Llegó el día de la presentación de mi libro de poesía erótica. ¿Tengo que decir que estoy nerviosa y emocionada, como la mamá del crío que van a bautizar? Creo que no. El niño y yo estamos bien peinados y vestidos, los invitados vienen de camino, el lugar está bonito, así que sólo me queda sentirme esperanzada de que la criatura se porte bien y guste a todos.
El evento que me tiene tronándome los dedos ocurrirá este tarde, a las 4 p.m. en el Auditorio 4 de la Feria Internacional del Libro de Minería, en Tacuba 5, Centro, Ciudad de México. Lo presentan la escritora Mónica Lavín y mi editora, Josefina Larragoiti. Si pueden, ahí estaré esperándolos. (Y mi niño, también).
Anoche, en una cena aderezada por la complicidad, tres mujeres que nos queremos bien pusimos sobre la mesa entusiasmos, temores, proyectos, heridas. Es decir, nos abrimos de capa asumiéndonos frágiles y hablamos de esa aventura cotidiana que se llama vivir a fondo. Qué privilegio encontrar ese eco. Hoy que se anuncia el fin de semana va para Cons y Vale esta canción: sobre las paradojas cotidianas, es de Jarabe de Palo y aquella delicia de grupo que se llamó Ketama.
Te di mi sangre,
te di mi cielo,
te abrí la puerta
de mi secreto.
Te di mi alma
y tú, tus besos,
y ese veneno
de efecto lento.
Te miro y tiemblo…
¿Dónde está el fuego?
Llegó el invierno.
¿Dónde has escrito
nuestro último verso?
¿Cómo está el río,
tranquilo y seco?
¿Cómo borrarte
de mis recuerdos?
Te miro y tiemblo…
Te di mi sangre
y tú, tus besos.
Cómo negar que
aún te venero.
Que alguien le dedique un buen texto a las nalgas es de aplaudirse. Ricardo Castillo, autor mexicano, tuvo la idea de decir: «[…] las nalgas de una mujer/ son incomparablemente mejores que las de un hombre,/ tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;/ son más importantes que el sol y Dios juntos […]». Bueno, pues Castillo será el gurú del Festival de Poesía Interdisciplinar Del sueño a la Realidad, que arranca hoy en San Luis Potosí. Contará con la participación de 23 poetas nacionales e internacionales, quienes hasta el sábado jugarán y conjugarán poemas con música, video y pintura en una propuesta novedosa y rica. Entre ellos estarán el poetoide o poeta eSLAMero Rojo Córdova, el músicopoeta Pávido Návido y Rosario Loperena, fotógrafa que hace videopoemas.Esto me contó Rocío Cerón, conocida poeta mexicana que dirige este proyecto.
¿Cómo nace este Festival?
Partimos de la idea de que somos seres multiperceptuales, entendemos el mundo a través de los cinco sentidos y traducimos entre ellos. Por ejemplo, cuando vas a un concierto oyes la música pero también la sientes, la conviertes en palabras, sensaciones y hasta colores. En el festival buscamos hacer que la poesía sea una experiencia que percibas a través de los sentidos, no sólo a través de la página escrita.¿Qué actividades incluirá?
Habrá conciertos en los que al mismo tiempo convivirán música, experimentación sonora, improvisación de artes visuales con tinta china más lectura de poesía. Lo que ocurra ahí no volverá a suceder, serán actos únicos. También haremos Clínicas de Imaginación Poética, es decir, talleres en los que la gente podrá jugar con palabras, divertirse con ellas. Y luego se repartirán 120 mil separadores con poemas, para al final cerrar con un concierto de la banda de rock Chamanes.¿Cómo puede seguirlo quien no esté en San Luis Potosí?
Desde la página de Facebook de Más libros, Mejor futuro podrán imprimir gratis los separadores y además habrá detrás de cámaras y streaming de las actividades.
Por cierto, el poema «Las nalgas» termina diciendo que son «un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,/ una bendición de la naturaleza,/ el origen de la poesía y del escándalo». Me pregunto cómo sonarán esos versos en una mezcla de música, experimentación sonora y visual. Seguro, muy bien.
