Inventar(me) de nuevo

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Amo viajar, encontrar nuevos cielos y el riesgo de sabores sin palabras, conversar en lejano, saciarme de novedad. Sobre todo, me gusta el reto de redescubrirme y ver mi sombra en otro huso horario. Suscribo este texto hermoso de Mutis sobre los asombros que depara el mundo:

«Es menester lanzarnos al descubrimiento de nuevas ciudades. Generosas razas nos esperan. Los pigmeos meticulosos. Los grasientos y lampiños indios de la selva, asexuados y blandos como las serpientes de los pantanos. Los habitantes de las más altas mesetas del mundo, asombrados ante el temblor de la nieve. Los débiles habitantes de las heladas extensiones. Los conductores de rebaños. Los que viven en mitad del mar desde hace siglos y que nadie conoce porque siempre viajan en dirección contraria a la nuestra. De ellos depende la última gota de esplendor.

Faltan aún por descubrir importantes sitios de la tierra: los grandes tubos por donde respira el océano, las playas en donde mueren los ríos que van a ninguna parte, los bosques en donde nace la madera de que está hecha la garganta de los grillos, el sitio en donde van a morir las mariposas oscuras de grandes alas lanudas con el color acre de la hierba seca del pecado.

Buscar e inventar de nuevo. Aún queda tiempo. Bien poco, es cierto, pero es menester aprovecharlo». -Álvaro Mutis, «Los viajes», La intacta materia de otros días. Textos selectos de Manuel Mejía Vallejo y Álvaro Mutis (Alfaguara)

Palabra del día: «azar»

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Me gusta su sonoridad y su vivir a caballo entre zar, título del antiguo emperador ruso, y azahar, flor del naranjo, pero lo más fascinante radica en su origen: azar es un arabismo que significa «flores».

Como tantas voces en español que inician con «a», ésta también hunde sus raíces en los ocho siglos de contacto entre la lengua mora y el incipiente castellano. Proviene de az zahr = «dado», que a su vez proviene de zahr = «flor». Esto puede deberse, explican según K. M. Libura y G. López Garza en Sorpresas en palabras (Tecolote), a que los primeros dados tenían el dibujo de una flor en una de sus caras, la que indicaba mala suerte. Como el dado se relacionaba con lo impredecible y casual, la voz adquirió ese significado.

También vive en portugués (azar, con el significado de «mala suerte»), francés (hasard) e inglés (hazard, con el sentido de «peligro»). Sorprendente, la palabrita.

Las crónicas de muchos ojos de Tarifeño

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Ryszard Kapuscinski, que algo sabía del asunto, dijo en Los cínicos no sirven para este oficio: «Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias». Según esta lógica, Extranjero siempre, crónicas nómadas, de Leonardo Tarifeño (El salario del miedo) es un buen libro, escrito por un buen periodista que apunta ser una buena persona.

En contraposición al periodismo aséptico y distante de boletines de prensa, el autor se ensucia las manos mientras se involucra con los protagonistas de sus crónicas ocurridas en varios puntos del planeta, sean un chamán huichol de Real de Catorce, unos presos argentinos devenidos músicos, los cadeneros de un antro defeño, un músico en Mali, una escort seductora en México o hasta Maradona rehabilitado en Cuba. Ese es el subtexto de la cita que abre este post: que el cronista parta de la humildad y la apertura de quien no posee la verdad última. Al leer este volumen, escrito con la rica pluma de Tarifeño y una enorme honestidad por delante, me meto en la piel de los personajes y leo el mundo desde sus muchos ojos. Cómo no disfrutar ese regalo. Supongo que a eso se refiere Kapuscinski cuando habla de que el buen periodista debe ser «buena persona».

La perdurabilidad de Pacheco

Nota: Excelsior 8/mayo/1993
Nota: Excelsior 8/mayo/1993

José Emilio Pacheco murió hoy, en la Ciudad de México. Primero Gelman y ahora, él. Dos poetas de esa talla, desaparecidos en dos semanas. Groseramente mucho.

Tomo de mi librero su poemario Islas a la deriva, con el que lo conocí. Lleva escrito a mano «1992», año en que lo leí por vez primera. Entre sus páginas guardé este recorte de periódico de 1993, en el que respondió a la eterna pregunta «¿para qué sirve la poesía?». Dijo: «Sin ella, el idioma dejaría de fluir y de cambiar, se estancaría, haría borrosas las fronteras entre la realidad y las palabras que son nuestros únicos instrumentos para entenderla y transformarla.» Luego añadió esto, pertinente hoy: «Es poco lo que uno puede hacer en el campo infinito de la poesía. La perdurabilidad no es personal, uno persiste y continúa, no en su nombre pasajero y en su cuerpo mortal, sino en el trabajo de los demás».

