Contradicto, amor es esa dulce violencia, esa libertad encarcelada, hielo abrasador y fuego helado, ese soñado bien y mal presente del famosísimo soneto de Quevedo. Para este #MiércolesDePoesía va otro soneto quevediano que pone en palabras la tensión de opuestos que implica quemarse sin consumirse y, finalmente, el delirio de grandeza que provoca: cuando ama, uno se vuelve inmortal.
Soneto amoroso
Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme;
en tantos laberintos, no perderme,
ni haber, tras tanto olvido, recordado,
¿qué fin alegre puede prometerme?
Antes muerto estaré que escarmentado:
ya no pienso tratar de defenderme,
sino de ser de veras desdichado.
En mi caótica relación con libros suelo tener siempre unos cuatro o cinco en proceso de lectura. Ahora mismo, en la mesa de noche está el Quijote, Farándula de la española Marta Sanz, Campeón gabacho de la mexicana Aura Xilonen y una antología de poesía de e. e. cummings, regalo de quien me encandila los días. Y también está Crímenes ejemplaresdel español-mexicano Max Aub, ilustrado por Liniers y que acaba de publicar Libros del Zorro Rojo.
Qué bendito libro más disfrutable. Se trata de pequeñas (en ocasiones, pequeñísimas) narraciones puestas en boca de asesinos, en las que explican por qué cometieron un crimen. No se disculpan, no intentan justificarse. Sólo dan sus razones. Con espléndida mala leche, es un libro políticamente incorrectísimo. Además de los textos, de por sí imperdibles, muestra el divertido lado oscuro de Liniers. Aquí dejo algunas migajas, en espera de antojarles el pastel completo:
Le olía el aliento. Ella misma dijo que no tenía remedio…
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Mató a su hermanita la noche de Reyes para que todos los juguetes fuesen para ella.
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Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes, miré mi reloj seis veces, descaradamente: no hizo caso. Creo que es una atenuante muy de tenerse en cuenta.
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Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba parecía un insulto. Todo tiene su límite.
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¡A poco los hijos de millonarios tienen algo especial en la cabezota!
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¡Me negó que le hubiera prestado aquel cuarto tomo…! Y el hueco en la hilera, como un nicho…
Existen muchas clases de bichos entre la fauna lectora. Hoy, con fervor entomológico, me centro en los inocuos.
Los solaperos. Expertos en escanear desbocadamente cuartas de forros, hacen como que saben de qué van infinidad de libros que no leyeron. Son la envidia de Peña Nieto.
Los del mínimo necesario. Desquitando el curso de lectura rápida, de vez en cuando se esfuerzan en minúsculas, leen con el pálido fin de presumir una línea y citar orondos a Borges o Borgues o Forgues o Morgue: «Que otros se jacten…».
Los wikipedos. Mantienen un triángulo amoroso con la enciclopedia en línea y Fante, Ibargüengoitia, Miller o Sor Juana, sin haber jamás posado sus ojos en una hoja (en sus escarceos no se cuenta ningún orgasmo).
Los pobrecitos. Como menciona Trino en este espléndido cartón, están los faroleros, lectores voraces… de (D)Og Mandino. Oh, my ídem.
Los ubicuos. Asisten a cuanta presentación se anuncia, compran los libros y logran que se los firmen. Hasta ahí. Perpetuos quinceañeros, son como cachorros hambrientos que buscan de dónde mamar.
Los del libro único. Van por la vida cargando un título sesudo (por decir algo, Faulkner o Cioran) para dar la pose, que complementan con lentes intelectuales y mirada estrábica.
Los vírgenes. Se dicen lectores y hasta son cuates de algún escritor errático que les da lustre, pero nunca han terminado un libro. Siguen esperando ser desvirgados.
Este #LunesDeHumor va dedicado a esos lectorcitos que se toman tan en serio y hacen tanto más ameno el mundo del libro.
Devotos de las palabras, obsesivos de lecturas que les habitan la cabeza, 21 autores nacionales y extranjeros de novela, poesía, novela gráfica y entrevista nos dijeron si roban libros o no y qué harían si encontraran una bodega llena de ediciones pirata suyas, entre otras chuladas.
1. ¿En qué personaje te gustaría convertirte?
David Miklos En el Bartleby de Herman Melville, para decir: “Preferiría no hacerlo”.
Jorge Zepeda Patterson En Jon Stark, de Game of Thrones. Debe de ser padrísimo tener un lobo dentro.
Liniers En Sal Paradise de En el camino, de Kerouac. Lo leí a los 18 años, edad perfecta porque entonces representó la promesa de que al crecer yo podría viajar, tener mujeres, tomar drogas. En cambio, si lo lees a los 40 te recuerda todo lo que no hiciste.
Mónica Maristáin Yo, de hecho soy García Madero, de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño.
Rogelio Guedea Casi soy Holden Caulfield, de El guardián entre el centeno, de Salinger. Como él, tuve una adolescencia loca, pero de gran ingenuidad.
Jorge F. Hernández En Ignatius J. Reilly, de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, para comer hot dogs en Nueva Orleans por el resto de mis días.
Jorge Alberto Gudiño En el Quijote, porque vive mezclando ficción y realidad.
Rowena Bali En Ada, de Ada o el ardor, de Nabokov; en Teresa, de Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; en María, de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll; en Antínoo, de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar: todos ellos, por la forma como fueron amados.
¿Qué libro hubieras querido escribir?
Alberto ChimalLa naranja mecánica, de Anthony Burgess. Es tremendo por la trama y el lenguaje y también por su célebre capítulo 21, que fue cortado tanto en muchas ediciones como en la película de Stanley Kubrik. Ahí, el protagonista se da cuenta de que está envejeciendo y debe incorporarse a la vida adulta. Es muy conmovedor.
Irvine Welsh El código Da Vinci, de Dan Brown. ¡Sería millonario!
Liniers Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Es de los libros que no te hacen más culto, sino mejor persona.
David Miklos A Field Guide To Getting Lost, de Rebecca Solnit. Es un gran libro de ensayo.
Alberto Montt La Biblia. Sería putrimillonario, dirían que Dios me inspiró, podría acostarme con niños y todas esas cosas lindas que pasan en la Iglesia.
Laura GarcíaOcéano mar, de Alessandro Baricco. Es de los libros que más me han hecho detener la lectura y quedarme pensando.
