Cuando sales a tirar la basura y la vida te sorprende

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Fabián Casas es un poeta argentino que recién conozco y me tiene fascinada. Me lo recomendó un amigo y aunque lo había buscado en México, no daba con ningún libro suyo. Fue hasta la pasada FIL donde encontré la antología Horla City y otros (Emecé/ Cruz del Sur), con poemas hechos de vida cotidiana. Aquí está, para abrir el sábado como se debe.

Sin llave y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.

Había limpiado la casa y escrito

dos o tres poemas que me gustaban.

No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura

y detrás de mí, por una correntada,

la puerta se cerró.

Quedé sin llaves y a oscuras

sintiendo las voces de mis vecinos

a través de sus puertas.

Es transitorio, me dije;

pero así también podría ser la muerte:

un pasillo oscuro,

una puerta cerrada con la llave adentro,

la basura en la mano.

«Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca»

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Da click aquí para oír la canción:

«Quiero tener algo contigo». Así de vaga pero poderosa es la frase que propone Vicentico y que más de una vez he dicho o, al menos, pensado (aunque por desgracia nunca he usado el «Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca»). El cantante argentino del genial experimento Los Fabulosos Cadillacs inaugura el fin de semana con su versión al tema cotidiano de Chico Novarro.

¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo.
Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca.
Necesito controlar tu vida, saber quién te besa y quién te abriga.

¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo.
Ya no puedo continuar espiando, día y noche tu llegar adivinando
Ya no sé con que inocente excusa pasar por tu casa.
Ya me quedan tan pocos caminos y aunque pueda parecerte un desatino
No quisiera yo morirme sin tener algo contigo.

Da click en el enlace para ver el video de la canción:

10 genialidades de Sergio Pitol

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El enorme Sergio Pitol está hospitalizado en Veracruz, luego de un sangrado intestinal. A sus 81 años, el importantísimo traductor, cuentista, novelista y editor está delicado.

Por si alguien no se ha enterado de su peso, aquí va un mínimo recuento de por qué es crucial para la literatura mexicana e hispanoamericana. Además de su propia obra (novelas como El desfile del amor y Domar a la divina garza, volúmenes de cuentos como Nocturno de Bujara, de relatos como No hay tal lugar y cuadernos de viajes como El arte de la fuga), quien ha merecido el Premio Cervantes y el Xavier Villaurrutia tradujo más de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Anton Chéjov y Jerzy Andrzejewski. Fue amigo cercano de José Emilio Pacheco, contemporáneo de Juan García Ponce, Salvador Elizondo y José de la Colina. Esta anécdota que contaba Carlos Monsiváis me encanta. Una vez, Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas. “En ese momento [Sergio] me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”. Qué cosa. Hace poco leí su traducción de Las puertas del paraíso, del polaco Jerzy Andrzejewski, «una de las novelas más perfectas que conozco», según dijo. Yo añadiría que la versión de Pitol es de lo más deslumbrante que he leído en los últimos años.

Editorial Almadía le publicó en 2010 Una autobiografía soterrada. Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones, compendio de ensayos y relatos en los que Pitol habla de recuerdos, lecturas, viajes y personas que conformaron su estilo literario. De ahí entresaco estos 10 fragmentos que lo revelan de cuerpo entero:

  1. Puedo documentar la niñez, la adolescencia, toda mi vida a través de las lecturas. A partir de los veintitrés años, la escritura se entreveró con la lectura.
  2. En buena parte la imaginación deriva de mis experiencias reales, pero también de los muchos libros que he transitado.
  3. Descreo de los catálogos y las recetas universales. […] Sería monstruoso que todos los escritores obedecieran las reglas de un mismo decálogo o que siguieran el camino de un único maestro. Sería la parálisis, la putrefacción.
  4. Cuando viajo llevo más de una docena de libros para tener varias opciones de lectura.
  5. Hace unos días encontré en Autobiografie altrui, el último libro de Antonio Tabucchi, una frase formidable: «Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de cualquier escritor que no desconfiara de su propia labor».
  6. Salvo el instinto lo demás son minucias.
  7. Mi aprendizaje es resultado de una lectura inmoderada de cuentos y novelas, de mis empeños como traductor y del estudio de algunos libros sobre aspectos de la novela […].
  8. De la única influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo.
  9. Estoy convencido de que ni siquiera la inexistencia de lectores podrá desterrar la poesía.
  10. Escribir ha sido para mí, si se me permite emplear la expresión de Bajtín, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

Probadita de Rabia de vida

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Sin avisar, se cuela en mi cama otro #MiércolesDePoesía. Aquí, la huella que dejó a su paso.

