«La meta de la ciencia del yoga es aquietar la mente, para que pueda escuchar sin distorsión alguna el infalible consejo de la Voz Interior», dice Paramahansa Yogananda en Autobiografía de un yogui.
En estos días cumplo mi primer lustro de practicar yoga. Mejor dicho, de intentarlo. De enfrentarme con rigideces físicas y mentales. De buscar equilibrios ídem. Recuerdo mis primeros meses en Bikram Yoga San Ángel. Muchas veces salía enojada del salón, preguntándome qué hacía ahí, por qué regresaba y además pagaba por sentirme incómoda, cansadísima, a punto de morir cada cinco minutos. Pero volvía porque pasaba algo en mi cuerpo y en mi cabeza. A cinco años de distancia, el yoga ha flexibilizado mi cuerpo y lo ha fortalecido, me ha resuelto cantidad de problemas médicos y además me curó por completo del dolor de espalda por dos hernias lumbares. Con todo, es todavía mayor el beneficio intangible que he obtenido, esa hora y media un par de veces por semana en la que me centro en trabajar mi respiración, mi bienestar, mi calma y temple.
«La mente domina a los músculos. El cuerpo está literalmente construido y sostenido por la mente […] La fragilidad externa tiene un origen mental; en un círculo vicioso, el cuerpo esclavizado por el hábito entorpece la mente […] La mente es esclavizada cuando se somete a los dictados del cuerpo», puntualiza Yogananda. Y de verdad lo he visto. Prácticamente cada clase vivo una lucha entre mi cuerpo, que cree que no puede, que no quiere, y mi mente, que dice que sí. Casi siempre gana ella. Trasladar esa fortaleza afuera del salón me ha costado pero ahí voy, poco a poco gano terreno.
Como dice Mónika Araujo, amiga y maestra de Bikram Yoga Santa Fe, donde suelo practicar: «Lo más importante de tu vida es tu vida». Por eso sigo intentando hacer yoga.
Mi queridísima Verónica Boletta, con su poesía que tiene la virtud de contarme cosas de mí misma que yo no sabía que llevaba bajo la piel, con su cariño entrañable que sabe a tarde de otoño y té, la muy querida (de nuevo) compartió en su blog Enhumorarte.com esta chuladita de canción, redonda en letra, música y factura. Un ensamble delicioso de las voces de Emma y Liliana Vitale + Verónica Condomí (y unas percusiones cuyo nombre desconozco, pero hablan por sí solas) cantan:
«Tengo un corazón que hace congas
cuando veo como el mar tu cuerpo andar,
tu campaneo.
Pajarito de la mala es este amor,
que no consigue hablar sin un tambor.
Ven a mirar
cómo se mira la marea en este amor
sumándose a la sal
como un tambor
que quiere la brasa cerca para temblar.
Con vó,
con vó,
con vó, si no é con vó
no vá».
Desde Argentina dice Verónica, y dice bien, que la «Canción de amor para marea y tambor» va en el tono de los #LunesDeHumor, así que aquí está. Es para que aquellos cuyo corazón hace congas por el ser amado transitemos el lunes tarareando un caramelo.
La imaginación al poder. Para hacer más llevadero el invierno, la Playlist colectiva de hoy es de ritmos tropicales que teletransportan a una playa, cerveza en mano, languidez. Mi opción es El testamento, de Rigo Tovar, pero en la versión de Jaime López, que rebasa por la derecha a la original. Formó parte del disco Rigo es amor, aparecido en 2006, y en el cual Jaime fue invitado de lujo, no sólo porque ambos nacieron en Matamoros, Tamaulipas, sino porque para los dos la música es inclusión, mezcla de ritmos caribeños y rock, feliz promiscuidad. Así, la voz poderosa y sin complejos de Jaime le pone todo el sabor a esta cumbia.
Abajo están las canciones propuestas a través del Twitter @danioskay mi Facebook personal. Hay de todo, desde Margarita, la Diosa de la cumbia, hasta Blondie y David Byrne (me hace muy feliz ese enloquecido eclecticismo). Añade la tuya anotándola en los comentarios para que la suba a la Playlist. Rico (y, sí, cálido) #SábadoDeMúsica.
@cherrera313 A luz de Tieta, de Caetano Veloso y Gilberto Gil
@miradadelaluna y @laumartinm Amor de mis amores, de Margarita, la Diosa de la cumbia
@porunavidasexy Como abeja al panal, de Juan Luis Guerra interpretada por Monchy & Alexandra
José Eugenio Sánchez Dale de comer al conejito, de El Personal
@jorgebird Dos gardenias, de Buena Vista Social Club
Arturo Erremental El rompeolas, de Loquillo y Los Trogloditas
@danioskaEl testamento, interpretada por Jaime López
@JGARAYSI El viento me da, del Combo de Ayer
@ursulacamba Escándalo, con Margarita, la Diosa de la cumbia
José de Jesús Montoya Fiesta, de Banda Blanca
Ernesto Flores Fuego, de Bomba Estéreo
Carlos Altamirano y Ana Victoria Taché Garota de Ipanema, con Tom Jobim y Vinicius de Moraes
Rafael Prado Good Vibrations, de The Beach Boys
Mauricio Núñez Hooked On a Feeling, de Blue Swede
Jorge M. Mendoza La cita, de Gali Galeano
@AdrianoDeLucio La cumbia de los pajaritos, de Los Mirlos
Claudia Negrete La pollera colorá, de Aniceto Molina
@econokafka La Zenaida, de Armando Hernández
@Malakatonche Lambada, de Kaoma
@fcomasse Make Believe Mambo, de David Byrne
@artpliz No te metas con mi cucu, de Ivonne, Sabrina y Marian
@antonioliho Pedro Navajas, de Rubén Blades y Willie Colón
@mangelangeles y @olivelasco Procura, de Chichi Peralta
Camarero Smooth, de Carlos Santana y Rob Thomas
Andrés Grillo Sunshine Reggae, de Laid Back
Myriam Hudson Sweat (A la la la la long), de Bob Marley
@CayoPloutarxos Take On Me (Remix), de A-Ha
@ErickGuevara Talento de televisión, de Willie Colón
@dmiklos The Tide Is High, de Blondie
Rodrigo Arenas Tropicalia, de Blue Six
Natalia Díaz Brochet Una aventura, de Grupo Niche
@el_messire Un sueño y nada más, de Polo Montañés
Rafael Carballo Waiting in Vain, de Bob Marley
@_m_o_ Yo no sé mañana, de Luis Enrique
Jorge Luis Borgia Zapata se queda, de Lila Downs, Totó, La momposina y Celso Piña
Gerardo Cárdenas Zombie Jamboree (Back To Back), de Harry Belafonte
Lo mío es fatídico. En la Ciudad de México está helando. Siento tanto frío en el píloro, que con afán entusiástico me imagino en una pláyida, rodeada de négridos con intenciones orgiásticas (perdón). A ver si así se me calientan las glándulas.
