Al menos 27 mil espacios públicos serán intervenidos con poesía a través de un acuerdo de las asociaciones civiles Acción Poética, Mensajeros Urbanos y Corazón Urbano, con la Secretaría de Desarrollo Social y la marca de pinturas Comex. La iniciativa arranca el 17 de abrily forma parte del programa de mejoramiento barrial de la Ciudad de México, según informa el periódico Milenio.
Bueno, pues me da mucho gusto que vaya a ocurrir esta iniciativa de literatura urbana y que mis impuestos se conviertan en pintura para escribir versos. Sólo espero (sospechosista como soy) que de verdad se trate de poesía y de juegos lingüísticos inteligentes, no de contenidos buena onda, no como los definió el titular de la SEDESOL: «mensajes que llevan a la reflexión y buenas vibras». Ojalá que la estupidez política no termine jodiendo algo que de inicio suena tan bien.
Voy a estar pendiente, tomando fotos cuando vea muros con versos y compartiéndolas aquí. Si tú te encuentras uno, compártelo también para documentar el tema en conjunto.
Aquí, lo que el reconocido ilustrador dijo sobre su nueva locura: dirigir las cámaras para el Che Guevara.
La cámara hace un close-up al cerillo que raspa una superficie y, con la cabeza hecha fuego, enciende un puro. Luego, una mano escribe: “Habana, 1965. Año de la Agricultura. Fidel: Me recuerdo en esta hora de muchas cosas, de cuando te conocí en México…”. Ok, no es una película, pero podría serlo porque cuenta una historia a partir de atmósferas visuales. Y encuadres fregones. Y movimientos de cámara. Es que al dibujar la novela gráfica Che, una vida revolucionaria, José Hernández desquitó sus años como estudiante de cine. Y sí, el libro parece hecho de celuloide. O parece una cinta que se transmutó en hojas. En cualquier caso, es como si el Che hubiera actuado para Hernández. Faltaba más.
Colaborador de La Jornada y de Proceso, coeditor de El Chamuco y ganador del Premio Nacional de Periodismo en 2001, José tomó como guión el libro canónico y homónimo de Jon Lee Anderson sobre el revolucionario (qué ávido). Por consiguiente, se aventó la puntada de tener como protagonista a un ícono mundial, el San Che, patrono de las revoluciones, que hoy es llavero, taza, camiseta, pluma, llévelo, llévelo. Pero es también el personaje tenebroso que otros denuestan, asesino más que mártir. Del blanco al negro y de regreso, ¿cuál de todos iba a poner a actuar? El camino que el caricaturista planteó, de acuerdo con Jon Lee y con la editorial Sexto Piso, fue el menos fácil: evitar los extremos y presentar a la persona de Ernesto “Che” Guevara, contradicciones incluidas. Así, en la novela figura el hijo de mamá, lo mismo que el guerrillero que ejecuta a un traidor y le requisa su reloj. O sea, el Che actúa de sí mismo. Y convence.
El libro que acaba de publicarse es el volumen 2, Cuba (“Si Star Wars arrancó a la mitad, ¿por qué nosotros no?”, preguntan José y sus ojos brillantes). A fines de este 2016 saldrá el 1, correspondiente a la estancia del guerrillero en México, y en 2017, el relativo a Bolivia, para coincidir con los 50 años de su muerte. En este primer volumen, espléndido en fondo y forma, no me parece que haya duda: el dibujante salió airoso como “director” del debut cinematográfico del Che.
Aquí, lo que dijo en entrevista sobre este trabajo.
DOS RASGOS Aunque me impresionaba su congruencia, Guevara no era un referente para mí, sobre todo porque fue un convencido de la lucha armada y yo estoy totalmente en contra. Sin embargo, al estudiarlo vi que era íntegro hasta la exageración y lo admiré más. Nunca admitió trato preferencial para sí ni para los suyos. La congruencia fue uno de los rasgos que más me interesó enfatizar de él; el otro fue su idealismo. Sabía que en una revolución se triunfa o se muere y no le causaba conflicto. Luego de una batalla escribió en su diario: “Noté algo que nunca había sentido: la necesidad de vivir. Eso debe corregirse”. Imagínate.
NO SABÍA DIBUJAR
Una cosa es la caricatura política que hago, poner cabezotas y cuerpecitos, pero otra es hacer algo realista. Cuando trabajé el libro Septiembre. Zona de desastre con Fabrizio Mejía Madrid me di cuenta de que realmente no sabía dibujar. Para este libro tuve que hacer muchos bocetos antes de arrancar y luego, ya metido en el proceso, corregí mucho. Varias veces me amanecí dibujando.
