«Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo», dijo Agustín de Hipona, el psicólogo que la iglesia graduó como San Agustín para vender estampitas con su imagen. Muchos siglos más tarde, el novelista escocés Robert Louis Stevenson puso en palabras de su doctor Jekyll la revelación: «el hombre no es realmente uno, sino plenamente dos». Y hoy, la autora de este blog señala la sorpresa que le genera este misterio: «soy tan dos, que a veces parezco tres». Oh, hados.
Reinvindicar el vello púbico
En este mundo de cuerpos en exceso depilados, donde desde hace años a las mujeres se nos exige eliminar todo rastro de vello, en #LunesDeMonos alzo mi voz solitaria para reivindicar la animalidad del pelo corporal a través de este cartón del humorista mexicano Kemchs. Gracias al bombardeo mediático y social, en mi juventud compré la idea de retirarlo de axilas y pantorrillas, pero ahora resulta que también los antebrazos y el sexo deben parecer de bebé, aunque el proceso para lograrlo sea muy doloroso. Y, además, recientemente muchos hombres acuden a clínicas diversas para retirarse el pelo de pecho, espalda, piernas, brazos.
Aquí va mi confesión, para escándalo de los defensores de la ultrahigiene (¿y la eterna prepubertad?): un pecho masculino velludo y un vientre cubierto de pelusa me resultan altamente deseables. Y en el caso femenino sólo soy partidaria de la depilación «a la brasileña» (total) como parte de un juego erótico, no como exigencia cotidiana.
En fin, este buen cartón que sólo debería hacerme reír resulta tener harto fondo.
Las nalgas y los libros hacen la vida más bella
En Internet hay engendros y aciertos de muchos tipos, pero cualquier cosa que en el nombre combine nalgas y libros ya de por sí promete. Navegando por la web tropiezo con este sitio web venezolano, de fórmula audaz: ofrece fotos eróticas de mujeres deliciosas, recomendaciones de libros, artículos de actualidad y algo de poesía. Aunque en principio es un coctel interesante, cada categoría es independiente de la otra: las fotos están por aquí y los textos, por allá. Si me preguntaran, diría que Nalgasylibros se podría enriquecer aún más si de pronto las fotos fueran acompañadas de buenos textos. Y a la inversa.
La imagen que ilustra este post es ejemplo de lo que se puede encontrar por ahí. Es de David Photographer y forma parte de un portafolio tomado del sitio. Al verla me vienen a la mente los versos iniciales de «El fornicio», poema del chileno Gonzalo Rojas, y me imagino a varios murmurándolos de memoria: «Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,/ mi vergonzosa, en esos muslos/ de individua blanca…».
En fin, que Nalgasylibros es una manera feliz de celebrar el viernes entre cuerpos hermosos y literatura. ¿Hay algo más que valga la pena?
Poema de paso sobre un hotel de ídem
Otro #MiércolesDePoesía llega de improviso, sin avisar. Para recibirlo como se merece, aquí va un poema rico de Vicente Quirarte sobre un tema que nadie podría tachar de ligero. Se titula «Una mujer y un hombre» y se incluye en Puerta del verano. Provecho.
Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,
entrar en un hotel (ese templo escondido
que de ser invocado se aparece)
y amarse a plena luz del día.
Pero una mujer y un hombre deben antes
entrar en un cine, aunque jamás se enteren
de lo que pasa en la pantalla
y él mire la pelusa de durazno en su mejilla
y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.
O una mujer y un hombre pueden
salir a caminar y que la mano de él parezca
prolongación de la cintura de ella
y que entonces sea mayor la cadencia
del caminar de la mujer,
pues a eso sólo se parece
un barco bogando en altamar
en el umbral de la primavera.
O pagar el café ya frío cuando los ojos
y las manos han dicho sí mil veces.
Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,
una mujer y un hombre pueden, finalmente,
entrar en un hotel y darse el cuerpo,
dejar abierta la ventana para que pasen
la brisa caliente de los parques,
el rumor de los que salen del cine,
las campanas golpeando contra tazas,
la débil voz que va diciendo “así”.