P.D. El poemita pertenece a mi libro Rabia de vida, que recién salió a la venta y me tiene (muy) emocionada y (más) nerviosa, como mamá que espera que su hijo haga nuevos amigos en sus primeros días de escuela.

Que me perdonen las feministas

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«No quiero ser el líder. Me niego a ser el líder. Quiero un hombre que se eche encima de mí, siempre encima de mí. Que su voluntad, su placer, su deseo, su vida, su trabajo, su sexualidad sean mi piedra de toque, el mandato, mi punto de apoyo. No me importa trabajar y conservar intelectual y artísticamente mi propia vida, pero como mujer, oh Dios, como mujer quiero ser dominada […]». Es Anaïs Nin, la escritora, la loca amante de Henry y June, la incestuosa, la escandalizante, hablando para sí misma en sus Diarios amorosos, recientemente publicados por Editorial Siruela.
Con todo lo políticamente incorrecto que hoy suena su exabrupto, frecuentemente lo suscribo al pie de la letra. Mujer fuerte y autónoma de día, acostumbrada a resolver mi vida sin pedir permiso, muchas noches celebro el lujo elegido de ser poseída. Con perdón de las feministas recalcitrantes.

Humor 2.0

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Mi querido amigo Andrés Grillo me manda desde Bogotá el más reciente número de la revista SoHo Colombia, madre de nuestra SoHo México. Edición dedicada a la caricatura, incluye textos sobre Quino, una entrevista a Liniers por Leila Guerriero y el cartón favorito de Alberto Montt, además de una estupenda entrevista a Maitena, del propio Grillo, con la noticia de que la argentina prepara un libro con lo mejor de su trabajo erótico, poco conocido hasta ahora. En sus páginas también encuentro esta caricatura genial del ecuatoriano Bonil sobre los niños de la era digital, que seguro no saben la dirección de su casa pero no olvidan su cuenta de gmail, en la que «viven» la mayor parte del tiempo. Me desarma por aguda y tierna. Vaya combo para este #LunesDeMonos.

Mi libro de poemas, ya en librerías

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Pues sí, hoy sábado llego a la librería Gandhi, en la Ciudad de México, y ahí en la mesa de novedades está mi libro de poesía erótica: Rabia de vida. En la editorial me informan que también está ya a la venta en El Sótano, el Péndulo y librerías del Fondo de Cultura Económica, en México. Y para los lectores de otros países, está disponible en Amazon.com (para América Latina) y Amazon.es (para Europa).
La vida es bellísima.

Y además, que es viernes

Pasión Vega
Pasión Vega

Da click en el enlace para oír la canción

 

«Me he bebido de un trago tu carta/ y después me la he vuelto a beber./ He velado una vela sin tarta/ harta ya de estar harta otra vez./ Le he pedido a Cupido la cuenta,/ he pagado con sangre la afrenta de volverme loca,/ he vencido al amor por las malas,/ me he cosido un corpiño antibalas/ pensando en tu boca». Si esto no es decir bien las cosas, no sé. Estas líneas de «Y además» vienen de la pluma de Joaquín Sabina y las interpreta Pasión Vega para abrazar este viernes que ya se instala con pleno derecho. Aquí, el resto de la letra:

Y además, como no sabía rezar,
me dio por coleccionar letanías y escapularios,
por culpa del incendiario hielo que me consumía.
Para curar tus ojeras me doctoré en oraciones
de todas las religiones verdaderas.

