«Internet: perfecto para compartir literatura»

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En la recientísima Feria del Libro de Bogotá, el autor suizo Peter Stamm externó esta opinión interesante: “Internet y las tecnologías emergentes son los medios perfectos para compartir la literatura y llegar hasta donde no hay librerías. Estos elementos no son una amenaza para el futuro de la novela y la literatura, al revés. No creo que cambien la necesidad histórica del ser humano de escuchar historias, lo que hoy serían novelas, con lo cual la lectura estaría garantizada y diversificada”.

La discusión sobre el tema es larga y compleja, tiene muchas aristas. En lo personal coincido con que Internet permite llegar a lugares donde la distribución de libros y revistas es poco operativa. También estoy de acuerdo en que no modifica la necesidad íntimamente humana de leer historias, de conectar con otros a través de la palabra. Hace poco leí una entrevista con el director internacional de un grupo editorial enorme. Decía: «Por primera vez en la historia, las editoriales no enfrentamos un problema de lectores, sino de ingresos». Ahí está la clave, el reto: la gente está leyendo mucho… pero en general está haciéndolo gratis, de manera que quienes producimos contenidos tenemos que encontrar la fórmula para seguir siendo rentables.

Sin embargo, haría un matiz a lo dicho por Stemm en cuanto a que Internet sea «el medio idóneo» para compartir literatura. Para mí al menos, el papel sigue siendo rey.

Apología del librero-lector

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Llego a la librería a buscar una novela de autor colombiano reciente, que no conozca. Quiero la recomendación de un buen librero, de esos lectores voraces que te recomiendan desde su pasión, que hacen toda la diferencia en la experiencia de lectura. Me aborda un empleado atento, le explico que ya he leído a García Márquez, Fernando Vallejo, Laura Restrepo, José Eustasio Rivera, Mario Mendoza. Le pido recomendarme otra gran pluma colombiana. Regresa con Una misma noche, de Leopoldo Brizuela, Premio Alfaguara 2012. En la ficha biográfica veo que el autor es argentino. «Ah, entonces… le traigo lo último de Rosa Montero». Respondo: «Es española». «¿Qué le parece Hernán Rivera?» «Muy bien, pero es chileno». No estoy ante un librero, sino ante un dependiente. Prefiero seguir sola.

Mientras hojeo títulos llega corriendo el empleado: «Éste es el autor que le decía, Premio Alfaguara 2011: Juan Gabriel Vásquez, El ruido de las cosas al caer«. Por ser cortés lo tomo, aunque lo leí salido del horno. No recordaba que era colombiano, no me dejó huella. En eso doy con Santiago Gamboa, Plegarias nocturnas (Mondadori). Las primeras líneas no son decisivas pero el resumen es prometedor y me pica la recomendación de Manuel Vázquez Montalbán: «Santiago Gamboa es, junto con Gabriel García Márquez, el autor colombiano más importante». Vaya rasero. Me termina de decidir el epígrafe de Lou Andreas Salomé: «Lo que quedaba al final, cualquier fuera el modo en que cambiaran el mundo o la vida, era el hecho inamovible de un universo abandonado por Dios».

Mientras pago siento nostalgia por Héctor, el librero más lector que he conocido. En infinidad de ocasiones me recomendó títulos que son parte de mi bagaje personal. Ahora mismo lee en otra dimensión.

Mi propio epitafio

Screen shot 2013-05-02 at 9.58.03 AMEste poemita colombiano me pone de buenas:

El inmortal

«Soñé mi epitafio.//

No tenía lápida/
ni tumba.//

Era una simple nota/
pegada con cinta/
y decía://

Estoy en la biblioteca».

