Alegoría de selvas

Imagen 3

En la espesura, un rumor de presa despierta a la hembra. Dos puntos de luz rasgan la noche, acarician la sombra ágil, las patas quebradizas.

Como marea creciente, ojos y más ojos se multiplican, se delirian hasta ser manada que codicia, pupilas legión, una y muchas, observando desde el hambre de una sola.

Cuán similar es mi apetencia. Bestia incontable que me urge las entrañas.

 

-Julia Santibáñez

Lo que me empuja a escribir

Imagen 1

Mentalmente releo la carta que he repasado tantas veces, la que escribí un 19 de enero de hace 30 años, cuando en el hospital mi papá empezaba la guerra contra lo inevitable.

Era una carta desesperada. Le pedía no morirse, aguantar por mí, no dejarme. Le recordaba lo central que era en mi historia, le suplicaba honrar nuestra complicidad, ofrecía mis fuerzas a cambio de sus heridas. Tres meses después fue derrotado, como todos, y me dejó la vocación de llevar su recuerdo conmigo a todas partes, inquieto habitante de mis días.

Esa carta inauguró mis afanes de escribir para realmente vencer a la muerte, cosa que cada día se anuncia más difícil. Pero no cedo en el intento.

Los últimos versos de Gelman

Imagen 1

Según la revista argentina Ñ, éste es el último poema conocido de Juan Gelman, escrito a fines del año pasado en su casa de la colonia Condesa, en la capital mexicana. Es casi una despedida. Me pregunto qué dirá hoy su esqueleto, tan solo.

Verdad es

«Cada día/

me acerco más a mi esqueleto./

Se está asomando con razón./

Lo metí en buenas y en feas sin/

preguntarle nada,/

él siempre preguntándome, sin ver/

cómo era la dicha o la desdicha,/

sin quejarse, sin/

distancias efímeras de mí./

Ahora que otea casi/

el aire alrededor,/

qué pensará la clavícula rota,/

joya espléndida, rodillas/

que arrastré sobre piedras/

entre perdones falsos, etcétera./

Esqueleto saqueado, pronto/

no estorbará tu vista ninguna/

veleidad./

Aguantarás el universo desnudo.//»

Juan Gelman, La Condesa, México, D.F.

28 de octubre de 2013

Aquí el link a Ñ: http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/Juan-Gelman-mo-poema_0_1067293486.html

El vicio de respirar tu aliento

Screen shot 2014-01-22 at 6.01.41 PM

Hay de perversiones a perversiones y ésta es de las más recomendables. Así la canta el porteño Cacho Castaña en un tema viejito, que le viene bien a este día frío en México:

«[…] Vamos a vivir, amiga mía/
que esta noche la ciudad está tan fría./
Vamos a vivir, se va la vida,/
ya no me importa aunque digan lo que digan.//

Quiero que sientas las cosas que yo siento,/
que tengo el vicio de respirar tu aliento,/
del calor de tus manos, de tu voz el concierto/
y el perfume de amor que sale de tu piel/
y está en mi cuerpo. […]»

Sobre una (mala) traducción de Nabokov

Nabokov fotografiado por Yousuf Karsh
Nabokov fotografiado por Yousuf Karsh

«[…] Por el brillo de esas mejillas, por los doce pares de delgadas costillas, el vello en la espalda, la insustancialidad de su alma, esa voz ligeramente ronca, los patines y el grisáceo día […] Por todo esto él hubiera dado una bolsa de rubíes, un balde de sangre, cualquier cosa que le pidieran» -Vladimir Nabokov, El hechicero (Emecé).

Esta niña es antecedente directo de Lolita (1959). Escrita unos 20 años antes, anuncia el tono, las pinceladas y el humor de la obra maestra de Nabokov pero, sobre todo, presenta su exquisito sello. Esto es lo primero suyo que leo en español (he devorado Lolita tres veces y Ada o el ardor una, ambas en inglés) y ahora este «hermoso trozo de prosa rusa, lúcido y preciso». Sin embargo, esta versión hispana (traducida del ruso al inglés por Dimitri Nabokov y de ahí al español por Rolando Costa), es descuidada: basta ver la obvia cacofonía «brillo, mejillas, costillas». Con todo, nada empaña líneas como: «Sabía que no efectuaría intentos contra su virginidad en el sentido más estrecho y rosado del término, hasta que la evolución de las caricias hubiera ascendido, trasponiendo un cierto paso invisible. Él se contendría hasta la mañana en que, riendo aún, ella escuchara su propia sensibilidad y, enmudeciendo, exigiera que la búsqueda de la oculta cuerda musical se efectuara en conjunto».

