Pinche” puede ser un empleado, el hábito de fumar, la suerte, un policía, una camisa, un perro, una casa, una persona, el mundo entero, una comida, un regalo, un sueldo o bien lo que a usted se le ocurra. Se trata, pues, de un epíteto que degrada todo lo que toca. Normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende y humilla pero no podemos cambiar.

Admite grados y amplificaciones: “Esa novela me pareció un poco pinche”. “El racismo es una actitud pinchísima”. A veces puede ser un sustantivo inapelable: “No te lleves con él: es un tipo de lo más pinche.” Puede adquirir el rango de injuria máxima: “No me vuelvas a hablar, hijo de tu pinche madre.”

No sé cuándo empezó a emplearse y nunca he leído nada sobre su origen. Ya que “pinche” en español común es “el ayudante de cocina”, sin ninguna pretensión ni autoridad, se me ocurre que el término se originó en tiempos de la hacienda y el latifundio.  Nació entre los peones obligados a trabajar la tierra para beneficio de los amos y que veían con explicable  resentimiento a quienes laboraban en ocupaciones serviles dentro de la casa grande.

Si el uso está restringido a México, resulta algo anecdótico e insignificante frente al hecho de que, a diferencia de tantos otros idiomas, quinientos millones de personas podamos entendernos en nuestra lengua materna. Es una “pinche” desgracia que muy pocas veces tengamos conciencia de este prodigio».

http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/2013/10/las-palabras-mas-autoctonas-de-mexico-panama-y-uruguay.html

El único lugar tranquilo del mundo

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«Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo», escribió Julio Cortázar en Los premios. Me atrevo a enmendarle un poco la plana a Julito: a veces son el único lugar DEL MUNDO donde se puede estar tranquilo.

Ahora mismo me voy a refugiar a ese lugar mágico que es Tepoztlán. Me acompañan volúmenes de César Aira, Héctor Abad y Constantino Cavafis. Sé que con ellos estaré tranquila. No deseo otra cosa hoy.

Borges vuelto tango

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«[…] Tango que fuiste la dicha/
de ser hombre y ser valiente./
Tango que fuiste feliz,/
como yo también lo he sido,/
según me cuenta el recuerdo;/
el recuerdo fue el olvido».

Este poema de Borges cantado por Edmundo Rivero no tiene desperdicio alguno. Lo debo a la amabilidad de mi querido amigo Borgeano (faltaba más). Con su cadencia inauguro el fin de semana…

No soy mujer, soy escritora

Screen shot 2013-10-18 at 11.26.22 AMA nivel personal soy mamá, pareja, hija, amiga, hermana. En otro orden de ideas, digamos que hacia afuera, soy editora, profesionista, autora de un par de libros, bloguera, licenciada y maestra en Letras, mexicana convencida. Pero esta definición me gusta para plagiarla: «Lo he dicho a manera de juego pero también como signo de identidad: yo no soy mujer, soy escritora». La dijo ayer Ana Clavel al recibir en México el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska. Pordios, qué cosa tan bonita. Me quedo rumiando la fuerza de esa autodefinición, que hago mía: subraya una manera de ver el mundo a través de palabras.

PD A Clavel la encuentro con frecuencia en diarios y hace poco leí Las violetas son las flores del deseo, que me impresionó. Aquí algo que en su momento escribí sobre su pluma: http://wp.me/p1POGd-1E4 y http://wp.me/p1POGd-1OQ De por sí tenía pendiente Las ninfas a veces sonríen (Alfaguara), su novela galardonada. Después de plagiarle su frase para este post tengo aún más motivos para leerla.