Otro #MiércolesDePoesía se nos entrega, para cubrirlo de versos necesarios. Esta vez el protagonista es Alberto Ruy Sánchez, poeta, narrador, ensayista y, junto con su esposa Margarita de Orellana, director de la casa editorial que publica Artes de México, referente absoluto de la cultura nacional. También, amable a morir, es mi amigo. Este pasaje de En los labios del agua (Alfaguara) saluda como novela pero tiene alma de poesía narrativa. Segunda entrega del ciclo ubicado en el puerto de Mogador, Marruecos, persigue las huellas del deseo. Aquí está, porque lo dice mejor que nadie:
«La noche que guardas en la mano, la noche que abres para acariciarme, me cubre como un manto navegable.*
Voy hacia ti, lentamente. En la noche, el brillo de tus ojos me conduce. Veo tu rostro en ese sueño. Veo tu sonrisa. Me dices algo que no entiendo. Te ríes. Entonces me lo explicas con las manos, tocándome. Dibujas tu nombre en mi vientre, como un tatuaje, con letras por ti inventadas, que son caricias. Voy hacia ti, con infinita paciencia, como si un inmenso mar entero fuera la medida de este viaje. Voy de la orilla de mi cuerpo al tuyo. Tu sonrisa es mi viento favorable».
Quien ama obsesivamente los libros sabe que es cierto esto que dice el genial Liniers: leer es meterte en la piel de otro y ver el mundo desde ahí. Por eso es tan adictivo, porque da la posibilidad de vivir muchas vidas. Con este cartón intento que el lunes sea menos lunes.
Jaime López y Mónicca Gómez Foto: Federico Robledo
Anoche fui al teatro. Quise ver en escena a mi querido Jaime López, voz y presencia central en la escena del rock mexicano. Actúa en la obra Sangre en la comisura de tus labios, escrita y dirigida por Arturo Honorio, quien como teatrero ha colaborado con gente como Alejandro Jodorowsky. La actuación de Jaime convence y cimbra, mientras la de Mónicca Gómez es poderosa y la obra, impecable. No daré ningún spoiler pero trata sobre un amor turbio, jodido desde su origen, que revuelve las tripas. Plagado de odio, deseo y culpa, me hizo recordar aquello de Rainer María Rilke:
«¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible».
Se presenta en el Teatro de Azotea, espacio íntimo donde los 15 espectadores están literalmente en medio de la acción, lo que implica un reto adicional para actores y puesta en escena.De verdad vale mucho la pena.
Circulo Teatral, Veracruz 107, Col. Condesa, México, D. F. Reservaciones: 5553 1383
María de Medeiros como Anaïs y Uma Thurman (pre-quirófano) como June, en la cinta Henry and June (1990)
«June se metió vestida a la cama. Empezó a besarme, diciendo: ‘Qué pequeña eres, qué pequeña eres’. […] Nos besamos apasionadamente. Adapté mi cuerpo a cada curva de su cuerpo, como si me fundiera con ella. Gimió. Su abrazo me rodeó con una multitud de brazos; el mío fue una rendición embriagadora. Me perdí».
Es Anaïs Nin en sus Diarios amorosos (Siruela), esta vez contando un encuentro con June, «mi aventura y mi pasión», esposa de Henry Miller, escritor que fue el irrefrenable amor, el terremoto sexual y creativo en la vida de Anaïs. Además, en los Diarios narra su relación con Allendy, su psicoanalista, en estos términos: «Lo estoy engañando. Y todo porque no tengo el coraje de decirle: ‘Siempre amaré a Henry y también puedo amar a otros hombres. Pero Henry sigue siendo el centro de mi vida. ¿Aceptas compartirme?'». Y también aparece en esas páginas Hugo, su esposo y a quien ve como «mi niño, mi hijo», ademas de otros amantes de la escritora. En el muy comercial Día de San Valentín, Anaïs aparece como una rompedora sacerdotisa del poliamor.
Esta rolita riquísima, perfecta para arrancar el fin de semana, tiene una historia fantástica: en 1967, el cantante y compositor Serge Gainsbourg estaba enamorado de Brigitte Bardot, la bomba sexual, y le compuso ésta, la canción de amor «más hermosa del mundo». Luego la convenció de grabarla con él, simulando que cogían: dice la leyenda que en el estudio de grabación se masturbaron para lograr gemidos auténticos. Cuando el tema salió en radio, el marido de Brigitte se sintió incómodo y prohibió a Gainsbourg lanzar el disco. Frustradísimo, tuvo que enlatarlo. Unos meses después conoció a Jane Birkin, una preciosa actriz inglesa de 20 años. Se obsesionó con ella, se hicieron pareja y la convenció de grabar el tema, que fue lanzado en 1969 como: «Prohibido para menores de 21 años». Fue vetado en varios países y causó escándalo por su descarada sexualidad. Por lo mismo, claro, fue un exitazo. Años después Bardot accedió a lanzar también su versión.