Para ponerme en tono esdrújulo propongo como tema para la Playlist de mañana «Tu canción preférida del trópico», es decir, tu canción tropical favórita, ésa que te provoca vértigos y te remite a tragos, ropas mínimas, cuerpos fantásticos.
Escribe tu opción en los comentáricos. Aquí va una de las mías, de los filósofos de Niche:
Se sigue sumando gente al reto de leer el Quijote en este 2016. Da click aquí para ir a la lista actualizada. Si quieres entrarle al reto sólo apunta tu nombre en los comentarios y te mantendré al tanto de lo que vamos haciendo y comentando.
Gracias a Carlos Carranza por compartir este artículo de Francisco Rico publicado en El Paísque, entre otras cosas, dice: «Me gusta lucubrar que El Quijote ilustra en grado soberano un aspecto esencial de la condición humana: vivir contándonos a todo propósito historias sobre nosotros mismos que se enfrentan con las limitaciones y condicionamientos de las circunstancias». O, como dice mi amigo Javier: «Cada quien se cuenta las historias que necesita contarse». TambiénGerardo Cárdenas, desde Chicago, y Camarero, desde Cuba,han estado posteando sobre el tema textos más que interesantes en sus blogs, de por sí muy ricos. Recomiendo muchísimo darse una vuelta por ellos, dando click sobre sus nombres. Luego de las noticias parroquiales paso a comentar algo sobre la primera aventura de don Quijote (capítulo II).
Aún sin Sancho Panza, el aspirante a caballero encuentra en el camino una venta, suerte de posada sencilla en la que él cree ver un castillo con torres de plata y dos hermosas doncellas en las mozas-criadas-prostitutas que esperan en la puerta. Aquí empieza Cervantes a reírse del personaje y, al mismo tiempo, hacerlo querible.
Para hospedarse en la venta-castillo donde velará sus armas y será nombrado caballero, don Quijote llega con toda la armadura puesta. Sólo accede a quitarse las piezas que cubren pecho y espalda, pero no la gola (que protegía el cuello) ni la celada (resguardaba la cabeza). Así se sienta a la mesa: «[…] era materia de grande risa verle comer, porque como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía, y, así, una de aquellas señoras servía de este menester». Es decir, al sujetar la visera con ambas manos necesita que alguien le ponga alimento en la boca, explica la nota de Francisco Rico. Para beber, el dueño de la venta hace una especie de popote o pajilla con una caña: «y puesto el un cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino».
Esta imagen del Quijote me da ternura, provoca risa y también enternece, todo al mismo tiempo. Es tan aparentemente ingenuo pero apasionado que me pasa lo que dijo el poeta Luis Cernuda: «Ante don Quijote nos damos cuenta de que comenzamos a amarle cuando acabamos de reírnos de él […]». Y sí, su entusiasmo delirante, la pasión que lo desborda y por la que está dispuesto a todo, primero a recibir burlas pero también a arriesgar la vida, hace que cuanto más me río de él, más lo quiero.
La imagen de una mujer de espaldas dispara la escritura. Puro pelo. Pura nuca. Puro gesto. ¿Por qué?
A partir de esta foto de Onésipe Aguado (ver abajo), el poeta mexicano Luigi Amara construye un largo poema inquisitivo con tufo a Holmes, Belascoarán o Marlowe, en el que busca dilucidar la identidad de la mujer y lleva el gesto hasta las últimas consecuencias. ¿Quién es? ¿Por qué de espaldas? ¿Qué historia esconde? «Aunque el libro maneja la búsqueda, la investigación, también acepta desde el comienzo que no va a llegar a nada. El título mismo habla de que es un intento destinado al fracaso: Nu)n(ca.Yo lo llamaría un poema detectivesco. Es un juego», señala el autor en entrevista.
Ganador del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña 2014 y publicado por Sexto Piso, Nun)n(ca es un libro hondo en la observación y a partes iguales en la imaginación, un amasijo de preguntas sin respuesta que va entretejiendo un discurso consistente, poblado de ecos de otros títulos de Amara, igualmente obsesivos. Aquí, fragmentos de lo que el poeta me dijo a propósito del libro.
LA FIEBRE SE DISPARA
«Me topé con la foto en una revista. Tiempo después me di cuenta de que seguía pensando en ella. Investigué un poco, me intrigaba saber que era muy antigua, de los orígenes de la fotografía, y además me parecía un enigma si el hecho de que la mujer apareciera de espaldas era una decisión del fotógrafo o de ella misma. Pero la fiebre realmente se disparó cuando vi la imagen en vivo, en el (museo) Metropolitan de Nueva York. Entonces empecé la investigación pormenorizada e hice apuntes, anoté ideas, preguntas. Al revisar la libreta me di cuenta de que ya tenía, de algún modo, poemas. Entonces decidí seguir en esa tónica».
LO INQUIETANTE
«Cuando uno ve una imagen durante mucho tiempo la empieza a poblar de cosas, hace proyecciones. Me di cuenta de que entre las proyecciones que hice, quizá por el mundo de horror que vivimos en México, estaba la decapitación, es decir, ver la foto como si se tratara de un cuello para ser cercenado. De algún modo obvio, esa fotografía remite a la idea de la muerte, aunque no necesariamente a una ejecución. Pensar eso me inquietó».