Gabriela Jáuregui El libro de cuentos Samuel Johnson Is Indignant, de Lydia Davis. Soy muy fan de ella.
¿Cuál es tu insulto preferido para otro escritor?
Laura Martínez Belli “Escribe como Paulo Coelho”.
Jorge Alberto Gudiño “Es un completo analfabeto”. Nos lo dijeron a mí y a mi editor.
Luigi Amara “Cacalibri”. Lo usaban los romanos para referirse a alguien que literalmente cagaba libros porque hacía muchos, todos descuidados.
Rocío Cerón “Es un autor menor”.
Gabriela Jáuregui “Que te chupe la falla lacaniana”. Es de Severo Sarduy, mi ídolo.
Alberto Chimal “Fementido, canalla”, del Quijote.
Laura García “Es un escritor ñoño”.
Paola Tinoco “Fulanito puede entrar a mi biblioteca, porque sé que no va a tocar los libros”.
José “Monero” Hernández Me fusilaría a Groucho Marx: “He leído un libro extraordinario. Y, ciertamente, no es el tuyo”.
4. ¿Cuál fue el primer libro que robaste?
Jorge F. Hernández Charlotte’s Web, de E. B. White, mientras estudiaba primaria en los Estados Unidos. Fui un gran ratero de libros hasta que mi maestro, Luis González, me dijo que no era honroso hacerlo si uno es un escritor publicado.
Rocío Cerón No lo hice, pero debería haberme quedado una primera edición de Blanco, de Octavio Paz.
Julio Trujillo He robado varios, entre ellos las cartas de José Lezama Lima y José Rodríguez Feo, de la librería Tomo 17, que cerró hace años. En realidad pensaba pagarlo, pero en la caja había mucha gente y me desesperé, entonces me lo guardé e intenté salir. La dueña me gritó en público. No fue el primero, pero sí el último.
Irvine Welsh Docherty, de William McIlvanney, lo robé de una librería en Edinburgo. Tenía unos 13 años.
Alma Delia Murillo Era niña y vi en casa de una tía Colmillo blanco y El llamado de la selva, de Jack London, en una misma edición. No me aguanté.
¿Qué harías si encontraras una bodega con libros pirata tuyos?
Jorge F. Hernández Me pondría parche, perico al hombro y garfio. Luego repartiría todos gratis.
Irvine Welsh Diría: ¿por qué pierden tiempo en eso, si mis libros están tan baratos en Amazon?
Luigi Amara, Rowena Bali, Rocío Cerón, Alberto Chimal, Jorge Alberto Gudiño, José “Monero” Hernández, Liniers, Mónica Maristáin, Laura Martínez-Belli, Alma Delia Murillo, Julio Trujillo, Jorge Zepeda Me pondría feliz, porque significaría que se venden, que funcionan.
Alberto Montt Los vendería más baratos que la editorial. Sería la única forma de ganar plata con mis libros.
El tema de hoy lo propuso mi querido Jorge M. Mendoza Toraya, fiel participante de las Playlists colectivas. Y justo por tratarse de versiones en vivo, no encontré casi ninguna en Spotify. Así, esta vez la Playlist no la subo a Spotify: por Fortuna, we’ll always have YouTube. En los casos en los que no me mandaron el video traté de localizar el que correspondía a la versión sugerida. Si hay algún error por favor háganmelo notar, para corregirlo.
Sin más rollo, mi propuesta es Sex Machine, de James Brown, en esta grabación de 1971. Tiene todo: la voz de Brown, música que me mete por los poros, ese rompedor solo de piano, ritmo de-no-tiene-madre, además de los brazos y el baile de Brown. La negra de piernas espléndidas que baila arriba del escenario ya es la cereza del pastel. Una fregonería redonda, pues.
Si quieres añadir tu rola sólo anótala en los comentarios. Así queda inaugurado otro #SábadoDeMúsica. Gracias a todos.
Carolina Enríquez Bent, de Matchbox 2.0
2. Mariela Gómez Roquero Bohemian Rhapsody, de Queen
3. Lux Lancheros Chega de Saudade, de Tom Jobim
4. Maggie González Comfortably Numb, de Roger Waters con Eddie Vedder
5. Alicia Alarcón Corazones, de Miguel Bosé y Ana Torroja
6. @econokafka Endgame, de Chess (a partir del 02:57)
7. César Casalone Enjoy The Silence, de Depeche Mode
8. José de Jesús Montoya Estoy enamorada, de Pedro Capó y Thalía
9. Daniel Sarmiento Heroes, de David Bowie
10. Ligia Urroz Hysteria, de Def Leppard
11. Rafael Carballo In Your Eyes, de Peter Gabriel
12. @olivelasco Jet, de Paul McCartney
13. @danywino The Köln Concert, Part 1, de Keith Jarret
14. Tomás de la Peña Love Of My Life, de Queen (en vivo Montreal, 1981)
15. Dania Castañón Mama’s Pearl/The Love You Save, de The Jackson 5
16. Rubén Ruiz Guerra Maybe I’m Amazed, de The Faces, con Rod Stewart y Ronnie Lane
17. Gabriel González Nueva ola, de Miguel Ríos
18. Carlos Alberto García Reina de la noche, de Miguel Ríos
Busco algo en mi biblioteca y me encuentro con otro libro. Lo abro en una de las esquinas dobladas. Casi diría que me emociono, anticipando. Leo:
«RUBÉN
Traga Rubén no brinques Rubén sóplate Rubén no te orines en la cama Rubén no toques Rubén no llores Rubén estáte quieto Rubén no saltes en la cama Rubén no saques la cabeza por la ventanilla Rubén no rompas el vaso Rubén, Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén no pintes las paredes Rubén di los buenos días Rubén deja el yoyo Rubén no juegues trompo Rubén no faltes al catecismo Rubén amárrate la trenza del zapato Rubén haz las tareas Rubén no rompas los juguetes Rubén reza Rubén no te metas el dedo en la nariz Rubén no juegues con la comida no te pases la vida jugando la vida Rubén.