Caleidoscopio de la vida real
(Da click en el enlace para ver el video)
Este video es puro placer estético, mero derroche de gusto que me regala cuatro minutos en otra dimensión, lejos de ésta. Fue realizado por el usuario myLapse en Barcelona, con una técnica llamada Kaleidolapse, que permite jugar simétricamente con imágenes tomadas en un periodo extendido de tiempo. Es como hacer un caleidoscopio con escenas de la vida real, donde si uno se fija aparecen nubes, edificios, parques y personas, pero el resultado es irrealmente precioso. Como amante perdida de los caleidoscopios, me emociono con esta belleza que va creando una suerte de mandalas en movimiento.
La diferencia entre «sí» y «yes»
Codiciar la nuez de Adán
Aquí va un pequeño poema mío que celebra esa delicia de la geografía masculina, con frecuencia pasada por alto cuando se habla de sexo, pero en el juego del deseo exquisita de imaginar, acariciar, chupar, morder, besar. Si Adán hubiera sabido cuánto iba a estar presente en mis fantasías…
Quiero tu cuello
ahora
grueso
lamerle la nuez
como áspera es la noche.
Quiero tu cuello
quiero
grueso
lamerle la nuez.
-Julia Santibáñez
Lo que viene siendo la güeva mexicana
La güeva sirve para muchas cosas, se acomoda a múltiples contextos y es la mejor excusa para evitarnos hacer lo indeseado tanto en la oficina (aunque ahí se disfrace de «exceso de trabajo») como con la familia, los amigos o la pareja. Como buena mexicana, eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sí me resultó innovador en este texto de Pepe Rojo publicado por NitroPress fue el carácter filosófico profundo de la güeva, ese que nos hace entender que como el destino humano es siempre desear algo más, da lo mismo que liguemos ahora o después, salgamos esta noche o mañana, comamos ahorita o al rato. Aquí va:
Lost in Translation: «Yucatán» en realidad significa «No te entiendo»

Encuentro esta anécdota interesante en ese cofre del tesoro que es el libro de Simon Garfield, En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus). Ya lo he citado en varias ocasiones y ahí voy de nuevo porque cada tanto regreso a él. Y que luego alguien me diga que las etimologías son aburridas:
«En 1519, cuando se disponía a desembarcar en México, [Hernán] Cortés invitó a varios nativos a su barco para conversar a bordo y preguntarles el nombre del lugar cuyo oro se disponía a saquear. Uno respondió: ‘Ma c‘ubah than’, lo que Cortés y sus hombres entendieron como Yucatán, y así lo pusieron en el mapa. Justo cuatrocientos cincuenta años después, expertos en dialectos mayas estudiaron la historia (que, en cualquier caso, puede que sea apócrifa) y descubrieron que ‘Ma c‘ubah than’ en realidad significa ‘No te entiendo'».
No sé si la historia sea cierta. Lo que no dudo es que es hermosa y divertida.
Dedicado con cariño a «la otra»
Ana María Rodas es una poeta guatemalteca contemporánea, que descubrí el año pasado en esa tierra por recomendación de un librero. Su sabroso erotismo ha estado de visita varias veces por el blog y hoy enriquece el #MiércolesDePoesía con este poema breve, que contiene una granada.
Cuando se prende a tu boca/
cuando te lame el sexo/
ella/
encuentra/
mis besos.//
El fin de los mitos y los sueños, en Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)
Da click aquí para leer un poema sorprendente de Rodas
Da click aquí para ir a su texto «En vez de semen, palabras»
Da click aquí para leer la entrada sobre Rodas: «Iluminación a dos cuerpos»
Aquí no tenemos estaciones
Encuentro esta reflexión de Javier Martínez Staines, además de creativa, dolorosamente cierta.
A veces quisiera que las estaciones del año se presentaran en estas tierras. Que primavera, verano, otoño e invierno tuviesen algún significado. Pero aquí donde vivo, en el altiplano, entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, sólo hay dos variaciones climáticas en el año: la sequía y las lluvias. Aunque cada vez se extiende más la temporada de aguas, en realidad el clima es más o menos parejo en todas las temporadas: algo de calor en el día, algo de frío en las noches.