Decía Monterroso que de leer un buen libro en una mala traducción a no leerlo, prefería lo primero. Así mismo: es una novela imperdible aunque el traductor no lo sea.

Adiós, poeta Gelman

(1930-1914)
(1930-2014)

Te fuiste, doloroso de la sangre, artesano frágil, alquimista del juaneo y el gelmaneo, huérfano de hijo, palabrero exiliado, compañero del dolor tuyo y de todos. Cuánta falta van a hacer esos poemas tuyos que «dan vueltas por el cuarto». Cuánta. Te despido murmurando tu luz:

«Estoy sentado como un inválido en el desierto de mi deseo de ti./

Me he acostumbrado a beber la noche lentamente, porque sé que la habitas, no importa dónde, poblándola de sueños./

El viento de la noche abata estrellas temblorosas en mis manos, que aún no se conforman, viudas inconsolables de tu pelo./

En mi corazón se agitan los pájaros que en él sembraste y a veces les daría la libertad que exigen para volver a ti, con el helado filo del cuchillo./

Pero no puede ser. Porque estás en mí, tan viva en mí, que si me muero a ti te moriría».

de Violín y otras cuestiones, en Juan Gelman, Pesar todo. Antología (FCE)

«Si fuéramos eternos no cogeríamos»: Andrés Neuman

Imagen 3

El autor argentino-español presentó en México su antología de cuentos El fin de la lectura y en entrevista habló sobre las nefastas consecuencias de la eternidad, sobre lo que le haría a Juliette Binoche y sobre su pasatiempo favorito: la autoironía.

Por Julia Santibáñez

Martes, 7:30 p.m. Librería El Péndulo. Colonia Roma. Juan Villoro, David Miklos y Neuman hablan sobre éste, el libro número 17 del ganador del Premio Alfaguara de Novela 2009. Cuentista, novelista y poeta nacido en Argentina y radicado en España, Neuman ahora presenta 25 cuentos bien logrados. Ante unos 100 asistentes oye hablar a sus colegas, se divierte con la lucidez de Villoro, toma notas. Tiene la mirada no perdida, sino encontrada. Luego contesta preguntas del público. Hijo de su siglo, se especializa en cuento breve y en microformas minuciosas como el aforismo y el haikú, pero también se explaya al hablar: ágil, se mueve bien entre palabras. Ante no-sé-qué-pregunta alaba la masturbación. Tiene al público en la bolsa.

Día siguiente, 5:00 p.m. Librería Rosario Castellanos. Colonia Condesa. Ariana, eficaz publirrelacionista de Editorial Almadía, comenta que Neuman lleva desde temprano dando entrevistas. Estará cansado. Le propongo un juego: le leo frases dichas por escritores aquí y allá, luego él reacciona ante ellas. Acepta.

Efraín Huerta: «Soy indisciplinado. Casi nunca corrijo, así que seré siempre un incompleto. Además, me falta Sofía Loren».
Comparto la utopía de tener entre mis manos a Sofía Loren. Quién fuera Marcelo Mastroianni. Marcelo, ¡te odio! ¡Estás muerto y te lo mereces!… Sin embargo, no puedo estar de acuerdo en no corregir. Para mí, escribir es reescribir, mi tercera idea es más compleja que la inicial. Y en cuanto a qué famosa me hace falta, digo que Juliette Binoche. Me suicidaría delante de ella para que dijera: «este idiota se está matando por mí” y reparara fugazmente en mi persona. Es perfecta, un poco oblicua. Cuanto más la miras más te gusta. No es la top model impresionante que has visto antes. Nadie se parece a Juliette, tiene los párpados medio caídos. No sé si está a punto de parpadear, de quedarse dormida o de tener un orgasmo, pero algo interesante le está pasando. Debe ser muy mala persona, porque de lo contrario no debería existir.

Juan Villoro: «La gente se divide entre los que se secan con el lado áspero de la toalla (los hombres de acción, los triunfadores) y los que lo hacen con el lado suave (situados en la imaginación más que en la realidad)».
Por supuesto que me seco con el lado suave, ¡qué necesidad de rasparse! Y si la toalla es gruesa, mejor todavía. No soy nada Clint Eastwood, el macho. No, por favor, a mí denme una toalla suave, no tengo complejo al respecto.