Escrita como un diálogo entre amantes, plantea las paradojas entre amor y sexo, y los tabúes de la sexualidad.
—Te quiero, te quiero
Oh, sí, te quiero
—Yo tampoco
—Oh, mi amor
—Como la ola indecisa
vengo y voy
entre tus caderas.
Vengo y voy
entre tus caderas
y me contengo. —Te quiero, te quiero Oh, sí, te quiero —Yo tampoco —Oh, mi amor Tú eres la ola. Yo, la isla desnuda. Tú vas, vas y vienes Entre mis caderas. Tú vas y vienes entre mis caderas y yo me uno a ti […]
Las cincuenta sombras de Grey me tiene harta. Y es que aunque muchos piensen que los revolcones de Anastasia y Christian inauguran la novela cachonda, la literatura erótica perversa y rica existe desde hace siglos. Para contrarrestar su derroche de creatividad fallida propongo este coctelito de lecturas lujuriosas: combina autores internacionales e hispanoamericanos, títulos clásicos y otros más bien recientes, en total 10 opciones para celebrar el sexo. Para que nadie pierda su tiempo con Grey.
1. La Venus de las pieles, Leopold von Sacher-Masoch, Axial (1870) Cuenta la esclavitud sexual que un hombre establece con Wanda, una mujer alucinantemente fría. La novela está inspirada en las historias verdaderas de sometimiento a las que se expuso el autor, a partir de cuyo apellido se formó la palabra «masoquismo». Aparecen látigos, disfraces, humillaciones y castigos que disfrutan tanto la «diosa cruel» como su esclavo, feliz de ser maltratado por ella.
2. Las edades de Lulú, Almudena Grandes, Tusquets (1989) La protagonista, de 15 años, se enreda sexualmente con un amigo de su hermano mayor y se da cuenta de que le fascina el juego. A partir de ahí se convierte en la eterna niña (aunque tenga 30), insaciable, obsesionada por el sexo. Novela ganadora del Premio La sonrisa vertical, fue llevada al cine por Bigas Luna.
3. La historia del ojo, Georges Bataille, Fontamara (1928) Escabrosa y a ratos surrealista, narra un viaje a España de Simone y Georges, pareja inmoral que se regodea entre semen, sangre y orina. Escrita hace más de 80 años, todavía hoy levanta cejas de la gente decente con frases como: «Su culo representaba una plegaria todopoderosa, a causa de la extrema perfección de sus dos nalgas».
4. Luna caliente, Mempo Giardinelli, Planeta (2009) Cuando Ramiro regresa a casa luego de estudiar en el extranjero conoce a Araceli, una chica muy joven y muy sexual, que lo calienta «desmesuradamente». Ella lo lleva a disfrutar un placer sin freno pero también aterrador, imparable, desaforado.
5. Lolita, Vladimir Nabokov, Anagrama (1955) Una adolescente que sin darse cuenta (o sí) es provocadora y un hombre maduro enamorado de ella protagonizan esta joya de novela, controversial y llena de humor. La pluma de Nabokov regala pasajes como: «Después se precipitó a mis brazos impacientes, radiante, abandonada, para acariciarme con sus ojos tiernos, misteriosos, impuros, indiferentes, umbríos… como la más barata de las bellezas baratas».
6. Las piadosas, Federico Andahazi, Plaza & Janés (1998) Ubicada a fines del siglo XVIII, aborda las reuniones de escritores notables como Byron y Shelley, pero con un twist perversito: no digo de qué se trata por evitar un odioso spoiler, pero el semen tiene un papel importante en la trama.
7. Historia de O, Pauline Réage, Tusquets (1954) Una fotógrafa parisina es convertida por su amante en un objeto de placer sadomasoquista y compartida por él con varios hombres. Cadenas y azotes son algunos juguetes de ese intercambio arriesgado aceptado por ambos, en el que se alternan el dolor y el placer.