CONSTRUIR VERACIDAD
Quise presentar la historia de una manera cíclica, tanto narrativa como visualmente, así que el libro arranca cuando el Che sale de México y termina cuando deja Cuba. Me documenté bien, para que cada cosa fuera tanto veraz como verosímil. Leí unos 10 libros sobre el personaje y todas las novelas gráficas que encontré. También vi muchas fotos de él a lo largo de su vida y hasta estudié su caligrafía, para fusilármela cuando le escribe a Fidel. Por otro lado, investigué sobre esa época en la isla: cómo eran las casas, los coches, la ropa.
LABOR DE EDICIÓN
Como quise hablar de una persona, más que de un personaje, al decidir qué incluir equilibré momentos históricamente imprescindibles, con otros que no son tan relevantes pero tienen peso dramático. Por ejemplo, la relación del Che con su mamá era muy cercana y en las novelas gráficas sobre él casi no se aborda. A mí me parece narrativamente fuerte que, en diciembre de 1956, tras un ataque de Batista, los papás del Che leen en el periódico de Buenos Aires que lo mataron. La mamá llama a la redacción y le dicen que la noticia no está confirmada. Llega la noche de Año Nuevo, están tristes, y en eso un anónimo mete bajo la puerta una carta en la que él mismo confirma que está vivo. Me pareció indispensable no dejar fuera esa escena.
MÁS ALLÁ DE LA FOTO DE KORDA
Usando herramientas de cine que aprendí en el CUEC armé secuencias que funcionaran como pequeñas historias. Con ellas busco atrapar al lector, que se pique con la acción. ¿Quién me gustaría que leyera la novela? Ojalá les guste a jóvenes que sólo conocen al personaje por la foto de Korda y sea una puerta para que de ahí pasen, por ejemplo, al libro de Jon. Pero también creo que puede disfrutarla gente que conoce bien la revolución, porque le añade detalles nuevos.
ACCIÓN GRÁFICA No me gustan las historietas con narrador. Es muy fácil que un texto lo diga todo, pero lo padre es que los hechos se cuenten con imágenes. Por eso, aquí los diarios y cartas del Che son los que complementan los dibujos. También cito de pronto lo que se dijo en un programa de radio, lo que publicó The New York Times o lo que otros personajes opinaron. Me gusta que las páginas tengan poco texto, que la acción se narre gráficamente.
«Evita que mire mi celular cada dos segundos». Cartón: Liam Walsh para The New Yorker
Como soy muy pero muy brillante, descubrí hace tiempo un tesoro escondido: los cartones de The New Yorker. Es una de esas revelaciones que humildemente ofrecí al mundo a través de los #LunesDeHumor de este blog, sin interés de ser reconocida.
Bueno, pues he aquí uno de mis favoritos. Se me ha antojado aplicar el remedio, sin duda. A ver si así. Seguiré informando.
Malcolm LowryAnoche, en la madrugada, terminé de leer Under the volcano (Bajo el volcán), novela del escritor inglés Malcolm Lowry. Es un golpe tras otro de estilo, de imágenes, de poesía en prosa, de trama, de cabrón ritmo para hablar del infierno (con ecos de Dante y de Fausto), de personajes. En otro momento quiero escribir sobre algunas de las muchas cosas que sacuden de este portento de novela, pero hoy dejo aquí un fragmento que se me atora en la garganta como una piedra, por terrible y bello.
Cuando el personaje del Cónsul, en su ininterrumpida borrachera, ve un escorpión en la pared, comenta:
«A curious bird is the scorpion. He cares not for priest nor for poor peon… It’s really a beautiful creature. Leave him be. He’ll only sting himself to death anyway» y más tarde, al ver otro escorpión muerto, señala: «Maybe the scorpion, not wanting to be saved, had stung itself to death». ( Capítulos 6 y 12, pp. 196 y 352 respectivamente en mi edición de Harper Perennial).
(Aquí, una traducción que encontré en Internet y que es, al menos, decorosa. Es de Raúl Ortiz y Ortiz: «Curiosa ave es el alacrán. Le da lo mismo el cura que el pobre peón… Realmente es una criatura hermosa. Déjalo. De cualquier manera morirá por su propio aguijonazo […] Tal vez, como el escorpión no quería que lo salvaran, se había matado con su propio aguijón»).
El Cónsul es tan parecido a ese animal, tan idéntico en su afán autodestructivo. Y Lowry, el autor, también lo fue. Los tres asumen como propia la afirmación: «What if courage here implied admission of total defeat?». («¿Qué ocurriría si aquí la valentía entrañara admitir la derrota total?»).