Fabio Morábito: «Algunas personas que me quieren mucho me ubican en una prisión cariñosa. Me dan unas ganas locas de rebelarme, liberarme de esa adoración carcelaria».
Yo adoro a Morábito, es de mis escritores favoritos. Como cuentista y como poeta es grande, así que nunca me decepciona. Y, hablando de mí, mi pasatiempo favorito es la autoironía: jamás he podido tomarme en serio actitudes de idolatría. Me producen una risa genuina, me hacen pensar: «si supieras cómo soy, no habría admiración posible». Tengo tan presentes mis torpezas que no me genera conflicto la adoración por alguien como yo.

Juan Forn: “El escritor es un tipo que se divierte tanto en una fiesta que se va de la fiesta para escribir sobre ella”.
Es una gran verdad, muestra en qué consiste el placer para quien ama leer y escribir. Creo que hacemos ambas por iguales razones, es decir, en el fondo son lo mismo: quien padece el virus de la literatura no disfruta sin narración. Al escribir o leer te plantas dos veces en la realidad: estás en la fiesta y además lees o cuentas sobre ella, pero el resto del mundo cree que te la pierdes. Los asistentes a esa fiesta imaginaria pensarán: «qué aburrido, se ha ido temprano en vez de tomarse el enésimo mezcal» y no saben que el tipo se ha ido eufórico a contar que bebió mezcal. Es otra forma de ebriedad.

Álvaro Enrigue: “Creo que la ginebra da clarividencia”.
El hígado de mi amigo Álvaro tiene más experiencia que yo en estas lides, lo digo con todo cariño. Me he empezado a aficionar a la ginebra, pero ahora en México le estoy entrando al mezcal. Hay tantas variedades que me pierdo, no termino de cursar el doctorado que demanda. He probado cuatro o cinco tipos y me quedan como 700. Prometo aplicarme y regresar cada seis meses a México, para en cinco años opinar sobre el mezcal.

Gabriel García Márquez: “Lo único malo de la muerte es que es para siempre. Lo demás, todo es manejable”.
Claro, no puedo verla de otra manera. Sin embargo, qué deprimente sería la eternidad: si fuéramos eternos no cogeríamos, no beberíamos mezcal ni escribiríamos. Alguien eterno tiene todo el tiempo para aburrirse, porque el placer viene de la conciencia mortal: tratamos de gozar lo que quizá sea la última vez. Sin esa claridad no habría amor ni arte ni nada. En cambio, la resurrección es un negocio bueno. Sabes que vas a morir pero vuelves a empezar: «recuerdo que antes de ser panadero fui samurai» o algo redundante como: «antes de ser narco y, ahora, diputado…».

Adolfo Bioy Casares: “Cuando era muy joven pensaba en suicidarme porque me parecía elegante. Además, tres tíos míos se suicidaron”.
Este tema me repercute de forma familiar porque mi abuelo se suicidó como el personaje del cuento «La bañera», incluido en El fin de la lectura. Aunque lo respeto y me parece un acto libre sobre la propia vida, nunca he tenido esa tentación. Me parece que no es un tipo de libertad que quiera ejercer pero, claro, basta que lo señale para que la vida me dé una razón para contemplarla pasado mañana…

Ernesto Sabato: “No me gusta ser escritor. Preferiría tener un pequeño taller mecánico en un barrio desconocido”.
¿Y por qué no lo hizo? ¿Por qué no fue mecánico, en vez de quejarse durante 50 años? Sabato es un escritor pesadísimo, el arquetipo del intelectual malhumorado. El «Informe sobre ciegos» de Sobre héroes y tumbas es extraordinario, un pasaje de prosa altísima. Mis respetos para quien fue capaz de escribir eso. Por lo demás, sus ensayos me parecen poco interesantes y, a él como autor, lo veo en una perpetua pose atormentada. Sabato tuvo una postura bastante confusa durante la dictadura argentina y luego se dio el lujo de ser la voz de la conciencia nacional. Me parece una figura oscura.

¿Qué te hubiera gustado hacer de no dedicarte a escribir?
Futbolista, lo digo con impotencia. De niño deseaba ser poeta y goleador de Boca Juniors, me parecía lo que una persona decente debía ser, pero una lesión me apartó de jugar: caí mal y me dañé ambas rótulas. Ningún futbolista ha conseguido semejante estupidez, así que estoy muy orgulloso de eso, es lo más original que aporté al futbol. En realidad, las rodillas me hicieron un favor, porque así me dediqué a la literatura: a esta edad sería un mal futbolista jubilado, mientras que ahora puedo ser un mal escritor en activo.