8. Inmaculada o los placeres de la inocencia, Juan García Ponce, Fondo de Cultura Económica (1989) Escrita por el genial autor mexicano, pone el foco en una joven intensa que muestra la vocación de obedecer. Cuando descubre su sexualidad desbordada, Inmaculada se dedica a perseguir el orgasmo como la única certeza de estar viva: «Eso era lo que ella había querido siempre, estar en un automóvil con alguien cuyo aspecto no le interesaba […] que le resultaba un desconocido, tener la blusa abierta y un pecho fuera».
9. Justine o Los infortunios de la virtud, Marqués de Sade, Valdemar (1791) Escenas de violencia sexual, seducciones hábiles, libertinaje y excesos pueblan las páginas de esta novela francesa que cuenta cómo Justine, quien quiere conservar la virtud, sólo encuentra incitaciones al vicio y la perversión.
10. Dorada, David Miklos, Tusquets (2014) Por carta, una desconocida invita al protagonista a conocer sus «pechos exagerados». Así viaja a la ciudad de La Dorada, cuyas mujeres se dejan hacer «cualquier cosa». Ahí vive una experiencia de lujuria y alucinación, para luego visitar Aguafuerte, llena de chicas siempre listas y dispuestas a jugar.
Bonus: La pasión turca, Antonio Gala, Planeta (1993)
En un viaje a Turquía, Desideria conoce a Yamam: por él se olvida de su marido, su país y su vida. Poco a poco se ve revelando la pesadilla de esa relación en la que el cuerpo y el deseo son el eje.
Hoy recibo de visita la pluma de Fabio Morábito, poeta y narrador nacido en Egipto, de padres italianos y avecindado en México hace muchos años. En su antología Ventanas encendidas (Visor de poesía), que abarca textos de 1984 a 2011, encuentro estos versos entreverados de humor ácido. Me encantan. Buen #MiércolesDePoesía.
«Siempre me piden poemas inéditos.
Nadie lee poesía
pero me piden poemas inéditos.
Para la revista, el periódico, el performance,
el encuentro, el homenaje, la velada:
un poema, por favor, pero inédito.
Como si supieran de memoria lo que he escrito.
Como si estuvieran colmados de mi poesía
y ahora necesitaran algo inédito.
La poesía siempre es inédita, dijo el poeta en un poema,
Me pasó de nuevo: encontrarme con alguien cuyo rostro me resulta conocido pero no sé su nombre. Estaba en el salón de belleza cortándome el cabello y entró una mujer alta, de miembros delgados y ojos tristes. En cuanto me vio se acercó a mí: «¡Julia, qué gusto verte!». Es incómodo saludar a alguien teniendo el pelo recogido con pinzas, envuelta en una bata de plástico, pero lo fue más porque no tenía idea de quién era. Me preguntó por mi hija y por mi trabajo en la editorial. No supe si hacer evidente mi torpeza y preguntar de dónde nos conocíamos, o fingir que sabía perfecto de quién se trataba. Al final opté por lo segundo (luego me arrepentí): contesté, le pregunté vaguedades y nos despedimos.
Aunque la experiencia pudiera dispararme hondas reflexiones sobre mi torpeza social, salí del salón de belleza con menos cabello y pensando una de esas minucias lingüísticas que amo: necesito una palabra que describa esa sensación de duda. Me puse a buscar y no encontré nada en español, pero sí en lengua escocesa: Tartle nombra «el momento de vacilación al saludar a alguien, porque uno no recuerda su nombre.» No tengo remedio.
«Escribo porque no sé lo que pienso sino hasta que lo veo escrito». –
En algún rincón de Internet me encuentro esta cita de la autora estadounidense Flannery O’Connor y me doy cuenta de que lo sabía sin saberlo: una de las principales razones por las que escribo es porque me ayuda a pensar, a aterrizar emociones e ideas en palabras y, así, darles un sentido. En infinidad de ocasiones necesito escribir lo que me vibra por dentro para realmente hacerlo mío, porque no puedo pensar y sentir sino en palabras. Como dice Rosa Montero: «No puedes entender lo que no tienes palabras para expresar». Tal cual.
Fabián Casas es un poeta argentino que recién conozco y me tiene fascinada. Me lo recomendó un amigo y aunque lo había buscado en México, no daba con ningún libro suyo. Fue hasta la pasada FIL donde encontré la antología Horla City y otros (Emecé/ Cruz del Sur), con poemas hechos de vida cotidiana. Aquí está, para abrir el sábado como se debe.