Foto tomada del sitio emeequis (ignoro el nombre del fotógrafo pero si alguien me lo dice, con gusto lo añado)
Leo que a Juan Villoro le dieron el Premio Periodismo Diario Madrid, por su trabajo sobre temas de la cultura hispanoamericana, además del Premio José Emilio Pacheco, en la Feria del Libro de Mérida. Anda muy celebrado, pues.
La suya es una pluma sólida tanto en la arena literaria como en la periodística, pero desde hace tiempo su trabajo como cronista y ensayista es el que más me interesa. Cuando fue mi maestro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM leí sus novelas El disparo de Argón y El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, además de los cuentos de La noche navegable. Lo disfrutaba mucho como narrador. Recientemente me gustó su Conferencia sobre la lluvia y el volumen de cuentos Los culpables, pero de algunos años para acá me he decantado por su trabajo periodístico con aroma a literatura: me gustan mucho los textos que publica en SoHo Colombia, en El Malpensante, en Etiqueta negra, en Letras Libres.
Hace unos años leí algo que le dijo en Argentina a Leonardo Tarifeño, magnífico periodista y querido amigo. Busco la cita en Internet y, claro, ahí está: «El gran desafío de la crónica consiste en construir un relato que haga tolerable lo intolerable y darle sentido a aquello que no lo tiene». Ese es el periodismo que de verdad me apasiona y me parece retador: no el de la coyuntura (si el Presidente dijo A o B, si hoy vendrá X político de visita al país), sino el que rasca en las entrañas y expone con lucidez y análisis temas como la teatralidad del narcotráfico, como en este texto suyo:La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo. Me parece que esa es una de sus enormes virtudes. Y aunque a veces creo que se excede desempeñando un papel de opinionólogo, es un tipo brillante y mesurado que con frecuencia arroja luces sobre lo que pasa en el país y en el mundo.
En fin, todo esto para decir que me da gusto que su pluma sea reconocida. Claro, como si a él le interesara mi opinión.
Raquel Welch, cartel de la película Hace un millón de años (1966)
Me encanta la ociosidad de conocer el origen de las palabras, así que aquí va ésta.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos continuó haciendo experimentos con bombas atómicas, ahora en el atolón Bikini de las Islas Marshall, en el Océano Pacífico. El sitio estuvo bajo poderío japonés por años, pero en 1944 fue conquistado por los estadounidenses, básicamente porque estaba alejado de rutas de aire y agua. Así, previo desalojo de los pobladores, en 1946 se dejaron caer sobre Bikini dos bombas del tamaño de la arrojada en Nagasaki. La condena mundial fue importante, dado que no había pasado ni un año desde las dos bombas lanzadas sobre Japón.
En ese mismo año, el ingeniero francés Louis Réard creó un traje de baño femenino de dos piezas que ofendió a las buenas conciencias (siempre dispuestas a ello) porque mostraba el ombligo. Fue tal el escándalo que ninguna modelo quiso lucirlo en la presentación en París, de modo que Réard tuvo que contratar a una bailarina de cabaret para ello.
Le llamó, irónicamente, bikini.
(Con información tomada del libro La fascinante historia de las palabras, de Ricardo Soca).
(da click en el enlace de arriba para oír la canción)
Por accidente descubro a la española Vanesa Martín. Me gusta su voz y los hilos de alma que arrastra. Además de cantante es compositora de cosas como éstas, que invito a este #MiércolesDePoesía porque sí: a veces ni yo misma me lo aguanto, pero no sé de otra.
«[…] Si me llevas a otro sitio donde nada entorpezca,
que no haya ruido más fuerte que tu voz así de cerca.
Si me enseñas la salida y decido quedarme dentro
ve bajando la bandera, sobra tela en este cuerpo.
Sintiéndonos una vez más
hasta que nos cueste respirar
gáname la vida.
Hazme el amor una vez más
hasta que nos cueste respirar […]
Soy tan tuya que ni yo, ni yo misma me lo aguanto».
«Ella me dijo que yo era una de las personas más valientes que conocía. Cuando le pregunté por qué me dijo que porque era una cobarde total, pero a pesar de todo seguía adelante y hacía las cosas». -Pema Chodron, Cuando todo se derrumba
En eso estoy, gente. Al menos quiero decirlo.