Andrés Neuman: «La masturbación activa la circulación y alimenta la imaginación».
Bueno, dicen que implica un gran riego sanguíneo… y trae a colación algo que me interesa: el duelo. El sociólogo Geoffrey Gorer dice que la represión ejercida antes contra el deseo sexual pasó a ejercerse contra el duelo. La mojigatería sólo cambió de objeto a someter: se enfocaba en el deseo sexual y hoy, que es imposible no visibilizarlo, se concentra en el miedo a la muerte. Ambas cosas, masturbarse y llorar por el ausente, se realizan a solas y con más o menos culpa. Conozco escritores que cuando tienen un bloqueo creativo se masturban. Así que no sólo estimula la circulación y la imaginación, además es una fantástica convocatoria de las musas, aunque éstas sean las manos…

6 p.m. Neuman se despide afectuoso y se va a dar más entrevistas. Mañana toma un vuelo a Brasil. Desbordado en entusiasmos y palabras, me recuerda una frase de su cuento “Principio y fin del léxico”: “Era desmesuradamente feliz sintiendo que tenía todo el lenguaje por delante”. A nadie le queda mejor que a él mismo.

(Publicado en revista SoHo México, enero 2014)

Haikú de mañana fría

Screen shot 2014-01-08 at 10.05.58 AM

«La soledad:

le queda al árbol

sólo una hoja».

-Basho (traducción de José Emilio Pacheco)

Ahí está, en apenas tres versos un instante petrificado para siempre por la pluma de un poeta. Por alguna razón recuerdo el poema en esta mañana que el frío golpea, enojado.

Lo que una foto mueve por dentro

Imagen 4

La gente de a pie resulta la cáscara más dolorosa, más mísera y lamentable de una guerra. Niños exiliados o muertos, civiles que pasan a ser un número, mujeres que llevan el alma en la mirada, pueblos arrasados, milicianos que se juegan el nombre tras un fusil. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), tres fotoperiodistas comprometidos con la República captaron ese rostro anónimo: Robert Capa, Gerda Taro y «Chim» (David Seymour) se movieron por el país y reportearon lo vivido tanto en el frente como en las calles y las casas. Sus fotos se publicaron en medios españoles, franceses, alemanes, estadounidenses. Luego, los 4500 negativos de esas imágenes viajaron de Francia a México, donde estuvieron guardados en un armario hasta hace pocos años, sin que su poseedor conociera lo que tenían tres cajas que le había encargado el embajador de México en Francia.

Hoy, la exposición «La maleta mexicana. Redescubrimiento de los negativos de la Guerra Civil Española de Capa, Chim y Taro», en el Antiguo Colegio de San Ildefonso del D.F., saca a la luz el trabajo de estos iniciadores del fotoperiodismo social, cuyas imágenes sacuden con una crudeza inusitada empapada de estética. La muestra expone ampliaciones de las hojas de contacto e impresiones de algunas fotos y, muy interesante, las revistas donde fueron publicadas, lo que permite atisbar en la visión que la época tuvo sobre las mismas. Al principio y al final, dos salas recuerdan el importantísimo apoyo prestado por México a los republicanos, al recibir a miles de ellos en el exilio.

Los tres fotógrafos, los tres reinvenciones de sí mismos desde el nombre hasta la historia, los tres muertos mientras cubrían batallas, los tres amigos (Capa y Taro, además, pareja), los tres «adictos» a la causa de la República, cada uno es distinto en su acercamiento al dolor. Capa se centra en los combates y deja un sabor de inmediatez y Taro es deliciosamente estética incluso al retratar a los muertos, mientras a Chim le interesa, sobre todo, la vida cotidiana. En conjunto dejan la piel un poquito más delgada, más sensible.

La exposición es muy interesante pero lamento que minimice la historia de los negativos, apenas una mención a la pasada cuando debería ahondar en ese viaje fantástico que parece salido de una novela. Salgo recitando este verso de Moreno Villa, poeta exiliado en México: «Porque temo dejar de ser si olvido lo mío». De alguna forma estas miradas, este dolor, también son un poco míos. Lo que puede hacer una foto.

