«Hay cuentos tirados por todas partes»

Foto de Rodrigo Fresán: Juan María Rodríguez
Foto de Rodrigo Fresán: Juan María Rodríguez

Sigo obsesionada con Trabajos manuales, libro indefinible del argentino Rodrigo Fresán sobre el que ya he hablado en este espacio, publicado en 1994 por Editorial Planeta, Biblioteca del Sur. Cada día tomo el ejemplar manoseado, quizá avance un par de páginas pero luego regreso a leer dos capítulos anteriores. Ya le prometí al escritor Carlos Velázquez prestárselo en cuanto lo termine, pero la realidad es que no quiero acabar, hace tiempo no sentía tal adicción por un libro. Aquí el pasaje que hoy releo por tercera ocasión, del capítulo «La Forma del Verano». Imposible no saborearlo:

«[…] Con los vertiginosos calores del verano —descubre Forma— los cuentos crecen y se reproducen con mayor facilidad. Los poros se abren como ventanas para dejar salir la sal de los humores y por ahí mismo —polizontes veloces— se introducen los cuentos que enseguida rebasan la capacidad del cuerpo para desperdigarse por los rincones más insólitos de la casa […] Enseguida —pocos días más tarde de haber llegado con su hija a las playas de Canciones Tristes— la colosal señora que viene a limpiar una vez por semana y a traer las provisiones desde el pueblo empieza a quejarse como todos los eneros.

Hay cuentos tirados por todas partes, protesta. Me asustan con el ruidito de sus patas; ayer hasta tuve que matar a cuatro de ellos. Eran cuentos de terror. Tenían unos dientes así y… pero para qué le voy a explicar a usted… Usted es escritor, ¿no?

La mujer pronuncia la palabra escritor con el mismo acento entre reverente y asqueado que algunos campesinos de la Baja Europa dedican a la palabra nosferatu o algo así […]».

«Y a mí no me gusta obedecer»

Foto: Amandititita
Foto: Amandititita

Da click en el enlace para ver el video

Para inaugurar el fin de semana aquí va una canción divertida pero no ociosa. Amandititita lleva el humor entretejido en su nombre artístico, navega a contracorriente, se regodea en lo «naco», lo de mal gusto, lo no-elegante y, desde ahí, hace una crítica inteligente. Cantante y compositora, a través de sus letras se burla de los ángulos más lamentables de los mexicanos: nuestros traumas de clase, la discriminación que nos caracteriza, nuestro deseo de ser gringos, las incongruencias que nos habitan.

Recientemente dio a conocer esta canción, «La criada», término despectivo (junto con «sirvienta») para referirse a las chicas que realizan servicio doméstico. La letra y el video son al mismo tiempo simpáticos y lapidarios, espejo en el que no quisiéramos reconocernos pero sí, ahí estamos. Nada más efectivo para lograrlo que el humor de este personaje de Amandititita que mientras dice «Y a mí no me gusta obedecer», se vacía el perfume más caro del tocador.

Dicen tras de mí: “la criada”
Y frente de mí: “mucama”
Cuando yo no estoy: “la sirvienta”
Pero yo me llamo Roberta (2x)

«Que lo limpie la criada»
«Que lo arregle la criada»
«Para eso le pagas a la criada»
«Deja que lo haga la criada»

Trabajo en una familia de alta sociedad
Tienen mucho dinero pero poca dignidad
Yo soy la que la mugre tiene que tallar
Con un sueldo miserable que no me alcanza pa na’
Hacen lujosas fiestas de caridad
Pero a mí no me pagan el seguro social
Son acaudalados pero bien cochinos
No se limpian en el baño pero usan perfumes finos.

Y a mí no me gusta obedecer
Y a mí no me gusta obedecer
Y a mí no me gusta obedecer

Dicen tras de mí: “la criada”
Y frente de mí: “mucama”
Cuando yo no estoy: “la sirvienta”
Pero yo me llamo Roberta (2x)

«Que lo limpie la criada»
«Que lo arregle la criada»
«Para eso le pagas a la criada»
«Deja que lo haga la criada»

La señora de la casa es una elitista
Pinta cuadros de frutas y se cree artista
Juega canasta, toma martinis
Y al guardaespalda se aparece en bikini

Mientras yo lavo los platos mi jefe Dinero
De un ex presidente es el mandadero.
Tiene sucia la conciencia como yo el lavadero
Se me hace sexy que es corrupto y majadero.