«Quiero tener algo contigo». Así de vaga pero poderosa es la frase que propone Vicentico y que más de una vez he dicho o, al menos, pensado (aunque por desgracia nunca he usado el «Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca»). El cantante argentino del genial experimento Los Fabulosos Cadillacs inaugura el fin de semana con su versión al tema cotidiano de Chico Novarro.
¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo.
Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca.
Necesito controlar tu vida, saber quién te besa y quién te abriga.
¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo.
Ya no puedo continuar espiando, día y noche tu llegar adivinando
Ya no sé con que inocente excusa pasar por tu casa.
Ya me quedan tan pocos caminos y aunque pueda parecerte un desatino
No quisiera yo morirme sin tener algo contigo.
Da click en el enlace para ver el video de la canción:
El enorme Sergio Pitol está hospitalizado en Veracruz, luego de un sangrado intestinal. A sus 81 años, el importantísimo traductor, cuentista, novelista y editor está delicado.
Por si alguien no se ha enterado de su peso, aquí va un mínimo recuento de por qué es crucial para la literatura mexicana e hispanoamericana. Además de su propia obra (novelas como El desfile del amor y Domar a la divina garza, volúmenes de cuentos como Nocturno de Bujara, de relatos como No hay tal lugar y cuadernos de viajes como El arte de la fuga),quien ha merecido el Premio Cervantes y el Xavier Villaurrutia tradujo más de 40 libros de autores como Jane Austen, Joseph Conrad, Henry James, Vladimir Nabokov, Elio Vittorini, Anton Chéjov y Jerzy Andrzejewski. Fue amigo cercano de José Emilio Pacheco, contemporáneo de Juan García Ponce, Salvador Elizondo y José de la Colina. Esta anécdota que contaba Carlos Monsiváis me encanta. Una vez, Monsiváis le presumió a Pitol su biblioteca en tres idiomas. “En ese momento [Sergio] me miró con tal misericordia y supe entonces lo que era la compasión, pues él habla, escribe y traduce en siete idiomas. Su biblioteca es de siete idiomas”. Qué cosa. Hace poco leí su traducción de Las puertas del paraíso, del polaco Jerzy Andrzejewski, «una de las novelas más perfectas que conozco», según dijo. Yo añadiría que la versión de Pitol es de lo más deslumbrante que he leído en los últimos años.
Editorial Almadía le publicó en 2010 Una autobiografía soterrada. Ampliaciones, rectificaciones y desacralizaciones, compendio de ensayos y relatos en los que Pitol habla de recuerdos, lecturas, viajes y personas que conformaron su estilo literario. De ahí entresaco estos 10 fragmentos que lo revelan de cuerpo entero:
Puedo documentar la niñez, la adolescencia, toda mi vida a través de las lecturas. A partir de los veintitrés años, la escritura se entreveró con la lectura.
En buena parte la imaginación deriva de mis experiencias reales, pero también de los muchos libros que he transitado.
Descreo de los catálogos y las recetas universales. […] Sería monstruoso que todos los escritores obedecieran las reglas de un mismo decálogo o que siguieran el camino de un único maestro. Sería la parálisis, la putrefacción.
Cuando viajo llevo más de una docena de libros para tener varias opciones de lectura.
Hace unos días encontré en Autobiografie altrui, el último libro de Antonio Tabucchi, una frase formidable: «Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de cualquier escritor que no desconfiara de su propia labor».
Salvo el instinto lo demás son minucias.
Mi aprendizaje es resultado de una lectura inmoderada de cuentos y novelas, de mis empeños como traductor y del estudio de algunos libros sobre aspectos de la novela […].
De la única influencia de la que uno debe defenderse es la de uno mismo.
Estoy convencido de que ni siquiera la inexistencia de lectores podrá desterrar la poesía.
Escribir ha sido para mí, si se me permite emplear la expresión de Bajtín, dejar un testimonio personal de la mutación constante del mundo.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).
Sin avisar, se cuela en mi cama otro #MiércolesDePoesía. Aquí, la huella que dejó a su paso.
P.D. El poemita pertenece a mi libro Rabia de vida, que recién salió a la venta y me tiene (muy) emocionada y (más) nerviosa, como mamá que espera que su hijo haga nuevos amigos en sus primeros días de escuela.
