«Hay muertos que hacen temblar la tierra»: Tina Modotti

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En 1942 murió en México Assunta Adelaida Modotti, fotógrafa italiana y activista de izquierda. La obra de teatro María Tina Modotti, que se presenta en el Teatro Sergio Magaña de la capital mexicana bajo la dirección de Haydeé Boetto y Gabriel Figueroa Pacheco, aborda su vida estrujante a partir de tres actores y un bello juego escénico creado a partir de grandes maletas, que en coreografía van trazando distintos espacios. El texto de Zaida Rico (quien también encarna a Modotti) se centra en la Tina luchadora social y la enamorada del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, asesinado en los propios brazos de ella y de cuya muerte fue absurdamente acusada. El personaje de Modotti asegura de él en una línea poderosa: «Hay muertos que hacen temblar la tierra».

La obra me gustó pero a ratos el texto me pareció flojo y me hizo falta ver en escena a la Tina también fotógrafa, la artista vital, así como dar más peso al poema que Pablo Neruda le dedicó, que apenas se menciona. Compañeros de ideario político y ambos involucrados en la Guerra Civil Española, el chileno le escribió a su muerte:

«Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.  

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.  […]

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre,
los que de todas parte del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos.
Porque el fuego no muere».  

Hay muertos que hacen temblar la tierra. Sí, como la propia Tina. Qué gusto que el buen teatro nos lo recuerde.

Jaime López reencarna con su Hotel Garage

Portada de Di no a la yoga
Portada del disco

Disponible a partir de hoy en iTunes, el nuevo disco Di no a la yoga tiene el sello del mejor López: buen rock, propuesta inteligente y mucho juego. Frente a unas chalupas con salsa platicamos con él al respecto. Esto nos dijo.

Nueva reencarnación

Di no a la yoga es mi tercer disco con Hotel Garage en los ocho años de historia que tenemos como grupo. «Estoy harto de mí» decía una canción que escribí hace tiempo. Eso me pasa seguido: de pronto me cansa estar solo, a veces me cansa estar con el grupo, otras puedo combinarlos. Ahora quiero ver qué pasa con esta tercera reencarnación del Hotel. Hace poco hice una presentación simbólica a solas en el Teatro de la Ciudad, que cerró un ciclo de cuarentaytantos años en el que estuve presente con o sin orquesta, con o sin disquera. En este momento me quiero clavar con el grupo porque no hay un público de Hotel Garage, debemos generarlo. Quiero abrir espacios de trabajo para nosotros y para otros, ver hasta dónde da.

Los mamones jazzistas

El disco tiene 10 canciones en tres partes. Por un lado hay temas antiguos como «Tu maldición» y «Nordaka», que reformulamos en rock porque no sólo el jazz tiene esa virtud. Aunque así presuman los mamones jazzistas, no les pertenece la improvisación. Nada se crea ni se destruye, sólo me las prestas… Luego vienen tres canciones norteñas, entre ellas «La bestia» y «Sueños sin fronteras», que eran parte de un disco norteño que iba a hacer con un amigo mío y les metimos rock. Las demás son nuevas, como «No soy un virtuoso».

El intraducible Play the music

En Di no a la yoga no me importa el contenido, no le estoy diciendo a nadie que se ponga a practicarla o deje de hacerlo. ¡A lo mejor hasta le hago propaganda! Yo practico mi propia yoga, me paro de cabeza, es más, quería aparecer en la portada parado de cabeza, sería más irónico… Para mí primero está la forma, no el fondo. Si de la forma se deriva contenido qué bien, pero no es lo central. Juego musicalmente con las palabras. En inglés se dice play the music, ese concepto intraducible de jugar con la música. Eso es lo que me interesa. Claro, lo mejor es que forma y fondo vayan de la mano, pero si se polarizan yo prefiero irme por la forma. Suena mamón y sí, asumo que soy mamón, como cuando dejé de fumar: lo logré sin querer y años después descubrí que nunca me había gustado el cigarro, sólo fumaba por snob. Aunque lo snob no se me ha quitado, sí dejé de fumar.