Sin duda, Pacheco seguirá vivo no sólo en sus textos, sino también en el trabajo de los cientos de poetas, narradores, ensayistas y traductores que marcó, así como en los lectores que deja huérfanos. Yo, entre ellos.

Lo que le pido a JEP

Foto: Notimex
Foto: Notimex

Me amanezco con la preocupación de que el enorme escritor mexicano José Emilio Pacheco está en el hospital, delicado. En este blog me he declarado lectora constante de ese caballero renacentista, plural y curioso como pocos. Nacido en 1939, es poeta, ensayista, narrador, traductor, docente e investigador, todo de alta escuela. Espero que la hospitalización sólo sea un susto y a través de este poemita suyo le pido de corazón que siga entre nosotros largo tiempo. Lo necesitamos.

Contraelegía

«Mi único tema es lo que ya no está./

Sólo parezco hablar de lo perdido./

Mi punzante estribillo es nunca más./

Y sin embargo amo este cambio perpetuo,/

este variar segundo tras segundo,/

porque sin él lo que llamamos vida/

sería de piedra».

Aquí el link a algunos posts sobre Pacheco:

Su opinión sobre cuál es la palabra más mexicana de todas http://wp.me/p1POGd-2hE

Su visión de la poesía como medicina y su hermoso poema sobre México http://wp.me/p1POGd-2lz

Su traducción de un haikú de Basho http://wp.me/p1POGd-2uW

Estado de mujer

Kurt Van Wagner

Mañana de sábado, afuera hace frío mientras yo leo en la cama (¿para qué es la vida sino para estos momentos?). Me acompaña una extraordinaria compilación de cuento brasileño y tropiezo con este pasaje, quizá políticamente incorrecto, seguramente criticable desde una óptica feminista, pero que puedo suscribir una y mil veces:

«[…] Se percató de que se había construido una escena animal, como si un animal rozara la carne que mimaba, como si un animal se lanzara contra el rostro del otro, un animal fermentando el deseo en la piel de los dos dedos y en la dureza de las uñas del hombre, un animal que quería arder […] Se enteraba de su estado de mujer estando con un hombre, ya no un niño, un hombre realmente, de puños duros, venas salientes, vellos gruesos, como si fuera esa la gran generosidad. […]».

Cíntia Moscovich, «Un hueco y un vacío», en Paula Parisot (compiladora), La invención de la realidad. Antología de cuentos brasileños (Cal y Arena)

Un minuto con 10 escritores

Hernán Lara, Mónica Lavín, Alberto Ruy Sánchez, Xavier Velasco, José Alberto Gudiño, Fernando Vallejo, Jorge Volpi, Homero Aridjis, Ana Clavel, Jaime Mesa
De arriba abajo, de izq. a der.: Hernán Lara Zavala, Mónica Lavín, Alberto Ruy Sánchez, Xavier Velasco, Jorge Alberto Gudiño, Fernando Vallejo, Jorge Volpi, Homero Aridjis, Ana Clavel, Jaime Mesa

Piso 51 de la Torre Mayor, México, D.F.  7 p.m.

Coctel de presentación de las novedades de Grupo Santillana para 2014 y, de paso, celebración por los 50 años de Editorial Alfaguara. Es una fiesta de libros, tan colorida y diversa como sus portadas. Nada más natural, entonces, que ver escritores entre la concurrencia. No lo pensé antes, pero ya aquí aprovecho para lanzar #TuitEntrevistas al estilo de la revista SoHo. Me acerco a 10 de ellos, entre vino y conversa les formulo una sola pregunta desde la cuenta de Twitter de SoHo. Aquí, preguntas y respuestas.

1. Xavier Velasco @XavierVelasc0
P. ¿Qué prefieres: pechos o nalgas?
R. ¡Piernas!

2. Mónica Lavín @mlavinm
P. ¿Cuál es la palabra que más odias?
R. Inmarcesible, por pretenciosa.

3. Homero Aridjis @HomeroAridjis
P. ¿A dónde se van los besos no dados?
R. A la poesía, a la imaginación o a la musa dormida.

4. Alberto Ruy Sánchez @AlbertoRuy
P. ¿A qué alimento se parece un orgasmo?
R. Al pez japonés que vive bajo el agua todo el año, con cuyo hígado se hace foie gras. Es único, de un sabor que nadie conoce.

5. Jaime Mesa @jmesa77
P. ¿Los pechos operados son un deleite o un desengaño?
R. Un total desengaño, un despropósito visual y táctil.