«Amorar» según el Diccionario Daniosko de la Lengua

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Varios famosos figuran en los diccionarios por adjetivos ligados a su nombre:

  • Dante Alighieri: dantesco
  • Nicolás Maquiavelo: maquiavélico
  • Jorge Luis Borges: borgeano
  • Karl Marx: marxista
  • Hugo Chávez: chavista

No es mi culpa, válgameDios, que de este avatar deriven no sólo expresiones de uso común, como «adjetivo daniosko» y «opinión danioskista», sino también el muy aclamado Diccionario Daniosko de la Lengua (DDL). Y justo hoy, cuando me percato de que al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) le falta una definición, acudo al DDL. Como era de esperarse, ahí la encuentro:

«Amorar 1. tr. Sentir amor por la pareja de Danioska. 2. tr. Aficionarse de manera especial a la pareja de Danioska. 3. tr. Sentir acusada apetencia sexual por la pareja de Danioska».

Este volumen es obra de la Providencia, no cabe duda.

Wilde: una vida para el placer

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“I don’t regret for a single moment having lived for pleasure. I did it to the full, as one should do everything that one does. There was no pleasure I did not experience”. Lo dice Oscar Wilde en esa joya de texto que es De Profundis, escrito mientras estaba en la cárcel acusado por la familia de Lord Alfred Douglas, su amante y verdugo, de tener conductas homosexuales. Hoy, que hace 159 años nació ese máximo gurú de las letras, me apetece recordarlo con esa cita. Vaya postura de vida envidiable.

«No es lo mismo redactar que escribir»

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«La redacción no tiende a intensificar la vida; la escritura tiene como finalidad esa tarea. La redacción difícilmente permitirá que la palabra posea más de un sentido; para la escritura, la palabra es por naturaleza polisemántica: dice y calla a la vez; revela y oculta. La redacción es confiable y predecible; la escritura nunca lo es, se goza en el delirio, en la oscuridad, en el misterio y el desorden, por más transparente que parezca». -Sergio Pitol, Una biografía soterrada (Almadía)

Pitol, otra vez Pitol (esta vez en un rico librito de Almadía), iluminando lo cotidiano. Todo el mundo puede redactar con el objetivo primero y único de darse a entender. Se redacta una carta, un reporte escolar, un informe, un discurso político. Pero cuando se trata de asomarse a las entrañas de la experiencia humana y mostrar su complejidad y sus múltiples claroscuros, entonces en realidad se está escribiendo. O intentando hacerlo.

PD No se me ocurre cómo expresar ese matiz en inglés. Any ideas?

Cuando el verso es una aguja

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«Quitar la carne, toda/

hasta que el verso quede/

con la sonora oscuridad del hueso./

Y al hueso desbastarlo, pulirlo, aguzarlo/

hasta que se convierta en aguja tan fina,/

que atraviese la lengua sin dolencia/

aunque la sangre obstruya la garganta».

-Francisco Hernández, «Hasta que el verso quede», Poesía reunida (UNAM)

Anoche me dormí con ese poemita poderoso y hoy lo traigo enredado en las pestañas. Creo que me atravesó los ojos porque lo encuentro en todos lados.

Enseñanza de Dalai

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El Dalai Lama está en México y gracias a la generosidad de unos amigos queridos acudo hoy a escucharlo hablar sobre el libro Camino de Bodisatva. Me gustó verlo. De figura cansada, sus ojos pequeños se encienden cuando se ríe, una risita casi traviesa cuando recuerda cuánto odiaba memorizar las enseñanzas sagradas a la edad de seis años. Ni modo, quién le manda ser Dalai.

Necesito tanto aprender cómo alcanzar la sabiduría, cómo dejar de lado la realidad aparente y penetrar en la realidad absoluta. Rescato esta enseñanza del libro sobre el cual disertó: «Cuando uno pierde toda su fuerza por el desaliento es fácil que surjan las adversidades, pero alguien que tiene aliento y entusiasmo es invencible, incluso de cara a grandes adversidades. Por ello, con una mente inquebrantable, causaré una calamidad a la adversidad […] Al darnos cuenta de que una persona dotada de comprensión directa y profunda mediante la quietud erradica las aflicciones mentales, debemos primero buscar la virtud, y ésta surge de cultivar el desapego al mundo y a los placeres». Shantideva, Camino de vida del Bodisatva, Capítulo VII: 53, 54; VIII: 4. ¿Querrá venirse a vivir conmigo?

