De camino a Estambul, quien más me quiere y yo pasamos por Nueva York, ciudad a la que me unen muchos afectos. En el día escaso que tenemos entre conexión de vuelos logramos ir al necesario Museo Metropolitano, el MET. Vemos una exposición hermosa sobre caligrafía china y otra sobre el diseñador de moda Charles James, donde encuentro esta frase que aplica perfectamente a la escritura: «There are not many original shapes or silhouettes— only a million variations» («No hay muchas formas o siluetas originales, sólo un millón de variantes»).
Así es: todo ya se escribió, lo plasmaron las mejores plumas, pero quedan las miles de opciones de decirlo de otra manera. Ahí radica la posibilidad de quienes escribimos.
Despedida
Me voy de viaje. De hecho, ya estoy volando con destino a Turquía, esa tierra cargada de historia que «tiene una belleza tan insólita que parece irreal», según Théophile Gautier. Es un viaje largamente esperado, a un suelo codiciado desde el fondo del alma y al lado de quien más me quiere.
Si puedo subir alguna entrada a este blog lo haré, pero veo difícil poder postear regularmente, de modo que declaro inaugurada una quincena de vacaciones en este espacio. Voilá.
La masturbación y la literatura se parecen, dice Fabio Morábito

Estamos en su sala. Nos acompaña una planta enorme, que estira el cuello para atrapar el sol. Conversamos sobre El idioma materno, publicado por Sexto Piso: comprende textos breves sobre la lectura, la escritura, el lenguaje. Siendo adicta a las tres actividades, lo disfruté como enana (dicen que son voraces). Mientras Fabio habla con las manos lo siento relajado. No se apura a contestar mis preguntas y a veces me formula alguna, pero retoma el hilo, conversador delicioso. Aquí, cinco momentos de la plática que también disfruté como enana.
1. Autodefinición. Cada vez es más común encontrar gente que se presenta como «poeta», pero ésa no es una profesión. Uno sólo hace poemas. Aunque cuando digo «soy escritor» ya me parece exagerado, no he encontrado otra palabra, una que englobe lo que hago. Quizá podría ser una frase, algo como «operador verbal».
2. Escritor y traidor. La oralidad es colectiva pero la escritura es solitaria, pone una barrera. Los niños no entienden por qué no deben interrumpir a quien está reclinado sobre un papel. Y luego están esos signos que parecen sustituir la vida, que de hecho la sustituyen. Por eso, la vergüenza del escritor descansa en que traiciona, sacrifica la comunicación. Además, su trabajo tiene prestigio, como si fuera una especie de sacerdote que sabe cosas ocultas. Este oficio también se vive con culpa por cargar esa mentira.
3. Hábitos de lectura. En general señalo lo que me llama la atención en un libro, una frase que yo tenía a medias pero que ese autor cuajó como había que hacerlo. Es como apropiarme sus palabras, porque el subrayador se vuelve un segundo autor del texto. En El idioma materno narro que, estando en una biblioteca, tomé un libro mío para verificar un dato. Estaba todo rayado, pero no estuve de acuerdo con quien lo hizo. Pensé: ¿por qué destacó eso sin importancia y dejó de lado esto otro, que funciona bien? Éste es un tema sobre el que todo el mundo tiene una opinión, porque todos subrayamos. O queremos ser subrayados.
4. Imaginación. La literatura y la masturbación tienen un punto en común: ambas implican fantasear. Han sufrido épocas de gran condena pero su peligro no radica en el desahogo orgásmico ni en la obra literaria, sino en el hecho de que abren la puerta a la imaginación. Y, según algunos, quien la practica puede enloquecer cualquier día.
5. Libro deseado. En general, cuando leo un libro que me apasiona pienso «pude haberlo escrito yo», siento como si alguien se me hubiera adelantado. Por ejemplo: De ratas y hombres, de John Steinbeck, me ha marcado mucho y me gusta decirme que si él no lo hubiera creado, tarde o temprano lo hubiera hecho yo, aunque por supuesto sé que no es verdad.
Aquí puedes leer un adelanto de El idioma materno.
(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).
Mínima tarjeta de presentación

Me piden que redacte un texto sobre mí, sobre lo que hago. Esto es lo que mandé: «Lectora obsesiva, me gusta opinar de lo que leo y también de otros viajes que me pierden de cotidiano, como el sexo y el amor. De día soy editora de revistas, pareja de quien más me quiere y mamá de una adolescenta que me desborda los ojos, pero cuando cae la noche borroneo poemas. Escribo lo mejor que puedo. Y puedo poco (pero igual lo disfruto)».
