Trancapalanca, de Élmer Mendoza

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Había una vez un rey que odiaba «la guerra la logística el armamento y a los generales. A los campeones de tiro. El sudor a laurel y las trincheras […] Odiaba la capacidad de los hombres de ir al baño». Suficiente tragedia para un soberano, que encima «se sentía manipulado y adherido al capricho de la reina consorte y a los errores de alguien a quien no conocía». Cómo no simpatizar con un personaje así, tan humano, que en la última línea del cuento se revela también hondamente borgeano. A él toca cerrar este espléndido libro, escrito por Mendoza en 1989 (antes de que fuera un autor reconocido), ahora reeditado por Tusquets. Deja un buen sabor de boca.

Trancapalanca (Tusquets) se compone de 23 narraciones, algunas mejores que otras pero en general bien logradas, alineadas con estos «mandamientos» sobre el cuento planteados por el dios-Poe (traducción de Cortázar): «El punto de mayor importancia es la unidad de efecto o impresión […] Si la primera frase no tiende ya a la producción del efecto [deseado], quiere decir que [el autor] ha fracasado en el primer paso». Así, tal cual. El escritor mexicano nacido en Sinaloa emplea recursos estilísticos diversos, juega con planos, tiene su propio lenguaje, aborda temas varios (en especial el crimen organizado, que luego será eje de su narrativa) y casi siempre acude a un final sorpresivo, humorístico incluso. Sin embargo, nada lo distrae: tiene en mente causar un efecto y lo logra.

Llama la atención que se trate de relatos con 24 años de edad pero piel de bebé. Total que el representante de la narconovela también escribe cuentos. Y bien.

Dormir en otra parte

Ilustración: Ángel Boligán
Ilustración: Ángel Boligán

«Leo para dormir en otra parte y regresar al día siguiente, si puedo y cuando pueda, meses o años después. Leo para dejar que un desconocido invente mis recuerdos, para hacer amigos nuevos de personajes imaginarios y para tener las aventuras de las que me siento digno o capaz, por lo menos mientras llego a la última página». -Enzo, en 101 aventuras de la lectura (Zimat)

Sí, yo también leo para eso.

La herida que no debe sanar

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Hoy hace 45 años se perpetró en México, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, una matanza de estudiantes que protestaban contra el gobierno. Lo ocurrido lastima la memoria, es recuerdo infame y vergonzante. Pero si esa herida se cierra es más vergüenza, si llegamos a olvidarla estamos condenados a repetirla. Por eso desde entonces y hasta ahora se repite «DosDeOctubreNoSeOlvida». Esto escribió entonces la poeta chiapaneca Rosario Castellanos. Valga hoy como memoria:

»[…] ¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie./

La Plaza amaneció barrida; los periódicos/

dieron como noticia principal/

el estado del tiempo./

Y en la televisión, en la radio, en el cine/

no hubo ningún cambio de programa,/

ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el/

banquete./

(Pues prosiguió el banquete).//

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres/

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:/

a la Devoradora de Excrementos.//

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.// […]

Recuerdo, recordemos/

hasta que la justicia se siente entre nosotros.»

(Fragmento del poema «Memorial de Tlatelolco»)

Llevo una selva en las entrañas

Ilustración: Gabriel Pacheco
Ilustración: Gabriel Pacheco

«Los poetas hacen viajes interiores cuyas trayectorias no figuran en los mapas y en los que es imposible acompañarlos». Esto le dijo una vez la escritora argentina Olga Orozco (1920-1999) a una mujer enamorada de un poeta. Aunque escribo versos, no sé si soy poeta. Lo que sí tengo claro es que a veces exploro mi geografía más remota y amenazante. En la espesura me topo con ríos violentos, bestias, flores insospechadas, algún pantano. Si corro con suerte, entre rugidos lejanos y la sed que lacera, un rayo de sol me roza la cabeza. Y en algún punto vuelvo a casa.