Para quienes viven al norte, estas líneas serán una blasfemia, porque dirán que no tengo idea de lo que es transitar por días de nieve que se extienden durante meses, con amaneceres discretos y atardeceder constantes. Que los del norte quieren emigrar a donde el clima no es motivo de conversación, más allá de las lluvias tropicales torrenciales que dominan el escenario supuestamente veraniego.
No…
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Mexicanos, a dar «el grito»
Hoy se celebra en México otro aniversario del inicio de la guerra de independencia. Eso se traduce en la mexicanísima pachanga (fiesta excesiva), con mariachis, comida típica, alcohol, gritos, cohetes y escándalo para «dar el grito» que recuerda el inicio de la lucha. Hasta ahí todo bien, pero rascándole un poco se ve que en realidad es también la manifestación explosiva de qué tristes y cerrados solemos vivir los mexicanos, qué aguantadores (como aplaude el secretario de Hacienda), qué agachados y jodidos.
Octavio Paz lo describió así: «Un pobre mexicano, ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que lo compensan de su estrechez y de su miseria? Las fiestas son nuestro único lujo […] Durante esos días, el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola en el aire. Descarga su alma […] Si en la vida diaria nos ocultamos a nosotros mismos, en el remolino de la Fiesta nos disparamos. Más que abrirnos, nos desgarramos. Todo termina en alarido y desgarradura: el canto, el amor, la amistad. La violencia de nuestros festejos muestra hasta qué punto nuestro hermetismo nos cierra las vías de comunicación con el mundo». (El laberinto de la soledad, FCE)
Esta noche vamos, pues, a desgarrarnos. Luego, daremos «el grito».
La batalla de Benedetti + Viglietti

(Da click arriba para oír la canción)
De no haber fallecido en 2009, el escritor uruguayo Mario Benedetti cumpliría hoy 94 años. Aprovecho la excusa para pedirle que en su propia voz comparta algunos versos que dejó en un disco estremecedor, A dos voces (1985), registro de una serie de conciertos que ofreció en varios países con el también uruguayo Daniel Viglietti, cantautor.
Entre 1978 y 1985, ambos artistas entretejieron música y verso, en un coctel de lo mejor del arte latinoamericano que alza la voz contra la tortura y la infamia. Conocí el disco en 2007, en un concierto de Viglietti en México, donde cantó temas del mismo. Aquí abajo, el poema «Esa batalla», que aparece en la segunda parte de este track. La pregunta final quedó (y sigue hoy) dolorosamente abierta.
¿Cómo compaginar/
la aniquiladora/
idea de la muerte/
con ese incontenible/
afán de vida?//
¿cómo acoplar el horror/
ante la nada que vendrá/
con la invasora alegría/
del amor provisional/
y verdadero?//
¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?//
¿la guadaña/
con el clavel?//
¿será que el hombre es eso?/
¿esa batalla?//
Da click aquí para ir al video del concierto completo.
Da click aquí para leer una nota sobre Benedetti y las ausencias.
Da click aquí para enterarte por qué pusieron La tregua entre las novedades de una librería.
Da click aquí para leer las instrucciones de Benedetti para su entierro.
Alberto Chimal, escritor sin complejos
El pueblo de los siddopa (literalmente, «Los Que Recordamos») vive escribiendo lo que sucede a su alrededor, con el fin de que las lecciones de la historia puedan ser realmente aprendidas. Registran «cada palabra pronunciada, cada emoción, cada movimiento de sus cuerpos, cada color de la mañana y cada aroma de la noche». Lo cuenta el escritor mexicano Alberto Chimal en el muy rico Gente del mundo (Ediciones Era), respuesta lúdica a las Ciudades invisibles de Italo Calvino y en la línea de las minificciones de Borges. A través de textos breves, el autor de Toluca hace un catálogo de civilizaciones imaginarias desaparecidas (¿o por venir?), cada una de las cuales se caracteriza por gestos cargados de fuerza simbólica.