-John Galán Casanova (Colombia, 1970)

Amarás a Dios sobre todas las cosas, de Alejandro Hernández

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«Aquí puedes ganar de pelos, una lana que nunca te imaginaste. Para empezar, cinco mil pesos a la semana […] te saliste de tu país para buscar trabajo, o no. Pues aquí lo tienes, peladito y a la boca […] es trabajo sencillo, traes y llevas cosas, traes y llevas migrantes, los vigilas, ya verás que es mejor andar chingando que ser chingado, eso que ni qué. Y a lo mejor más adelante hasta matas a uno, a dos, a lo mejor le agarras el gusto […]. Una entrenadita y ya está, con culeros de verdad, con sangre de verdad, una vez que te despachas a uno, una vez que te salpicas de sangre, se le va pasando a uno el asco, de veras, o cómo crees que empezamos todos lo que andamos en esto, cómo, si no». Con estas razones, un secuestrador de migrantes trata de convencer a uno de ellos de «pasarse al otro lado»: dejar de ser víctima para convertirse en victimario de sus compañeros, en una realidad sin esperanza donde no hay más alternativas que esas dos.

Es un extracto de la novela Amarás a Dios sobre todas las cosas, de Alejandro Hernández (Tusquets), sobre la brutalidad que enfrentan los indocumentados en México, en su tránsito hacia Estados Unidos. Acabo de terminarla. Siento coraje, impotencia, asombro, tristeza, vergüenza del género humano. La novela me parece totalmente verosímil. Aunque quisiera creer que exagera, las noticias y lo que he leído sobre el tema me confirman que Hernández, el autor, se apegó a la verdad. No parecen concebibles el dolor, el miedo, el hambre y la humillación que enfrentan miles de migrantes a diario, ahora mismo. Tampoco parecen tener límite la crueldad, la prepotencia y el abuso de policías, agentes de migración, secuestradores. Cada sinpapeles vive esperando «no ser golpeado tan fuerte, nada más seguir vivo mientras la vida transcurre, sin voluntad, atado a los caprichos de desconocidos sin madre, [respirando] nada más por la fuerza de un recuerdo, la imaginación puesta en la casa que has dejado».

No sé qué hacer con el nido de avispas que traigo en el estómago.

Los escritores también fueron niños

Marguerite Yourcenar
Marguerite Yourcenar

A través de su avatar @elhombredetweed, el escritor mexicano Mauricio Montiel tuiteó hoy, Día del niño en México, fotos de 26 escritores internacionales cuando eran pequeños. Las vi llevada por la curiosidad, también por divertimento e incluso como recordatorio de que esas enormes plumas un día fueron niños fascinados con una pelota (a partir de ahora tendré más respeto a las pelotas).

Aquí comparto algunas pero recomiendo seguir en twitter la cuenta @elhombredetweed, para verlas todas. De todas formas, no hay desperdicio: si las fotos no les gustan vale la pena seguir a Montiel.

Gonzalo Rojas
Gonzalo Rojas
Fernando Pessoa
Fernando Pessoa
Sylvia Plath
Sylvia Plath
Octavio Paz
Octavio Paz
Julio Cortázar
Julio Cortázar

Territorio ávido de sus besos

Auguste Rodin, Eternal Spring
Auguste Rodin, Eternal Spring

El día amanece esperanzado, primaveroso, instalado en el buen humor. Si la relojería se pone a punto, en pocos días mi cuerpo volverá a ser «territorio ávido de sus besos» (G. Belli). El sol lo sabe, por eso esta mañana no llega de puntillas como otros días, sino aparece sonriente en lo alto del cielo.

Lamer la vida

Screen shot 2013-04-29 at 6.53.15 PMParece que esta tarde va a llover, lo que me recuerda estos versos de Malú Urriola, extraordinaria poeta chilena:

«La vida de un paraguas es lamer la lluvia./

La de un poeta, la vida».

Nada que añadir.

Encontrarme en verbos, adjetivos

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Tengo una propensión de siglos, una ebullición recurrente en las venas: es la urgencia por leer, por hallar palabras para armar sentidos, como si las generaciones que me habitan buscaran verbos y adjetivos dónde posarse para componer historias, paladear ecos, cadencias.

Desde hace muchos años no hay un día que no lea. Pasan por mi escáner libros, revistas, periódicos, blogs, sitios de Internet… todos o algunos cada jornada. La fiebre llega a tal absurdo que, sin darme cuenta, con frecuencia me veo leyendo la caja de unos chocolates, el panfleto recibido en la esquina. Creo que en el fondo está aquello de C.S. Lewis: «Leemos para saber que no estamos solos».