POEMA LARGO O CONJUNTO DE POEMAS
«La idea es poder leer el libro como si fuera un solo poema pero, al mismo tiempo, busqué que los apartados tuvieran autonomía, que se sostuvieran por sí mismos. Es una mezcla de fragmento y totalidad».
LA POESÍA COMO PREGUNTA
«De algún modo, la poesía genera un cortocircuito en la comunicación. Cuando platicamos o escuchamos las noticias creemos que nos estamos comunicando bien, sin embargo, la poesía mete un ruido, interrumpe a partir de preguntas. En este caso, además de que el libro está lleno de interrogaciones, también me interesaba discutir de forma implícita la convención de qué es un pie de foto. Si ya es dudoso que una imagen pueda esclarecerse con una línea, yo quería hacer notar que tampoco basta una catarata de páginas para explicar una foto. Es decir, el pie de foto puede tener más de mil líneas y no llegar a nada. No quise formular la pregunta, sino que se encarnara en el libro mismo».
AUTOR OBSESIVO CONVOCA OBSESIONES
«El libro aborda una obsesión sin rostro, que de algún modo se va hacia el misterio. En él parto de la sospecha de que todo individuo tiene algún tipo de manía. La idea era jugar con esa obsesión que también tiene el otro, el lector. Quizá no es la misma que la mía, pero dado que tiene una, sabe de lo que estoy hablando. Siempre lo relaciono con el secreto: yo tengo un secreto, tú tienes uno también. Probablemente mi secreto no sea el tuyo, pero ambos sabemos lo que es tener uno. Por eso, el escritor se vuelve mucho más perspicaz cuando trabaja con la idea de que la idea de secreto es compartida».
Para dejar a tono el #MiércolesDePoesía, comparto aquí uno de mis poemas favoritos de Nu)n(ca:
La primera vez que la vi pensé
esta mujer no puede ser
un monstruo:
no oculta sus facciones,
ostenta un ademán.
Quiere proponer un misterio
y hacerlo con la elegancia
de la desfachatez.
Posa con el atrevimiento del no
más elusivo:
parece que consiente
y al mismo tiempo descree
de lo frontal.
Dice que sí
pero no como lo imaginabas;
al borde del secreto de la nuca
ofrece el broche de un collar
que no podrás abrir.
El pensamiento japonés no deja de deslumbrarme. Hace unos meses compartí aquí varias entradas sobre lo fascinante de su cultura, la práctica cotidiana de la poesía, su respeto por el otro. Hablé también sobre elWabi-sabi, ese gesto japonés que encuentra perfección en lo imperfecto. Hoy me encuentro con esta belleza de palabra: Kintsukuroi.
Se llama así al arte de reparar con polvo de oro un objeto de cerámica roto. En Occidente, un jarro que se fractura pierde todo su valor. En cambio, los japoneses aprecian más aquél cuyas piezas fueron unidas de nuevo, de manera muy visible, con el metal precioso: el jarrón restaurado es más caro porque tiene una historia. Es decir, el kintsukuroi valora la fragilidad intrínseca de las cosas, la belleza de sus defectos. Otro tanto, creo, pasa con la gente: ayer platicaba con una amiga muy querida sobre cómo cuando el otro se atreve a exponer su debilidad, entonces puedo conectar con él y lo valoro más en su coraje de seguir adnando. Al final, yo misma quiero no esconder mis cicatrices de vida porque entiendo que en ellas descansa mi valor.
Y bueno, sí, pasa. Sólo a veces, pero pasa. Ok, siempre.
Enamorarse es un dolor fregonsísimo, sinónimo de sentirse vulnerable. Al mismo tiempo de celebrar y de salir corriendo. Un suerte de criatura híbrida que se disfruta y se teme. Propia de masoquistas que tienen delirios de grandeza.
Ahí estoy. Y sí, por supuesto, me río de mí misma.
Comparto por aquí el texto mío que acaba de publicar el sitio SinEmbargo.mx, dentro del suplemento Puntos y comas, parido por la periodista y escritora Mónica Maristáin.
Sufrí un poco teniendo que elegir sólo 10 libros que me han marcado, pero al final disfruté mucho el ejercicio. Al preparar la lista reiteré una vez más (como si no tuviera esa convicción tatuada en la médula), que leer es un «silencio lleno de sonidos» (Fresán dixit) que me define por completo.
Ando de ánimo particularmente intenso, así que la Playlist Colectiva de esta semana tiene como tema la música así llamada clásica. Quizá sería mejor llamarla sinfónica, no sé. Lo cierto es que aquí está mi propuesta: el Primer movimiento de la Sinfonía 40 de Mozart. Desde hace muchos muchos años me pone de buenas, me emociona. Además ya me anoté varias piezas que quiero disfrutar con toda calma y un buen vino junto, como Vedro con mio diletto, de Vivaldi, tanto los cuartetos como la sinfonía 3 de Gorecki y el Concierto de Grieg, entre otras. De antemano advierto que fue complicado consignar los datos de cada pieza, así que en algunos casos la información puede estar incompleta. Al menos espero no haber cometido ningún error y si tienes la info faltante pásamela y la añado. También (perdón) tuve a bien no incluir los intérpretes porque tengo que salir corriendo a actividades propias de mi sexo y no me daba tiempo de buscarlos todos. Una disculpa.
Abajo están los temas propuestos a través del Twitter @danioska y mi Facebook personal. Pon el tuyo en los comentarios y lo añado. En esta ocasión, hay muchos más temas colgados de YouTube que de Spotify, lo cual da la oportunidad ver los videos, además de oír los temas. Sí, me gustó mucho esta Playlist. Gracias a todos por hacerla.
Buen #SábadoDeMúsica.