6. Ana Clavel @anaclavel99
P. ¿Qué te indicaría que viene el Apocalipsis?
R. ¿Que no ya llegó? ¿Que no ya estamos ahí?

7. Jorge Alberto Gudiño @latertuliared
P. ¿Veintañeras o cuarentonas?
R. Depende. Con la de 20 necesitas platicar ‘antes de’. Con la de 40, después.

8. Jorge Volpi @jvolpi
P. ¿Cuál es tu placer culpable?
R. Los videojuegos.

9. Hernán Lara Zavala @Hernanlaraz
P. ¿Quién es el antihéroe contemporáneo?
R. Philip Roth, escritor muy sobrevaluado frente a John Updike, por ejemplo. Lo mismo sucede con Martin Amis.

10. Fernando Vallejo @Fer_Vallejo
P. ¿Cómo se festeja el cumpleaños de un libro?
R. Perdón, perdón, pero no contesto preguntas. No vuelvo a contestar una sola hasta que me muera…

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

El bigote infinito de Dalí

Ilustración: Capoerista
Ilustración: Capoerista

«No temas la perfección. Nunca la alcanzarás». Lo dijo Dalí, muerto un día como hoy hace 25 años. Además de artista, loco, genio y mercadólogo de sí mismo, el nacido en Figueras dio en el clavo con esto. ¿Por qué, entonces, seguir afanándome por rozar lo perfecto? Es un dar vueltas sobre el mismo eje, infinito como su bigote…

Los muchos cuerpos del cuerpo

Fotos: Ron Hildebrand
Fotos: Ron Hildebrand

Entre sábanas, un cuerpo se vuelve varios, habla lenguas desconocidas, se agiganta y tornasola. Por eso el sexo produce escalofríos: es un ir a contracorriente del mundo, un asomarse a tierras vírgenes donde crece el misterio. Por eso mismo es sagrado, porque representa nuestra sola posibilidad de rozar lo divino.

«Mis manos/

abren las cortinas de tu ser/

te visten con otra desnudez/

descubren los cuerpos de tu cuerpo/

Mis manos/

inventan otro cuerpo a tu cuerpo»

Octavio Paz, «Palpar», Salamandra, en Obra poética (1935-1988) (Seix Barral)

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Link al sitio del fotógrafo: http://www.hilstudio.com/studio/frames1.html

Traducir el mundo en 50 munditos

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Que alguien me diga que no es un proyecto genial: en un colegio de Pamplona, España, 315 niños de segundo a sexto de primaria eligieron sus 10 palabras favoritas. Luego, los organizadores escogieron las 50 más repetidas y se las dieron a 50 artistas que con ese material debían escribir un cuento, un poema, un listado de frases, un cómic, lo que quisieran; la única condición era incluir cada una de las voces. Con los textos resultantes y una selección de imágenes del fotógrafo Clemente Bernard se armó el libro Imagina cuántas palabras, presentado recientemente en Madrid. Las 50 elegidas fueron: fútbol, amor, jugar, esternocleidomastoideo, balón, ordenador, vacaciones, música, amigos, baloncesto, hámster, amistad, cariño, coche, televisión, naturaleza, colegio, casa, paisaje, flores, juegos, alegría, mamá, sol, arcoiris, papá, bachillerato, corazón, perro, iglú, diversión, azul, libro, dormir, cantar, piscina, gafas, playa, pizza, leer, estuche, bailar, reloj, felicidad, deberes, agua, mar, amor, paz, mariposa, flor.

Es de esas ideas que me pueden dar insomnio mientras la repaso, me entusiasmo con ella,   imagino cómo podría llevarla a cabo… Me parece genial construir mundos a partir del mundito que cada palabra lleva consigo, traducirlo todo al idioma particular de cada una, armar un universo con base en su genealogía y parentela. Entre tanto, aquí las de la lista que yo también hubiera dicho: azul, iglú, libro, mar, además de otras que me hicieron falta: burbuja, nenúfar, inconsútil.

Enlace al blog de Imagina cuántas palabras: http://alturl.com/w5jrf

Alegoría de selvas

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En la espesura, un rumor de presa despierta a la hembra. Dos puntos de luz rasgan la noche, acarician la sombra ágil, las patas quebradizas.

Como marea creciente, ojos y más ojos se multiplican, se delirian hasta ser manada que codicia, pupilas legión, una y muchas, observando desde el hambre de una sola.

Cuán similar es mi apetencia. Bestia incontable que me urge las entrañas.

 

-Julia Santibáñez

Lo que me empuja a escribir

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Mentalmente releo la carta que he repasado tantas veces, la que escribí un 19 de enero de hace 30 años, cuando en el hospital mi papá empezaba la guerra contra lo inevitable.