Empeñé nuestro ajuar de soltera
diez minutos después de enviudar,
Un alivio de luto me espera
en el fruto del jacarandal.
He pintado la alcoba de rojo,
he regado con sal el rastrojo que pudo haber sido
he dejado la llave en la puerta,
me he bañado en la playa desierta
del mar del olvido.

Y además, como no sabía volar,
me dio por coleccionar pañuelos y golondrinas,
por culpa de la rutina del vaivén de las aceras.

Y sin embargo, ajenos a mis conjuros,
en almacenes oscuros se amontonaban los días,
cada noche más amargo
y en el andén del futuro los trenes de cercanía
seguían pasando de largo entre tu cama y la mía.

Pornografía para saber qué tan depravado es uno

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Mi amigo Enrique dice: «El atractivo sexual es 20% lo que tienes y 80% lo que los demás se imaginan que tienes». Y sí. Aunque en el juego del deseo la imaginación le gana las batallas a la realidad, la pornografía suele ser muy explícita. Aquí hay una excepción: el libro clásico El curioso sofá, que se autollama «Obra pornográfica». Escrito por Edward Gorey bajo el seudónimo Ogdred Weary, es una parodia de la literatura lasciva, único en su tipo. Una preciosa edición ilustrada de la editorial argentina Libros del Zorro Rojo, El curioso sofá cuenta la historia de Alice, una chica victoriana de mente abierta que conoce a Herbert, un hombre «muy bien dotado». Ambos se involucran en todo tipo de juegos inconcebibles que involucran amigos, a una tía (quien le pide a Alice prestarle un servicio «bastante sorprendente»), el mayordomo, la doncella, el jardinero y hasta un perro cachondo, pero cuando aparece el sofá del título, Alice siente que las cosas fueron demasiado lejos. No cuento más.

Aunque el autor sugiere mucho, dice poco: ni en las páginas ilustradas por Edward St. John hay imágenes obscenas, ni en la divertida narración de Weary aparecen miembros descomunales, tetas al aire ni penetraciones colectivas. En cambio, el autor insinúa miradas, juegos retorcidos, y deja el resto a la intuición del lector. Es decir que el nivel de lascivia lo aporta quien lee, exactamente en contrasentido de la pornografía más tradicional, donde todo se da servido. Es una especie de termómetro para saber qué tan depravado es uno. *Un tip: lo venden en librerías El Péndulo.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

Fiesta erótica en blanco y negro

Fotos: www.waclawwantuch.com
Fotos: http://www.waclawwantuch.com

«Tu desnudez expuesta/ entera/ como el pan en la mesa», escribía el poeta boliviano Eduardo Mitre. Así también los cuerpos que fotografía el polaco Waclaw Wantuch, en una fiesta erótica que, por paladear, olvida el lenguaje. Con estos versos e imágenes el #MiércolesDePoesía se hace presente.

 

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Pacheco y cómo se contagia la pasión lectora

Pacheco en su biblioteca (Foto: Artes de México)
El autor en su biblioteca (Foto: Rogelio Cuéllar)

Ayer se cumplió un año de la muerte de ese gigante que fue el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Primero lector y luego narrador, poeta, ensayista y traductor, se llamó a sí mismo «producto de la imprenta y un adicto a la letra» y confesó: «aun si no hubiera nadie para imprimir mis textos los seguiría escribiendo para mí solo».

En 1994 pronunció en San Diego, California, una conferencia sobre el placer de la lectura. Aquí va una cita luminosa de la misma, que como lectora desaforada hago mía: «[…] leer como un espacio de goce debe estar al alcance de todo ser humano por voluntad propia, en modo alguno como algo impuesto u obligatorio. Leer con la naturalidad con que respiramos y hablamos. Leer como una parte indispensable de la vida, como un medio para vivirla de la mejor manera posible».

Ahora que está de moda promover la lectura como si fuera una tarea que cumplir 20 minutos cada día, estas palabras suenan fuerte: el amor por los libros no lo fomentan publicistas a quienes lo mismo da cantar las virtudes de un libro, de un auto o de un banco, sino lectores fascinados que contagian su pasión por la letra escrita. Ese es, en buena medida, el objetivo de este blog: haciendo eco de la pasión lectora de Pacheco subrayo que los infinitos placeres de la lectura son también parte indispensable de mi vida. 