@perio_gdl Also Sprach Zarathustra, de Richard Strauss
Carolina Enríquez Balada en Sol Menor, de Frédéric Chopin
@Soy_Fer_ Canon, de Johan Pachelbel
José de Jesús Montoya El Cascanueces, de Piotr Illich Tchaikovsky, Obertura
@ClaudiaAdame Clave bien temperado, de Johan Sebastian Bach, Preludio 1 en Do Mayor
Carlos Carranza Concierto para cello en B Menor, Op. 104, de Dvórak, Allegro
@jackbarky Concierto para cello y orquesta, de Edward Elgar
Jaime Mesa Cuarteto No. 3, de Henryk Górecki, Tercer movimiento
@AdrianoDeLucio Las cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi, Otoño
@danywino Grosse Fugue, Opus 133, de Ludwig Van Beethoven
@vatelechuza Guárdame las vacas, de Luis de Narváez
@65Murillo Laudate Dominum, de Wolfgang Amadeus Mozart
@alejandrogustav Obertura 1812, de Piotr Illich Tchaikovsky
@mrcortazar Recuerdos de la Alhambra, de Francisco Tarrega
@arr1910 Sinfonía No. 2 de Johannes Brahms, Segundo movimiento
@TROLLERsports Sinfonía No. 9, de Ludwig Van Beethoven, Cuarto movimiento
@luciangc Solfeggio, de Carl Philip Emanuel Bach
@quico70 Sonata Allemanda, de Antonio Vivaldi
@yogibar71 Sonata Claro de luna, de Ludwig Van Beethoven
Camarero Sueño de amor No. 3, de Franz Liszt
José Antonio Montalvo Tannhäuser, de Richard Wagner, Obertura
@KaryPrudencio El trino del diablo, de Giuseppe Tartini
Claudia Negrete Vedro con mio diletto, de Antonio Vivaldi
YOUTUBE
@65Murillo Air on the G String, de Johan Sebastian Bach
Gerardo Cárdenas El atardecer de un fauno, de Claude Debussy, Preludio
@cherrera313 Carmina Burana, de Carl Orff
Omar Nieto Concierto en La menor, de Edvard Grieg
Sandruca Garibaldi La flauta mágica, de Amadeus Mozart, Aria La reina de la noche
Arturo Díaz L’elisir d’amore, ópera de Gaetano Donizetti, Romanza Una furtiva lacrima.
Alberto Diéguez La falsa moneda, de Ramón Perelló y Ródenas (sí, dejamos todo lo laxa que se quiera la definición de «clásica»)
Mónica Icaza Nocturno No. 2 Opus 9, de Frederic Chopin
Gabriella Morales-Casas Polonesa No. 53, de Frederic Chopin
@hmatuk Requiem, de Wolfgang Amadeus Mozart, Lacrimosa
@econokafka Scherezade, de Nikolái Rimsky-Korsakov, Segundo movimiento
Arturo Erremental Sinfonía de los juguetes, Leopoldo Mozart
José Luis Zárate Tocata y fuga en D Menor, de Johan Sebastian Bach
Tengo todos los mañanas para ser adulta y mesurada. Todos, para sentarme derecha. Portarme sensata. Todos, para hacer cálculos responsables, como se espera.
Hoy no, porque no hay mañana. Hoy le río de amor a la pantalla de un teléfono. Hoy me suelto el pelo y me lanzo a correr entre los coches, a todo volumen. Hoy podría matar un dragón.
Imagen: Antonio de la Gándara, La Déclamation de Don Quichotte à Sancho Panza, c. 1912
Me encanta esta pintura de don Quijote y Sancho vestidos de civil, rodeados de libros, los mismos que disparan la acción de la novela y son excusa para presentar a dos de los personajes más entrañables de la literatura universal: el loco cincuentón, «seco de carnes», lector incontinente de libros de caballerías y que por ellos llega a fundir realidad y ficción, y su escudero, un campesino regordete montado en un burro, ocurrente, tramposo y sin pelos en la lengua.
Por aquí una bola de adictos a los libros decidimos hincarle el diente a Don Quijote de la Mancha por el puro gusto, nomás por sibaritas de las letras. La idea es hablar de este clásico desde la propia experiencia lectora, no de oídas. Si alguien lo termina para el 23 de abril que se celebran 400 años de la muerte de Cervantes, genial. Si no lo acaba para entonces pero lo está saboreando como un postre exquisito, genial también. En una suerte de declaración de principios, el asunto es volver a las raíces: el disfrute de la lectura. No hay más, pero tampoco menos.
Lo que propongo es subir cada jueves al blog una entrada sobre el Quijote. La idea es comentar pasajes, compartir enlaces de interés, discutir temas, reírnos en coro desde aquí y también desde todos los blogs que quieran participar. Y, por supuesto, se recibe toda propuesta para enriquecer la lectura. Aquí los nombres de quienes hasta ahorita hemos dicho que queremos perdernos un rato cada día en la llanura, donde hidalgo y escudero enmiendan sinrazones:
Ojalá te sumes, que seamos un bolón de lectores fascinados y divertidos por ese hijo de la pluma de Cervantes. Para arrancar dejo esto, de Vargas Llosa: «El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va moldeando, transformando. […] Se lanza en busca de unas aventuras que vivirá de manera paródica, provocando y padeciendo pequeñas catástrofes. Él no saca de esas malas experiencias una lección de realismo. Con la inconmovible fe de los fanáticos, atribuye a malvados encantadores que sus hazañas tornen siempre a desnaturalizarse y convertirse en farsas. Al final, termina por salirse con la suya». Me gusta esta lectura de don Quijote como contaminador del mundo, como desrealizador de la realidad.
Así, doy por inaugurada la lectura colectiva del Quijote, el que «se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas fanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber de ellos» (Parte I, Cap. I). Te invito a que compartas en los comentarios un pasaje que te guste en especial.
La poeta mexicana Maricela Guerrero es la invitada de hoy al #MiércolesDePoesía, con estos versos sutiles de su libro De lo perdido, lo hallado. Porque sí, coincido en que la ausencia del cuerpo querido es una zozobra. En todas sus acepciones.
«es la resaca
el exilio
de tus ojos
lo que me hace pensar en estas cosas (suceden)
seré un pez ceñido
a tu cintura
tú
el sol
donde gravita
este naufragio».
