En la recientísima Feria del Libro de Bogotá, el autor suizo Peter Stamm externó esta opinión interesante: “Internet y las tecnologías emergentes son los medios perfectos para compartir la literatura y llegar hasta donde no hay librerías. Estos elementos no son una amenaza para el futuro de la novela y la literatura, al revés. No creo que cambien la necesidad histórica del ser humano de escuchar historias, lo que hoy serían novelas, con lo cual la lectura estaría garantizada y diversificada”.
La discusión sobre el tema es larga y compleja, tiene muchas aristas. En lo personal coincido con que Internet permite llegar a lugares donde la distribución de libros y revistas es poco operativa. También estoy de acuerdo en que no modifica la necesidad íntimamente humana de leer historias, de conectar con otros a través de la palabra. Hace poco leí una entrevista con el director internacional de un grupo editorial enorme. Decía: «Por primera vez en la historia, las editoriales no enfrentamos un problema de lectores, sino de ingresos». Ahí está la clave, el reto: la gente está leyendo mucho… pero en general está haciéndolo gratis, de manera que quienes producimos contenidos tenemos que encontrar la fórmula para seguir siendo rentables.
Sin embargo, haría un matiz a lo dicho por Stemm en cuanto a que Internet sea «el medio idóneo» para compartir literatura. Para mí al menos, el papel sigue siendo rey.



























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