Era una carta desesperada. Le pedía no morirse, aguantar por mí, no dejarme. Le recordaba lo central que era en mi historia, le suplicaba honrar nuestra complicidad, ofrecía mis fuerzas a cambio de sus heridas. Tres meses después fue derrotado, como todos, y me dejó la vocación de llevar su recuerdo conmigo a todas partes, inquieto habitante de mis días.

Esa carta inauguró mis afanes de escribir para realmente vencer a la muerte, cosa que cada día se anuncia más difícil. Pero no cedo en el intento.

Los últimos versos de Gelman

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Según la revista argentina Ñ, éste es el último poema conocido de Juan Gelman, escrito a fines del año pasado en su casa de la colonia Condesa, en la capital mexicana. Es casi una despedida. Me pregunto qué dirá hoy su esqueleto, tan solo.

Verdad es

«Cada día/

me acerco más a mi esqueleto./

Se está asomando con razón./

Lo metí en buenas y en feas sin/

preguntarle nada,/

él siempre preguntándome, sin ver/

cómo era la dicha o la desdicha,/

sin quejarse, sin/

distancias efímeras de mí./

Ahora que otea casi/

el aire alrededor,/

qué pensará la clavícula rota,/

joya espléndida, rodillas/

que arrastré sobre piedras/

entre perdones falsos, etcétera./

Esqueleto saqueado, pronto/

no estorbará tu vista ninguna/

veleidad./

Aguantarás el universo desnudo.//»

Juan Gelman, La Condesa, México, D.F.

28 de octubre de 2013

Aquí el link a Ñ: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Juan-Gelman-mo-poema_0_1067293486.html

El vicio de respirar tu aliento

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Hay de perversiones a perversiones y ésta es de las más recomendables. Así la canta el porteño Cacho Castaña en un tema viejito, que le viene bien a este día frío en México:

«[…] Vamos a vivir, amiga mía/
que esta noche la ciudad está tan fría./
Vamos a vivir, se va la vida,/
ya no me importa aunque digan lo que digan.//

Quiero que sientas las cosas que yo siento,/
que tengo el vicio de respirar tu aliento,/
del calor de tus manos, de tu voz el concierto/
y el perfume de amor que sale de tu piel/
y está en mi cuerpo. […]»

Sobre una (mala) traducción de Nabokov

Nabokov fotografiado por Yousuf Karsh
Nabokov fotografiado por Yousuf Karsh

«[…] Por el brillo de esas mejillas, por los doce pares de delgadas costillas, el vello en la espalda, la insustancialidad de su alma, esa voz ligeramente ronca, los patines y el grisáceo día […] Por todo esto él hubiera dado una bolsa de rubíes, un balde de sangre, cualquier cosa que le pidieran» -Vladimir Nabokov, El hechicero (Emecé).

Esta niña es antecedente directo de Lolita (1959). Escrita unos 20 años antes, anuncia el tono, las pinceladas y el humor de la obra maestra de Nabokov pero, sobre todo, presenta su exquisito sello. Esto es lo primero suyo que leo en español (he devorado Lolita tres veces y Ada o el ardor una, ambas en inglés) y ahora este «hermoso trozo de prosa rusa, lúcido y preciso». Sin embargo, esta versión hispana (traducida del ruso al inglés por Dimitri Nabokov y de ahí al español por Rolando Costa), es descuidada: basta ver la obvia cacofonía «brillo, mejillas, costillas». Con todo, nada empaña líneas como: «Sabía que no efectuaría intentos contra su virginidad en el sentido más estrecho y rosado del término, hasta que la evolución de las caricias hubiera ascendido, trasponiendo un cierto paso invisible. Él se contendría hasta la mañana en que, riendo aún, ella escuchara su propia sensibilidad y, enmudeciendo, exigiera que la búsqueda de la oculta cuerda musical se efectuara en conjunto».

Decía Monterroso que de leer un buen libro en una mala traducción a no leerlo, prefería lo primero. Así mismo: es una novela imperdible aunque el traductor no lo sea.

Adiós, poeta Gelman

(1930-1914)
(1930-2014)

Te fuiste, doloroso de la sangre, artesano frágil, alquimista del juaneo y el gelmaneo, huérfano de hijo, palabrero exiliado, compañero del dolor tuyo y de todos. Cuánta falta van a hacer esos poemas tuyos que «dan vueltas por el cuarto». Cuánta. Te despido murmurando tu luz:

«Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti./

Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños./

El viento de la noche abata estrellas temblorosas en mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo./

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para volver a ti, con el helado filo del cuchillo./

Pero no puede ser. Porque estás en mí, tan viva en mí, que si me muero a ti te moriría».

de Violín y otras cuestiones, en Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE)

«Si fuéramos eternos no cogeríamos»: Andrés Neuman

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El autor argentino-español presentó en México su antología de cuentos El fin de la lectura y en entrevista habló sobre las nefastas consecuencias de la eternidad, sobre lo que le haría a Juliette Binoche y sobre su pasatiempo favorito: la autoironía.