Estudia Rubén no te jubiles Rubén no fumes Rubén no salgas con tus amigos Rubén no te pelees con tus amigos Rubén, Rubén no te montes en la parrilla de las motos Rubén estudia la química Rubén no trasnochesRubén no corras Rubén no ensucies tantas camisetas Rubén saluda a la comadre Paulina Rubén no andes en patota Rubén no hables tanto, estudia la matemática Rubén no te metas con la muchacha del servicio […]». –Luis Britto García, «Rubén», Rajapalabra, UNAM, 1993
Con el texto, sugerentísimo, regresa el recuerdo de la lectura: eran los años 90, yo tomaba clase con Eduardo Casar en la Facultad de Filosofía y Letras. Casar, quien desde entonces se me volvió amigo indispensable, nos dejó leer ese libro. Lo compré y en una hora ahorcada entre clases me fui a las islas de CU. En pasto seco, una pareja ávida a pocos pasos y un grupo ruidoso más lejos, empecé a leer. Me fascinó cómo Britto García jugaba, se divertía armando relatos breves con verbos, o con adivinanzas, marcas publicitarias, telegramas o rezos. De pronto el mundo se borró, los amantes y los desmadrosos dejaron de importar y sólo tuve cabeza para el malabareo de palabras. Qué maravilla de trabajo inútil. Devoré el libro, lo subrayé, tomé notas, le doblé las esquinas a un montón de páginas. Se convirtió en uno de mis favoritos, lo releí varias veces. Luego, con los años, se me olvidó, perdido entre los muchos libros que cargo de mudanza en mudanza. Creo que no había vuelto a él desde entonces y creo también que no había vuelto a oír el nombre del autor.
Ahora que lo retomo, me doy cuenta de que hace poco escribí un poema con una forma similar a la de este cuento, a partir de imperativos. La propuesta de Britto García me anduvo por dentro unos 20 años y un día afloró. Es increíble cómo los libros me crean corrientes subterráneas bajo la piel, aunque no me entere.
Imagen: Don Quijote, por Salvador Dalí. Circa 1972.
«¡Oh, válame Dios y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, dijo:
—¡Oh bellaco villano, malmirado, descompuesto, ignorante, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado decir en mi presencia y en la de estas ínclitas señoras, y tales deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? ¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete, no parezcas delante de mí, so pena de mi ira!». Don Quijote de la Mancha, 1a parte, Cap. 46.
Para insultar bien hay que tener porte. Me encanta este pasaje del Quijote, caballero con la ametralladora siempre a punto para zorrajarle en la cabeza ofensas a quien vulnera el código de honor, es decir, se pasa. De pronto se me antoja gritarle esto al policía que cierra la entrada a Periférico. O a la señora de camionetota que se estaciona en dos lugares. O al hipster nomás por existir. Me imagino sus caras. Y la superioridad que me daría el hecho de que no entendieran un carajo.
Pues sí, sigo empapándome de aventuras, de trivialidades, de fantasías y ficciones. O sea, sigo leyendo el Quijote. Y saboreando lo que otros lectores de esta propuesta colectiva van compartiendo. Mi muy querido Carlos Carranza encontró este artículo sobre la juventud de Cervantes, de cómo él mismo construyó su propio personaje y el hecho de que, a diferencia de la gran fama de la que Lope de Vega gozaba entonces, Cervantes no era célebre y por eso pudo experimentar en su escritura. Por otro lado, el mismo Carlos compartió también este discurso de Antonio Machado, donde aborda la tensión entre comicidad y tragedia como uno de los máximos aportes de Cervantes, para luego preguntarse: «¿Qué era don Quijote sino este maravilloso espejo creador, que deformaba en el sentido de su ideal, su mundo circundante?».
Se han sumado más personas a la propuesta de lectura colectiva. Para participar sólo anota tu nombre en los comentarios. Si quieres que te envíe las entradas de los jueves, sobre don Quijote, dame también tu Twitter o Facebook o blog o correo. Aquí está la lista actualizada:
De nuevo es día de bersos. Hoy los invita el poeta mexicano José Eugenio Sánchez, nacido en Guadalajara y quien la semana pasada, entre cervezas, me regaló estas Escenas sagradas del oriente. El libro es una gozadera de ironía y provocación, de juego inteligente y transgresor (perdón por la redundancia).
Así arranca en buen tono el #MiércolesDePoesía.
helpless (and in my mind i still need a place to go)
sobre esta cama donde se acostó el mar
y se guardaron las cenizas de alejandría
y las hormigas almacenaron las provisiones durante el verano del holocausto
y la más despreciable hechicera escribió su recetario para exterminar el mal de amor
en la mismísima cama donde la maja y las venus posaron
donde juana la loca veló a felipe el hermoso por siete provincias
donde el espíritu santo fecundó a maría
aquí en la única cama traficada por fenicios
que sirvió de mapa para barbarroja
y fue alfombra mágica del príncipe de ishtar
en la auténtica cama donde parió la primera elefanta en cautiverio
donde charly parker tocó por última vez el saxofón y a una mujer al mismo tiempo
y —años antes— jesús meditó su discurso del monte de los olivos
es donde entiendo que cada cama es un país que no existe si no es con tu presencia
-José Eugenio Sánchez, Escenas sagradas del oriente, Almadía, 2009
Yo tenía 17 años. Y tenía un novio. Era guapo, simpático, besaba como los dioses. Cuando cumplimos un mes de entusiasmos me regaló unas flores y una tarjeta con un gran “Muchas felisidades” (sic) en tinta roja. Decía algo más, pero ya no llegué a leerlo. Calores, atragantamiento, pena ajena. Esa misma tarde corté con él. Mis amigas no entendieron nada pero para mí, ratón de biblioteca desde niña, era obvio: no concebía compartir mi vida (ok, mi boca) con alguien de ortografía tan lamentable.
La vida siguió
Pasaron los años. Varias veces me perdí por profesores de todo pelaje, aunque sólo uno me hizo caso. Sin embargo, poco a poco fui dándome cuenta de que la inteligencia me resultaba terriblemente sexy. Qué rareza la mía. No me volvían loca los metrosexuales ni los machos ni los modelos de revista. En cambio, y contra todo pronóstico, me fascinaban los tipos agudos y entendidos, aunque no se asomaran por un gimnasio ni entendieran de moda.
Hoy tengo claro que lo que más me atrae de un hombre es la masa ence-fálica, es decir, el cerebro vibrante (y luego, claro, el complemento de alguna otra cosa). Ante un individuo lúcido, que me estimula intelectualmente, puedo perder la cabeza en segundos, sin importar su físico ni mucho menos su código postal.