Y cuando la señora se va a dormir después de un coctel
De vodka y Rivotril, el señor de la casa caminando de puntitas
entra a mi cuarto cuando yo estoy solita
Y me dice muchacha
Y me dice muchacha
Yo me llamo Roberta
Y cerramos la puerta.

Piel liviana para los besos

Fotos: Antonio de Ron
Fotos: Antonio de Ron

Descubro a este fotógrafo español en el fantástico sitio de la revista Mambo; al buscar más sobre él veo que suele colaborar en el blog de The 21 magazine, ambas recomendables. De 30 años y nacido en Galicia, Antonio de Ron dice odiar los flashes y trabajar siempre con luz natural, lo que da una calidez especial a su trabajo. En su portafolio encuentro estos desnudos realizados hace poco, verdadera celebración de la piel «liviana para los besos», como dice aquel verso de Gonzalo Rojas.

El cuerpo es, de por sí, un regalo para los ojos, pero la gasa que juega a revelarlo y esconderlo aumenta su poder de seducción.

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Ponerse el disfraz de camisa sucia

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En este #MiércolesDePoesía propongo paladear un poema breve del chileno Óscar Hahn (1938), el mismo que tardó 20 años en escribir su primer libro, Arte de morir, y que quiere que su poesía sea vista por generaciones futuras «como una de las biografías del hombre, una de las posibles biografías del hombre». Viene incluido en un librito que compré la semana pasada en la Feria del Libro Independiente y el giro del verso final es un lujo. Provecho.

Fantasma en forma de camisa

«Estuve todo el día entre tu ropa sin lavar/

disfrazado de camisa sucia//

Te oí llenar la artesa con agua/

y abrir la caja de detergente//

Te vi de rodillas frente a la artesa/

restregando las prendas una a una//

Y ahora siento tus manos atónitas/

y tus ojos clavados en mí bajo el agua//

porque aunque raspas y escobillas y refriegas/

no consigues sacar la sangre de mi costado».

-Óscar Hahn, Poemas de amor (Libros del ciudadano)

 

Las erratas ganarán la batalla

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La errata es una «viciosa flora microbiana, reacia a todos los tratamientos de desinfección», según Alfonso Reyes. En efecto, se esconde igual que los microbios, resiste todo remedio, muta. José Emilio Pacheco contaba que cuando en 1987 escribió un artículo quejándose de ella, dijo: «La errata es el demonio de la lengua», pero alguien en la mesa de corrección de la revista Proceso cambió una letra, de modo que se publicó: «La errata es el dominio de la lengua» (lo anota Roberto Zavala Ruiz en El libro y sus orillas, FCE).

Cual cruzado en tierra de infieles, persigo con lupa esos bichos que alteran el sentido de un texto. Por eso es natural que esté feliz con este libro de Carlos López, Sólo la errata permanece (Editorial Praxis), compendio de resbalones verbales. Aquí, un ejemplo divertidísimo y patetiquísimo: cuenta José Ferrándiz Lozano que un escritor dictó a su secretaria un texto en el que aludía al arca del Noé. Ella, por descuido, capturó «el arpa de Noé» y cuando el texto llegó a la imprenta, un tipógrafo de gran iniciativa y amplia cultura dijo: «¿El arpa de Noé? ¡No puede ser! El arpa no era de Noé, era de David». Y así el escritor vio su arca de Noé convertida en arpa de David.

Como dicen que dijo Mark Twain: «Hay que tener cuidado con los libros de salud. Cualquier día podemos morir por culpa de una errata». Aunque las seguiré combatiendo sin parar, sé que es inútil: van a sobrevivir al planeta, haciendo honor a su calidad microbiana. Mejor me rio. Es decir, me río.

 

Ex libris literarios (valga la redundancia)

Ilustraciones: Eko
Ilustraciones: Eko

Artista plástico, ilustrador, grabador y dibujante, el mexicano Eko es creador de incontables trabajos de altos vuelos y tono erótico. En lo personal lamento la poca difusión de su obra, «inspirada en Durero» según él mismo apunta, así que para arrancar la semana comparto algunos ex libris que despliega en su página, éstos relacionados con obras literarias y/o autores.

He dicho antes en este blog lo mucho que amo los ex libris y las ganas que tengo que poseer una de esas viñetas personalizadas, que ratifican que un libro pertenece a una biblioteca personal. Podría quedarme con este primero, sobre el que el autor comenta: «Shakespeare usó Hamlet de pretexto. Ofelia soñaba todas las noches con sus pulmones llenos de agua. Rodar lentamente por el río cenagoso y frío». Olé.