Esto pasa cuando uno choca con la luna
Ayer platiqué con Fabio Morábito, poeta, narrador y traductor a quien admiro desde hace años. De hecho, en Caja de herramientas, primer libro suyo que leí, escribí la fecha: «1996».
En la sala de su casa, amable desde las entrañas y con una sonrisa que sabe auténtica, me ofreció el regalo de una charla afable sobre libros y el vicio de escribir. En la plática mencionó un poemita del mexicano Carlos Pellicer, cuya luz no puedo dejar de compartir en este #MiércolesDePoesía:
El buque ha chocado con la luna./
Nuestros equipajes, de pronto se iluminaron./
Todos hablábamos en verso/
y nos referíamos los hechos más ocultados./
Pero la luna se fue a pique/
a pesar de nuestros esfuerzos.//
(De Exágonos)
Lo que viene siendo un poema de madera
«En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche», escribió Pablo Neruda en Confieso que he vivido.
Lo cita Ricardo Miranda en una conmovedora crónica en la revista SoHo de este mes. En ella habla de Rodrigo Parra, chileno de Isla Negra, hogar de Neruda por años. En «Historia de un capitán y su barco en tierra», el autor narra cómo este expublicista convirtió su casa en un navío, lo llamó La Nave Imaginaria y consiguió que la Armada chilena le diera certificado de navegabilidad y permiso de zarpe… aunque esté en tierra. Es decir, este niño de 43 años se niega a dejar de lado los juegos de piratas y construye un buque para habitar su aventura. Su envidiable Nave Imaginaria es algo así como un poema de madera, que a Neruda le hubiera hecho sentido.
Hoy mi casa me parece menos juguetona que nunca.
Actualización 23 de julio de 2014: El propio Rodrigo Parra, protagonista de esta historia, pasó por este espacio y dejó un comentario que puedes ver abajo y que agradezco en el alma. Da click aquí para ir al sitio web de la Nave Imaginaria. Salve, capitán.
La humedad desprende sabor a miel
(da click en el enlace para oír la canción)
Para reunir ánimos en este lunes, va este tema movedor de la española Bebe. Se titula «Como los olivos» y destila una sensualidad que remite a bendito fin de semana y se queda pegada a la piel.
«[…] Te robaré algún cabello/
Para amarrarlo a las trenzas de mi pelo./
Y si te vas me iré contigo/
Sin movimiento nos perderá el tiempo.//
Sobre las caderas se mueve mi falda/
Con el tintineo de tu risa y tu jaleo./
Y al volver la noche me tendrás mimada/
Bajo una luna de cenizas plateadas//.
[…] Yo soy del sur, tú eres del norte/
No hablamos el mismo idioma/
Pero haremos que no importe […]».
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La contradicción como forma del conocimiento: Auster
Fue una noche de alcoholes, baile y disfrutes varios con quien más me quiere y con amigas que son mi familia elegida. Hoy, en la cama de domingo me visita Paul Auster. Entre cobijas, con un leve dolor de cabeza pero contenta, escucho con ojos bien abiertos su Invención de la soledad. Auster y yo nos reencontramos motivados por Borgeano y Javier, amigos mutuos. Nuestra relación va por buen camino, sobre todo gracias a pasajes que me regala, como éste sobre su padre:
«The rampant, totally mystifying force of contradiciton. I understand now that each fact is nullified by the next fact, that each thought engenders an equal and opposite thought. Impossible to say anything without reservation: he was good, or he was bad; he was this, or he was that. All of them are true. At times I have the feeling that I am writing about three or four different men, each one distinct, each one a contradiction of all the others. Fragments. Or the anecdote as a form of knowledge. Yes.»
[Traducción mía: «La fuerza desenfrenada y desconcertante de la contradicción. Ahora entiendo que cada hecho es anulado por el que sigue, que cada idea engendra una opuesta y equivalente. Es imposible opinar sin reservas: era bueno o era malo; era esto o era aquello. Todas ellas son verdad. A veces tengo la sensación de estar escribiendo sobre tres o cuatro hombres diferentes, cada uno distinto, cada uno en contradicción con los demás. Fragmentos. O la anécdota como una forma del conocimiento. Sí».]
Ahora mismo lo vivo: la luz me lastima los ojos y mi cuerpo resiente el ron, pero nadie me quita la sonrisa. La vida es una paradoja absoluta.





