Calle 13 o el Tres Patines

En los 60 y 70 muchos decían que la forma era para burgueses, tener buena ortografía era mamón, lo único importante era el contenido. Obviamente nunca leyeron a Ezra Pound, sólo a Marx… y marx o menos, porque no-estorba-el-griego. Es difícil que el contenido aporte una forma, es más fácil que la forma te dé un contenido. El problema con quienes privilegian el contenido es que pueden banalizar todo, hacer pura demagogia. Eso pasa con Calle 13: tomaron tres clases de métrica y creen que están diciendo las cosas poéticamente, cuando en realidad no dicen nada. Yo prefiero al Tres Patines.

 

(Originalmente publicado en el sitio web de la revista SoHo).

La hermosa novela polaca de sólo dos frases (en traducción de Pitol)

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«[…] cuando después de saciarse de mí intempestivamente me abandonaba, yo pensaba entonces: soy su propiedad, su objeto, por eso prefiere despreciarme en vez de despreciarse, lo odio, pero me odio también a mí mismo, por responder con docilidad a sus deseos, esto me produce placer y cuando experimento el placer no sé no amarlo, por eso me odio […]».

Acabo de terminar Las puertas del paraíso, novela del autor polaco Jerzy Andrzejewski, en la imperdible traducción de Sergio Pitol (Conaculta/ Universidad Veracruzana). El libro, de 1959, aborda un hecho verídico del siglo XII: una expedición de niños franceses se dirigió a Jerusalén con la intención de liberar el sepulcro de Cristo de manos turcas. Por supuesto, la Cruzada de los Niños no llegó a su destino. Unos fueron secuestrados por traficantes de esclavos y vendidos en Egipto, otros se perdieron y murieron en tierras ajenas.

El tema es, de suyo, implacable, pero la amarga novela de Andrzejewski y cimbra por mucho más que eso: entrevera simultáneamente los testimonios de cinco chicos y de su confesor, un viejo que se debate en el conflicto ético de bendecir a los chicos y acompañarlos en su viaje imposible o detener lo que sabe que se convertirá en una masacre inútil. En los testimonios figuran temas universales como el deseo ciego, lo absurdo de la fe, el amor implacable y la muerte liberadora, la verdad que miente y el dolor que atraviesa la experiencia humana. Además, la traducción de Pitol es impecable, como siempre. Y otra particularidad estilística termina de hacerla impresionante: la novela entera consta de solamente dos frases, una que abarca 110 páginas y otra, de sólo cinco palabras.

Me resulta difícil describir una lectura que me conmovió tanto. Sólo atino a decir que me deja una hermosa piedra en la garganta.

El maldito genio de Umberto Eco, al Nobel

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La próxima semana se anuncia al ganador del Nobel de Literatura. La empresa británica Ladbrokes congrega cada año las apuestas de los que la hacen de adivinos en esto y entre los máximos favoritos para llevárselo este año figuran el japonés Haruki Murakami y el nigeriano Ngugi Wa Thiong’O. Otros con posibilidades son la narradora bielorrusa Svetlana Aleksijevitj, el poeta sirio Adonis, el albanés Ismail Kadare, más los estadounidenses Philip Roth, Bob Dylan y ohsorpresa el hispano Javier Marías. Por ahí aparece también Umberto Eco, que en estos días acaba de recibir el Premio Gutenberg porque con sus novelas «introdujo a millones de lectores internacionales en la cultura del libro». A sus 82 años, los 13 mil dólares seguro que no le vienen mal, aunque le vendría mejor el millón de dólares del Nobel.