Mi catálogo de ausencias tiene una primordial: mi papá, que hace 32 años se volvió una sombra que me acompaña a todas partes. Y todos tenemos, de un modo u otro, piezas faltantes del rompecabezas. Así que la Playlist de hoy se arma, justo, con la rola que quisieras poder cantar a quien está lejos, por muerte o por separación. Mi opción es Missing You, de Diana Ross. Me parte eso que quisiera poder decirle aunque sea a través del teléfono como el que recuerdo de mi infancia: «I try to understand the reason you left me… There was so much you gave me to my heart, to my soul. There was so much of your dreams that were never told. You had so much hope for a brighter day… I’m missing you». Tell me why the road turns». Abajo están las propuestas a través de @danioskay mi Facebook personal. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios.
Cristina Liceaga Ahora, interpretada por Ana Belén
Lux Lancheros Amor eterno, interpretada por Rocío Dúrcal
María Rosas Bewitched, Bothered and Bewildered, interpretada por Rod Stewart y Cher
RamRock Bon Voyage, de Sparks
@GabrielaVGE Contigo a la distancia, interpretada por Los Tres Ases
@eljrz_ Crimen, de Gustavo Cerati
@econokafka Di por qué, de Cri-Cri
@PilarCamachoG Dónde esta la vida, de Francisco Céspedes
@michrade Escríbeme en el cielo, de Sentidos Opuestos
David Miklos Everytime You Go Away, de Paul Young
@padron_lupita Fly, de Céline Dion
@asinju Fuiste mía un verano, de Leonardo Favio
@Malakatonche Funny Little Frog, de Belle & Sebastian
Mauricio De París Núñez Giving Yourself Away, de RATT
@quico70 Goodbye, Stranger, de Supertramp
@olivelasco Hacerte venir, de Amaury Pérez
@leonRod79 Historia de un sueño, de La Oreja de Van Gogh
En el siglo I antes de Cristo, Tito Lucrecio Caro se aventó la puntada de decir que la mujer tiene placer sexual. Es decir, el hecho de que busque el sexo no sólo obedece a un impulso natural: lo puede disfrutar. Las religiones y la ciencia tardaron muchos siglos en aceptar eso que Lucrecio no puso en duda, tremendamente adelantado a su tiempo. Va este fragmento de su libro De naturaleza, nomás por el gusto de celebrar que es viernes y que sí, el placer es de dos:
«Y no siempre la mujer suspira de amor fingido cuando abraza el cuerpo del varón y con su cuerpo lo junta y sujeta, mojando besos con chupar de labios; porque de corazón lo hace muchas veces y, buscando compartir el gozo, acucia para recorrer la amorosa pista. Y no de otro modo pájaros, vacas y bestias, ovejas y yeguas se pondrían debajo del macho, si no es porque, así que entran en celo, se enardecen sus partes rebosantes, y a los amorosos respingos gozosas responden. […] Eso nunca lo harían si no supiesen el gusto que se dan, capaz de dejarlos atados. Por tanto, digo y repito como hasta ahora, compartido es el placer».
-Tito Lucrecio Caro, La naturaleza, Libro IV, 1193-1207, traducción de Francisco Socas, Gredos, 2010.
Apenas fueron 12 entradas, de modo que quedaron fuera muchísimos asuntos que me hubiera encantado abordar, entre ellos los distintos tiempos que contiene la novela (cronológico vs narrativo), la oralidad de Sancho (presente en refranes pero no sólo) y los recursos lingüísticos empleados en construir la narración. Extraliterariamente también me hubiera gustado comentar algo sobre el mito del pretendido ignorante que fue Cervantes, que según algunos no se enteró del portento que estaba creando. Nada más estúpido. En fin. No pretendo ser, ni de lejísimos, experta en el tema, sólo soy una lectora curiosa que disfruta de meterse en los entresijos de lo que lee.
En esta última entrada comparto la que me parece la más impresionante representación gráfica del Quijote y los mundos que lo habitaban: ésta de Gustav Doré. Y al mismo tiempo quiero hablar brevemente sobre Cide Hamete Benengeli, el «historiador arábigo» que funciona como una especie de coautor de la novela y que permite asomarse a la exacta maquinaria narrativa que la subyace. En el capítulo 9 de la primera parte, el narrador del Quijote menciona que Hamete Benengeli es el autor de la historia del caballero andante y que él, el narrador, la encontró en unos cartapacios traducidos del árabe. Es decir, se le advierte al lector que nunca lee directamente el original, sino siempre está ante la traducción, adaptación y lectura comentada de un texto que no conoce.