Según cuenta el propio autor, una primera versión del libro se publicó en 1996 y ahora presenta ésta, definitiva y embellecida, que también incluye la breve descripción de ilustraciones «perdidas», que el lector debe imaginar. Además del pueblo escribano con el que abre esta entrada, en el libro se mencionan muchos otros: los que buscan hablar la lengua que entiende cada órgano del cuerpo, para sanarlo; los que llenan las ciudades con sus muertos; los que se sientan en un lugar y no vuelven jamás a levantarse, abandonándose a la vida; los que viven siempre en estado de trance.
En este país, donde todo el mundo se siente menos, muchos escritores sólo atinan a plagiar (perdón, admirar pasivamente) a las grandes plumas. Chimal las lee, las procesa y crea una nueva propuesta a partir de sus planteamientos, una que dialoga sin complejos con aquellas. Mientras sigo leyendo sobre los siddopa, me encanta que se tome el riesgo y no se empequeñezca: «Su escritura, increíblemente rica y compleja, tiene signos para todas las cosas imaginables y muchas de las inimaginables […] Los siddopa sólo tienen prohibido consignar el acto mismo de escribir. Se cree que buscan evitar la tentación del infinito».
La maldita Margarita de Bioy Casares
Por su culpa me desperté una madrugada empapada en sudor, con el corazón a tope. No, no había tenido un sueño cachondo, sino uno de terror: imaginaba que era yo quien encontraba a la dulce niña de «Margarita o el poder de la farmacopea», de Adolfo Bioy Casares. Después de leerlo me había quedado dormida y la criatura decidió visitarme en forma de pesadilla. Aunque en general no soy impresionable (Allan Poe adornó muchas noches de mi adolescencia y dormí como si tuviera la conciencia tranquila), el final de este cuento me sacudió.
(Mano a mano, tango)
—A vos todo te sale bien.
El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:
—No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.
—El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho —contestaba.
—Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.
(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio web de la revista SoHo)
Aquí cabe el mar

«¿Cómo pueden meter todo el mar en una fotografía?», se pregunta el escritor Pablo Raphael (no sé dónde lo dice, porque encuentro la cita en una vieja libreta y fue lo único que anoté).
Yo también me pregunto cómo le hacen. Y cómo puede ser que aprieten el bosque entero en aquella foto, las pirámides en otra y, en última instancia, quepa el planeta entero en una imagen tomada en el espacio. ¿Cómo meten sus millones de personas, casas, ovejas y abejas, lagos y bicicletas? Parece cosa de ciencia ficción.
Él, que no resistió la tentación

Constantino Cavafis, poeta para más señas, es amigo de hace tiempo. Sus versos me acompañaron durante la universidad y ahora regreso a ellos para iluminar este #MiércolesDePoesía con la breve estampa de uno que, como todos y como el propio Cavafis, encontraba difícil vivir peleado con la carne. La traducción no me fascina pero a través de ella el poema se sostiene.
Jura
«Jura a cada poco/
empezar un vida mejor./
Pero cuando llega la noche,/
con sus sugerencias,/
con sus ofrecimientos/
y promesas;/
pero cuando llega la noche/
con su fuerza/
al mismo goce fatal de su cuerpo,/
que ansía y busca, vuelve perdido».
C.P. Cavafis, Poesía completa (Trad. Pedro Bádenas de la Peña), Alianza Tres, 1982
Lo que Graham Greene escribió sobre mí

«En la infancia todos los libros contienen presagios, nos señalan el futuro, y como la adivinadora que en las cartas vislumbra un largo viaje o el peligro de morir ahogados, los libros influyen en nuestro destino».
Hoy, este blog cumple tres años y con esas palabras del escritor Graham Greene reafirma su vocación libresca, porque los libros y las piezas que los forman, las palabras, son el motivo de ser de todo lo que aquí ocurre. Al final, este espacio no es más que el cuaderno de notas de aquella niña muy lectora que se subía a «su» árbol con un libro y bajaba diferente, marcada.
Muchas gracias por tres años de compañía y conversación.