Leer = salirse de la cadena de producción

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A la pregunta de por qué los jóvenes leen cada vez menos, Junot Díaz (escritor estadounidense/dominicano y ganador del Pulitzer 2007), da este aguda respuesta:

«… Cada vez que un joven abre un libro es tiempo que pasa sin pulsar botones, sin entrar en Facebook, sin pedir papel higiénico por Amazon. Si a una chica o a un chico les da por leer poesía, se salen (sic) de la cadena de producción de dinero y obtención de beneficios. A las corporaciones les resulta insoportable la idea de que nadie le dedique a una novela las 20 o 30 horas que exige su lectura».

(entrevistado por El País Semanal, 28 de abril de 2013)

Su lógica implacable me deja helada. Muchas veces he pensado que leer es un acto revolucionario porque afirma la libertad, alimenta la imaginación, permite rebasar la propia experiencia y enriquecerla con otras, democratiza, fortalece la tolerancia. Ahora tengo una razón más para creerlo.

De por qué el futbol a veces hace llorar

Imagen 4Domingo. 8 am. Torneo de futbol de la personaja adolescente: unos 20 equipos de chicas disputan la copa. El año pasado, ella y sus amigas quedaron en un honrosísimo segundo lugar. Esto año no van tan bien: ayer perdieron dos juegos, en éste esperan recuperarse. En las gradas, papás y mamás animamos al equipo. Comentamos que de jóvenes nunca hubiéramos imaginado que el futbol femenil se volvieran tan popular, pero lo celebramos.

De pronto, en una buena jugada la personaja anota un gol en el ángulo de la portería. Vienen gritos, celebración, abrazos de sus compañeras. Luego ella voltea a las gradas, buscándome con los ojos: me señala y sonríe con toda la boca, dedicándome el gol. ¿Cómo explico que esta mamá cursi vio el resto del partido limpiándose los ojos?

(Por si alguien tenía curiosidad: ganaron 4-1 pero no lograron pasar a la siguiente ronda).

Mi deleite callado

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Tengo una familia de plantas. No sé cuántas son pero entre las que tengo en la entrada de la casa y las del patio trasero deben rozar las 50. Puedo decir que las quiero: las disfruto muchísimo, me emociona ver que a una le salió un botón, que a otra le ha sentado bien la primavera. Me fascinan sus ganas de vivir a costa de lo que sea. La chica que me ayuda en casa se encarga de regarlas porque en días laborales no tengo tiempo para dedicarles, de manera que muchos fines de semana las consiento. Hoy me di ese gusto. Con música de Bach como fondo podé alguna, las regué, les quité hojas secas, trasplanté una que pedía una maceta más grande, sembré un par recién compradas. Después de descalabros que le costaron la vida a varias de ellas, de alguna forma he aprendido a conocerlas, saber qué necesitan, entender sus tiempos. Son un auténtico deleite callado.

Como las puse guapas, no pude evitar tomarles una foto. Esta es una parte de esa entrañable familia.

Cosas indestructibles que acompañan el cuerpo

-John Malloy
-John Malloy

Placer de sábado: ir al librero, estirar la mano sin mirar dónde cae, tomar el volumen que eligieron los dedos, abrirlo donde sea y reencontrarme con palabras alguna vez leídas y disfrutadas, marcadas de alguna forma en la página como favoritas. Es como dejar que el destino sin rostro hable en voz de un autor. Aquí la delicia que tuvo a bien decir/recordar hoy:

«Hay cosas indestructibles que acompañan el cuerpo hasta la muerte como si hubieran nacido con él. Y una de ésas es la que surge entre un hombre y una mujer que viven juntos ciertos momentos».

Clarece Lispector, Cerca del corazón salvaje (Siruela)

Canción «sentida» para un viernes

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La voz española de Buika, el piano cubano de Chucho Valdés, la letra mexicana de José Alfredo Jiménez: «En el último trago» es una fusión latina rompedora para el viernes, digna de escucharse con una buena copa en una mano y un limón en la otra.

Hay de protestas a protestas

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Hasta para mostrar inconformidad conviene ser creativos.

