Tal cual en mi caso: muchos, muchísimos libros están afuera, pero algunos ya se integraron a mi cabeza. A esta tira del genial Liniers sólo añado que me llaman la atención los de afuera pero cómo quiero los que están dentro, los que ya forman parte de mi hígado, de mis dientes, de mi pelo.
Quiero las palabras enardecidas

«Nada sé de tu piel.
Sólo que está en la noche, transcurriendo.//
Para viajar por ella quiero las palabras
lentas de la lengua, las enardecidas, las tiernas.//
Nada sé de tu piel.
Sólo que está en la noche, amaneciendo».
-Francisco Hernández, «Palabras del insomne», en Poesía reunida (UNAM)
Hace unos días, el veracruzano Hernández fue galardonado con el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe. Recibió el reconocimiento por su poesía «siempre vital y sorprendente». Como ésta.
Contar historias sin palabras: Enrique Metinides
Caso 1. Trabajador de la compañía de teléfonos se electrocuta en lo alto de un poste.
Caso 2. Periodista, elegantemente vestida, se dirige a una fiesta y muere atropellada.
Caso 3. Niños llegan a su casa en la que están los cadáveres de sus padres, muertos en un triángulo amoroso.
Caso 4. Mujer se ahorca en Chapultepec el día que su hija cumple 15 años.
Son situaciones reales, dolores auténticos. A lo largo de casi medio siglo, el fotógrafo mexicano de nota roja Enrique Metinides (n. 1934) congeló esas tragedias demasiado humanas. «Siempre intenté que mis fotos contaran historias como se cuentan en el cine», dice en entrevista para la revista Gente (agosto 2013). Sus imágenes fascinan, atrapan. Y es que los seres humanos somos animales de historias: las perseguimos en novelas, películas, series de televisión, telenovelas, revistas, periódicos. Nos gusta saber de otros con nombre y apeliido, quizá por morbo, quizá para congratularnos de no ser las víctimas, por afán de conectar con otro o por el gusto de entrar en la intimidad ajena. En todo caso, estas fotos me hacen pensar quiénes eran los retratados, qué pensaron antes de la tragedia, cuáles eran sus sueños, qué caminos ya no recorrieron, qué recuerdos se pierden con ellos: cada una contiene el germen de, al menos, un buen cuento.
«Bolaño escribía oyendo rock pesado»
Ignacio Echevarría, asesor y albacea literario de Roberto Bolaño, lo conoció muy de cerca. En esta breve entrevista disponible en el canal Aviondepapeltv (en YouTube) revela que el autor chileno era muy nocturno y le gustaba ver en televisión programas «como El gran hermano, que le interesaban muchísimo«. Además, dice que como parte de su rutina de escritura, se ponía audífonos para escuchar heavy metal, «aunque no sé exactamente qué […] seguro que Fresán lo sabe, pero yo no».
Vaya, interesante el diálogo que mantenía la escritura de Bolaño con el rock. Y luego me da por pensar: cómo hubieran cambiado sus novelas si el mismo Bolaño, al momento de crear, hubiera escuchado jazz, ópera, música hindú o mariachi… ¿O es un razonamiento absurdo, porque el creador determina lo que oye y no al revés?
‘Antro’, palabra con 400 años de historia
Hace unos días murió el filólogo, investigador y lingüista José Moreno de Alba, quien fue director de la Academia Mexicana de la Lengua. Era, como apunta el poeta Eduardo Casar, el «mejor conocedor del español mexicano», por lo que su muerte es muy de lamentar. En sus Minucias del lenguaje (Fondo de Cultura Económica) abordó la historia de muchas palabras y expresiones del español mexicano y del español en general. Ahí aprendí, por ejemplo, que la voz antro, usada hoy por los jóvenes mexicanos para referirse a un bar-discoteca-centro nocturno, viene del latín antrum, que significaba ‘cueva, gruta o caverna’ y que se usó en español desde 1615 (al menos).