No creo Eco que se lo lleve pero votaría porque sí, considerando su obra completísima y con muchos acentos y ángulos. Me parece genial El nombre de la rosa y me impresiona su trabajo como semiólogo: en su momento devoré Lector in fabula, La estructura ausente Apocalípticos e integrados. Además, La búsqueda de la lengua perfecta, Historia de la belleza e Historia de la fealdad son libros a los que vuelvo con frecuencia, y es una delicia el nuevo Historia de las tierras y los lugares legendarios. Y encima me gusta su humor un poco amargo, cero intelectual, según cuenta en Así hablan los que escriben (Atlántida) el periodista argentino Alfredo Serra, quien lo entrevistó hace años y se topó con pared. Ante la pregunta de qué quiso decir con El nombre de la rosa, especie de novela policiaca y crónica medieval, Eco respondió: «Nada. La escribí porque ese día tenía ganas de matar a un cura». Luego dijo: «Detesto que me pregunten ‘¿Con qué personaje de sus novelas se identifica más?’. Es una pregunta banal. Tanto, que respondo: Con los adverbios».

Al cuestionarle sobre su libro favorito salió con que: «El que tiene un solo libro toda su vida es un idiota. Yo tengo por lo menos cien» y cuando el periodista le preguntó: «¿Está escribiendo una nueva novela? ¿De qué trata?» vino la respuesta como un látigo: «Mire: si estuviera escribiendo una novela, el tema no lo conocería ni mi propia mujer. Y eso que duerme conmigo. Menos pienso decírselo a usted, que no tiene relaciones sexuales conmigo». Para terminar, esta joya de respuesta sobre la trilladísima cuestión de si desaparecerán los libros de papel: «El libro no morirá por la misma razón que perduran la silla y el tenedor: porque son irremplazables».

Por eso me gustaría que ganara, porque es brillante, plural y hondo. Un maldito genio en todas sus acepciones.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo)

La necedad de escribir

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«No he sido el escritor que he querido, debido a cuestiones sentimentales. Me ocurre que padezco un amor y me vuelvo un bueno para nada. Me entrego entonces a la plenitud. Ni siquiera sé capitalizar la experiencia ni la presencia misma de la persona. Vivo más intensamente en su ausencia. No puedo entonces escribir», dijo el autor mexicano Juan José Arreola en 1980. Encuentro la cita en Los escritores, antología de entrevistas publicada por Proceso, mientras busco (sin suerte) una reflexión suya que recuerdo sobre el tema.

Esto que leo me deja pensando: la escritura es tan huidiza que se esconde tras excusas de todos colores. En mi caso siempre falta tiempo, el trabajo y los compromisos resecan la pluma. Y sin embargo, carajo, sigo escribiendo porque no puedo evitarlo: escribir me es una necedad más incluso que una necesidad.

Cuando un poeta dice «Ven, acuéstate» no se le debe desobedecer

Foto: Lalit Rastogi
Foto: Lalit Rastogi

Con elegancia, el español Luis García Montero pide a su amante recostarse a su lado. Cuando un poeta lo dice así de bonito, ni modo que una mujer educada se niegue, sobre todo si se trata de un #MiércolesDePoesía, como éste.

«[…] Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria
esa inquietud que guardan los que acaban de amarse,
la imperceptible prisa de los labios
que buscaron un cuello donde apoyar su aliento.
Y déjame mirarte, frente a frente,
con estos mismos ojos orientales
que utiliza el amor para observamos.»

-Luis García Montero, «Esa luna color de viejo saxofón»

El pasmo de ser dos (al mismo tiempo)

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«Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo», dijo Agustín de Hipona, el psicólogo que la iglesia graduó como San Agustín para vender estampitas con su imagen. Muchos siglos más tarde, el novelista escocés Robert Louis Stevenson puso en palabras de su doctor Jekyll la revelación: «el hombre no es realmente uno, sino plenamente dos». Y hoy, la autora de este blog señala la sorpresa que le genera este misterio: «soy tan dos, que a veces parezco tres». Oh, hados.