Por Julia Santibáñez

Martes, 7:30 p.m. Librería El Péndulo. Colonia Roma. Juan Villoro, David Miklos y Neuman hablan sobre éste, el libro número 17 del ganador del Premio Alfaguara de Novela 2009. Cuentista, novelista y poeta nacido en Argentina y radicado en España, Neuman ahora presenta 25 cuentos bien logrados. Ante unos 100 asistentes oye hablar a sus colegas, se divierte con la lucidez de Villoro, toma notas. Tiene la mirada no perdida, sino encontrada. Luego contesta preguntas del público. Hijo de su siglo, se especializa en cuento breve y en microformas minuciosas como el aforismo y el haikú, pero también se explaya al hablar: ágil, se mueve bien entre palabras. Ante no-sé-qué-pregunta alaba la masturbación. Tiene al público en la bolsa.

Día siguiente, 5:00 p.m. Librería Rosario Castellanos. Colonia Condesa. Ariana, eficaz publirrelacionista de Editorial Almadía, comenta que Neuman lleva desde temprano dando entrevistas. Estará cansado. Le propongo un juego: le leo frases dichas por escritores aquí y allá, luego él reacciona ante ellas. Acepta.

Efraín Huerta: «Soy indisciplinado. Casi nunca corrijo, así que seré siempre un incompleto. Además, me falta Sofía Loren».
Comparto la utopía de tener entre mis manos a Sofía Loren. Quién fuera Marcelo Mastroianni. Marcelo, ¡te odio! ¡Estás muerto y te lo mereces!… Sin embargo, no puedo estar de acuerdo en no corregir. Para mí, escribir es reescribir, mi tercera idea es más compleja que la inicial. Y en cuanto a qué famosa me hace falta, digo que Juliette Binoche. Me suicidaría delante de ella para que dijera: «este idiota se está matando por mí” y reparara fugazmente en mi persona. Es perfecta, un poco oblicua. Cuanto más la miras más te gusta. No es la top model impresionante que has visto antes. Nadie se parece a Juliette, tiene los párpados medio caídos. No sé si está a punto de parpadear, de quedarse dormida o de tener un orgasmo, pero algo interesante le está pasando. Debe ser muy mala persona, porque de lo contrario no debería existir.

Juan Villoro: «La gente se divide entre los que se secan con el lado áspero de la toalla (los hombres de acción, los triunfadores) y los que lo hacen con el lado suave (situados en la imaginación más que en la realidad)».
Por supuesto que me seco con el lado suave, ¡qué necesidad de rasparse! Y si la toalla es gruesa, mejor todavía. No soy nada Clint Eastwood, el macho. No, por favor, a mí denme una toalla suave, no tengo complejo al respecto.

Fabio Morábito: «Algunas personas que me quieren mucho me ubican en una prisión cariñosa. Me dan unas ganas locas de rebelarme, liberarme de esa adoración carcelaria».
Yo adoro a Morábito, es de mis escritores favoritos. Como cuentista y como poeta es grande, así que nunca me decepciona. Y, hablando de mí, mi pasatiempo favorito es la autoironía: jamás he podido tomarme en serio actitudes de idolatría. Me producen una risa genuina, me hacen pensar: «si supieras cómo soy, no habría admiración posible». Tengo tan presentes mis torpezas que no me genera conflicto la adoración por alguien como yo.

Juan Forn: “El escritor es un tipo que se divierte tanto en una fiesta que se va de la fiesta para escribir sobre ella”.
Es una gran verdad, muestra en qué consiste el placer para quien ama leer y escribir. Creo que hacemos ambas por iguales razones, es decir, en el fondo son lo mismo: quien padece el virus de la literatura no disfruta sin narración. Al escribir o leer te plantas dos veces en la realidad: estás en la fiesta y además lees o cuentas sobre ella, pero el resto del mundo cree que te la pierdes. Los asistentes a esa fiesta imaginaria pensarán: «qué aburrido, se ha ido temprano en vez de tomarse el enésimo mezcal» y no saben que el tipo se ha ido eufórico a contar que bebió mezcal. Es otra forma de ebriedad.