Link a la nota sobre Orozco en la revista Ñ: http://bit.ly/WwcwbG

Cómo se ama en la cárcel

Cereso (Centro de Readaptación Social)
Centro de Readaptación Social (Cereso), 2004

Horas negras es el nombre de este ensayo gráfico sobre mujeres en prisión. La autora es Patricia Aridjis, fotoperiodista mexicana que visitó por años cárceles nacionales. Su trabajo retrata la vida afectiva en reclusión y hasta puede vencer el encierro: «Mi compromiso encontró sus palabras exactas cuando tomé la foto de una interna en su celda. Me pidió que la fotografiara porque ésa era la única manera en que saldría de allí».

Vigiladas las 24 horas, despreciadas y humilladas, las reclusas comen sordidez, dolor. Despojadas de dignidad, sean culpables o inocentes necesitan afecto. El lesbianismo es una opción a su soledad, la maternidad es otra. Algunas, en cambio, escapan a través de las drogas o el suicidio. Lo cierto es que cada una, insumisa a su manera, enfrenta las horas muertas, en las que quema la conciencia de que uno se muere a pedacitos, perdiendo cada día polvo de vida. Y es que como escribió Oscar Wilde estando él mismo recluido: «La vida en prisión, con sus incontables privaciones y restricciones, lo vuelve a uno rebelde».

Mario (María) y Eli
Mario (María) y Eli, 2000
Cereso, 2007
Cereso, 2007
Esperanza
Esperanza, 2001
Karla Liliana, 2005
Karla Liliana, 2005

De tanto ser lo que eres

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Por alguna razón los ángeles, ausentes o presentes, me siguen acechando. Ahora toca el turno a éste que habita el fantástico poema de Mutis, quien desde hace días escribe en cuaderno de nubes:

«A la vuelta de la esquina/

un ángel invisible te espera;/

una vaga niebla, un espectro desvaído/

te dirá algunas palabras del pasado./

Como agua de acequia, el tiempo/

cava en ti su manso trabajo/

de días y semanas,/

de años sin nombre ni recuerdo./

A la vuelta de la esquina/

te seguirá esperando vanamente/

ese que no fuiste, ese que murió/

de tanto ser tú mismo lo que eres./

Ni la más leve sospecha,/

ni la más leve sombra/

te indica lo que pudiera haber sido/

ese encuentro. Y, sin embargo,/

allí estaba la clave/

de tu breve dicha sobre la tierra».

-Álvaro Mutis

El Día de Sergio Pitol

Foto tomada de: http://hermanocerdo.com
Foto tomada de: http://hermanocerdo.com

Una vez, Carlos Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas: “En ese momento me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”.

El Pitol novelista, ensayista, editor y traductor le cuenta en entrevista al colombiano Darío Jaramillo que cuando en los años 60 vivió en Europa, se puso a traducir «porque no tenía otro trabajo». Mexicano, ha vertido al español cerca de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Robert Graves, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Luigi Malerba, Anton Chéjov, Tibor Déry, Lu Hsun y Jerzy Andrzejewski.

Hoy que se celebra el Día Internacional del Traductor, casi como sinónimo habría que decretarlo Día de Sergio Pitol. Acaba de cumplir 80 años, no esperemos a que muera para hacerle homenajes. Aquí, como mínimo tributo, un fragmento de Cosmos, novela de Witold Gombrowicz que tradujo del polaco: “Sonreí a la luz lunar ante la plácida idea de que la mente es impotente frente a la realidad que la supera, la anula, la burla… No existe una posibilidad irrealizable… Toda trama es posible”.

Entrevista con Jaramillo: http://bit.ly/15FuurK

Otra poeta acallada por el poder

Imagen 1En memoria de Alejandra Pizarnik,
que escribió «Presencia de sombra»

«Con ‘la cabeza llena de flores’,/

se fue aquella mujer hacia la muerte,/

yo también quisiera morir así/

y aunque no lo supiese nadie/

de mi oscura cabeza silenciosa/

nacería más tarde/

un ramillete de primavera.//»

Eso deseaba la escritora Alaíde Foppa, quien murió a manos de la tortura, a los 67 años. Hoy, en la tierra mágica de Tepoztlán termino de leer esta antología suya y me estremece su vida signada por la tragedia.