Reinvindicar el vello púbico

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En este mundo de cuerpos en exceso depilados, donde desde hace años a las mujeres se nos exige eliminar todo rastro de vello, en #LunesDeMonos alzo mi voz solitaria para reivindicar la animalidad del pelo corporal a través de este cartón del humorista mexicano Kemchs. Gracias al bombardeo mediático y social, en mi juventud compré la idea de retirarlo de axilas y pantorrillas, pero ahora resulta que también los antebrazos y el sexo deben parecer de bebé, aunque el proceso para lograrlo sea muy doloroso. Y, además, recientemente muchos hombres acuden a clínicas diversas para retirarse el pelo de pecho, espalda, piernas, brazos.

Aquí va mi confesión, para escándalo de los defensores de la ultrahigiene (¿y la eterna prepubertad?): un pecho masculino velludo y un vientre cubierto de pelusa me resultan altamente deseables. Y en el caso femenino sólo soy partidaria de la depilación «a la brasileña» (total) como parte de un juego erótico, no como exigencia cotidiana.

En fin, este buen cartón que sólo debería hacerme reír resulta tener harto fondo.

 

Las nalgas y los libros hacen la vida más bella

Foto: David Photographer

En Internet hay engendros y aciertos de muchos tipos, pero cualquier cosa que en el nombre combine nalgas y libros ya de por sí promete. Navegando por la web tropiezo con este sitio web venezolano, de fórmula audaz: ofrece fotos eróticas de mujeres deliciosas, recomendaciones de libros, artículos de actualidad y algo de poesía. Aunque en principio es un coctel interesante, cada categoría es independiente de la otra: las fotos están por aquí y los textos, por allá. Si me preguntaran, diría que Nalgasylibros se podría enriquecer aún más si de pronto las fotos fueran acompañadas de buenos textos. Y a la inversa.

La imagen que ilustra este post es ejemplo de lo que se puede encontrar por ahí. Es de David Photographer y forma parte de un portafolio tomado del sitio. Al verla me vienen a la mente los versos iniciales de «El fornicio», poema del chileno Gonzalo Rojas, y me imagino a varios murmurándolos de memoria: «Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,/ mi vergonzosa, en esos muslos/ de individua blanca…».

En fin, que Nalgasylibros es una manera feliz de celebrar el viernes entre cuerpos hermosos y literatura. ¿Hay algo más que valga la pena?

Poema de paso sobre un hotel de ídem

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Otro #MiércolesDePoesía llega de improviso, sin avisar. Para recibirlo como se merece, aquí va un poema rico de Vicente Quirarte sobre un tema que nadie podría tachar de ligero. Se titula «Una mujer y un hombre» y se incluye en Puerta del verano. Provecho.

Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,

entrar en un hotel (ese templo escondido

que de ser invocado se aparece)

y amarse a plena luz del día.

 

Pero una mujer y un hombre deben antes

entrar en un cine, aunque jamás se enteren

de lo que pasa en la pantalla

y él mire la pelusa de durazno en su mejilla

y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.

 

O una mujer y un hombre pueden

salir a caminar y que la mano de él parezca

prolongación de la cintura de ella

y que entonces sea mayor la cadencia

del caminar de la mujer,

pues a eso sólo se parece

un barco bogando en altamar

en el umbral de la primavera.

 

O pagar el café ya frío cuando los ojos

y las manos han dicho sí mil veces.

Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,

una mujer y un hombre pueden, finalmente,

entrar en un hotel y darse el cuerpo,

dejar abierta la ventana para que pasen

la brisa caliente de los parques,

el rumor de los que salen del cine,

las campanas golpeando contra tazas,

la débil voz que va diciendo “así”.