Las cajas de negativos

IMG_4079

Imagen 3

Imagen 5

Así se ve el tiempo desde arriba

Screen shot 2014-01-10 at 1.52.48 PM

Este cartón del argentino Daniel Paz rebasa por la derecha al filósofo más pintado: vaya manera de encapsular sabiduría. Creo que si Dios existiera, su mayor ventaja radicaría en poder ver desde las alturas. A vuelo de pájaro, un adulto no tiene más relevancia que un niño, no destacan las marcas de ropa y apenas se distingue el color de la piel, los estereotipos de belleza o fealdad son irrelevantes. Además, sí, el tiempo se ve mejor desde arriba. Me voy rumiando este instante de lucidez.

Link al sitio de Daniel Paz http://danielpaz.com.ar/blog/

El afán de callejear (así, tal cual)

Imagen 3

«Mala suerte», tango de 1939, es perfecto para bienvenir el fin de semana, sobre todo en esta deliciosa versión de la muy joven Francis Andreu, el secreto mejor guardado del arrabal uruguayo. Resulta una agradecible cátedra de honestidad, de ésas que hoy poco se dictan: un amante asume la «mala suerte» de andar solo porque no puede dejar la farra. Con esa claridad, para qué se necesita el sol.

«Se acabó nuestro cariño», me dijiste fríamente,/
yo pensé pa’ mis adentros, puede que tenga razón./
Lo pensé y te dejé sola, sola y dueña de tu vida,/
mientras yo con mi tristeza me jugaba el corazón.//

Y apreté fuerte los ojos y cerré fuerte los labios/
pa’ no verte, pa’ no hablarte, pa’ no gritarte un adiós/
y tranqueando despacito me fui al bar que está en la esquina/
para ahogar con cuatro tragos lo que pudo ser tu amor.//

Yo no pude prometerte/
cambiar la vida que llevo,/
porque nací calavera/
y así me habré de morir./
A mí me gusta la farra,/
el café, la muchachada,/
y donde haya una milonga/
yo no puedo estar sin ir.//

Bien sabés cómo yo he sido,/
bien sabés cómo he pensado,/
de mis locas inquietudes,/
de mi afán de callejear./
Mala suerte si hoy te pierdo,/
mala suerte si ando solo,/
el culpable soy de todo/
ya que no puedo cambiar. […]

La carne y las pesadillas

Henry Fuseli, Pesadilla (1781)
Henry Fuseli, Pesadilla (1781)

En el soberbio libro de ensayo Los disidentes del universo (Sexto Piso)Luigi Amara habla del pintor suizo Henry Fuseli, quien se indigestaba para crear: «cada noche, después de guardar un riguroso ayuno a lo largo del día, comía carne cruda ‘en aras de la obtención de sueños espléndidos’, lo cual, a juzgar por las obras resultantes, colmadas de apariciones, figuras extrañas y morbosos efectos nocturnos, conseguía no pocas veces, a expensas de la salud de su estómago». En el caso de este lienzo monumental, impresionante,  el íncubo puede ser símbolo «del peso amorfo que sentía en el intestino». Cuadro e historia me alucinan.

Estoy negada para los placeres de la carne animal. Desde la infancia, un corte grueso o una chuleta de cerdo me producen arcadas. Cuando los probé, me repelieron y aunque no recuerdo si tuve pesadillas me parecería apenas esperable, dado lo mal que me hicieron sentir. En cuanto a la carne humana, en efecto alguna indigesta, marchita, despierta espectros, deja el cuerpo adolorado y como triste. Otra, en cambio, genera sueños que alimentan por dentro, fantasías de dulzor único, visiones que humedecen los sentidos. Ahí sí, que viva la carne.

Las paradojas de una pérdida

Screen shot 2014-01-08 at 10.18.39 AM

Se extravió la llave de casa. Ahora, ella es sólo un pedazo de metal, inútil y solo, y la casa, una caja hermética.

No sé cuál la pasa peor.

Enlibrada en mi día

20140106-174146.jpg

Ayer cumplí otra vuelta al sol y estuve muy abrazada, hasta el grado de sentirme insoportable, absoluto ombligo del mundo. No reseñaré lo que recibí de mi hija, mi pareja, mi familia y amigos entrañables. Eso lo llevo cosido en el alma. Sólo presumo estos dos regalos tangibles de mis queridos Arantza y Rafael: son libros y, por tanto, tema de interés para los lectores de este blog.

