7:30 am. Tepoztlán, Morelos.
Vista: el magnífico cerro Tepozteco, con su rostro impasible que asegura que todo está /estará bien. Oído: pajaritos y algún gallo que aún celebra el sol. Olfato: pan dulce comprado anoche en el pueblo. Gusto: ciruelas que acabo de arrancar del árbol. Tacto: clima exterior fresquito, como corresponde a la hora, y clima interior sin nubes, sereno. En el cuarto duerme mi hija, mientras yo leo y agradezco momentos así de perfectos.
Ser extranjera de la humanidad

Encuentro por azar esta cita del novelista francés Marc Levy: «On est tous l’étranger de quelqu’un» (Todos somos el extranjero de alguien). De talante humilde y sencillo, yo estoy muy dispuesta a ser la extranjera de alguien. No hay problema. Mi mamá hizo conmigo una buena labor anti-ego. Lo que no tolero es ser la extranjera de muchas decenas de millones de personas. ¿Qué se creen?
PD A nadie sorprenda que suscriba aquello, también francés: «L’enfer c’est les autres» (El infierno son los otros).
Con lo que me provocas

Pulido
Por qué leer resulta peligroso
En un texto imperdible que me comparte mi queridísimo Andrés Grillo, el autor colombiano Mario Mendoza señala que lo que el mundo necesita no son más «líderes» ni «jefes» que se creen nacidos para mandar. Demanda, en cambio, lectores (edito por cuestiones de espacio, pero abajo está el link al texto completo): «[…] Leer es un ejercicio de democracia porque se trata de ingresar en el otro, de pensar desde el otro, de sentir con el otro, de ser otro. Y eso atenta contra las reglas de la identidad, del yo productivo capitalista, del narcisismo económico […] Leer es peligroso porque el que lee es muchos, escinde la identidad e ingresa en la multiplicidad. […]
Cuando he sido muchos, cuando he estado en el pellejo de los otros, cuando he sentido de cerca el dolor y la alegría de mis hermanos, cuando he dejado ya de creerme alguien superior a los demás, estoy preparado entonces para trabajar en equipo, para hacer cooperativismo, para unirme a ellos en un abrazo fraterno de esfuerzo compartido. Cuando he dejado de mirarme tanto en el espejo estoy listo para mirar el mundo. Es ahí cuando puedo comprender los ideales de la Revolución Francesa: igualdad, solidaridad, fraternidad. Los demás no están ahí para que yo les dé órdenes, sino para luchar y compartir a su lado hombro a hombro. Por algo Ulises, en La Odisea, decide en un momento crítico llamarse Nadie. No hay estrategia más lúcida y noble que ésa».
La pluma de Mendoza es certerísima: por Fortuna leer es peligroso para el dogma, para la imposición y el individualismo capitalista.
Esto es un verso pichón

Por los pasillos de la Feria del Libro siento el zumbido de miles de palabras aquí reunidas. De pronto, a la vuelta de nada encuentro estos versos, de poeta judía. Ellos mismos vibran, aletean. Vaya forma de evocar un beso.
«Que labios de hombre fueran tan suaves/
como el traslúcido vientre de un pichón caído/
fue lo que me llenó de espanto/
cuando un muchacho me besó por primera vez […]»
-Hamutal Bar-Yosef
Escribo para aprender
Mi encuentro con Parra y Rulfo en la FIL
Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por principio de cuentas, tengo el alma vaporosa y esperanzada. Ríos y ríos de gente haciendo fila para pagar una entrada y luego comprar libros me devuelven la certeza de que México tiene esperanza. Se dice que la gente no lee. Mentira. Lee si encuentra cosas relevantes para su vida.
Por finales de cuentas, ando doblemente vaporosa por una joya absoluta con la que me topé ayer: Discursos de sobremesa, de Nicanor Parra. Son cinco discursos en los que entreteje poesía, anécdota, juego de lenguaje, discurso directo y hasta una cita del Chapulín Colorado. El primero, oh hados, es el discurso de cuando recibió en la FIL el Premio Juan Rulfo (1991). En alguno de los 50 poemas-que-no-lo-son se autollama «Rulfiólogo de jornada completa» y dice esta verdad sólida: «[…] Rulfo viene del sur/ Rulfo viene directamente del vientre materno/ Rulfo viene del fondo de sí mismo/ […] Rulfo viene de vuelta de todos los archipiélagos». Leerlo en el contexto de esta fiesta de palabras que es la FIL le da aún más hondura a la experiencia.
Lo que demanda esta tarde
A estas horas del viernes, con el sol en las espaldas y una sonrisa que desborda el cuerpo, me apetece beber algo exquisito, capaz de acendrar el buen sabor que tengo. Entonces recuerdo esto leído hace unos días: una tarde, en presencia de Fernando Savater, Borges pidió una copa de «algo breve y contundente». Lo cuenta el filósofo en su reciente libro Lugares con genio (Mondadori). Suena como al mezcal que necesito justo ahorita.
El insulto más literario
«El Diccionario de la Real Academia Española está lleno […] de memeces, sandeces, ridiculeces y demás heces», escribió alguna vez el autor mexicano Juan Domingo Argüelles. Qué manera más bonita de denostar un texto. No coincido con esa visión del DRAE, pero me gustó tanto la redacción que me la aprendí hace tiempo y ahora la recuerdo para dedicarla no a una obra sino a una persona, que ha hecho altos méritos para merecerla. Ahora vengo, voy a explicársela…
Nubes = arte en movimiento