-Maricela Guerrero, De lo perdido, lo hallado, CONACULTA, 2015
«[…] Todavía huelo a su sudor. No me lavaré hasta que vuelva. Nuestro cuarto huele a sexo todavía y en el olor escucho el eco de nuestras voces, el crujido de nuestros cuerpos sobre petates. Su último grito ronco. […] Dejar entrar al otro. La hospitalidad de este cuerpo. Dejarse intercambiar. Jugar. Tocarse hasta los límites y ver cómo desaparecen. Oír la respiración del otro como si fuera la propia. Más que la propia. La única […]». -Gabriela Jauregui, «Citlalli», La memoria de las cosas (Sexto Piso, 2015).
Sí, mi vida podría girar en torno a la expectativa de que mi novio le tomara fotos a mis zapatos y mi look de cada día, como en este cartón de la española Sara Herranz. O, si fuera esa misma blogger de moda, podría amanecer cultivando la sensación de desconcierto de ignorar cuál de los 300 pares de zapatos de mi clóset quiero usar hoy. Y que fuera mi principal preocupación. Pero no, por Fortuna mis afanes de lunes tienen que ver con el largo texto que debo terminar hoy (y espero paguen pronto), con la iniciativa de armar una gozosa lectura colectiva del Quijote, con el libro de poesía que casicasi termino y me genera pálpitos de emoción-aunque-siga-siendo-pobre y con la propuesta que presentaré a un posible cliente para ver si logro vivir mejor de mi escritura. Desde esa perspectiva, aunque presionado, mi día es todo lo emocionante que puede ser.
Que tu lunes, aunque sea de mierda, no involucre ser novio(a) de un(a) blogger adicto(a) a las fotos.
«Estoy obsesionada con él, sólo con él. No quiero nada ni a nadie más. No lo he amado bastante. Ha surgido ante mí como un gran misterio. Me ha deslumbrado, espantado». Lo dice Anaïs Nin en sus diarios.
Y es que sí, a veces intercambiar alientos y sangres nos convierte en Tántalos desesperados, víctimas de una sed que no se sacia, de un amor que es eterno mientras dura. La Playlist colectiva de hoy, propuesta por Hugo Espinoza, es sobre ese enganche total entre dos, física y química a partes iguales, cuerpo y almas revueltas. Y así no hay forma de no caer en cursilerías, ni hablar. Mi propuesta es Can’t Have Enough Of Your Love, Babe, de Barry White. Y están también las rolas propuestas a través de @danioska y Facebook/JuliaSantibáñez. Las que no estuvieron en Spotify las colgué de YouTube. Si quieres añadir la tuya anótala en los comentarios.
Así, buen #SábadoDeMúsica con sabor altamente edulcorado.
Fernando Hernández Pico 7 Seconds Away, de Youssou N’Dour
@vatelechuza El adiós, de Francisco Canaro
Maggie González Alevosía, de Luis Eduardo Aute
Francisco Flores Arrullo de estrellas, de Zoé
José Eugenio Sánchez Atrapado entre tus tetas, de Grupo Marrano
Carlo Coccioli Big In Japan, de Alphaville
@malakatonche Buen día, de Miranda
Pedro Jiménez Burbujas de amor, de Juan Luis Guerra
Julia Santibáñez Can’t Get Enough Of Your Love, de Barry White
@kaflohe Common People, de Pulp
@hmatuk y @Tovariatova Cóncavo y convexo, de Roberto Carlos
@luciangc Connect The Dots, de The Spill Canvas
Jorge M. Mendoza Damaged Goods, de Gang Of Four
Sandra Lucario Debajo de tu piel, de Caifanes
José de Jesús Montoya De punta a punta, de José Luis Rodríguez
@unoENTREmil Deseo, de Guillermo Fernández
@LosAmorososLeen Devórame otra vez, de Eddie Santiago
@ursulacamba El amor de mi vida, de Pablo Milanés
Dania Castañón Elephant Love Medley
@CarlaEUrena Guilty, de Barbra Streisand y Barry Gibb
Mariana Pineda Idilio, de Willie Colón
Gerardo Cárdenas I Feel You, de Depeche Mode
Ginnete Riquelme Illuminated, de Arto Lindsay
@mai_baudouin I’m Your Man, de Leonard Cohen
Rowena Bali Infinity, de The XX
@VicGuanajuato In My Secret Life, de Leonard Cohen
@carloscarranzap Je t’aime, moi non plus, de Serge Gainsbourg y Jane Birkin
Hugo Espinoza Je te réchaufferai, de Charles Aznavour
@MikeAC27 Kiss You All Over, de Exile
@Ric1112 Kumbala, La Maldita Vecindad
@AdrianoDeLucio Let’s Get It On, de Marvin Gaye
Arturo Díaz Lía, de Ana Belén
@quico70 Love, de Art Of Noise
Mariano Ecija Love Is To Die, de Warpaint
Arturo Erremental Love To Love You, Babe, de Donna Summer
Carolina Enríquez Lucha de gigantes, de Nacha Pop
Marcela Sánchez Greene Magic, de Coldplay
@olivelasco Nada sabe tan dulce como su boca, de Víctor Manuel
Andrés Grillo Naturaleza muerta, de Mecano
Arátza Carvallo Pervert Pop Song, Plastilina Mosh
@LaLore04 Si me das a elegir, de Los Chunguitos
@miradadelaluna Sonnet, de The Verve
@michrade Soñé, de Zoé
@RolonPicudo Sorry Seems To Be The Hardest Word, con Diana Krall
Norma Gabriela Sánchez Strangers In The Night, de Frank Sinatra
Ernesto Flores Vega Sunshine Of Your Love, de Cream
@albertochimal Tango Ballad, con Ute Lemper
David Miklos Texturas, de Soda Estereo
@zolliker Tonight’s The Night, de Rod Stewart
Dulce Villaseñor Vivimos siempre juntos, de Nacho Cano
@Audifaz_ When I Need You, de Leo Sayer
Ágata Szekely Wild Is The Wind, de David Bowie
Paola Tinoco Without You, de David Bowie & Brian Molko
@cherrera313 ¿Y qué?, de José José
YOUTUBE
54. Leo Agusto Black Velvet, de The Lost Fingers
55. Ana Victoria Taché La ofrenda de Jaime López
56. Cristina Liceaga Reencuentro, de Magos Herrera
Estoy leyendo La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich. Publicado por Debate, es el recuento crudo, sin aderezos ni azúcar, de las mujeres que participaron en la Segunda Guerra Mundial como francotiradoras, conductoras de tanques, pilotos, enfermeras, soldados. Este primer libro de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2015 está armado como un collage de testimonios, a partir de las más de 500 entrevistas que Alexiévich realizó. Así, dice, “los rostros se borraban, sólo quedaban las voces”. Y esas voces hablan de la iluminación, el espacio y los olores del conflicto vivido por ellas. Responden a preguntas como: ¿Qué siente una persona ante la absurda idea de que puede matar a otra? ¿Con qué palabras se narra tener el pelo empapado de sangre de heridos? ¿Con cuáles ver que una mamá ahoga a su bebé, que llora de hambre, porque no tiene cómo alimentarlo? ¿Qué se rompe por dentro cuando un moribundo cuya pierna fue arrancada de cuajo pide que lo entierren con ella? ¿Qué fue lo más difícil cuando terminó la guerra y hubo que recuperar la normalidad, pero se había perdido todo referente de qué era “normal”?