«No quiero ser el líder. Me niego a ser el líder. Quiero un hombre que se eche encima de mí, siempre encima de mí. Que su voluntad, su placer, su deseo, su vida, su trabajo, su sexualidad sean mi piedra de toque, el mandato, mi punto de apoyo. No me importa trabajar y conservar intelectual y artísticamente mi propia vida, pero como mujer, oh Dios, como mujer quiero ser dominada […]». Es Anaïs Nin, la escritora, la loca amante de Henry y June, la incestuosa, la escandalizante, hablando para sí misma en sus Diarios amorosos, recientemente publicados por Editorial Siruela.
Con todo lo políticamente incorrecto que hoy suena su exabrupto, frecuentemente lo suscribo al pie de la letra. Mujer fuerte y autónoma de día, acostumbrada a resolver mi vida sin pedir permiso, muchas noches celebro el lujo elegido de ser poseída. Con perdón de las feministas recalcitrantes.
Mi querido amigo Andrés Grillo me manda desde Bogotá el más reciente número de la revista SoHo Colombia, madre de nuestra SoHo México. Edición dedicada a la caricatura, incluye textos sobre Quino, una entrevista a Liniers por Leila Guerriero y el cartón favorito de Alberto Montt, además de una estupenda entrevista a Maitena, del propio Grillo, con la noticia de que la argentina prepara un libro con lo mejor de su trabajo erótico, poco conocido hasta ahora. En sus páginas también encuentro esta caricatura genial del ecuatoriano Bonil sobre los niños de la era digital, que seguro no saben la dirección de su casa pero no olvidan su cuenta de gmail, en la que «viven» la mayor parte del tiempo. Me desarma por aguda y tierna. Vaya combo para este #LunesDeMonos.
Pues sí, hoy sábado llego a la librería Gandhi, en la Ciudad de México, y ahí en la mesa de novedades está mi libro de poesía erótica: Rabia de vida. En la editorial me informan que también está ya a la venta en El Sótano, el Péndulo y librerías del Fondo de Cultura Económica, en México. Y para los lectores de otros países, está disponible en Amazon.com (para América Latina) y Amazon.es (para Europa).
La vida es bellísima.
«Me he bebido de un trago tu carta/ y después me la he vuelto a beber./ He velado una vela sin tarta/ harta ya de estar harta otra vez./ Le he pedido a Cupido la cuenta,/ he pagado con sangre la afrenta de volverme loca,/ he vencido al amor por las malas,/ me he cosido un corpiño antibalas/ pensando en tu boca». Si esto no es decir bien las cosas, no sé. Estas líneas de «Y además» vienen de la pluma de Joaquín Sabina y las interpreta Pasión Vega para abrazar este viernes que ya se instala con pleno derecho. Aquí, el resto de la letra:
Y además, como no sabía rezar,
me dio por coleccionar letanías y escapularios,
por culpa del incendiario hielo que me consumía.
Para curar tus ojeras me doctoré en oraciones
de todas las religiones verdaderas.
Empeñé nuestro ajuar de soltera
diez minutos después de enviudar,
Un alivio de luto me espera
en el fruto del jacarandal.
He pintado la alcoba de rojo,
he regado con sal el rastrojo que pudo haber sido
he dejado la llave en la puerta,
me he bañado en la playa desierta
del mar del olvido.
Y además, como no sabía volar,
me dio por coleccionar pañuelos y golondrinas,
por culpa de la rutina del vaivén de las aceras.
Y sin embargo, ajenos a mis conjuros,
en almacenes oscuros se amontonaban los días,
cada noche más amargo
y en el andén del futuro los trenes de cercanía
seguían pasando de largo entre tu cama y la mía.
Mi amigo Enrique dice: «El atractivo sexual es 20% lo que tienes y 80% lo que los demás se imaginan que tienes». Y sí. Aunque en el juego del deseo la imaginación le gana las batallas a la realidad, la pornografía suele ser muy explícita. Aquí hay una excepción: el libro clásico El curioso sofá, que se autollama «Obra pornográfica». Escrito por Edward Gorey bajo el seudónimo Ogdred Weary, es una parodia de la literatura lasciva, único en su tipo. Una preciosa edición ilustrada de la editorial argentina Libros del Zorro Rojo, El curioso sofá cuenta la historia de Alice, una chica victoriana de mente abierta que conoce a Herbert, un hombre «muy bien dotado». Ambos se involucran en todo tipo de juegos inconcebibles que involucran amigos, a una tía (quien le pide a Alice prestarle un servicio «bastante sorprendente»), el mayordomo, la doncella, el jardinero y hasta un perro cachondo, pero cuando aparece el sofá del título, Alice siente que las cosas fueron demasiado lejos. No cuento más.