Estas fotos aparecieron hace poco en la espectacular edición mexicana de la revista Harper’s Bazaar, retomadas de la estadounidense. Son un feliz ménage-à-trois entre la instalación del hechicero de nubes Berndnaut Smilde, la fotografía de Simon Procter y la moda representada por diseñadores icónicos: Karl Lagerfeld, Dolce & Gabbana, Donatella Versace.
Lo de hechizar nubes me parece alucinante, me seduce la idea de generarlas a voluntad. A través de una máquina de humo combinada con un nivel específico de humedad, el holandés Smilde las crea bajo techo. Me quedo con esto dicho por Lagerfeld: «Las nubes son la más bella y siempre cambiante instalación de arte moderno abstracto en movimiento». Igual que el arte, son totalmente inútiles pero el universo no se sostiene sin ellas.


Meses comprimidos en un tuit
Me da celos que fumes
En la foto sale uno. Son dos (o más)
«When I look at it now, I never see me. I see us».
(Hoy, cuando veo [la foto], nunca me veo a mí. Nos veo a nosotros).
Nueva York. 1975. Patti Smith graba su primer disco en forma, Horses. Un todavía no famoso Robert Mapplethorpe, su antes-pareja-convertido-en-cuasihermano, toma esta foto para la portada. En ella aporta su sensibilidad, su sello, su historia personal y conjunta. Así, aunque en la foto sólo figura Patti, también él está presente.
Me quedo pensando cómo detrás de las palabras de un poema o un texto narrativo viven los ecos, perfumes, rostros y sensaciones que influyeron en su creación, todo el bagaje de fantasmas que llevamos a cuestas.
Las 10 cosas más cursis del mundo
Mi hija dice que soy cursi. Estoy segura que no, pero para salir de la duda hice una encuesta entre amigos para encontrar el Top Ten de la cursilería. Por supuesto, si yo lo fuera habría hecho las 10. Como no lo soy, nadamás practico nueve. No es cosa de exponerme a la burla de los insensibles, así que me reservo con cuáles le he dicho a mi novio que lo quiero:
1. Tapizar un auto de post-its que dicen «te amo» (o dicen lo que sea).
2. Vestirse iguales.
3. Usar apodos infantiles en público (o en privado).
4. Regalar rosas rojas.
5. Dedicar una canción del poeta del amor: Arjona.
6. Regalar un pastel con muñequito.
7. Llevar serenata con trío.
8. Celebrar el 14 de febrero.
9. Gritar estruendosamente el amor (si es con público, mejor).
10. Insistir en que uno no es cursi.
«He extirpado el miedo de Caronte»