Caleidoscopio de la vida real

 

(Da click en el enlace para ver el video)

Este video es puro placer estético, mero derroche de gusto que me regala cuatro minutos en otra dimensión, lejos de ésta. Fue realizado por el usuario myLapse en Barcelona, con una técnica llamada Kaleidolapse, que permite jugar simétricamente con imágenes tomadas en un periodo extendido de tiempo. Es como hacer un caleidoscopio con escenas de la vida real, donde si uno se fija aparecen nubes, edificios, parques y personas, pero el resultado es irrealmente precioso. Como amante perdida de los caleidoscopios, me emociono con esta belleza que va creando una suerte de mandalas en movimiento.

La diferencia entre «sí» y «yes»

Cartón: Rayma Suprani
Cartón: Rayma Suprani

Este cartón de la venezolana Rayma Suprani pone en dedo en la llaga con esto que cada vez más mujeres tenemos (creo) muy claro. ¿Para qué un anillo, un vestido blanco con cauda, una gran recepción? Mejor tener una fiesta diaria bajo los sábanas.

Codiciar la nuez de Adán

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Aquí va un pequeño poema mío que celebra esa delicia de la geografía masculina, con frecuencia pasada por alto cuando se habla de sexo, pero en el juego del deseo exquisita de imaginar, acariciar, chupar, morder, besar. Si Adán hubiera sabido cuánto iba a estar presente en mis fantasías…

 

Quiero tu cuello

ahora

grueso

lamerle la nuez

como áspera es la noche.

Quiero tu cuello

quiero

grueso

lamerle la nuez.

 

-Julia Santibáñez

Lo que viene siendo la güeva mexicana

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La güeva sirve para muchas cosas, se acomoda a múltiples contextos y es la mejor excusa para evitarnos hacer lo indeseado tanto en la oficina (aunque ahí se disfrace de «exceso de trabajo») como con la familia, los amigos o la pareja. Como buena mexicana, eso lo tengo claro desde siempre. Lo que sí me resultó innovador en este texto de Pepe Rojo publicado por NitroPress fue el carácter filosófico profundo de la güeva, ese que nos hace entender que como el destino humano es siempre desear algo más, da lo mismo que liguemos ahora o después, salgamos esta noche o mañana, comamos ahorita o al rato. Aquí va:

«Güeva es un útil mexicanismo que describe un estado particular de pereza. Se malescribe con ‘g’ para denotar el uso impropio, vulgar. Es una grosería, mas no un insulto. Es, como la describe un amigo (practicante, por cierto), ‘una pesadez en la que sientes que los testículos se te derriten y se derraman en el piso’ […] La ‘güeva’ es ese particular estado en el que el deseo no es lo suficientemente fuerte como para movernos hacia el acto. Quizás tengo ganas de ver la película, pero ‘qué güeva salir’. Quizás tengo hambre, pero ‘qué güeva hacerme de comer’. Quizás mi objeto de deseo se aparezca en la fiesta, quizás ir a trabajar acabe con mi incertidumbre económica, quizás si voy sí acabe cogiendo. Quizás, quizás, quizás… La ‘güeva’ hace que el objeto de deseo aparezca como ilusorio, o no tan importante. Es la intuición de que uno nunca dejará de desear, y que por esa razón, a veces se puede descansar […]». Pepe Rojo, «Retazos», Lados B. Narrativa de alto riesgo. Antología 2014 (NitroPress).
Ahora la güeva me resulta aún más querible.

Lost in Translation: «Yucatán» en realidad significa «No te entiendo»

Mapa: Nicolás Sanso (1657)
Mapa: Nicolás Sanso (1657)

 

Encuentro esta anécdota interesante en ese cofre del tesoro que es el libro de Simon Garfield, En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto (Taurus). Ya lo he citado en varias ocasiones y ahí voy de nuevo porque cada tanto regreso a él. Y que luego alguien me diga que las etimologías son aburridas:

«En 1519, cuando se disponía a desembarcar en México, [Hernán] Cortés invitó a varios nativos a su barco para conversar a bordo y preguntarles el nombre del lugar cuyo oro se disponía a saquear. Uno respondió: ‘Ma c‘ubah than’, lo que Cortés y sus hombres entendieron como Yucatán, y así lo pusieron en el mapa. Justo cuatrocientos cincuenta años después, expertos en dialectos mayas estudiaron la historia (que, en cualquier caso, puede que sea apócrifa) y descubrieron que ‘Ma c‘ubah than’ en realidad significa ‘No te entiendo'».

