«Querido coleccionista: Le odiamos. La sexualidad pierde su fuerza y su magia cuando se hace explícita, automática, exagerada, cuando se convierte en una obsesión mecánica. Llega a ser aburrida. Usted nos ha enseñado mejor que nadie lo erróneo que es no combinarla con la emoción, la sed, el deseo, la lujuria, los antojos, los caprichos, los lazos personales, las relaciones más profundas, que cambian su color, su sabor, sus ritmos y sus intensidades. No sabe usted lo que se pierde con su análisis microscópico de la actividad sexual y la exclusión de todo lo demás, sin el combustible que la enciende: lo intelectual, lo imaginativo, lo romántico, lo emotivo […]»
Son palabras de Anaïs Nin. El contexto es el siguiente: en 1940, un excéntrico coleccionista pide a Henry Miller escribir para él cuentos eróticos. La paga es alta así que Miller acepta. Anaïs colabora de lleno, pero pronto el cliente solicita menos poesía y más sexo explícito. Las narraciones se vuelven pornográficas y Anaïs se siente molesta: aunque le disgusta el sexo despojado de erotismo, de olores y deseo, necesita el dinero. En un arranque de honestidad, escribe esas líneas: aparecen en el prefacio del volumen Delta de Venus, que reúne los mencionados cuentos. Y sí, coincido con ella en que sin imaginación, lujuria y emoción el sexo puede ser aburrido. Mucho.
Delta de Venus, original en inglés: http://alturl.com/v2ixo