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Del escritor y periodista italiano

 

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De Maqroll, personaje de Álvaro Mutis
Del autor japonés
Del autor japonés
Del escritor austriaco Arthur Schnitzler
Del escritor austriaco Arthur Schnitzler

Mafalda, mamá de moneros

Cartón: Quino
Cartón: Quino

Actualización del 21 de mayo de 2014: Quino gana el Premio Príncipe de Asturias. No me sorprende, sólo me alegra una barbaridad.

«Los caricaturistas somos como buitres […] somos un chingo en México y es que todo está podrido», dijo el monero Antonio Helguera durante la plática que ofreció ayer en la Feria Internacional del Libro Nezahualcóyotl 2014, en ese municipio del Estado de México. Luego añadió: «El humor se usa para ir a darle directo al cabrón que me está haciendo daño, ésa es la lógica simple y sencilla de la caricatura. Me estás robando mis impuestos, me estás robando las elecciones, me estás privatizando los ferrocarriles, imponiendo el Fobaproa, lo que quieras, lo único que me queda es hacerte una caricatura, porque ni modo que vaya a la PGR a ponerte una denuncia penal», reporta el diario La Jornada de hoy, en nota de Javier Salinas. Bendita caricatura política, que permite desahogar un poco de la frustración cotidiana. En la misma línea, Helguera recomendó releer Mafalda, tira del argentino Joaquín Lavado Quino que-no-fue-Picasso, que este 2014 cumple 50 años de existencia. Hace pocos días, cuatro moneros mexicanos (entre ellos, el propio Helguera) la calificaron de «obra cumbre de la literatura de América Latina» y señalaron la enorme influencia tuvo en su decisión de dedicarse a la caricatura política.

No me extraña. He contado en este blog cómo Mafalda fue lectura central de mi infancia y adolescencia, porque mi hermano la compraba. A mí, diez años menor que él, primero me atrajeron los «dibujitos» y luego algo me gustó que seguí leyéndola, hasta volverme adicta conforme fui entendiendo su crítica brillante y cargada de humor. Hoy la cito con frecuencia y está en el anaquel de lecturas recurrentes, pero no sabía que fuera mamá de moneros que admiro. Fecunda, la enorme chiquita. #LunesDeMonos

La mariposa de Pessoa

Foto: Ben Stansall/ AFP
Foto: Ben Stansall, AFP/ Getty

«Tal vez mi destino sea ser eternamente tenedor de libros, y la poesía o la literatura una mariposa que, posada en mi cabeza, me haga tanto más ridículo cuando mayor sea su propia belleza». -Fernando Pessoa escondido detrás del heterónimo Bernardo Soares, Desasosiegos (Verdehalago)

Con o sin mariposa en la cabeza, Pessoa resulta imprescindible. Y no, jamás ridículo.

 

¿De qué me pierdo al no tomarme selfies?

Foto: Google Search bajo busqueda "Selfie"
Foto: Google Search bajo búsqueda «Selfie»

En esta época en que la compulsión por el protagonismo ha hecho de una foto propia algo no sólo cotidiano, sino necesario, es fácil despotricar en contra. Sin embargo, queda la pregunta en el aire: ¿habrá algo mejor que el reconocimiento externo?

No soy de selfies, empezando por el nombre. Luego, según los usos y costumbres, hay que hacerlas públicas en Twitter, Instagram y/o Facebook. El asunto me parece ridículo: primero meterse al baño, de frente al espejo, tomar el celular, parar la trompa, hacer click y, por supuesto, compartir en redes. Luego sentarse (en el excusado, para aprovechar el tiempo) a esperar los likes. Si en cinco minutos recibo unos 20 significa que sí existo, que pertenezco. Si no llego a ese número mínimo de alcahuetes que validen la imagen, la angustia crece. El antídoto es la insistencia: volver a disparar la cámara.

Quizá yo sea de otra generación, cuando tomar fotos era un asunto serio porque no había inmediatez y además implicaba un costo económico: primero el rollo y luego el revelado. El resultado llegaba días después en impresiones guardadas en un sobre. Además no comprometía el pudor. Sólo la familia veía las instantáneas de Navidad, sólo un puñado de personas podía verme alcoholizada, intentando un striptease sobre la mesa, o descubrir al macho de mi tío en tacones, saliendo del clóset ante la parentela. Hoy, la autoimagen de esa misma fiesta no cuesta nada y en cuestión de segundos la ve mi pareja (quien no imaginaba que su mujercita practicara en público el arte de quitarse la ropa), y la esposa de mi tío (quien por fin descubriría al ladrón de su bilé).