Aunque el autor sugiere mucho, dice poco: ni en las páginas ilustradas por Edward St. John hay imágenes obscenas, ni en la divertida narración de Weary aparecen miembros descomunales, tetas al aire ni penetraciones colectivas. En cambio, el autor insinúa miradas, juegos retorcidos, y deja el resto a la intuición del lector. Es decir que el nivel de lascivia lo aporta quien lee, exactamente en contrasentido de la pornografía más tradicional, donde todo se da servido. Es una especie de termómetro para saber qué tan depravado es uno. *Un tip: lo venden en librerías El Péndulo.
«Tu desnudez expuesta/ entera/ como el pan en la mesa», escribía el poeta boliviano Eduardo Mitre. Así también los cuerpos que fotografía el polaco Waclaw Wantuch, en una fiesta erótica que, por paladear, olvida el lenguaje. Con estos versos e imágenes el #MiércolesDePoesía se hace presente.
Ayer se cumplió un año de la muerte de ese gigante que fue el escritor mexicano José Emilio Pacheco. Primero lector y luego narrador, poeta, ensayista y traductor, se llamó a sí mismo «producto de la imprenta y un adicto a la letra» y confesó: «aun si no hubiera nadie para imprimir mis textos los seguiría escribiendo para mí solo».
En 1994 pronunció en San Diego, California, una conferencia sobre el placer de la lectura. Aquí va una cita luminosa de la misma, que como lectora desaforada hago mía: «[…] leer como un espacio de goce debe estar al alcance de todo ser humano por voluntad propia, en modo alguno como algo impuesto u obligatorio. Leer con la naturalidad con que respiramos y hablamos. Leer como una parte indispensable de la vida, como un medio para vivirla de la mejor manera posible».
Ahora que está de moda promover la lectura como si fuera una tarea que cumplir 20 minutos cada día, estas palabras suenan fuerte: el amor por los libros no lo fomentan publicistas a quienes lo mismo da cantar las virtudes de un libro, de un auto o de un banco, sino lectores fascinados que contagian su pasión por la letra escrita. Ese es, en buena medida, el objetivo de este blog: haciendo eco de la pasión lectora de Pacheco subrayo que los infinitos placeres de la lectura son también parte indispensable de mi vida.
El humorista mexicano Kemchs da en el clavo con este cartón sobre el escenario que aterra a tantos, a partir de lo que en lingüística pomposamente se llama metaplasmo o «alteración de un sonido dentro de una palabra». Es mi capsulita de humor para aligerar el arranque de semana.
Por alguna razón, en este arranque de año tengo ganas de leer autores de lengua inglesa. Llevo varios años decantándome por escritores hispanoamericanos, pero ahora quiero asomarme a esa otra literatura que me encanta, con la que en buena medida crecí y a la que dediqué años de estudio. Así que hace unos días tomé del librero The Professor of Desire (El profesor del deseo), de Philip Roth, publicado por Vintage Books. Lo acabo de terminar. Es lo primero que leo de él y me gustó mucho. A partir de la historia de David Kepesh y sus relaciones amorosas explora cómo funcionan los resortes del deseo, por qué son tan contradictorios e inmanejables, cómo nos ponen vulnerables a morir. Bien dice Milan Kundera sobre Roth que «habla de una sexualidad que se cuestiona a sí misma; es hedonismo, pero un hedonismo problemático, herido, irónico» (traducción mía), es decir, como la realidad misma. Este fragmento de la novela, por ejemplo, hace una disección al alma. Por supuesto, lo he sentido más de una vez:
«No quiero hacer infeliz a nadie. No quiero causarle dolor a nadie. Nunca quiero ser la prisión de nadie. Es el peor destino que puedo imaginar […] Cuando te vi sentado a solas con ella, de pronto pensé: ‘No puedo hacerlo feliz, no voy a ser capaz’. Y me pregunté si alguien podría lograrlo […] Si no puedes ser realmente feliz conmigo entonces déjame ir». Auch.
(La traducción anterior es también mía. Aquí, el original en inglés: «I don’t want to make anybody unhappy. I don’t want to cause anyone pain. I never want to be anyone’s prison. That is the worst fate I can imagine […] When I saw you alone sitting with her, I suddenly thought: ‘I can’t make him happy, I won’t be able to’. And I wondered suddenly if anyone could […] if you can’t be truly content with me, then let me just go»).