Lo que el artista se imagina en la cama

A veces ni en la cama es posible dejar la vocación de lado, como apunta este cartón del humorista mexicano Kemchs. Se me ocurre pensar también en las metáforas que el escritor imagina, los acordes que inventa el músico y los colores que crea en su mente el pintor, mientras cada uno se afana con el cuerpo.
Es mi necesaria dosis de humor para arrancar la semana. A darle en este #LunesDeMonos.
Los orificios de los escritores y otras joyas
Leo en un blog: «Me interesa conocer más sobre los orificios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos». La aseveración me hace imaginar a un respetado autor en postura incómoda, exponiendo sus partes innobles al enguantado autor del blog. Repaso la frase y me doy cuenta de que en realidad dice: «Me interesa conocer sobre los oficios de los escritores, lo que nadie sabe de ellos». Ambas posibilidades suenan bien, para qué negarlo.
Esta semana, mientras entrevistaba a Martín Caparrós, leo mal una cita de su libro, en voz alta, como parte de una pregunta. En vez de decir «Los obesos son los malnutridos —los más pobres— del mundo más o menos rico» digo «Los obsesos son los malnutridos». Caparrós se ríe y, cuando me hace notar el equívoco, también yo, pero concluimos que aplican las dos lecturas: los obesos como obsesos, los obsesos siendo obesos.
En una junta de trabajo, luego de que una colega atractiva propone una línea de acción, un ejecutivo tieso y engolado responde «te secundo». Yo entiendo, por un instante, «te fecundo» y lo visualizo jadeando encima de ella, preocupado porque alguno de sus millones de muchachos por fin logren el milagro de la concepción («para eso es el sexo, para tener hijitos, ¿qué no?»).
Pienso que lo que llamo comúnmente lapsus es, en realidad, mi mente que me hace el favor de expandir el mundo para mí.
Si secuestran a este autor, lo regresan de inmediato
«La vida sexual del hombre se divide en dos fases: la primera, en la que eyacula demasiado pronto, y la segunda, en la que ya no se le pone dura». Si fuera cierto este fragmento de La posibilidad de una isla (Alfaguara), del francés Michel Houellebecq, bastaría para justificar la desaparición del planeta de esa mitad ya inútil de la especie. Como tengo pruebas de que en algunos casos no es verdad, guardo esperanza, mientras pienso que los personajes de las dos novelas que he leído de Houellebecq me caen mal, tan mal como él mismo, siempre haciendo gala de este tipo de sentencias provocadoras y deprimentes, muchas veces misántropas, siempre misóginas, pero en todos los casos muy bien escritas. Ahora me da gusto enterarme de que el escritor está a punto de ser secuestrado.
Bueno, no él, sino un alter ego tan parecido que tiene su cara, lleva su nombre y también es novelista. Este es el argumento de la nueva película francesa de título pasmosamente imaginativo: El secuestro de Michel Houellebecq. Aún sin fecha de estreno en México, se trata de un falso documental en el que el autor se representa a sí mismo y se ríe de su propio personaje, obsesivo, negrísimo, el mismo que lo ha hecho famoso más allá de su obra y que con talento natural le hace la vida imposible a sus captores. Es decir que el escritor que acaba de declarar que empieza a estar viejo para hacer novelas, ahora será estrella de cine en la versión fílmica de aquel refrán: «Eres tan pesado que si te llegan a secuestrar, te regresan al día siguiente».
Lo peor es que estoy segura de que cuando la estrenen, por puro morbo la voy a ver.
Aquí, el tráiler de la película
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)
México en una canción
10 p.m. Teatro de la Ciudad, México, D.F. Desde el escenario suena la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Junto a José Areán, el director, está Jaime López, voz emblemática del rock mexicano. Se trata de una colaboración sui generis para celebrar los 45 años del Metro, que el 3 de septiembre de 1969 empezó a correr por la capital del país.