Nacida en 1913, hija de dramaturgo argentino y terrateniente guatemalteca, estudia en varios países europeos; luego llega a Guatemala y se asienta ahí. A raíz de los golpes militares de los años 50 viaja a México. Casada con el exiliado guatemalteco y luchador de izquierda Alfonso Solórzano, reparte sus horas entre ser madre de cinco, escribir poesía, militar en el feminismo, ser maestra en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. A fines de los 70, tres de sus hijos van a Guatemala a luchar contra la represión de Romeo Lucas García: uno es guerrillero, otro periodista de oposición y la tercera, médica rural. En 1980 Juan Pablo, el guerrillero, muere en un combate con el ejército. Luego, Alaíde queda viuda: su esposo es atropellado en la Ciudad de México.

Totalmente involucrada con la lucha clandestina y con la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión (AIMUR), viaja a Guatemala. En el aeropuerto dice a su amiga, Marta Lamas: «Este 1980 ya no nos puede suceder nada malo; ya todo lo que tenía que pasar, pasó». Se equivoca. El 19 de diciembre, su auto es interceptado por el ejército y Alaíde desaparece. En México se organizan manifestaciones, mítines, protestas en los diarios… para nada. Al poco tiempo es asesinado otro hijo suyo, el periodista. Tiempo después se enteran de que Alaíde fue torturada y asesinada por su participación con la guerilla.

Estudiante yo misma de la Facultad de Filosofía y Letras, conocía de oídas su historia, pero leerla hace temblar. Desde la paz de estas montañas mexicanas me llega el eco de sus versos desgarradores:

«Tenía miedo/

en la infancia/

de que se me durmiera/

el tiempo,/

hoy tengo miedo/

del tiempo despierto».

Intercambian retratos por comida

Imagen: www.orgullocalentano.blogspot.mx
Imagen: http://www.orgullocalentano.blogspot.mx

Hoy y mañana, dos fotógrafos mexicanos unen su arte y el de otros colegas por las víctimas de las lluvias brutales que estragaron buena parte del país. En el céntrico Parque México, en la Colonia Condesa de la capital, Humberto Abet y Hermes Quetzalcóatl intercambiarán este fin de semana sesiones fotográficas por comida para enviar a los damnificados. Las fotos será subidas a una página web, desde donde los retratados podrán descargarlas, dice el también fotógrafo Ulises Castellanos, quien difunde la nota: http://blogs.milenio.com/node/5044

Me gustan esas ganas de ayudar. Ése es el mejor México, el de la gente, no el de las lamentabilísimas figuritas televisivas, que aprovechan la tragedia para subir el rating.

Mi otra vida

Trees_5791

Creo que nunca había dicho esto y no lo voy a repetir, pero lo confieso hoy: en mi siguiente vida voy a ser un árbol. No un bonsai exquisito ni un pino navideño y coqueto. Seré un encino grande, heterodoxo, de ramas entretejidas con la noche, un árbol bien plantado, de tronco inverosímil y que se entiende con la lluvia. Avisados están.

Aprender a ser mar

Foto: www.es.gdefon.com
Foto: http://www.es.gdefon.com

«El sufrimiento puede ser una extraordinaria enseñanza, capaz de hacernos tomar conciencia del carácter superficial de muchas de nuestras preocupaciones habituales, del paso irreversible del tiempo, de nuestra propia fragilidad y sobre todo de lo que cuenta realmente en lo más profundo de nosotros […] ¿Cómo dominar el dolor en vez de ser víctima de él? Si no podemos escapar de él, más vale aceptarlo que intentar rechazarlo. Tanto si caemos en el desánimo más absoluto como si conservamos la presencia de ánimo así como el deseo de vivir, el dolor subsiste, pero en el segundo caso seremos capaces de preservar la dignidad y la confianza en nosotros mismos, lo que establece una gran diferencia […]». -Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Este libro ha sido consejero fiel durante estos días, en los que llueve. A principios de 2013 dije que el monje budista Matthieu Ricard, su autor, sería mi gurú durante el año (http://wp.me/p1POGd-th). De hubierme apegado más a sus enseñanzas hubiera podido enfrentar el dolor reciente con más entereza y claridad. No lo hice. Hoy me siento a escucharlo y trato de aprender cómo tener paz interior en circunstancias adversas, como hace el mar: «en la superficie, una tormenta causa estragos, pero en las profundidades continúa reinando la calma».