Antes que nada, subrayo que creo en la protesta social y más de una vez he gritado consignas y he marchado por las calles a favor de una causa que me parece importante defender. Sin embargo, para mi gusto, por más válida que sea una bandera, ya no son tiempos de romper cristales, lanzar botellas, bloquear calles o carreteras por días para impedir el paso de quienes no pueden resolver un asunto. Me parece que esa forma da a las autoridades la razón perfecta para condenar forma y fondo de la expresión (y, por tanto, cerrarse al diálogo), además de que suele ganar la animadversión de la población afectada, en vez de su respaldo.

En estos días, en el estado mexicano de Guerrero, maestros han roto cristales, tomado oficinas, destruido computadoras, quemado mobiliario como medida de presión para que atiendan sus reclamos (no entro en el fondo de los mismos, este comentario se concentra en la forma). También llevan días bloqueando la autopista del Sol, importante vía de comunicación. Por otro lado, en el Distrito Federal la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México, mi adorada UNAM, lleva días tomada por alumnos encapuchados que impiden la operación de la institución educativa más grande del país y una de las más importantes del mundo hispano.

En contraste, ayer Greenpeace dio cátedra de originalidad. Burlando las medidas de seguridad del Senado de la República, una mujer se «descolgó» con una arnés y exhibió una pancarta con su reclamo, todo en plena sesión. Al mismo tiempo, otra mujer entró al salón con una pancarta similar. En otro contexto, en días recientes las activistas de Femen se manifestaron desnudas en París y Kiev contra la Yihad y el mundo entero volvió los ojos a su causa.

Por lo que veo en las redes sociales, las expresiones violentas reciben la condena de una enorme parte de la gente, mientras las osadas merecen aplauso, celebración. Creo que tener el apoyo de la población no es de menospreciar. Si a lo largo de décadas el fondo de las protestas es similar (libertad de expresión, justicia, equidad, condena a la represión), me parece que es tiempo de buscar nuevas formas de manifestarlo.

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El optimismo que sí me gusta

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Mi lectura mañanera me reconcilia con el manoseado concepto que la auto-ayuda ha vuelto insoportable:

«Un optimista es una persona que considera que sus dificultades son momentáneas y controlables, que están relacionadas con una situación concreta. Dirá: ‘No hay motivos para hacer de esto una montaña, estas cosas no duran eternamente. Seguro que encuentro una solución; normalmente salgo airoso de los apuros’. El pesimista, por el contrario, piensa que sus problemas no se van a acabar (‘no son cosas que tengan arreglo’), que estropean todo lo que emprende y que escapan a su control (‘¿qué quieres que haga?’)
[…] No se trata de simples matices, sino de una diferencia fundamental en la manera de ver las cosas. Esta distancia entre una perspectiva y otra está relacionada con el hecho de haber
encontrado o no en uno mismo esa plenitud, que es lo único que puede alimentar una paz interior y una serenidad permanentes».
-Matthieu Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)

Una mujer atravesada entre los párpados

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Empezar la mañana con este pasaje dedicado a una es arrancar el día con la piel de gallina:
«No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera le diría que se vaya, pero tengo una mujer atravesada en la garganta».
-Eduardo Galeano

A esto huele (y sabe) México

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Se necesita un asombro perpetuo para percibir así el mundo. Tras estas imágenes está el olfato de una fotógrafa de origen inglés, luego radicada en España y llegada a México en 2009. Se llama Margaret Metcalfe y ayer tuve el gusto de conocerla.

Cuenta que ha vivido en ocho países, que además de captar todo con su cámara también traduce, da clases de inglés y colabora en una fundación que asiste a madres adolescentes. Su trabajo es colorido, armónico, fresco. En su sitio web aloja cientos de fotos sobre mi país. Entre las que más me gustan están las que reflejan el olor y sabor de esta tierra: de los tacos, dulces típicos y chiles, de las frutas, de los elotes tostados,  del pan dulce, del copal de los danzantes indígenas, de las aguas frescas, de los chapulines, de los mercados y el mezcal. Aquí, una «probada» de ellas… y de México.

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Sitio web de la fotógrafa: www.margaretmetcalfephotography.weebly.com

(Pies de foto para no-mexicanos:

1. Chile: fruto picante (en otros países llamado «ají»), consumido desde tiempos prehispánicos. En México existen unas 40 variedades; el que aparece en la foto, muy picante, es el «chile habanero».