Es lo primero que leo de Alexiévich. El suyo es un trabajo espléndido de recopilación, escritura y edición, con el enorme logro de hacer un monumento polifónico al coraje y el dolor humanos. El otorgamiento del Nobel se basa, me parece, en ese bucear en las honduras emocionales con los ojos abiertos y los oídos igual, para luego vaciarlo en lenguaje, en sonidos atravesados por silencios. “El camino del alma para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El ‘cómo fue’ no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha visto y qué ha comprendido? […] Los sentimientos son más vivos, más fuertes que los hechos”, dice en alguna parte del libro.
Recuerdo que cuando le dieron el Nobel, algunos puristas se rasgaron las vestiduras, diciendo que la labor de Alexiévich es más periodística que literaria. Ahora que la leo pienso que ahí están nombres como Truman Capote, John Banville, Ryszard Kapuscinski y Martín Caparrós, quienes han transitado de una a otra arena con soltura. Al final, poner una frontera que divida periodismo de literatura me parece ocioso. Pedante. Limitado. Si un texto se vale del lenguaje y la forma para sacudir, si permite asomarse al incendio que ocurre dentro del otro, si revela y emociona, si multiplica las contradicciones en vez de resolverlas, entonces es literatura. Así que no creo que sea ninguna ofensa afirmar que el Nobel de Literatura se lo dieron a una periodista. Como señala la argentina Leila Guerriero: “Periodismo es un género literario que trabaja sólo con materia prima obtenida de la realidad”. Pues eso.
«—[…] ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando.
—A esa cuenta, dos deben de ser —dijo Sancho—, porque de esta parte contraria se levanta asimismo otra semejante polvareda.
Volvió a mirarlo don Quijote y vio que así era la verdad y, alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. Porque tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, encantamientos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de caballerías se cuentan y todo cuanto hablaba, pensaba o hacía era encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban dos grandes manadas de ovejas y carneros que por aquel mismo camino de dos diferentes partes venían […]». Miguel de Cervantes,Don Quijote de la Mancha, Parte I, Cap. XVIII, Alfaguara/Real Academia Española/Asociación de Academias de la Lengua Española, 2004.
Estoy releyendo el Quijote. Entre otras razones quise revisitarlo a instancias de un querido amigo y porque este año habrá Cervantes por aquí y Cervantes por allá: en abril se celebran 400 años de su muerte (y también de la de Shakespeare). Así que la excusa bastó para venir de nuevo a casa de este loco fantástico, que se negaba a distinguir entre los libros y la vida. Creo que esta vez me he reído más que en las lecturas anteriores, qué finura de humor, de verdad cuánto se disfruta.
Aprovecho para instar a una lectura colectiva del libro y comentarios entorno a él: tanto si no lo has leído como si ya pasaste por ahí, me parece genial que entre todos nos regalemos un clavado en este clásico del que todo el mundo habla, pero pocos han leído y, más importante, pocos han disfrutado. Siendo éste un blog fundamentalmente sobre libros, me parece que podemos intentarlo siempre y cuando sea desde el placer, no desde la obligación. Cualquier edición se vale, cualquier plataforma, cualquier ritmo de lectura, no importa, el asunto es saborear este portento. Y para que no haya excusas, da click aquí para ir al PDF de la Primera Parte, gratis.
Dependiendo cuántos nos sumemos, entre todos podemos inventar algún aliciente: regalo de un paquete de libros, algo por el estilo. ¿Quién se suma? ¿Quién dice «yo»?
Salvador Novo, semidesnudo. Fotógrafo por identificar, c. 1925.
«Pienso, mi amor, en ti todas las horas
del insomnio tenaz en que me abrazo;
quiero tus ojos, busco tu regazo
y escucho tus palabras seductoras.
Digo tu nombre en sílabas sonoras,
oigo el marcial acento de tu paso,
te abro mi pecho –y el falaz abrazo
humedece en mis ojos las auroras.
Está mi lecho lánguido y sombrío
porque me faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por cuyo beso desvarío.
Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo».
Hoy, #MiércolesDePoesía, está de visita en PalabrasAFlorDePiel uno de mis escritores favoritos. Dramaturgo, cronista de la ciudad, poeta de luz clara y figura clave de la vida cultural mexicana del siglo XX, Salvador Novo (1904-1974) cumple hoy 42 años de haber muerto. Este texto suyo es uno de sus muchos poemas procaces, en los que da fe (como Quevedo y Góngora y Hurtado de Mendoza), de que la poesía es tan grande que no se pelea con ninguna palabra. Construido como si fuera un soneto clásico pero anticlimático e hilarante al final, muestra a su autor tal como era: deslumbrante, sexual, vanguardista, divertido, gay, intensito. Un genio.