Da click aquí para ir al discurso, reproducido por la revista Algarabía.

Da click aquí para ir a la entrada del día de la muerte del autor.

 

También en la cama nos visita la lingüística

Cartón: Kemchs
Cartón: Kemchs

El humorista mexicano Kemchs da en el clavo con este cartón sobre el escenario que aterra a tantos, a partir de lo que en lingüística pomposamente se llama metaplasmo o «alteración de un sonido dentro de una palabra». Es mi capsulita de humor para aligerar el arranque de semana.

«No quiero ser la prisión de nadie»

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Por alguna razón, en este arranque de año tengo ganas de leer autores de lengua inglesa. Llevo varios años decantándome por escritores hispanoamericanos, pero ahora quiero asomarme a esa otra literatura que me encanta, con la que en buena medida crecí y a la que dediqué años de estudio. Así que hace unos días tomé del librero The Professor of Desire (El profesor del deseo), de Philip Roth, publicado por Vintage Books. Lo acabo de terminar. Es lo primero que leo de él y me gustó mucho. A partir de la historia de David Kepesh y sus relaciones amorosas explora cómo funcionan los resortes del deseo, por qué son tan contradictorios e inmanejables, cómo nos ponen vulnerables a morir. Bien dice Milan Kundera sobre Roth que «habla de una sexualidad que se cuestiona a sí misma; es hedonismo, pero un hedonismo problemático, herido, irónico» (traducción mía), es decir, como la realidad misma. Este fragmento de la novela, por ejemplo, hace una disección al alma. Por supuesto, lo he sentido más de una vez:

«No quiero hacer infeliz a nadie. No quiero causarle dolor a nadie. Nunca quiero ser la prisión de nadie. Es el peor destino que puedo imaginar […] Cuando te vi sentado a solas con ella, de pronto pensé: ‘No puedo hacerlo feliz, no voy a ser capaz’. Y me pregunté si alguien podría lograrlo […] Si no puedes ser realmente feliz conmigo entonces déjame ir». Auch.

 
(La traducción anterior es también mía. Aquí, el original en inglés: «I don’t want to make anybody unhappy. I don’t want to cause anyone pain. I never want to be anyone’s prison. That is the worst fate I can imagine […] When I saw you alone sitting with her, I suddenly thought: ‘I can’t make him happy, I won’t be able to’. And I wondered suddenly if anyone could […] if you can’t be truly content with me, then let me just go»).

 

Mi propia versión de Boyhood

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La adolescenta le pregunta a su mamá: —¿Por qué lloras?

La mamá contesta: —Porque no tengo todas las respuestas.

Es un diálogo de Boyhood, nominada al Oscar como mejor película. Es una belleza de trabajo que toca fibras internas, enternece, emociona. Filmada a lo largo de 12 años con los mismos actores, deja ver cómo el protagonista, un niño de seis años, se convierte en joven universitario, y cómo su hermana Samantha y la mamá de ambos crecen, se equivocan, disfrutan, aprenden. Es decir, viven.

Aunque la historia se centra en el chico, de nombre Mason, en lo personal me movió «verme» en la mujer divorciada a cargo de sus hijos, en su amor desbordado por ellos y en sus muchos errores, en cómo asume a solas la responsabilidad de ayudarlos a crecer pero trata de mantener a flote su vida como mujer, en sus intentos por darles una «familia», en la cantidad de dudas y risas que los chicos a diario le aportan. Cuando en mis zapatos de mamá de una adolescenta me eche a llorar porque no tengo todas las respuestas voy a tratar de acordarme de que sí, como en la película, las cosas al final se acomodan. Será mi propia versión de Boyhood transmutada en Girlhood.

«Tiene espinas el rosal» (con Jenny and the Mexicats)

 

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Jenny and the Mexicats es una de mis bandas consentidas, combo musical de inglesa, madrileño y mexicanos (da click aquí para ver otra entrada sobre ellos). La voz de ella me encanta y me parece sensualísima tocando la trompeta como lo hace, además de que el concepto del grupo es un hit.