2. Tortilla: alimento circular y aplanado, hecho con masa de maíz hervido en agua con cal y cocido en un comal. Es parte fundamental de la dieta mexicana, en todas las variantes posibles.

3. Pan de muerto: pan azucarado con sabor a naranja, que se come en las fiestas del Día de Muertos (1 y 2 de noviembre) y decora los altares dedicados a los difuntos.

4. Agua fresca: bebida hecha con pulpa de fruta, agua y azúcar.

5. Copal: resina  incolora extraída de un árbol; al quemarse produce un aroma agradable. Se usa en rituales desde la época de los aztecas.

6. Elote: mazorca tierna del maíz que se come asada o hervida, normalmente acompañada de limón y chile en polvo.

7. Taco: tortilla de maíz enrollada, que contiene algún alimento: en el caso de la foto son camarones, pero son muy populares los tacos de carne, pollo preparado, frijol y nopal.

8. Mezcal: aguardiente extraído del agave, de sabor fuerte, que se acompaña con rebanadas de naranja y sal de gusano.

9. Guacamole: salsa muy espesa preparada con aguacate (en otros países llamado «palta»), cebolla, tomate y chile. Aquí aparece acompañado de tostadas, es decir, tortillas fritas y cortadas.

10. Chapulines: insectos pequeños de color rojo, que se tuestan y se comen en taco).

Se equivocó Dios

Imagen 14 a.m. Noche de insomnio, noche atorada que no deja de pensar. La mente salta de un pensamiento a otro, despeinada. Cien veces intento meditar. Imposible. Me pongo a leer Amarás a Dios sobre todas las cosas, de Alejandro Hernández (Tusquets), novela sobre el pavoroso via crucis de los migrantes hacia EUA:

«Ayer cenamos desaforadamente y ya tenemos hambre. Se equivocó Dios, digo, nos dio un estómago muy antojadizo. Uno debería comer y volver a tener hambre en tres días, eso hubiera sido misericordia. Deberíamos tener otro estómago, estómago de pobre. Con este estómago de rico, dice Danilo, nos la vamos a pasar chillando todo el camino».

El día me encuentra acompañando a estos valientes. Sus grandes temas me hicieron olvidar los míos.

«Que compres un libro, carajo»

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Aprovecho el Día Internacional del Libro para abordar un tema que me interesa: las campañas relativas a la lectura, en concreto, un acierto mexicano publicitario de los últimos años. Se trata de un esfuerzo exitoso para poner en boca de todos una librería, tarea no fácil en un país donde se leen menos de tres libros al año en promedio por persona. Me refiero a la comunicación de librerías Gandhi, presentes en 13 estados del país. Una joya de Content marketing.

El título de este post pertenece a una fase de esa campaña, concebida por la agencia Ogilvy. Aunque ya tiene algunos años, no está de más recordarla. Incluía frases relativas a libros para determinado tipo de lectores, por ejemplo: «Que compres un libro, carajo. Libros para neuróticos», «Todos los escritores son iguales. Libros para feministas», «A ver, abra su libro. Libros para ginecólogos», «¡Tráeme un libro, vieja! Libros para machos», «Mi libro es más grande que el tuyo. Libros para hombres». Si bien acudía a estereotipos, lograba su propósito: hacer que la gente buscara los espectaculares y sonriera con ellos. Claro, de ahí a que alguien fuera a una sucursal, comprara un libro y lo leyera había un gran trecho, pero el primer paso estaba dado.

Más recientemente, otro eslogan se refería con humor a la crisis de lectura/educación en el país: «Leer no sirve para nada: 114 millones de mexicanos no pueden estar equivocados», lo mismo el que ilustra este post: «Nadien lee», en un buen uso de humor inverso. Otro incluso aludía a la desgraciada situación de violencia que vivimos en México: “Si la letra con sangre entra, el país ha de estar leyendo mucho”. Es decir, echando mano de la estrategia del Storytelling contaba brevísimas historias en vez de cantar loas sobre por qué debíamos ir a Gandhi.

Tanta ha sido la fuerza de las campañas que la marca logró un intangible incalculable: la gente se apropió de ellas. Cuando en noviembre de 2011 el entonces candidato Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), fue incapaz de citar tres libros que hubieran marcado su vida, en las redes sociales sus detractores imitaron el estilo de los espectaculares para burlarse del hoy presidente de México. Aquí abajo, algunos de los memes que se colgaron en la red.