El primero, Miscelánea (Ediciones El Viso), no había podido encontrarlo, a pesar de haberlo buscado mucho. Se trata de una guía fotográfica por los comercios del centro de la Ciudad de México, lugar enloquecido de pequeñas tiendas de artículos religiosos, mercados, boneterías, locales de arte popular, changarros de comida, tendajones que venden desde máquinas de coser hasta animales vivos. Ya contaré cuando siga las rutas que las autoras proponen y recorra esos sitios mágicos. El otro, las Clases de literatura de Cortázar (Alfaguara), había querido llevarlo varias veces pero postergué la compra ante el cerro de títulos no leídos que demandan mi atención. En fin, que estoy felizmente enlibrada. No encuentro mejor manera de cumplir años.

Antiácido contra la realidad mexicana

Imagen 1

«Una cerdita jamás olvida al macho que la desvirgó. Sin embargo, me pedía hombres, perdón, cerdos. Me exigía cerdos. Montones de cerdos. Era insaciable. No podía parar. Mientras otras acumulaban abrigos, zapatos, vaijllas, Leonorcita recorría kilómetros y kilómetros de miembro de marrano».

Ésta es mi primera lectura del año y lo que puedo decir es que resulta efervescente. Como un Alka-Seltzer en agua, La marrana negra de la literatura rosa (Sexto Piso) arroja burbujas enloquecidas con las que uno hace caras, pero se vuelven parte del cuerpo y al final atesora porque aligeran la digestión.

Ricamente escrito, este segundo libro del mexicano Carlos Velázquez se compone de cinco cuentos inflamados, que se regodean en el desenfreno: una vestida «bien perra» que quiere operarse la nariz para ser reina del Miss Gay, un músico con síndrome de Down al que sus compañeros quieren quitar lo virgen, una adicta que odia los tamales y a un lado de cuya alma «nunca le pega el sol», un marido harto que se aficiona al club de las vestidas embarazadas, una cerdita cuasininfómana que dicta novelas de amor homosexual. Los personajes repelen por virulentos y a veces su otra vuelta de tuerca parece excesiva, como la de la jota fallida que se suma al desfile gay. El problema es que aunque choquen y sepan mal, se vuelven necesarios. Es porque, igual que las pastillas antiácido, ayudan a tolerar la indigestión de realidad, de esa cruda cotidianeidad que provoca tantas flatulencias como unos tacos de carne de cerdo que flotan en grasa. A fuerza de humor y agudeza, los personajes de La marrana negra… hacen que uno eructe solemnidad pero luego le pierda un poco el miedo a los atracones de realidad mexicana. Y eso se agradece. Mucho.

Aquí el enlace a lo que escribí sobre El karma de vivir al norte, estupendo libro de crónicas del mismo autor: http://wp.me/p1POGd-2qv

Erotismo con sutileza de campo

Imagen 8

Estuve de viaje en la provincia mexicana y una noche recordé vagamente estos versos sutiles. Hoy los transcribo tal como los cita Antonio Gala. Ante la imposibilidad de haberlos escrito yo, los repito como un mantra suculento:

«Dicen que soy tu montura./

Si de ti salgo al campo montada,/

a tu poder me acomodo:/

como una flecha corro cuando metes tu espuela,/

y me detengo cuando tú te detienes.»

(poema árabe citado en El manuscrito carmesí, Planeta)

Esta casa tiene alas

Imagen 4

Jardín surrealista de Edward James. Xilitla, San Luis Potosí, centro de México. Escaleras que van a ningún lado, flores de piedra, verde desaforado donde voltee, serpientes petrificadas, un laberinto de pasillos, ojos y tréboles, el sonido de una cascada que alimenta pozas cristalinas. Éste fue el juego concreto del magnate escocés James (1907-1984), apasionado del arte y dueño de la mayor colección surrealista de su época, mecenas de René Magritte, Salvador Dalí y Leonora Carrington, entre otros.

La selva quiere comerse esta construcción inverosímil, volverla apenas un apoyo para llegar más alto. Según Obed, nuestro guía y «familiar» del chofer y la cocinera de James («de 63 y 71 años», subraya para ser más creíble), el propio dueño de esto deseaba que un día la vegetación cubriera la piedra y el cemento, los incorporara a sus dominios. No falta mucho. La abundancia de agua y la exuberancia del paisaje anticipan que pronto esto quedará tapizado de bromelias, helechos, musgo, orquídeas, bambúes y una suma de especies que no dan tregua. Igual los animales: desde que James tuvo un zoológico aquí, venados, tigrillos, loros, serpientes, insectos y cuantomás toman control de cada milímetro.