Esa es la clave. Como diría mi abuelita, ya no hay valores. Es decir, gracias a las selfies se ha perdido el poco buen gusto y decoro que quedaba en el mundo. Uno tiene que ver, de pronto, cómo Kim Kardashian presume unas nalgas imposibles, Madonna muestra su vello axilar, Paris Hilton hace una duck face igual a la de mi vecina gorda. Y, claro, el clímax de esta moda con Ellen Degeneres y sus oscareados amigos: aunque hayan roto récords, la verdad es que salen con la misma sonrisa idiota de cualquier persona que se hace una selfie colectiva.

Por supuesto, la gentebien” tampoco se salva. Obama abrazado a su colega danesa es exactamente igual de insulso que los escolapios que sabrosean a la compañera guapota (y si no me creen, pregúntenle a la ofendida Michelle). La diferencia es que Obama se la saca (la foto, digo) en el funeral de Mandela y los adolescentes en Chapultepec, si bien les va.

En la intimidad de casa también aflora la ligereza moral de muchas. Ésas que no se animaban a llamar a un fotógrafo para mostrarse desfloradas en la tina, ahora se fotografían ellas mismas las siliconas mientras juegan con el patito de hule o algún otro juguetito (como aquel glorioso buzo de Almodóvar, que se pierde en las intimidades de Victoria Abril en Átame). Pero nadie se llame a engaño, que no es un tema femenino. Entre hombres destacan los aspirantes a guapos (quizá nunca dejen de ser sólo aspirantes) que presumen sus bíceps y su torso desnudo, aunque se parezcan más a Justin Bieber seduciendo a la cámara. Y cuando digo que se parecen es en lo patético.

Sin embargo, esa exaltación de lo estrafalario al final puede resultar atractiva. Asumir la bufonada de ir por la vida tomándose fotos cool (cualquiera que sea el significado de esa palabra transgresora), resulta liberador. Si se han de burlar de mí y seré el hazmerreír colectivo, prefiero escoger yo la caricatura de mi deshonra, aprovechar el decoro de elegir el motivo por el que seré el escarnio de mis amigos. La causa puede ser variada, por ejemplo, cursilería (¡les fascina que salga con mi perro chihuahua!), vulgaridad (amo retratar mis nalgas) o afanes de pretensión (sólo muestro fiestas bonitas y viajes ídem con gente ídem). Nadie obliga a nadie a presionar el obturador. Es decir, cada quien escoge su veneno por gusto: cada uno se toma fotos en cientos de poses, para compartir sólo aquella en la que se quiere reconocer porque ostenta la promesa de gustar a los demás.

Lo fascinante es que mientras más arriesgada se desee la imagen, más reveladora puede resultar: por un lado está lo que se busca decir y, por otro, lo que ve el resto. Entre patética y carnavalesca, Miley Cyrus muestra mil veces su lengua de niña mala y sólo motiva a practicarle un exudado faríngeo. Enrique Peña Nieto se toma una selfie con Carlos Slim como prueba de su buena relación, aunque lo que interpretamos es que todo México es territorio Telcel. En tanto, lo notable de la imagen de los panistas Ernesto Cordero, Mariana Gómez del Campo y anexos es la cortedad de brazos de la susodicha al tomar la imagen. Pretendía ser una escena divertida del adiós de Cordero al Senado, pero presenta a Mariana como un dinosaurio azul de cara inmensa y brazos insuficientes. Lo demás es lo de menos. Asimismo, alguien sube testimonios de joyas o viajes exóticos en busca de reconocimiento social y lo más probable es que se gane la etiqueta de ladrón, narco o líder sindical (valga la redundancia). Para muestra ahí está Paulina Romero Deschamps, heredera del caudillo del sindicato petrolero, en su jet privado. Su ostentación resulta casi enternecedora.

De esa manera, llenar Facebook y Twitter de fotos propias es como hacerse una chaqueta mental con público. Y si la masturbaciónn tiene su encanto, la exhibición le suma aún más puntos, sobre todo si involucra los aplausos de amigos y desconocidos.

¿Hay algo más deseable que autosatisfacerse y encima ser celebrado por nuestro buen desempeño? No sé, pero suena complicado superarlo. ¿Será que al no ser de selfies he vivido en el error?