Hace poco se arriesgaron a cantar un clásico de la cumbia, «Tiene espinas el rosal», con el grupo mexicano Cañaveral. Me gustan esas fusiones donde nadie se toma demasiado en serio. Con este ritmo que se mete por los pies descalzos de Jenny inauguro el fin de semana. Da click en el enlace de abajo para ir al video:

 

 

«Aquí la gente festeja con sexo»

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El telo de papá es la primera novela de la argentina Florencia Werchowsky, quien en la vida real es hija del dueño del hotel de su pueblo. Por eso, nada más natural que tejer la historia en torno a ese lugar en donde el sexo es protagonista.

Es muy delgada, quizá por su pasado como bailarina aunque también porque, para desayunar, apenas pide jugo y un té. Está en México para promover su libro. Periodista de formación, tiene tatuajes en los brazos pero un aire tímido al conversar. Dice haber visitado algún motel un par de veces, una de ellas para acompañar a un amigo que quería ver una final de futbol y no tenía televisión. Sin embargo, la verdad es que Werchowsky prácticamente creció en el Cu-Cú, hotel de carretera en la Patagonia argentina que fue el sostén familiar durante su infancia y adolescencia. Y aunque la molestaban por ese hecho, el motel se le impuso como tema y también le dio material para escribir esta novela con tintes autobiográficos, publicada por Editorial Colofón. En ella recupera la historia del hotel (palabra que surge al repetir muchas veces “telo”) y entreteje tanto sus propias anécdotas como las de sus papás, las empleadas, los clientes del local, el pueblo entero que «debuta» en el negocio. Aquí, parte de lo que dijo cuando nos sentamos a platicar.

Publicidad y literatura. Escribí El telo de papá mientras trabajaba en una agencia de comunicación en una especie de celibato mental, que no dejaba espacio para nada más. La publicidad es una ficción en sí misma: crea una historia verosímil sobre un producto. Invertirle tanta energía me frustraba porque sentía que trabajaba para el enemigo, así que escribir la novela, cuyo tema estaba muy cantado para mí, me sirvió para sentir que le daba tiempo a un proyecto no-ocioso. Cada palabra es mía y eso es bueno y malo, porque uno es esclavo de lo que escribe.

Convertir la vida en ficción. Al escribir sobre la vida tanto mía como de mi familia en torno al Cu-Cú me di cuenta de que no recordábamos muchas cosas, así que llené literariamente esos huecos. En otros casos, los hechos eran muy crudos y resultaba inverosímiles. Eso me obligó a trabajarlos para hacerlo creíbles. Como soy periodista, primero pensé que debía ajustarme a la historia real, pero al final transformé cosas, las reformulé. Por eso digo que esta novela es autoficción.

Novela no-sexual sobre un motel. El sexo es avasallante, un tsunami que lo toma todo, así que mantenerlo a raya en la novela me pareció la forma más sana de que no se comiera lo que yo quería contar. De hecho, cuando veo que en algunas tiendas venden mi libro junto a Cincuenta sombras de Grey pienso en los pobres lectores engañados, que compran El telo de papá buscando descripciones de falos gigantes. Aquí no las van a encontrar, no es una novela erótica.

La familia que se lee a sí misma. Cuando mi mamá supo que yo estaba escribiendo sobre el Cu-Cú dijo que era horroroso que tratara el asunto y dejó de hablarme por un año. Del otro lado, a mi papá le pareció una reivindicación y me llamaba a diario. Cuando el libro salió en Argentina yo estaba en México, lo que puso un paño frío sobre esa tensión y luego a mi mamá le gustó su personaje, así que se relajó. Y mi papá está en llamas, feliz. Parece el héroe reconocido que se ganó el Oscar.

Como película de David Lynch. El hotel familiar sigue funcionando, es de lo que viven mis papás y aunque soy la heredera, nunca me he planteado manejarlo porque es tremendo estar ahí. Los primeros 15 minutos te sientes en una película de David Lynch, pero luego se vuelve denso y deja de estar bien. Es que cada cuarto es un territorio de libertad de dos por dos metros, pero también es un espacio de conflicto donde se libran batallas entre dos personas y de ellos dos contra el resto del mundo.