Moreno de Alba señalaba que, en 1983, antro apareció en el Diccionario con una segunda acepción, en sentido figurado: la de ‘local, establecimiento, vivienda, etc., de mal aspecto o reputación’. En efecto, cuando yo era chica, algunos muchachos decían si iban a un bar de buen nivel, «vamos al antro», un poco como provocación, otro poco en broma. El término acabó por convertirse en sinónimo de bar o discoteca (incluso si son de lujo), de lo que puede dar fe cualquier mexicano de hoy.
Moreno de Alba ya no podrá enriquecer la lengua con explicaciones eruditas y deliciosas como ésta. El mejor homenaje que se le puede hacer es, justamente, seguir leyéndolo.
Link a la entrada antro en Minucias del lenguaje: http://goo.gl/tJCg0Y
«¿La relación más compleja? Entre madre e hija»

«Siempre me pareció que había un misterio en el vínculo madre-hija. Me obsesionaba la marca materna y el rollo de todas las mujeres con sus madres. Creo que es la relación humana más compleja. Todo está ahí, en ese vínculo», dice la fotógrafa Adriana Lestido sobre su serie Madres e hijas.
En preciosas imágenes blanco y negro, la argentina capta esa relación intensa, a veces gozosa, otras atormentada o sufriente, pero difícilmente deslavada. Sus fotos aportan muchos registros en los que me reconozco: ternura, protección, complicidad, dolor, entrega, confrontación. La maternidad me toca fuerte, es en gran medida definitoria de quién soy, como estos versos de Gioconda Belli con los que di título al libro que le hice a mi hija hace unos años y que dialogan bien con estas fotos: «Yo, amor, he aprendido a coser con tu nombre,/ voy juntando mis días, mis minutos, mis horas/ con tu hilo de letras».
Entrevista con la fotógrafa: http://sientateyobserva.com/tag/adriana-lestido/
Cuando García Lorca visitaba a Chavela
Hace un año, la huesuda se llevó a Chavela Vargas, cosa muy injusta: a gente así no debía tocarla (aquí lo escribí entonces: http://wp.me/p1POGd-hV). Lo cierto es que cuando visitó Madrid en 1993, Chavela se hospedó en la Residencia de Estudiantes, mismo lugar donde vivió Federico García Lorca (otro que no debía haber muerto y menos de la forma que lo hizo). Ella contó que el poeta la visitaba, convertido en un pájaro amarillo: así trabaron amistad. Cómo no iban a ser afines, ambos sensibles y desgarrados, ambos homosexuales, ambos hermosos.
Entonces nació la idea de hacer un homenaje al granadino, proyecto que se concretó en 2012, poco antes de la muerte de la cantante: es un disco llamado La luna grande, contiene versos y fragmentos de obras de teatro. Vaya como homenaje conjunto esta grabación de Chavela leyendo unas líneas de Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Lorca (da click en el enlace superior para oírla).
PD Moriría por saber qué se decían cuando se encontraban…
que estoy herido,/
herido,/
de amor huido./
Herido,/
muerto de amor./
Decid a todos que ha sido/
el ruiseñor./
Bisturí de cuatro filos,/
garganta rota,/
y olvido./
Cógeme la mano, amor,/
que vengo muy malherido,/
herido,/
de amor huido./
Herido,/
muerto de amor.//
Carver vuelto autor colectivo: «Carverish»
Una pareja en bancarrota. Él está derrotado, ella busca mantenerse digna. Deben vender con urgencia el convertible que no corresponde con su realidad. Ella se arregla y sale a vender el auto, pero advierte que quizá deba cenar con el posible cliente. La tensión entre ellos quema, el resentimiento se toca. Es el cuento «Are These Actual Miles?» de Raymond Carver, incluido en la antología Where I’m Calling From (Vintage).