-Julia Santibáñez

(texto originalmente publicado en la revista SoHo de mayo, 2014)

La triste felicidad de terminar un libro de Fresán

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«El final de un libro es como un suspiro. Por eso Forma suspira cada vez que termina un libro. Llegar a la última página produce una suerte de triste felicidad. Felicidad por saberlo todo sobre una historia y por sentirse capaz de creer en personajes con una intensidad con la que nunca se creerá en las personas. Tristeza porque la historia no sigue. Entonces sólo queda volver a empezar. Forma recorre los estantes. Elige. Evalúa el cálido y confortable peso del artefacto en sus manos. Y —cuando sus ojos comienzan a correr por la primera página— no puede evitar la sensación de sentirse en terreno conocido». -Rodrigo Fresán, Trabajos manuales (Planeta Biblioteca del Sur).

Más allá del coincidir con el fragmento estoy alucinando con este volumen, que el argentino Fresán publicó en 1994. Subyugada por el riesgo atinado de sus Jardines de Kensington, aunque no satisfecha con sus Vidas de santos, hace meses busqué todo lo que hubiera de él entre libros de viejo del Parque Rivadavia, en Buenos Aires (quería Historia argentina, su primer título). Sólo encontré éste. Difícil de definir, es una suerte de compendio de textos que van a caballo entre el relato y el ensayo. De lo mejor que he leído este año, arriesgado en fondo y forma, me obliga a volver las páginas para saborearlas de nuevo, como el niño que relame el papel que envolvía su chocolate. Es de los libros que me dejará particularmente triste y feliz cuando lo termine, momento que estoy posponiendo hasta el ridículo.

En mil en mí

 

Foto: Ilker Goksen
Foto: Ilker Goksen

Otro #MiércolesDePoesía está aquí. Con él llega este poema en prosa, que espero le diga algo a cada lector:

«soy penetrada muchas veces simultáneas primero por tu voz dice lo que me quieres de par en par hendir la grieta y hacerla más y luego tus manos me entreabren la carne sacan sus jugos para así la lengua entre los muslos les busca el alma y me ay también tu sexo tieso como tieso y duro come de mí se alimenta de zanjarla taladra la agrandar y me ay de tanto penetrada se ha en mil en mí»

-Julia Santibáñez

Palabra del día: antología

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Una antología es un compendio de obras literarias, pero lo que enamora es su etimología. Según el volumen Sorpresas en palabras, de Krystyna M. Libura y Gabriel López Garza (Ediciones Tecolote) viene del griego ánthos (flor) + logeia (colectar). Es decir, literalmente significa «colección de flores», luego su significado se expandió para nombrar un conjunto de poemas y, más tarde, de cualquier género literario.

Me parece bellísimo concebir los poemas como flores, muy a la manera de Netzahualcóyotl y los demás poetas prehispánicos: para decir «poesía» usaban la expresión compuesta «la flor y el canto», en una certerísima analogía que equipara la belleza, la fragilidad y la eternidad de ambas creaciones.

Pues sí, coincido: los poemas son flores, las flores son poemas.

 

¿Borges por kilo?

 

Cuadros: Tute
Cartones: Tute @Tutehumor

Hace tiempo subí esta genial tira del argentino Tute. Ahora que Nélida me lo menciona vuelvo a él y en su página web encuentro estos dos cartones, relativos a la presunción que rodea las Ferias del libro y a la relación autor-editor. Es realmente bueno, perfecto para aceitar de humor una semana que arranca. #LunesDeMonos

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Escribir es como hipnotizar

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«El reportaje es un cuento que es verdad», dijo García Márquez a su auditorio. «Tiene el dato humano que le falta a la noticia». 

Luego añadió que con su libro Noticia de un secuestro, próximo a salir a la venta en aquel 1995, iba a demostrar que el reportaje era «más fantástico que cualquiera de sus novelas». Lo escuchaban, embebidos, 12 periodistas hispanoamericanos que tomaban un taller sobre crónica, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano creada por el Nobelista. Lo cuenta Andrés Grillo, editor internacional de la revista SoHo, en «Mi taller de periodismo con Gabo», que forma parte del muy sentido «Adiós a García Márquez» publicado este mes por SoHo México. Grillo cita también estas palabras limpias: «La escritura es una forma de hipnosis. Por eso hay que ir en puntillas, con mucho sigilo, para no despertar del trance a quien tiene agarrado». Sí, la página/ pantalla en blanco implica un reto descomunal: hay que escribir sobre los truenos, huracanes y terremotos que suceden adentro de la piel, pero hacerlo sin demasiado ruido, sin violentar el proceso hipnótico. Así es como se construyen las historias que realmente significan algo para quien se enfrenta a ellas.