He tenido espléndidas relaciones de pareja con tipos que mi hija define elegantemente como no-guapos. Ah, pero qué inteligentes. Mi historia actual, sin etiquetas pero para dar brincos de gusto, tiene como muso a un hombre brillante, al que admiro como la niña al trapecista del circo. Además, con él me río una barbaridad, porque la gente genial suele ser divertida. ¿Y lo guapo? Bueno, ya es el plus.
Eso tiene un nombre
Ahora me entero que esta debilidad tiene nombre de medicina. El término sapiosexual se refiere a la persona que siente excitación erótica por el cerebro de otra; es decir, por sus neuronas. Encuentro que no forzosamente implica relaciones informales: “Se trata de gente que no se guía por cuestiones físicas o de otra índole. Valora en la elección la inteligencia y siente por ello excitación sexual. Pese a ello, no tiene que ser necesariamente para tener relaciones sexuales casuales, sino que se orienta más a una elección a largo plazo”, explica Mirren Larrazabal, psicóloga clínica y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología. En otras palabras: para el sapiosexual, una mente inquisitiva y aguda representa el mayor afrodisiaco, tanto para una aventura de una noche como para un proyecto de vida conjunto.
En efecto, aunque me gusta sentirme cuidada, no es lo primero que busco en una relación. Me seducen mucho más la curiosidad, el reto y la sorpresa cotidiana, el hecho de que mi pareja me abra ventanas a mundos distintos. Encima está el coqueteo, el juego de sutilezas que prende las ganas y, por supuesto, no paso por alto que el mayor órgano sexual es el cerebro, con lo que suele ocurrir que una espléndida relación intelectual deriva en una similar comunicación horizontal.
Aceptación
Ok, soy sapiosexual, pero ¿qué tanto? Hay muchos hombres notables y no de todos me enamoro. Para mí, una mente destacada pierde todo atractivo si el dueño de esas neuronas se toma demasiado en serio, si sólo habla de temas hondos, con voz engolada y mirada en lontananza. Como dice un verso del poeta Hugo Gutiérrez Vega: “Me enferman los enfermos de importancia”. O sea que, además de inteligente, me gusta un hombre aterrizado, sensible, con el que pueda tener una conversación seria pero también jugar como adolescente y que adicionalmente sea bueno en la cama. Empiezo a pensar que no soy sapiosexual, sino más bien exigente; digamos que quiero todo. Insisto, cada quien sus excentricidades.
Para averiguar de una vez por todas si caigo o no en esta categoría me topé con este test. Y sí, por supuesto no hay discusión en cuanto a mi gen sapiosexualista. Si quieres salir de dudas ahí está. Claro, saberlo no va a cambiar nada, pero al menos tendrás la certeza de que no eres tan raro. O sí.
Lamento no haber tenido la experiencia de que me descubran a un amigo plástico en estas circunstancias. Será porque nadie ha buscado porque de que los hay, los hay. En fin, me parece una escena que dispara historias para aligerar el lunes.
La adolescenta, una hermosura que ilumina esta galaxia y las circunvecinas, propuso el tema de la Playist de hoy. No hay mucho que explicar, así que me limito a proponer mi rola: Lola, en la impecable interpretación conjunta de Ray Davies y Paloma Faith. Más abajo están las sugeridas a través de @danioska y mi Facebook personal. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios.
Gracias por llenar de buena música el sábado.
Diana Penagos Abriendo caminos, con Diego Torres y Juan Luis Guerra
Gabriel González A la sombra de un león, con Ana Belén y Joaquín Sabina
@65Murillo Amarte es total, con Eros Ramazzotti con Antonella Bucci
César Casalone Barcelona, con Freddie Mercury y Montserrat Caballé
Carlos Alberto García Bridge Over Troubled Water, con Simon and Garfunkel
@ursulacamba Come What May, con Nicole Kidman y Ewan McGregor
Gerardo Cárdenas Dancing In The Street, con David Bowie y Mick Jagger
Rafael Carballo Dialogue, con Chicago
@fercampo Don’t Give Up, con Peter Gabriel y Kate Bush
Mariela Gómez Roquero Don’t Go Breaking My Heart, con Elton John y Kiki Dee
Ingrid Bringas Este mundo va, con Miguel Bosé y Leonor Waitling
Arturo Erremental Fairytale Of New York, con The Pogues y Kristy MacColl
Bárbara Tije I Can’t Give You Anything But Love, de Tony Bennett y Lady Gaga
Verónica Boletta If You Ever Leave Me, con Barbra Streisand y Vince Gill
Ernesto Flores Je t’aime, moi non plus, con Serge Gainsbourg y Jane Birkin
Dania Castañón Just Give Me a Reason, con Pink y Nate Ruess
@didiloyola La solitudine, con Lara Fabian y Laura Pausini
«[…] En ese momento me doy cuenta de cuán fuerte es ella, cuán poderosa entre tanto foquin mundo, y yo todo ñango, defendiéndola. Parchado por todas partes.
‘Fuck. Fuck. Fuck’.
Así, con mis botines encharcados, la mezclilla echando migas de vapor y mi camisa mojada de la librería, me lanzo al garete entre los árboles del parque. No tengo idea de lo que voy a hacer, pero tengo que hacer algo. ‘Algo. Algo. Algo, chingada madre’. Estrujo el vaso de unicel con fuerza. El cerebro me punza como cuando empecé a leer en la foquin librería esas pinches novelas mariconas, mentirosas, vomitivas. Todas ellas con sus aspavientos de letras de gran envergadura pero poco nervio. Casi todas estaban fuera del mundo; de la vida. Desclochadas por tantas palabras huecas».
Es un fragmento de Campeón gabacho, novela de Aura Xilonen, quien en meses pasados ganó el primer Premio Mauricio Achar-Random House. A los 19 años, esta chilanga construyó un circo-verbal-primera-novela que me tiene alucinada. Aunque la anécdota se sostiene (trata de lo que vive un migrante en Estados Unidos, una libérrima suerte de Lazarillo de Tormes que va de bronca en bronca), la novela es sobre todo un despliegue de acrobacias lingüísticas, de machincuepas precisas para las que se requiere tener güevos. Toma las palabras y las trepa en bonche a la cuerda floja, las hace andar de manos para luego caer, exactas, en el centro del banquito. O las latiguea como a leones amaestrados, para que obedezcan. O las viste de payaso y las sube a trapecio para que se columpien al son que se le antoja, siempre distinto pero sin perder el ritmo.