No incluiré ningún spoiler (¿en español sería echadoraperder?), pero al releerlo me sorprende igual que la primera vez, hace años, cuando me fue puerta de entrada a los cuentos del norteamericano. A 25 años de su muerte, el Confabulario del diario El Universal le dedica excelentes textos. Entre ellos, el de Roberto Frías habla de la mano del editor de Carver, Gordon Lish, quien tomó el proceso de edición «como una forma de escritura, sugiriendo a Carver cada vez mayores cambios», lo que dio lugar a un autor colectivo que Frías nombra «Carverish». Apunta que en Occidente se venera la figura del autor individual, mientras en China «la idea del autor no tiene porqué estar ligada a una sola persona, puede tratarse de todo un grupo». Pues celebro en toda forma a ese Carverish capaz de crear cuentos magistrales, como éste.
Artículo de Frías, «Los cuentos de Carverish»: http://confabulario.eluniversal.com.mx/los-cuentos-de-carverish/
Por qué un lector abandona un libro
Las estadísticas de abandono de una lectura se ven así de acuerdo con Goodreads y sus más de 10 millones de miembros:
- 38.1% de quienes empiezan un libro lo termina pase lo que pase (los llamo héroes insensatos);
- 10.6% aguanta al menos 100 páginas antes de decidirse a volver «en unos años» (son lectores esperanzados);
- 7.6% lee 100 páginas (me parecen cuadrados de la lectura);
- 27.9% mastica entre 50 y 100 páginas antes de desertar (son maduros en vías de desarrollo);
- 15.8% no va más allá de un primer capítulo débil (son lectores lúcidos).
A lo largo de los años he sido insensata, esperanzada y madura en desarrollo. Nunca, creo, he abandonado al primer capítulo, pero con la edad sí he aprendido a soltar más pronto los libros con los que no tengo química. Ahora llevo meses con la novela Los hilos del corazón, de Carole Martínez (Alfaguara) y no logro terminar. Me parece lenta, floja, con chispazos pero inconsistente (y de 373 páginas).
Una vez leí que Schopenhauer afirmó: «La vida es muy corta para leer libros malos». No sé si lo dijo, pero me lo apropio porque ya no voy a invertir más en páginas que no me gustan. ¿Estaré alcanzando la madurez lectora?
Infografía de Goodreads: http://www.goodreads.com/blog/show/424-what-makes-you-put-down-a-book
«¡Cuidado con los Beatles!»

A partir de collages que superponen fotografías antiguas y contemporáneas, el artista belga Sammy Slabbinck ofrece su propia postura cargada de humor sobre temas varios. Aparecen en su trabajo el idealismo contrapuesto al consumismo, la mujer como objeto observado, la dicotomía ciudad vs naturaleza y la «modernidad» como era vista en el siglo XX y como la concebimos hoy. Su propuesta es divertida, creativa, bien lograda. Aquí, un caramelito de su obra.
Sitio web del artista: http://www.flickr.com/photos/imass/


Abraham amaba a Sara
Ritual de sábado: frente a mis estantes de libros, escojo al azar alguno leído hace tiempo y repaso algún fragmento. Es como volver a saborear un dulce que ha esperado por años pero conserva el sabor intacto. Esta vez mi mano toma un tour de force de Óscar de la Borbolla, lúdico escritor y filósofo mexicano. Se trata de cinco cuentos, cada uno de los cuales está escrito con una sola vocal. Me gustan estos experimentos con la lengua. Aquí, el inicio de «Cantata a Satanás»:
«Abraham amaba a Sara cada mañana clara: pasaba la manaza, arañaba la lana, arrancaba la bata, la abrazaba; clavaba las garras hasta matarla. Sara atarantada callaba harta, Abraham la cansaba. ‘Ya nada habrá —mascaba tras la sábana—, ama a la mala: ataca, aplasta, brama’. Abraham acababa, apartaba la cara, jamás apagaba la flama a Sara, gran dama avasallada […]». -Óscar de la Borbolla, Las vocales malditas (Joaquín Mortiz)
Guiño ibero-mexicano en tono de jazz
Arranca el fin de semana. Para inaugurarlo ComoSeDebe me apetece 1. una voz íntima, rica; 2. música deliciosa y vibrante en cada nota; 3. una letra sentida. Esta nueva interpretación de un clásico conjuga las tres: la voz de Silvia Pérez Cruz, joven catalana que es un monstruo; el Trío Javier Colina (contrabajista español fuera de serie) más piano, batería y sax; letra de la enorme mexicana María Grever. Con una copa de vino español o un mezcal, el punto es disfrutar esta complicidad que guiña el ojo (da click en el enlace superior para oír la canción).