Como colofón respondo una posible pregunta: ¿han funcionado? Sin duda: además de obtener la valiosa recordación de marca, Gandhi ha elevado el tráfico en sus tiendas y sí, también sus ventas. Aquí va mi propia versión de sus anuncios: «Poquitos más compramos libros. Hay esperanza».

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Link relacionado:

Todas las campañas de publicidad de Gandhi: http://www.gandhi.com.mx/index.cfm/id/Publicidad.Detalle/thecategory/espectaculares/theyear/2012

Celebrar el libro

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Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega murieron un día como hoy, 23 de abril. Por eso la UNESCO estableció esta fecha como el Día Internacional del Libro y los Derechos de Autor.

Más allá de rollos comparto una de mis citas favoritas sobre la lectura, del autor mexicano José Gordon (cito de memoria): «Leer es meterse en el incendio que ocurre dentro de la piel de otra persona». Bendito incendio provocado por los libros.

¿Un viaje o una carrera?

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Esta mañana pasé varias horas en junta con la «plana mayor» de la empresa para la cual trabajo, analizando resultados de la compañía. Hay retos que sortear, debemos hacer un esfuerzo extra, proponer soluciones creativas, redoblar el compromiso. Veo que hay dos formas de enfrentar el desafío: como una carrera en la cual buscamos dejar atrás a los colegas que van a nuestro lado o como un viaje en el que todos vamos juntos y compartimos las experiencias. Si optamos por la segunda lo vamos a disfrutar más, a llegar más seguros a puerto. Sí, igualito que la vida.

Savater: de premios y lenguas comunes

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El filósofo español está en México para recibir el Premio Internacional de Poesía y Ensayo Octavio Paz. El reconocimiento le iba a ser entregado por el presidente Enrique Peña Nieto. Fiel a su principio de hacer menos la cultura, EPN no llegó al evento, de manera que lo entregó el lamentable secretario de Educación, Emilio Chuayffet.

Con franqueza debo reconocer que conozco poco el trabajo del filósofo: leí Ética para Amador (Ariel). Luego pasó por mis ojos Política para Amador (Ariel) y algunos ensayos suyos, pero nada de narrativa, no-sé-porqué. Hace un mes empecé Ética de urgencia (Ariel), que me ha parecido flojo. Si hubiera tenido oportunidad de entrevistarlo, no le habría preguntado sobre el premio sino sobre un tema destacado, del que no hay noticias recientes: la iniciativa que tuvo en 2008, llamada el Manifiesto por una lengua común.

Presentado junto con otros 17 intelectuales como Mario Vargas Llosa, Álvaro Pombo y Luis Alberto de Cuenca, el Manifiesto pedía al Parlamento garantizar los derechos de los castellanohablantes en España: a recibir educación en esa lengua además de las locales, a ser atendidos en ella en las instituciones oficiales. Además pedía reconocer al español como la única lengua oficial a toda la península, en clara alusión a las provincias cuyas escuelas «imponen» el euskera, gallego y catalán. Al documento se sumaron firmas como las de Arturo Pérez-Reverte, Miguel Delibes, Ana María Matute y, claro, políticos interesados en llevar agua a su molino. Asimismo, otros se opusieron, por auténtico interés en las lenguas locales, por reacción histórica contra la homogeneización de Franco o por celo separatista.

En mi opinión, como amante de la lingüística aplicada, los idiomas minoritarios requieren una defensa desde el Estado para conservar su vitalidad. Como dijo un poeta vasco: una lengua no se pierde porque no la aprenda quien no la sabe, sino porque los que la saben no la utilizan. Me parece riquísima la pluralidad lingüística y aunque que el Manifiesto no iba «contra las lenguas locales sino a favor de la lengua de todos», creo que sería necesario ahondar mucho más en la problemática para encontrar cómo conciliar los varios intereses lingüísticos.