Las venas del placer

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Hace unos días murió, aquí en México, el escritor colombiano Álvaro Mutis. A golpe de palabras, estos versos suyos conjuran un poco su muerte (y la de quienes lo leemos):

«Hay que inventar una nueva soledad para el deseo. Una vasta soledad de delgadas orillas/
en donde se extienda a sus anchas el ronco sonido del deseo. Abramos de nuevo todas las/
venas del placer. Que salten los altos surtidores no importa hacia dónde. […]»

 

Despacito

Cartón: Liniers
Cartón: Liniers

No sé, en efecto no sé adónde, pero aquí voy, tratando de fluir a bordo de un ánimo lastimado, que a pesar de todo busca mantenerse a flote, por sí y por quien más ama.

Dónde está el ángel

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Dónde está ese ángel/

ese inútil de la guarda/

que no guardó lo que debía/

serafín negligente/

que por dormir descuidó lo más sagrado/

charlatán/

mentido cuidador de alas huecas./

Dónde está.//

 

-Julia Santibáñez

Líneas desde la cueva

Foto: www.mongabay.com
Foto: http://www.mongabay.com

Hace días recibí un golpe que conmocionó mi paz, mis certezas, mi universo entero. Me quebró el espinazo. Desde entonces he estado ausente de este blog, asomándome apenas a vaciar algo de dolor en versos. De hecho, he estado ajena de todo y de todos, escondida al fondo de la cueva, lamiéndome las heridas. Me han acompañado en el refugio algunos libros y también cuadernos de escritura (mi terapia más antigua), pero esos renglones trémulos sólo los expongo a mis ojos. Mi pareja y mis amigos, pacientes y amorosos, me aguardan a la entrada y me abrazan cuando reciben mi señal para acercarse, pero saben que necesito tiempo a solas.

Cuando empecé este blog quise que fuera expresión de la mujer que soy, emocional, contradictoria, sensible, temerosa, vital. En casi dos años he tratado de evitar las máscaras y me he mostrado sin disimulo, para bien o para mal. Si algún mérito hay en este espacio, creo que es ése. Sigo fiel a esa declaración de principios, así que ahora que atravieso un dolor muy hondo (mejor: que el dolor me atraviesa) sólo puedo desde aquí tratar de exorcizarlo con palabras, ponerle nombre para ahuyentar su negrura.

Supongo que un día volveré a andar afuera, entre los árboles, que disfrutaré de nuevo el aire fresco. Ese día también retomaré el ritmo de escritura en el blog, hablaré de lecturas y autores, de novedades de la lengua, de mis amores y mis plantas, de poetas que me deslumbren y de yoga. Por ahora sigo aquí, oyendo mi eco en las paredes de la cueva.

No puedo

Foto: www.jamesnava.com
Foto: http://www.jamesnava.com

No puedo estar./

No puedo hablar de nada ni de todo./

No puedo reírme./

No quiero./

Como si un derrumbe/

caído encima/

me rompiera en dos,/

coletazo de un dios furibundo./

Respiro polvo, confusión./

No puedo ser yo./

No sé si podré.//

 

-Julia Santibáñez

Palabra odiante, monstruosa

Foto: bgfons.com (2172)
Foto: bgfons.com (2172)

Esta palabra golpea, quema, taladra.

Cuánto cuesta decirla, monstruosa. Al abrir la boca para intentarlo se cuela un viento helado, que destempla los dientes.

No puedo pronunciarla, palabra odiante, palabra terremoto que no deja casa en pie, palabra puñal que hiere toda la mañana y toda la noche y todos los minutos en medio.

Se me marchita en los labios la palabra de violencia desconocida, palabra pesada como una piedra que golpea la cabeza.

Qué trabajo lidiar con la palabra que me perfora como un alfiler a un insecto.

