Ritual de sábado: frente a mis estantes de libros, escojo al azar alguno leído hace tiempo y repaso algún fragmento. Es como volver a saborear un dulce que ha esperado por años pero conserva el sabor intacto. Esta vez mi mano toma un tour de force de Óscar de la Borbolla, lúdico escritor y filósofo mexicano. Se trata de cinco cuentos, cada uno de los cuales está escrito con una sola vocal. Me gustan estos experimentos con la lengua. Aquí, el inicio de «Cantata a Satanás»:
«Abraham amaba a Sara cada mañana clara: pasaba la manaza, arañaba la lana, arrancaba la bata, la abrazaba; clavaba las garras hasta matarla. Sara atarantada callaba harta, Abraham la cansaba. ‘Ya nada habrá —mascaba tras la sábana—, ama a la mala: ataca, aplasta, brama’. Abraham acababa, apartaba la cara, jamás apagaba la flama a Sara, gran dama avasallada […]». -Óscar de la Borbolla, Las vocales malditas (Joaquín Mortiz)














Esta semana, el artista plástico Ferrari murió en la misma Buenos Aires que lo vio nacer hace 92 años. Con él se fue una expresión artística única y una voz crítica aplaudible, además de un acercamiento particular a la poesía. A éste me quiero referir.


«Escribió Walt Whitman en el prólogo de Hojas de hierba: ‘El que toca este libro toca a un hombre’. Muchos años después, en una redacción de Buenos Aires, un grupo de periodistas se reunió para urdir un libro acerca de un hacedor de maravillas, viejo y ciego, que a los 77 años ha conseguido algo casi milagroso: ser un ídolo de la literatura. El hombre se llama Jorge Luis Borges». Así arranca esta edición especial de la revista argentina Gente, titulada Todo Borges y publicada en enero de 1977, es decir, nueve años antes de la muerte del escritor. Por azares y amores que no me cansaré en narrar, el volumen me llega en préstamo. Las manos me pican de emoción.