Hace unos días fui al Museo Soumaya de la Ciudad de México a ver la exposición Archivo Salvador Novo. Imagen pública, retratos privados, que por cierto permanece abierta hasta abril. No muy grande pero interesante, incluye imágenes de infancia, otras con personajes públicos como Dolores del Río, María Félix y Orson Welles, además de cartas suyas y de sus amantes, documentos oficiales y objetos varios, entre ellos, su colección de peluquines.
Una de las fotos exhibidas es la que ilustra esta entrada, de un Novo-casi-San-Sebastián-de-unos-21-años. Se me ocurre que un efebo así puede haber sido el destinatario de este poema que él mismo escribió años después. Luego pienso que no, una figura así de delicada no le gustaría. Él los prefería militares.
El teatro, la caja vacía que vibra de historias y matices, es una gran mentira. Los actores pretenden ser otros, estar en distinto tiempo y lugar, mientras los espectadores les creemos y reímos como si lo que pasa en escena ocurriera de a devis, nos estrujamos las vísceras, exprimimos el corazón cuando el momento lo amerita. Pero lo que dijera Rulfo sobre la literatura aplica igual al teatro: es una mentira que dice la verdad.
Lo traigo a cuento porque acaba de estrenarse en el teatro El Galeón la obra Para soñar que no estamos huyendo, con texto y dirección de Ana Francis Mor y actuaciones de Amanda Schmelz, Antonio Cerezo y la siempre amable (de amabilidad y de que merece ser amada) Marisol Gasé. Vi la obra en su anterior temporada en el Teatro Juárez y sin duda ahora me daré otra vuelta. En ella, a partir de una cama, un atril y algo de utilería se crea un mundo complejo, traspasado de violencia. Con apenas apoyos escénicos pero bien pertrechados con las armas flagrantes de la ironía y la lucidez (perdón por la redundancia), tres personajes exploran la vocación victimaria que aún permea nuestra querida culturita mexicana: con la voz y el cuerpo sacuden, hacen reír, tragar camote y vuelta a empezar. Además, a un lado del escenario Leika Mochan crea con el cuerpo atmósferas sonoras que subrayan lo que pasa en escena y lo vuelven más poderoso.
Para soñar que no estamos huyendo se presenta lunes y martes a las 8 pm, del 11 de enero al 1 de marzo, en el teatro El Galeón (atrás del Auditorio Nacional), en la Ciudad de México.
Fue miles y uno. Fugitivo de la rutina, no se parecía a nadie. Ni siquiera a él mismo. Delirante e hilarante, con ojos de distinto color y pelo como escenario de la mudanza, en su música y su cuerpo reivindicó ser raro, fueradelugar, andrógino, teatral, casi extraterrestre. Que hoy la mañana nublada se llene de sus canciones, que acompañe el gran final del inmenso actor de sí mismo, del creativo desbordado y sensual que fue.
¿Cuál es tu canción favorita de Bowie? Anótala en los comentarios para armar una Playlist con lo mejor de su música, de sus muchos personajes. Porque el inmortal está más que nunca vivo. Mi canción es No Control, del disco 1. Outside: atmósfera, música y letra son redondas.
Empiezo el año contundentemente, nada de medias tintas: si alguien me hace falta no voy a fingir que no es así. Total, para qué. Por hoy me voy a azotar, hacer un papelazo, echarle limón a la herida, perder el decoro que me quedaba. Qué más da. Si el personaje de mi novela va a regresar a mí del fin del mundo, de todas formas lo va hacer. Si no, cuando menos saboreo la ausencia. Así que mi propuesta para esta Playlist colectiva con sabor cítrico es Letter to Hermione, de David Bowie, porque es una rola espléndida y también porque el maestro acaba de cumplir 69 años y ese número siempresiempre se celebra. Qué tal eso de «I care for no one else but you, I tear my soul to cease the pain/ I think maybe you feel the same, what can we do? […] I’m not quite sure what I’m supposed to do/ So I’ll just write some love to you».
Abajo están las canciones propuestas a través del Twitter @danioska y mi Facebook personal. Si quieres proponer una canción anótala abajo, en los comentarios. Buen y azotado #SábadoDeMúsica.
PD Hoy este blog celebra haber rebasado los 6,000 seguidores. Yo invito los mezcales.
Kitzia Nin Poniatowska Answer, de Sarah McLachlan
Ernesto Flores y Mari Paz Ocejo Así estoy yo sin ti, de Joaquín Sabina
@leonRod79 Aún, de Coda
Claudia Negrete Autumn Leaves, de Eric Clapton
Fernando Campo Bad Things, de Jace Everett
José Luis Enciso Cancioncita de amor, de Juan Luis Guerra
Rafael Carballo Cero y uno, de Café Tacuba
Mariana Pineda Cómo te extraño, de Café Tacuba
@mai_baudouin Cuando no estás, de Andrés Calamaro
@econokafka The Day Before You Came, de ABBA
Cristina Liceaga Deixo, de Ivete Sangalo
@elijah75063106 Drive, de The Cars
@kirshnaaguilar3 (Dude) I Totally Miss You, de Tenacious D
Carolina Enríquez Echo de menos, de Kiko Veneno
@bandalagina El siete de septiembre, de Mecano
Andrés Grillo El breve espacio en que no estás, de Pablo Milanés
@PolaThrace El club de los humildes, de Mecano
@laumartinm Esta ausencia, de David Bisbal
@alejandrogustav Falta poco tiempo, de Sandra Mihanovich
@alexgudino Hymne à l’amour, de Edith Piaf
@jorgebird I’m a Fool To Want You, interpretada por Billie Holiday
Julieta Cardona In A Manner Of Speaking, de Nouvelle Vague
Dulce Villaseñor Je vole, de La Famille Bélier
José de Jesús Montoya La que se fue, de José Alfredo Jiménez
Estoy leyendo Norte, antología que reúne a 49 narradores de esa región de México, compilada por el también escritor Eduardo Antonio Parra (Editorial Era). Abarca desde Martín Luis Guzmán y Alfonso Reyes, nacidos a fines del XIX, hasta autores de la camada de los 70, como Luis Jorge Boone, Cristina Rascón, Antonio Ramos Revilla y César Silva Márquez. Como en toda antología hay textos extraordinarios y otros más pálidos, pero en general es un libro sólido que puso en mi radar autores que me sorprendieron, como Pedro de Isla, Julio Pesina, Regina Swain y Vicente Alfonso.