Descoyuntada

Imagen: Maurizio Bonfanti
Imagen: Maurizio Bonfanti

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!/
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos/
la resaca de todo lo sufrido/
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!/

-César Vallejo

no me tengo en pie/

me rompieron los huesos uno a uno/

dolor en astillas rasga por dentro/

pero nada se ve/

sólo que soy una mujer de trapo/

descoyuntada/

sin voz/

me dejo poner donde sea/

(crujo en pedazos)/

y me siento a ver cómo el dolor me llena/

cómo la sangre inunda los ojos/

y tiñe cuanto veo//

 

el mundo se me llenó de huesos rotos/

pobres espantados de dolor/

mis amargurados/

mis remordidos/

mis más que nunca desamparados//

 

-Julia Santibáñez

«¿Usted puede describir esto?» «Puedo»

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«En los terribles años del terror de Yezhov hice cola durante siete meses delante de las cárceles de Leningrado. Una vez alguien me ‘reconoció’. Entonces una mujer que estaba detrás de mí, con los labios azulados, que naturalmente nunca había oído mi nombre, despertó del entumecimiento que era habitual en todas nosotras y me susurró al oído (allí hablábamos todas en voz baja):

-¿Y usted puede describir esto?

Y yo dije:

-Puedo.

Entonces algo como una sonrisa resbaló en aquello que una vez había sido su rostro.»

Esto lo cuenta la poeta rusa Ana Ajmátova en el prólogo de su exquisito poemario Réquiem (Mondadori). Fusilado su marido por contrarrevolucionario, en 1938 su único hijo es encarcelado. La autora pasa 17 meses yendo todos los días ante la cárcel, para tener noticias suyas. En 1963 publica Réquiem, que incluye poemas fruto de esos meses desgarrados. En esas condiciones, la capacidad de una pluma para describir el sufrimiento da un abrazo de palabras a quien no tiene esperanza. Si la poesía «sirve»  para algo es justo para eso.

Libreros: por ahí desde 2600 a.C

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Tropiezo en internet con esta imagen, que me mueve. Por un lado evoca mi aprecio por los libreros que leen mucho y saben todo de libros, a quienes debo hallazgos que llevo conmigo de por vida, como los autores Quim Monzó, David Markson y, hace poco, Ana María Rodas. Por otro lado me da nostalgia que, para surtir libros digitales, una computadora con un buen buscador puede bastar. ¿Es decir que la tecnología los va a reemplazar? No creo. La eficiencia no equipara los ojos brillantes de un librero que me recomienda con pasión esa novela que no puedo «morir sin haber leído» o que me da un poemario inconseguible, como si fuera una poción mágica salvavidas (a veces lo es). En fin, en cuanto a mí los libreros de carne y hueso no tienen sutituto. ¿Por qué no hacer una película de superhéroes con uno de protagonista? O, mínimo, instituir su Día Internacional.

PD En otro momento conté aquí mi experiencia con un no-librero: http://alturl.com/zqn6m

El calambur más famoso del español

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No-sé-porqué recuerdo esta genial anécdota sobre el poeta Francisco de Quevedo, dechado de genio e ingenio del Siglo de Oro español. Resulta que en su época, la reina (algunas fuentes hablan de Mariana de Austria; otras, de Isabel de Borbón) cojeaba visiblemente y todos se burlaban de ella, pero a sus espaldas… todos, menos el poeta. Cruzada una apuesta con un amigo, consistente en hacer escarnio de la soberana en su cara, se presentó ante ella con dos flores y le dijo este juego de palabras: «Entre el clavel blanco y la rosa roja, Su Majestad escoja». Dicen que la reina entendió el juego de palabras y respondió: «Que soy coja, ya lo sé. El clavel escogeré».

Más allá de todo, revela el carácter de ese Quevedo divertido y valiente que me apasiona.

La inundación vista por un poeta

Foto: Reforma
Foto: Reforma

Vivo en un país tropical, cosa que suelo disfrutar: buen clima, gente alegre, fiesta continua. Sin embargo, ahora una tormenta en el Pacífico y un huracán en el Golfo de México (Atlántico) tienen a medio país bajo el agua, millones de damnificados, desabasto, estados incomunicados por tierra, mar y cielo. En la foto, la inundación cubre la carretera al puerto de Acapulco.