Álvaro Enrigue: “Creo que la ginebra da clarividencia”.
El hígado de mi amigo Álvaro tiene más experiencia que yo en estas lides, lo digo con todo cariño. Me he empezado a aficionar a la ginebra, pero ahora en México le estoy entrando al mezcal. Hay tantas variedades que me pierdo, no termino de cursar el doctorado que demanda. He probado cuatro o cinco tipos y me quedan como 700. Prometo aplicarme y regresar cada seis meses a México, para en cinco años opinar sobre el mezcal.

Gabriel García Márquez: “Lo único malo de la muerte es que es para siempre. Lo demás, todo es manejable”.
Claro, no puedo verla de otra manera. Sin embargo, qué deprimente sería la eternidad: si fuéramos eternos no cogeríamos, no beberíamos mezcal ni escribiríamos. Alguien eterno tiene todo el tiempo para aburrirse, porque el placer viene de la conciencia mortal: tratamos de gozar lo que quizá sea la última vez. Sin esa claridad no habría amor ni arte ni nada. En cambio, la resurrección es un negocio bueno. Sabes que vas a morir pero vuelves a empezar: «recuerdo que antes de ser panadero fui samurai» o algo redundante como: «antes de ser narco y, ahora, diputado…».

Adolfo Bioy Casares: “Cuando era muy joven pensaba en suicidarme porque me parecía elegante. Además, tres tíos míos se suicidaron”.
Este tema me repercute de forma familiar porque mi abuelo se suicidó como el personaje del cuento «La bañera», incluido en El fin de la lectura. Aunque lo respeto y me parece un acto libre sobre la propia vida, nunca he tenido esa tentación. Me parece que no es un tipo de libertad que quiera ejercer pero, claro, basta que lo señale para que la vida me dé una razón para contemplarla pasado mañana…

Ernesto Sabato: “No me gusta ser escritor. Preferiría tener un pequeño taller mecánico en un barrio desconocido”.
¿Y por qué no lo hizo? ¿Por qué no fue mecánico, en vez de quejarse durante 50 años? Sabato es un escritor pesadísimo, el arquetipo del intelectual malhumorado. El «Informe sobre ciegos» de Sobre héroes y tumbas es extraordinario, un pasaje de prosa altísima. Mis respetos para quien fue capaz de escribir eso. Por lo demás, sus ensayos me parecen poco interesantes y, a él como autor, lo veo en una perpetua pose atormentada. Sabato tuvo una postura bastante confusa durante la dictadura argentina y luego se dio el lujo de ser la voz de la conciencia nacional. Me parece una figura oscura.

¿Qué te hubiera gustado hacer de no dedicarte a escribir?
Futbolista, lo digo con impotencia. De niño deseaba ser poeta y goleador de Boca Juniors, me parecía lo que una persona decente debía ser, pero una lesión me apartó de jugar: caí mal y me dañé ambas rótulas. Ningún futbolista ha conseguido semejante estupidez, así que estoy muy orgulloso de eso, es lo más original que aporté al futbol. En realidad, las rodillas me hicieron un favor, porque así me dediqué a la literatura: a esta edad sería un mal futbolista jubilado, mientras que ahora puedo ser un mal escritor en activo.

Andrés Neuman: «La masturbación activa la circulación y alimenta la imaginación».
Bueno, dicen que implica un gran riego sanguíneo… y trae a colación algo que me interesa: el duelo. El sociólogo Geoffrey Gorer dice que la represión ejercida antes contra el deseo sexual pasó a ejercerse contra el duelo. La mojigatería sólo cambió de objeto a someter: se enfocaba en el deseo sexual y hoy, que es imposible no visibilizarlo, se concentra en el miedo a la muerte. Ambas cosas, masturbarse y llorar por el ausente, se realizan a solas y con más o menos culpa. Conozco escritores que cuando tienen un bloqueo creativo se masturban. Así que no sólo estimula la circulación y la imaginación, además es una fantástica convocatoria de las musas, aunque éstas sean las manos…

6 p.m. Neuman se despide afectuoso y se va a dar más entrevistas. Mañana toma un vuelo a Brasil. Desbordado en entusiasmos y palabras, me recuerda una frase de su cuento “Principio y fin del léxico”: “Era desmesuradamente feliz sintiendo que tenía todo el lenguaje por delante”. A nadie le queda mejor que a él mismo.

(Publicado en revista SoHo México, enero 2014)

Haikú de mañana fría

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«La soledad:

le queda al árbol

sólo una hoja».

-Basho (traducción de José Emilio Pacheco)

Ahí está, en apenas tres versos un instante petrificado para siempre por la pluma de un poeta. Por alguna razón recuerdo el poema en esta mañana que el frío golpea, enojado.