Los amigos de Un Té con Draupadi me invitaron a publicar en su celebrado blog, lo que sin retórica es un verdadero honor. Escribí este texto que me resultó doblemente recreativo: busqué re-crear el pensamiento de Lucrecio, uno de mis autores favoritos, poeta y sabio del siglo I a.C. y, por otro lado, disfruté haciéndolo. Voilá.
(Sobre Tito Lucrecio Caro, filósofo y poeta de lo que hoy conocemos como Italia, sabemos poco: que nació en el año 94 a.C., que fue un patricio, que escribió el largo poema filosófico De rerum natura —llegado hasta nosotros y en el que cuestiona el temor a los dioses y a la muerte— y que se suicidó a los 44 años. Este breve texto narrativo da forma de relato a numerosos pasajes de su obra, asombrosamente contemporánea a más de 2000 años de distancia. En ningún punto añado al sentido de sus versos ni lo modifico. Los aciertos, si los hay, son suyos; los defectos, míos).
«No me nací, no me puse nombre ni me tracé un rostro. No me elegí familia ni sexo. No fui preguntado si la anarquía me era afín ni si la pompa militar me llenaba los ojos. Apenas algo he decidido, hace poco: retirarme de Roma, de las intrigas de Catilina y del fasto de los míos, patricios y nobles en pugna, locos de poder, exóticos marchitos. Sin embargo aquí, en estos montes retirados del Pierio, la paz me resulta esquiva. Me fastidia esta noche sola. Anuncia que en poco vendrá otra vez la Aurora, mientras trato en vano de entender el esfuerzo inútil de la lluvia y de las estrellas que gastan su camino en el cielo.
Aunque no me es dado saber cómo se gobierna el sistema de los astros, estoy cierto de que no obedece a la acción de los dioses ni responde a señal suya. En sus sedes tranquilas, ellos no se ocupan del mundo. Ni los vientos los sacuden ni los salpica la lluvia, apartados como están de los tumultos de la vida humana. Mientras tanto, veo multitudes clamar al numen de las deidades, temblar de miedo en los templos excelsos. Postrados en tierra, abrumados y esperando el castigo, no osan elevar los ojos. Locos, ignoran que ni el enojo ni la cólera mueven a los dioses y que, en cambio, el temor al castigo envenena los goces de la vida. Donde anida el error, el miedo alza fácilmente la cabeza.
Esta mañana encontré absurda a la hormiga que en su débil cuerpo cree acarrear el mundo en granos de arena. Igualmente necios son los míseros que se esmeran en rituales para Júpiter, cargando ofrendas y acudiendo en hordas a los sacrificios en días de fiesta. El dios es indiferente a unos y otros, pero el varón resulta más lamentable porque ¿acaso la hormiga rinde culto? ¿Por qué sí el siervo? Por temor a la vida y a la muerte, angustia de los tormentos que los dioses inflingen en una y otra: si el hombre abandonara la superstición y su amargo brebaje podría penetrar el misterio profundo de las cosas.
Por mi parte he abrazado el conocimiento y, asido de él, he extirpado de raíz el miedo de Caronte.* Hoy no temo a los dioses, que me ignoran, ni a la muerte, aunque me aguarda: quiero elegirla, determinar cuándo se posará en mi cabeza. Sé que nada seré entonces, no me echaré de menos a mí mismo ni guardaré memoria de este cuerpo, pero me irrita pensar que me sorprenda, condescendiente o irónica. Deseo más bien retirarme de la vida como se aparta de la mesa el convidado, sin llantos ni quejidos.
En mi desesperanza incide, sí, el oculto aguijón que llevo en mi cuerpo desde que amé, desde que estreché mi cuerpo con otro, deseado. Por un breve tiempo uní mi saliva con la suya, respiré apretando sus labios con mis dientes, me adherí a su cuerpo en las junturas de Venus hasta que mis miembros se derritieron. Me inundó el frenesí, estuve inmerso en el delirio. No más. Ahora sólo llevo una secreta herida que me punza.
Tal vez esta noche, con espíritu sereno, busque el descanso libre de inquietudes. Mientras, en el Pierio llueve».
*Caronte: en la mitología griega, barquero que conducía a las almas al Hades.
Tanto. Y siempre. Y algo más.