No sé si la historia sea cierta. Lo que no dudo es que es hermosa y divertida.

 

 

 

Dedicado con cariño a «la otra»

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Ana María Rodas es una poeta guatemalteca contemporánea, que descubrí el año pasado en esa tierra por recomendación de un librero. Su sabroso erotismo ha estado de visita varias veces por el blog y hoy enriquece el #MiércolesDePoesía con este poema breve, que contiene una granada.

Cuando se prende a tu boca/

cuando te lame el sexo/

ella/

encuentra/

mis besos.//

El fin de los mitos y los sueños, en Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)

 

Da click aquí para leer un poema sorprendente de Rodas 

Da click aquí para ir a su texto «En vez de semen, palabras»

Da click aquí para leer la entrada sobre Rodas: «Iluminación a dos cuerpos»

Aquí no tenemos estaciones

Encuentro esta reflexión de Javier Martínez Staines, además de creativa, dolorosamente cierta.

Avatar de javierstainesdetintasomos

A veces quisiera que las estaciones del año se presentaran en estas tierras. Que primavera, verano, otoño e invierno tuviesen algún significado. Pero aquí donde vivo, en el altiplano, entre el Trópico de Cáncer y el Ecuador, sólo hay dos variaciones climáticas en el año: la sequía y las lluvias. Aunque cada vez se extiende más la temporada de aguas, en realidad el clima es más o menos parejo en todas las temporadas: algo de calor en el día, algo de frío en las noches.

Para quienes viven al norte, estas líneas serán una blasfemia, porque dirán que no tengo idea de lo que es transitar por días de nieve que se extienden durante meses, con amaneceres discretos y atardeceder constantes. Que los del norte quieren emigrar a donde el clima no es motivo de conversación, más allá de las lluvias tropicales torrenciales que dominan el escenario supuestamente veraniego.

No…

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Mexicanos, a dar «el grito»

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Hoy se celebra en México otro aniversario del inicio de la guerra de independencia. Eso se traduce en la mexicanísima pachanga (fiesta excesiva), con mariachis, comida típica, alcohol, gritos, cohetes y escándalo para «dar el grito» que recuerda el inicio de la lucha. Hasta ahí todo bien, pero rascándole un poco se ve que en realidad es también la manifestación explosiva de qué tristes y cerrados solemos vivir los mexicanos, qué aguantadores (como aplaude el secretario de Hacienda), qué agachados y jodidos.

Octavio Paz lo describió así: «Un pobre mexicano, ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que lo compensan de su estrechez y de su miseria? Las fiestas son nuestro único lujo […] Durante esos días, el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola en el aire. Descarga su alma […] Si en la vida diaria nos ocultamos a nosotros mismos, en el remolino de la Fiesta nos disparamos. Más que abrirnos, nos desgarramos. Todo termina en alarido y desgarradura: el canto, el amor, la amistad. La violencia de nuestros festejos muestra hasta qué punto nuestro hermetismo nos cierra las vías de comunicación con el mundo». (El laberinto de la soledad, FCE)

Esta noche vamos, pues, a desgarrarnos. Luego, daremos «el grito».

La batalla de Benedetti + Viglietti

Foto de portada del disco A dos voces
Foto de portada del disco A dos voces

(Da click arriba para oír la canción)

De no haber fallecido en 2009, el escritor uruguayo Mario Benedetti cumpliría hoy 94 años. Aprovecho la excusa para pedirle que en su propia voz comparta algunos versos que dejó en un disco estremecedor, A dos voces (1985), registro de una serie de conciertos que ofreció en varios países con el también uruguayo Daniel Viglietti, cantautor.