Lo que una foto mueve por dentro

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La gente de a pie resulta la cáscara más dolorosa, más mísera y lamentable de una guerra. Niños exiliados o muertos, civiles que pasan a ser un número, mujeres que llevan el alma en la mirada, pueblos arrasados, milicianos que se juegan el nombre tras un fusil. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), tres fotoperiodistas comprometidos con la República captaron ese rostro anónimo: Robert Capa, Gerda Taro y «Chim» (David Seymour) se movieron por el país y reportearon lo vivido tanto en el frente como en las calles y las casas. Sus fotos se publicaron en medios españoles, franceses, alemanes, estadounidenses. Luego, los 4500 negativos de esas imágenes viajaron de Francia a México, donde estuvieron guardados en un armario hasta hace pocos años, sin que su poseedor conociera lo que tenían tres cajas que le había encargado el embajador de México en Francia.

Hoy, la exposición «La maleta mexicana. Redescubrimiento de los negativos de la Guerra Civil Española de Capa, Chim y Taro», en el Antiguo Colegio de San Ildefonso del D.F., saca a la luz el trabajo de estos iniciadores del fotoperiodismo social, cuyas imágenes sacuden con una crudeza inusitada empapada de estética. La muestra expone ampliaciones de las hojas de contacto e impresiones de algunas fotos y, muy interesante, las revistas donde fueron publicadas, lo que permite atisbar en la visión que la época tuvo sobre las mismas. Al principio y al final, dos salas recuerdan el importantísimo apoyo prestado por México a los republicanos, al recibir a miles de ellos en el exilio.

Los tres fotógrafos, los tres reinvenciones de sí mismos desde el nombre hasta la historia, los tres muertos mientras cubrían batallas, los tres amigos (Capa y Taro, además, pareja), los tres «adictos» a la causa de la República, cada uno es distinto en su acercamiento al dolor. Capa se centra en los combates y deja un sabor de inmediatez y Taro es deliciosamente estética incluso al retratar a los muertos, mientras a Chim le interesa, sobre todo, la vida cotidiana. En conjunto dejan la piel un poquito más delgada, más sensible.

La exposición es muy interesante pero lamento que minimice la historia de los negativos, apenas una mención a la pasada cuando debería ahondar en ese viaje fantástico que parece salido de una novela. Salgo recitando este verso de Moreno Villa, poeta exiliado en México: «Porque temo dejar de ser si olvido lo mío». De alguna forma estas miradas, este dolor, también son un poco míos. Lo que puede hacer una foto.

Las cajas de negativos

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Así se ve el tiempo desde arriba

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Este cartón del argentino Daniel Paz rebasa por la derecha al filósofo más pintado: vaya manera de encapsular sabiduría. Creo que si Dios existiera, su mayor ventaja radicaría en poder ver desde las alturas. A vuelo de pájaro, un adulto no tiene más relevancia que un niño, no destacan las marcas de ropa y apenas se distingue el color de la piel, los estereotipos de belleza o fealdad son irrelevantes. Además, sí, el tiempo se ve mejor desde arriba. Me voy rumiando este instante de lucidez.

Link al sitio de Daniel Paz http://danielpaz.com.ar/blog/

El afán de callejear (así, tal cual)

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«Mala suerte», tango de 1939, es perfecto para bienvenir el fin de semana, sobre todo en esta deliciosa versión de la muy joven Francis Andreu, el secreto mejor guardado del arrabal uruguayo. Resulta una agradecible cátedra de honestidad, de ésas que hoy poco se dictan: un amante asume la «mala suerte» de andar solo porque no puede dejar la farra. Con esa claridad, para qué se necesita el sol.

«Se acabó nuestro cariño», me dijiste fríamente,/
yo pensé pa’ mis adentros, puede que tenga razón./
Lo pensé y te dejé sola, sola y dueña de tu vida,/
mientras yo con mi tristeza me jugaba el corazón.//

Y apreté fuerte los ojos y cerré fuerte los labios/
pa’ no verte, pa’ no hablarte, pa’ no gritarte un adiós/
y tranqueando despacito me fui al bar que está en la esquina/
para ahogar con cuatro tragos lo que pudo ser tu amor.//

Yo no pude prometerte/
cambiar la vida que llevo,/
porque nací calavera/
y así me habré de morir./
A mí me gusta la farra,/
el café, la muchachada,/
y donde haya una milonga/
yo no puedo estar sin ir.//