La historia del arte en (literalmente) tres palabras

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«Ves cosas y dices, ‘¿Por que?’. Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ‘¿Por qué no?'». -George Bernard Shaw

Encuentro esta cita mientras releo un ejemplar viejo de la revista argentina Ñ. Detengo la lectura, quiero dejar que esas palabras maduren por dentro. Me parecen un resumen irrebatible de la historia del arte: todo ha partido de geniales ¿por qué no?.

Las palabras necias de Jaime López

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(da click en el enlace para oír la canción)

«Componer es un ejercicio de elección, de erección. Es literal: yo tendría unos 13 o 14 años, empezaba a estudiar guitarra y de pronto, así nomás, compuse una cancioncita. Fue una sensación sexual tan fuerte que de inmediato me masturbé. Hoy todavía le hago esa prueba de admisión a las canciones: tienen que generarme una emoción sexual, una sorpresa, divertirme…».

Jaime López es pieza central del rock mexicano, músico y escribidor de canciones, una de las voces más ricas que conozco. En un bar de la colonia Portales platicamos frente a unas cervezas, nos reímos, hablamos de su carrera, de música, de libros (ambos pasamos por la carrera de Letras, en la UNAM). Buen conversador, con un mundo interior cargado de atmósferas, cuenta que a fines de mayo saldrá a la venta su nuevo disco, Palabras necias, el número 13 de su carrera. Lo compuso en torno a refranes, «nada nuevo: ya lo hacía el poeta François Villon en el siglo XV».

Luego dice que, ya teniendo escritas las 15 canciones, fue a grabarlas a un estudio sólo para poder registrar los derechos. Fue algo sencillo, sin pretensión. «Se oye el rasgueo, la respiración de la guitarra». Después entraría al estudio a hacer la grabación en forma, producida, pero cuando oyó las canciones en crudo, como el pan que acaba de salir del horno, supo que así quería el disco. Llamó al ingeniero de sonido para pedirle no tocar nada. Divertido, añade: «Y para seguir con la idea del pan, el papel de la portada será de estraza, arrugado. Así hago honor a mis propias arrugas». Entonces saca de un fólder la letra de las 15 canciones y me las regala, dedicadas. Los títulos sugieren: «Es tan poco el amor» (el sencillo que se puede escuchar en la parte superior de este post), «No hay mal que por bien», «Los caballeros no tienen memoria», «A la vejez, viruelas», «Donde hubo fuego», «Quien con lobos se junta».

La noche es perfecta.

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Garcilaso pop

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(da click en el enlace para oír la canción)

Para celebrar el viernes, como de costumbre, mi apuesta es musical. En este caso propongo el «Soneto V» del español Garcilaso de la Vega, en versión pop del también hispano Miguel Bosé, incluida en el disco Por vos muero (2004).  Bosé sólo retoma los tercetos finales pero aquí está el poema entero, que es un lujo.

Aunque a ambos personajes los separan unos cuantos cinco siglos, la amistad funciona.

*se va tarareando «por vos he de morir y por vos muero»…

«Escrito está en mi alma vuestro gesto,/
y cuanto yo escribir de vos deseo;/
vos sola lo escribisteis, yo lo leo/
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.//

En esto estoy y estaré siempre puesto,/
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,/
de tanto bien lo que no entiendo creo,/
tomando ya la fe por presupuesto.//

Yo no nací sino para quereros;/
mi alma os ha cortado a su medida;/
por hábito del alma misma os quiero.//

Cuanto tengo confieso yo deberos;/
por vos nací, por vos tengo la vida,/
por vos he de morir y por vos muero».

 

Sebastião Salgado y el vínculo con otros

Fotos: Sebastião Salgado
Fotos: Sebastião Salgado

Es el tipo de artista que me fascina. Su trabajo no sólo es técnicamente impecable y estéticamente hermoso, sino que además toca fibras internas, sacude el polvo que se acumula por dentro. Estas fotos de Sebastião Salgado son muestra de ello: bellísimas, me permiten asomarme a un mundo que aunque parece distinto al «mío», al final es en todo similar. Los retratados son personas como yo, sienten el dolor igual, se emocionan, desean, buscan ser aceptados, se angustian, tienen ilusiones, imaginan.