Aeropuerto de Ezeiza. Buenos Aires, Argentina. Espero la salida de mi vuelo a México, tras estar con quien más me quiere. La noche cae brusca, el sonido del altavoz anuncia lo que no me importa, los demás pasajeros pierden el tiempo o aprenden a borrarse del mundo. Mientras, mi cuerpo rumia lo escrito en él, deletrea en retrospectiva trazos de largo murmullo. Estoy tanto. Y siempre. Y sentir que algo más.
Lolita fue un mono: Nabokov
«El primer estremecimiento de Lolita me sacudió a fines de 1939 o principios de 1940 en París, y en un momento en que estaba postrado con un severo ataque de neuralgia intercostal. Según recuerdo, el temblor inicial de inspiración fue causado por un relato periodístico acerca de un mono en el Jardin de Plantes que, después de ser persuadido durante meses por un científico, produjo el primer dibujo al cartón hecho por un animal: este bosquejo mostraba los barrotes de la jaula de la pobre criatura».
Lo dice Vladimir Nabokov en la nota introductoria a El hechicero, primera versión de Lolita. Mi querido amigo Borgeano me había hablado de esta novela breve pero por más que la había buscado no daba con ella. Aquí en Buenos Aires, entre los libros de viejo del Parque Rivadavia, me estaba esperando para deslumbrarme con esa primera nota. Al leerla, no me extraña que los antiguos concibieran la inspiración como un soplo divino. Divino y terrible.
No ser: estar siendo
Colonia, Uruguay. Día soleado y corazón a tono. Caminar de la mano de quien más me quiere basta para que el mundo gire. No se necesita otro motivo. Me doy cuenta que no estoy enamorada, situación temporal y frágil. Tampoco soy enamorada: sugiere algo intrínseco
pero acabado. En realidad estoy siendo.
Mirando al sur
»
Ahora sé que la distancia no es real/
Y me descubro en ese punto cardinal […]/
Teniendo siempre el corazón mirando al sur»
Estoy con un pie en el avión que me lleva al Cono Sur, donde me espera quien más me quiere. Es un viaje de locura, muchas horas de aire para estar menos de tres días en tierra, pero no me quejo. Al contrario, celebro la complicidad de los hados y las ganas incuestionables de hacerlo (perderme en sus brazos bien lo vale). Para qué es la vida sino para insensateces como ésta.
Literatura multiplica la contradicción: Neuman
«Si la literatura tiene una misión, creo que ésa es alimentar la contradicción, multiplicarla, no resolverla. Para resolverla están los libros de autoayuda». Lo dice con la boca llena de razón Andrés Neuman, escritor argentino-español de visita en México. Es cierto: para simplificar las cosas y poner el mundo en blanco y negro están los best-sellers de autoayuda. La literatura, por el contrario, muestra que nada es lo que parece, cuestiona la reducción y el maniqueísmo, señala que la realidad es rica en matices.
Neuman está presentando el libro de cuentos El fin de la lectura (Almadía), redonda compilación de textos de distintos orígenes, agrupados bajo el espléndido diseño de Alejandro Magallanes. Ayer entrevisté a Neuman. El tipo no sólo es brillante y escribe muy bien, sino además posee la enorme virtud de no tomarse en serio, de evitar pedanterías y poses-de-escritor. Esa mezcla, como se sabe, provoca que uno tome su pluma realmente en serio. Ahí una más de las contradicciones que la literatura alimenta.
Otras cosas que he subido a este blog sobre Neuman y Magallanes: http://wp.me/p1POGd-2lk y http://wp.me/p1POGd-1pT
Sé demasiado de tu cuerpo
#MiércolesDePoesía Por qué este hombre se prendió fuego

Estaba desesperado. Pedía que le devolvieran a sus dos hijos detenidos ilegalmente, acusados por la dictadura de terrorismo. Trabajador sin mayores recursos, buscó ayuda de las autoridades civiles y militares de Chile, de los medios, de todos. Pero nada. Hace 30 años, Sebastián Acevedo se roció con bencina y se prendió fuego. Pocas horas después murió. Sus hijos fueron liberados. Dejó un hueco helado, quemante. Hoy, #MiércolesDePoesía, comparto esto que escribió Gonzalo Rojas, para fijar en palabras ese amor desaforado:
«Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.
[…]
Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despíntenla, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado».
-Gonzalo Rojas, «El alumbrado»
Poemas en frascos de medicina
En estos días, el renacentista José Emilio Pacheco (poeta, novelista, ensayista, traductor) recibió en México el Premio Encuentro de Poetas del Mundo Latino, junto con el catalán Joan Margarit. Pacheco dijo ahí: «la codicia es la gran enfermedad del presente y la poesía debería ser la medicina». Me imagino estos versos suyos en un frasco de jarabe, que echo en mi bolso de mano:
Alta traición
«No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.»
Los libros detectan a sus lectores
«Me pregunto si quizá, sin darnos cuenta, vamos buscando los libros que necesitamos leer. O si los propios libros, que son seres inteligentes, detectan a sus lectores y se hacen notar». Andrés Neuman, Hablar solos (Alfaguara)
Al leerlo me doy cuenta que lo he pensado antes, sin formularlo de manera tan clara. Creo que esta novela, con cara de inocente y sentada en la mecedora en Tepoztlán, me andaba buscando para decirme exactamente eso.
Depende quién toque la puerta
Tepoztlán. Noche suave, de aire ligero. Escribo y de vez en cuando me aseguro de que enfrente siga la sombra del Tepozteco, como un guardián preciso, precioso. Me entretengo con una palomilla necia que una y diez veces se golpea con el vidrio de la puerta. No le abro. Ojalá fuera tu mano que llama. Le abriría todas mis puertas y ventanas.
