Qué dirías de mí
Tú mismo me pediste/
que de hablar te dejara,/
que por favor tratara/
de no pensar en ti./
Y hoy que guardo silencio,/
mi dignidad te enfada/
y a todos les has dicho/
que me olvidé de ti.//
Si los rayos de luna contaran/
las noches que paso/
fijándome en ella/
y pensando en ti.//
Si las olas del mar te dijeran/
las veces que he escrito/
tu nombre en la arena/
llorando por ti.//
Si la brisa sutil recogiera/
toda mi ternura/
y al pasar junto a ti te la diera/
por ser para ti./
¿Qué dirías de mí?//
Que te quise como en este mundo/
jamás se ha querido/
y sufro el martirio de vivir sin ti.//
Link relacionado
Información sobre el disco, que es un tesoro de pirata: http://enlaimaginacion.com/en-la-imaginacion/
Soñar cosas que nunca fueron
«Ves cosas y dices, ‘¿Por qué?’. Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, ‘¿Por qué no?'». -George Bernard Shaw, citado por revista Ñ (22 junio 2013). Por supuesto, quien escribe construye de cotidiano mundos que en principio sólo existen en su mente; con suerte, un día se instalan en la mente de sus lectores y son reales. Lo mismo pasa con personajes que a veces resultan tan singulares como esta mantícora de un bestiario medieval: cuerpo de león, cola de dragón, rostro de hombre. ¿Por qué no?
Odio esta palabra…
Esta palabra de cuatro letras empequeñece (o incluso borra) el mundo…
(vía el blog Laletrapequeñacrece)
Para qué abrir un libro
Este video sobre el invento llamado libro y sus muchas complicaciones es revelador, además de divertido. Muchas páginas, entramado de líneas, lomo escurridizo, ¿para qué hacer el esfuerzo de abrir uno? ¿De leer? Lo dijo C.S. Lewis: «Leemos para saber que no estamos solos».
PD Una disculpa por las odiosas risas grabadas. Busqué por todas partes una versión que no las incluyera pero no encontré.
Condenarse por una mirada
Noche calma. Metida en cama, releo Las Violetas son flores del deseo, novela de la autora mexicana Clavel cuya primera línea establece el tono visual de la misma: «La violación comienza con la mirada». Ricamente escrita, a ratos ilumina, otras veces desgarra. Así llego al capítulo XII, que de nuevo me sorprende: «Para que dos se condenen basta una mirada. Para que se reconozcan y se palpen, para que sepan santo y seña, para que dialoguen, acallen, vociferen en el idioma sin palabras del pecado. Para que lo compartan con ese lazo indisoluble e irrenunciable de la culpa gloriosa, la que proviene del pozo sin fondo del deseo que sólo es hambre e instinto. Una mirada sola. No hace falta más. Para perderse y —¿por qué no reconocerlo de una vez?— también para salvarse, irrevocablemente». -Ana Clavel, Las Violetas son flores del deseo (Alfaguara)
Me pregunto si por eso la vista es tan relevante. No sé, pero me parece que entre los sentidos, sólo la mirada tiene el poder de condenar.