Es, justo, una novela no-maricona. Carajo, qué gusto da leer riesgos como éste.
Así se pone. Terminas de cabeza, con medio cuerpo de fuera de la cama, torciéndote, pero «It hurts so good», dijera la canción.
Por si a alguien se le olvida, sirvan de recordatorio estos versos del michoacano José Agustín Solórzano, invitados al #MiércolesDePoesía. Vualá.
Poema de amor con final musical
Yo te recuerdo y lanzo pequeñas piedras a tus ojos tranquilos
Luis Rogelio Nogueras
B, quiero decirte que te quiero. No es que necesites saberlo, tampoco es que yo necesite, urgentemente, decírtelo. Es más, olvida que lo he dicho. Aquí no ha pasado nada.
Al amor ni lo alborotes, sabes cómo se pone. La última vez que lo dejamos entrar nos dejó la cama hecha un borlote, y ni qué decir de la cocina o el baño. Tus ojos tibios dejémoslos así, también mis manos taquicárdicas y mis instintos salivodentales.
Insisto, no hay poema. Nadie ha dicho nada.
Ah, y el final musical aquí lo tienes:
Chan-chan.
–José Agustín Solórzano, Ni las flores del mal ni las flores del bien, Secretaría de Cultura de Michoacán, 2014
Infatuación. Me encanta la palabra infatuación. Implica fracturar la rutina en mil pedazos, sentir el shot de adrenalina, doblarse por el temblor de piernas. Según el Diccionario de la Real Academia es el acto de infatuarse, y éste viene de fatuo: falto de razón o entendimiento. Es decir que infatuarse es perder la cordura, volverse loco, estar enajenado, ser un insensato, perturbarse. O sea, enamorarse. Dicen que algo parecido sienten los adictos al juego: esperan una recompensa espléndida, aunque no tienen idea de cuándo ni cómo llegará. Ni siquiera están seguros de que vendrá, pero la posibilidad es un señuelo apetecible a morir.
La primera vez que me volví loca de amor tenía 12 años. Estaba de viaje con mis papás y en cada hotel que tocamos tuve a bien raspar una pequeña “E” en alguna parte del cuarto: la mesa de noche, la puerta del cuarto, hasta la cabecera de la cama. La inicial del nombre de mi codiciado Enrique obraba como escudo de armas de quien se lanzaba en pos del amor, porque lo había probado y sabía que nada más en el mundo valía la pena. Apasionado del futbol y los números, sociable a morir, nada interesado en los libros, Enrique y yo éramos radicalmente diferentes. Justo por eso me encantaba. Mis papás, como todos los papás, no se enteraron de nada. Y el dueño de mi amor, tampoco. Es más, no se había enterado de mi existencia. La fascinación del trastorno Enamorarse es fascinante. Aunque a nivel bioquímico sea casi un trastorno mayor, el coctel de hormonas que dispara hace que uno se sienta de regreso de un viaje interespacial. La psicóloga Shauna H. Springer compara el enamoramiento a ingerir cocaína, tener un rush de droga. Debido a la abundancia de dopamina y norepinefrina en el cuerpo, el enamorado experimenta una aceleración del pulso, vive en euforia, tiene acusado deseo sexual, vibra, mejora su autoimagen. El asunto se complica cuando, después de un tiempo, el enamoramiento pasa. Y se complica todavía más cuando uno se infatuó (qué bonito suena) de quien es diferente. Entonces puede ocurrir que las diferencias que primero fueron atractivas se vuelvan motivo de rompimiento. O no.
Los psicólogos Nathan Hudson y Chris Fraley estudiaron qué tanto el hecho de que ella y él se parezcan implica mayor felicidad en una relación de pareja. Encontraron que no necesariamente es así, es decir, muchas variables inciden en el bienestar de las parejas satisfactorias, pero que en general las relaciones estables experimentan mayor grado de plenitud cuando sus miembros comparten algunos rasgos de personalidad y son diferentes en otros. Como dicen: “Donde dos piensan exactamente igual, uno está de sobra”. Y sí, coincido. En mi caso, he tenido parejas suficientes como para armar una baraja sin repetir palo (perdón). He tenido galanes altos y bajos, guapos y lo contrario, algún cubano, italiano, gringo, colombiano y, claro, mexicanos. Ha habido morenos, güeros, negros. Si busco rasgos en común veo que no hay un tipo físico determinado. Creo que lo único que los hermana, además de su buen gusto, es que en todos he visto algunos rasgos afines a mí y algo que yo no tengo. Y no, no me refiero sólo a eso que no tengo (ejem), sino a que al menos de primera instancia me atrajeron por parecerme interesantes, excitantes, divertidos, retadores. Ahí está la clave: me gustan los retos. ¿Será ésta la razón por la que a muchas mujeres nos resultan taaan atractivos los hombres distintos a nosotras? ¿Porque tienen un cierto misterio y no podemos descifrarlos de golpe?
Según el sitio The Modern Man, la mayor parte de las mujeres elegimos pareja por motivos que van mucho más allá del atractivo físico. Si una chica es medianamente guapa, lo más probable es que muchos hombres quieran tener sexo con ella. Nada nuevo hasta ahí, es más, incluso puede resultar aburrido, por predecible. En cambio, un hombre que represente algo desconocido se convierte en un imán. Y si la diferencia viene acompañada de una mezcla de incertidumbre y deseo, envuelta en ternura e interés mutuo, hormonas y buen trato, el resultado es predecible: ella (y cualquiera) se muere de amor. El asunto es qué hacer con esas diferencias pasado el subidón de hormonas. Como apunta la terapeuta Gwendolyn Seidman: quizá la clave no está en que los dos miembros de la pareja tengan que ser iguales, sino en que sepan hablar de los puntos en los que no coinciden y entenderlos. Claro, suena precioso. Casi como la palabra infatuación.