Cervantes emplea así el recurso habitual en esa época de presentar el relato como la versión de un manuscrito inédito escrito en otra lengua. De modo que apenas en la página 87 (de un total de 1106 en mi edición, la del IV Centenario preparada por Alfaguara) hay ya cuatro autores: Cervantes, el narrador y Hamete Benengeli, más el morisco que tradujo los manuscritos hallados por el narrador. Y a lo largo de las páginas se suman los personajes, mismos que cuentan aventuras y añaden historias paralelas, citan poemas, cruzan comentarios. Por otro lado habría que añadir que el Quijote menciona varias veces su confianza de que un escritor pondrá por escrito sus hazañas, con lo que Hamete Benengeli podría fungir como una invención del propio Quijote quien, a la vez, sería criatura de aquél. De hecho, es de notar que la novela cierra con una suerte de diálogo entre Hamete Benengeli y su pluma, la cual señala: «Para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para en uno». Esto que parece juego de palabras es apenas la punta del iceberg de la complejidad estructural y la polifonía narrativa del Quijote, mismas que no estorban ni agobian al lector no especializado, pero que fascinan a quienes rascan un poco bajo las palabras.
Muchas gracias a quienes se sumaron a la iniciativa de leer (releer) la novela entre enero y abril, cuando se recuerdan 400 años de la muerte de Cervantes. Aquí va la lista final de lectores, que desde México, Estados Unidos, Cuba, Argentina, Canadá yEspaña se asomaron conmigo a las aventuras quijotescas:
En especial agradezco a quienes estuvieron comentando y aportando materiales y puntos de vista: Carlos Carranza, Cristina Liceaga, Alma Delia Murillo, Julio César SRG y Gerardo Cárdenas. Fue una ricura compartir andanzas con ustedes.
Y, más que nunca, luego de hundirme de nuevo en la lectura subrayo las palabras de Sansón Carrasco a la muerte del caballero andante: «[…] se advierte/ que la muerte no triunfó/ de su vida con su muerte«. El Quijote está más vital que nunca.
Fabio Morábito, narrador y poeta de los mejores en lengua hispana y además querido amigo mío, me invitó hace unos días a participar en el intercambio colectivo de un poema que me hubiera ayudado en un momento difícil.
Yo envié la«Elegía» de Miguel Hernández, que le puso palabras al dolor de haber perdido a mi papá siendo adolescente. Luego he ido recibiendo poemas y versos de todo tipo, algunos conocidos (como «Ítaca» de Constantino Cavafis, «El tigre» de Eduardo Lizalde o «1964» de Jorge Luis Borges»), otros que resultaron novedades para mí (como «Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra» de Álvaro de Campos, heterónimo de Pessoa, y «Elegía» de Gonzalo Rojas). Bueno, pues en esa inundación poética me llegaron estos versos del italiano Salvatore Quasimodo:
«Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol,
y de pronto anochece».
Yo conocía el poema en traducción de Hugo Gutiérrez Vega (cambia el último verso: «Pronto la noche llega»), pero me gusta más esta versión que me compartió mi tocayo Julio Trujillo, poeta y escritor, además de querido amigo. Es una traducción del inmenso Guillermo Fernández. Aquí lo dejo, para iluminar el #MiércolesDePoesía.
En esos versos aparentemente inocuos caben todas las vidas que han pasado por la tierra. Es meter a la humanidad en tres renglones. Eso es poesía, carajo.
Hace unos días, en Twitter @Tania_Tagle mencionó que sus palabras preferidas son escarlata y carmesí. Contesté que la mía es burbuja, porque es juguetona y ligera, muy como lo que nombra. Y mi querida Sandra Lorenzano añadió que su favorita es apapacho. Luego se sumaron algunos más, aportando las suyas. Sugerí entonces que deberíamos hacer un «diccionario» de palabras que amamos. Es decir, en principio no se trata de que me guste el significado de una voz (predecibles como somos, seguro amor, mamá y amistad tendrían hartos votos), sino que disfrute la palabra en sí, su sonoridad.
Para echar a andar el proyecto, lanzo desde aquí la pregunta abierta: ¿cuál es tu palabra preferida? Aquí abajo, la lista que vamos armando entre todos.
«Aunque estamos bien, la pregunta es: ¿no podríamos estar un poquititito mejor?». (Traducción mía)
El cartón del francés Voutch no tiene compasión. Cuando una es atascada, voraz, entonces aunque todo vaya bien le da por preguntar(se) ese tipo de cosas y no lo ve mal. Pero cuando lo lee en un cartón entonces se ríe del sinsentido de quien siempre quiere más. Ay.