Bien sabés cómo yo he sido,/
bien sabés cómo he pensado,/
de mis locas inquietudes,/
de mi afán de callejear./
Mala suerte si hoy te pierdo,/
mala suerte si ando solo,/
el culpable soy de todo/
ya que no puedo cambiar. […]

La carne y las pesadillas

Henry Fuseli, Pesadilla (1781)
Henry Fuseli, Pesadilla (1781)

En el soberbio libro de ensayo Los disidentes del universo (Sexto Piso)Luigi Amara habla del pintor suizo Henry Fuseli, quien se indigestaba para crear: «cada noche, después de guardar un riguroso ayuno a lo largo del día, comía carne cruda ‘en aras de la obtención de sueños espléndidos’, lo cual, a juzgar por las obras resultantes, colmadas de apariciones, figuras extrañas y morbosos efectos nocturnos, conseguía no pocas veces, a expensas de la salud de su estómago». En el caso de este lienzo monumental, impresionante,  el íncubo puede ser símbolo «del peso amorfo que sentía en el intestino». Cuadro e historia me alucinan.

Estoy negada para los placeres de la carne animal. Desde la infancia, un corte grueso o una chuleta de cerdo me producen arcadas. Cuando los probé, me repelieron y aunque no recuerdo si tuve pesadillas me parecería apenas esperable, dado lo mal que me hicieron sentir. En cuanto a la carne humana, en efecto alguna indigesta, marchita, despierta espectros, deja el cuerpo adolorado y como triste. Otra, en cambio, genera sueños que alimentan por dentro, fantasías de dulzor único, visiones que humedecen los sentidos. Ahí sí, que viva la carne.

Las paradojas de una pérdida

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Se extravió la llave de casa. Ahora, ella es sólo un pedazo de metal, inútil y solo, y la casa, una caja hermética.

No sé cuál la pasa peor.

Enlibrada en mi día

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Ayer cumplí otra vuelta al sol y estuve muy abrazada, hasta el grado de sentirme insoportable, absoluto ombligo del mundo. No reseñaré lo que recibí de mi hija, mi pareja, mi familia y amigos entrañables. Eso lo llevo cosido en el alma. Sólo presumo estos dos regalos tangibles de mis queridos Arantza y Rafael: son libros y, por tanto, tema de interés para los lectores de este blog.

El primero, Miscelánea (Ediciones El Viso), no había podido encontrarlo, a pesar de haberlo buscado mucho. Se trata de una guía fotográfica por los comercios del centro de la Ciudad de México, lugar enloquecido de pequeñas tiendas de artículos religiosos, mercados, boneterías, locales de arte popular, changarros de comida, tendajones que venden desde máquinas de coser hasta animales vivos. Ya contaré cuando siga las rutas que las autoras proponen y recorra esos sitios mágicos. El otro, las Clases de literatura de Cortázar (Alfaguara), había querido llevarlo varias veces pero postergué la compra ante el cerro de títulos no leídos que demandan mi atención. En fin, que estoy felizmente enlibrada. No encuentro mejor manera de cumplir años.

Antiácido contra la realidad mexicana

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«Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vaijllas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano».

Ésta es mi primera lectura del año y lo que puedo decir es que resulta efervescente. Como un Alka-Seltzer en agua, La marrana negra de la literatura rosa (Sexto Piso) arroja burbujas enloquecidas con las que uno hace caras, pero se vuelven parte del cuerpo y al final atesora porque aligeran la digestión.

Ricamente escrito, este segundo libro del mexicano Carlos Velázquez se compone de cinco cuentos inflamados, que se regodean en el desenfreno: una vestida «bien perra» que quiere operarse la nariz para ser reina del Miss Gay, un músico con síndrome de Down al que sus compañeros quieren quitar lo virgen, una adicta que odia los tamales y a un lado de cuya alma «nunca le pega el sol», un marido harto que se aficiona al club de las vestidas embarazadas, una cerdita cuasininfómana que dicta novelas de amor homosexual. Los personajes repelen por virulentos y a veces su otra vuelta de tuerca parece excesiva, como la de la jota fallida que se suma al desfile gay. El problema es que aunque choquen y sepan mal, se vuelven necesarios. Es porque, igual que las pastillas antiácido, ayudan a tolerar la indigestión de realidad, de esa cruda cotidianeidad que provoca tantas flatulencias como unos tacos de carne de cerdo que flotan en grasa. A fuerza de humor y agudeza, los personajes de La marrana negra… hacen que uno eructe solemnidad pero luego le pierda un poco el miedo a los atracones de realidad mexicana. Y eso se agradece. Mucho.

Aquí el enlace a lo que escribí sobre El karma de vivir al norte, estupendo libro de crónicas del mismo autor: http://wp.me/p1POGd-2qv