Con este cartón de mi querido Alberto Montt hago mi tardío y a contracorriente festejo de san Valentín: si el corazón tiene cuatro cavidades, ¡a usarlas! Total, si de todas formas uno va a tener problemas, quejas, reclamos, al menos que sea con provecho.
El tema de la Playlist colectiva de esta semana lo propuso Alma Delia Murillo, quien además de escribir como se le da la gana (y se le da muy bien) es un ser abrazable y querible por todos los costados. Gracias por la idea, querida mía.
Of all places, la frontera norte de México es territorio de mezcla lingüística, de términos españoles anglificados y palabras inglesas castellanizadas, de sintaxis uan wey or the other, todo en feliz promiscuidad. En estricto sentido, el Spanglish es esa fusión de lenguas, de code-switching de ida y vuelta, to and fro. Si nos ponemos puristas, you know, muchas de las rolas aquí incluidas no serían estrictamente Spanglish, pero sí pasan sin precaución de español a inglés and back. Mi elección es Before The Next Teardrop Falls (1974), del gran Freddy Fender, él mismo un bróder nacido en Texas, de padres inmigrantes. Más abajo puedes cliquear en las propuestas a través de @danioska y mi Facebook personal. Here we go.
@danioskaBefore The Next Teardrop Falls, de Freddy Fender
@danywino Coolo, de Illya Kuryaki & The Valderramas
@PolaThrace Danny Trejo, de Plastilina Mosh
Costas Hernández El bilingüe, de Banda Machos
Erick Guevara y Mariela Gómez Roquero Frijolero, de Molotov
@albertochimal Gimme Tha Power, de Molotov
Maggie González Guacamole, de Kevin Johansen y The Nada
Ernesto Flores y Arturo Erremental Hey, baby, qué pasó, de The Texas Tornados
Ágata Székely y Mariana Pinedam La isla bonita, de Madonna
David Miklos Livin’ la vida loca, de Ricky Martin
Dania Castañón Looking For Paradise, de Alejandro Sanz y Alicia Keys
@jmesa77 Loser, de Beck,
Hugo García Michel Mariguana Boogie, de Lalo Guerrero
Fernando Campo Manana, de Peggy Lee
Claudia Sánchez Mentirosa, de Mellow Man Ace
Gerardo Cárdenas Mr., Don’t Touch The Banana, de Willy Chirino
José Eugenio Sánchez Natalio Ryes Colas, Piporro
Maru Moreno Next To Me, de Emeli Sandé y Alejandro Sanz
@Alancena18 No digas quizás, de Kevin Johansen
Gabriel González Oh, Dennis, de Botellita de Jerez
Javier Martínez Staines ¿Por qué te vas?, de Los Super Elegantes
Víctor Varela Rabiosa, de Shakira y Pitbull
Andrés Grillo Rain Over Me, de Pitbull y Marc Anthony
Cristina Liceaga Rico suave, de Gerardo
Francisco Flores Romance in Durango, de Bob Dylan
Diana Penagos Should I Stay Or Should I Go, de The Clash
Myriam Hudson y @BarbaraHoyo Slowly, de Luis Eduardo Aute
Carolina Enríquez Smooth, de Santana y Rob Thomas
Alma Delia Murillo Tes Quiero May Lof, de La Canalla
@otroBDP Tres delinquentes, de Delinquent Habits
YouTube
30. Jorge M. Mendoza Anarchy In The USA, de Tito Larrivia
Fernando Hernández Pico En una taquería, de Ricky Luis
«¿Por qué nos dedicamos a escribir después de todo? Se nos da por ahí, ¿a causa de qué? Bien, porque antes hemos leído. […] La primera lectura, la noción, subrayó, de primera lectura es inolvidable porque es irrepetible y es única, pero su cualidad epifánica no depende del contenido del libro sino de la emoción que ha quedado fijada en el recuerdo […] no me refiero a la importancia de los libros, me refiero simplemente a la impresión vívida que está ahí, ahora, descolgada sin remitente, sin fecha, en la memoria. El valor de la lectura no depende del libro en sí mismo, sino de las emociones asociadas al acto de leer», dice el narrador de Los diarios de Emilio Renzi, el libro más reciente de Ricardo Piglia (Anagrama).
La luz inunda la enorme ventana de mi cuarto (¿es verano?). Estoy metida en la cama, acabo de despertar. A gusto, sin ninguna prisa (¿fin de semana?), estiro la mano al buró y tomo el Robinson Crusoe ilustrado que anoche dejé ahí. Robinson y Viernes están conociéndose, no comparten más idioma que las señas. Poco a poco, Robinson le enseña las palabras y Viernes empieza a hablar. Mientras una punzada de hambre me hace ir a la cocina por una manzana (¿cerca de mediodía?), voy imaginándome cómo le enseñaría a mi Viernes las palabras hambre,caminar, mesa. De nuevo en cama, con los rayos del sol en las manos, muerdo la manzana y me hundo de nuevo en la lectura.
Esa estampa de mis ocho o diez años es uno de los instantes más perfectamente felices que recuerdo de mi vida. ¿Cuál es tu recuerdo favorito asociado a la lectura?
Grabado de Gustavo Doré para ilustrar el capítulo 4 de la primera parte: aventura con Juan Haldudo y su criado, Andrés.
El Quijote fue un best-seller absoluto en su época. Mientras el First Folio de Shakespeare, de 1623, se reimprime por primera vez nueve años después y luego hasta 1663, Don Quijote de la Mancha conoce unas 20 ediciones en sus dos primeras décadas, además de varias traducciones,dice en un breve artículo Francisco Rico, quizá el más célebre entre los estudiosos de Cervantes. «Y desde entonces apenas ha pasado año sin ser impreso, una o muchas veces, en español o en otras lenguas y sin que su valoración dejara de caminar in crescendo», apunta. Y menciona algunas de las posibles razones de su popularidad: el Quijote, desaforado y loco, inspira «lástima y amistad», además de ser tremendamente divertido, con ese humor característico de bromas pesadas, moquetes y garrotazos. Y Rico luego menciona el que, según él, es uno de los mayores atractivos de don Quijote: ilustra un aspecto esencial de la condición humana, es decir, el gusto por «vivir contándonos historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias». El Quijote es un novelista de sí mismo (según la frase de Ortega y Gasset), un autoficcionador. O, como dice mi amigo Javier, «cada quien se cuenta la historia que necesita contarse».