«Lo más importante es este momento en movimiento. Es necesario darle peso, relevancia, hacerlo vital. Evitar que se cuele entre las manos, inadvertido», dicen que decía Martha Graham. En buena medida, el bailarín hace justo eso: arma una fiesta con brazos y piernas, llena de sentidos el aire, lo carga de intención. Se me antoja recordarlo en estos días, para ir a contracorriente del discurso jodido que condena la corporalidad para priorizar la espiritualidad. No, señores, no somos almas presas en un cuerpo. Somos almas que toman (o no) el privilegio de expresarse a través de un cuerpo, de hacer fiestas cotidianas con él.
Hace tiempo no subía entradas de fotografía. Ahí está este lujo de Allen Birnbach. Provecho.
Acabo de terminar este portento de libro. Qué tenebra de tema, la violencia en México, contada con quéjugadera de palabras. El lenguaje del juego, de Daniel Sada (Anagrama) cuenta la historia de la familia Montaño, en el norte de Mágico (trasunto de México). Luego de cruzar de mojado a Estados Unidos exactamente 18 veces, el padre, Valente, ha juntado un dinerito y decide poner una pizzería en su pueblo, misma que atenderán él, su esposa, y sus hijos, Candelario y Martina. Pero los capos del narco acaban de llegar al pueblo y traen con ellos los carrotes, las armas, los muertos. Así, la sangre resultante.
Había leído poemas y cuentos de Sada, escritor mexicano nacido en Mexicali (1953-2011), pero es la primera novela suyo que conozco y qué cosa de libro. El tremendismo del asunto y el rumoreo del estilo. No tiene madre ni, creo, hijos. En la contraportada dice Francisco Goldman sobre él: «Sada es a Rulfo lo que Beckett a Joyce, sólo que al revés. El minimalismo de Beckett era su respuesta al insuperable maximalismo de Joyce. Y el maximalismo de Sada fue la respuesta de éste al insuperable minimalismo de Rulfo». Híjole, sí.
Transcribo aquí dos fragmentos que muestran lo impresionante de la pluma de Sada: la violencia narrada desde el deslumbre y la sobadera de voces en la orgía del estilo.
«También cierta vez llegaron a la pizzería cuatro hombres empistolados. Dos de ellos, los más gordos, lucían gafas oscuras y bigote tupido antiguo, en cambio los otros dos no estaban bien rasurados y eran flacos como varillas. Los cuatro traían sombrero y caminaban como pavos reales. Bueno, pues ellos se sentaron y ordenaron pizzas así y asá. […] Luego así nomás sobrevino el levantón repentino de los cuatro. Se estaban yendo y… ¡la cuenta! Valente quiso interponerse, pero delante de la clientela el más gordo de los sombrerudos proclamó con chisguetes de saliva: ¿A poco nos vas a cobrar, hijo de tu puta madre? Y agregó: ¿Qué es lo que quieres?, ¿que te meta dos plomazos? Valente se quedó mudo-atónito. Notoria inmovilidad de estatua. Estatuas también Yolanda y Martina. Estatuas los empleados. Estatuas los clientes. Mundo perplejo, sin aliento. Mundo: escoria». p. 54
«Pues que se desangrara el tal por cual, que sintiera el efecto de una saña bien diabla, hasta que ya de plano lo creativo acabara en ensombrecimiento, entonces el balazo más adecuado ¡pronto!, ya para despachar a ese cretino. Y los litros de sangre derramada en medio del jardón. El césped embarrado de rojura, cual pinturreo que mana y brilla y arde y los gritos de Íñigo, invariables y nadie todavía que lo callara, hasta que el mero-mero, por enfado, accionó su pistola no sin antes decirle que abriera bien la boca y contra el paladar el fuego tremebundo, despedidor de cuánto: vencedor adecuado, resultón«. p. 173
Para reírse de alguien o algo hay que tener elegancia. Cuanta más clase, mejor la broma, como evidencia este fragmento del capítulo 38 de la Segunda Parte del Quijote, uno de mis favoritos, en el que la dueña Dolorida se presenta ante caballero y escudero, y Sancho usa sus mismos recursos para retacharle la burla:
«[…] Sosegados todos y puestos en silencio, estaban esperando quién le había de romper, y fue la dueña Dolorida con estas palabras:
-Confiada estoy, señor poderosísimo, hermosísima señora y discretísimos circunstantes, que ha de hallar mi cuitísima en vuestros valerosísimos pechos acogimiento, no menos plácido que generoso y doloroso, porque ella es tal, que es bastante a enternecer los mármoles y a ablandar los diamantes y a molificar los aceros de los más endurecidos corazones del mundo; pero antes que salga a la plaza de vuestros oídos (por no decir orejas), quisiera que me hicieran sabidora si está en este gremio, corro y compañía el acendradísimo caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo Panza.