Entre 1978 y 1985, ambos artistas entretejieron música y verso, en un coctel de lo mejor del arte latinoamericano que alza la voz contra la tortura y la infamia. Conocí el disco en 2007, en un concierto de Viglietti en México, donde cantó temas del mismo. Aquí abajo, el poema «Esa batalla», que aparece en la segunda parte de este track. La pregunta final quedó (y sigue hoy) dolorosamente abierta.

¿Cómo compaginar/
la aniquiladora/
idea de la muerte/
con ese incontenible/
afán de vida?//

¿cómo acoplar el horror/
ante la nada que vendrá/
con la invasora alegría/
del amor provisional/
y verdadero?//

¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?//

¿la guadaña/
con el clavel?//

¿será que el hombre es eso?/
¿esa batalla?//

Da click aquí para ir al video del concierto completo.

Da click aquí para leer una nota sobre Benedetti y las ausencias.

Da click aquí para enterarte por qué pusieron La tregua entre las novedades de una librería.

Da click aquí para leer las instrucciones de Benedetti para su entierro.

Alberto Chimal, escritor sin complejos

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El pueblo de los siddopa (literalmente, «Los Que Recordamos») vive escribiendo lo que sucede a su alrededor, con el fin de que las lecciones de la historia puedan ser realmente aprendidas. Registran «cada palabra pronunciada, cada emoción, cada movimiento de sus cuerpos, cada color de la mañana y cada aroma de la noche». Lo cuenta el escritor mexicano Alberto Chimal en el muy rico Gente del mundo (Ediciones Era), respuesta lúdica a las Ciudades invisibles de Italo Calvino y en la línea de las minificciones de Borges. A través de textos breves, el autor de Toluca hace un catálogo de civilizaciones imaginarias desaparecidas (¿o por venir?), cada una de las cuales se caracteriza por gestos cargados de fuerza simbólica.

Según cuenta el propio autor, una primera versión del libro se publicó en 1996 y ahora presenta ésta, definitiva y embellecida, que también incluye la breve descripción de ilustraciones «perdidas», que el lector debe imaginar. Además del pueblo escribano con el que abre esta entrada, en el libro se mencionan muchos otros: los que buscan hablar la lengua que entiende cada órgano del cuerpo, para sanarlo; los que llenan las ciudades con sus muertos; los que se sientan en un lugar y no vuelven jamás a levantarse, abandonándose a la vida; los que viven siempre en estado de trance.

En este país, donde todo el mundo se siente menos, muchos escritores sólo atinan a plagiar (perdón, admirar pasivamente) a las grandes plumas. Chimal las lee, las procesa y crea una nueva propuesta a partir de sus planteamientos, una que dialoga sin complejos con aquellas. Mientras sigo leyendo sobre los siddopa, me encanta que se tome el riesgo y no se empequeñezca: «Su escritura, increíblemente rica y compleja, tiene signos para todas las cosas imaginables y muchas de las inimaginables […] Los siddopa sólo tienen prohibido consignar el acto mismo de escribir. Se cree que buscan evitar la tentación del infinito».

Da click aquí para leer más sobre Chimal

La maldita Margarita de Bioy Casares

Margarita OK

Por su culpa me desperté una madrugada empapada en sudor, con el corazón a tope. No, no había tenido un sueño cachondo, sino uno de terror: imaginaba que era yo quien encontraba a la dulce niña de «Margarita o el poder de la farmacopea», de Adolfo Bioy Casares. Después de leerlo me había quedado dormida y la criatura decidió visitarme en forma de pesadilla. Aunque en general no soy impresionable (Allan Poe adornó muchas noches de mi adolescencia y dormí como si tuviera la conciencia tranquila), el final de este cuento me sacudió.