Festejar con sexo. Ñanco, el dueño del hotel, dice en la novela: «La gente acá tiene relaciones sexuales ante cualquier evento, festeja con el sexo». Y yo lo vi, es verdad. En los Mundiales de Futbol de 1978 y 1986, cuando Argentina se hizo campeón, en los hoteles se hizo una tremenda cola para entrar. Ese festejo que es privado se convirtió en alegría nacional y a nadie le importó quedar expuesto en una fila de autos. Ganar el Mundial lo justificaba.

Libros como parejas. Ahora estoy escribiendo dos novelas, pero es como tener dos parejas: no me da la vida para mantenerlas satisfechas, así que en algún momento tendré que dejar alguna. Ya veré por cuál me decido.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Éste es el idioma más cachondo

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Me encantan las lenguas, he estudiado varias y podría dedicar el resto de mi vida a aprenderlas todas. Para este #MiércolesDePoesía va un pequeño poema juguetón que celebra una de mis favoritas, por razones que distan de ser académicas. Ustedes disculparán.

«En portugués

tú falas

yo falo.

Cómo no amar esa lengua

en la que todos falamos».

5 a.m. Suena el despertador.

Foto: Jasper Johal
Foto: Jasper Johal

Está oscuro y hace frío. Quisiera seguir durmiendo o, al menos, quedarme acostada, pero me levanto para ir a práctica de yoga. Es un tiempo que dedico a flexibilizar el cuerpo y la mente, hacer por mí lo que nadie más puede hacer por mí. Y aunque en clase sudo, me canso y hasta sufro, al salir siento que sonrío con piernas y brazos.

Abrazos que hacen eco

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A veces los astros se alinean y preparan un día de esos que se desbordan. Como ayer.

Dicen que dijo la poeta estadounidense Maya Angelou: “La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo le haces sentir”. Ayer pude paladear esta verdad como un templo: quien más me quiere orquestó para mí una comida sorpresa en su casa, para celebrar mi cumpleaños con mis amigos de sangre. No lo esperaba y me movió hasta el tuétano. Estuvieron casi todos mis infaltables, a otros pocos les fue imposible llegar, pero igual me acompañaron (como siempre).

En poco tiempo no me acordaré de qué hablamos, cuál fue el motivo de las risas, cuánta la intensidad de los abrazos que hacían eco entre el vino y la plática. Lo que no se me va a olvidar nunca es lo que él y ellos me hicieron sentir: querida muchísimo más allá de las palabras. No sé qué hice en otra vida para merecer tanto en ésta, a pesar de mí misma.

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Adelantarse a ser árbol

 

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He dicho antes (creo) que en otra vida espero convertirme en árbol. Me gustan, admiro su solidez y su capacidad de adaptación, sus ganas de vivir, la virtud de mirar siempre hacia arriba. Adoro su corteza inamovible, bajo la cual late calladamente la savia. Quiero pensar que un día compartiré esas cualidades. De momento, con esta foto me queda claro que alguien tuvo la idea antes que yo.

Sobre la pertinencia de ser vulgar

 

Dibujo: Jean Paul Zapata
Dibujo: Jean Paul Zapata

«—Yo quiero ser vulgar desde hace mucho tiempo —respondió Enrique con un tono que estaba entre la amargura y el resentimiento.

—¿Por qué? —insistió Elena.

—Porque deseo ser feliz».

Estoy empezando la novela La soledad era esto, de Juan José Millás (Ediciones Destino), que leo porque mi amigo Rafael me insiste en que debo hacerlo y me presta su ejemplar. No sé cómo siga, pero estas pocas líneas sirven para inaugurar el fin de semana.

Salud.