Vine invitada por el propio Jaime, amigo querido, que ahora mismo canta el tema «Voy en el metro», del genialísimo cronista urbano Chava Flores. En las paredes del hermoso teatro se abrazan las voces de violines, chelos, flautas y el tono rasposo del rockero. Encuentro interesante que una institución gubernamental celebre de este modo arriesgado, con un juego a cuatro bandas, coronado por el humor: el metro, López que interviene la orquesta y se apropia la letra estupenda de Chava Flores. Es la pluralidad de México en una canción. Qué joya.
«Adiós, mi linda Tacuba, bella tierra tan risueña.
Ya me voy de tu Legaria, tu Marina y tu Pensil.
Ya me voy, me lleva el metro por un peso hasta Taxqueña.
Si en dos horas no regreso guárdame una tumba aquí.
Al bajar a los andenes escuché esta cantaleta:
‘Al mirar llegar los trenes no se aviente para entrar.
Si en 17 segundos no ha podido, ni se meta
Ni se baje la banqueta, que se puede rostizar’.
Voy en el metro.
¡Qué grandote, rapidote, qué limpiote!
¡Qué diferencia del camión
De mi compadre Jilemón que va al panteón!
Aquí no admiten guajolotes, tamarindos, zopilotes,
Ni huacales con elotes ni costales con carbón».
Da click aquí para oír la canción, interpretada por Óscar Chávez
Nicanor Parra y sus 100 años de antipoesía
Este viernes (5 de septiembre, para despistados), el poeta chileno Nicanor Parra cumple 100 años.
Creador de la antipoesía, propuesta en reacción a la poesía «de traje y corbata», creó una obra sellada por el humor y la ruptura de paradigmas. Ahí están, por ejemplo, sus Discursos de sobremesa, es decir, poemas convertidos en material de un orador, o discursos políticos construidos a partir de versos o algo por el estilo. Nada me apetece más este #MiércolesDePoesía, pues, que compartir un breve poema suyo, incluido en el libro Obra gruesa (1969) y que espero pique la curiosidad de leer más de él:
Consultorio sentimental
«Caballero de buena voluntad/
Apto para trabajos personales/
Ofrécese para cuidar señorita de noche/
Gratis/
sin compromisos de ninguna especie/
A condición de que sea realmente de noche.//
Seriedad absoluta./
Disposición a contraer matrimonio/
Siempre que la señorita sepa mover las caderas».
De camino a entrevistar a Caparrós
En dos horas voy a estar sentada frente a Martín Caparrós, autor argentino que desde hace tiempo me ha seducido con el ángulo humano y honesto de sus crónicas. Platicaré con él sobre El hambre, su libro más reciente, un demoledor volumen que permite asomarse a las historias y complejidades de ese fenómeno mundial que provoca que cada cinco segundos muera en el planeta un chico… con un hueco literal en el estómago.
Mientras desayuno me resuenan en la cabeza estas palabras de un niño indio, cuando el autor le preguntó qué es lo que más le gusta comer: «A mí no me gusta comer esto o lo otro; a mí lo que me gusta es comer. Yo soy pobre, no puedo pensar en comer algo en particular. Yo como lo que puedo. Lo que me gusta es poder comer, que mi familia pueda». No hay manera de que la fruta me sepa bien. Le preguntaré a Caparrós si es normal.
La vergüenza de tener un hijo feo

Me atrevo a adaptar a mis fines literarios este cartón del notable Alberto Montt porque no traiciono el sentido último del mismo: él, humorista gráfico, se enfrenta diario al papel en blanco que espera un cartón, una viñeta. Yo, que escribo por vocación y porque no puedo evitarlo, tengo el reto cotidiano de vaciar en palabras lo que me sorprende, me duele, me emociona.
Con las distancias que confiere el genio que mueve sus manos, cada uno conoce desde su trinchera la frustración que genera la obra fallida, el hijo feo ya presentado en sociedad, el vástago tonto que uno no sabe cómo defender. Avergüenza porque uno siempre cree que podía haber tenido descendientes más guapos y capaces, si sólo…
Ante la desgracia ocurrida, sólo cabe esperar que el tiempo diluya el mal recuerdo. En eso estoy. #LunesDeMonos.
