Lo menciono porque el próximo lunes 15, mientras los mexicanos nos entregamos a los excesos patrios en comida, bebida, estridencia y desmadre, se estarán celebrando 100 años del nacimiento de su autor, una de las mejores plumas de Hispanoamérica. Argentino, casado con la también escritora Silvina Ocampo, íntimo amigo de Borges y co-creador con ambos de obras, antologías y hasta guiones de cine, la obra de Bioy Casares se centró en el género fantástico. Este breve texto suyo es uno de mis favoritos.
«Margarita o El poder de la farmacopea»
Tus triunfos, pobres triunfos pasajeros
(Mano a mano, tango)
No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:

—A vos todo te sale bien.

El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:

—No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.

—El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho —contestaba.

—Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.

—No el triunfo —me interrumpía— sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, si los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivian a no pocos enfermos. Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de «Caras y Caretas», la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano recurre el mundo hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.
Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor. En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.

—Margarita no tiene la culpa.Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.

En Adolfo Bioy Casares, Una muñeca rusa (Tusquets)

(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios dentro del sitio web de la revista SoHo)

 

Aquí cabe el mar

Imagen: CSIRO
Imagen: CSIRO

«¿Cómo pueden meter todo el mar en una fotografía?», se pregunta el escritor Pablo Raphael (no sé dónde lo dice, porque encuentro la cita en una vieja libreta y fue lo único que anoté).

Yo también me pregunto cómo le hacen. Y cómo puede ser que aprieten el bosque entero en aquella foto, las pirámides en otra y, en última instancia, quepa el planeta entero en una imagen tomada en el espacio. ¿Cómo meten sus millones de personas, casas, ovejas y abejas, lagos y bicicletas? Parece cosa de ciencia ficción.

Él, que no resistió la tentación

Pintura: Retrato de un hombre, VIncent Van Gogh
Pintura: VIncent Van Gogh

Constantino Cavafis, poeta para más señas, es amigo de hace tiempo. Sus versos me acompañaron durante la universidad y ahora regreso a ellos para iluminar este #MiércolesDePoesía con la breve estampa de uno que, como todos y como el propio Cavafis, encontraba difícil vivir peleado con la carne. La traducción no me fascina pero a través de ella el poema se sostiene.

Jura

«Jura a cada poco/

empezar un vida mejor./

Pero cuando llega la noche,/

con sus sugerencias,/

con sus ofrecimientos/

y promesas;/

pero cuando llega la noche/

con su fuerza/

al mismo goce fatal de su cuerpo,/

que ansía y busca, vuelve perdido».

C.P. Cavafis, Poesía completa (Trad. Pedro Bádenas de la Peña), Alianza Tres, 1982

Lo que Graham Greene escribió sobre mí

Foto: Improbables Librairies, Improbables Bibliothèques
Foto: Improbables Librairies, Improbables Bibliothèques

«En la infancia todos los libros contienen presagios, nos señalan el futuro, y como la adivinadora que en las cartas vislumbra un largo viaje o el peligro de morir ahogados, los libros influyen en nuestro destino».

Hoy, este blog cumple tres años y con esas palabras del escritor Graham Greene reafirma su vocación libresca, porque los libros y las piezas que los forman, las palabras, son el motivo de ser de todo lo que aquí ocurre. Al final, este espacio no es más que el cuaderno de notas de aquella niña muy lectora que se subía a «su» árbol con un libro y bajaba diferente, marcada.

Muchas gracias por tres años de compañía y conversación.

Lo que el artista se imagina en la cama

Cartón: Kemchs
Cartón: Kemchs

A veces ni en la cama es posible dejar la vocación de lado, como apunta este cartón del humorista mexicano Kemchs. Se me ocurre pensar también en las metáforas que el escritor imagina, los acordes que inventa el músico y los colores que crea en su mente el pintor, mientras cada uno se afana con el cuerpo.

Es mi necesaria dosis de humor para arrancar la semana. A darle en este #LunesDeMonos.