La urgencia de Neruda, a 3000 metros de alto

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Neruda no renuncia a su vocación escritora, a más de 40 años de muerto sigue jugando con versos. Y qué bueno. Acaba de salir a la venta en México Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Seix Barral), libro con 21 textos desconocidos del chileno. Entresacados de los miles de papeles de su archivo, y por alguna razón no incluidos por el autor en su recapitulación Memorial de Isla Negra (1964), fueron escritos en cuadernos, hojas sueltas, menús y hasta en el programa musical de un barco en el que viajaba. Descubiertos recientemente, son ahora dados a conocer en una edición que incluye algunas páginas facsimilares de su puño y letra, además de una introducción de Darío Oses, director de Archivos de la Fundación Pablo Neruda.

Ahí están los temas a los que siempre acudió: el amor, su vocación, el mundo, Chile. Me gusta el poema en el que el escritor reconocido recomienda modestia al Neruda joven que se inicia en las letras: «[…] alarga tu silencio/ hasta que en ti/ maduren/ las palabras […] no te metas/ a presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas […] tienes/ que ensuciarte las manos/ con aceite quemado,/ con humo/ de caldera». Y el texto en el que se queja de la «prostitución de cada día» que implica el teléfono: «[…] Pasé a ser telefín, telefonino,/ telefante sagrado,/ me prosternaba cuando la espantosa/ campanilla del déspota pedía/ mi atención, mis orejas y mi sangre,/ cuando una voz equivocadamente/ preguntaba por técnicos o putas/ o era un pariente que yo detestaba/ una tía olvidada, inaceptable».

Otro, de tono erótico, lo escribió sobre un menú, como deja ver la imagen facsimilar del libro y además anotó en la esquina de la hoja: «Día 29 diciembre 1952. 11 de la mañana. Volando a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro». Es decir que los versos le asaltaron, apremiantes, en pleno vuelo, igual que pasa con el deseo. Y a más de 3,000 metros de alto convirtió la urgencia en este poema terrestre:

«Por el cielo me acerco

al rayo rojo de tu cabellera.

De tierra y trigo soy y al acercarme

tu fuego se prepara

dentro de mí y enciende

las piedras y la harina.

Por eso crece y sube

mi corazón haciéndose

pan para que tu boca lo devore

y mi sangre es el vino que te aguarda.

Tú y yo somos la tierra con sus frutos.

Pan, fuego, sangre y vino

es el terrestre amor que nos abrasa».

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Oye, disculpa la pregunta

Dibujo a lápiz: Ileana Hunter
Dibujo a lápiz: Ileana Hunter

Una inquietud flota en el aire de este #MiércolesDePoesía. Estos pocos versos de la poeta cubana Carilda Oliver Labra dejan abierta la interrogación.

Guárdame el tiempo

«[…] Se nos quedaron muchas cosas sin hablar.
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho? […]».

 

Mi primera vez con un libro

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«Uno se puede profesionalizar como lector, pero ante la lectura uno siempre es principiante», dice la escritora mexicana Mónica Lavín que dijo Susan Sontag. Y sí, ante un nuevo libro uno empieza de cero. Ahora arranco la lectura de The Professor of Desire, de Philip Roth. Y me siento virgen, lista para estrenarme.

Dicen que no tengo moralina

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Para ponerle una pizca de buen humor al lunes va «Soy una mujer inconveniente», canción de la mexicana Liliana Felipe, ricamente interpretada por la ídem Gabriela Serralde y que las mujeres inconvenientes celebramos. Aquí abajo, fragmentos de la letra inteligente, cosa poco común en estos días.

 

«[…] No soy tus pantuflas ni soy tu madre,

No soy tu gobierno, ni tu comadre.

No prefiero adentro ni afuera

Ni me colmará una chequera.

Soy una mujer que, entre otras cosas,

Exhibe, ostenta unas…

Una… una historia indecorosa.

 

Soy una mujer inconveniente

De ésas que son fieles relativamente.

Dicen que no tengo moralina

Porque me desnudo en la cocina.

Dicen que no tengo moraleja

Me gustan muchísimas… cosas.

 

Soy una mujer inconveniente.

Ráscame la espalda delicadamente.

Siempre tengo ganas, muchas ganas,

Ganas de tenerte aquí en mi cama.

Tráeme el desayuno en la mañana

Y al súper que vaya tu hermana».