Estudiante de Letras en Oxford, poeta y editor del bastión surrealista Minotauro, el excéntrico «tío Eduardo» llegó a América huyendo de la Segunda Guerra, y descubrió este pueblo remoto en busca de orquídeas, su pasión. Además de cultivar la naturaleza, la inmortalizó en arquitectura orgánica y en poemas oníricos con guiños que remiten a Escher, Dalí, Carrington, Piranesi, Varo. A la entrada del lugar, este verso de James: «Mi casa tiene alas/ y, a veces, en la profundidad de la noche,/ canta…». Éste es su poema alado vuelto piedra, donde el verde se oye.

Imagen 3

Imagen 8 Imagen 1

Imagen 5

Me propongo enmendar a Machado

Ilustración: Luc
Ilustración: Luc

En el afán de trazar objetivos para el año que asoma la cabeza, esta ilustración resulta certera en lo que respecta a este blog. En versión Antonio-Machado diría: «Caminante, no hay camino./ Se hace camino al andar». En versión no-tan-bonita-porque-no-soy-Machado dice: «En 2014, mientras trazo cada escalón, no pienso soltar el lápiz». Es decir que aquí seguiré, a través de palabras, consignando avances, tropezones, recelos, dudas, pasmos tanto de mi vida, como de mi escritura y mis lecturas. Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza de hallar otra cosa (no sé por qué me suena esto último).

Buenos augurios

20140101-193825.jpg

Recibo 2014 en este lugar sublime, delirante de verde y agua: la cascada El Salto del Meco, en San Luis Potosí. Para la tarde ya estoy en este otro (abajo): el Sótano de las Huahuas, en el mismo estado, caverna subterránea donde miles de aves se refugian para pasar la noche, en un espectáculo indescriptible. Ahora mismo estoy leyendo La marrana negra de la literatura rosa, de Carlos Velázquez, en el Hotel Posada James, en el bellísimo Xilitla, mientras hija y novio se embeben en sus respectivos libros.
Si el primer día del año anticipa lo que vendrá, el mío será bellísimo, verde, sorprendente, rico, de buenas lecturas y, sobre todo, acompañada de la gente que más quiero y me quiere. Así, venga lo que sea.

20140101-193943.jpg

Chispa potosina

20131231-092701.jpg

San Luis Potosí, al centro de México, es un estado riquísimo. Además de la naturaleza que a cada paso estalla en el bufido de una cascada, en un paisaje
demasiado verde, en un agua tan transparente que no lo creería si no la viera, los potosinos son fascinantes y ocurrentes. Aquí tres personajes que se me quedaron prendados en este fin de año:

1. En un punto perdido de la selva donde vamos a la Cascada Tamul, César nos cruza el río en su lancha y es nuestro guía. Despintada y haciendo agua, la pobre
embarcación de madera lleva pintado el nombre: «La limosina». Me pregunto si él alguna vez vio una.

2. En otro punto igualmente remoto y perdido de todo beneficio estatal, una chiquita se ofrece a ser nuestra guía para llegar a la cascada Puente de Dios. Tiene siete años y se llama Gumersinda pero prefiere responder a «Gume». Es despierta, simpática, presume de subir y bajar los 200 escalones a la cascada unas nueve veces al día. Odia las fotos pero adora a su hermanito, de cuatro: con toda frescura cuenta que eran cinco hermanos pero dos se murieron. ¿Y qué hace con el dinero que gana como guía? «Compro mis lonches en la escuela».

3. A Santos, una anciana desdentada con la misma edad que la tierra y que arrea
ovejas en el campo, estos hijos de la ciudad le pedimos nos explique cuál es la diferencia entre una oveja y un borrego. Con dientes en nones dice: «Ah, muy fácil: una chiva es una chiva y un borrego… pos es un borrego». Más claro, ni el agua.

Mi lista de libros necesarios 2013

20131224-081113.jpg

Algún amigo había preguntado al respecto y mi querido Borgeano me dio esta idea lúcida, así que a punto de cerrar este año, aquí está mi selección de libros 2013, los que ricamente poblaron mis días y noches de universos. No son 10, sino 23+1, contra el afán canónico que en estas fechas propone «los 10 mejores…» de todo. Algunos son novedades, otros no. El criterio que los une es que me sacudieron, me impresionaron, los hice propios y hoy son tan míos como mi pie o mi mano.