En una entrevista publicada recientemente en El País, el fotógrafo brasileño dijo que cuando hace años quiso fotografiar a las comunidades indígenas de su país, encontró que son muy desconfiadas de los occidentales. Para conseguir su objetivo pasó mucho tiempo entre ellos, les explicó lo que quería hacer y acabó tanto escuchando sus historias como contándoles otras que les interesaban «porque me lo pedían». Es decir, encontró que la palabra es vínculo entre seres humanos.

Al final es más lo que nos une que lo que nos separa.

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La mancha de púrpura de tu deslumbramiento

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Aquí va uno de mis poemas preferidos de la vida: «La mancha de púrpura», del mexicano Ramón López Velarde. Lo leí por primera vez hace unos 20 años y me pareció de una sonoridad impresionante, cuajado de luz y tenebroso al mismo tiempo, de hondo perfume. Cada vez que lo releo me sigue deslumbrando, es un auténtico monumento. Así inauguro éste, el primer #MiércolesDePoesía del mes.

«Me impongo la costosa penitencia
de no mirarte en días y días, porque mis ojos,
cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia
como si naufragasen en un golfo de púrpura,
de melodía y de vehemencia.
Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles… Yo sufro
tu eclipse, ¡oh creatura solar!; mas en mi duelo
el afán de mirarte, se dilata
como una profecía; se descorre cual velo
paulatino; se acendra como miel; se aquilata
como la entraña de las piedras finas;
y se aguza como el llavín
de la celda de amor de un monasterio en ruinas.

Tú no sabes la dicha refinada
que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo
de adorarte furtivamente, de cortejarte
más allá de la sombra, de bajarse el embozo
una vez por semana, y exponer las pupilas,
en un minuto fraudulento,
a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento.

En el bosque de amor, soy cazador furtivo;
te acecho entre dormidos y tupidos follajes,
como se acecha una ave fúlgida; y de estos viajes
por la espesura, traigo a mi aislamiento
el más fúlgido de los plumajes:
el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento».

Cómo vacunar a otros contra la lectura

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Lo terminé hace semanas, pero sigue en mi mesa de lecturas. Es que este libro de Vivian Abenshushan publicado por Sur+ es extraordinario. He regresado muchas veces a él porque resulta asociador de ideas, tanteador de posibilidades, desgranador de matices. «El trabajo destruye el ser» es el tema central de los ensayos de Escritos para desocupados. Vivian (quien fue mi lúcida compañera en la licenciatura en Letras en la UNAM y es fundadora de Tumbona Ediciones) lo aborda desde varias perspectivas, le aplica lentes diversos, pero siempre hilvana de fondo la idea de recuperar el ocio creativo, el tiempo libre de bienestar. Entre la rica madeja de pasajes que subrayé cito éste, sobre la «obligación de leer» enarbolada por las campañas a favor de la lectura, perverso instrumento de la vacunación contra los libros. El hilo de pensamiento es impecable:

«[…] sobrevino entonces la era detestable de los predicadores del libro […] cientos de editores y maestros agradeciendo a toda esa buena gente de la tele que presta su imagen para ganar lectores, aunque en el fondo no les guste leer […] hemos elegido proteger los libros evitando que se lean. Nacido del miedo ante su desaparición, el deber leer es una respuesta histérica que sólo produce una fobia legítima en los lectores. En un prontuario contemporáneo sobre los peligros que acechan al libro, deberían figurar en primer lugar los programas oficiales de enseñanza de la literatura, junto con los resúmenes del Quijote y las lecturas obligatorias (¡y en una semana!) de Madame Bovary. Toda esa penosa esclavitud de la letra le hace más daño al futuro del libro que cinco horas de telenovelas. Cosa curiosa: la esclavitud de la letra promueve el mismo tipo de lectura ciega que alienta el mercado: una lectura veloz, superflua, que aleja al lector de su propio pensamiento (‘no podemos pensar —escribió Connolly— si no tenemos tiempo de leer’.) Los libros son una pasión electiva, no un imperativo. Del mismo modo que a nadie se le puede obligar a soñar o a amar, la intimidad con el libro, dice Daniel Pennac, no es algo que se pueda decretar ni promover a través del yugo».

No puedo estar más de acuerdo: el amor por los libros no se impone, se contagia.