—El Panza—antes que otro respondiese, dijo Sancho— aquí está y el don Quijotísimo asimismo, y, así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros servidorísimos».
Ese «quisieridísimis» es una perla, aplicarle un aumentativo a un verbo no tiene nombre. Me encanta. Además, en pocas líneas este pasaje encarna ese rasgo tan disfrutable del Quijote: el humor cabroncito. Es decir, en las páginas de la novela no hay bobadas del tipo payaso-de-circo, totalmente predecibles. Éste es un humor fino, inteligente, acusado. Aunque el Quijote no tuviera más virtud que ésta, por ésta sola valdría la pena leerlo completo.
La próxima semana termina el reto que propuse en este blog, de leer las dos partes del Quijote para abril, cuando se celebran 400 años de la muerte de Cervantes. Carlos Carranza, mi querido acompañante en la relectura del libro, esta semana comparte un enlace a la Biblioteca Virtual de Patrimonio Bibliográfico del Gobierno de España. Contiene un montón de ediciones del Quijote y también muchos libros sobre el Quijote y sobre Cervantes, varios de ellos descargables gratuitamente, como esta biografía de Cervantes. Gracias de nuevo, querido Carlos. Algunos co-lectores no han comentado su lectura, ojalá lo hagan en estos últimos días. No se requieren comentarios sesudos, basta con hablar de lo que uno va encontrando, lo que le mueve, lo que le gusta, lo que le impresiona, lo que le disgusta. Pero, como dije desde el primer día, el principal afán es gozar del Quijote desde la costuras, sin mayor compromiso que ése.
Aunque todos se parecen, en realidad no se parecen. Unos reptan y otros vuelan. Uno es amenaza que pone a temblar la fortaleza. Otro no advierte y simplemente toma la plaza. Algunos transmiten urgencias y los demás son todo lo morosos que pueden ser. Éste es túnel oscuro que desemboca. Aquél trae el sol prendido al pecho. En este #MiércolesDePoesía con más luz de la normal invito al portentoso «Besos», de Tomás Segovia (1927-2011), porque ocupo y porque celebro una fiesta de ídems. No sé qué pasa cuando me besas, pero pasa.
El poema de Segovia es largo y la atención es corta, de modo que comparto sólo los versos iniciales. Ojalá con ellos despierte el hambre de leerlo todo, hasta esa fanfarria final: «[…] besaré, besaré / hasta hacer que toda tú te enciendas / como un farol de papel que flota locamente en la noche».
Besos
«Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra
luego de pronto todos juntos
hundiéndose en tu gruta marina
chorro de besos sordos entrando hasta tu fondo
perdiéndose como un chorro en el mar
en tu boca oceánica de oleaje caliente
besos chafados blandos anchos como el peso de la plastilina
besos oscuros como túneles de donde no se sale vivo
deslumbrantes como el estallido de la fe
sentidos como algo que te arrancan […]».
«Dios nace de las rigideces, las inflexibilidades y las inmovilidades cadavéricas de los miembros de la tribu», dice el filósofo francés Michel Onfray en su Tratado de ateología, y añade que la idea de una divinidad acompaña la duda, el miedo, la angustia, esas «máquinas creadoras de divinidades» (traducción mía).
Dicen que hoy se celebran los versos, los poemas, tan inútiles pero tan indispensables. De entre las muchas cosas que se pueden decir sobre el tema hoy me decido por estas dos citas, complementarias:
Al recibir el Premio Nobel de Literatura (1977), el español Vicente Aleixandre dijo: «La poesía es una sucesión de preguntas que el poeta va haciendo».
En una reciente entrevista,el novelista John Banville señaló: «La poesía es una intensificación del lenguaje, un tomar la textura de la vida […] Cualquiera puede escribir sobre las cosas; lo importante es capturar las cosas en sí mismas».
Para mí, cada poema es justo eso: una búsqueda, un intento de respuesta, el deseo de atrapar en palabras la textura de una emoción, lo inasible de un instante. Por eso la poesía es tan irrenunciablemente humana.
Para animar el lunes de Semana Santa va este cartón puritano (y pus ni tanto) del mexicano Kemchs. Aquí tienen la verdadera razón de por qué a veces las relaciones se prolongan ad nauseam. Claro, es sólo a veces, tampoco es para que todos echen las campanas al vuelo. En otros casos los matrimonios se conservan por motivos, esos sí, realmente sucios y pecaminosos: dinero, intereses, culpa, prestigio social.