Como siempre, busco la voz de los poetas, que ponen en palabras lo que al resto sólo nos saca llanto. Estos versos, del chiapaneco Efraín Bartolomé, fueron escritos a propósito de una de las muchas inundaciones que cada año padece México. Así está hoy mi país querido.

El río trajo troncos y lúbricos helechos:/
la creciente mantuvo mi memoria anegada./
La inundación es gris. La niebla húmeda nada/
entre ruinas y patos y lúgubres desechos.//

Mundos rotos, barcazas, heridas en el pecho/
del río, y un olor como a selva concentrada;/
un hedor incipiente y una aguda parvada/
de gritos en la cumbre del paisaje maltrecho.//

Tiembla un dolor de siglos en las aguas impuras/
que arrancaron raíces y carcomieron tumbas/
que ahogaron yeguas, potros, jardines y espesuras.//

Hay un salmo en el viento y un soplo de amargura/
y donde antes fluía el licor de las rumbas/
sólo queda el gemido donde el aire supura.//

¿Quién me quita lo fiesteado?

Foto: Margaret Metcalfe
Foto: Margaret Metcalfe

Tras noches y días de fiesta, de amor y mezcal, picante, excesos y desvelos poco habituales, toca volver a la rutina cotidiana. Feliz aunque un poco apaleada, recuerdo esta breve cita y confirmo que la pregunta no necesita respuesta:

«Se dice, y con razón, que al Renacimiento le dio por ‘gozar el instante’. Carpe diem le llamaban los antiguos romanos […] Se trata de sacarle ganancia, lustre a la vida. […] El deleite se multiplica en el vino, la comida y el dinero. Cantarle, pues, las mañanitas a los cinco sentidos. Todo lo que puede ofrecer la vida, y no es poco, al oído, al gusto, al olfato, a la vista y al tacto. […] Olvidarse de la muerte, poner entre paréntesis al más allá. Los dichos mexicanos se hacen eco de esta propuesta cuando afirman, muy quitados de la pena, ‘el muerto al hoyo y el vivo, al bollo’, cuando se guiña un ojo al decir ‘si se lo han de comer los gusanos, que lo gocen los humanos’ o cuando invitan en sinécdoque que abarca el todo: ‘a darle, que es mole de olla’. Al resumir una vida, bien puede ponerse en el haber de la lápida: ‘¿Quién me quita lo bailado?'». -Carmen Galindo, «Carpe diem a la mexicana», El lenguaje se divierte (Biblioteca del ISSSTE).

El órgano más delicioso

Foto: Dan Holm
Foto: Dan Holm

«Entre labio y labio/
cuánta dulzura guarda/
mi boca abierta al beso,/
estuche en que los dientes/
muerden vívidos frutos,/
cuenca que se llena/
de jugos intensos/
de ágiles vinos/
de agua fresca,/
donde la lengua/
leve serpiente de delicias/
blandamente ondula,/
y se anida el milagro/
de la palabra.//»

-Alaíde Foppa

Estoy leyendo sobre la vida y desaparición forzada de esta poeta, activista social, humanista. Impresionante su historia, teñida de dolor. Se le recuerda por ella, pero hoy quiero traerla a la memoria por este poemita sabroso que celebra la boca, órgano responsable de actividades supremamente humanas: besar y hablar.

El que juega mientras hace arte

Imagen 6

http://goo.gl/TsW8nX

(da click para correr el microvideo)

Alejandro Magallanes es un diseñador y poeta mexicano, conocido de este espacio. Hoy me meto a su blog loquehacealejandromagallanes.blogspot.mx y encuentro este cartel y este video (25 segs), ambos creados por él. Son sobre el proyecto «SOLO2: diseño coreógrafo»: concebido por Carolina Jiménez, «a partir del diseño y concepto de los vestuarios, los bailarines hacen una coreografía», explica Magallanes. Es decir, en contrasentido de lo esperado, la danza surge del diseño.

Qué genialidad, hermanar arte con arte y, sobre todo, hacer que parezca un juego. Se requiere talento para ambas cosas. A Magallanes le sobra.

PD Aquí, otros post sobre él: http://wp.me/p1POGd-1pT y http://wp.me/p1POGd-1pX