De yoga, bulldogs y equilibrios
Para hacer esta postura de yoga se necesita «la determinación de un bulldog inglés y la fuerza de un tigre de Bengala». Me gusta eso que repiten con frecuencia en mi práctica de Bikram Yoga, porque de alguna manera resume mi vida toda. Me explico: crecí en un hogar de disciplina militar, porque mi papá era médico del ejército. Y aunque mi ideología liberal me hace rechazar la milicia, hoy no sólo no reniego del rigor de mi educación sino lo agradezco a mi papá, quien junto con firmeza me colmó de ternura.
Desde niña mamé disciplina y aprendí a cumplir acuerdos sin cuestionarme «¿qué pasa si no lo hago?». A lo largo de mi vida, esa disciplina me ha sido útil para alcanzar metas, desde hacer yoga a las seis de la mañana hasta ahorrar para un viaje deseado, lograr ascensos en mi trabajo y escribir todos los días (pase lo que pase). La contraparte es que puedo ser muy cuadrada, pero entonces busco el equilibrio de mi otra mitad, la creativa, la lúdica: en la poesía y en la sensualidad me dejo ir. Y aunque a veces gana una u otra, poner en balanza «la determinación de un bulldog inglés y la fuerza de un tigre de Bengala» es a lo que aspiro siempre. Quizá por eso disfruto tanto el yoga: todo es cuestión de equilibrio.
Calipigio o el dueño de unas buenas nalgas
La palabra calipigio es una voz griega formada por kallos ‘bello’ y pyge ‘nalgas’, de manera que ya se empieza a entender por qué es una palabra entrañable: nombra unas nalgas «gloriosas, redondas y firmes», como de estatua griega, apunta Ricardo Soca en La fascinante historia de las palabras (Interzona). El periodista uruguayo aporta más datos: «Calipigio, palabra que, inexplicablemente, no figura en los diccionarios más comunes de español, proviene del griego kalipygos, voz usada para designar la famosa estatua de Afrodita, conocida en castellano como Venus Calipigia […]» (imagen de abajo).
Cómo no celebrar palabra tan contundente y necesaria en toda lengua. Y si hay «días internacionales» de cuanto tema inocuo se pueda imaginar, propongo celebrar los días 3 de cada mes como Día de las personas calipigias (al fin que ese 3 resulta un número claramente calipigio). En realidad, se merecen un monumento.
En vez de semen, palabras
A veces se convierten en sucedáneo del cuerpo amado, de los besos, de la vida. Colocadas sobre la cama, acompañan. Qué haría uno sin ellas.
«Sin embargo/ no todo está perdido./ Yo sigo viendo tus ojos en el sueño/ y así, te beso/—porque la imaginación es algo serio—/ cada centímetro de piel.// Tu voz me eriza cada vez que la recuerdo.// Me conformo con eso./ Con la memoria de lo que no ha sido/ con la experiencia negativa/ de tu ausencia.// En vez de semen en las piernas y en la cama/ hay una fila interminable de palabras.// No importa/ además de ser mujer, soy poeta». -Ana María Rodas, Poemas de la izquierda erótica. Trilogía (Piedra Santa Editorial)
Danioska y los ángeles I
La comunidad bloguera se va autodefiniendo por intereses en común, filias y fobias. En ella he encontrado amigos virtuales con los que a diario (o casi) dialogo sobre temas que nos apasionan: libros, poesía, artes plásticas, fotografía, lingüística, música… y ángeles. Aunque nunca nos hemos visto, el contacto nos enriquece y nos mueve a decir algo. Por ejemplo, la suculencia cuyo link aparece arriba la escribió Alfredo, alias Triste Sina, a partir de un post mío, lo que no puedo dejar de presumir (ustedes disculparán), en particular porque la entrada de verdad vale la pena y arranca con versos que son un portento…
#Cuentuitos en manojo (2)
Va una segunda entrada de cinco cuentuitos míos, es decir, pequeñas historias en formato Twitter (140 caracteres máximo). Si te gana la curiosidad, el link a la primera entrada de cuentuitos se ofrece al dos por uno: http://wp.me/p1POGd-1Jh
Oler amar
«Ella huele amar», dijo el amante. Acto seguido se hundió en sus olas.