Aquí el link a la recomendable página web de Escritos para desocupados

 

Mira lo que traje del circo…

Cartones: Burda
Cartones: Burda

Arranca una nueva semana y, con ella, el trabajo intenso, la adrenalina, los retos. Para inaugurarla con una sonrisa, aquí van unos dibujos del argentino Burda, cuyo humor sin pretensiones hace bien en el #LunesDeMonos. Cada uno de ellos es un pequeño cuento, rico en personajes, planteamiento, nudo y desenlace. Una prueba más de que los ilustradores son narradores, aunque no lo sepan.

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Mi adolescenta y las palabras como anuncio de vuelo

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Mi personaja, mi guerrera favorita, mi preciosa, la misma que vale su peso en oro, escribió esta frase en la pared de su cuarto: «A veces tienes que caerte para aprender a volar». Me fascina ver que usa palabras como piedras sobre las cuales poner el pie para cruzar el río, como suelo firme para no dejarse llevar por la corriente, no ceder ante la inercia. Me encanta lo que implica, el hecho de que vea sus cicatrices de vida como anuncio de algo mejor.

Decir que la admiro es poco. Es mi heroína absoluta. Y además se me concede el privilegio único de verla levantar vuelo a pesar de lo húmedo de sus alas.

 

 

Cuando me muera

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«-¿Cómo te gustaría morir?

-Ojalá que cuando Dios me llame esté yo haciendo el amor o tocando la guitarra en el stage«.

Eso dijo el músico de origen mexicano Carlos Santana, personaje extraordinario, en una entrevista que, «por genuina, fue de agradecerse», dice el periodista Octavio Rivera. La leo en un ejemplar viejo de la desaparecida revista Gente. Y si bien toda la charla deja aroma a espiritualidad (que no es mi tema favorito), la verdad se disfruta mucho.

Ante la misma pregunta, seguro yo no diría «cuando Dios me llame», pero sí coincidiría en ojalá esté yo haciendo el amor, perdida en un abrazo que valga por muchas muertes. Como segunda parte, mi respuesta seguramente añadiría un largo listado: ojalá esté abrazando fuerte a mi hija, esté platicando con mi familia y amigos, esté poniendo punto final a un poema, esté embebida en un paisaje boscoso… Aunque, pensándolo bien, no importaría tanto ese instante si el resto de la vida lo dediqué a eso. A lo que realmente vale la pena.

Tan inútil como el erotismo (e igual de necesario)

Foto: Julio Moreno Casillas
Foto: Julio Moreno Casillas
John M. Coetzee y Paul Auster. El primero, Premio Nobel 2003. El segundo, Premio Príncipe de Asturias 2006. Más allá de eso, juglares de palabras, creadores de personajes, ambientes, aromas. Se encontraron en Argentina, en la Feria del Libro del Buenos Aires, pero antes fueron a la Universidad de San Martín, a recibir doctorados Honoris Causa.
En San Martín, Auster se hizo esta pregunta fundamental, que muchos nos hemos formulado: “Qué sentido tiene el arte en lo que llamamos ‘mundo real’. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento, nunca evitó que una bomba [cayera] sobre civiles inocentes”. Luego añadió, según la revista Ñ: «En otras palabras, el arte es inútil. Pero qué tiene de malo la inutilidad. Yo sostengo que el valor del arte consiste en su inutilidad. Es lo que nos define como seres humanos, hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo”. Lo suscribo por completo. La literatura es inservible, ociosa, tanto como esas otras sutilezas que disfrutamos porque sí: el erotismo y la música, las caricias, los amigos, las carcajadas. Así de inútil. Pero que alguien trate de explicar lo que somos sin ellas.
(texto originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio de la revista SoHo).

 

La palabra se forma en un sitio tibio y rojo

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Día libre a mitad de la semana: abro los ojos tarde, abrazo a quien más me quiere y jugamos entre las sábanas. Es una transgresión multiplicada. Aunque a estas horas ya estaría en la oficina, hoy celebro la mañana con todos los sentidos. Se me forma dentro un río de palabras.

Luego leemos juntos, nos abstraemos en mundos diversos pero tocándonos las rodillas. Yo me hundo en la novela de Cristina Rivera Garza, El mal de la taiga (Tusquets) y encuentro este fragmento, profético: «Recuerdo los labios, el movimiento sutil de sus labios. Recuerdo, sobre todo, la manera en que se cerraban y abrían, en cámara lenta. Como si cada palabra tomara años en hacerse allá adentro, en algún sitio tibio y rojo de sus órganos, para salir, luego, a toda prisa, desasida de sí».