Se han vuelto amigos queridos Nicanor Parra, los poetas chilenos de la resistencia, Andrés Neuman, Saul Bellow, Patti Smith, Yuri Herrera, Ana Clavel, Alfonsina Storni, Fernando Rivera, Ana María Rodas, Tennessee Williams, Sylvia Molloy, Alfredo Serra, Héctor Abad, Idea Vilariño, Alejandro Hernández, Juan Gelman, Carlos Velázquez, Aurora Venturini, Francisco Hernández, un genial diccionario de intuiciones, Vladimir Nabokov y Álvaro Cepeda. Sin duda, piso más firme con ellos bajo el talón.

Reflexión bajo el agua

BUCEO 2013 072 Laguna Media Luna. Río Verde, San Luis Potosí. 1 pm. Primera experiencia de buceo. Tras una hora de clase y práctica nos sumergimos. Contra lo esperado, no siento ansiedad ni temor. Al contrario, el paisaje quita el aliento (esto último es una metáfora, por Fortuna). Volteo hacia arriba y veo el agua unos cinco metros por encima. Mucho más abajo, mi hija es una sirena que se olvidó del mundo. Más allá, mi pareja me hace señal de «Ok». Adelante, el instructor va tomando fotos de todo y todos. Aquí, donde el mundo es transparente, ligero y azul, fluyo como si me fuera lo más natural del mundo. Me convendría quedarme a vivir por estos lares.

20131230-093954.jpg

Mi regalo envuelto en moño

20131228-200402.jpg

Río Verde, San Luis Potosí. De viaje con mis dos amores, mi hija y quien más me quiere, disfruto hasta lo indecible compartir días con ellos y llenarme los ojos de México entretanto. Ella y él contentos, yo fascinada, estamos hospedados en estas cabañas-rancho-invernadero (en medio de la nada) que son una aventura. Mañana iremos a bucear a una laguna cercana, en el primer paso de lo que mi hija describió puntual como un viaje «familiar». Ahora mismo, con frío y un coro de grillos al fondo, los tres nos perdemos en lecturas. No puedo amarlos más ni agradecer más el instante. Éste es el mejor regalo que Santa Claus pudo concebir

«Trátame como a las páginas de un libro»

Imagen 1

En estos días aflojerados, en los que la pijama se vuelve una segunda piel, aprovecho para revisitar el Libro de cabecera de Peter Greenaway. Aquí algunas de sus deliciosas reflexiones sobre el vínculo erotismo-escritura:

«La escritura es una ocupación ordinaria, pero aun así qué preciosa. Y si la escritura no existiera, qué terrible depresión experimentaríamos todos «.

«La palabra para el humo debe moverse como el humo».

«Estaba determinada a elegir amantes que me recordaran los placeres de la caligrafía. No podía recordar qué era más importante: un caligrafo indiferente que fuera un excelente amante o un excelente amante que fuera un calígrafo deficiente».

«Trátame como a las páginas de un libro. De tu libro».

Me quedo con esta última frase, como mantra que muerdo entre los dientes ahora que está conmigo quien más me quiere.

Raza de los colores del maíz

Imagen 3

«[Los mexicanos] somos la celebración singular de rituales, de mitos asombrados ante lo indecible y el misterio de la vida, que se visten de fiesta para compartir dudas y certezas. Estamos hechos de todos los colores del maíz; de refranes, canciones y comidas exquisitas; de poemas, voces y gestos de metáforas singulares; de imágenes de Guadalupanas y luchadores; de rituales mágicos y sincretismos religiosos; de creencias en deidades, plantas y animales sagrados e ídolos televisivos… elementos todos que conforman algunos de nuestros rostros y alimentan nuestro imaginario». -Fernando Martín Juez, en Atlas subjetivo de México (Textofilia/ Fundación Jumex).

Esta ricura que me regaló mi querido amigo Javier es uno de esos objetos que dejan el alma contenta. Un atlas subjetivo se antoja por lo no-canónico que implica, pero además la factura de éste es impecable. Se trata de un catálogo de valores que compartimos los mexicanos, de símbolos que nos definen según distintas miradas. Inabarcable, siempre parcial, en él participan fotógrafos, artistas y diseñadores: a varias voces hablan de eso inasible que es la «identidad» y lo hacen a través de fotos de changarros y casas de colores, dibujos infantiles, banderas alternativas, fotos de comida (claro!) y de ambulantes, retratos de «hombres promedio», señas corporales, fiestas y arte urbano, entre otros temas cargados de sentidos, de ecos. Lo concibieron las diseñadoras holandesas Maniek Driesse y Annelys de Vet en colaboración con Analía Solomonoff.

Me encanta recordar por qué amo tanto esta tierra. Cómo no hacerlo con este volumen.