Por (apenas) un sonido
A media voz, no queriendo oírse, susurró: «El amor tiene mala letra. Parece que escribe ‘él te kiere’ pero se lee ‘él te hiere'».
Todas las historias de amor en una
Cuando se estaba enamorando decía: «Es el hombre más completo». Cuando lo suyo terminó afirmaba: «Es el hombre más complejo».
Dar la(s) hora(s)
En la sala de espera, ella se acercó: «No traigo reloj. ¿Me das la hora?». Y él quiso darle todas y cada una del resto de su vida.
Saltamontes lúcido
Los montes que más amaba saltar el pequeño saltamontes eran los de Venus.
-Julia Santibáñez
El mayor temor de un poeta
En apenas unas líneas, Guillevic resume uno de los máximos temores de quien escribe versos: que en vez de fluir como agua fresca, el poema se quede atascado, quieto, huela mal. Una vez más, la poesía pone en palabras intensas lo que yo ya sabía, sin saber que lo sabía. Aquí, la versión bilingüe:
Bien quisieras
avanzar en tu poema
como un arroyo
Rápido, sinuoso
y tiemblas de devenir
como un estanque
donde podrías, estancado,
ya no reconocerte.//
Tu voudrais bien
Avancer dans ton poème
Comme un ruisseau
Sinueux rapide
Et tu trembles de devenir
Comme un étang
Où tu pourrais, stagnant,
Ne plus t’y reconnaître.
-Eugène Guillevic, traducción de René Higuera
Gastada por los besos, lloviente
La tarde cae, afuera llueve y quien más quiero se va lejos. Pasará un largo tiempo antes de volver a estar juntos. Toca acallar el cuerpo una vez más, acostumbrar mis labios al frío. Pongo un tango y me acuesto a oírlo. Sólo soy una mujer gastada por los besos, diría Miguel Hernández. Aquí dentro también llueve.
«El libro y el tenedor son igual de irremplazables»: Eco
«Detesto que me pregunten: ‘¿con qué personaje de sus novelas se identifica más?’. Es una pregunta banal. Tanto, que respondo: ‘Con los adverbios'». -Umberto Eco en Buenos Aires. Noviembre de 1998. El periodista Alfredo Serra está ante el italiano para hablar sobre temas diversos. Hoy me entero de ello gracias a la amabilidad de Serra, quien me regala Así hablan los que escriben, volumen que compendia sus entrevistas con escritores a lo largo de cuatro décadas. Es un manjar hecho palabras.
«El que tiene un solo libro toda su vida es un idiota. Yo tengo por lo menos cien». ¿Y qué opina sobre los compradores de libros? «Algunos los compran sólo para mostrarlos. Son unos imbéciles, pero gracias a ellos bajan los precios y pueden comprarlos los que no son imbéciles». Por fin, esta afirmación que seguro citaré con frecuencia: «Los libros no mueren ni morirán por la misma razón que perduran la silla y el tenedor: porque son irremplazables».
Alfredo Serra, Así hablan los que escriben (Atlántida)
El gusto del dolor y el placer
Estos versos de la poeta salvadoreña Dina Posada saben mejor si exhalan aroma de tarde y abrazos frescos. Cuánto gusto esconden por igual el dolor y el placer. Provecho.
«Toma
el sendero
que separa mis senos
resbala
tu antojo
por
el
contorno
de
mis
caderas
ágil
recio
hasta que el gusto
te mire con dolor
y te sonría el dolor
lamiéndose de gusto […]».

