Mientras leo la antología siento una especie de borrachera. Los cuentos pasan rápido, van en chinga con sus caras de frontera que une y separa, de droga, desasosiego, violencia, migrantes, familia, sexo, ironía. A veces, una frase abrupta hace un hueco en el estómago, una imagen sacude, como ese padre desangrándose mientras la hija recuerda su trabajo de medio pelo. A veces me hacen reír. El viaje sigue, frenético, de escenas que no caben en ningún lado. En vez de aminorar, el ritmo se acrecienta. De pronto, esto, del cuento «Soñar el sol», de Julián Herbert: «Vacío el resto del vaso. El efecto de la cápsula y el ron es inmediato: un deseo muy claro de contemplación. Acelerado. […] Y lo que tengo en la voz es la distancia, el vacío de tiempo en que recorro con mi lengua su barbilla y ella gime, y estamos a un par de horas del sol de Monterrey, y yo la miro y el sol no, y el cuello tan delgado que cabría casi entero en mi boca, y la piel de su cuello que contrasta con el negro de mi lengua […]». Cerrar el libro. Quedarme ahí, quieta, mientras alrededor todo se mueve. Pensar que no entiendo nada. O que de golpe entiendo todo, porque me acabo de dar cuenta que he estado ahí.
“La originalidad es imposible. Uno puede variar muy ligeramente el pasado, cada escritor puede tener una nueva entonación, un nuevo matiz, pero nada más. Quizá cada generación esté escribiendo el mismo poema, volviendo a contar el mismo cuento, pero con una pequeña y preciosa diferencia: de entonación, de voz. Y basta con eso”, le dijo Jorge Luis Borges a Harold Alvarado Tenorio en una entrevista para Arquitrave, que por azar encuentro en Internet. Releo el párrafo y me detengo. Es una idea muy de Borges, repetida de varias maneras. Voy al estante y abro el ensayo “La esfera de Pascal”, en su libro Otras inquisiciones. Leo la primera línea: “Quizá la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas”. Entre las muchas certezas que Borges cuestionó está la de que la originalidad no existe, que lo que nos parece nuevo no es más que una tímida variación de otra cosa. Él mismo regresó incansable a los griegos, los espejos, la teología, Schopenhauer, la literatura inglesa, los tigres, los laberintos. Fueron sus temas recurrentes a lo largo de los años, hasta el punto de apropiárselos y hacer casi imposible que un escritor actual los aborde sin evocar el fantasma del argentino. Lo platicaba hace unos días con un muy querido amigo, quien despertó el tema en mi cabeza.
Hace muy poco leí algo similar en palabras del catalán Enrique Vila-Matas, ganador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2015. Busco la entrevista en Internet. La encuentro y localizo la frase en cuestión, dicha a Rodrigo Pinto: “La curiosidad es la que me lleva a escribir el mismo libro”. Y ahora recuerdo vagamente que el francésPatrick Modiano, ganador del Nobel 2014, dijo algo parecido el año pasado. De nuevo busco en esa Caja de Pandora que es Internet. Luego de un rato ahí está: “Mirar hacia atrás es algo que intento evitar. Tengo miedo de darme cuenta de que siempre he escrito lo mismo. Me ha sucedido, al corregir un texto, que he comprendido que había escrito casi la misma escena en un libro anterior. Quizás tampoco quería darme cuenta, porque podía paralizarme, podría dejar de escribir. En cierto modo resulta muy desalentador. Mis textos me dan la impresión de ser un caleidoscopio, siempre con las mismas figuras […] He puesto el mismo nombre a personajes de diversas novelas, sin darme cuenta […] la idea de que uno puede pasar a otro asunto es hasta cierto punto una ilusión. Somos prisioneros de nuestras imágenes, igual que somos prisioneros de nuestra voz. Eso es lo terrible. Siempre he tenido la impresión de escribir el mismo libro”. Y, para rematar, hace un par de días vi en el muro de Facebook de mi amigo Rafael un artículo según la cual, de 74 muertes que ocurren en las obras de Shakespeare, 30 son resultado de acuchillamiento. Poco original, el tipo.
Esa línea invisible de autoplagio que une a Borges, Vila-Matas y Modiano con Shakespeare seguro conecta a muchos otros artistas que han dicho (o pensado) algo parecido. Como lectora empedernida lo veo en mis escritores de cabecera. Las novelas de Rodrigo Fresán hablan siempre del proceso creativo, de la búsqueda formal. La poesía de Idea Vilariño está empapada de ausencia. Los cuentos de Fabio Morábito exploran las varias capas que tienen los personajes cotidianos, la vida diaria. En efecto, los libros de un autor suelen abordar cuestiones similares desde ángulos distintos, a veces complementarios y otras, contradictorios. Es decir, parece que sí, cada uno acaba escribiendo el mismo libro. Alguien dirá que es su voz personalísima, que no puede cambiarla. Otro argumentará que es el estilo individual. Dorar la píldora, que le dicen. Si el autor tiene decoro se esfuerza en trabajar los temas de forma diferente o, como el proverbio taoísta: “Hay una forma. Cada uno debe buscar su manera”. Puede ser que narre de forma parecida emociones muy diversas o que cuente lo mismo visto desde lugares nuevos. Al final, nada disipa el tufo de plagio, aunque se cometa contra uno mismo. ¿Y quién soy yo para ser menos? Claro, yo también me autoplagio. Con frecuencia me encuentro tirando a la basura un poema porque antes ya dije exactamente eso. O frustrándome porque por más que intento ser original acabo cayendo en los mismos temas, tonos.
Si fuera consuelo podría esgrimir en mi defensa que es un mal del oficio.