Es uno de los rasgos más fascinantes del Quijote: no sólo vive narrándose, sino incluso escribiéndose. En una conferencia de Rico que oigo en línea, señala este pasaje del capítulo 2 de la primera parte: «Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo mismo y diciendo: —¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a la luz la verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiera no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salida tan de mañana, de esta manera?: ‘Apenas había el rubicundo Apolo…'». Es decir, escribe su propia historia en su mente. Luego el narrador de la novela subraya una frase importantísima: «Y era la verdad que por él caminaba». Don Quijote vive la ficción que a sí mismo se cuenta como más verdadera que la real. ¿No hacemos todos un poco lo mismo, aunque con mucha menos congruencia?
Por otro lado, comparto aquí el enlace a un artículo de la poeta Ethel Krauzesobre el Quijote como una actitud capaz de trastocar el día a día «en algo digno de ser vivido» a partir de ese «hombre más real que uno mismo. Más real, más pertinente, más sagaz, más necesario, más concreto que el que habita en cualquier lugar detectable en GPS de este planeta». Suscribo por completo.
Finalmente, me da gusto compartir que se sigue sumando gente a la lectura colectiva del Quijote. Los jueves yo subo aquí una entrada sobre el Quijote, nomás por el gusto, además de algunos enlaces que encuentro interesantes, pero la idea es que cada quien lo lea a su ritmo, como lo disfrute más, en la edición que prefiera, y vayamos comentando hallazgos, pasajes, palabras por aquí o desde el blog de cada quién. Si quieres sumarte al grupo pon tu nombre en los comentarios para que te copie en las entradas de los jueves.
Me voy rumiando ese: «Y era la verdad que por él caminaba».
El dolor sin un buen poema a la mano es inútil. Con el poema también lo es, pero al menos se le ponen palabras para verlo de frente y uno se hace a la idea de que es sano.
Estos versos de la uruguaya Idea Vilariño son de los que uno necesita tener cerca porque dicen mucho y callan más, incluso hoy, que no tengo ganas de azotarme ni ponerme de víctima. Van en este #MiércolesDePoesía, nomás por el placer de recordar lo que se siente.
«Yo quisiera llorando
decírtelo
mostrarte
decirte destrucción
y que tú me entendieras
o decirte se fue
el verano se fue
o decirte
no te amo
y que tú me entendieras».
-Idea Vilariño, «Yo quisiera», Poesía completa (Cal y Canto)
Lo primero que le leí fue Zombie, allá por 1999: al meterme en la piel de un asesino serial, la novela me horrorizó en la misma medida en la que me fascinó. Luego he leído colecciones de relatos y apenas alguna otra novela de Carol Oates, entre los alrededor de 100 libros que a sus 77 años tiene publicados. En su vasta producción hay altibajos, pero ella se sostiene como una de las narradoras estadounidenses contemporáneas con obra sólida, según esta opinión de mi siempre admirado Rodrigo Fresán. Ganadora de muchos premios literarios y eterna nominada a muchos más, junto con Juan Villoro es parte del programa estelar del 11 Festival Internacional y Feria del Libro de San Miguel de Allende, Guanajuato, que arranca mañana, miércoles 10 de febrero, y termina el domingo 14.
Organizado por The San Miguel Literary Sala, se trata de un evento bilingüe inglés-español que incluye conferencias magistrales de Carol Oates y Villoro, entre otros. Además habrá presentaciones de libros, mesas redondas, venta de libros e impartición de más de 80 talleres literarios por parte de Rosa Beltrán, Armando Vega-Gil, Ignacio Padilla, Liliana Blum, Élmer Mendoza y Jorge Fernández Granados, por mencionar algunos de los 60 escritores participantes en el evento.
Luis Alberto Urrea, miércoles 10 de febrero, 1:30–3:00 pm. Autor mexicano-americano y bicultural. Autor de 13 libros, celebrado por la crítica.
Scott Simon, miércoles 10 de febrero, 6:00–7:30 pm. Locutor de la edición de fin de semana en la Radio Nacional de los Estados Unidos. Autor de seis libros, el más reciente de los cuales se titula (y es) Inolvidable.
Gail Sheehy, jueves 11 de febrero, 1:30–3:00 pm. Su libro Passages fue considerado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos uno de los 10 libros más influyentes de nuestros tiempos. En 2014 publicó su autobiografía, titulada Atreverse.
Elizabeth Hay, jueves 11 de febrero, 6:00–7:30 pm. Autora canadiense condecorada y ganadora de múltiples reconocimientos, entre los cuales se cuenta el Premio Giller.
John Perkins, viernes 12 de febrero, 11:00 am–12:30 pm. Activista internacional, autor de Confessions of an Economic Hit Man y fundador de la Alianza Pachamama.
Lisa See, viernes 12 de febrero, 1:30–3:00 pm. Autora de nueve novelas, todas ellas recomendadas en las páginas de TheNew York Times.
Juan Villoro, viernes 12 de febrero, 6:00–7:30 pm. Escritor y periodista mexicano, miembro del Colegio Nacional y ganador del Premio Herralde por su novela El testigo, entre otros numerosos reconocimientos.
Panel Multicultural, sábado 13 de febrero, 11:00 am–12:30 pm. Conferencistas magistrales de Canadá, Estados Unidos y México dialogarán sobre Migración: historias, ideologías, arte y gente.
Joyce Carol Oates, sábado 13 de febrero, 6:00 – 7:30 pm. Símbolo literario y legendaria autora americana de infinidad de libros, galardonada con el Premio Pulitzer, el National Book Award y el Premio O. Henry, entre otros.
Kirk Ellis, domingo 14 de febrero, 6:00 – 7:30 pm. Destacado guionista y ganador de dos premios Emmys y un Globo de Oro por la miniserie John Adams de HBO.
Esta fiesta de las letras se sustenta sobre la frase que dicen que dijo Carol Oates: “Leer es la única forma de deslizarnos, de forma involuntaria y frecuentemente indefensa, dentro de la piel, la voz y el alma de otra persona». Oh, sí.
Que venga o no el señor de alba sotana me da igual, cada quién sus manías. Lo que me parece hermoso es que en este México como de jardín de niños, los políticos aprovechen la ocasión para jugar a las escondidillas con detallitos como pobreza, migrantes y feminicidos, y esperen para ponerse a salvo con el «1, 2, 3 por mí y por todos mis compañeros» ante el famoso argentino que (éste sí) se cree Dios.