La música, un lenguaje pleno en sí mismo, va más allá de las palabras. Por eso con frecuencia no es necesario entender lo que dice la letra de una canción para ser capaz de entenderla (sin juego de palabras). El tema de la Playlist de esta semana lo propuso mi querido Carlos Carranza y es, llanamente dicho, de esas canciones que cantas a todo volumen si saber realmente qué dicen. Mi opción es Sen Bende Kaldin, del turco Olay Bitmistir. Viene en un disco que compré en Estambul en 2014 y la oí miles de veces hasta, según yo, aprendérmela. Así intentaba prolongar el viaje alucinante que hice a aquella geografía lunar.
Aquí abajo están las propuestas a través de @danioska y el Facebook/Julia Santibáñez. La mezcla está variadita: árabe, italiano, zapoteco, alguna lengua africana, latín, portugués, catalán, vasco, francés y hasta una rola en español, para que no digan. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios y la subo.
Venga, buen #SábadoDeMúsica.
Daniel Zavala 7 Seconds, de Youssou N’Dour
Marcela Sánchez Greene Águas de Março, de Antonio Carlos Jobim y Elis Regina
Carlos Alberto García Aline, de Christophe
Ginnette Riquelme Avis per a navegants, de Manel
Rafael Alucín Baba O’Riley, de The Who
Dania Castañón Baba Yetu, de Christopher Tin y The Soweto Gospel Choir
Alma Delia Murillo Boee, de The Idan Raichel Project
Bellaespíritu Canção du mar, de Dulce Pontes
@cherrera313 Carmina Fortuna (O, Fortuna), de Carl Orff
Ana Victoria Taché Dolent de mena, de Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat
@BandalaGIna Du Hast, de Rammstein
@LosAmorososLeen El Cuarare, de Los Magallones
David Miklos Heaven or Las Vegas, de Cocteau Twins
José Eugenio Sánchez Jo Ta Ke, de Su Ta Gar
@LaLore04 Kalashnikov, de Goran Bregovic
Inés López de Arriaga Kiss from a Rose, de Seal
Myriam Hudson Kuzu Kuzu, de Tarkan
@danywino Lili Marleen, interpretada por Marlene Dietrich (no la encontré con Natürlich, sorry!)
Lux Lancheros Main Vari Vari, de A. R. Rahman
Carlos Carranza Menfi, de Rachid Taha, Cheb Khaled y Faudel
Julio Ordóñez Mesecina, de Goran Bregovic
Arturo Erremental My Heart, My Life, de Nusrat Fateh Ali Khan y Michael Brook
Rafael Carballo Obiero, de Ayub Ogada
Adriano de Lucio Nem Vem Que Nao Tem, de Wilson Simonal
Cristina Liceaga O Que Você Quer Saber de Verdade, de Marisa Monte
@econokafka Orientis Partibus, interpretada por Magnia Melodia
@otroluisfer Praise You, de Fatboy Slim
Julia Santibáñez Sen Bende Kaldin, de Olay Bitmistir
Eduardo Limón Should I Stay or Should I Go, de The Clash
Mariana Pineda Simarik, de Tarkan
Ernesto Flores Vega Stairway to Heaven, de Led Zeppelin
Poetas Nuevos Tajabone, de Ismaël Lô
@ursulacamba Tamly Maal, de Amr Diab
Diana Penagos Te Dikalo, de Richard Bona
Gerardo Cárdenas Tutto il Calcio Minuto per Minuto, de Claudio Baglioni
Gabriel González Vai Passar, de Chico Buarque
@hmatuk Who Put The Bomp?, de Barry Mann
@luciangc Wolf, de Exo
Carolina Enríquez Xquenda, de Susana Harp
Ligia Urroz Ya Rayah, de Rachid Taha
@quico70 Yebo!, de Art of Noise
YOUTUBE
42. Jorge Luis Borgia Amassakoul ‘N Ténéré, de Tinariwen
43. Jorge M. Mendoza Kiminotameni, de Tujiko Noriko
En estos días mi papá cumple 32 años de haberme dejado las manos vacías y, cursi como soy, no deja de punzarme su ausencia. A veces me descubro siendo la adolescente ingenua que le pide al pie de la cama de hospital que por favor no se vaya, la adulta igualmente ingenua que espera que regrese para oír su risa, sentarme en sus rodillas, volver a sentir que todo está bien.
Por otro lado, me encuentro en un momento rico a nivel personal, con la certeza de un abrazo que me derrite, de un amor que me desordena aunque es todo lo anticonvencional que puede ser, con el alma revuelta y la admiración que estreno cada día, porque cada día es el primero de esta historia.
Y ahí, entre ambos, transcurre el juego cotidiano de contrastes grandes y chicos que intento disfrutar lo más posible.