Bésame mucho (no poco)

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Dicen que es la canción en español más cantada y grabada: compuesta por Consuelito Velázquez, la han interpretado Pedro Infante, Dámaso Pérez Prado, Louis Armstrong, Charles Aznavour, Frank Sinatra, Caetano Veloso, The Beatles, José Carreras, Armando Manzanero, Kylie Minogue, Zoé y Hello Seahorse!, entre muchos otros. Ésta es una versión reciente y deliciosa, de la joven cubana Idania Valdés, hija y nieta de los músicos homónimos Amadito Valdés. Su voz tiene la emoción cabal, el tono perfecto. Con ella y con esta petición a quien más me quiere, por qué no, me pongo en buena sintonía.

Con quién decidí casarme

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«¿Por qué permite que le haga sufrir así? […] Escuche, Wilhelm, se lo digo por su bien. Se lo repito: no se case con el sufrimiento. Algunos lo hacen. Se casan con él, y duermen y comen con él, como marido y mujer. Si se encuentran con la alegría creen que cometen adulterio». -Saul Bellow, Carpe diem (Galaxia Gutenberg/ Editorial Colofón).

Casi al final de la cruda novela de Bellow encuentro este pasaje. Lo leo, lo releo, lo subrayo. En un murmullo lo repito, dejo que se acendre en mi boca su amargor. Sí, conozco gente que se ha atado al dolor y no quiere soltarlo, por miedo a cometer traición. Yo no. Hace mucho me casé con la vida, con la luz y me mantengo fiel a esa unión. El sufrimiento viene a veces de visita, más que amante es un pariente lejano al que hay que recibir, cederle un cuarto, servirle de comer. Descoloca a todos en casa pero enseña cosas. Eso sí: después de un tiempo, corto o largo, debe irse. Entonces la alegría se reinstala en casa.

Por qué NO salir con Paris Hilton

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«Sólo diré una palabra: dinero. La página web de chismes Zimbio le atribuye a Paris Hilton 33 amantes, entre ellos, numerosas estrellas de rock, alguno que otro deportista de élite y dos herederos de imperios náuticos griegos. Por su parte, ella asegura haber amasado más de 1,000 millones de dólares gracias a sus 35 tiendas, 17 líneas de productos, 14 fragancias, un equipo de carreras y un resort con su nombre en Filipinas. Así que la mejor razón para NO salir con ella es, simplemente, que no podría permitírmelo.

Ni siquiera me dejarían entrar en los bares donde esta mujer se entretiene. Pero si entrase, no podría pagar una bebida. Tendría que hipotecarme para invitarle a Paris una copa en una discoteca de Beverly Hills. Y ella ha tenido problemas legales por posesión de cocaína, así que es de esperar que muestre una capacidad para beber superior al promedio.

Ahora bien, digamos que lo logro […] Aún así, los problemas no harían más que empezar. Por ejemplo, el sexo. No funcionaría. Ni de broma. Llámenme loco, pero yo necesito un poco de intimidad. Y Paris no tiene nada de eso […]».

Este divertido texto, firmado nada menos que por Santiago Roncagliolo, aparece en la primera edición de SoHo México, revista originalmente colombiana y un verdadero tesoro para lectores. Ya está en locales cerrados y voceadores en el D.F. y, a partir del miércoles, en todo el país. En otro post hablaré más en extenso de la revista, pero de momento baste este divertimento del autor peruano con el que, además, coincido. Qué pereza dan personajes como la Hilton.

Fragancia de silencio

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La ausencia de voz es más que sólo eso. Es un aroma tenso que golpea la nariz, un cansancio muy cansado, una caricia que se aguarda y no llega. Esta fragancia de silencio sabe mal.