El Dalai Lama está en México y gracias a la generosidad de unos amigos queridos acudo hoy a escucharlo hablar sobre el libro Camino de Bodisatva. Me gustó verlo. De figura cansada, sus ojos pequeños se encienden cuando se ríe, una risita casi traviesa cuando recuerda cuánto odiaba memorizar las enseñanzas sagradas a la edad de seis años. Ni modo, quién le manda ser Dalai.
Necesito tanto aprender cómo alcanzar la sabiduría, cómo dejar de lado la realidad aparente y penetrar en la realidad absoluta. Rescato esta enseñanza del libro sobre el cual disertó: «Cuando uno pierde toda su fuerza por el desaliento es fácil que surjan las adversidades, pero alguien que tiene aliento y entusiasmo es invencible, incluso de cara a grandes adversidades. Por ello, con una mente inquebrantable, causaré una calamidad a la adversidad […] Al darnos cuenta de que una persona dotada de comprensión directa y profunda mediante la quietud erradica las aflicciones mentales, debemos primero buscar la virtud, y ésta surge de cultivar el desapego al mundo y a los placeres». Shantideva, Camino de vida del Bodisatva, Capítulo VII: 53, 54; VIII: 4. ¿Querrá venirse a vivir conmigo?





