Links relacionados:

Nota de periódico sobre el premio: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/71602.html

Manifiesto por una lengua común: http://elpais.com/elpais/2008/06/23/actualidad/1214209045_850215.html

Desprogramar/ reprogramar la mente

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Cuando la vida quiere que yo aprenda algo, me lo repite en todos los tonos y acentos. Por usar una expresión de esta era digital: lo comunica en todas las plataformas. Ayer leí esto en el libro Deja de ser tú, del científico Joe Dispenza (Urano): «Es fácil entender que los traumas dañen el cerebro, pero los investigadores también han descubierto que los pensamientos negativos y la mala programación del pasado también lo afectan […] Si te esfuerzas por cambiar el mundo interior de tus pensamientos y sentimientos, tu entorno exterior también empezará a cambiar, demostrándote que tu mente ha afectado tu mundo exterior».

Luego tomé un curso titulado «¡Entiéndete! Tú puedes tener la vida que quieres tener», dado por un querido (y sabio) amigo. Increíblemente, los conceptos eran los mismos, como escritos por una sola mano. Total, que en eso estoy desde hace tiempo, a través de yoga, meditación y lecturas: aprendiendo cómo desprogramarme de patrones negativos para sustituirlos por otros positivos. Y aunque a veces me parece que voy avanzando, otras me siento increíblemente torpe en el proceso, pero como decía mi abuela: «mientras hay vida, hay esperanza». A darle, pues.

Vivian Maier: la niñera cargada con una cámara

http://www.vivianmaier.com

Ésta es una de esas historias que parecen inventadas por lo fascinantes, pero son felizmente ciertas. Nacida en EUA pero de origen francés-austrohúngaro, la joven Vivian Maier se estableció en Nueva York en 1951 y poco tiempo después se mudó a Chicago; vivió de su trabajo como niñera a lo largo de 40 años. Lo único que pedía a sus empleadores era tener un cuarto propio, con cerradura (muy a-lo-Virginia Woolf). En sus ratos libres, armada de su cámara, se dedicaba a captar escenas de la vida urbana, mismas que nunca reveló y que mantuvo escondidas de cualquier par de ojos que no fuera el suyo.

Cuando envejeció, sola y sin dinero, tres adultos a quienes había cuidado siendo niños le rentaron un pequeño departamento; murió en 2009. Un mueble de su propiedad guardaba los negativos de su trabajo, desconocido hasta entonces para el mundo. El archivo lo descubrió en una sencilla casa de subastas de Chicago el veinteañero John Maloof. Buscaba fotos de la ciudad en los años sesenta para un proyecto personal; pagó 380 dólares por unos 100 mil negativos de fotos extraordinarias, libros de arte, tres mil cintas de película, audios, recortes de periódico. Maloof tardó años en entender la relevancia de lo que tenía entre manos pero cuando lo hizo, comenzó a organizar el fantástico archivo y darlo a conocer. Ya está en producción una película y un libro sobre la obra de Maier. Además, su obra se ha expuesto en Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Londres y ahora llega a Valladolid, España, para después viajar a París y Estocolmo. Su capacidad de captar escenas cotidianas con frescura y oportunidad es increíble. Sus personajes desbordan la pantalla, hablan y cuentan historias individuales que, por lo mismo, son las más universales.

En casos como éste, la realidad supera la ficción.

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Poema en viñetas, de Dino Buzzati

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Esta novela gráfica del sello Gadir está ilustrada por el propio Buzzati, quien trabajó en ella durante dos años antes de publicarla en 1969. Como conté en algún otro momento, he leído varios textos de él (El gran retrato, Un amor, El desierto de los tártaros), pero desconocía por completo sus inquietudes gráficas y me llevé una gran sorpresa con este volumen.

Es de anécdota fantástica, versión libre del mito clásico según el cual los dioses le conceden al músico Orfeo el permiso de bajar al inframundo para traer de los muertos a Eurídice, su esposa, a condición de que no voltee a verla a lo largo del trayecto. Llevado por la curiosidad, al último momento Orfeo se vuelve para mirar y Eurídice se desvanece para siempre. En esta versión de Buzzati se trata de un cantante moderno que va al reino de los muertos en busca de su mujer, pero lo más destacado no es la anécdota, sino el erotismo que maneja y la combinación de texto con imágenes que incorporan elementos surrealistas y de arte pop.

Es una deliciosa lectura llegada de regalo desde Buenos Aires.

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