Sí, las amo, las disfruto y las defiendo, tanto las imputables a errores de dedo (me parece sublime que los dedos sean falibles), como las que provoca el autocorrector de Word o del celular.
Apenas ayer una errata volvió a mejorarme un texto: quise escribir «De pronto se aparece el Minotauro» y el autocorrector del iPhone mandó «De pronto se aparece el Minitauro». Nunca mejor dicho.
Dicen que lo dijo el autor español. No sé, no tengo la fuente, pero lo que tomo es el concepto, agua honda de tan clara: a nadie le duele mi dolor de muelas ni le hace gritar mi entusiasmo ni le asusta mi infierno ni le enternece mi carne blanda.
Aunque tú y yo nos parezcamos, aunque caminemos juntos, la vida es individual. Ésa es la tragedia. Y, cómo no, también la Fortuna.
Pelea entre don Quijote, Sancho Panza y Cardenio. Grabado de Gustavo Doré.
De nuevo es jueves, día de comentar sobre el Quijote, lectura que varios estamos emprendiendo con la excusa de los 400 años de la muerte de Cervantes. Más abajo está la lista de lectores, por si quieres sumar tu nombre. Muchos han estado comentando pasajes aquí y/o desde sus blogs o Facebook, señalando aspectos distintos de lo que van disfrutando. Te invito a participar, la idea es enriquecernos entre todos.
Por principio de cuentas, comparto este extracto del espléndido libro de Héctor de Mauleón, La ciudad que nos inventa. Crónicas de seis siglos (Cal y Arena, 2015): «El 12 de julio de 1605, la nao Espíritu Santo partió de Cádiz con muchos pasajeros y un cargamento de 160 libros […] Cuando llegó a Veracruz, el 28 de septiembre de 1605, un comerciante llamado Clemente Valdés se acercó a reclamar el cargamento de libros. Declaró que tenía pensado llevarlos a la Ciudad de México para venderlos ‘a doze Reales’. […] Valdés firmó un documento que comprobaba que se le habían entregado 160 ‘libros del Ingenioso Hidalgo Don quixote de la Mancha‘. El más sublime de los libros que han escrito los hombres, de acuerdo con la definición de Julián Amo, había llegado a América. Hacía sólo ocho meses que Juan de la Cuesta lo había publicado en España«. Luego, el autor narra que los pasajeros de la nao se entretuvieron en la travesía oyendo la lectura en voz alta de tres libros, entre ellos, el Quijote. De Mauleón aporta algunos datos más sobre esos primeros años del caballero andante en la Nueva España, que yo desconocía por completo. Recomiendo mucho ese capítulo y, de paso, el libro todo, que es una joya.
Por otro lado, aquí va un pequeño comentario sobre un pasaje que no había registrado en mis pasadas lecturas. En el capítulo XXIV de la primera parte, don Quijote y Sancho se encuentran con Cardenio, quien sufre desventuras de amor. Cardenio les cuenta que Luscinda, su amada, es muy aficionada a los libros de caballerías, en especial al Amadís de Gaula. Don Quijote lo interrumpe para hablar con entusiasmo del Amadís y de los otros libros que tiene en casa, a lo que Cardenio contesta que no se le puede quitar de la cabeza que la reina Madasima, personaje del Amadís, «estaba amancebada» con Elisabat, un médico. Don Quijote reacciona con «mucha cólera» ante la que considera una acusación indigna contra la «muy principal señora», como si se tratara de una persona de carne y hueso. Insulta a Cardenio y se pelean, con el resultado de que tanto don Quijote como Sancho terminan «aporreados». Me encanta esa vocación del Quijote, tallada a fuerza de lecturas, que considera tan real a un personaje literario como para pelear por él. Es una imagen que nos define a quienes leemos con todo el cuerpo, quienes vamos por la vida conviviendo con esos fantasmas entrañables que viven en los libros y se nos vuelven a ratos más reales que la gente que encontramos en el camino.
En tercer lugar, aprovecho para comentar que este sábado habrá lectura pública de algunos capítulos del Quijote en el foro abierto de Plaza Loreto, al sur de la Ciudad de México, a las 5 p.m. Los lectores, de lujo, serán Cecilia Toussaint, Laura García, Mariana H. y Jaime López. La entrada es libre. Invita Alfaguara, cuya edición del Quijote recomiendo muchísimo por clara y con notas aclaratorias al pie de página.
Finalmente, aquí va la lista de lectores de don Quijote:
A veces, el cuerpo de uno no es de uno. Más bien, el cuerpo de uno le gusta en la medida en que lo anda esa persona que le da sentido al hacerlo suyo. Y es que, en realidad, el que más gusta es ese otro cuerpo, firme y suave, sorprendente, tan perfectamente nuevo. Gustan sus cómos. En esa línea, aquí va un insuperable poema de e. e. cummings, autor heterodoxo y rompedor de moldes invitado al #MiércolesDePoesía:
i like my body when it is with your
body. It is so quite new a thing.
Muscles better and nerves more.
i like your body. i like what it does,
i like its hows. i like to feel the spine
of your body and its bones,and the trembling
-firm-smooth ness and which i will
again and again and again
kiss, i like kissing this and that of you,
i like,slowly stroking the,shocking fuzz
of your electric fur,and what-is-it comes
over parting flesh…And eyes big love-crumbs,
and possibly i like the thrill
of under me you so quite new
-e. e. cummings, «VII», &, Buffalo Bill ha muerto. Antología poética 1910-1962, Hiperión, 2014
Y, aquí, la traducción de José Casas, para quien ocupe:
me gusta mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo. Es algo tan nuevo.
Músculos mejores y más nervios.
me gusta tu cuerpo. me gusta lo que hace,
me gustan sus maneras. me gusta sentir la espina dorsal
de tu cuerpo y sus huesos,y su trémula
-firme-suavidad y lo que
una y otra vez
besaré, me gusta besar esta y esa parte de ti,
me gusta,acariciar lentamente el,sorprendente vello
de tu eléctrica piel,y sea-lo-que-fuere lo que acontece
a la carne que se separa… Y los ojos grandes migajas de amor,